Philippe Gilbert: ¿Qué hacía saltándose el confinamiento?

Philippe Gilbert JoanSeguidor

Pillan y multan a Philippe Gilbert por salir en bicicleta

Leemos que a Philippe Gilbert le han multado en Mónaco por burlar el confinamiento.

El valón que optaba a aunar los cinco monumentos en San Remo ha sido pillado en su circuito de cabecera por el principado y le han caído cien euros de multa, calderilla podríamos decir.

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Pero no lo es tanto, desde el momento que estamos viviendo unos momentos extremos, con todos en casa, profesionales incluidos por un enemigo que dicen invisible, pero que se hace bien patente.

El propio Philippe Gilbert ha tenido que cerrar su tienda de bicicletas, han hecho algunas reparaciones para algunos clientes que necesitan la flaca para ir al trabajo, a causa del coronavirus.

El golpe es tal, que no hace mucho leímos que incluso podría ver amenazada su viabilidad, desgraciadamente con la de otros tantos negocioS.

Gilbert, de quien no sabemos si ha tenido infectados en su familia, que padece por dos lados las consecuencias de esta mierda, reducción de sueldo en el equipo y cierre de su tienda, sin embargo ha salido en bicicleta.

Se lo ha tomado con deportividad, pero sinceramente no es de recibo, por mucha admiración que le procesemos.

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Lo que está en juego aquí no es salir a estirar las piernas un rato o que te dé el aire, que estés harto de Zwift y esas cosas, lo que estamos viviendo es una enmienda a la totalidad de nuestra vida y forma de entenderla.

Por eso nos cabrea que Philippe Gilbert salga en bicicleta, si la norma dice lo contrario.

Sobretodo cuando dice que «todos somos iguales ante la ley, el que haya ganado la última París-Roubaix no me da más derechos que a otros».

Nos alegramos que le pillaran, que le multaran y que tenga que admitirlo en público.

En su día defendimos que los pros saliesen por que es su oficio, pero cinco semanas después si la norma se lo impide, mala suerte, peor lo tiene otros, que cierran a cal y canto sus negocios y no podrán reabrirlos en mucho tiempo.

No sé si Gilbert pensaba que sería pillado, tampoco soy de los que crea que los pros deban dar ejemplo de nada… pero lo que ha hecho me hace pensar que a veces esta gente se cree al margen de la realidad.

Milán-San Remo y coronavirus, una primavera sin primavera

Milan-San Remo JoanSeguidor

Buscan fechas para Strade, Tirreno y Milán-San Remo

El golpe del coronavirus sobre la primavera italiana ha hecho pleno…

Fuera Tirreno, fuera Strade, el Giro de Sicilia, aunque esté abajo, muy al sur respecto al foco principal del contagio, y Milán- San Remo, una carrera que pasa por el cogollo de todo el problema.

A lo que esperábamos iba a ser una suspensión en toda regla, quedan las puertas abiertas a nuevas fechas.

Y esto no es sencillo de analizar.

Sabemos que la Milán- San Remo no ha dejado de disputarse desde la Segunda Guerra Mundial, pero el virus éste se lo está llevando todo por delante.

A lo que en otras ocasiones se hubiera resuelto con un «no disputado» en el palmarés, RCS se agarra a su derecho de reubicar las carreras.

¿Tiene sentido reubicar San Remo, Strade y Tirreno?

Para el purista del ciclismo creo que esto será como un café pasado dos veces por el filtro, ver San Remo, no sé, en octubre, suena raro, tras Tours y Lombardía.

Pero al aluvión de cosas que están cayendo se están posponiendo muchas, de hecho leímos un artículo en el que el 15% de los eventos afectados por el coronavirus en España se están cancelando, el resto se está buscando huecos futuros en el calendario.

Si esto se lo arrogan otros sectores ¿por qué no el ciclismo?

La cuenta de resultados de RCS sería un poema con estas tres cancelaciones, posponer los eventos amortigua el golpe, aunque el daño ya se ha hecho.

Otra cosa es lo que piense el friki, entre los que nos inscribimos, leemos a muchos aficionados frotarse las manos, cuando esto será un sucedáneo, aunque es lo que hay, esto nadie lo eligió y mucho menos pasarlo, así que, veremos en qué queda todo.

—- escrito el 4 de marzo

San Remo, Tirreno, Strade, entre otras, tendrán que esperar…

Se acabaron las especulaciones, la Milán-San Remo 2020 no tendrá lugar como medida contra la propagación del coronavirus, un «palabro» que se ha vuelto desgraciadamente muy usual en este mal anillado cuaderno.

Con San Remo se caen Tirreno y Strade, no habrá sucesores de Alaphilippe y Roglic, por el momento, no sé si RCS tendrá plan B para hacerlas más adelante.

La inercia de los hechos, el cerco que se ha ido estrechando ha acabado dando con una realidad de algo que nos deja desprotegidos ante lo que vendrá o no.

El ciclismo es una pequeña, insignificante, parte de este puzle, cuando se estaban cerrando colegios, qué no iba a suceder con este deporte.

A esperar un año…

—- escrito el 3 de marzo

Pensar que se haga la Milán-San Remo con la crisis del coronavirus es ser muy optimista

A ver, con la que está cayendo con el coronavirus, pensar en si se hace la Milán-San Remo o no, atravesando el corazón lombardo, zona señalada, para entrar en la Liguria, parece una frivolidad, pero este corazoncito ciclista también mira por lo suyo, aunque el tamaño de este deporte sea el que es.

Con Strade Bianche sobre lo previsto, con Tirreno en aparente calma, esta edición de la primavera es una moneda al aire.

Pensar que la Milán-San Remo se vaya a realizar con la situación italiana ante el coronavirus es de un optimismo injustificado. 

Ojalá nos equivoquemos, pero…

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Sería la primera San Remo que no se celebra en tiempos de paz, se dice pronto.

Un agujero en el calendario y en el corazón de los aficionados que esperemos no se ensanche con otras anulaciones.

Así es la Ciclobrava, un evento Gran Fondo World Tour 

No hay plan B para la Milán-San Remo ante el coronavirus, ni siquiera salir de la costa y hacer el trayecto, como en la edición que ganó Ciolek, que muchos califican de infame, pero que tuvo su miga.

Como otras veces hemos escrito, el camino entre la capital lombarda y el enclave de la Riviera siempre fue el mismo.

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Una primavera sin primavera, si Roger De Vlaeminck levantara la cabeza, si Eddy Merckx, siete veces ganador aquí, lo sopesara en sus años mozos, cuando todo estaba más en el aire.

Una primavera sin primavera, un ciclismo sin Milán-San Remo nos deja a oscuras, sin electricidad, esos momentos épicos de Poggio, descenso y Via Roma que justifican un penar de 290 kilómetros.

Dicen que el principal damnificado sería Philippe Gilbert, a las puertas de algo grande, pero el valón ya ha tenido muchas ediciones para abordarla, y tendría que hacer valer su caché por encima, entre otros, del propio dorsal uno, Julian Alaphilippe, a quien este inverno no le está sentando bien.

Philippe-Gilbert-Vuelta-a-Espana-Stage-12-Attack---_Justin-Setterfield---Getty-Images Joanseguidor

Gilbert opta a ser el cuarto belga con los cinco monumentos, una senda exclusiva que habla de la dificultad de estas carreras.

Desde 1977, cuando Roger De Vlaeminck firmó su quinto monumento, nadie logra algo parecido.

¿Lo veremos en dos semanas largas?

Los top cinco de la década ciclista

Mundial Innsbruck - Peter Sagan JoanSeguidor

Nibali, Froome, Gilbert, Sagan y Valverde son nuestros cinco nombres de la década ciclista

 

Aunque la teoría diga que la década empieza en un año que finaliza en cero, para nosotros este 2019 cierra una década ciclista que en nombres queremos retratar entre cinco artistas que nos han hecho soñar y disfrutar a partes iguales.

Una década ciclista que nos ha dejado, seguro, otros muchos protagonistas, pero que en el difícil ejercicio de elegir, hemos querido condensar en cinco corredores, los cinco más destacados de la década ciclista.

Y en esas que empezamos por el nombre cuya leyenda se rubrica en la carrera, nos guste o no, más trascendente de todas, el Tour.

Chris Froome ahora camina solo, con cuatro ediciones.

Por detrás sólo tiene a dos, Lemond y Thys, por delante le superan apellidos que saben a leyenda: Anquetil, Merckx, Hiinault e Indurain.

Sólo la mención de estos nombres, en pleno siglo XXI, ubica la gesta de Chris Froome, un campeón que ha corrido dos carreras, la propiamente dicha, con una palmarés elocuente (cuatro Tours, dos Vueltas y un Giro), y otra de sospechas, rumores y resultado adverso del que salió airoso más que nada porque la maquinaria legal de su Sky actuó con todo lo que tuvo a su alcance.

Tour de Francia - Mont Ventoux Froome JoanSeguidor

En la trayectoria de Chris Froome esa palabra tiene mucho que decir; Sky, en la década ciclista del Team Sky, Chris Froome, el ciclista posiblemente más anárquico, de inicio, menos elegante y más retorcido sobre la máquina ha sido el ariete del equipo más fino e incisivo de la historia del ciclismo «made in Sky».

El trompazo que se dio en el Dauphiné amenaza con apagar una historia que es de éxito y que a nuestro juicio marca parte sustancial de la década.

 

Le sigue a Chris Froome, el ciclista que aspira al 110% de lo que compite: Alejandro Valverde.

Cuando en los anales de este deporte se hable del murciano que sigue vigente en el umbral de los cuarenta se dirá que empezó la década con una suspensión de la que volvió y no sólo ganó, sin no que lo hizo con más brío y emoción y eso no suele ocurrir.

La Vuelta Valverde joanSeguidor

Alejandro Valverde no ha ganado una grande estos diez, años, lo hizo en el epílogo de la anterior, de la que fue también protagonista clave, pero ha ganado y emocionado a partes iguales, presente los diez-once meses de competición, marcando registros de leyenda en las Árdenas, pisando los podios de las tres grandes, siendo campeón del mundo.

Su plaza en la historia del ciclismo está fuera de toda duda.

Un día muchos podremos decir, yo he visto a Alejandro Valverde.

 

En la París-Niza de 2010, en una de esas jornadas que hielan sólo verlas por la televisión, surgió otro de los cinco nombres de la década ciclista.

Peter Sagan tuvo el éxito temprano pero ello no le restó un ápice de apetito, no quiso perderse nada por el camino y su omnipresencia en podios y carreras ha sido otra de las constantes.

Peter Sagan Paris-Roubaix JoanSeguidor

De ganador imberbe, de amasador de palmarés y registros literalmente vertiginosos a triple campeón del mundo, del tirón y seguido, con dos monumentos, sólo dos para todo lo que ha currado, que marcan con trazo grueso la leyenda de un eslovaco que hizo del triunfo un arte al abasto de muy pocos.

 

Pero no todo es cantidad y sí calidad, y en esa transición de grandes nombres un italiano de Sicilia toma el mando.

Hablar de Vincenzo Nibali es mentar un corredor sublime, un ciclista «self made» de abajo arriba, con los mimbres del mejor ciclismo del mundo, el italiano.

Vincenzo Nibali Milán-San Remo JoanSeguidor

Gusto por tenerlo todo, pero especialmente todo lo bueno.

Numéricamente su palmarés no es el más nutrido, repetimos, pero esas cuatro grandes que lucen en su bagaje, dos Giros más sendas Vueltas y Tour, hablan por sí solas, sobre todo cuando ha coincidido en tiempo con auténticos monstruos de la materia, de Contador a Froome.

Pero no contento con ello, Nibali lo aderezó con tres monumentos, haciéndose más único si cabe, como hemos dicho más de una vez, de culto.

En una década ciclista en la que Italia ha perdido peso en estrellas y equipos, él ha sido el contrapunto, el sostén de un ciclismo enorme.

Sólo le faltó una cosa, una medalla, si Río y aquella curva no se hubieran cruzado, posiblemente hablaríamos de un corredor irrepetible.

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Flandes Philippe Gilbert JoanSeguidor

La lista se cierra con regusto gourmet.

Leemos que Philippe Gilbert ya trabaja en San Remo, sobre la misma ruta, porque quiere el quinto monumento, algo que sólo lograron tres antes que él en más de cien años de ciclismo.

Todos belgas, todos como Philippe, el coleccionista, el corredor que esta década ha sido campeón del mundo, ha ganado cuatro monumentos diferentes, etapas en las tres grandes y firmado una temporada, qué temporada, posiblemente la última gran campaña firmada por alguien equiparable a las campañas de Jalabert o Kelly, aquella de 2011, que fue tan buena, que nunca más se aproximó.

Aunque desaparecido en muchas ocasiones, el bueno de Philippe merece entrar en este listado tan caprichoso como subjetivo, un listado que seguro habrá cometido alguna injusticia, pero que retrata en cinco nombres una parte gruesa de lo que ha sido la década ciclista que nos deja.

#Top2019 Philippe Gilbert es el azote de la historia

Philippe Gilbert JoanSeguidor

La gesta de Philippe Gilbert conecta el ciclismo actual con el de grandes mitos

 

Ciclista de culto dícese de ése que pasa el tiempo, las carreras, los nombres, los rivales y sigue ahí perenne, atemporal, fijos en la escena con el fondo movido: Phlippe Gilbert es uno de esos.

No hay muchos de estos en el pelotón, si nos apretáis el primero que saldría sería Vincenzo Nibali, quizá Alejandro Valverde, pero no le acabamos de ver en ese nivel, el murciano es que es un corredor de cantidad y calidad, no de lo segundo exclusivamente, como Gilbert, Philippe, el afilado valón que siempre guarda una bala, una pieza de colección, algo que nos llevaremos al recuerdo, cuando cada año pasemos revista a la campaña que languidece.

Y ahí está Philippe Gilbert, el eléctrico campeón que hace fortuna en Flandes, el corredor que parecía acomodado en su época de BMC, que se rehizo en Quick Step, y que en tres años de azul, recuperó las esencias de ese ciclista que prenda por cada movimiento que realiza, cada victoria que ejecuta.

Nacex te lleva la bicicleta en perfecto estado donde quieras 

No es sencillo, su bocamanga de arcoíris le delata, le marca ante la concurrencia.

El otro día Fernando Barceló nos contaba, «me reconocen en la calle por la etapa que le disputé a Gilbert».

El oscense podrá decir eso, cuando sondee fotos de aquí a un tiempo, buscando recuerdos, momentos de la carrera que tan dulcemente está construyendo.

 

Correr contra Philippe Gilbert da prestigio, y quizá eso valga más que el palmarés reciente o lejano, porque ese caché que proporciona el afilado corredor afinando en la Costa Azul comprende todo: victorias, gestas, tardes épicas, ataques memorables y una colección de momentos que grapados en cualquier álbum de márgenes amarillos y folios consumidos por los años.

Y así, en el año impar Philippe Gilbert volvió a ser capo en el mejor equipo del mundo.

Hace dos aterrizó para volar en Flandes, la exhibición atemporal, desde la misma base de la capilla, alentado por Tom Boonen en persona.

El pasado dio un paso atrás, trabajó para el resto, contemporizó para victorias de compañeros y firmó un papel más gris para el público, pero valioso como hombre de equipo.

 

Desde que postulara el «grand slam» de monumentos, nos ha tenido pendientes, sabedores que la gesta no era sencilla.

No tenía gran bagaje en Roubaix y San Remo para un tío de su perfil es una jodida lotería.

Sin embargo, ya tiene el logo de Roubaix en el palmares, un adoquín que seguro luce en el salón de los Gilbert, aristado, como en movimiento, en rotación, un premio mayúsculo a la determinación, a la valentía de no perder nunca la cara a la carrera, como aquel ciclista que FDJ atacaba y atacaba para morir en la orilla hasta que un día: Voilà.

Y así Gilbert entró en el mano a mano más brutal con Peter Sagan, hasta que al dorsal uno del velódromo mas celebérrimo del mundo se le encendieron las luces, en el Carrefour no, en el siguiente tramo.

Un de esos redondo que fraguó en compañía de uno que seguro dentro de poco será un coco de todo esto: Niels Politt.

Philippe Gilbert tuvo otra muesca, la etapa de Guadalajara y la locura…

Después de 17 años de carrera, nunca había hecho una etapa así. Va a ser una etapa histórica para la Vuelta. Han sido 220 kms de ataque. Muchos corredores de la general han caído en la trampa. Se han abierto huecos increíbles. Nosotros hemos metido a 7 de 8 corredores por delante. Estoy un poco decepcionado de que no haya podido ganas Stybar, aunque hasta a 600 metros de meta pensé que iba a ganar él. Lo habría hecho si Bennett no hubiese hecho ese movimientodijo tras zamparse 220 kilómetros en menos de cuatro horas y media.

No tuvo su Mundial, aquello fue el desaguisado belga, pero el año se cierra en calidad, la cantidad fue un tema del pasado, muy pasado, este Gilbert es de culto, muy de culto, y cuando veamos la San Remo, en tres-cuatro meses, nos acordaremos de él, y cuando hagamos cábalas para el veinte-veinte nos preguntaremos si tendrá los cinco monumentos en el palmarés, porque éste es un corredor de esos que no pasa de moda, queda bien con todo y para colmo: vuelve al Lotto, el equipo genuinamente belga.

Philippe Gilbert: El más rápido a este lado del Atlántico

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La super etapa de Guadalajara el da el «Ruban Bleu» de Matteo Trentin a Philippe Gilbert

De Matteo Trentin a Philippe Gilbert, una de las condecoraciones más curiosas del ciclismo…

“Le Ruban bleu” es un premio que cogió cierta volada allá por el siglo XIX cuando las navieras europeas querían atesorar ante la clientela su velocidad en el tránsito por el Atlántico hacia el ya no tan nuevo mundo.

Fue especialmente célebre la rivalidad entre dos empresas cuya sola mención ya pone la “gallina de piel” a los amantes de los cruceros y los símbolos imperecederos del glamour: la Cunard Line vs la White Star Line.

El primer integrante de este palmarés de la navegación fue el Sirius, que cubrió por primera vez el charco atracando en New Yourk en 1838.

Pionero en muchas cosas, periodista, antes ciclista y con tantas opiniones sobre él, como personas conoció, Henry Desgrange quiso hacer el premio “Ruban jaune”, la versión ciclista del lacito azul, aunque de color amarillo.

El premio era sencillo, para el ganador de la clásica o etapa más rápida que siempre superare los 200 kilómetros.

 

Pues bien, la etapa de Guadalajara, la locura desatada a más de doscientos de meta y Philippe Gilbert al frente de los siete azules ha hecho cambiar de manos este símbolo.

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En la lista de éxitos de Philippe Gilbert, esto será anécdota, pero el sólo nombre, la solemnidad de lo francés viste el evento, y en manos de un ciclista de culto, pues más.

Lo cierto es que la París-Tours es coto abonado para el galardón.

En 1936. Gustave Dannels, belga, fue el primero en ser galardonado por ganar la París-Tours, más de 250 kilómetros, en seis horas peladas, eso es a más de 41 kilómetros la hora.

Tuvo varios sucesores hasta llegar al último ganador en Tours, hace un par de otoños Matteo Trentin que hizo 231 kilómetros a 49,6 kilómetros a la hora.

Es curioso, que este listado de doce ganadores (desde Rik Van Steenbergen a Erik Zabel) incluya diez ganadores de la clásica que acaba en Tours, como síntoma del craso error que implicó sacar esta carrera del máximo circuito cuando cada año nos depara un espectáculo digno del ciclismo: paisaje otoñal, la ruta del Loira y competición velocísima con un final siempre emocionante.

Por cierto que un español pisó la luna en este terreno, fue Freire, Oscar Freire, cuando ganó, como no, en Tours hace más de cinco años tras volar a 47,7 kilómetros a la hora durante poco menos de cinco horas.

Ahora Philippe Gilbert se lo pondrá a fuego en el cuadro… 

Gilbert, monsieur Philippe

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Dos o tres ciclistas en activo se pueden medir a la trayectoria de Philippe Gilbert

Philippe Gilbert vive la vida como una clásica.

Sale por ese paraje privilegiado, Montecarlo, Niza, Cannes, o se adentra en Italia, se deja ver por el palacio monegasco, cambio de guardia, turistas inquietos ante una historia singular.

El suyo es un terreno abrupto, en cuesta, violenta, repentina.

Como Euskadi, como el muraco que precedía la llegada a Bilbao, allí donde Tadeg Pogacar, el niño que lo está gozando, cruza el umbral bendecido por el maillot rojo de Primoz Roglic.

 

Entre Philippe Gilbert y Tadeg Pogacar hay casi una mayoría de edad.

Cuando el esloveno, sensación de la Vuelta, punta de lanza de esa generación que como la fruta de ciudad no respeta ni tiempo ni maduración, daba sus primeras pedaladas, Phlippe Gilbert ya ganaba.

Porque el belga es el sabor añejo de ese ciclismo que viene desde la década pasada, pasa seguir vigente en el ocaso de la presente.

Son las cosas  de un cuerpo privilegiado, de una mente ganadora, de una clase imperecedera.

Cuando hablábamos de la generación que no respeta edades ni manuales mirábamos a Philippe Gilbert.

La clase la tiene, la categoría, el físico, pero ¿el don de la longevidad?

Eso se lo puede explicar Philippe Gilbert.

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Eso es algo que no se entrena, te viene, te llega, encontrar la motivación en la adversidad, en los malos momentos.

Tener el hambre de jugarse una etapa en la Vuelta, una carrera en la que ya tiene triunfos.

Ese mismo mismo hambre que demostró en aquella curva que se fue terraplén abajo en el Tour, volviendo a la ruta y completando la etapa con fracturas.

El mismo apetito que demostró con el cabreo de no ir al Tour.

 

 

Philippe Gilbert es un ciclista de época, que deja huella, dentro y fuera de la carretera, en fiestas, en reuniones, por donde se deje ver.

¿Qué ciclistas atesoran el palmarés de quilates de Philippe Gilbert?

Ciclistas en activo digo, ciclistas tipo Vincenzo Nibali, Alejandro Valverde y Chris Froome, y con matices.

Por que los registros de Philippe Gilbert caminan por muchos terrenos, para resumirlo, sólo le falta San Remo si quiere entrar en un club, qué club, el de los cinco monumentos, sólo integrado por tres, todos belgas, como él.

Desde Rik Van Looy a Roger de Vlaeminck, pasando por Eddy Merckx.

Escarpias como pelos.

Ahí camina, entre esos se codea Philippe Gilbert, señoras y señores, un privilegio hecho ciclista y eso que, como gusta decir ahora, se fumó un ciclo entero, el de su estadía en el BMC, equipo en el que estaría muy bien acomodado, pero donde perdió el olfato que un día tuvo y que fue asesino.

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Un año aquel que defendió los colores del Lotto, a donde vuelve nueve primaveras después.

En 2020 estará en el equipo belga por esencia.

Fernando Barceló y Alex Aramburu, a quienes vemos recorrido en la profesión, podrán decirlo muy algo, se jugaron los cuartos con Gilbert, monsieur Philippe.

Imagen: ©Justin Setterfield/ Getty Images

Valverde & Gilbert, comparaciones odiosas

Philippe Gilbert JoanSeguidor

Tantos años en la élite, Valverde y Gilbert comparten similitudes y muchas diferencias

En las horas posteriores a la Paris-Roubaix, que nos dejó boquiabiertos ante la enorme proeza de Philippe Gilbert de conseguir vencer en cuatro de los cinco monumentos del ciclismo, empezaron a circular por las redes sociales tweets y comentarios comparando al ciclista valón con Alejandro Valverde…

“Si Gilbert ha podido con Flandes y Roubaix imaginaros que hubiera hecho el Bala”

Si Valverde hubiera nacido en Bélgica hubiera sido el nuevo De Vlaeminck”

“Si Valverde hubiera corrido en otro equipo…” etc.

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Tales comparaciones, cómo es lógico, están hechas con la emoción de lo acontecido el domingo por la tarde en el Velódromo André-Pétrieux, pero no son más que expresiones de deseo, de historia-ficción y de irrealidad, pues la verdad es muy distinta.

Valverde nació en Murcia y no en Flandes, Valverde ha corrido toda su vida en la estructura de Eusebio Unzué y no para Patrick Lefevere, y Valverde no tiene que compararse con Gilbert porqué son corredores muy distintos, ambos muy grandes, de lo mejorcito del siglo XXI, pero analizando su palmarés nos damos cuenta de cuan diferentes son.

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Históricamente, Valverde ha sido un gran corredor de las clásicas, especialmente las de las Ardenas dónde ha conseguido grandes resultados, cinco Flechas Valonas y sobretodo, cuatro Lieja-Bastogne-Lieja.

También ha sido un grandísimo corredor de vueltas por etapas de una semana, consiguiendo entre otras dos Dauphiné, tres Voltes a Catalunya y dos Itzulias. En lo que a grandes vueltas se refiere ha ganado una Vuelta España y ha hecho podio en Giro y Vuelta.

Para colmar el vaso, el murciano ganó el Mundial de Innsbruck para así redondear un magnífico palmarés al alcance de muy pocos.

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Philippe Gilbert, en cambio, ha sido un tipo de corredor distinto: un caza etapas, pues tiene victorias parciales en todas las grandes vueltas y en algunas de una semana, pero nunca ha ganado una clasificación general del World Tour, ganó la Vuelta a Bélgica (2.HC.) en 2011.

Pero en el terreno en el que claramente destaca el valón han sido las clásicas, las de las cotas, como Valverde y las de adoquines.

Pues ha ganado en dos ocasiones Lombardía, en 2011 la Lieja-Bastogne-Lieja, Flecha Valona, Tour de Flandes, Paris-Tours, Flecha Brabanzona, la Amstel Gold Race en cuatro ocasiones, Giro del Piemonte, GP de Québec, la Clásica de San Sebastián, París-Roubaix y en 2012 ganó el Mundial en Valkenbug.

Con un simple análisis uno se da cuenta de que si bien ambos corredores comparten victorias en algunas clásicas de las Ardenas, en San Sebastián y el Mundial, poco más tienen en común su palmarés, cuando el murciano ganaba generales de vueltas de una semana, el valón ganaba sobre adoquines; cuando Gilbert ganaba monumentos, Valverde ganaba la Vuelta a España y hacía podio en Tour y Giro.

Dos corredores muy distintos y al mismo tiempo excepcionales.

Sebastián Mora vive por y para Tokyo 2020

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Cuando uno repasa algunos comentarios formulados en las redes, muchos cargan contra el equipo telefónico, al que califican de conservador y poco aventurero en el mejor de los casos.

El que aquí escribe siempre se ha mostrado crítico con la gestión del equipo de Unzué, pero es de justicia repartir las responsabilidades a partes iguales.

Es decir, si bien es cierto que Movistar nunca antes había llevado a Valverde a Flandes, también es cierto que si Flandes hubiera sido un objetivo prioritario para el murciano, este podría haber presionado al equipo para que le inscribieran.

En todo caso, uno cree que tanto el corredor como el equipo prefirieron en su momento centrar el tiro en aquellas carreras que a priori encajaban mejor con las habilidades del murciano y con los intereses del equipo y dejar a un lado los sueños húmedos del aficionado español.

Valverde Flandes

Pensar que Valverde podría haber ganado los cinco monumentos del ciclismo es suponer demasiado, y más viendo que de los cinco, de momento, “solo” ha ganado en Lieja-Bastogne-Lieja.

El pasado año participó en Lombardía después de ganar el Mundial, con un meritorio decimoprimer puesto.

Pero nunca se le vio con piernas para ganar a Pinot.

Este año vimos a Valverde terminar en el grupo de favoritos de Milán-San Remo y en De Ronde, un gran resultado y más para un corredor que no pone el foco en este tipo de carreras, pero en ciclismo una cosa es estar en la pomada y otra muy distinta es llevarse el gato al agua, y sino que se lo pregunten a Sagan, quién ha subido tres veces en el podio de San Remo pero nunca en el cajón más alto, o a Van Avermaet, que aun siendo siempre protagonista en Flandes, no ha ganado nunca la carrera de su casa.

Por lo que respeta a Roubaix, es imposible poder pensar que Valverde pueda inscribir su nombre en las duchas del velódromo si nunca ha tomado la salida de Compiègne.

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El aquí firmante es de la opinión que los aficionados al ciclismo tenemos que disfrutar del astro murciano.

De nada sirve lamentarse y pensar en qué podría haber hecho, gocemos de lo que nos regale el de Las Lumbreras, valoremos lo que nos ha dado y arropémoslo ante cualquier reto que se plantee.

Y si alguno quiere soñar, que sueñe con ver a Valverde cruzar primero la meta de Tokio 2020, la guinda para un pastel que ya de por si no puede ser más suculento.

Por Robert Brugé Casadevall

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Deceuninck o Quick Step: los maestros del adoquín

Deceuninck Paris Roubaix JoanSeguidor

Esta Roubaix del Deceuninck es otra más para los anales

Ayer cuando en el velódromo de Roubaix, Philippe Gilbert salía de a pista camino hacia el podio, Patrick Lefevere le esperaba el primero de una larga ristra de gente que quería saludar al campeón.

Entonces pensamos en ese director belga y todo lo que atesora, tras de sí.

Y nos acordamos de un artículo que escribimos hace unos años, a raíz de leer la historia del capo del Deceuninck en una revista francesa.

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Permitidnos recuperar estos párrafos…

Patrick Lefevere no es un tipo cualquiera en el ciclismo actual, ni en el de hace veinte años. Sus quehaceres son arquetípicos en este deporte. Comparte rasgos con otro de los grandes directores de la historia, Cyrile Guimard. Ambos empezaron en el negocio pronto. Lefevere a los 24 años cuando era un ciclista en plena proyección con triunfos interesantes en su ultima campaña, una etapa de la Vuelta y la Kuurne, entre otros.

Pero Lefevere no quería ser segundón, ni siquiera la sombra de las no pocas estrelas que convivían con él. Merckx, De Vlaeminck, Van Impe,… mucha leña, mucho gallo para tan poco corral. Mejor ver la “corrida” desde el burladero, desde el coche. Y así se embarcó en proyectos y así vio como desde que empezó a trabajar mano a mano con Walter Godefroot y dirigir al propio De Vlaemink, fue creciendo poco a poco, con una ingente cantidad de estrellas, de padawan pasando por sus manos.

Lefevere convenció a Johan Museeuw para que preparara las llegadas a Mario Cipollini. Dirigió la orquesta del Mapei, a veces con riesgo de morir de éxito, como la vez que tuvo que dictar desde el coche y con tino el podio de la Roubaix de 1996. Si el patron Squinzi le dijo que llegaran Tafi, Museeuw y Bortolami al velódromo de Roubaix, Lefevere decidió el orden de llegada sin importarle los ruegos de Tafi, que tenía a su pareja a punto de dar a luz…

Con los años redimió a Richard Virenque, que se declaró limpio de todo lo que pasó en el Festina y con los años reunió otro equipo de grandísimos clasicómanos que suma y suman triunfos entre Flandes y Roubaix con Devolder, Boonen, Terpstra…

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Son cuatro trazos largos sobre una vida vertida al ciclismo.

Ver a Patrick Lefevere ayer en Roubaix permitía rememorar lo mucho que lleva a cola este director, este equipo.

Son los maestros del adoquín, especialistas en domar la piedra con cantidad y calidad, con talento, mucho, pero también estrategias que, lo estamos viendo, son buenas.

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Aúnan todo bajo un paraguas, mueven piezas, algunas quedan por el camino, por ejemplo el valiosísimo Keisse, pero ponen otras en su lugar y se hacen omnipresentes.

Se preguntaban antes de las «majors», antes de Flandes y Roubaix: ¿Cómo derrotar al Deceuninck?

Pregunta sencilla sobre el papel, pero de complicada respuesta.

 

Porque además de correr con una perfección engrasada en base a años de dominio, se hacen querer como un equipo con todos los matices.

Cualquier corredor del Deceunick cuando trabaja para un compañero sabe que llegado un día, los otros se entregarán por él con la misma incondicionalidad.

Philippe Gilbert cubrió a Terpstra el año pasado, como él le cubrió ayer Lampaert, como Gilbert ayudó al vigente campeón belga en A Través de Flandes, como Alaphilippe a Jungels en Lieja, como Schachmann a Alaphilippe en la Flecha, como Trentin a Gilbert en Flandes, como…

Podríamos estar hasta el infinito.

DT-Swiss Junio-Agosto

Deceuninck – Quick-Step 700 Victories

Sunday's victory in Paris-Roubaix was the 700th of Deceuninck – Quick-Step! An historic achievement for which we want to thank to all the 156 riders that have sported our jersey, the amazing staff and sponsors, and the superb fans that continue to support us.Video: La Pédale

Publicada por Deceuninck – Quick-Step Cycling Team en Domingo, 14 de abril de 2019

Ya lo veis, entran y salen nombres, pero el espíritu es el mismo, y así continúan, alargando la leyenda de hace veinte años y más, cuando coparon el podio de Roubaix, cuando ganaban con los nombres más diversos y de todo calado.

Un equipo en el que brillan las grandes leyendas de Tom Boonen y Johan Museeuw, pero que ha premiado gregarios y les ha aupado al primer tramo del podio.

Devolder, Tafi, Lampaert… han ganado o pisado grandes podios

En Flandes, hace una semana, en una carrera en la que fueron a contrapié casi todo el día, Kasper Asgreen fue segundo.

No han sacado el pie del podio, ni siquiera en los días malos.

 

Y en esta historia Gilbert ha granjeado también su suerte, poniéndose al servicio del colectivo, cuando se le ha pedido.

Ayer con Lampaert, estaba claro que iban a una, que uno u otro, en el momento que rompieran la cabeza, se cubrirían y llegarían hasta el final.

 

 

Primero, tercero, quinto y octavo: esas son las plazas de Roubaix que ocuparon los azules, dominio efectivo y real.

Cuando salen a una carrera como Roubaix sólo saben remar y sumar, remar y sumar.

Ocupan el tiro de cámara, lo llenan

Enfocan delante dos azules, bueno uno de ellos el tricolor belga, enfocan atrás, otros dos.

SQR – GORE

 

Puede parece sencillo, pero no lo es, no es sólo cuestión de presupuesto, es gestión de personal y de no pocos egos.

Este equipo ha sobrevivido admirablemente a la retirada de un coco como Boonen y no contento con ello, querría tener en sus huestes el cuarto ciclista de la historia capaz de tener los cinco monumentos en su zurrón.

Imagen: ©Tim De Waele/ Getty Images

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