La dictadura de los «Me gusta»

Un «me gusta» no significa que haya sido mejor la salida en bicicleta

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Hay gente que le gusta que guste lo que ellos publican: sus salidas en bici del fin de semana, sus últimas machadas ascendiendo puertos, sus fotos en las cimas después de haberlos coronado o sus logros y medallas en la última gran marcha cicloturista en la que han participado.

Puede que a esta gente les guste lo que tú publicas, o que les guste y no te lo digan, o no les guste y sí lo hagan, o no…

SQR – Cerdanya Cycle

 

También gente que no muestra su gusto si tú no le muestras el suyo antes, o que solo valoren cuántos «Me gusta» reciben y ni tan siquiera ellos mismos se molesten en darle al «Me gusta» en otras publicaciones: sólo quieren recibir «Me gusta» sin dar ninguno a cambio.

Hay también a los que les gusta (casi) todo, otros que no les gusta (casi) nada, gente que intenta pasar desapercibida sin darle al «Me gusta», pero están “ahí” ¡Y lo sabes! Pero no quieren darte el placer de darle a «Me gusta», ni el apoyo, ni la confianza, ni el mérito (o demérito), ni el aprecio (o desprecio) de un «Me gusta o No me gusta».

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Los «Me gusta» hablan, pero su ausencia también

Todo es significativo, todo es indicativo, todo es revelador… ¡qué grandes son los «Me gusta» incluso cuando no están!

No me gusta que me castiguen con los «Me gusta o no».

 

A mí, la verdad, me da igual.

«Me gusta» lo que a muchos gusta, me gusta gustar, pero lo que hago o digo no es buscando más «Me gusta», sólo me gusta transmitir, comunicar, no cuento los «Me gusta», me son del todo indiferente.

Hagamos todos una reflexión sobre la degradación del concepto “gustar”.

Estamos llegando a un punto en el que la única valoración que sabemos hacer de algo es “Me gusta” o “No me gusta”.

 

SQR – GORE

 

Tendríamos que prohibirnos a nosotros mismos el poder usar esas expresiones para mostrar nuestro interés en algo, porque parece que el interés en algo se explica solo con el simplismo del “Me gusta”.

El éxito de «Me gusta» está en su propia insustancialidad.

Y eso no me gusta… ¿y a vosotros?

Foto: https://joseluis015.files.wordpress.com

Ciclistas: ¿Aburridos del postureo?

El postureo también se practica entre muchos ciclistas

Pues sí, el llamado «postureo» ya comienza a aburrir y a saturarnos.

Y no sólo con respecto al «postureo ciclista», sino también al de todos los ámbitos de la vida.

El otro día, un buen amigo, nos envió el siguiente mensaje: «a base de selfies no entrena uno. Para eso debe pasar hambre, luchar contra el viento, el tiempo, los elementos. Debe trabajar, cansarse y descansar también. Esforzarse y vuelta a empezar».

No pudimos estar más de acuerdo con esta acertada reflexión.

En España nos encanta fardar, algo que es tan viejo y natural como la existencia de la propia humanidad: el deseo de presumir.

Algo tan humano no podía escapar, por supuesto, de nosotros, los ciclistas.

¿A quién no le gusta pasear su bici nueva por las redes?

¿O de alardear de haber ascendido algún duro puerto o de haber conseguido un gran logro deportivo? Incluso de chulear por estrenar esa nueva equipación o ese casco tan guapo que os acabáis de comprar.

Es así ¿no?

Esto que era -y es- tan normal hacerlo delante de nuestros compañeros y amigos ciclistas, desde hace unos años para acá, son muchos los que han encontrado un terreno ideal para poder abonar sus arrogancias y vanidades.

Es la eclosión del narcisismo actual.

Estamos hablando, lógicamente, de las redes sociales, sobre todo de facebook e instagram, donde los amantes del «postureo» se mueven como pez en el agua: cuelgan sus fotos vestidos con sus mejores equipaciones, nos vacilan con el nuevo material que estrenan, nos enseñan -de uno en uno- todos los puertos que han ascendido ese día o bien nos muestran con todo lujo de detalles las 3 ó 4 horas de entreno que se han metido entre pecho y espalda.

Pero creemos que esto no es lo normal y el cicloturista medio, el más reconocido, el que trabaja sus 8 horas y tiene familia, no suele estar entre semana subiendo y bajando puertos de fantasía, con lo que la imagen que dan los que «posturean» no es muy acorde a la realidad: es la falsedad de las redes sociales.

Y parece que hay una opinión generalizada que este tipo de «postureo ciclista» es mucho más frecuentado por casi novatos, o recién aterrizados al mundo de las bicis, ciclistas con poca experiencia que se preocupan más de la flecha que del indio y en vez de mejorar sus prestaciones, su técnica o la mecánica de su bicicleta, se preocupan más bien en lucir el lujoso material que han comprado o en exhibirse ellos mismos, luciendo tipín, acicalándose, poniéndose guapos y rodeándose de «adornos».

También los más veteranos ciclistas piensan, no sin algo de razón,  que los que más «posturean» sólo salen en bici cuando las condiciones son óptimas para hacerlo y así poder presumir mejor, por ejemplo, de esos pedazos de ruedas que les han costado mil euros si el tiempo acompaña, no sea que se vayan a manchar o salpicar de barro.

Esto suele pasar, claro está, mayormente en primavera o en verano, o bien un domingo de invierno pero radiante de sol: es el día ideal para el «postureo».

Porque esta es otra, y son muchos los que consideran a los que «posturean», además de globeros, unos domingueros, a diferencia de los que les gusta de verdad el ciclismo, que salen todo el año, ya llueva o haga un frío del carajo.

Estas condiciones parece que no son aptas para el «postureo ciclista»

Por supuesto que hay gente que pedalea con muy buen material y salen todos los días y no presumen de ello, aunque se cree que estos son los menos, porque hay muchos que por comprarse un pepino de bici de cuatro mil, cinco mil, seis mil euros o más (¿¡más!?) ya se creen que son buenos ciclistas y no lo son ni por asomo ya que, sin ánimo de generalizar, muchos son mal educados, se comportan con una cierta actitud chulesca, y encima no tiran ni para atrás, pero «posturear», «posturean».

De acuerdo que el ciclismo es un deporte caro, aunque aún existen precios, afortunadamente, que muchos se pueden permitir, esto hace que sea más fácil «posturear» de bici nueva que hacerlo por haber cambiado de coche, está claro.

Viste Endura en los días más fríos del año 

Esto es así porque ha habido una revolución del material de ciclismo que ha atraído a muchos aficionados a este deporte, que sufren y se preocupan mucho más por tener lo último en grupos o ruedas que en dar pedales, por ejemplo.

De esto saben mucho las tiendas que han disparado sus precios, abriéndose cada vez más establecimientos exclusivos para el sibarita ciclista que se gasta mucho dinero en producto, un tipo de nicho de cliente que hace que el negocio del ciclismo sea cada vez más redondo.

Creo que en esto estamos todos de acuerdo.

Pero, como todo, este tipo de «postureo», se puede volver muy en contra de quienes lo practican, creándoles auténticos problemas,  muy negativos a la larga, y es producido porque se vuelven dependientes de la aceptación de sus contactos, seguidores o amistades en las redes sociales.

Esto hace que den prioridad a ser correspondidos por los «Me gusta» y para ello pueden cambiar sus hábitos sociales, sus horarios y hasta sus vacaciones, buscando lugares que sean «instagrameables», porque esos likes pueden pesar y satisfacer mucho más que el merecido descanso vacacional: les importa más quién y cómo los vean que la experiencia en sí misma.

Además suelen gastar más de lo que necesitan en esa casi obligación por tener lo mejor, e incluso puede que lleguen a sentirse mal si no logran sus objetivos: se vuelven caprichosos.

Y ese es el verdadero problema: no saber diferenciar de lo que realmente necesitan de un capricho.

Estamos de acuerdo que para ir en bici de la manera que lo hacemos la mayoría de ciclistas en este país con una de menos de dos mil euros tendría que ser suficiente.

No es malo ser caprichoso pero sí lo es cuando el capricho se convierte en una necesidad.

Por todos estos motivos, nosotros valoraremos mucho más al ciclista que es respetuoso con los demás y se comporta como un caballero encima de la bici más que si es por llevar un casco de última gama o unas zapatillas de colores que hacen juego con el cuadro de su bicicleta.

¿Estamos de acuerdo?