¿Sobrevivirá el ciclismo en un futuro sin prensa?

Peter Sagan JoanSeguidor

La escasa cobertura del ciclismo por parte de la prensa hace temer un futuro complicado

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No a corto y medio plazo, pero quizás en un futuro no muy lejano, el ciclismo de competición, junto a otros deportes, puede morir por inanición.

Y estoy hablando de este país que es España.

Podéis pensar que qué demonios estoy diciendo, que si me he vuelto loco por escribir esta afirmación.

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Pues no, amigos, sé muy bien de lo que hablo y creo, en efecto, que si no “alimentamos” el ciclismo profesional, la tendencia puede ser que nos encontremos, de aquí a no demasiados años, en un escenario distópico en el que muy pocos aficionados acudan a las cunetas de nuestras carreteras a contemplar a sus ídolos.

¿Por qué pienso de este modo?

A ver, no voy a culpar a los políticos, que podría ser el recurso fácil y recurrente de que ellos son los culpables de (casi) todo lo malo que ocurre dentro de nuestras fronteras, pero sí lo voy a hacer atacando a algunos mal llamados “medios de comunicación deportivos” por su claro sesgo no sólo del ciclismo (salvo cuando les conviene llamar la atención y por temas que ya todos conocemos), sino también hacia otros deportes.

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Está claro que la falta de ese soporte competitivo en las páginas de muchos de estos periódicos de tirada nacional, tan necesario para asegurar una amplia base de aficionados que aporten garantía de futuro, puede tener efectos devastadores a largo término.

Sin esos ecos deportivos que tanto necesita el ciclismo será difícil llamar la atención a futuros aficionados en edades tempranas.

 

Ya lo dice el refrán: “lo que no se conoce, difícilmente te puede interesar”.

Porque… ¿cuándo surgen las pasiones en nuestra vida?

Nuestras aficiones, hobbies, todo aquello que nos gusta de manera vehemente es porque nos ha dejado huella indeleble y nos ha marcado para siempre desde nuestra más tierna infancia y hasta pasada nuestra adolescencia.

 

Estamos de acuerdo ¿verdad?

Hoy en día el ciclismo lo tiene más complicado que en el pasado para crear afición entre los más jóvenes, sobre todo teniendo en cuenta la oferta tan amplia que disponen de actividades para escoger.

Eso los más activos, porque hay muchos que les cuesta el simple hecho de levantar el culo, clavado al sofá de su casa, porque están jugando con su videoconsola o viendo series de Netflix.

En esto hay que reconocer que al ciclismo le han salido duros competidores en llamar la atención de los más pequeños.

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Esto es así y es innegable.

Sólo tenemos que preguntarnos, entre nosotros, nuestros amigos o compañeros de grupeta, de qué manera nos aficionamos a este sufrido deporte.

Muchos responderán que fue en esa fase de sus vidas en la que aparecen los ídolos: de Bahamontes a Contador, pasando por Ocaña, Perico Delgado o Induráin, claro.

Cambrils Square Agosto

 

Todos los que hoy en día seguimos el ciclismo profesional, y que además lo practicamos de manera cicloturista, seguro que forjamos nuestro ferviente interés, simpatía, afecto, apego y amor por este deporte, siguiendo a nuestros héroes cercanos, a esos gigantes de la carretera o esos esforzados de la ruta, que tenían un gran eco entre los medios hace tan sólo apenas un par de décadas.

Naturalmente que seguimos contando con grandísimos ciclistas, pero es cierto que la repercusión que tienen está mucho más diluida que hace 20 años.

Si aún tenemos alguna duda, podemos hacer recuento de pruebas ciclistas que han desaparecido de nuestro calendario nacional.

No hace falta que dé nombres ¿verdad?

Todos conocemos alguna carrera que se ha dejado de organizar, muy a nuestro pesar, por muchos motivos, principalmente económicos, claro está.

Y de un tiempo a esta parte el goteo sigue imparable.

Así es la primera Girona Grave Ride 

¿Hasta cuándo?

Y sin embargo, afortunadamente, los fines de semana nuestras carreteras se siguen llenando de cicloturistas y las marchas agotan en pocas horas sus inscripciones, aunque yo pienso que la edad de los participantes está aumentando con el paso de los años.

Como ya hemos comentado alguna vez, quizás ya no sea “deporte para jóvenes”.

Por este motivo, todos los responsables que forman parte de la gran familia del ciclismo, sobre todo en este país, y en darle la máxima difusión como los diferentes medios de comunicación, harían bien en preocuparse por mantener un tejido competitivo próximo a la afición, porque aunque hayan cambiado mucho las cosas de un tiempo a esta parte, ésta seguirá siendo la quinta esencia, el elixir de la vida, de este sacrificado deporte.

Foto: Diario As

“El ciclismo es un cuento”

Así reza desde hace unas semanas el lema de la cuenta de twitter de Cultura Ciclista (@culturaciclista). No es que me haya vuelto escéptico de repente en relación con el deporte pedalístico, o por lo menos no más de lo estrictamente necesario. Lo de “cuento” no lo digo en sentido irónico, ni lo enarbolo con ánimos de denuncia de los vicios, la decadencia y la podredumbre de nuestro amado deporte, que para eso ya hay justicieros mucho más veteranos, venerados e incisivos por los procelosos mares de las “redes antisociales”.

Decimos, digo, que es un cuento en el sentido literal de la palabra, y ello por dos razones de peso. La primera es que el ciclismo de élite (al menos el de carretera) es una criatura parida, amamantada y criada por periodistas. La lista de competiciones hoy míticas, muchas de ellas aún en activo, que fueron promovidas y montadas por periódicos es larguísima, empezando por la santísima trinidad del Tour, el Giro y la Vuelta. Es bien sabido entre los aficionados que la Grande Boucle, la reina de todas las competiciones del pedal, fue un invento del diario parisino L’Auto que su director, el célebre Henri Desgrange, alimentó y mimó hasta casi el día de su muerte, en 1940. A partir de 1947 han sido también periodistas (Jacques Goddet y Félix Lévitan, y posteriormente Jean-Marie Leblanc, y Christian Prudhomme hasta la fecha) los que han llevado el timón de ese gran transatlántico deportivo.

Quizá el aficionado medio no esté tan enterado de que el Giro de Italia lo puso en marcha en 1908 el diario milanés La Gazzetta dello Sport, el cual ha regido sus destinos hasta el presente. Todos los directores de la Corsa Rosa han sido periodistas antes que frailes. Y la Vuelta la creó en 1935 el tándem formado por el cántabro Clemente López-Dóriga y el murciano Juan Pujol, director este último del diario madrileño Informaciones. Desde entonces, aparte de este rotativo, la carrera española ha pasado por las manos del madrileño Ya, y sobre todo del bilbaíno El Correo, hasta 1978.

Pero la lista no se acaba aquí. La Volta a Catalunya, si no directamente parida por un periódico, si fue inspirada y promovida por El Mundo Deportivo y su director de entonces, Narciso Masferrer, en 1911. La Vuelta a Bélgica se organizó por primera vez en 1908 de la mano del diario La Dernière Heure. La primera Vuelta a Portugal (1927) fue obra del periodista del diario Os Sports Raul Oliveira. La Vuelta al País Vasco se la inventó el diario bilbaíno Excelsior allá por 1924. Y la lista de pruebas de un día y de vueltas cortas promovidas por periódicos es interminable. Entre las más destacadas, tanto de las supervivientes como de las que ya han desaparecido, cabe citar la primera carrera de larga distancia de la historia, la París-Rouen (1869); la mítica París-Brest-París de 1891; Burdeos-París, París-Roubaix, Milán-San Remo, Giro de Lombardía, Vuelta a Flandes, Flecha Valona, Critérium Internacional, París-Niza, Dauphiné, Midi Libre… Y suma y sigue.

La segunda razón que justifica lo de “el ciclismo es un cuento” está estrechamente emparentada con la primera. El ciclismo de carretera es seguramente el único deporte de masas que necesita que alguien lo narre para poder existir. Mientras que el resto de deportes populares, como el fútbol, el baloncesto, el béisbol, el atletismo, la pelota, e incluso la natación, se disputan en recintos cerrados a los que acude el público para presenciar sus competiciones, el ciclismo se desarrolla “a campo abierto”, de manera itinerante y cambiando constantemente de escenario.

Además, la acción no tiene lugar toda junta en un espacio físico abarcable con la mirada, como un estadio o una cancha sino que se despliega de forma desperdigada, a lo largo de varios kilómetros de carretera. Pasan muchas cosas simultáneamente, pero es imposible verlas todas al mismo tiempo, ni siquiera con la moderna tecnología audiovisual. Por ello el ciclismo para existir necesita ser “cantado y contado”, que diría aquel. Si el periodista es una pieza fundamental del engranaje del deporte de masas, en el caso del ciclismo su papel es central, fundacional o constitutivo, de hecho. Hoy en día se dice y se repite que lo que no se comunica no existe; pues bien, este tópico alcanza su máxima validez en el caso del deporte pedalístico.

Estas reflexiones, por otra parte bastante obvias, no han salido de mi magín por inspiración divina. Se pueden leer en uno de esos libros que me encantaría añadir al catálogo de Cultura Ciclista, pero que no publicaré porque no vendería ni 100 ejemplares en este país nuestro del “millón de cicloturistas”: Vélodrame, del (cómo no) veterano periodista francés Jacques Marchand. El cual apunta, como hipótesis extremadamente sugerente, que la actual crisis de credibilidad del ciclismo no tiene sus raíces en el dopaje, que ha existido siempre. Según Marchand, se debe a… un ataque de cuernos de la prensa escrita, patrona indiscutible del ciclismo hasta que llegaron las cámaras de la televisión para “robarle” la criatura.

Por Bernat López, editor de Cultura Ciclista