Entre clásicas y vueltas, lo primero por favor

En las clásicas entra el ciclismo sin margen de error, la decisión final, el momento clave, en las vueltas hay margen, equipos y otros elementos

Miró el calendario que no puede ser y recuerdo porqué la primavera nos tenía robado el corazón, un camino entre clásicas y vueltas.

San Remo, hoy sábado, la Volta debería empezar el lunes, en unos días Harelbeke y Wevelgem, al final de la ruta Flandes y Roubaix, por medio la Itzulia.

Miro eso, y estoy abrumado, siento nostalgia.

Pero las clásicas fueron antes de todo, antes que nada.

La más vieja dicen que es la Milán-Turín, cuando el Giro siquiera era un sueño.

Eran carreras de pesado desarrollo y heroico desenlace.

Luego vinieron los monumentos, la más decana, la que va de Lieja a Bastogne y vuelve al cogollo valón, San Remo, Roubaix, Flandes, las hojas muertas de Lombardía que muda de verde a ocre…

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Todas las grandes clásicas son centenarias, no sólo eso, son mas que centenarias, diseñaron el ciclismo que conocimos, sugieren leyenda, despiertan recuerdos, inspiran hoy como inspiraban hace cien años, crean riqueza, cincelan iconos, catapultan lugares y establecen tradiciones.

No son carreras al uso, en lo estrictamente futbolístico, son partidos del KO, a eliminatoria única, sólo puede quedar uno.

NEWSLa plantilla de Gobik da un paso al frente.De forma espontánea y voluntaria nos sumamos al esfuerzo de nuestra…

Publicada por Gobik en Viernes, 20 de marzo de 2020

No hay segundas oportunidades más allá de volver al año que viene, algo que cuando cruzas la meta segundo te parece una eternidad que no sabrás esperar.

Son adoquines y colinas, se visten de naturaleza: caminos vecinales de Flandes, los pendones de Valonia, las rutas imperiales y mineras hacia Roubaix, las tierras que vieron crecer a Coppi para tomar el camino de San Remo,…

Tienen iconografía propia, una personalidad transversal.

Integran a gente que las ama en paisajes del siglo XIX, cuando el mal tiempo las viste de barro y despojo, son terribles, una pesadilla.

Entonces el batiburrillo de dureza y tensión deriva en espectáculos inmateriales, que van más allá de los tiempos y nos adentran en los despojos del ciclismo que nos enamoró, de ese que se corre con el riesgo de perderlo todo en cualquier momento y sin poder, en muchos casos, ni echar mano del equipo ni del coche de recambios.

Porque en ciertos escenarios, la incidencia de los equipos super profesionalizados del siglo XXI se diluye, queda en testimonio. Equipos enteros llevados a la cuneta. Mirad el Team Sky el año 2016 en Roubaix, copaban la cabeza y en dos malas curvas, adiós, se acabó.

La victoria aquel día fue para un australiano de tercer rango, que corría solo y escapado desde que el pelotón afrontó el primer pavés.

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Hubo un día que los grandes patrones de los medios quisieron darle una vuelta de tuerca a la mecha de pasión que prendieron las clásicas y pensaron en las vueltas por etapas, y nació el Tour, y nació el Giro, e incluso nació por aquí la Volta y entendedme, esto es otra cosa, es el ciclismo de la suma de esfuerzos, del fondo físico que cae en saco roto cuando el cuerpo te dice basta.

Es el ciclismo de equipos que bien llevados y atiborrados de talento pueden blolquear la carrera hasta convertirla en un sopor.

A mi me gustan las grandes, la París-Niza esta última, alguna Tirreno, algún Dauphiné, pero entendedme lo que te da una clásica, eso, no está pagado.

 

El último grande del adoquín se llama Tom Boonen

La suerte de nuestra generación fue disfrutar de Tom Boonen

No hace muchos días que Tom Boonen dijo que igual volvía, ahora eso pasó a la prehistoria de nuestra acelerada vida.

Que la realidad nos tenga confinados no reduce la imaginación ni mata el recuerdo…

Es por ello que queremos recuperar algunos pequeños recuerdos a los grandes clasicómanos de la historia, un minúsculo tributo en forma de busto marmóreo en la entrada de casa en el que pasearemos por las excelencias del momento más singular de la campaña ciclista.

Habrá de todo, leyendas, mitos y recortes, pero empezaremos por uno que lo dejó no hace mucho.

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Tom Boonen se explica en Roubaix, la carrera que prioriza y prestigia como la primera de sus preferencias.

Otras como Flandes pasan varias veces por el Kwaremont, la capilla la suben en más carreras, los parajes de Roubaix son únicos, patrimonio exclusivo de esta carrera, de ese domingo de Pascua.

Ni el Tour se atreve a entrar a la entraña de Arengerg, se queda a las puertas, ni al Carrefour, lo toca tangencialmente.

El primer disgusto ciclista de Boonen fue cuando, siendo un crío en el US Postal de Armstrong, perdió su primera Roubaix ante Museeuw, que se fue mientras el revoloteaba por la panza del grupo en pleno tramo de pavé.

Catorce años después se llevó idéntico disgusto cuando veía que en el mejor día de ciclismo en mucho tiempo no fue capaz de soltar a Mathew Hayman y éste le ganaba en los peraltes del velódromo cuyas míticas duchas no ha utilizado porque ya se limpia en el camión del equipo.

Decir Boonen es decir muchas cosas, pero sobretodo Roubaix.

Dos momentos, esa edición que ganó porque se puso al frente y vio como detrás de él los rivales caían presa de una mala maniobra o de la imprecisión: Van Summeren, Felcha, Hushovd, Pozatto,… uno a uno cayendo en serpentín y él, azul y blanco, en solitario hacia el velódromo.

Otra imagen, la de 2012, el “quasi pleno”, pues ganó todas las del adoquín salvo Het Nieuwsblad.

El Cruz Cyclone es un portabicicletas de bola de remolque para 2/3 bicicletas abatible y con antirrobo

Atacó a una eternidad de Roubaix y llegó.

“Aquel día me sentía capaz de cualquier cosa” admite.

Y yo admito que Boonen no me gustaba, no al menos en sus primeros años de insolente facilidad para ganar, tanta que causaba recelo.

Pero el paso del tiempo pone a cada uno en su sitio y a Boonen éste le ha situado muy arriba en una escala de aprecio.

Es un ciclista único, irrepetible, un lujo que hemos visto en directo, correr y ganar en grandes carreras, crecer como persona, conviviendo con la esfera social que rodea a los ciclistas en Bélgica y siendo fiel a Lefevere como éste lo ha sido con él.

Desde el principio hasta el final.

Imagen tomada de Pinterest

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Tom Boonen “on ice”, La temporada ciclista

La temporada ciclista

Tom Boonen, la temporada ciclista 2014 ya es un hecho. En un ciclismo empobrecido por la obvia crisis, en un momento de ruptura, donde los ricos son más ricos y los pobres poco menos que vetados a competir en las mejores carreras,

las campañas arrancan ya en enero –no con la Marsellesa y Mallorca como hace cuatro días- desde lugares tan dispares en el globo como Australia y San Luis, en Argentina.

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En esta última el Omega Pharma se ha traído a uno de los ciclistas más lagunares, aunque genial, de nuestros tiempos. Lejos del frío europeo, Tom Boonen pone los pinreles en hielo atosigado por el calor del corazón argentino.

La primera jornada del Tour de San Luis significó una nueva apertura de curso de este indescifrable ciclista que alterna temporadas históricas con periodos de completo anonimato.

Tom Boonen

El año pasado Tom Boonen fue un silbido, un soplo de aire, efímero y transparente. No se le vio, la foto que define su temporada es la de Flandes rebozado en el suelo sin opción a defender su corona.

Le recuerdo temporadas similares. Años en los que Fabian Cancellara le eclipsó hasta la desesperación de cometer errores bíblicos como aquel ataque, también Flandes, que arrastró al suizo hasta la vanguardia de carrera, que ocupaba su entonces compañero Sylvain Chavanel.

 

Boonen es uno de los mejores ciclistas de clásicas de la historia y por ende el mejor ahora mismo,

de entre los que están en activo.

Hijo de los tiempos de la súper especialización, el famoso ciclista rueda como los ángeles sobre los adoquines. Tal perfección le han valido siete monumentos entre Flandes y Roubaix más la amalgama de semiclásicas que completan el calendario adoquinado:

Harelbeke cinco veces, Wevelgem, tres, Kuurne, dos, A Través de Flandes, una,…

Ahora Boonen tiene mucho trabajo acumulado. No puede ser que la suerte le venga y le abandone de forma intermitente. A pesar de su ausencia el Omega Pharma fue el único equipo que se pudo medir con Team Sky el año pasado.

Alrededor suyo Boonen tiene excelentes piezas que le descargan de presión.

Rigoberto Uran

La llegada de Rigoberto Uran ha abierto las puertas de las grandes vueltas al equipo, aunque poco a poco, pues el colombiano se centra en el Giro –algo que podría haber tenido ya en Sky- porque el Tour, el Tour, es cosa de Mark Cavendish y su pandilla de intimidadores de la velocidad.

Pero el puzle necesita de la pieza de Tom Boonen. Una pieza informe y enigmática. Elegante y versátil, liviano sobre los pedruscos, necesita sentirse ciclista pronto, Boonen lo ha hecho bien esas temporadas en las que ya encontró fortuna en Qatar, sí en los albores de la temporada.

Mientras se entona en Argentina pensamos en qué quedó de este ciclista que llama a las puertas de los 34 años y que mucho tiene que ver con ese prodigio que irrumpió hace doce años sembrando la discordia entre el US Postal y el Quick Step, el equipo de su vida.

Los imprescindibles ciclistas de 2019 (vol I)

Peter Sagan Roubaix JoanSeguidor

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Dejamos rápido y en diagonal algunas de las claves de ciclismo para el año 2019 que amanece

¿Cuál es el tope de Mathieu Van der Poel? ¿Acaso el mundial?

Primer domingo de febrero, y el universo ciclocross ser volverá a parar.

Esta vez en Dinamarca, terreno neutral.

Otro día D para Mathieu Van der Poel, el ciclista que como Nys firma registros de tiranía sobre el barro, pero que camina sobre barro cuando asalta el mundial.

Ganó uno, hace unos años, pero Wout Van Aert se le cruzó en el camino. Y lleva tres seguidos.

En la revalida de Van der Poel Dinamarca se escribe en rojo y mayúsculas.

La antesala de su apuesta por la carretera, porque ese estilo fino y mordaz se tiene que alargar a las primeras clásicas del talento neerlandés.

Un mundial que amenaza, pues, con cambiar el paso de Van der Poel, para bien o para mal.

Si un día hubo un tope para él, ese es el que se juega el arcoíris.

El Giro, cinco estrellas

No es nuevo de ahora, que el Giro de Italia le come terreno al Tour de Francia.

Sí, claro, el Tour es el Tour, es julio, el ombligo ciclista, la carrera de las carreras.

Lo es, y lo seguirá siendo… pero menos.

Giro Dumoulin JoanSeguidor

El Giro se ha posicionado como alternativa, tanto o más atractiva que ganar en Francia.

Y así tenemos la edición de 2019, que se anuncia con un cartel excelente, algo qe es habitual en los tiempos recientes.

La novedad, por eso es que el cartel es fruto de estrellas «rebotadas» con el Tour y la deriva de recorrido que ha emprendido.

Tom Dumolin encabeza una lista que tiene a Roglic, Nibali, Bernal, Yates…

No son pocos, y son significativos, de que las figuras lo fían al Tour, pero no en exclusiva como antes.

Peter Sagan, siempre en el foco

La primavera, bella estación, que en ciclismo significa clásicas, muros, adoquines, colinas,…

Elementos que en la vida de Peter Sagan no son cualquier cosa.

Peter Sagan lleva tres mundiales y dos monumentos (Flandes & Roubaix)

¿Conclusión?

Que esas carreras que llamamos monumentos, una fortuna de eternidad ciclista, son complicadísimas de ganar.

Y por eso un fuera clase como Sagan lleva sólo dos, porque es la rueda más vigilada, pero también marcada.

Y a Sagan le tocar dar la cara, porque cuando algo pasa, todos le miran, porque cuando alguien se mueve, todos le observan.

¿Ganará otro monumento Sagan en 2019?

Así vive Joseba Beloki con su Oreka en el garaje 

Es la pregunta de la primavera, la primera que nos asalta en medio de una corte de rivales que no son poca cosa.

A los consabidos de siempre, desde su alter ego Van Avermaet a los Gilbert, Stybar, y Terpstra, a los jóvenes prodigios del ciclocross, Van Aert y el estreno de Van der Poel.

En las rendijas de esas rivalidades estará la clave para que el ciclista que es mucho más que un ciclista dé el tono que todos esperamos.

 

 

La revista del adoquín

Adoquín Roubaix JoanSeguidor

El adoquín que se lleva Sagan en Roubaix pone fin al ciclo más apasionante del año

Hace escasos días que la campaña 2018 del adoquín dio con el velódromo de Roubaix, cuyo ceremonial sabe un poco a despedida.

Luego viene lo que últimamente hemos llamado la depresión de las Ardenas

Sea como fuere ese sabor a despedida encierra cierto amargor, este año además revestido de honda preocupación por el estado de Michael Goolaerts, al tiempo que permite pensar sobre lo que ha dado de sí la primavera que se corre entre adoquines, bergs y muchedumbres que hablan un idioma que nos resulta incomprensible

El rey del adoquín ¿Sagan o Terpstra?

Para saber quien ha sido el rey del adoquín simplificar entre dos nombres parece un ejercicio simple, pero es necesario para dar concreción. La cosa está entre dos enemigos íntimos.

Peter Sagan ya tiene la reina de las clásicas, y su balance global incluye Wevelgem, en una estrategia muy alejada a la de ese corredor que le gusta arriesgar y ser vistoso.

En términos de palmarés es un balance impecable, por cuanto engrosa un historial de vértigo, que muy pocos en la historia podrían firmar.

En términos de sensibilidad, Sagan tiene dividida a la parroquia que espera de él lo humano y lo divino.

Niki Terpstra por su lado creo que ha hecho su mejor campaña de siempre.

Liberado del rol de segundo de la flota comandada por Tom Boonen ha sido la punta de lanza de su equipo en las grandes carreras y ahí está el resultado: Samyn, Harelbeke y Flandes.

Pisó además el podio de Roubaix, donde compitió en fortaleza con Peter Sagan, si el eslovaco se le fue como quien no quiere la cosa, es un tema que le debe estar comiendo por dentro.

Balance sobre la mesa, resultados puros y duros y presencia durante el ciclo, Terpstra ha sido, para nosotros, el hombre de la primavera.

Un ciclista que ha sido valiente, que ha estado perfectamente acompañado, y eso cuenta mucho, pero no siempre se puede rematar y él lo ha hecho.

El semi pleno de Quick Step

En los resultados de Terpstra concluye también el equipo azul que ha sabido plasmar con exitosa estrategia su poder.

No es sencillo, aunque parezca lo contrario, conseguir lo que han logrado los belgas.

Ser el más fuerte te hace diana de todas las miradas y ataques, y sin embargo, el nivel de trabajo colectivo del Quick Step ha rozado la perfección.

Tuvieron un lunar en Roubaix, confiaron, quizá en exceso, en los ataques lejanos de Gilbert y Stybar y para cuando quisieron tomar aire de nuevo, Sagan se escurrió.

Si alguna vez Patrick Lefevere soñó con la palabra equipo seguro que sería con algo muy similar a lo visto estos días.

Vanmarcke y Van Avermaet, sin premio

Sep Vanmarcke y Greg Van Avermaet son dos ciclistas acostumbrados a hacer balances poco optimistas del periodo del adoquín.

Les cuesta horrores ganar, sobre todo al primero, porque al menos Van Avermaet venía a esta primavera a defender todos los triunfos del año pasado.

Pero el campeón olímpico no estuvo en ningún momento en disposición de romper como él necesita para ganar carreras de este corte.

Sabrán BMC y Van avermaet los motivos, pero su balance es muy malo y llega en momentos complejos para el equipo.

Con Vanmarcke es más de lo mismo, el retrato de un corredor poderoso, que se entrega, que da el tono, pero que siempre se queda en la puerta.

¿Cruzará la línea alguna vez?

Cuesta creerlo.

Nibali y Benoot, el salto adelante

Aunque no es adoquín propiamente dicho, San Remo está siempre inmersa en esta maraña de carreras. Vincenzo Nibali ha vuelvo a dar una vuelta de tuerca y su tenacidad en el Poggio es el vivo ejemplo de un ciclista irrepetible, como su apuesta por Flandes, siendo la última rueda que Terpstra descolgó en su ataque.

Por su lado creo que la primavera que acaba lo hace con la figura de Tiesj Benoot finalmente revalorizada como creo que merece, al margen de la Strade que gana a lo grande, fue su continua presencia en carrera la que le ha proporcionado un estatus muy diferente al de hace un par de meses.

Sigue siendo muy joven, como Van Aert, y su carácter espartano, recordándonos auténticos sufridores como Hoste o Van Petegem, es perfecto para progresar en esta jungla del adoquín.

Imagen tomada del FB de Paris-Roubaix

INFO

La costa de Levante en la puerta de los Hoteles RH…

El legado tangible de Juan Antonio Flecha

Juan Antonio Flecha JoanSeguidor

El adoquín tiene un antes y un después con Juan Antonio Flecha

El otro día en la retransmisión a tres del Tour de Flandes, Javier Ares adulaba con Alberto Contador a Juan Antonio Flecha, de los tes el que más tiempo lleva en este menester.

Coincidían Ares y Contador en el papel de Juan Antonio Flecha en la divulgación de la «cultura del adoquín» a este lado de los Pirineos.

Y no podemos estar más de acuerdo.

Recuerdo esos días que Flecha estaba ya en la prórroga de su carrera deportiva, bastante larga por cierto, unos quince años más o menos, y le preguntábamos por su palmarés y cómo se tomaría dejar el ciclismo sin un Flandes o un Roubaix.

«Pues qué le voy a hacer…»

Flecha se resignaba en cierto modo y dibujaba la complejidad de afrontar estas carreras, cuanto si más ganarlas.

Se le veía tranquilo con lo logrado, que no fue poco, un serial de resultados que en Roubaix fue realmente bueno en lo numérico, y no sólo en lo numérico, porque su legado va más allá.

Juan Antonio Flecha convivió con dos grandes como Boonen y Cancellara

Quienes vimos la presentación, nudo y desenlace de la carrera de Juan Antonio Flecha en las grandes clásicas nunca le podremos olvidar.

Nos gustaría más o menos su forma de correr, excesivamente generosa, pero es que le tocó lidiar con dos de los grandes de siempre, Fabian Cancellara y Tom Boonen y no sólo ello, con toda su guardia, con los Devolder, O´Grady y compañía.

Sin embargo, con Juan Antonio Flecha hay un icono que va más allá de su palmarés.

Hay un tipo que ha generado admiración por donde pasa por sus años en vanguardia de las mejores carreras.

Ahora que nos lo preguntamos mucho, ha trascendido, y sin ganar una «major».

Tiene un intangible de lucha, entrega e incondicionalidad que sostenida en el tiempo le ha valido la admiración, incluso por delante de corredores que sí han ganado estas carreras.

Porque hoy, yo creo que se reconoce y se valora más la trayectoria de Flecha que corredores como Nick Nuyens o Johan Van Summeren, por citar dos, que sí ganaron Flandes y Roubaix, respectivamente, y sin embargo no son nombres de primera mano cuando se habla de estas carreras.

García Cortina sigue el camino

Y con Flecha y su herencia, está la explosión de Iván García Cortina, primero en el Kapelmuur, igualándose a esos corredores que un día pasaron por delante de mitos como el Galibier o el Tourmalet.

El domingo García Cortina marcó un antes y un después, un paseíllo por los rincones de Flandes, mostrando el dorsal y su cara, gesto adusto y amor por estas carreras.

Salvo Flandes, el gijonés no ha tenido una primavera fácil, desde la primera avería en la Het Niuewsblad, ha encadenado percances que frustran en el corto plazo, pero curten en el largo.

No sé cómo Juan Antonio Flecha ha influido en el «amor clásico» de García Cortina, pero ambos ponen el pie en terrenos inhóspitos para el ciclismo español, dan fondo de armario y en algún momento nos regalan momentos de esos que sólo vienen con el efluvio de la primavera.

Imagen: Foroactivo

 

Clásicas: diez deseos y/o reflexiones para esta primavera

Milán San Remo primavera JoanSeguidor

Como cada año, siempre reivindicaremos la belleza encadenada de la primavera

La primavera son clásicas, jornadas de un día, a pelo, cuchillo entre los dientes, jornadas maratonianas, la conjura de los elementos, la gente, los gritos, el paisaje, el escenario…

Primavera: todo invita a ver ciclismo

E incluso, aunque nos obnubilemos con las clásicas, solamente, porque el periodo encierra vueltas de una semana que en tiempos recientes han ofrecido espectáculos sublimes.

París-Niza del año pasado: jornadas llanas que parecen clásicas y montaña desmelenada…

Tirreno por la espina dorsal de los Apeninos congelados. Volta, País Vasco…

Pero volvamos a la harina de las clásicas, y dejemos diez reflexiones, entremezcladas con deseos escritos, para que luego pasemos factura en un par de meses, cuando el Lieja, en el alto de Ans, echemos cuentas.

Sagan y Gilbert ante la obsesión de Roubaix. El infierno viene entretenido. Ninguno de los dos ha pisado el podio pero cualquier quiniela les incluiría. Les cabe el consuelo que sólo pueden ir a mejor, pero saben que su leyenda necesita de la reina.

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¿Qué nos deja esta primavera?

El momentazo: el sprint de San Remo, tan apretado que tuvo hasta contacto físico cuando en el frénesi la bicicleta llevó a Sagan y no al revés contra Kwiatko. Una carrera en la picota, muchos y muchos kilómetros de serpenteo costero, sin más novedad que quien tira a mil por hora para que nadie, absolutamente nadie, pueda romper el pelotón. Sin embargo, San Remo con corredores como el polaco y eslovaco en liza te tiene acoplado en el sillón, en escorzo, retorcido, porque sabes que en cualquier momento puede saltar la chispa, y esa llegó en el Poggio. A partir de ahí, prendida la mecha, vino el baile de la primavera…

El dandy fue Greg Van Avermaet, quien torció su suerte el año pasado, colgándose el oro olímpico y el amarillo del Tour. Con esa inercia ganadora sólo una caída en el Kwaremont, fuera por lo que fuera, impidió un pleno histórico en las “majors” de los adoquines. GVA entró con buen pie en la Het Nieuwsblad y prosiguió con Harelbeke, Wevelgem y Roubaix. En todas ganando al sprint a sus rivales, de lo más diverso además, Gilbert, Naesen, Keukeliere, Stybar,… y demostrando que se puede correr bonito sabiendo guardar para el final ese cambio, esa “hostia” que te ponga en órbita como uno de los más grandes de los tiempos recientes.

La foto es la mirada de Peter Sagan a Niki Tersptra camino de Wevelgem donde el campeón del mundo explotó y creo que cambió su paso en una primavera decepcionante en resultados pero valiosa en experiencias. Sagan cargó contra le holandés y su equipo. “Corren para que yo no gane” aseguró, no sé si timorato, pero sí convencido. Yo no creo que corran para que él no gane, yo creo que corren con pavor sobre su figura y eso es imposible disimularlo..

El matador de la primavera ha sido Alejandro Valverde, quien ya camina por los pasillos de la historia, manejando registros de leyenda y con todo el margen que el quiera otorgarse para los años venideros. Valverde sólo tomo el mando de la Flecha y Lieja al final, muy al final, en el umbral de los que se llevan la gloria y quienes la rozan. Él se la llevó toda y ahora mismo pone un hipotético declive en cuarentena, desafiando las leyes de la naturaleza y el paso del tiempo.

La resurrección de Philippe Gllbert ha sido la nota de la sesión. Ya tuvimos una corazonada cuando se anunció su regreso a una estructura belga, y no erramos. El valón es un ciclista excesivo, que cuando está bien no sabe esconder ni sensaciones y poderío. Le gusta que le dé el aire, no esconde su precioso maillot con la tricolor belga y saca las manos a pasear con facilidad. En La Panne dijo que iba a por Flandes y lo corroboró a la sideral distancia de 50 kilómetros de meta. En la Amstel le pegó una pasada Kwiatko al final de las que te deben dejar roto… Aseguran que meó sangre tras la Amstel por la caída que se llevó. Bien, en todo caso una pena, nos quedamos sin verle en el núcleo duro de las Ardenas, salpimentando, seguro, las claras victorias de Valverde.

El bajón del Lotto, sin duda la escuadra más belga que hay, al menos que más lo transmite en colores, ropa, bicicletas e incluso la banderita que lucen. Para ellos este periodo es sagrado y han caído con estrépito. Sus perlas no acaban de despuntar, ni Tiesj Benoot en pavé ni Tm Wellens en las Ardenas, y eso que lo intentaron, que se mostraron, pero con la conviccion de que o no iban a ninguna parte o de que estaban en el sitio y momentos equivocados para moverse.

Imágenes tomadas de FB de Movistar, Milán-San Remo y Amstel

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