#Moment2020 El gran error de Alaphilippe en Lieja

Alaphilippe Lieja

La imagen de Lieja acompañará para siempre a Alaphilippe

Hay llegadas que marcan una generación, de esas que por más vueltas que le das, no encuentras consuelo, finales como el de Purito en Florencia con Rui Costa o de Erik Zabel con Freire en aquella San Remo.

El ciclismo de gran fondo es un arte de resistencia y tenacidad bien mezcladas con la sapiencia de saber que la clave no sólo está en las sensaciones propias y sí en el paisaje, los rivales, sus sensaciones y las miradas que sabes te están escrutando.

El gran fondo tiene eso, que hace posible lo imposible, y en el carrusel de la vida, te pone cada día en un sitio diferente.

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Qué ganas tendría Julian Alaphilippe de ganar la Lieja-Bastogne-Lieja para protagonizar ese final, tras más de 250 kilómetros para protagonizar ese final en la capital valona.

Qué ganas y que ingenuidad pensar que iba a resultar tan fácil.

Por que el último kilómetro de Alaphilippe en esta Lieja de septiembre, una semana después del mundial, dos tras el final del Tour, fue un manual que correrá por las escuelas de lo que no se debe hacer en la cumbre de una de las grandes del calendario.

Ahí llegaron cuatro, de los más fuertes del Tour, también del mundial para dar la medida de lo bonito que es un final de monumento en llano, tras una limada tremenda por las Árdenas y las fuerzas en zona roja.

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Alaphilippe irisado, se creyó la niña de todos los focos, trazaba raro, delante tenía rivales que sobre el papel debía ganar, pero era eso, sobre el papel, por que en el gran fondo, volvemos al inicio, corredores como Hirschi, Roglic o Pogacar te hacen un roto con una facilidad insultante.

Y a ellos les añadió, cómo no, otro esloveno, Mohoric, para complicarlo un poco más.

De esta guisa, el francés hacía alguna ese, ya de lejos, y esos quiebros eléctricos sacarían a Hirschi y Pogacar de la ecuación, inadmisible, corriendo como si la carretera fuera suya, echando por tierra una carrera bien ejecutada hasta ese momento, sabedor que no era el mejor en esos instantes, pero sintiéndose partícipe de la puja.

Ahí ya quedó sentenciado por los jueces, pero a la de éstos, se añadió el veredicto de Roglic quien aprovechó una celebración temerariamente temprana para acabar de ponerle en su sitio.

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Alaphilippe es un ciclista que, gestitos y tonterías a parte, sólo puede gustarte, pero ese día encendió merecidamente la ira de la gente y la pólvora de las redes.

Si el ciclismo quiso estrellitas, ahí amortizó el maillot arcoíris, nada menos, en un malabar que acabó sin red, una historia que Alaphilippe llevará para consigo siempre y de la que echaremos mano como en su día Eric Zabel sembró el precedente ante el más listo de la clase, Oscar Freire.

Y es que para que eso ocurra, hay que ser un superdotado y el francés lo es, el perejil de todas las salsas…

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Vuelta: Roglic vino llorado de casa

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La segunda Vuelta de Roglic premia la profesionalidad de un ciclista excepcional

A grandes rasgos y para hacerlo sencillo, la segunda Vuelta de Primoz Roglic implica esto que leéis aquí abajo… 

Con dos victorias en la Vuelta a España, Roglic entra en la galería de los mejores de una de las tres grandes, su nombre figura entre suizos como Zulle y Rominger, leyendas patrias del calibre de Fuente, Contador, Perico y Berrendero y estrellas de siempre del tipo Hinault y Froome.

Ahí, ahora, en esa mesa come Roglic, con esa gente y esas leyendas.

Un marco que sirve para ubicar lo que ha hecho Primoz Roglic ganando esta Vuelta.

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Aunque más allá de las cifras, de la historia, nos quedamos con la carrera ejecutada por quien consideramos que es ahora mismo el mejor ciclista del mundo.

Llegó a Arrate con el convencimiento propio de ganar, aunque muchos no lo tuviéramos claro del todo.

Día a día fue consumiendo etapas y retos, cada vez que sondeábamos un mal momento volvían los fantasmas, más este año y con lo que le sucedió en el Tour.

En Formigal quisimos pensar que la chaquetilla era un motivo que escondía otras cosas, como que Carapaz le iba a ir limando hasta quitarle el rojo, en el Angliru, gestionó un mal momento del que salió vivo por saber mantener la misma calma que le salvó en La Covatilla.

En los tres sitios, Roglic pasó la prueba del algodón, éxitos parciales cuya suma dio con el rojo bajo el ayuntamiento madrileño, sacando petróleo de cada mal momento, construyendo un imperio de las cenizas morales que quedaron de aquella tarde en La Panche des Belles Filles.

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Todo eso remando y remando, sin perdonar en cada llegada que se cruzó en su camino, pues sabía que las bonificaciones, que están ahí y están para todos, podían tener la llave de un éxito que sin duda se ganó a puso.

Primoz Roglic nos ha dado una lección, una lección de vida, de encajar golpes que son demoledores, rehacerse y volver a lo alto, con el brillo justo que necesita cada momento, sin estridencias, siendo certero en cada cosa que hace y alargando un estado dulce que se ha prolongado durante el largo y ancho de esta temporada de urgencia que se ha montado en los albores del otoño.

En un ciclismo de críos y jóvenes que no entienden de plazos, Roglic resiste, y la Vuelta es su fortín.

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No entiende de ponerse un dorsal sin honrarlo y competir, a su manera, con su librillo, pero competir y sacar lo mejor en el momento que había que exhibirlo.

Un ciclista que es un regalo, al que hay que agradecer la sublimación que hace de su profesión y lo bien que habla de su grandeza cada vez que monta una bicicleta.

La guinda de 2020 la ha puesto él.

Imagen: FB de La Vuelta 

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La Vuelta se le hizo larga a Roglic y al resto

Con un kilómetro más La Covatilla podría haber sido La Planche des Belles Filles para Roglic

Vaya por delante lo siguiente: Primoz Roglic va a ganar su segunda Vuelta a España de forma merecida no, lo siguiente.

Ha gestionado una carrera dificilísima para cualquier persona que venga de estar en forma desde hace tres meses, que perdió el Tour en el último momento y que ha tenido una carrera preciosa, por medio, para cuajar la segunda grande de su trayectoria, preciosa pero plagada de peligros y grandes retos.

Eso es tan cierto como que Roglic, por mucho que las bonificaciones hayan sido decisivas, se ha ganado la gloria que va a recibir otra vez en Madrid.

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Ahora bien, no sé qué pasará por la mente de sus rivales y en especial de los Movistar.

Los azules decían en boca de uno de sus corredores «de proa» que había que «matar o morir» en la Sierra de Salamanca.

Aunque Carapaz se quedara a las puertas, aunque Carthy se haya quedado con ganas de más, los únicos que acabaron despeñados en prestigio y pizarra fueron ellos, con un Enric Mas que no daba más de sí, metiendo gente por delante ¿para? aún ahora no lo sabemos, pues el arreón del siempre volcánico Soler murió antes incluso de iniciarse La Covatilla.

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Otra cosa son los integrantes del podio que subirán junto a Roglic.

Richard Carapaz, quien ha estado solo no, solísimo, se lanzó a por la Vuelta tarde, muy tarde, como si la carrera tuviera dos o tres etapas más por delante, poniendo en el alambre a Roglic tan cerca de meta que temer por la general era muy complicado, por mucho que la sombra de La Planche des Belles Filles merodeara la cumbre de La Covatilla.

Carapaz atacó tarde, se vio, más cuando Roglic había tenido fisuras en el Angliru, fisuras que emergieron en la cumbre salmantina,.

¿Había que haberle probado antes?

Visto ahora todos somos «manoletes», pero la realidad que se dejaba entrever hacer pensar que se tendría que haber intentado, no sé, algo más.

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Hugh Carthy fue el detonante, la suya es una carrera que nos recuerda a la de Horner, King y Froome y esos anglosajones que hicieron fortuna en España.

Nada podrá ser igual tras esta Vuelta para él, y todo igual para Movistar, que no dejan indiferencia a su paso.

Y es que la ensalada se aliña  con el surrealista papel de Movistar que «ni murió ni mató»  como si a Carapaz le tuvieran guardada alguna, cosa que pensamos pero no queremos ni imaginar.

Con la cuarta plaza como argumento, Enric Mas puso a Marc Soler a tirar en el momento que Carapaz amenazaba a Roglic.

Pensar en desplazar a Dan Martin era tan irreal como cualquier intento de comprender los azules y sus estrategias, pero hoy toca hablar de Roglic y la guinda que ha puesto a una Vuelta que, cabe reconocerlo, ha sido preciosa.

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Vuelta: Roglic contra todos los fantasmas juntos

La crono de Ézaro no sentencia la Vuelta como a Roglic le habría gustado

La Vuelta a España y su maillot rojo de ida y vuelta caen en manos de Primoz Roglic a cinco días de aterrizar en un Madrid que en fin de semana se confina.

Una carrera, tres aspirantes a estas alturas y tantos pronósticos como queráis trazar.

Para cualquier buen aficionado al ciclismo, cualquiera de los tres de adelante vale.

Richard Carapaz es un ciclista que sólo puedes querer, ambicioso y valiente, que corre con lo que tiene, busca rendijas en los rivales y acaba sacando la cabeza… casi siempre.

Ha perdido el rojo en la crono, pero sale mucho mejor de lo que podía esperarse, pues está con menos de un minuto y cuatro etapas para hacer la vida imposible a Roglic.

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Hugh Carthy nunca ha llegado tan arriba tan adelantado en una grande

Su alambrado cuerpo, con la consistencia que mostró en el Angliru, con una crono excelente, nos hace pensar que éste no ha venido para quedarse aquí.

Está muy bien gestionado y crece por momentos, su contrarreloj es una muestra de ello, sin ser un especialista, al menos sobre el papel, o por lo que teníamos entendido, ha sido una delicia verle rodar, acoplado, siendo uno con la máquina.

Como Carapaz tiene por delate cuatro días para sacar lo mejor del recorrido, sabiendo además que está en un equipo que logra las mejores actuaciones cuando actúa de modo coral, todos para uno.

Education First es un equipo con la sorpresa y la anticipación en el ADN, pero sobre todo ambicioso.

Dudo mucho que se queden quietos, incluso antes de La Covatilla.

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Y luego un ciclista que es admirable, sencillamente tremendo, Primoz Roglic, que brilla incluso cuando no gana apabullando, incluso cuando no lo hace arrasando, como muchos preveíamos para esta crono.

Roglic tiene un palmarés terrible forjado a base de intimidación materializada en la ruta, pero a veces las cosas vienen apretadas y surgen los problemas.

Él ya tiene experiencia en perder cosas que parecían aseguradas, pero no por eso rehúye el contacto ni el capricho del destino.

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La crono le ha dado el maillot rojo de nuevo, él dice que mejor llevarle 35 segundos al rival, que ir por detrás, es cierto pero sabe que esa diferencia no es definitiva ni tranquilizadora.

Lo sufrió en sus propias carnes en la crono final del Tour, cuando iban pasando los días y Pogacar se le mantuvo a una distancia engañosamente segura.

El otro día en el Angliru dijimos que Roglic lo tenía tan seguro como incierto, hoy nos reafirmamos.

La semana final de la Vuelta no tiene grandes cimas, pero tiene trampas, un terreno pestoso tipo Guadalajara o Toledo el año pasado, o Gredos, un terreno áspero y complicado de controlar, donde frío y lluvia amenazan.

El año pasado Roglic ganó con más holgura, pero los sustos se los llevó en el cuerpo

En cómo maneje la situación le va la segunda grande de su carrera.

Y no queremos descartar al resto, por que mil cosas podrían pasar, Dan Martin no tanto, por que es más diésel, pero ¿y Movistar? ¿y Enric Mas?, lo suyo consiste en solventar una temporada muy mejorable en cuatro o cinco días.

No creo que ganen, pero se pueden llevar alguien por delante.

Hay Vuelta, vaya si la hay,

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Vuelta en el Angliru: Roglic con todo y nada seguro

Tras el Angliru nada parece claro para Roglic en esta Vuelta

¿Qué sensaciones recorren el cuerpo de Primoz Roglic en la cima del Angliru?

Ha cedido el rojo a Richard Carapaz, cierto, ha pasado de dominar la marcha del pelotón, a tener varios rivales por delante, siempre a la vista, siempre a metros, que en el Angliru se estiran, pero que no dejan de ser metros.

Primoz Roglic no se mueve mal en el alambre, pero la seguridad, cuando todo está tan corto y apretado, no es la misma que la del año pasado en la misma Vuelta, cuando con más holgura el esloveno se manejó con suerte en la semana final.

La Vuelta atravesó el Angliru con la tónica de estos días, igualdad entre Roglc y Carapaz, que se intercambian el rojo en un liderato de ida y vuelta inédito en las grandes carreras, la fortaleza de Jumbo y el trabajo sordo de Movistar que, a diferencia de otras veces, cundió, aunque no del todo.

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Y es que los azules siguen siendo el equipo que toma el mando, quema naves y luego mira al cielo para sacar los frutos que creo merecen.

A diferencia de Farrapona, el camino al Angliru consistió en mantener un ritmo duro de lejos, todos en el pelotón, no dejar que la escapada se fuera y causar el mayor desgaste posible.

Un desgaste que, como en todo lo que hace Enric Mas, se hizo esperar hasta muy al final del Angliru, cuando la victoria por etapa era casi la única opción apetecible, pues a la vista estaba que las diferencias entre los grandes no iban a ser importantes.

Enric Mas destapó la debilidad de Roglic, a pocos kilómetros de la cima, haciendo bueno el trabajo de su equipo, cuando pensábamos que, una vez más, habían hecho el primavera.

Pero el botín fue el que fue, en la Vuelta 2020, ni el Angliru abre grandes brechas, ni siquiera cuando a Roglic se le ve con la luz roja, de pie sobre la máquina, pedaleo tosco y atrancado, como si el desarrollo se le quedara corto.

Richard Carapaz, en el filo toda la subida recuperó el rojo, y Hugh Carthy, el tercer hombre, se metió en la pugna por el podio y no sé yo si por la carrera.

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En Education First sacan petróleo de la confusión y el velo de indiferencia que muchas veces se les otorga inmerecidamente, los morados no han llegado hasta aquí para quedarse con las migas y pueden ser los tapados.

En una subida en la que casi todos los favoritos parecieron quedarse en algún momento, el que más supo sufrir sacó la cabeza por delante de todos, Carthy ahora está a medio minuto y vivo en todos los frentes.

Lo mismo decir de Dan Martin, su mejor grande a los treinta largos, cuando parecía que su mejor momento había pasado hace tiempo.

Si Movistar no da más de sí, ¿Israel y Education First podrían ir más lejos? no siempre se llega en tiempos de los mejores a una semana que una grande llegue al final.

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Dicen que lo que queda es descafeinado, que salvo La Covatilla no hay dureza, pero pasado el Angliru Roglic sabe, perfectamente, tras lo visto el año pasado, que la Vuelta 2020 no está ganada.

Descontando que haga diferencias importantes en Ézaro, aunque esté ese muro final, lo cierto es que las pendientes serán anécdota en el total de crono, son dos kilómetros en un test de más de treinta, el esloveno sabe que la trampa espera en cualquier giro.

El año pasado lo vivió, aunque a diferencia de entonces, Roglic cuenta con un equipo cien veces más sólido como estamos viendo.

Todo ello, por eso, no significa que los tres rivales que le tienen a menos de un minuto, más una opción para Enric Mas dejen de intentarlo, al fin y al cabo al esloveno ya le asisten dos grandes perdidas cuando todo parecía indicar que lo tenía ganado.

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Vuelta: La prueba del algodón de Roglic está en Asturias

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Roglic aterriza en Asturias con el rojo de la Vuelta e intimidando a la concurrencia

Adivinamos una cruz tatuada en el antebrazo derecho de Primoz Roglic, una cruz que le conecta con la tierra en la que, como el año pasado, se ha de jugar la suerte de la que puede ser su segunda Vuelta a España: Asturias.

El esloveno está que se sale, pocos dudamos ya que ha venido a por la Vuelta, no dudamos ahora, si bien el martes a estas horas quizá no teníamos tal certeza.

Estábamos ante la creencia que Roglic alargaba su estado de dulce en la Vuelta con el objetivo de engordar un palmarés bien cebado, pero no, Roglic, a las puertas de Asturias vuelve a liderar la carrera.

Ha completado en Suances el trabajo iniciado en Moncalvillo, la reconquista del rojo en vísperas de Asturias, Roglic va a por la Vuelta.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Ahora viene la prueba del algodón.

¿Qué tablero se dispone en Asturias?

Por delante dos etapas que suman 270 kilómetros, 170 + 100, y dos perfiles de jornada diferentes y complementarios.

Camino de la Farrapona el clásico encadenado asturiano, con limas del calibre de Cobertoria y San Lorenzo y el final mirando al cielo.

El domingo, el Angliru, qué decir, con su entremés del Cordal en una etapa que cabría en una vuelta de juveniles, sólo cien kilómetros.

No dan lluvia, buen dato para Roglic y curioso para esta Vuelta de los santos, en las entrañas de Asturias: en todo caso nublado y fresquito.

Que no tarden en llegar, que se les pone el sol, menos mal que estamos en el occidente de la península.

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Este es el tablero, las fichas ya las conocemos.

Si el domingo quizá se incurra en el cuerpo a cuerpo, la travesía a la Farrapona necesitará de los equipos pues no es cualquier cosa lo que se exige.

Ni Roglic ni Carapaz tienen los bloques del Tour, pero en todo caso no son mancos los que quedan, sobre todo para el primero, con trotones del tipo Kuss, Gesink y Bennett, ahora veremos si extrañan la salida de Dumoulin.

Carapaz no tiene agua clara en el equipo, aún no sabemos muy bien qué rol de desempeña o ha venido a desempeñar Iván Sosa, Froome está en modo trabajador, pero da para lo que da mientras que Van Baarle y Amador pueden no dar abasto.

Hugh Carthy calladito sigue ahí, en menos de un minuto, con un bloque con un sentido de lo colectivo que podría auparle a dar la sorpresa, si bien todos miramos a Movistar, en un momento que pueden resolver todos los sinsabores de una campaña en la que el confinamiento les ha pasado una factura muy extensa, partiendo de la base que ese tristísimo paréntesis fue para todos igual.

Marc Soler y Alejandro Valverde ahora mismo son aún útiles en el meneo de la general, quizá tras la crono ya pierdan efecto, por eso meterles con compañía azul en una escapada es imperioso.

Todo lo que sea para que Enric Mas no llegué con Roglic y Carapaz al final, incluso diría más para que Roglic no llegue con ninguno de ellos, por que el propio Carapaz ya sabe cómo se las gasta el esloveno en los esfuerzos finales, y Roglic es consciente de lo que significa dejar a alguien con vida hasta muy al final.

En fin que entre los mentados para que anda el juego antes de una tercera semana que vemos lejana, quizá con no mucha dificultad pero una incertidumbre que llega poco a poco, el tiempo típico de noviembre y en Galicia.

Por eso todo lo que sea adelantar faena, no pesará al final.

Imangen: Cor Vos – Jumbo Visma

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Primoz Roglic sí que está para ganar la Vuelta

Roglic no ha llegado a esta altura de la Vuelta para perderla

Dijimos ayer que no nos convencía Primoz Roglic para la Vuelta, obviamente nos equivocamos.

Llevados por el tute que arrastra, la decepción del Tour, aliñado por la baja de Dumoulin, que obviamente es importante… no creíamos en las mejores opciones para Primoz Roglic.

Todo ello añadido a que Richard Carapaz en Formigal nos pareció un gigante, que no está mal pertrechado, que llega, sobre el papel, más descansado que Roglic…

Pues no, Moncalvillo, la segunda subida más dura de esta Vuelta, dice, ha sido una prueba del algodón que pone al esloveno en órbita para su segunda Vuelta.

No creo que el Roglic haya llegado a este punto para renunciar a la Vuelta a la que apunta nuevamente, ni que rompa sus principios y distancias para poner en aprietos a Carapaz.

El duelo Roglic-Carapaz de Moncalvillo es de antología, poesía ciclista en luz otoñal por una montaña confinada para todos, salvo para los ciclistas.

Ese mano a mano se verá estos días y sólo la crono de Ézaro lo puede romper y sólo a favor del esloveno, por eso Richard Carapaz tiene que sacar cartas nuevas en Asturias, no esperar al final y confiar que el tiempo enfríe lo suficiente para mojar la pólvora de su rival como en Formiga.

A diferencia del Giro 2019, esta vez Roglic ve venir al ecuatoriano.

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¿Qué queda más?

A lo que hagan Carthy-Woods, le sigue Movistar, que corre con lo que tiene y esa es la realidad, por muy cruda que parezca.

Movistar hizo la aproximación en Moncalvillo, llevó la carrera a su conveniencia e hizo un trabajo que se le podría criticar, pero que ha sido valiente, como las actitudes de Valverde y Soler en etapas atrás que tanto alabamos.

Es obvio que Enric Mas no está al nivel de Roglic y Carapaz, pero es previsible que crezca en la tercera semana, cosa que vemos en cada grande que disputa, lo mismo que a Movistar le queda minar el camino hasta cara cumbre, hasta cada descenso, hasta queda meta.

Necesitan sus ocho corredores y en especial a Valverde y Soler para incordiar y buscar las debilidades que todos los equipos siempre tienen en la Vuelta.

Por que aquí vienen en forma, pero no en la mejor, como en el Tour y eso al final lo agradece el espectador.

Imagen: FB La Vuelta

-escrito el 27 de octubre-

Las sensaciones de Roglic en la Vuelta no parecen las mejores

La Vuelta 2020 sigue su trazado por el norte con el doble paso por un mítico de los setenta, como Orduña, y sin Roglic vestido de rojo.

Con las grandes disputándose en otoño, una prenda de vestir ha ganado protagonismo: el chubasquero.

Si en la coronilla del Stelvio, Jai Hindley nos enfiló el nudo de la corbata con sus problemas para ponerse el chubasquero antes de la bajada, en el final de Formigal, esa nevera de dos grados y lloviendo, también se apreciaron los problemas de Primoz Roglic y su chubasquero, al punto que el esloveno ya no es el rojo de la Vuelta.

 

 

Lo cierto es que, incluso tras ganar en Arrate, la eterna espada de Damocles con la que convive Roglic -¿aguantará las tres semanas?-  nunca ha desaparecido del todo.

El Jumbo Visma viene con muy buen equipo a la Vuelta, pero es obvio que no caminan como en el Tour de Francia, mantener los estados de forma que lucían Dumoulin, Kuss, Gesink y Bennett en Francia no es sencillo, ni siquiera en esta complicada campaña, donde todo está tan comprimido y por tanto resulta intenso.

Pero es que creo que Roglic tampoco es el del Tour, no me parece el corredor que dominó casi las tres semanas, a excepción de la crono final.

Ganó en Arrate, como decimos y vistió el rojo cinco días, pero al esloveno la Vuelta se le puede hacer larga.

Poca broma por que entre que arrancó el nuevo ciclo y las etapas finales de la Vuelta, ya en noviembre, habrán pasado casi tres meses en los que Roglic ha estado delante.

El año pasado, tras el Giro, Roglic desapareció entre junio y agosto para preparar y ganar la Vuelta sin fisuras, aunque con sustos, desde la caída en el aguacero de Andorra, a las jornadas de abanicos y la caída camino de Toledo en la que Movistar armó aquel zafarrancho.

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La presión que lleva Roglic, el cansancio, incluso la gestión del varapalo del Tour, no es sencillo mantener el tono, más cuando la carrera se corre de forma casi clandestina, esto a algunos corredores les afecta, y con un tiempo de perros, como corresponde para los Santos.

La cabeza juega un papel determinante.

La sensación de que Richard Carapaz va a ir a más, de que Enric Mas debería seguir por esa senda, más la cantidad de buenos corredores que están por ahí metidos sin que el control que se ejerció en el Tour se plasme en la Vuelta, creo que son muchas incertidumbres en la mente de un corredor que, y nos repetimos en ello, nos parece admirable solo por concurrir con el dorsal uno en la espalda y disputar la carrera.

Sin embargo, las sensaciones de solidez en las que se suele mover Roglic, cuando ganó la Vuelta el año pasado o dominó parte del Giro de 2019 o del Tour de 2020, no me parecen las mismas que las que transmite este año.

Al esloveno, también le pasan factura las palizas que lleva en el cuerpo y en la carrera que nos ocupa, hay una diaria.

Imagen: FB La Vuelta

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Vuelta: Roglic no concede el rojo

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Roglic no suelta el rojo de la Vuelta ni en el aranque

Ya ha arrancando la Vuelta de octubre y Roglic sigue de rojo.

Cualquiera que estuviera en la piel de Roglic hace unas semanas, aquella tarde de septiembre, en la Planche des Belles Filles, hubiera cogido su bicicleta y la tiraría ladera abajo, sin querer saber de ella en mucho tiempo.

Pero no lo hizo, no se descolgó de ella, siguió a lo suyo, prosiguió en el Mundial, ganó esa Lieja de final surrealista y confirmó su presencia en la Vuelta, en lo que consideramos en su día un ejemplo de profesionalidad que necesariamente había que reconocer.

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El arranque de la Vuelta ha sido en martes, a finales de octubre, con hojas muertas y asfalto húmedo, cuando no mojado, entre Irún y Arrate.

Una etapa de montaña para abrir una carrera que cuando se programó no se sabía que iba a ser en estas fechas, por que de lo contrario, el norte debería haber sido el epicentro del trazado, pero es lo que hay, es lo comprometido y este atracón de montaña y emboscadas hay que cumplirlo, incluso con la meteorología de la «España verde» en otoño.

En fin que en Arrate hubo imágenes familiares, Jumbos en el grupo de cabeza, entre los perseguidores, también por detrás.

Sep Kuss hizo la selección, ahí aguantaron los que creemos serán protagonistas de la carrera, nos dan buena impresión Richard Carapaz y Enric Mas, junto a los que puedan unirse por detrás.

También aguantaba Primoz Roglic quien se relamía en cada kilómetro que se culminaba sin novedad.

Sin Pogacar para porfiarle la llegada, era el gran favorito y cumplió: once meses después de vestirse de rojo en Madrid, no suelta la prenda.

Veremos qué sucede de aquí a Madrid, con el firme deseo de que esto que empieza ahora, logre llegar a buen puerto, otra cosa es que a Roglic le cunda hasta el final.

No es la primera vez que golpea primero y la cosa se le atraganta, como decían los gitanos «preferimos buenos finales a mejores inicios».

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-escrito el 19 de octubre-

Roglic viene a la Vuelta a hacer su trabajo, no a ganar un concurso de simpatía

En el día de antes de una Vuelta que empieza en martes, arribando a Arrate, un 20 de octubre, cuando repasas el listado de inscritos, muy bueno por cierto, y ves que con el dorsal uno Primoz Roglic va a defender su título del año pasado, sólo puedes decir chapeau.

El esloveno es sin duda protagonista de una de las historias más chocantes de esta minicampaña y yo creo que de la historia reciente del ciclismo.

Su derrota con Tadej Pogacar, varias semanas después, seguramente le siga costando horas de sueño, sabiendo en sus propias carnes cuál grande es la diferencia entre ser primero y segundo en algo como el Tour.

Roglic recompuso las piezas de aquel destrozo físico y emocional y se ha rehecho para ser el corredor que ganó Lieja y regresa  a la Vuelta.

Esto es Primoz Roglic, a quien el mazazo del Tour le pilló trabajando, con la conciencia tranquila, soy de los que piensa que si no hizo más, es por que no tenía, pero en forma ya en el Mundial, llegó en el grupo de los mejores tras Alaphilippe y ganando la Lieja.

Y es ahí, en el centro de la capital valona, donde el esloveno nos demostró que en el ciclismo es tan importante celebrar los buenos momentos, como encajar los malos.

Roglic venía de un agosto interesante, ganando carreras, cincelando la forma para Francia y pasando el surto del Dauphiné.

Cualquier otro, con una campaña con la suya habría echado el cierre, de hecho han sido unos cuantos que con menos lo han hecho, un saludo a Landa, pero no, la Vuelta vuelve a contar con Roglic.

Roglic en la Vuelta ¿Sus opciones?

Es una apuesta abierta, sobre el papel, no vemos a nadie mejor que él, si la forma le acompaña, otra cosa es lo que vaya sucediendo durante la carrera y de lo férrea que sea la intención de trabajar para Tom Dumoulin en un trazado que no le va nada al neerlandés.

En esta Vuelta de rompe y rasga, donde la acumulación de llegadas en alto es la norma, en la que la crono se reduce a un entremés al muro de Ézaro, Roglic puede ser mejor opción que su compañero.

Una segunda victoria en España no le resarciría de lo que pasó en la Planche des Belles Filles, pero su sola alineación debería alimentar un aplauso unánime entre la afición, más allá de si es más o menos solícito con la prensa o los aficionados, estos por cierto hablan bien del esloveno.

Roglic viene a la Vuelta a hacer su trabajo, no a ganar un concurso de simpatía y con todo lo que lleva en esta cargadísima campaña, es muy de agradecer que venga a defender el primer dorsal.

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