Primoz Roglic en el Tour: ¿Se verá en otra igual?

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Una derrota como Roglic en el Tour puede marcar trayectorias

La imagen de Primoz Roglic llegando a la cima del Tour, al arco de La Planche des Belles Filles, era dura, muy dura.

Ese casco no era un casco, que por cierto estrenaba para la ocasión, era una cruz, como la del Monte Calvario, algo que sobraba, que quemaba, unos ojos que no adivinan el final, un rostro arrugado que denota depresión.

Qué Tour ha perdido Primoz Roglic, o deberíamos decir qué Tour ha ganado Tadej Pogacar

Sea como fuere todo se alineó para que Roglic firmara la cesión de maillot jaume más traumática desde que aquella tarde Laurent Fignon quedase roto en medio del pavimento de los Campos Elíseos, un momento, un instante de esos que son potentes, tanto, que incluso nos llevan a cuestionar si este mal paso puede condicionar el futuro deportivo de Roglic.

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Hay una gran diferencia entre ser primero y segundo, hay un abismo, sinceramente, a nuestros ojos podría parecer un pequeño salto, de la altura del escalón del podio, sin embargo a efectos prácticos esta derrota es un mazazo para Primoz Roglic y su equipo.

Muchos piensan en este epílogo del Tour que Roglic se lo tenía merecido, por no ejecutar su aparente superioridad cuando puede.

Sinceramente, creo que en esos momentos de Peyresourde, de Col de la Loze, si Roglic no hizo más es por que no creo que le quedara mucho, uno puede especular en ciertos instantes, pero la cosa nunca anduvo sobrada, desde los Pirineos para acá, la diferencia entre los dos eslovenos estuvo siempre por debajo del minuto.

Primoz Roglic apreciaba cómo se iban quedando todos, los colombianos, Landa, Porte… pero Pogacar estaba ahí, amenazante incluso después de un momento crítico en el Col de la Loze.

Incluso Roglic conoce sus límites, y cuando estos se atisban, no lo pasa bien, la prueba fue el Giro del año pasado, incluso la caída del Dauphiné, hechos que le recuerdan que esto es efímero y puede volar en cualquier momento.

Su equipo, el Jumbo, ha ejercido de Team Sky, jugando además bazas paralelas como las etapas de Wout Van Aert, en forma tan insultante que se le permitió disputar.

Fue un dominio que creímos real hasta la misma entrada de París, ahora, a toro pasado, quizá hubiera sido preferible haber jugado la baza de Tom Dumoulin, haberle puesto más cerca en la general, haberle filtrado y haber dejado a Pogacar, con un equipo muy limitado al descubierto en alguna ocasión.

Esto lo decimos ahora, cuando Pogacar ha perpetrado uno de los grandes butrones de los tiempos recientes.

Nos cuesta creer por eso que si Jumbo hubiera visto opción de distanciar más a Pogacar no lo hubiera hecho, lo que ha pasado en este Tour se resume en la crono: no han podido con el joven esloveno.

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¿Cómo gestionar el vacío existencial que se abre bajo los pies de Roglic tras el Tour?

Perder el Tour así, habiendo ejercido de capo sin dorsal uno, tiene que ser tremendo, si bien ahora tendremos ocasión de comprobar las virtudes de algunos rasgos que adivinamos en el esloveno: su frialdad y capacidad de análisis para saber dónde ha fallado y qué espera de los rivales que crecen.

No es mayor, treinta años, lo que pasa es que ha explotado tarde, aunque lleva tralla en el cuerpo, no en vano tiene un palmarés excelente que incluye ya podio y maillots en las tres grandes.

Cuando Roglic cruzaba la meta, compartía pantalla con Dumoulin y Van Aert, en meta ya, viendo la tragedia por la televisión.

La imagen de Tom y Wout es la del equipo, de quienes lo han dejado todo por casi tres semanas en favor de su líder, han remado y remado para morir en la orilla, y no es sencillo el papel para el Jumbo a partir de ahora.

No disponen del caudal económico del Ineos, donde un gregario cobra más que los lideres del Jumbo, y ahora mantener una estructura alrededor del esloveno que no es campeón, y sí submcampeón del Tour, no va a ser sencillo.

Convence ahora a Van Aert, Kuss y Dumoulin que trabajen para el esloveno, sin poner una buena pasta sobre la mesa.

En fin, que la risa va por barrios, y en el Jumbo las lágrimas han tomado el paisaje, como bien dijimos es imposible no tener empatía ante un mazazo así.

Foto: FB Jumbo Visma

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El Tour en Ocières: No comparéis lo de Roglic con Ocaña

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En Ocières, Roglic impuso el modelo que quiere para este Tour

En la llegada a Ocières Merlette los ecos de Luis Ocaña eran más que previsibles, tanto como el patrón y Jumbo desean para este Tour. 

La mejor hazaña del conquense, una obra capital que sobrevive al tiempo, casi cincuenta años después, sigue muy presente y lo hace para desgracia del ciclismo presente, por que las comparaciones son odiosas, y este caso inoportunas.

La primera etapa en alto del Tour de 2020 nada tuvo que ver con la leyenda que escribió Ocaña para los tiempos, nada que ver en inicio, nudo y desenlace.

Aquello era un ciclismo de egos, corrido a pelo, con equipos desiguales y miles de circunstancias que empujaban a aquellos hombres a correr así, una muy propia de aquel ciclismo, propia y común, el hambre, el hambre que pasaron de jóvenes, y el hambre de ganar, cuando el ciclismo era una salida para gente que había crecido en una pobreza que no podemos imaginar.

Hoy el ciclismo es un excel, logaritmos, estadísticos y matemáticos asentados sobre la fortaleza de atletas perfectamente optimizados para hacer lo que hacen: sesiones de spinning cuesta arriba, todos juntos, sin poder destacar, ni emerger ante el rodillo de los números, esos que salen en esa pantallita que tan miran y que dicen que a esos vatios ni Dios sale de ahí.

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Por eso os sugiero, las comparaciones son odiosas, malas consejeras, hablamos de dos mundos, diferentes y lejanos en el tiempo y circunstancias, todo lo demás es encabronarse.

Cómo no aburrirse con este ciclismo de tiralíneas en el que las estrellas comparten sus datos, marcan sus registros y suben en avión los puertos

Y en esa tesitura se impone una lógica, la ley del más fuerte, desmontando gestos y decisiones de hace tan solo dos días, como cuando los Jumbo Visma decidieron renunciar a perseguir a Alaphilippe porque Dumoulin se había caído por un afilador con Kwiatkowski.

Jumbo Visma es el coco del Tour, la suerte de la carrera pasa por sus piernas y lo bien que sepan gestionar su poder, ahora mismo un peldaño por encima del resto, pero como siempre decimos, ojo que esto es largo, muy largo, así empezó el Giro del año pasado, lo mismo el Dauphiné último y las vueltas que da esto son indescifrables.

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Pero ahora mismo es lo que hay, y se necesita imaginación, algo que rompa ese treno amarillo y negro que lanza a Roglic en la cima de Ocières, hoy, en cualquier sitio del Tour, otro día, sin temor a que nadie le supere, ni Julian Alaphilippe, a quien llevaban atufado desde mitad de subida.

Entre Van Aert y Roglic, el francés va a soñar con ellos.

Se impone romper esa cadena de poder, que resulta inquebrantable y demoledora ante la endeblez evidente del Grenadiers, hace un año no iban mucho mejor y recordad como acabaron, la nulidad del Movistar y la paciencia del resto.

La gente mosqueada, pero cómo iban a atacar si subían a mil por hora.

Esto no es como empieza, y sí cómo acaba, aquí hace 29 años Luis Ocaña le metió nueve minutos a Merckx y luego llovió fuego sobre el conquense hasta despeñarse en una curva por no querer ceder un metro cuando tenía una holgada ventaja…

Por cierto, emerge Tadeg Pogacar, en este ciclismo de prodigios imberbes un lujo en todos los sentidos, lo veo muy arriba en este Tour.

Imagen: FB Tour de France

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Dauphiné: Los fantasmas de Primoz Roglic

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El abandono de Roglic en el Dauphiné recuerda que nadie está al margen de la fragilidad

Cuando está en forma, que tiene pegada y saca esa solidez a pasear, es imposible que no te guste Primoz Roglic y más en este Dauphiné.

Es roca, piedra, dureza y consistencia, no muestra titubeo, se arma la flaca a la espalda y rompe esa imagen fría y lejana que se ha cincelado en las distancias medias, para sacar fuego y socavar la resistencia de unos rivales que viven en un peligroso bucle: su equipo controla y tira, le llevan en carroza hasta que saca al látigo.

Y así um día y otro.

Sin embargo, como siempre decimos, esto es largo.

Estos días hemos leído todo tipo de certezas sobre Primoz Roglic, al que una amplia mayoría de seguidores ya le adjudicaba el Tour de Francia, al margen del Tour de l´ Ain que ya tiene y el Dauphiné que ha abandonado.

Una adjudicación con cinco semanas de adelanto y muchas cosas por suceder.

Nosotros siempre nos acordamos del Giro del año pasado, incluso ayer, que la casualidad quiso que Primoz Roglic se fuera al suelo de amarillo el día que se corría Lombardía por el lago de Como.

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Ahí, en las inmediaciones de ese vergel en las puertas de los Alpes, no lejos de Suiza y su cantón italiano, en curvas envenenadas y rutas tramposas, donde Evenepoel se rompería la pelvis, Primoz Roglic vio minada su fortaleza en el Giro.

24 horas después que su marcaje férreo hacia Vincenzo Nibali acabara con Richard Carapaz de rosa, Roglic probó el amargo elixir de la vulnerabilidad, su rostro cambió, de la seguridad total a las dudas y el miedo a perder.

Acabó tercero, por bien poco ante Landa, ese Giro y corroboró en persona eso que repetimos hasta la saciedad: que esto es muy largo.

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Y entonces, donde veíamos seguridad, afloran dudas y miedos…

Esto es también ciclismo y su medicina no es una ciencia exacta.

Primoz Roglic ha dejado el Dauphiné por precaución, el año pasado llegó al Giro habiendo hecho pleno, pero un mal paso casi lo pone todo en jaque.

Salvó el podio en una carrera que a mitad de la misma tenía ganada. 

Es tan complicado el ciclismo, que incluso en las mejores casas los miedos emergen, incluso en ese rodillo amarillo y negro que había sacado del mapa el tren del Ineos y sus gregarios inviolables.

Esperemos que Primoz Rogliz asuma el liderazgo que creo más sólido de cara al Tour, pero no perdáis de vista el segundo de abordo, un ciclista que salió de escena hace quince meses, como Froome, pero que recupera sensaciones y va a más.

¿Su nombre? Tom Dumoulin.

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#Profiles2020 Todos miran a Primoz Roglic

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Roglic parece la baza mas obvia del Jumbo Visma

Todo esto lo escribimos antes que Primoz Roglic se hiciera con el Tour de l´ Ain, capítulo primero de la rivalidad del año, entre un esloveno y un colombiano llamado Egan Bernal, entre dos equipos, Ineos y Jumbo que juegan al gato y al ratón.

Roglic ha cazado la pieza inicial, Tour de l´ Ain, pero todo está por escribir, todo… hasta saber si Jumbo Visma es el equipo que se hizo para batir a los hijos del Team Sky…

Hace cuatro años nos preguntábamos por aquel esloveno robótico que le discutió a Tom Dumoulin el prólogo del Giro, en su casa además, y a los pocos días Primoz Roglic ganaba una crono entre viñedos de Chianti.

Al año, el enésimo intento de Alberto Contador para ganar una etapa en su último Tour murió en el momento que Primoz Roglic voló Galibier arriba para estrenar su palmarés en la Grande Boucle en Serre Chevalier, allí donde Indurain y Rominger realizaran un histórico destrozo.

Quedó la duda de si Roglic iba a ir a más, y fue. 

Puso coto a Egan Bernal en un duelo áspero y silvestre en Romandía, cuando el fino colombiano no llevaba más que unas semanas en el máximo nivel y se plantó en el Tour para porfiar por el podio hasta la misma crono final, esa de Iparralde, en la que Froome se exprimió para subir, por última vez desde entonces, al podio de París.

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Éste es Primoz Roglic, el saltador nórdico que cayó y creció en el ciclismo a la misma velocidad que dejaba atrás la gran rampa.

Ahora mismo en Jumbo el dilema es obvio, si hablamos del tridente de Ineos, el de los amarillos también va con guarnición de morbo.

Sobre el papel, a tenor de lo visto el año pasado, Primoz Roglic debe ser el capo de la apuesta neerlandesa por el Tour.

El esloveno venció sus miedos, dejó atrás un Giro que se le escapó por combustión de objetivos, había ganado mucho y muchos objetivos le llevaron asta él, pero en la Vuelta firmó una hoja limpia.

Recuerdo que le tacharon de serio, frío, seco, hasta distante, pero Roglic había ido a hace run trabajo y superó una caída inicial en la crono por equipos y el desastre del diluvio en Andorra para collar sus rivales en la crono y tenerlos a raya hasta el final, pasando por días tan complicados como esos de Guadalajara y Toledo que, en ausencia de su equipo, solventó con otras alianzas.

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Ganar la Vuelta no era cualquier cosa para Roglic, al margen de marcar su estreno en las grandes, era establecer jerarquía ante lo que sabía se avecinaba, el fichaje de Dumoulin y el podio que seguro Kruijswijk querrá defender en el Tour.

El arma más afilada del Jumbo Visma parece en este momento este esloveno que va por faena y se toma esto tan en serio que se permite gestos los justos.

Como su pose sobre la cabra Roglic sabe que este Tour es un antes y un después, por él, pero también por los rivales que no son pocos y le esperan.

Es el eslabón más sólido de una generación que por motivos varios parece descolocada por la chavalería que crece. 

En el Tour tiene un recorrido que mal no le va, por que es complicado encontrarle fisuras, sólo echaría en falta una crono antes de toda la montaña prevista, en ésta seguramente no desentone.

Si hubiera un top 3 al Tour, Roglic estaría en él, Bernal, también, el tercero no acertaríamos a verlo.

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Imagen: FB de Giro de Italia

Primoz Roglic es el primo que siempre sale perfecto en la foto

Primoz Roglic campeon eslovenia JoanSeguidor

Primoz Roglic tiene la costumbre de estar siempre delante

Ya tenemos el ciclismo en directo de vuelta, viene desde Eslovenia, y lo que es una batalla doméstica se ha convertido de dominio internacional: el duelo entre Primoz Roglic y Tadeg Pogacar.

El buen momento del ciclismo esloveno se ve en ese podio que completa Mohoric, tres corredores en el cajón, los tres del World Tour, corredores top, ahí hay presente y futuro, pero también pasado, bagaje que queda en el recuerdo y en el palmarés.

 

Por que los tres ya llevan tralla en el cuerpo, sin importar edad ni tiempo en el ciclismo.

Primoz Roglic por ejemplo, es como ese primo que sale perfecto en las fotos, y no sólo eso, es que siempre sale

Y así el martillo del Jumbo, que cada día que pasa nos recuerda a la contundencia de un tal Tony Rominger, vestirá las galas eslovenas en su asalto al Tour.

Por que decidme, ¿en cuántas de las carreras en las que toma parte Roglic pasa como si tal cosa?

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La sucesión de victorias por donde pasa es una constante en Roglic, una circunstancia que, si no siempre se salda con el primero puesto, siempre andará cerca del mismo.

Y eso es una realidad complicada de encontrar en el ciclismo que mide esfuerzos, si nos apuráis Nairo y Bernal, el año pasado, se pondrían a ese nivel.

De esta guisa, dejó sentado a todo un Pogacar en esa subida final, con un cambio de ritmo de esos que no es tan sencillo verle ejecutar.

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Dice Roglic que no está en su mejor estado de forma.

Ganó el campeonato doméstico con unos números dentro de lo normal para esta gente.

Para el Tour de Francia que debería haber empezado este sábado lo hará dentro de dos meses, hay dos meses de larga espera, pero que Roglic no olvide que salir siempre en la foto, guapo y cuadrado, tiene costes.

El año pasado llegó tan bien, tan fuerte al Giro que acabó arrastrando ese trasero por una semana final en la que Landa casi le saca del podio.

Empezó la campaña ganando UAE Tour, le sumó Tirreno y arrasó Romandía…

¿Resultado?

El Giro se le hizo eterno y tuvo que esperar, como Simon Yates, a la reválida de la Vuelta. 

Roglic ya sabe que será campeón de ley para el Tour, a la espera de ver qué otros nacionales se acaban celebrando, eso ya lo lleva, medir esa forma es ahora su reto.

Imagen: Jumbo Visma

 

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Primoz Roglic, entre ganar la Vuelta o el podio del Giro

Primoz Roglic JoanSeguidor

Aunque parezca lo contrario Roglic no ha menospreciado la Vuelta

No son pocas las miradas que se posan entre Roglic-Dumoulin-Kruijswijk, sobre todo tras la Vuelta.

La historia de la tricefalía pasa del Movistar al Jumbo y el morbo viaja con ella.

Ganador de la Vuelta, Primoz Roglic es la estrella emergente del ciclismo, estrella emergente a lo treinta años, sólo así se explica la irrupción de un campeón de saltos en el ciclismo como quien aborda la rampa final tras dejar el trampolín atrás.

Pero al margen de lo que pueda ser en el futuro, de lo que acontezca en el Jumbo y cómo lo gestionen, lo que nos ha llamado la atención es la sinceridad en unas palabras que Primoz Roglic le ha dedicado al año que hemos dejado atrás.

 

Está más orgulloso del podio en el Giro de Italia, tercero, que de ganar la Vuelta a España.

Eso que a priori nos parecería un contrasentido no es más que el viaje al interior del ciclista y sus circunstancias, porque nosotros podemos tener una opinión muy formada y razonada de lo que vemos por televisión y sin tener en cuenta que el ciclista es persona las 24 horas del día y convive con mil historias, miedos y hasta dolores.

Lo cierto es que ver el desarrollo de ambas carreras, ahora con distancia, da la medida de lo que le supuso a Primoz Roglic.

Llegó al Giro con aureola incorrupta, imbatido, sin mueca de dolor.

Todo se torció en aquella jornada de Coumayeur, con la lluvia fina que anunciaba la irrupción de Richard Carapaz en medio del feroz marcaje con Vincenzo Nibali.

A partir de ahí, el liderato oficioso que ejercía Roglic sobre el Giro se desmoronó.

 

Dejó de ser el corredor con pegada, certero y hábil, pasó calvarios como el día de Como y los descensos y ahora ese dolor de estómago que le puso al límite.

En la Vuelta, sin embargo, Primoz Roglic estuvo mejor arropado, preludio del Jumbo que ha de venir, y corrió sin fisuras aparentes para ganar.

Si valora en esfuerzo interno, en energía aportada, en España, todo fluyó mejor, y quizá visto ahora el mérito de uno y otro logro sea diferente.

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No obstante, y a la vista de cómo le fue a Roglic la Vuelta, de cómo la acabó, de lo que leímos sobre él, nos da la sensación de que la Vuelta se está convirtiendo en la grande más complicada de ganar y nos explicamos.

Roglic, como Froome dos años atrás, trasladó la sensación de que la grande española es una carrera áspera, llena de trampas, dificultades diarias y quizá, por su ubicación en el calendario, las tragaderas ya no son las mismas.

La carrera, incluso con Roglic en firme rojo, fue bonita hasta el final, con una última semana en la que no ganó para sustos.

Eso hace de la carrera una suerte de asignatura que debes aprobar sí o sí si quieres seguir adelante en el curso.

#Top2019 El gran salto de Primoz Roglic

Primoz Roglic Lombardia JoaSeguidor

El Primoz Roglic que sale del 2019 es un corredor que aspira a todo

 

Diciembre-enero, albores del año que entra, epílogo del que se va y Primoz Roglic llena una crónica, no sé si la primera de 2020, la última de 2019.

Sea como fuere, el corazón helado, esloveno, no es protagonista de un salto de esquí, lo de ciclismo, del salto, el gran salto de un corredor que ha trepado hasta la cima de la bicicleta con la misma decisión que muestra cada momento que se fija un dorsal en la espalda .

Corazón helado, ciclista frío, lo describen distante, algunos, más cálido otros, nosotros le vemos sobre la máquina, y ahí es un privilegio verlo.

Primoz Roglic es el ciclista de 2019, no quizá el mejor, al menos a nuestro juicio, sabéis la predilección por lo que ha hecho Egan Bernal, su juventud barnizada de ambición, pero el términos absolutos, el 2019 de Primoz Roglic es demencial, bestial, el golpe en la mesa más genuino visto en mucho tiempo, la presentación en sociedad más sonada en años.

 

Numéricamente ahí lo lleváis, trece victorias, sólo superado por su compañero Dylan Groenwegen, y rodeado de anotadores: Ackermman y Bennet.

Alaphilippe, con doce, se le aproxima de entre los #Top2019.

Así las cosas, el despiece de la obra de Roglic se alarga desde febrero a octubre, y ahí cupo de todo.

Tre generales, la de UAE, la primera, la Tirreno, apretadísima sobre Adam Yates y Romandía en modo «sin pestañear».

Ese Grand Slam tuvo resaca, alargada, durante tres semanas por Italia. 

Como dicen los gitanos, no queremos buenos comienzos y sí mejores finales, Roglic lo aplicó, pero al revés.

Si Giro lo habría firmado el mismo Indurain, con unos varapalos contra el crono que no le recordamos más que a un puñado.

Pero Italia, ciclismo bello, tierra de pasión y sangre rosa, es una caja de sorpresas. 

Cuando llegaron los Alpes, los piamonteses, los de Aosta, a Roglic las cuentas ya no le salían y no cabía más mérito que el de los rivales, personajes inquietos que le frenaron, como Nibali, y le pasaron la mano, como Carapaz.

El Giro de Roglic se salvó en la campana de la arena veronesa, con el podio, el primero en una grande en el zurrón y una lección bien aprendida.

Ir de tapado a la Vuelta la favoreció.

 

Aquí las cosas fueron diferentes de inicio a final, empezó mal, acabó mejor.

Tuvo momentos en el filo y en casi todos estaba solo, si bien en España el Jumbo funcionó cien veces mejor que en Italia.

Y en este cruce de caminos, siempre alguien le sacaba las castañas del fuego, nunca un duelo tipo Movistar-Astana benefició tanto a un tercero.

Pero no fue sencillo, sacó lo mejor en aquel caos andorrano, caído, atropellado por una moto, y firmó la crono perfecta para auparse con un rojo que ya no dejaría.

Primoz Roglic subió al podio de Madrid, líder, ganador y al final atisbó París y ese morbo que trae servido el tridente del Jumbo para el año que viene.

Porque por este corredor que parece ni sentir, ni padecer, también corren sentimientos, y lo que se alumbra para el año nuevo es que este corredor sólo puede ir al Tour a liderar.

Todo lo demás, seguro que hoy, no lo firmaría.

Julian Alaphilippe: ¿Merecía el Vélo d´ Or?

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Antes que Alaphilippe, pensábamos en Roglic y Bernal para el Vélo d´ Or

La tarde del primer domingo de diciembre nos dejó la noticia Alaphilippe y su Vélo d´Or.

Ojo que es el primer francés en 24 años que lo gana.

Alaphilippe se ha equiparado al «temporadón» que firmó Laurent Jalabert en 1995, que le sirvió para ganarle el balón de oro del ciclismo al Miguel Indurain del quinto Tour.

En este tiempo, un cuarto de siglo nada menos, nos hacemos mayores, ningún francés frecuentó el podio del Vélo d´ Or hasta Alaphilippe, el año pasado.

Alberto Contado lo ganó cuatro veces, más otra Alejandro Valverde. 

 

El Vélo d´ Or de Julian Alaphilippe está dentro de los cánones, su temporada con esa victoria soberbia en San Remo, pocas veces vimos ese dominio, junto a la Strade y la Flecha Valona suponen triunfos importantes,

Pero nada comparable a lo que Julian Alaphilippe despertó durante el Tour de Francia, donde seguramente ha cimentado gran parte de esta Vélo d´Or.

Hay que admitir que aquello dio la vuelta del revés su país.

Francia soñó durante dos semanas con recuperar el Tour, tantísimo tiempo después, vamos a treinta años ya desde Hinault y eso debió influir en los votos.

Sin embargo, cualquier valoración objetiva deja el galardón muy en entredicho.

La suma de votos está ahí, nadie puede discutirlo, pero…

¿Es Alaphilippe merecedor del Vélo d´ Or?

Sinceramente, no lo creo.

La Cold Season de Gobik on fire 

En ese podio hay dos corredores mayúsculos que esta campaña se han, literalmente, salido.

Egan Bernal, lo dijimos no hace mucho, se merecía este premio más que nadie, sobretodo por esa carrera meteórica que le ha situado en lo más alto tan rápido.

Por que quedarse con el Tour sería lo sencillo, pero es que Bernal extendió el dominio los diez meses de temporada.

A Alaphilippe, el Tour le dejó seco.

Sólo cabe ver Montreal y el Mundial para ver que esa pólvora estaba mojada.

 

Luego el corredor que no pestañea, Primoz Roglic, a quien la cruz del Giro le ha pesado demasiado en una temporada perfecta.

El esloveno es un ciclista que no tiene la edad de Bernal, pero que también se ha hecho un hueco ahí delante con una contundencia que recuerda a los antiguos: dominando la crono, regulando la montaña…

Sinceramente, Alaphilippe ha lubricado no pocos sueños, pero la realidad caminó por otros derroteros, Bernal, especialmente, y Roglic, a posteriori, se lo merecían más, pero el Vélo d´Or vuelve a Francia, donde hacía mucho que no aterrizaba.

©Alexis Réau/L’Équipe