El nuevo paisaje de la nueva Itzulia

Itzulia Primoz Roglic JoanSeguidor

El balance de la Itzulia: ya está aquí la generación del noventa

Mikel Landa, Primoz Roglic, Nairo Quintana, David de la Cruz, Ion Izagirre… son ciclistas que nacieron o en el noventa o alrededores. La Itzulia ha sido su carrera y posiblemente la primera de una larga serie con ellos delante.

El ciclismo como en todo, son generaciones, todos están de paso, todo efímero, ciclo vital siempre.

Y ahora esta generación toma el mando en una Itzulia que sinceramente ha mejorado con mucho las anteriores.

En ocasiones ocurre que cuando alguien alcanza la cuota de dominio de Primoz Roglic podemos pensar que la carrera no ha merecido la pena, que ha sido un falso monólogo, un camino de rosas.

Pero no lo ha sido.

A saber, no creo que Roglic haya tenido peligro real de perder la carrera, la ventaja era amplia y el colchón cómodo.

Pero la obligación que supone una crono tan decisiva como la de Losoda para los escaladores ha mejorado con mucho el espectáculo resultante.

Movistar siempre quiso la  Itzulia

Nada que reprochar a los azules, sinceramente.

En las dos jornadas eibarresas han hecho lo que han tenido que hacer, además a la distancia que su desventaja recomendaba.

Han situado gente por delante, les han hecho trabajar en desgaste del equipo del líder, los han dejado caer para ayudar a los líderes.

Incluso han tenido aislado a Primoz Roglic durante mucho tiempo, como aquella vez que tuvieron a Chris Froome en los Pirineos.

Pero a diferencia de entonces, no llevaron en carroza al líder.

Nairo y Landa, alternándose en los ataques, lejanos, más próximos, en la parte dura de Arrate, nunca desistieron. Si hasta Nairo ha vuelvo a ser ofensivo.

¿El problema?

A la vista estaba, no tienen el punto necesario para romper, no lo suficiente para dejar a Roglic, pero han trabajado juntos, cosa que nos gusta y hasta han parecido coordinados.

La Itzulia marca el nuevo paisaje del Movistar, un paisaje donde la crono debe mejorar, obligatoriamente.

No lo lograron, pero nada que reprocharles.

Itzulia Enric Mas JoanSeguidor
© David Ramos / Getty Images

Quick Step, por doquier

Otra lectura, el Quick Step.

Mientras Julian Alaphilippe tenía su día negro, Enric Mas hacía fortuna.

Al pie del muro de Usartza por Matsaria, por donde los Orbea y BH, estaba casi sentenciado pero aguantó tremendo hasta el final, en una subida bestial, de dos dígitos, y hasta tres si hiciera falta, sin mirar atrás, con todos los grandes atacando por detrás, cercam viéndole.

Estrenarse en Arrate, qué privilegio, qué palmarés más grande le avala en el lugar.

Ojo atención: 25 victorias azules entre once corredores. Vísperas de Roubaix.

En la generación del noventa no entra Enric Mas, y él ya forma parte del paisaje, como en la historia de esta Itzulia.

Una Itzulia que nos descubre en todo su esplendor las aspiraciones de Primoz Roglic.

Desprovisto de su etiqueta de sorpresa, el esloveno va muy en serio y cuenta ya con un palmarés reseñable.

En fin, volviendo al principio, una Itzulia nueva y muy bonita, equilibrada en todo, hasta en el paisaje, articulada por una crono que decantó mucho la balanza pero no hizo desistir a los rivales del monstruo que viene, del monstruo que ya está aquí y que se llama Primoz Roglic.

Imagen tomada de @LottoJumbo_road

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Itzulia: Primoz Roglic y la necesidad de una buena crono

Primoz Roglic Itzulia JoanSeguidor

La Itzulia comprueba que Roglic puede optar a mucho más de lo que imaginaba

Hablaban Alix y Chozas con Pedro Horrillo en Eurosport sobre el recorrido de esta Itzulia, de esta Vuelta al País Vasco.

Y Horrillo, director técnico y persona locuaz a más no poder, explicó la intención de plantear un recorrido con una crono en medio de todo, vertebrando el recorrido y poniendo orden al itinerario.

Lodosa, lugar de renombrada y fecunda huerta, puso el interés sobre la crono de la Itzulia, y ésta recogió el guante, sabiendo además que lo que iba a resultar sería un encefalograma plano a rabiar, un paseo paralelo al Ebro, de ida y vuelta, con un poco menos de veinte kilómetros que daría luz sobre el futuro ganador de la Vuelta al País Vasco.

Mil años acabando contra el crono, y la crono en medio, totalmente llana, como aquellas que se disputaban no hace tanto, pone la Itzulia al borde del abismo para los escaladores.

La estampa de Roglic

Primoz Roglic ha sido uno de los grandes descubrimientos de los tiempos recientes. Verle rodar no es tan estético como Tom Dumoulin, pero es una gozada para los sentidos, atrancado lo justo, moviendo buena tranca, doblado como un papel, un trabajazo bestial de lumbares y cuádriceps.

Tiene la Itzula al alcance. En su geografía participar, este exsaltador de invierno marcará Lodosa, llana como una mala cosa, en letras doradas.

Marcará Lodosa y esta carrera que le está abriendo los ojos sobre posibilidades que quizá no se hubiera planteado.

Es el único que ha aguantado a Julian Alaphiippe, quien por cierto se erige como la principal amenaza.

¿La única?

Pues cabrá verlo, y saber negociar distancias realmente grandes para tratarse de una carrera de seis días.

Los Movistar tienen un problema en el test individual. No es lo mismo una crono en Euskadi que en el Tour, pero las sensaciones que han trasladado Nairo y Landa sobre la cabra no son buenas.

Los dos están en torno a los dos minutos y cabra imaginación para las jornadas eibarresas.

Imaginación que en Movistar no abunda, pero con Landa, todo cabe.

Y no hay mucho más sobre el papel, a no ser que los Mollema, Izagirre, o el prometedor Buchmann se líen la manta a la cabeza, o los Quick Step quieran aprovechar su inercia ganadora jugando a la pinza con Enric Mas desde lejos.

Una buena crono le hace bien a cualquier carrera, pero en esta Itzulia ha causado estragos.

Imagen: www.itzulia.eus

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Portabicicletas de techo o de bola de remolque… 

Julian Alaphilippe, ante su muro

Julian Alaphilippe Itzulia JoanSeguidor

Tanto Julian Alaphilippe como Primoz Roglic quieren explotar en una vuelta por etapas

Julian Alaphilippe es el ciclista que debe emerger en el Quick Step.

En la cadena del éxito azul, cuando los adoquines toquen a su fin, en ese momento siempre de bajón, cuando se da el cierre en el velódromo de Roubaix, Julian Alaphilippe es el siguiente eslabón.

Pero mientras el francés se afina para las Ardenas, el lugar donde sólo Alejandro Valverde ha evitado su éxito, va haciendo camino en la Itzulia, en la Vuelta al País Vasco.

Dos etapas de dos para Julian Alaphlippe

Este Alaphilippe es un ciclista indescifrable, capaz de todo, de lo mejor, de derrumbarse al día siguiente y resurgir al tercero.

Mirad la París-Niza del año pasado, pasó de ganar una cronoescalada a Contador, a derrumbarse en la montaña, un poco como en esta edición que acabó en manos de Marc Soler, más reposado y sobrio que el francés, y a la postre más efectivo.

En Euskadi Julian Alaphilippe ha encadenado dos días buenos, muy de su perfil, muy de su condición.

Y en esa racha, la impagable imagen de ver un maillot amarillo atacar, en el sumum del prestigio personal y ambición ciclista.

Esta Itzulia suena diferente, se distancia del guión original, que parecía inamovible, el de una carrera que caminaba bloqueada por la crono final.

Lodosa, y la carrera de Roglic

Pero esta vez la crono está justo en medio, y es perfecta.

Un perfil llano, como no se encontraría en Guipúzcoa o Vizcaya, en el umbral de La Rioja, en la huerta navarra, para ponerle emoción a la carrera, obligar al sobreesfuerzo a Primoz Roglic, nuestro favorito, al que sólo las bonificaciones de ser dos veces segundo le separan de Alaphilippe.

De cómo salga el francés en la crono, correrá su suerte en la carrera, pero la solidez de Primoz Roglic impresiona, apabulla, tanto como verle subir con esa seguridad.

El esloveno es un ciclista que hace dos años conocían los muy puristas, viene de deportes de inverno y fue pisar aquel Giro que salió de Holanda, poner en apuros a Dumoulin en el prólogo y ganar la crono de Chianti para situarse en la segunda línea del ciclismo mundial.

Un poco como Alaphilippe, pero lo que Roglic y el propio francés se juegan en esta Itzulia es rubricar una vuelta entera, de inicio a fin, encadenando jornadas, una tras otra, delante, más allá de momentos puntuales.

Primoz Roglig es sin duda uno de los ciclistas que mejores sensaciones transmite sobre la bicicleta.

No sé si alguien se sumará a la quiniela de esloveno y francés, pero sin duda no será sencillo. Tras ellos hay mucha incertidumbre y pocas fuerzas de probar algo diferente.

Será un buen momento para ver si el Movistar de Landa, y Nairo, sabe dar la vuelta a la carrera por mucho que ésta no les sonría con facilidad.

Imagen: © Quick-Step Floors Cycling Team – © David Ramos / Getty Images

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En Hoteles RH todo Levante a los pies del ciclista 

#LeCahier El Tour entre Froome, Bardet y Uran

Roglic gana la etapa del Galibier

Se aprietan las cosas. Igualdad es la palabra que define el big four del Tour. No hay otra opción que el desgaste y el trabajo de hormiguita y en esa tarea el versado Romain Bardet es especialista. La subida al Galibier no tuvo más historia que su tramo final con tres ataques de Bardet, suficientes para distanciar en cada uno un poquito más a Fabio Aru, el eslabón frágil de la cadena. Froome aguanta, Uran aguarda.

Rigoberto Uran gana enteros

Se dejaba la vida el campeón italiano cuando se veía el arco de la montaña del Galibier, se la dejaba porque sabia que cualquier agujero podía descolgarle del podio. Y así fue. El descenso del coloso no podía marcar diferencias si iban todos juntos, pero si empezaban a realizarlo separados, las cosas cambiaban.

Por eso Aru no pudo volver al grupo, a un grupo en el que no sólo Bardet y Uran le amenazaban, también Mikel Landa, el ciclista del pedaleo amable. Y por eso ahora las cosas parecen más claras: Bardet es el más incisivo sobre el papel, pero Rigoberto tiene galones y peso, el de la experiencia y la forma, porque juega con sus rivales, siempre en un segundo plano, oscuro, quizá un poco opaco, pero como si estuviera seguro que se la jugará una vez y esa será la buena.

Qué etapa, qué año de Roglic. Algarve, París Vasco, Romandía y ahora el Tour. Ese ciclista procedente de deportes de invierno que se presentó en el prólogo del Giro del año pasado casi fastidiando el primer rosa a Tom Dumolin, es ahora una referencia, no sólo rodando, verle es un primor, también para arriba. Roglic cogió la escapada buena, la que Contador lamentó no haber cazado de inicio, y aguantó hasta que a más de treinta de meta, cuando aún no se adivinaban las crestas del Galibier, decidió irse y ganar una etapa de esas que marcan.

Los reflejos de Contador. Estaba decepcionado Alberto Contador cuando le abordaba Flecha en meta, porque se le fue la escapada antes de la Croix de Fer, el corte que al final fue el bueno, como se vio. Le tocó apelar, otra vez, a la heroica a Contador y se vació en la Croix de Fer, tanto que el Galibier fue demasiado.

Dos notas sobre el madrileño, su eterna ambición, el hambre que demuestra, hoy como hace diez años, cuando era un imberbe niño vestido de blanco disputando la general, y su equipo, por primera vez en mucho tiempo uno alrededor de él. Mollema y Pantano, excepcionales, sin duda.

Porque colombiano y neerlandés tenían trabajo extra, no sólo por mantener viva la escapada, si no por hacerlo frente a una de las grandes exhibiciones de la carrera, si Landa impresiona por el dominio de la situación, lo de hoy de Michal Kwiatkowski es de traca, como ese metrónomo que se basta y se sobra para hacer Croix de Fer, tirar entre puertos, seguir por Telegraphe y la mitad del Galibier sin pestañear, sin variar el ritmo. Excepcional.

Matthews en verde. El sprint de la tercera semana de Michael Matthews le ha llevado nada menos que al verde. Recortando distancias con Kittel, ayer fue extraordinario el plan de su equipo, la caída y abandono del alemán le han dado un premio excepcional al australiano que muy mal lo habría de hacer para que Greipel u otro se lo arrebate .

#LaProchaine Unos años el Ventoux, otro el Galibier, algunos el Tourmalet,… este año la subida estrella es el Izoard, la cima de Bobet y la casa desierta. Son 180 kilómetros que acaban en la coronilla de un puerto que algunos asemejan a la luna y que hace pareja de baile con el Col de Vars.

Imagen tomada de FB de Le Tour de France

Tour: El outsider

Greg Van Avermaet nos parece uno de los corredores más destacados de la salida de este Tour con serias opciones de ganar una etapa y porqué no, ser amarillo

Permitidnos, con la carrera ya lanzada, dar nuestro nueve de oursiders para el Tour, no creo que ninguno de ellos gane el Tour, pero nos darán grandes momentos, seguro, pongo a la mano en el fuego:

Greg Van Avermaet: el mejor ciclista del año, no olvidemos, y el año pasado ganador de etapa y maillot amarillo, un tipo de una profesionalidad impecable, combativo y comprometido con el espectáculo. Creo que el incierto inicio de Tour le dará opción de algo interesante, pues es el único que se puede desentender de ayudar a Richie Porte.

Jakob Fuglsang: el verso suelto de Astana, outsider por excelencia, y si está como en Dauphiné una pareja de baile perfecta para que Fabio Aru sea la revelación de la carrera. Le conocemos hace mucho, como para pensar que será uno de los importantes de la carrera, pero si todo se alinea y él se centra podemos tener uno de los protagonistas en esa parte de prueba que todo estará en el aire.

Arnaud Démare: qué manera de ganar el Campeonato de Francia y otras carreras, es un velocista, porque lo es, pero algo más, un ciclista con “soul” y atractivo, de esos que gusta ver ganar, ante su gran reto, con el tricolor en la espalda, porque ganar una etapa en el Tour, romper ese reto, puede cambiarle la vida. Entre él y Bouhanni, no hay color. Nuestra debilidad y outsider para las llegadas masivas.

Esteban Chaves: creo que llega justo al Tour, con ese año tan raro que le ha tocado sortear, pero sinceramente, un tipo así merece toda nuestra complicidad, que gane él, es lo mismo que gane el ciclismo. Un top ten y una etapa serían un premio redondo, y no es descabellado, porque está en un equipazo y comparte galones con Simon Yates, otro por el que apostaríamos si esta lista tuviera más de nueve nombres. Si la general final tiene un outsider, sería él uno de los primeros.

Adam Hansen: no es cuántas grandes a la espalda, de forma ininterrumpida y dejando a Marino Lejarreta como elemento exótico. Hansen sigue a lo suyo, sacando esas zapatillas que diseña cuando no está en una de las tres grandes y buscando el récord que le perpetúe, uno de esos registros que, sinceramente, sólo recordaremos los muy frikis.

Tim Wellens: un corredorazo que sigue sin dar el salto que merece. Vuelve el valón a un terreno que no les favorable de inicio, el Tour no se le ha dado como el Giro, pero sabe que lo que aquí pase cuenta por diez. Ojo en las llegadas de media montaña, en los Vosgos y Macizo Central. El outsider de la media montaña.

Ion Izagirre: no olvidemos ganador de la última etapa de montaña celebrada en el Tour, en toda la historia. Viene como líder, con ese estatus que creo merecía. No le veo para la general, él se definió para vueltas de una semana, aunque admite ambiciones de cara a París, pero sí para etapas puntuales y porqué no para la crono de Marsella. Tiene libertad, deberá demostrar que la merece. Habéis leído todo esto??? pues olvidadlo porque la curva que acabó con la ilusión de Valverde, también se cargó la de Ion…

Philippe Gilbert: etapa y maillot amarillo hace seis años, no se nos puede olvidar que hablamos de una de las sensaciones de la campaña. Ganó en Suiza, no hace mucho, es decir, sigue en forma, y en el Tour tiene etapas, esos días que se le acoplan como anillo al dedo, Si gana, podéis estar seguro que será a lo grande.

Primoz Roglic: el día que sabemos que Brad Wiggins se puede dedicar al remo, aquí tenemos un caso a la inversa, un ciclista que viene de deportes de invierno. Excelente croner, no tiene muchas opciones de brillar en su terreno predilecto, pero su polivalencia, su calidad le puede dar grandes tardes en terrenos variados, sobre todo en aquellos que exijan potencia y concentración. El outsider de las cronos.

Imagen tomada del FB de BMC Racing Team

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Conoces la maleta del ciclista???

¿Quién fue quién en la crono del Giro?

Expectación había por analizar los resultados que nos iba a deparar la 9ª etapa individual de contrarreloj (CRI) que se desarrolló en las cercanías de la población de Greve in Chianti, emplazada en la provincia de Florencia, región de Toscana, que obligaba a cubrir a los participantes la distancia de 40,5 kilómetros de acusada dureza, con una carretera más bien estrecha y adicionalmente salpicada por unas condiciones climatológicas más bien lluviosas y arremolinadas, que constituyó de todas a todas la pesadilla de la jornada, especialmente al atormentar más agudamente a los corredores que realizaron el recorrido en las postrimerías del día, adentrada la tarde, un indudable perjuicio que se dejó notar en la tabla de la clasificación anotada.

El ciclista esloveno Primoz Roglic, ante una sorpresa mayúscula, se llevó la palma de la victoria, pisándole los talones, con 10 segundos de desventaja, el austríaco Matthias Brändle. A continuación irrumpió el noruego Vegard Stake Laengen, que lo hacía a 17 segundos. En tanto que el popular suizo Fabián Cancellara, imbatible en otros tiempos y hombre brillante que fue en esta modalidad del cronómetro, nos dio una actuación más bien mediocre. Fue el cuarto en la cinta de llegada. Cabe reconocer que el peso de los años viene atenazando al corredor helvético, el gran perdedor de la citada etapa en liza.

La etapa en una palabra dio poco de sí. Fue algo así como un limón sin jugo frente a los acontecimientos registrados. En el balance final de la clasificación general, que es lo en verdad interesa a los lectores, se advierte que ciclista transalpino Gianluca Brambilla salvó los muebles por un solo segundo de ventaja sobre el luxemburgués Bob Jungels, un atleta del pedal que es por ahora poco conocido en los anales de la bicicleta. En tercera posición encontramos al costarricense Andrey Amador, que se sitúa a medio minuto del líder de la prueba.

Oscilando alrededor del minuto de tiempo, por este orden, nos encontramos con el holandés Kruijswijk (4º), el italiano Nibali (5º), una pieza recuperada, y el español Valverde (6º), que perdió dos puestos de resultas de la cabalgada contrarreloj. A continuación se colocan el otro holandés, Tom Dumoulin (7º), y el vasco Mikel Landa (8º), que parece que encuentra el golpe de pedal apropiado para dar guerra tras el futuro que se le avecina en los Alpes. Lo suyo aparece como un buen presagio.

Cabe señalar a un corredor que esta vez frente al cronómetro, no tuvo la suerte de cara. Nos referimos al ruso Ilnur Zakarin, que ha ido sonando con progresiva frecuencia en este Giro. Frente a las manecillas del reloj iba a por todas, con la lluvia o sin ella. Dominaba y comandaba en los cronometrajes parciales de la etapa con cierto ímpetu y hasta valentía. Sin embargo, a última hora, se vio asediado por dos aparatosas caídas provocadas, casi seguidas, por el suelo resbaladizo a raíz de la persistente lluvia, y, además, con el consiguiente cambio de bicicleta que debió efectuar. Esos contratiempos fueron suficientes para apartarle definitivamente de una victoria que parecía asegurada y que hubiera supuesto un justo premio a su trayectoria y su combatividad desplegada de manera casi constante. Lo cierto es que su nombre ha quedado relegado a la onceaba posición a poco más de dos minutos de Brambilla, el primero de la general, un privilegio que por lo demás se sostiene por los pelos.

Vale la pena informar que el ganador de esta etapa que nos ocupa, Primoz Roglic (26 años), perteneciente al conjunto holandés Team Lotto-Jumbo, lleva tres años como ciclista en el campo profesional. Mencionemos que en el curso de la pasada temporada fue segundo en la Vuelta a Croacia y ganador absoluto de dos competiciones de renombre: El Tour de Azerbaiyán y el Tour de Eslovenia, corrida ésta en su casa. Este año fue quinto en la Vuelta al Algarve y se hizo notar en la pasada edición de la Volta a Catalunya. Los catalanes bien lo saben y no pocos se preguntaban acerca de sus orígenes.

Pero por encima de todo lo que más nos llama poderosamente a la atención es que antes de engrosar en las filas del ciclismo, se distinguió en las competiciones de saltos en trampolín (de 90 a 100 metros) en la singularidad que nos ofrece el esquí, deporte nórdico por excelencia. En el año 2007, llegó a ser campeón del mundo por equipos, categoría junior. Con todo, lo cierto fue que hubo alguien que le influyó para que dejara aquella arriesgada especialidad y se decidiera por introducirse paulatinamente en el campo ciclístico, en donde le vaticinó como técnico en la materia unos horizontes más lisonjeros por las cualidades físicas que exige el deporte de las dos ruedas.

Todo está en saber si Roglic supo rectificar a tiempo y acertadamente su cambio de rumbo que le podría ofrecer nuevos destellos de esperanza.

Por Gerardo Fuster

El #Giro: presentación

Sabíamos por la historia que los dirigentes del Tour de Francia se han sentido siempre identificados y con voluntad de hacer de su prueba la carrera de más alto prestigio internacional. Sus organizadores saben bien de sobras que todo lo que sea novedad contribuye a engrandecer en alto el listón del deporte de las dos ruedas. No hay duda, pues, que el introducir la caravana multicolor en un país extranjero crea un clima sano entre las gentes y sobre todo se alcanza una mayor popularidad a través de la prensa escrita y de los mismos medios auditivos.

Pero este contraste o actitud que venimos experimentando también ha contagiado a los que tutelan los designios del Giro de Italia, que de un tiempo a esta parte ha verificado los inicios de la prueba en tierras extranjeras. Esta vez, por ejemplo, tenemos constancia del desarrollo de las tres primeras etapas en los Países Bajos, un acontecimiento a todas luces brillante en una nación que vive de años bajo el influjo dominante de las bicicletas y que cuenta con miles y miles de practicantes, en este territorio popular por los extendidos y vistosos tulipanes, que cuenta con extensas planicies y que se ha preocupado en conquistar y en fertilizar tierras inundadas por el mar. Es un incentivo el pedalear en un territorio marcadamente llano que facilita la actividad de los adeptos a montar en bicicleta, aunque muchas veces se levante un viento intempestivo, gran obstáculo para darle a los pedales. Basta pisar o palpar estos confines que bien conocemos para percatarse de lo que representa este artilugio mecánico llamado bicicleta. Damos constancia fehaciente de ello.

A propósito de lo dicho más de uno nos ha preguntado la razón primordial por la cual se ha llegado a este punto que obliga a los concurrentes, léase ciclistas, a trasladarse a un punto lejano de su Giro, con el consiguiente trastorno que supone el desplazarse a otro punto situado a miles de kilómetros de distancia en una prueba de alto rango y contenido deportivo. En el fondo esta movilidad perjudica a más que nadie a los propios ciclistas ante este fenómeno que se ha ido experimentando en el curso de estos últimos años. Tanto en lo que hace referencia al Tour de Francia como al Giro de Italia.

Quisiéramos bien reafirmar también que el factor económico ha pesado y pesa muy de veras a la hora de tomar una decisión al respecto. Lo que en verdad hace inclinar la balanza, lo repetimos, es el dinero cantante y sonante que se deposita encima de la mesa por parte del ofertante. No hay vuelta de hoja. Por un lado, está el ofrecimiento de una cautivadora y substanciosa cantidad, y, por el otro, la aceptación de la misma. El que ofrece y el que acepta, están seriamente involucrados en el juego. Pero es que los dos a fin de cuentas y a la par salen ganando la partida.

La historia del Giro y los Países Bajos

A raíz del presente comentario, nos hemos decidido a concretar las veces que el Giro ha hecho incursión en tierras extranjeras, y más concretamente en las veces que ha iniciado como preámbulo su periplo en tal sitio o en tal otro. Es tan sólo una exposición de hechos como simple curiosidad a favor los lectores asiduos que leen estas páginas de El Cuaderno de JoanSeguidor.

Quisiéramos recordar que fueron en los años 1965 y 1966, cuando el Giro se puso tímidamente en marcha en República de San Marino y en el Principado de Mónaco, respectivamente. Más tarde, en el año 1973, la caravana multicolor ciclista rindió visita a la población belga de Veviers y al año siguiente al Estado de la Ciudad del Vaticano. Siguieron posteriormente las ciudades que relacionamos a continuación: Atenas, en Grecia (1996), Niza, en Francia (1998), Groningen, en los Países Bajos (2002), Seraing, en Bélgica (2006), Amsterdam, en Holanda (2010), Herning, en Dinamarca (2012), Belfast, en Irlanda (2014) y finalmente, este año, Apeldoorn, de nuevo en los Países Bajos.

La conclusión final, simple anécdota, es que el Giro de Italia ha registrado en su haber a lo largo de su historia nada menos que doce comienzos en tierras exteriores, lo cual no deja de ser un dato de interés para los que se sienten atraídos por los datos estadísticos. Hacer hincapié que en este sentido al señalar que Holanda ha sido protagonista al ser galardonada o compensada en tres ocasiones.

¿Qué nos han deparado las tres primeras etapas?

Como toque final al presente comentario, no podemos sustraernos a lo que ha acontecido en el transcurso de las tres primeras etapas de esta edición número 99, que se han celebrado en territorio holandés, aunque lo hacemos de manera un tanto sucinta al tomar en consideración y valorar en su justa medida lo que ha acontecido, que no ha sido mucho. Las tres jornadas han tenido más bien un carácter festivo y de correspondencia hacia el gran público allí presente en tan magna cita, llena de colorido y entusiasmo por doquier.

La etapa primera contra las manecillas del reloj, corrida íntegramente en los alrededores de Apeldoorn, con un breve recorrido que no llegaba a la decena de kilómetros, no pasó de ser un magnífico espectáculo rodado y vistoso ante el aplauso frenético de las multitudes allí presentes, que acogieron con especial énfasis la demostración de su compatriota Tom Dumoulin, que aunque nacido en Maastricht, es un ídolo por todas partes a sus 25 años, vencedor por centésimas de segundo sobre el esloveno Primoz Roglic, una sorpresa no esperada.

En los dos días que siguieron, etapas completamente casi llanas,con sendas metas en Nimega y Arnhem, se impuso con facilidad y sin sombra el germano Marcel Kittel, un velocista consumado, originario Arnstadt, con 27 años sobre sus espaldas. El gran pelotón, convencido ya de su poderío, debió inclinar la cabeza sin discusión. Su segunda victoria le valió automáticamente una bonificación de otros 10 segundos, y en consecuencia la conquista de la elástica rosa, la prenda que premia a este líder en un principio momentáneo. No hubo muchas más cosas de trascendencia para contar. Las dificultades reales que encierra el Giro que nos ocupa vendrán más adelante y más concretamente en el transcurso de los últimos nueve días, en el corazón de los Alpes, con sus jueces de paz inamovibles y que infunden un gran respeto.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de FB de Giro de Italia