Induráin contra Induráin

Vuelta al Alentejo 1996: cuando Induráin fue el mayor rival de Induráin

Los Induráin, Prudencio y Miguel: hermanos, amigos, compañeros, confidentes y… ¿“rivales”?

Sí, sucedió por estas fechas, a primeros de mayo, de hace ya nada menos que 23 años, cuando los hermanos Induráin se convirtieron en “enemigos íntimos” y entre ellos dos se jugaron la victoria en la “prestigiosa” Vuelta al Alentejo de la temporada 1996.

Ya ha llovido.

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Lo curioso fue que esta carrera no estaba en la agenda de los hermanos Induráin

De hecho, ni pensaban participar en ella ni nunca antes habían corrido en tierras lusas.

Portugal y la Vuelta al Alentejo se encontraron con este regalo inesperado, con la presencia de los hermanos Induráin, al suspenderse la recordada Vuelta a los Valles Mineros que se disputaba en Asturias.

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Como suele suceder, los problemas econónimos acabaron con esta bonita carrera en la que habían lucido con nombre propio ciclistas como el mismísimo Miguel Induráin, Perico Delgado, Lucien Van Impe, López Carril, Alberto Fernández y Fernando Escartín, entre otros.

A pesar de la suspensión de aquel año, hubo una nueva edición la temporada siguiente, en 1997, pero fue un espejismo y desde entonces, tristemente, ya no se ha vuelto a organizar.

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De esta manera, el pentacampeón del Tour iba a correr en tierras portuguesas por vez primera en toda su carrera, lo que supuso todo un acontecimiento en el país vecino.

Toda la afición lusa esperaba a Induráin y éste les llegó por partida doble.

Así se presentaron los dos hermanos en la turística región del Alentejo a disputar la primera etapa: una contrarreloj inicial de 15,2 kilómetros con salida y llegada en la bella población de Sines, asentada en el litoral atlántico y con una de las mejores playas de toda Europa.

 

Ya de entrada, Pruden, el menor de los Induráin, estuvo a punto de dar la sorpresa, quedando a tan sólo 21″ de su hermano Miguel, que se había adjudicado la victoria en esta crono inaugural con un tiempo de 18’57´´.

A partir de aquí, la Vuelta ciclista al Alentejo fue todo un festival de la familia Induráin.

Habría sido una sorpresa, pero ésta tampoco se hizo esperar mucho, ya que nuestro asombro fue cómo en la segunda jornada, el menor de los Induráin -al que nunca antes habíamos visto ganar- se destapó como gran velocista, imponiéndose al sprint de Castro Verde a todo un pelotón encabezado por otro tal Induráin que, según dicen, tampoco era cojo sprintando 😉

 

En seguida saltaron los críticos que, como siempre, decían que Miguel se había dejado ganar en beneficio de su hermano, al cual quería premiar tantos años de sacrificio y de esfuerzo, de trabajo abnegado por su líder e íntimo familiar.

Por un lado era lógico, era su hermano y se lo merecía, y entre los dos habían venido a disputar y repartirse el tesoro de Portugal.

Miguel, su querido hermano, a lo mejor podía dejar de pedales justo en línea de meta, pero… ¿y el resto?

Vamos a ver, que Pruden sprintaba contra todos, no sólo contra Miguel.

 

Además esa victoria no fue flor de un día.

La tercera etapa también fue para Pruden, que parecía, en aquel momento y en aquella carrera, imbatible al esprint.

Miguel Induráin continuaba como líder sólido.

El “dúo dinámico” causaba sensación.

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Llegaban la cuarta y quinta etapa.

En estas dos jornadas, los Induráin dejaron “escapar” la victoria, con triunfos parciales para el búlgaro Stanchev y el lituano Sarkauskas, respectivamente.

Indurain, hermanos: Cuando Navarra conquistó el Alentejo

De esta forma, llegábamos a la sexta etapa, una jornada de 174 kilómetros y con final en Castelo de Vide, después de acometer un puerto a 1500 metros de altitud.

Se podía considerar la etapa reina.

La proximidad con la frontera española hizo que aquel final se llenase de aficionados españoles, que vitoreaban a los Induráin y disfrutaban de su presencia en aquella exótica Vuelta al Alentejo.

De nuevo aquel día, la carrera continuó siendo un auténtico paseo para el equipo Banesto y los hermanos Induráin.

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Miguel consolidaba su primer puesto en la general al conseguir en solitario su segundo triunfo parcial, al demarrar en aquella ascensión a pocos kilómetros para meta.

Nadie pudo seguir su ritmo. Ni siquiera su hermano Pruden.

Quizás David García, del equipo Euskadi, diera la sensación de estar cerca de él, al llegar a tan sólo tres segundos de Miguel.

El equipo Banesto en aquella etapa, como fue la tónica de toda la Vuelta, controló en todo momento los intentos de escapada, imponiendo un ritmo altísimo de competición y anulando cualquier escaramuza de fuga.

Nuestro estimado amigo Pruden nos volvía a sorprender, y también tuvo su protagonismo en esa cima, manteniendo un alto nivel y entrando en cuarta posición, a tan sólo ocho segundos de su hermano Miguel.

 

Pero el mayor de los Induráin había aumentado su ventaja con su hermano menor hasta los 26´´, tiempo, a todas luces ya inalcanzable para el bueno de Pruden que aún tuvo una nueva recompensa ganando la séptima y penúltima etapa.

Y de nuevo al sprint.

De siete etapas, los Induráin habían ganado nada menos que cinco de ellas.

La fiesta navarra la completó David García, tercer navarro en el podio, el único hombre que inquietó algo a los Induráin.

David fue el líder de la gran actuación de su equipo, el Euskadi, que al fin pudo ganar una etapa, la octava y última, a cargo de Guenetxea en la meta de Évora, que batió al esprint al propio Pruden, uno de los pocos que se le escaparon al menor de los Induráin.

Fue todo un recital del ciclismo navarro en el que Miguel se adjudicó el triunfo final y dos etapas, Pruden acabó segundo en la general, llevándose además la regularidad y tres victorias de etapa de las que presumir: las primeras (y a la postre, únicas) victorias en su carrera como profesional.

Banesto, no hace falta decirlo, ganó la clasificación por equipos: “ha sido un buen entrenamiento”, comentó en aquel momento Echávarri.

Un cachondo, el entonces director del equipo navarro.

Imagen: https://fmciclismo.com

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Cuando dos viejecitos desafiaron a los hermanos Induráin

Prudencio y Miguel Indurain JoanSeguidor

El inesperado desenlace del «pique» de los Indurain con un par de ciclistas ancianos

Una anécdota en el tiempo, buscada en el baúl de los recuerdos, que hará las delicias de la legión de fans que aún conserva nuestro querido Miguel Induráin.

Los más mayores -yo mismo- seguro os acordaréis de este divertido chascarrillo que ya se comentó en su día, hace ya…

Y los más jóvenes os reiréis con este gracioso suceso que tuvo como protagonistas a los hermanos Induráin y a un par de viejecitos que se picaron con ellos… en bicicleta.

Antes de entrar en detalles, os pondremos en antecedentes.

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Hace muchos, pero muchos inviernos, Miguel Induráin siempre entrenaba al calor de las carreteras cercanas a Benidorm, escapando del frío clima navarro y de las lluvias y las nieblas del Norte.

Allí se pasaba unas cuantas semanas pedaleando por rutas, durante varias jornadas seguidas, al sol que más calentaba, que le permitían coger el punto de forma que le dejara preparado para afrontar con garantías las primeras exigentes pruebas de la primavera: Alicante era su particular “solárium”.

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Miguel Indurain descubrió Benidorm porque su esposa se crió en esta tierra bañada por el Mediterráneo

De esta forma nuestro campeón descubrió que era mucho más agradable preparar su pretemporada, y por ende sus triunfos en el Tour de Francia, por la costa levantina que no sufriendo los rigores del invierno navarro.

Eso lo tenía muy claro.

Para esta entretenida historieta que os vamos a contar nos hemos de remontar al invierno del año 1994.

Hace nada menos que 25 años.

Durante aquellos primeros meses fríos del año, Miguel se trajo a su hermano Pruden a su casa de Benidorm.

Recuerdan que era una mañana soleada, ideal para entrenar, cuando afrontando una carretera muy larga y llana, vieron a lo lejos a lo que parecían ser dos viejecitos montados en bicicletas de paseo.

Hasta aquí todo normal.

Lo extraordinario fue como los hermanos Induráin, yendo muy rápidos, no eran capaces de darles caza.

Sí, como lo leéis.

Finalmente Pruden, que no entendía nada, se picó y aceleró.

Detrás, y pegado a su rueda, lógicamente, le siguió su hermano.

Los dos, de esta forma, llegaron a un repecho.

Ya sólo los tenían a 50 metros.

En ese instante, y cuando menos se lo esperaban, los dos viejecitos, en plena subida, aumentaron el ritmo.

Increíble.

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Hoy Abril del 2019, se celebrá la Paris-Roubaix, una carrera que transcurre por una carretera de adoquines y con tramos de tierra que hace noble al ciclismo. sus protagonistas sufren en la carretera de adoquines, llegando exhaustos a la meta y en condiciones agotadoras.

Por eso dedicamos un especial a esta Paris-Roubaix.

Los dos ancianos acababan de descolgar y dejar tirados nada menos que al tricampeón del Tour y a su fiel hermano y escudero.

“Esto no puede ser”, dijo Pruden enfadado.

Vale que estaban a principios de pretemporada, que no habían entrenado mucho, pero era imposible que dos personas mayores les hubieran humillado de aquella manera y con tanta facilidad.

No se lo podían creer.

En cuanto llegaba una subida, los viejecitos y sus bicis de paseo se alejaban de ellos como posesos.

¡Vaya cracks!

El orgullo de los hermanos iba in crescendo y Pruden dijo que esto lo iban a rematar como fuera.

Apretó los dientes y se fue a por ellos animado a neutralizar a la pareja de ancianos, de una vez por todas. Miguel seguía su estela…

¡Quién se lo iba a decir a ellos! Picados con un par de viejecitos en bici…

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“Aquí hay truco”, le dijo Miguel a su hermano.

De esta forma, el mayor de los Induráin, tomó la iniciativa y se puso delante de Pruden, decidido ya a capturarlos.

Explican de aquel momento que era una escena digna de haberse visto por televisión, como si se tratara de una gran carrera contra el reloj por parejas.

Los Induráin comenzaron a darse precisos relevos, pero los viejecitos seguían alejándose cada vez más con las dos bicicletas de paseo.

Entonces fue cuando quien apretó los dientes fue Miguel, tomándoselo como una contrarreloj individual, igual que si estuviera disputando en el mismísimo Tour.

Pedaleando fuertes, a pleno esfuerzo y con los corazones desbocados, poco a poco les fueron cogiendo y recortando metros a los dos viejecitos.

¡Por fin los pillaron!

Al darles alcance y sobrepasarlos por fin descubrieron el misterio.

Miguel recordaba siempre esta anécdota riendo mucho: las dos bicicletas de los viejecitos llevaban un motor escondido, que se ponía en funcionamiento cuando llegaba una subida. Los viejecitos dejaban de dar pedales y las bicis subían solas. Nosotros estábamos agotados. Pero los cogimos”.

Quizás fue una de las primeras luchas entre bicicletas convencionales versus bicicletas eléctricas.

*Anécdota recogida del libro LOCOS POR EL TOUR de Carlos Arribas, Sergi López-Egea y Gabriel Pernau.

Foto: Twitter