Giro: El ciclismo y el ciclista tienen un problema con el público

Giro de Italia publico JoanSeguidor

No puede ser que el público condicione el desenlace de un Giro de Italia

El ciclismo tiene enromes virtudes, algunas evidentes, otras floran de vez en cuanto.

El territorio que pisa entra en el mapa gracias al paso de las grandes citas, carreras que ponen el tiro de cámara de un lugar en los ojos de millones de personas.

Lugares increíbles se han abierto a la vista del gran público merced a las dos ruedas.

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Lugares que lucen increíbles con una serpiente trepando y una muchedumbre que la rodea.

El público es el contexto, el motivo y el fin de una carrera ciclista, también del Giro

No tiene sentido correr por lugares escondidos y solitarios, esquinas casi clandestinas de la geografía que casi no saben de la existencia de una carrera por sus calles y caminos.

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Los pasillos de gente el ciclismo son la franquicia universal de este deporte que ofrece otro gran atractivo que pocos pueden regalar.

Echarle tu aliento, tu grito, tu ánimo al oído del ciclista.

Esa intimidad entre el deportista de alto nivel y el aficionado, esa conexión en la agonía del profesional no se da en casi ningún otro deporte.

Una magia que no ha perecido con los años ni el tiempo.

Una magia que corre el peligro de perderse. 

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Por que las grandes jornadas de las grandes vueltas y algunas otras que no son grandes vueltas, se han convertido en un nido de estupidez humana ignorando que el profesional que camina penosamente entre la gente es un elemento en frágil equilibrio.

En el Giro volvimos a ver las imágenes que el año pasado nos asaltaron en el Tour de Francia.

El ciclismo tiene un problema gordo con los cuatro gilipollas que corren al lado de los ciclistas y con la masa ingente de profesionales del selfie con el pelotón pasando por detrás.

 

La idiotez humana toma forma en muchos sitios y momentos y en el ciclismo se plasma en ciertas cunetas.

El atontado que apea de la bicicleta a Miguel Ángel López recibió pequeño castigo de un tío que está trabajando y jugándose el pan suyo y delos suyos.

El subnormal que empuja a Primoz Roglic ha conseguido una sanción para el corredor esloveno, por empujarle.

Leo a gente que Roglic debería haberle apartado.

Así es la colección de maglias del Giro de Italia

Podría haberlo hecho sí, pero no lo hizo y no sabemos el motivo.

Quizá es que iba tan ciego por tres semanas de competición horrible que ni se percató.

Quizá se percató y no tenía fuerzas de sacar al aficionado.

Quizá, directamente, dio la bienvenida a ese empujón porque en ese momento le cayó como agua del cielo.

 

Es triste pensar que el trabajo y sacrificio de semanas y meses esté en mano de cuatro desalmados que dicen amar el ciclismo y van a dar por culo y joder el espectáculo.

Acabarán poniendo arcos en el inicio de las subidas, como dijimos hace menos de un año cuando se puso la subida a Alpe d´ Huez al límite.

Serán arcos para identificar idiotas y retrasados mentales que tienen cero complicidad con los ciclistas que admiten ir a ver.

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Mientras seguiremos cruzando los dedos para que no haya desgracias, para que la admiración por el corredor se limite en un grito y aplausos, muchos aplausos…

… porque como comentaba uno de esos días con uno que sabe mucho de esto, en ese pelotón hay veinte o treinta que va «relativamente» cómodo y una amplia mayoría que pasa una miseria total.

Imagen: FB de Giro d´ Italia

 

Giro: El doble filo del público

Giro de Italia - publico Zoncolan JoanSeguidor

El público, tan necesario, muchas veces es un peligro

Se esperaba reventón del público en el Zoncolan, la cima del Giro, y lo hubo.

¿Cuánta gente subió?

Pues esto es como las manifestaciones, al gusto del consumidor.

Leí 100.000, el mayor estadio deportivo del mundo… a mí me parece una barbaridad esa cifra, pero doctores tiene la Iglesia.

El ciclismo sin gente no tiene alma, ni pedigrí, casi ni interés.

Hemos visto grandes carreras carentes de gente, Juegos Olímpicos de Pekín y Río, muchas etapas de Vueltas de hace años: subidas de estaciones de esquí andorranas hechas en la clandestinidad.

Una pena.

En el Zoncolan el público tiene un inmerecido interés

Pero entre aquello y lo del Zoncolan hay muchos grises.

Recuerdo que en Flandes se regalaron fotos de respeto por el ciclista, una muchedumbre saludando el paso de los ciclistas y nadie poniendo un pie delante de otro.

Respeto total por el ciclista, su seguridad, su integridad.

Eso ocurre cada año, como en Roubaix, pero las grandes vueltas no parecen estar en la misma sintonía.

El Zoncolan es un ejemplo clarísimo de lo que decimos, pero también muchas de las subidas del Tour y no hablar de la Vuelta a California, con una colección de personajes en toda su extensión corriendo arriba y abajo en paralelo con los ciclistas.

Ahora bien, a veces hasta en Flandes nos llevamos sorpresas…

Se dice que hace tiempo que el ciclismo no para de poner vallas y distancia entre los corredores y los aficionados y creo que esto va a más. Irá a más.

Es increíble comprobar que no pasan más cosas, que no hayan más tarados como aquel que le propinó un puñetazo a Eddy Merckx o el que arrojó orina a Chris Froome.

El ciclismo tiene el don de conectar como ningún otro deporte el aficionado con el deportista.

El ciclista sube a puertos que anteriormente han hecho seguidores que se sienten bien haciendo la subida por adelantado y esperarles en la cuneta.

Es algo que sólo pasa en el ciclismo.

Y corremos el riesgo de estropearlo, y lo que es peor, aumentando los costes de seguridad y movilización de voluntariado hasta marcar registros de récord, como se dijo en la previa al Zoncolan.

Y aún y así hay uno que va de dinosaurio corriendo junto a los ciclistas, ganándose el tortazo de Chris Froome.

Ves la televisión y padeces por corredores al límite de todo en manos de cuatro exaltados.

Lo siento pero eso no son aficionados al ciclismo, son como los tontos del fútbol que montan una juerga alrededor de una carrera, como podrían hacerla en el jardín de casa.

A este paso igual un día diremos que el ciclismo fue el más bello hasta que alguien lo mató.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

INFO

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Conviene alejar los imbéciles de las cunetas

 

Un tipo se pone a corre paralelo a Tejay Van Garderen y otro le pone la zancadilla echándolo a rodar en paralelo al exprimido ciclista. El propio Van Garderen le propina una hostia aun impertinente en plena subida a Alpe d´ Huez. Poco después Christophe Riblon hace lo propio. A ocho kilómetros de coronar el coloso alpino Chris Froome está a punto de atropellar a un niño que le aborda por su izquierda. Al poco el mentado líder y Nairo Quintana están a punto de irse al suelo por la estrechez del paso. A seis de meta dos tipos descalzos corren en paralelo al titular del maillot amarillo. Uno más arriba una bandera noruega rebaña el sudor de Roman Kreuziger  que no sabe qué se encontrará medio metro más allá. En plena crisis y con Richie Porte gestionando el malestar de Froome, el australiano es asaltado por una bandera japonesa.

Este inventario de sucesos se dieron en la segunda ascensión de Alpe d´Huez el pasado jueves. Una suerte de milagros que no terminaron con un ciclista en el suelo por que alguien, no sé desde dónde, mira y reza por ellos, por su salud, integridad y equilibrio.

El ciclismo dicen que se muere se cacareó el jueves, pero sin embargo es capaz de reunir 800.000 almas en menos de trece kilómetros. Aunque la acepción es cierta de arriba abajo, conviene revisar si esto no es morir de éxito porque es increíble que no pasen más cosas y si pasan se silencian pues ocurren más atrás y ni siquiera nos enteramos. Lo contó Luis Angel Maté, delante de él un tipo tiró a Davide Malacarne y ambos al suelo. Así fue según el risueño ciclista de Cofidis:

 

“No obstante, no he podido llegar donde quería porque un corredor, uno de esos aficionados que se ponen a correr a nuestro lado en los puertos, ha tirado al suelo a Davide Malacarne, de Europcar, que marchaba justo delante de mí. Me he tragado a Davide y, por supuesto, me he caído. Como siempre, mala costumbre la mía, he aterrizado sobre una rodilla. En el momento no me fastidiaba, pero mientras escribo la tengo rodeada de hielo e hinchada, y me duele. Espero estar mejor mañana, que nos espera mucha tralla camino de Le Grand Bornand…”

 

El pasaje narrado desde la fatiga extrema y el dolor que sobrepasa tus capacidades es estremecedor. Estamos ante auténticos funambulescas, gente que además se ser apaleada mediáticamente por hacer su oficio lo mejor que saben, como cualquier otro deportista, y con las mismas armas, se expone a la multitud para ser empujados, golpeados, chillados y casi vejados a cada pedalada.

Sé que el Tour y para los gestores del ciclismo lo de Alpe d´ Huez, como lo del Mont Ventoux o Senmoz, es un triunfo que va más allá del retorno al inversor, es un éxito en toda regla del ciclismo, y de quien ama este deporte, pero no nos confundamos, un poco de dimensión y poner en regla la capacidad de carga y la cantidad de gente que estos lugares pueden aceptar, es paso imprescindible para que esto siga siendo una fiesta del ciclismo y no una colección de imbéciles disfrazados calentados por el efecto de grupo y el alcohol.