Cuando Perico puso luz en Guadarrama

Pedro Delgado Vuelta 1985 Guadarrama JoanSeguidor

Este artículo forma parte de ‘Historias de la Sierra de Guadarrama’, serie producida a propósito de la marcha cicloturista ‘Desafío Puertos de Guadarrama by Movistar’, una prueba inspirada en las grandes gestas del ciclismo que han tenido lugar en este enclave único de la geografía madrileña y segoviana.

Aquella no estaba siendo la Vuelta de Perico. Imbuido en la aureola de favorito, siendo protagonista en la edición anterior, para Pedro Delgado las cosas no estaban saliendo como esperaba.

La Vuelta Ciclista a España de 1985 había partido de Valladolid con un equipo en liza, entre otros, azul, vasco y cargado de talento. El Orbea de Txomin Perurena jugaba las bazas de Peio Ruiz Cabestany y Pedro Delgado con igual acierto hasta que el segoviano dio un mal paso en Alto Campoo.

Etape 400×400

 

Con el castellanoleonés al borde del KO, Peio se aferró a un maillot amarillo que perdería en un corte camino de Tremp. La prenda caería sobre las espaldas de Robert Millar, un escocés afilado y bendecido por una generosa melena, que se afianzó hasta el punto de generar un pensamiento unánime: sólo un milagro podía quitarle la Vuelta.

La penúltima etapa de La Vuelta que celebraba el medio siglo de vida de la carrera partía de Alcalá de Henares, la ciudad de Cervantes, y moría en Palazuelos de Eresma, en los aledaños del enclave icónico de las Destilerías Dyc.

La jornada, en pleno mes de mayo, con tiempo cambiante y primavera caprichosa encerraba cierta dificultad, encadenando Morcuera, Cotos y Los Leones.

Una trampa por los puertos de Guadarrama, un premio envenenado envuelto de densa niebla y las meigas del lugar.

Llevados por las prisas de acabar pronto, o sentenciar el trámite, el Peugeot, el equipo del maillot amarillo, se tomó el control con ganas. El ritmo que imprimía era endiablado, tanto que nadie intentaba nada. Ritmo terrorífico, pero un ritmo también pesaba, como una losa, sobre los gregarios del líder.

Ya en Cotos las cosas no caminaban por senderos normales.

El líder, Robert Millar, se descolgaba por avería. Sin margen al resuello, su equipo le esperó y le devolvió al paquete.

Nervioso, Millar transmitía inseguridad y no tener clara la estrategia. De esta manera era perenne en todos los cortes.

Con el bloque castigado, el líder en persona surgía en la cabeza del pelotón, evidenciando no tener controlada la situación. Dos ciclistas eran su obsesión: Pacho Rodríguez y Peio. Raimund Dietzen, el gentil alemán del Teka, también fue objeto de control.

Portada Puertos de Guadarrama JoanSeguidor
Imagen Hemeroteca El Mundo Deportivo

Esa obcecación le impediría calibrar otras opciones, valorar otros peligros.

El puerto de Cotos esconde una trampa, un falso llano a través de la niebla que sigue a la subida, que pica hacia arriba, lo necesariopara minar las fuerzas, pero lo suficientemente sutil para pasar ajeno a la estrategia.

Se trataba de un trecho que pica hacia Navacerrada, un trecho disimulado por unas nieblas que añadían incertidumbre sobre la acción.

En ese ambiente cargado, tomaban unos metros Pepe Recio y Pedro Delgado.

El segoviano, joven e intrépido, estaba a más seis minutos de Robert Millar. Cualquier opción de atentar el liderato parecía una quimera. Nadie se lo cuestionaba.

Pero las quimeras pueden dejar de serlo cuando al menos se lucha por derribarlas. Entre las nieblas de Guadarrama, Perico y Recio abrían sigilosamente camino.

El derroche anterior de los Peugeot había dejado aislado a su líder, Millar, desconcertado, quien no fue consciente de las ventajas de Perico hasta muy adelante. Su director no pasaba los tiempos, la confusión reinaba en el ambiente, La Vuelta asistía a un vuelco.

Convenido por Rafa Carrasco, desde el coche del Kelme, Pepe Recio  decidió sumar a la causa de Perico: para uno la etapa, para el otro la Vuelta, así, en mayúsculas.  Ambos abrieron camino, surcaron los renglones de la historia y firmarían una remontada que pasaría a los anales.

Perico, Pedro Delgado, ganaba así su primera Vuelta, trepando por los puertos de Guadarrama, por los pasillos de casa, de su casa. Perico había sido la luz de Navacerrada.

Perico, Aru, Menchov o Bugno ya escribieron su historia en Guadarrama. Escribe la tuya

Aru & Plaza, virreyes de Guadarrama

Puertos de Guadarrama - Fabio Aru JoanSeguidor

Este artículo forma parte de ‘Historias de la Sierra de Guadarrama’, serie producida a propósito de la marcha cicloturista ‘Desafío Puertos de Guadarrama by Movistar’, una prueba inspirada en las grandes gestas del ciclismo que han tenido lugar en este enclave único de la geografía madrileña y segoviana.

Veinte etapas, subidas, cronos, llegadas peligrosas, una etapa vertiginosa en Andorra, miles de circunstancias y peligros, pero La Vuelta llega a Guadarrama con todo por decidir.

La vigésima etapa de La Vuelta de 2015 salía de San Lorenzo del Escorial y moría en Cercedilla, cerca en el mapa, pero lejísimos en el itinerario de La Vuelta. De donde el enorme monasterio, cuya planta en forma de parrilla recuerda el tráfico final del santo, salía una etapa que, situada al final de la carrera, cumpliría con la fama que precedía a Guadarrama.

Cuatro primeras figuraban desafiantes al pelotón. Cuatro primeras que simulaban un bucle sobre el papel en una jornada casi simétrica.

Navacerrada y Morcuera de inicio, y a la vuelta lo mismo, pero al revés, Morcuera y Cotos, anterior al falso llano hacia Navacerrada, de donde el pelotón bajaría a Cercedilla.

Guadarrama, el día anterior de Madrid, el sitio preñado de leyendas y roto por la tradición, un lugar que vio vuelcos imposibles, jornadas memorables, días para la retina. Un lugar que no volvería a decepcionar.

Puertos de Guadarrama - Pelotón JoanSeguidor
Foto: Unipublic/Miguelez

Lo que Tom Dumoulin pasó en Guadarrama

De salida, Tom Dumoulin vestía orgulloso un maillot de líder que se asentaba sobre una extraordinaria contrarreloj en Burgos, acabando en los mismos contrafuertes de la catedral, y una numantina resistencia en la montaña.

Pero la suerte de Dumoulin no estaba aún dictada. A seis segundos, amenazante, un ciclista que no conoce la expresión bajar los brazos: Fabio Aru. El sardo, todo casta y posición imposible sobre la bicicleta, es una suerte de martillo pilón que mina la resistencia del rival a base de emplearse al 110%. Siempre un punto más allá. Para hacer caer a sus contrincantes en un pozo mitad desesperación, mitad agotamiento.

Por eso y por una mala estrategia, Tom Dumoulin sabría qué peajes cobra Guadarrama para ganarse su favor. Desde las primeras ascensiones, es notoria la falta de gregarios con el líder. Muchos asienten, no es un buen síntoma.

Puertos de Guadarrama- Luisle y Aru JoanSeguidor
Foto: Unipublic/Miguelez

En el lado contrario, Aru lleva la carrera encendida, sobre todo en el segundo paso de la Morcuera. Dario Cataldo, Mikel Landa y Luis León Sánchez son los celestes que acompañan al sardo hacia su ataque definitivo.

Dumoulin flaquea y Landa no para de acelerar. La cuerda se rompe no lejos de la cima, el neerlandés cede. Ya en el alto pierde veinte segundos, el maillot rojo es virtualmente de Fabio Aru.

Pero Dumoulin tiene una opción, un hilo de vida en medio de tanta hostilidad. Acabado el descenso de la Morcuera, camino de la base de Cotos, hay una efímera transición. Los ve, los tiene ahí, es una recta ingrata y cruel, pero corta, excesivamente corta, porque pasa de atisbarlos y tocarlos, a perder la estela cuando la carretera se empina hacia Cotos.

Dumoulin perdería la Vuelta en Guadarrama.

Aru ganaría la Vuelta en Guadarrama.

En la meta de Cercedilla, el italiano bate el brazo en lo alto sabedor de que ha ganado su primera grande. Ha resistido, ha insistido y ha decantado la balanza a su favor. A su lado entra Joaquim Rodríguez, quien acabará segundo, con la casi certeza de que vivía los últimos kilómetros de su carrera en La Vuelta.

Puertos de Guadarrama - Rubén Plaza JoanSeguidor
Foto: Unipublic/Miguelez

El día por eso fue de virreyes, porque la alegría de Fabio Aru fue sazonada por el héroe de Guadarrama aquella tarde derretida de calor. Cuando no se había ni cumplido la primera hora de carrera, ya empezaba a sonar Rubén Plaza en la narración de la jornada.

Su nombre ya salía en los reportes de los escapados a 130 kilómetros de meta, urdiendo sigilosamente su plan, un plan que Hansen, Dani Navarro, Vorganov y Moreno Moser, entre otros, no podían imaginar.

Así las cosas, Rubén Plaza, entonces enrolado en el Lampre, y ganador de la etapa de Gap del anterior Tour, abrió el tarro a 114 kilómetros de la meta en Cercedilla, es decir, a cuatro de coronar la Morcuera. Al alicantino aún le quedaba subir la propia Morcuera otra vez por el otro lado, tras un llano por el altiplano de Soto del Real, el regreso hacia meta pasando por Cotos y el falso llano de Navacerrada.

Una “bendita locura” que partió la carrera en dos: lo que ocurría entre los capos de la general y la travesía de Plaza por los campos al norte de Madrid manteniendo a raya un grupo numeroso de persecución en el que no iban precisamente cojos.

Tras nadar y nadar por los océanos de Guadarrama, Rubén Plaza tenía tiempo suficiente para celebrar y darse cuenta de lo que había realizado: una machada de 114 kilómetros en solitario.

La Vuelta terminó resolviéndose en el camino que acaba de dejar el ciclista nacido en Ibi, con un grupo y un pelotón absolutamente destrozados, y las leyendas de Guadarrama viniendo al presente, todas de golpe y sin previo aviso.

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Imagen: Unipublic/Graham Watson

 

El día que Denis Menchov fue príncipe de Guadarrama

Este artículo forma parte de ‘Historias de la Sierra de Guadarrama’, serie producida a propósito de la marcha cicloturista ‘Desafío Puertos de Guadarrama by Movistar’, una prueba inspirada en las grandes gestas del ciclismo que han tenido lugar en este enclave único de la geografía madrileña y segoviana.

La Faisanera es un plácido lugar verde, suave y sutil que discurre por la falda segoviana de la Sierra de Guadarrama. Un sitio, como cualquier otro por Palazuelos de Eresma, para ver la cara norte de la sierra. Uno de estos días de frágil primavera aún nevada, blanca, pero con ganas de romper el sigilo del frío, y sacar lo que la naturaleza lleva meses guardando.

Desde la Faisanera, una mañana de sábado de septiembre, en los albores del verano, las primeras luces del inminente otoño, el pelotón de la Vuelta a España se dispuso tomar la salida.

Era la Vuelta a España de 2012, una carrera loca, que enloqueció con la rivalidad a tres de Purito, Contador y Valverde. Una historia de final incierto y desenlace caótico. Fue la Vuelta de Fuente Dé, sin duda, la del vuelco inesperado, la del ataque desesperado, pero efectivo, de Alberto Contador.

La Vuelta que alimentó la leyenda del ciclista de Pinto.

 

Desafio Puertos de Guadarrama joanSeguidor

Con esa resaca cántabra, tres días después, la carrera entremezclaba lo mejor de su pasado con las pinceladas del presente.

Un final de escándalo, escandaloso, una referencia en la búsqueda de nuevas cimas que atrajeran público y treparan por entre los titulares. La Bola del Mundo, Navacerrada y más allá, esperaba al pelotón, en una serpiente de hormigón que subía montaña arriba, a los 2.300 metros por entre inasumibles rampas.

Pero antes, la tradición, Guadarrama en esencia, homenajeando a los clásicos de los ochenta y los noventa, cuando la etapa de la sierra de Madrid, por las dos vertientes de Guadarrama, convertía el epílogo en una fiesta de ciclismo.

Antes los colosos de siempre de Guadarrama. De tal suerte, Navafría era la antesala del encadenado de Canencia, Morcuera y Cotos, el tridente de Guadarrama que muchos del lugar se sabían, y saben, de carrerilla, como esas  alineaciones de fútbol de los sesenta.

La sierra de Guadarrama en verano, remojada por las primeras aguas, rejuvenecida por los primeros fríos de madrugada, era otra vez el escenario final de la Vuelta a España, como las Vueltas de abril y mayo.

Y las leyendas del lugar pusieron las cosas en su sitio.

Porque cualquiera no gana en Guadarrama, cualquiera no forma parte del corte bueno y cuando éste se provoca, nombres ilustres pueblan la escapada, tan ilustres como Juanjo Cobo, Simon Clarke, Dani Navarro, David de la Fuente, Richie Porte y Denis Menchov.

Ganadores de Vuelta, ganadores de etapas en las grandes, gente de peso y prestigio para respetar las tradiciones de una sierra de Guadarrama, como siempre para la ocasión, atestada de gente por doquier.

Una escapada que arrancó antes de los 1.500 metros de Canencia y se hizo fuerte en las pendientes de Morcuera, tan fuerte que ocho minutos dejaban atrás los favoritos, centrados en el final por si el líder, Alberto Contador, demostraba debilidad.

En Cotos, con la noticia del abandono de Tony Martin, la carrera entraba en fase roja. El grupo delantero perdía unidades y afrontaba con 17 ciclistas las dos subidas finales, la convencional de Navacerrada, y una vez llegado a la cima de siempre, el giro hacia el cielo, hacia la Bola del Mundo.

Desafio Puertos de Guadarrama

Cansancio extremo, tres semanas de competición que partieron de Pamplona e hicieron alto en casi todos los grandes puertos del norte de la península, hacían mella.

Jornada para grandes, de tal manera que se destacaban Denis Menchov y Richie Porte, para que el ruso acabara volando sólo por los pavimentos de cemento que llevan a la Bola del Mundo.

No era un cualquiera quien ganaba, Denis Menchov, príncipe de Guadarrama por un día, había hecho caza mayor en los cotos de la Vuelta, cuando vestía de dorado sus patrones, ganando dos generales, que se suman al Giro del centenario.

El triunfo de Denis Menchov era el telón que abría el paso de los favoritos. Desde casi el inicio, Purito probó la tarea imposible de remontar el destrozo que Contador le propinó en Fuente Dé.

El catalán descolgó rápido al madrileño, también a Alejandro Valverde, pero quedó ahí, en el tercer peldaño de una Vuelta que acariciaba, que tenía a tocar y que se torció. Una Vuelta a España que otra vez más tejió un capítulo de su leyenda en las entrañas de Guadarrama.

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Imágenes: Unipublic/Miguelez