Vuelta: La tragedia de los rivales de Froome

Le dice Alberto Contador a Juan Carlos García que va tachando segundos, que se le acaba la tinta en la libreta descontando tiempo hacia el podio, pero aquí lo único cierto es que el va tachando etapas, días enteros, jornadas contantes y sonantes hacia la Vuelta a España, es Chris Froome.

La Pandera fue un ejemplo, otro más, un paradigma de lo que es este ciclismo que el Team Sky se ha empeñado en imponer y que por lo visto triunfa. Ataca Esteban Chaves, ataca Vincenzo Nibali, Contador, como el perejil de todas las salsas está en todos los cortes, aunque no releve en ninguno.

Movistar ropa Endura vuelta 2017Atacan todos, hasta el motorista, pero Chris Froome quieto, al cobijo de los suyos, de Wouter Poels, el Sky de guardia en La Pandera. Y esa es la tragedia, que Froome no necesita salir a por nadie, porque los suyos se bastan y se sobran para cortar, reducir y acercar.

Ya sé, querríamos ver a Froome solo, sin esta solemne comparsa, pero es lo que hay, y él lo ha admitido a veces, que no sabría qué sería de él en otro equipo. Se abren conjeturas, pero Froome a día de hoy es el mejor de la carrera.

La jornada jienense ha tenido un poco de todo, aunque todo siga casi igual. Sólo el mal momento de David De la Cruz suena en una general que Froome parece tener a punto de caramelo para darle el golpe de gracia en la cronometrada de Logroño. Nibali lo intentó, pero no hizo camino. El italiano está fuerte, como hacia tiempo que no le veíamos.

Creo que si el primer puesto de Froome está cada vez más sentenciado, que cruce los dedos y recuerde la etapa de Antequera, el segundo de Nibali se va consolidando poco a poco, de forma sutil, como su pedaleo y fluir por la ruta.

El tercero está abierto a más no poder y toma cuerpo la opción, ojo, atención, de Wilco Kelderman, ahora mismo inquilino de esa plaza, que crece paulatinamente para redondear una campaña histórica en el Sunweb que podía poner ciclistas suyos en el ceremonial final de las tres grandes.

Contador dice que opta a esa plaza, tendrá que hacer algo diferente a secar ataques de rivales. Tiene por medio aún a Fabio Aru, Esteban Chaves, Illnur Zakarin y De la Cruz, no es poca tela que cortar.

Y la etapa fue para Rafal Majka, el tipo que siempre se guarda algo cuando va en compañía y lo da todo, en solitario. Se fue de una fuga de nivel, como casi todas en esta carrera, afrontó el último puerto con un minuto escaso y las leyendas de La Pandera resonando, pero llegó arriba solo y bien. Quiso demostrar que Bora es algo más que Peter Sagan y lo hizo. Grande el polaco.

Imagen tomada de Team Sky

Y Van Avermaet encontró el oro

En el ciclismo hay quienes las ven venir y quienes lo quieren tanto que van a por ello, sin reservas. Rio de Janeiro estuvo en un tris de coronar a un ciclista que, con todos los respetos, no merecía bañase en oro, como mucho el bronce que se llevó, que es el correspondería cuando iba fugado con Nibali y Henao.

Lo siento pero Rafal Majka no tenía que ser campeón. Obviamente hizo algún mérito, porque estar delante a esas alturas es admirable, pero el polaco hizo del precioso circuito de Río su catenaccio, y la verdad ya nos aburrimos mucho de racanería y conservadurismo en el Tour como para una carrera corrida a cuchillo nos diera un resultado similar.

Ha ganado un corredor que muchas veces ha sido parte perjudicada. Un ciclista que no escatima, que corre para ganar, no se esconde, exhibe, muestra y da lo que tiene. Greg Van Avermaet, campeón olímpico, pero qué bien suena. Este tipo, muchas veces ahogado por su generosidad ha tenido el premio que merece a una trayectoria que paulatinamente camina por los derroteros que le anticipábamos hace unos años, tantos como ocho, cuando empezó a destacar en la primera Vuelta España que ganó Contador.

A ver, Río ha sido una carrera dura, mucho, pero lejos de lo que preveían los nuestros. Ha ganado un clasicómano porque ha corrido como si fuera una clásica, y sin esperar ayuda de nadie. Nada de llegar de uno en uno y esas cosas. Van Avermaet se metió en el corte lejano, cuando pocos imaginaban que ahí podía estar la decision. Se rodeó de gente buena, como Geraint, otro que no se esconde, y de ahí fue nadando.

La carrera tuvo dos momentos clave, estelares. Vincezo Nibali es el hombre, el ciclista que dijo en el Tour que Rio le quitaba el sueño y lo demostró. Armó un corte como Dios manda, desnudando la enésima estrategia fallida de los españoles y luego mandando y demoschando en grupo de los mejores. Nibali se cayó, por segunda vez en quince días, y habrá de analizar qué narices le pasa para perder carreras ahí donde las ganaba antes, pero su desgracia se llevó por delante dos careras excepcionales, la suya y la de Henao, quien murió con el sueño colombiano como Uran lo hizo hace tres años en el mundial florentino. Destino cruel.

Menos mal que Van Avermaet estuvo listo con Fulgsang y armó la contra cuando había acuerdo, porque ahora la medalla colgaría del cuello de Majka, cuando lo único que hizo fue seguir a Nibali, nada más y nada menos, aunque para ello hubiera que estar insultante de forma.

Rio ha vuelto a demostrar que España, con buenos corredores, sigue sin mojar en carreras de un día. Sinceramente se creyó que esto iría por otros derroteros y pasó lo que pasó en Ponferrada, en Richmond y en tantos otros sitios desde que Samuel y Freire lograran las ultimas medallas de oro hace ya bastante tiempo. Purito tiró de casta, pero lo que dejó en la persecución le faltó en el momento de decidir. En Copacabana cruzó su última línea de meta. Le echaremos de menos, no todos se van a un paso de un podio olímpico. Él es un grande, y se retira como tal.

Imagen tomada de @COPEladeando

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Las Neo Bar de 226ers, deliciosamente reparadoras

El Tour pasa alegremente para Froome

Dos carreras, dos momentos, simultáneos. Adelante y atrás. En vanguardia la lucha por la etapa, el triunfo parcial, el minuto de gloria en el océano de un deporte centenario. Por la retaguardia, el juego de la general, la victoria final, el nombre que será cincelado en la base del trofeo del ganador.

Por delante dignidad, amor por este deporte, pasión y entrega. Grandes nombres que pasan en carrusel. Dumolin, Nibali, Dani Navarro,… hasta que el tema queda entre cuatro nombres que, en diferentes pasajes, nos levantan el bello: Zakarin, imperial pero asustadizo en los descensos, Alaphilippe, tan entregado que la bici no estuvo a la altura, Majka, desprovisto de servidumbres apuntando a ganar, y Pantano, entrega colombiana en la que dijeron iba a ser la edición del #SueñoAmarillo. El de IAM ha ganado una etapa memorable, nunca bajó los brazos, nunca se conformó y tuvo su premio.

Por detrás la desvergüenza, el total conformismo. Dicen, o dirán que no hay fuerzas, no sé, son tantas las veces que Movistar decepciona que cualquier explicación suena hueca. Vale ya de excusas, del viento, del peligro, son comparsas, auténtico relleno. Lanzan a Nelson Oliveira y Ion Izagirre sin mayor ambición ¿para qué probarlo?. El portugués fue útil tras el descenso final, nada relevante.

Enfrente Astana, un equipo que lidera un exganador del Tour que no aspira a más que una etapa como Nibali y Fabio Aru, un equipo que lleva la ambición por bandera. Si Sky se ha desgastado algo, ha sido por los hombres de turquesa, no lo olvidéis. Hablaba José Herrada en la curiosa retransmisión de TVE de la importancia de llevar gente por delante. Astana adelantó a Nibali y lo utilizó para lanzar a Aru. El italiano lo intentó y Valverde secó la tentativa. Lo llaman el «Movisky». Luego vino Bardet, dos veces además, la segunda también conjurado por Valverde. Viendo los movimientos de los azules podemos decir que Wouter Poels saldrá del Tour con el ego inflado.

Ya veis Aru y Bardet, para qué más. Décimo y séptimo en la general, a más de cinco y cuatro minutos en la general. Toda la presión al líder viene por ahí. Los otros valoran su puesto en la general, en Mollema, Yates e incluso Porte lo podemos enteren. Para Movistar, la general por equipos, trabajan para ello, les va en ello. A final de temporada poner que eres el mejor equipo de Tour en el clipping viste mucho. Genial.

Pero el Tour pasa, se va, el tren no espera, y ese tren es negro, lleva el nombre de Sky en el pecho y quiere llevarse el amarillo por cuarta vez en cinco años, a la vista de que el concurso se declara desierto. Etapas preciosas, en paisaje y perfil, todo para nada. No se podría decir que la organización no ha puesto de su parte, otra cosa es la concurrencia que ve la vida pasar con más pena que gloria. Es lo que hay.

Imagen tomada del FB del Team Sky

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Probamos el Ambit3 Vertical de Suunto y esto nos pareció

#CiclismoFicción: la tercera semana del #Giro

La cosa se pone seria, lo está desde hace algunos dias, pero el margen ahora no es estrecho, es que sencillamente no existe. El Giro de Italia 2016 encara la fase final, las ultimas seis etapas embotado en la parte norte de la península itálica para morir en Turín, la misma ciudad que hace cinco años le dio la salida para conmemorar los 150 años de la unificación italiana.

La general no ofrece muchas dudas, al menos no en lo numérico. Steven Kruijswijk está muy fuerte, ha hecho hasta el momento la carrera perfecta y cualquier apuesta que se haga sobre lo que puede pasar tiene su nombre como primera opción. Dicen que no tiene equipo y eso es apresurado decirlo. A ver el Lotto-Jumbo no se distingue por el conocimiento de muchos de sus nombres, pero igual que se sacaron un Primoz Roglic sin verlo venir, pueden tener sorpresitas guardadas, al margen que a su escuadra no se le ha exigido como para asegurar que no va a estar con él.

Sobre el papel Esteban Chaves es la opción más cercana al holandés de rosa. Dos inconvenientes le vemos al colombiano, nunca se ha visto en una así, y puede ser sencillo que se conforme con lo logrado, y su desventaja es importante. Con todo, no tirad las campanas al vuelo, hace un año Alberto Contador parecía intocable y acabó pidiendo en la hora en Sestriere. Por otro lado, al inicio del Giro aludimos al espíritu del Leicester, todo es posible si se cree en ello.

Sea como fuere quienes no tienen nada que perder son los otros dos que vienen por detrás. Tanto Valverde como Nibali tienen equipo, eso se dice hasta que la carretera demuestra que no siempre es así, pero no la forma de los dos de punta. Valverde ansía el podio, es loable, es curioso que con su palmarés quiera ese premio, y si corre para lograrlo posiblemente lo haga a la defensiva.

Queda Nibali. “Es obvio que sólo me vale la victoria” dijo al inicio. No está en la forma que desearía, no al nivel de sus rivales, pero tened por seguro que dejará la vida en el empeño. Cuando se quedó en el Giau el otro día otro habría desistido, él no, luchó hasta el final. Una travesía por el desierto dolomítico.

Por el camino tiene etapas como las de Andalo y Pinerolo donde exhibir músculo y tiene el mejor equipo. Tomar riesgos se dice, y lo ha hecho muchas veces ya. Fue curiosa la reacción de Chente, el conductor de los azules, respecto a los peligros que asume en los descensos, como si ello no fuera una carta que muchos han jugado para ganar. Nibali baja bien, y lo aprovecha, Nibali juega muy bien en las tácticas y lo practica. Es lo normal cuando se habla de deporte de alta competición.

Muy por detrás hay outsiders pero nada más. Rafal Majka e Ilnur Zakarin no nos parecen en condiciones de superar las desventajas acumuladas a no ser que enloquezcan con uno de esos ataques que tanto evocamos y tan poco vemos. Todo lo que fuera dar el salto a los mejores sería una sorpresa, porque no deberían fallar ni uno, ni dos, y sí cuatro.

Esto es la última semana, el rush final, lo que no se haga ahora, no habrá enmienda.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

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Suunto Ambit3 Vertical4

El buque insignia de Suunto se renueva y nos ha dejado este Ambit3, un reloj con clara orientación a los amantes de largas sesiones

Carpetazo a la Vuelta

Poco a poco, van apagándose los ecos que ha acaparado la máxima competición ciclista con que cuenta nuestro país: la Vuelta a España, un evento que acaba de cumplir su 70ª edición, tomando en consideración que se puso en marcha en el año 1935, con triunfo del belga Gustaaf Deloor, en una época no precisamente propicia e inestable a raíz de los movimientos políticos que asolaron nuestro suelo. A lo largo de su denso historial, la Vuelta tuvo sus interrupciones de marcada trascendencia como fue la Segunda Guerra Mundial, que dejó a Europa en una situación un tanto preocupante. En realidad la ronda española ha dejado de celebrarse una decena de años.

A rey muerto, rey puesto

En la presente edición, más que en las ediciones anteriores, la Vuelta se ha caracterizado por sus repetidas emociones y también por la incertidumbre en torno al resultado final, un factor que nos ha tenido en vilo hasta la conclusión de la penúltima etapa con final en la población de Cercedilla, una etapa dramática para Tom Dumoulin, que no pudo soportar un ataque certero llevado a cabo por el conjunto Astana, subiendo el Puerto de la Corcuera, que protegía en sus filas al corredor transalpino Fabio Aru, el adversario más directo que tuvo este ciclista holandés oriundo de la histórica ciudad de Maastricht, al sur del País de los tulipanes, que acariciaba la sugestiva camiseta roja de líder hasta el último suspiro.

Al desarrollar este comentario nos viene a la mente aquel popular refrán castellano que dice: “A rey muerto, rey puesto”. Os preguntaréis a qué viene esta frase un tanto chocante, de contraste, vertida en este párrafo. Todos sabemos que uno de los hechos que más nos impresionó fue la obligada y justa exclusión en la segunda etapa del italiano Vincenzo Nibali, uno de los favoritos, por agarrarse durante un largo trecho a un bidón que le ofrecía el conductor del automóvil de su escuadra, perteneciente precisamente al conjunto Astana, cuya sede se sitúa en el Ducado de Luxemburgo.

Al acontecer este contratiempo poco habíamos imaginado en nuestro fuero interno que el que sucediera a Nibali en tomar las riendas y responsabilidad del equipo fuera precisamente Aru, su gregario de turno, encuadrado en esta formación que se distingue por su vestimenta inconfundible de color azul celeste. Vale la pena recordar de Aru, ya conocido en las lides ciclistas, aquel segundo puesto que obtuvo en el último Giro de Italia, que se adjudicó Alberto Contador, la gran ausencia que ha tenido la Vuelta.

Incertidumbre hasta el final

Las altas montañas, por lo demás, han acaparado a todas luces un papel preponderante y resolutivo, en tanto que el sector de contrarreloj, celebrado en los alrededores de la ciudad de Burgos, que provocó la meteórica ascensión en la clasificación general del líder Tom Dumoulin, especialista nato individual contra las manecillas del reloj, quedó al margen en un segundo plano tras haber vivido lo que vivimos.

Aprovechamos para manifestar nuestro pesar por la obligada retirada por caída de otro favorito, el británico Chris Froome, el triunfador del pasado Tour, que venía a por todas. Su sueño se esfumó como una pompa de jabón dominada por los aires que envuelven a nuestro firmamento.

Los organizadores técnicos de la Vuelta, los artífices de un itinerario más o menos complicado, un verdadero laberinto, establecieron un recorrido acentuadamente difícil que ha tenido sus consecuencias positivas y hasta negativas, si se quiere, dejando una clasificación incierta desde los principios al fin. Día tras día, hacíamos mención o alusión a los segundos de tiempo con que se jugaba la partida. Siempre barajábamos entre manos las cartas de la baraja con sus correspondientes incógnitas por dilucidar.

Cuando la mayoría creía que Tom Dumoulin se iba a hacer suya la Vuelta, surgió el esforzado Fabio Aru, un extraño contraste cuando se le veía pedalear cuesta arriba con un estilo retorcido muy propio y hasta raro. A cada pedaleada nos daba la sensación que se iba a morir, perdonen expresión tan explícita. Tiene 25 años y nació en la localidad de San Gavino Monreale, emplazada en la isla de Cerdeña. Mide un metro con 81 y pesa 62 livianos kilogramos.

Demasiadas caídas y demasiados abandonos

Hace tiempo que venimos anunciando que las carreras por etapas abusan por contener una participación un tanto abultada. Comprendemos que las casas comerciales y demás intenten a toda costa engrandecer al gran pelotón de ciclistas más o menos conocidos. Se invierte en gran manera, ya se sabe, un montón de dinero. Constituye una fastuosa inversión. Nos da la sensación que los organizadores no han medido las consecuencias funestas que un conglomerado así nos proporciona. Los corredores, sumamente apretujados, pedalean muchas veces por tortuosas y estrechas carreteras. Por la lógica se han acumulado casi a diario varios accidentes, más o menos graves, en esta Vuelta. Ha sido la comidilla cotidiana de todos los días, una pesadilla sistemática y sin pausa.

En la línea de salida, que tuvo lugar en el veraniego Puerto Banús, en la provincia de Málaga, se alinearon 198 concurrentes, distribuidos en veintidós equipos, con nueve integrantes por unidad o representación. Haciendo una revisión rápida, hemos registrado un número elevado de abandonos, sea por caída, sea por enfermedad. Es algo que nos ha pesado. Por ejemplo, dejando aparte a Nibali y a Froome, que eran los máximos exponentes en la ronda y que se nos fueron en un abrir y cerrar de ojos, anotamos primordialmente una relación sucinta y a la vez substanciosa de algunos corredores que nos dijeron adiós un tanto repentinamente.

Veamos, pues, ese elenco: el suizo Cancellara, los estadounidenses Van Garderen y Talanski, el francés Bouhanni, el irlandés Martin, el eslovaco Sagan, el portugués Paulinho, el español Sánchez, los belgas De Gendt y Van den Broeck, entre tantos varios otros bien conocidos en el ámbito ciclista. Para cerrar nuestro aserto exponemos que fueron cuarenta los corredores que se fueron a sus respectivas casas. Así de claro y preciso. Algo ha fallado por ahí. Y es que hay en la lista que publicamos destacados atletas del pedal. ¿Acaso no nos hemos percatado de lo sucedido, cosa que ahora aireamos?

Creemos, con todo, que hay que tomar en consideración la dureza que ha presidido la competición a raíz de la inclusión, por un lado, de nada menos 44 puertos de alta montaña, y, por el otro, las altos promedios alcanzados, etapa tras etapa, a pesar de la monotonía repetitiva reflejada en varias de ellas. Más de lo normal.

La fortaleza extranjera y la insistencia de los españoles

Entre los diez primeros clasificados, nos encontramos como es natural con el conglomerado extranjero integrado por el italiano Fabio Aru (1º), el polaco Rafal Majka (3º), los colombianos Nairo Quintana (4º) y Esteban Chaves (5º), el holandés Tom Dumoulin (6º) y el sudafricano Louis Meintjes (10º). En capítulo aparte merecen mención los representantes españoles que lograron conquistar honoríficos puestos de consabido prestigio. Fueron concretamente el catalán Joaquim Rodríguez, gracias a su desenvuelto tesón y constancia (2º), el murciano Alejandro Valverde (7º), el vasco Mikel Nieve ((8º) y el madrileño Daniel Moreno (9º). Situarse entre los diez primeros, en una carrera de largo kilometraje, es algo que vale la pena consignar y dar difusión a los cuatro vientos.

Para cerrar, un dato estadístico de Alberto Contador

A estas alturas, nos viene en mente la figura de Alberto Contador, excepcional ciclista y gran ausente en la Vuelta, que ha reunido en su palmarés triunfos absolutos en las tres grandes competiciones por etapas del calendario internacional: El Giro, el Tour y la Vuelta, al igual que un día no lejano lo consiguieron corredores de gran renombre, tales como lo fueron los franceses Bernard Hinault y Jacques Anquetil, el italiano Felice Gimondi y el belga Eddy Merckx.

Se da la circunstancia de que Contador tiene en su haber dos victorias en el Tour de Francia (2007-2009), dos más en el Giro de Italia (2008-2015) y tres en la Vuelta a España (2008-2012-2014), siendo desposeído de un Tour y un Giro, en el año 2011, por la sanción habida con motivo del tan cacareado asunto de dopaje bajo la titulación de “Operación Puerto”, un hecho muy desagradable y altamente divulgado en su época a través de los medios informativos.

Son datos dignos para recordar, siquiera por parte de los adeptos a los valores estadísticos que nos ofrece el deporte de la bicicleta, que siempre los hay y que son dignos de tomar en consideración abierta. Al no quedar escritos o plasmados en los papeles, posiblemente no son propicios para recordar. La memoria alguna vez es flaca en eso de evocar y de rememorar.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada del FB de la Vuelta a España

Más emoción no cabe

La Vuelta a España lleva cubiertas hasta el momento en que procedemos a empuñar la pluma concretamente dieciséis etapas, afrontando ahora el segundo día de descanso antes de introducirse en la disputa de la etapa individual de la especialidad de contrarreloj, que tendrá lugar en los alrededores de la ciudad de Burgos, un sector que encierra una indudable e inusitada trascendencia cara al resultado final de la prueba, que concluirá el próximo domingo, una vez más, en Madrid. No hay duda que esta es la motivación más importante que persiguen los aficionados y los que no lo son tanto afiliados al deporte de las dos ruedas.

Más emoción no cabe

Hemos de convenir que la decimosexta etapa de la Vuelta a España, que ha concluido en la cima del desafiante puerto de la Ermita de Alba, emplazado en el valle de Quirós, una empinada ascensión asturiana que nos ha recordado el Alto de L´Angliru, un punto tradicional en otros tiempos de la ronda española, y que ha constituido a todas luces un evento del que guardamos una buena memoria.

Fue impresionante y cerrado el duelo que sostuvieron en este trazado tortuoso y final librado básicamente por el italiano Fabio Aru, que defendía con alto coraje y voluntad su casaca roja, el español Joaquim Rodríguez, que pudo al fin desbancar al líder, siquiera por un segundo de ventaja, el polaco Rafal Majka y finalmente el holandés Tom Dumoulin.

Nos da la sensación de que estos cuatro mosqueteros ciclistas que acabamos de nombrar, son los que tienen en sus piernas la opción más preclara para adjudicarse en definitiva la ronda española. La incógnita, ahora, está en saber cuál de los cuatro será el agraciado para recibir el máximo galardón. Ahora se disfrutará de un día de descanso, y a continuación se librará la aludida etapa individual contra el cronómetro bajo una distancia de 39 kilómetros, dotada prácticamente de configuración casi llana del todo. De allí forzosamente se podrán sacar conclusiones de alto copete y casi definitivas. No habrá mucho más a contar, aunque todos sabemos que nadie podrá tocar las campanas al vuelo antes de tiempo; es decir, hasta finalizar en definitiva la competición.

Un veterano de la bicicleta que se hace oír

Los organizadores del trazado de esta Vuelta, con etapas de toda índole más o menos difíciles, pueden sentirse a estas horas satisfechos tal como se han desarrollado los acontecimientos, manteniéndonos a todos en vilo y encerrados en la incertidumbre. Por otra parte, debemos hacer eco en torno a la victoria alcanzada por el veterano ciclista luxemburgués, Frank Schleck (35 años), que llevaba tiempo si brillar en los ruedos ciclistas, una justa compensación a su veteranía y a su tesón, gracias a haber sabido aprovechar una escapada matutina integrada por una decena de animosos corredores amantes de la aventura y de una gloria algo efímera. Fue una escapada que brilló en el curso de la decimosexta etapa, una etapa asturiana con lustre. Aunque la verdadera batalla, todo hay que decirlo, la protagonizaron los corredores de más prestigio o cotizados que pedaleaban más atrás en un ambiente candente; al rojo vivo, en su fase postrera.

La presencia de los españoles

Día tras día, como es natural, nos entra la curiosidad por observar tal como se desenvuelven nuestros representantes españoles al objeto de hacer números y ponderaciones. Aparte del asalto del catalán de Parets y afincado en el principado de Andorra, Joaquim Rodríguez, que se ha colocado líder de la carrera, con un segundo de ventaja, un honor que hemos de festejar como buenos patriotas que somos, relucen en el elenco el vasco Mikel Nieve (5º), a dos minutos y medio del primero de la clasificación general. Algo más atrás, encontramos al madrileño Daniel Moreno (7º), que va de menos a más, y dentro de la decena, se encuentra el murciano Alejandro Valverde (9º), que está perdiendo algo de fuelle, pero que nos admira su constancia frente al esfuerzo. Siempre se encuentra entre los primeros. Esto lo valoramos como un buen signo.

La Vuelta se quedó sin Froome y sin Nibali, accidentados

No hay duda de que eran antes de salir los dos favoritos máximos para optar por el triunfo en la Vuelta. Pero en ciclismo no se pueden hacer apuestas así como así. Tal como se mueve este deporte, hoy en día, nos resulta más que difícil el vaticinar tal cosa o tal otra. Los protagonistas de primera línea se mantienen en un círculo más bien equilibrado. Los tiempos que saldaron los Coppi, Merckx, Bartali, Bobet, Anquetil, Hinault, Lemond, Induráin  y tantos otros, que harían interminable esta relación, es más que difícil que vuelvan bajo otros nombres y de una manera más permanente.

El ciclismo de hoy es más explosivo ante sus constantes altibajos que viene reflejando. Los corredores actuales dominan la situación de manera intermitente, inestable. No existe la continuidad que bien desearíamos. La gloria brilla en un momento determinado y se apaga con el paso de los meses. Es una danza que se vale de muchos protagonistas, protagonistas que salen a la palestra y que a continuación desaparecen como por arte de magia.

 Por  Gerardo  Fuster

Imagen tomada de FB de la Vuelta a España

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Llévate una equipación del Movistar… 

Tour de Francia #11, la contracrónica

La undécima etapa del Tour, la segunda vivida en el corazón de los Pirineos, aún mostrándonos su dureza a raíz de los puertos que se debieron salvar a lo largo del intrincado recorrido, no nos deparó cambios de importancia en la tabla de la clasificación general, y más concretamente en los primeros puestos en litigio, que es lo que en verdad los aficionados saben valorar. Basta señalar, por ejemplo, que los ocho primeros lugares de la tabla no sufrieron cambios o alteraciones.

Están allí los mismos que estaban. Los puestos se mantuvieron inamovibles. Queda mucha competición por delante y de ahí que predomine por parte de los ciclistas cierta predisposición de no dilapidar energías así como así ante el compendio de etapas que quedan todavía por correr, adicionando, además, en la última semana los contrafuertes alpinos, que siempre por tradición han tenido una marcada trascendencia.

El polaco Majka acaparó el protagonismo del día

A primera vista, si que cabe destacar de todo lo que aconteció en la jornada el triunfo bien trabajado por el joven ciclista polaco Rafal Majka (25 años), un atleta del pedal con ímpetu y voluntad que ya el pasado año sobresalió de forma destacada. Esta vez, asestó la estocada certera en las estribaciones del célebre puerto del Tourmalet, cuya cima se situaba a 2.115 metros de altura, aprovechando que formaba parte de un grupo de ocho unidades que se puso en cabeza desde los primeros compases de la etapa en cuestión.

Su escapada final culminó con un éxito bien cincelado y bien merecido, con un margen de un minuto de ventaja sobre los dos clasificados a continuación: el irlandés Daniel Martin y el alemán Emanuel Buchmann, actores a valorar siquiera por un día.

A continuación y de una manera escalonada fueron llegando corredores, tales como el belga Pauwels (4º), los franceses Voeckler (5º) y Simon (6º), el holandés Mollema (7º) y el español Valverde (8º), que encabezaba precisamente un conglomerado de escogidos entre los cuales figuraban el británico Chris Froome, el sólido líder, el colombiano Nairo Quintana y los españoles Alberto Contador y Samuel Sánchez entre otros varios, que cruzarían la meta a más de cinco minutos.

No estaban allí ni el italiano Vincenzo Nibali ni tampoco Joaquim Rodríguez, hay que decirlo, afectado por una caída sin graves consecuencias. Nuestro representante catalán no acaba de encontrar la buena línea que todos deseábamos antes de iniciarse el Tour.

El equipo Sky sabe lo que tiene entre manos

Un elogio persistente a favor del poderoso equipo Team Sky, un equipo que se desenvuelve tácticamente como anillo al dedo arropando eficazmente a su líder Froome. Cabe destacar con especial predilección en este cometido al australiano Richie Porte y al inglés Geraint Thomas, sus dos ayudantes más significativos.

La escuadra presenta un cuadro perfectamente amoldado a los esfuerzos y con un potencial muy elevado para afrontar una carrera de largo kilometraje de esta índole que requiere incontables recursos ante los hechos inesperados que suelen surgir. Posee un cuadro técnico de hombres muy preparados que conocen a fondo los medios a aplicar ante los imprevistos que suelen imperar en ese género de pruebas.

¿Un porvenir halagador para Majka?

A esta pregunta que nos hacemos, queremos responder con cierto optimismo a la vista de su corta, pero ascendente carrera deportiva imperante tras haber cumplido los 25 años. Lo más llamativo dentro de su historial fue la actuación que tuvo en el Tour de Francia celebrado en la temporada del pasado año, en donde se adjudicó sin interferencias el Gran Premio de la Montaña en una modalidad que viene a ser su mejor arma. No contento con aquello tuvo la ocasión de adjudicarse un par de etapas que finalizaron en las poblaciones de Risoul (14ª etapa) y de Saint-Lary-Soulan (17ª). Aparte se llevó la Vuelta a Polonia, además de dos etapas.

Majka nació en la ciudad de Zegatowice y pertenece actualmente al equipo ruso Saxo Bank/Tinkoff, es decir, en la misma formación en el que figura nuestro representante Alberto Contador. Mide un metro con 73 de estatura y pesa 62 kilos, factores apropiados para destacar en la alta montaña.

Antes de dedicarse en serio al ciclismo, sintió cierta tendencia a darle al balón en el deporte futbolístico. Un compañero de estudios le animó a introducirse en el mundo de las dos ruedas. Se inscribió como corredor profesional en el año 2011. Cabe destacar también sus actuaciones en el Giro de Italia, alcanzando sendas plazas de honor en la clasificación general final. Fue séptimo en el año 2013 y sexto al año siguiente.

Razones tenemos para no equivocarnos, y más aquilatando su temprana edad. Tiene tiempo por delante para lucirse.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada del FB del Tour de Francia

Nuestro pequeño cuaderno de verano

Unos días de asueto y cierto respiro y retomamos el camino. En la cuenta atrás hacia la Vuelta a España no queremos dejar de lado varios aspectos que nos han llamado la atención en este mal llamado periodo de transición por cuanto la actualidad no ha escatimado buenos titulares.

Majka y la buena estrella. El polaco fue profeta en su tierra, un ciclista nublado antes del Tour que ahora es un matador, encima renovado por el patrón ruso. Se lleva la vuelta de su país tras ser el mejor en la montaña, irresistible para dos Movistar en buen tono tras el Tour. Curiosa la buena sintonía de Jon Izaguirre con esta carrera que entra de forma especial en su bagaje. En los últimos alientos de Euskaltel el año pasado ahí estuvo y esta vez nuevamente rozando el éxito.

Sagan no garantiza el cielo. Abierto el mercado de fichajes, al menos de forma oficial y transparente, se confirma que Tinkoff tendrá dos grandes jefes. La entrada de Peter Sagan aunque notoria no es sinónimo de grandes triunfos, porque quizá sea más interesante garantizarle un buen bloque alrededor pues el astro no puede sacar y rematar los córner. Veremos que le transmiten de buen hacer y sapiencia auténticos cazadores como Rogers, Benatti y compañía.

La carrera por el Ártico, el último eslabón. Vean un momento si pueden el triunfo de Lars Peter Nordhaug por las abrasadas colinas de la coronilla noruega. Una carrera en medio de la nada, en un clima gélido –incluso en agosto-  pero de una plasticidad inmensa, excelsa, eso es esta carrera que nos ofrece un nuevo motivo para creer que este deporte es grande, único e infinito. Allí donde los anfiteatros son circos glaciares, allí donde el hombre conquista el mar (como en Dubai), allí podrá circular el ciclismo.

Stybar y la bicicleta volando. La caída del año puede haber sido la Zdenek Stybar en el Eneco Tour. Un bandazo, un corrimiento tectónico en el pelotón y el campeón del mundo de ciclocross mordido entre las vallas y los ciclistas para hacer una voltereta y ver su bicicleta volando varios metros. Una de esas caídas que pasan a los anales por su crudeza, como las de Addoujaparov y Jalabert en el Tour, o la que provocó Cavendish en Suiza. Los pelos de punta.

Y acabamos esta “vuelta al cole” con un copia y pega sobre el actor más ciclista, Robin Williams. La pieza de Jordi Escrihuela refleja el amor de este excelente artista por el ciclismo:

No podían faltar unas palabras en memoria de Robin Williams ya que, como sabéis, el famoso actor americano era un fanático del ciclismo de carretera, un amor que comenzó a gestarse cuando Armstrong (su amigo «uniball») lo invitó a una pedalada benéfica para recaptar fondos para la lucha contra el cáncer. Dicen que su práctica le ayudó a superar una adición a las drogas, probablemente cocaína.

Según la revista Forbes, Williams llegó a ganar una media de 55 millones de dólares por año y dicen que en un garaje de los suburbios de San Francisco (Seacliff) tenía más de 50 bicicletas de todos los precios y que se gastaba unos 100.000 dólares al año en equipamiento ciclista.
Robin era un auténtico rodador que, a pesar de su aspecto «poco ciclista», caminaba lo suficiente para dejar a muchos de nosotros de rueda.
Explican que cuando le daba el punto cogía su jet privado y se iba a subir puertos, incluso a Europa, donde era habitual verle en el Tour de Francia todos los años.
Su bici estrella era una Serotta Ottrott con cuadro de carbono y rácores de titanio, valorada en 5000 dólares.
No se afeitaba las piernas y le gustaba entrenar por carreteras entre viñas como la de Sonoma County y cuando salía de su casa a rodar ponía una bandera en su jardín.
Robin, no podrás ser bicentenario, pero allá donde estés siempre te recordaremos.