Rasos de Peguera, paso de bandoleros

Rasos de Peguera es otro coloso olvidado

Joan García Ayllón, en su libro:”Ciclistes! Altimetries de totes les carreteres de Barcelona (1994)”, mi biblia cicloturista, nos presentaba esta joya llamada Rasos de Peguera de la siguiente manera:

“1ª Especial: Rasos de Peguera o Creu del Cabrer. Considerado el 4º más duro de Catalunya. Desde Colonia Rosal pasando por Berga hasta la estación de esquí a 1892 m de altura, 18 km, siendo los 15 finales a más de un 7% de media y para ciclistas muy bien preparados”.

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Conocida como la subida a los Rasos de Peguera, o simplemente los Rasos, Joan nos daba a conocer esta otra curiosa denominación del coll: Creu del Cabrer, por la gran cruz que corona el puerto y que nos acoge al finalizar la escalada, parada obligada de todos aquellos ciclistas que quieran echarse unas fotos junto al Sant Crist y el cartel del puerto.

Todo un hito para guardar y enmarcar.

Pero puede que ese nombre haya sido labrado por una leyenda que narra que, en el siglo XIX, en las cuevas de esta montaña, se escondía un famoso bandolero: Josep Costa “El Cabrer”, un bandido que robaba a los ricos para dárselo a los pobres.

Pastor de cabras en una rica masía de Berga, fue un ladrón idealizado que destacaba por su carácter pacífico.

Nunca utilizó la violencia, sino su inteligencia y astucia, maestro en el disfraz, escogía siempre víctimas ricas, sintiendo predilección por robar a rectores.

Como suele suceder, a El Cabrer, solo lo pudieron capturar por una traición, aquí mismo, en los Rasos de Peguera, donde de camino a Berga los mossos d’esquadra lo fusilaron.

Si subís este puerto, podréis acordaros de esta historia cuando en el kilómetro 11 de ascensión, ya a 1482 m de altitud, antes de afrontar uno de los tramos más difíciles del puerto, atraveséis el curioso Pas del Lladres (paso de ladrones), un bello tramo de carretera encajonado entre grandes rocas.

Dejando de un lado mitos y bandoleros, Rasos de Peguera tiene el honor histórico, y esto no es leyenda, de ser el primer núcleo de pistas de esquí de Catalunya, que se remonta a principios del siglo XX.

Aquí nació la práctica y la pasión por este deporte de invierno en tierras catalanas, con esta pequeña estación de montaña, ideal para iniciarse en familia y dar los primeros pasos con los esquís, aunque sean con pocos centímetros de nieve.

Mi primera vez

Rasos fue mi primer grande, mi primera experiencia en un gran puerto.

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Lo subí en una de las recordadas «marxes» que organizaban algunos clubes catalanes que lograban pequeños milagros como celebrar este tipo de marchas que pertenecían a un selecto circuito de pruebas (todos lo conocíamos como La Xallenge).

Era un caluroso 4 de julio de 1993.

Por delante, un corto y duro recorrido de solo 80 km entre Gironella y Rasos de Peguera, todo un desconocido para mí.

Sabía a la altura que se ascendía, la longitud, y que a todo el que le preguntaba solo sabía contestarme que “era muy duro”.

Con temor, empecé a subir con los desarrollos que se movían entonces, en mi caso un 42 x 24.

¡Qué valor! ¿Verdad? No teníamos otra cosa.

Pero lo subí, vaya si lo subí, y del tirón…

Lo pasé mal, junto a otros que como yo íbamos bastante atrancados, pero aún tengo grabado en mi memoria aquel día como el de haber hecho una gran faena.

Había ciclistas que no podían más y se tumbaban en la cuneta, otros que subían andando, y los que pedaleábamos como podíamos.

No era frecuente meter tanta dureza en aquel tipo de marchas, pero fue todo un descubrimiento para mí, donde quedé enamorado definitivamente de la alta montaña y sus paisajes.

Recuerdo ascender más de medio puerto con un jovencísimo chaval de la U.E. Sants.

Debería tener la edad mínima para participar, unos 16 años, charlando con él y dándonos ánimos mutuamente fuimos superando rampa tras rampa.

Llegamos a la parte final de la carretera, donde se bifurca, siendo el carril de la derecha de subida y el de la izquierda de bajada, formando un curioso bucle, antes de encarar la última y dura cuesta con la visión de la gran cruz por encima de nuestras cabezas.

La llegada fue indescriptible, cruzamos juntos la imaginaria línea de meta alzando nuestras manos en señal de victoria.

No me acuerdo del nombre de aquel chico, pero si estuviera leyendo estas líneas y se acordara de este hecho, me encantaría saludarlo afectuosamente. Han pasado 27 años.

Después de esta primera escalada, lo volví a subir cuatro veces más.

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La segunda, al poco tiempo en aquella misma marcha, que iba alternando la ascensión al coloso con otra bastante más corta (4,5 km) pero muy explosiva (7,5% de media) con rampas máximas al 12%: la subida al Santuari de Queralt, con unas vistas privilegiadas sobre la ciudad de Berga.

Luego volví en 1999, un día de excursión que me tomé para ver en directo la 13ª etapa de la Vuelta entre La Farga de Moles y los Rassos de Peguera, una escalada que realicé entre aficionados, cicloturistas, senderistas, boletaires y gente de todas las edades que subían andando para contemplar en directo a sus ídolos y ver en primera línea…

…la reivindicación de Zülle

Lo vimos pasar como una exhalación, subiendo rápido y fuerte en busca de la victoria, encarando la dura rampa final del puerto.

El genuino Álex Zülle conseguía el segundo triunfo de etapa para el Banesto, en la recordada edición de la Vuelta a España del 99.

Zülle levantaba por fin los brazos en la meta de un gran puerto, con aroma a Tour, este poco conocido Rasos de Peguera, en lo que a ciclismo profesional se refiere.

Ascendido en solo tres ocasiones en la ronda española: en 1981, con victoria para Belda; 1984 con victoria para Caritoux, seguido de Perico que nos dio la alegría de salir de amarillo de este Gigante del Berguedà, y en aquel 18 de septiembre de 1999, donde el suizo se reivindicaba después de un año 98 horrible y de haber fallado desde el principio en aquella Vuelta, cayendo de la lista de favoritos a las primeras de cambio.

Yo estaba ubicado en una cuneta a 500 m de la llegada, contemplando una panorámica excepcional, con la visión de toda la carretera en sus kilómetros finales.

Aquí fue donde Zülle tuvo claro que iba a ganar, demarrando en seco en cuanto vio la pancarta del premio de la montaña, dejando atrás a su compañero de escapada Miceli.

Detrás de ellos, como motos y a menos de 40 segundos, pasaban Jiménez, Piepoli, Heras y Ullrich, que consiguió aguantar el amarillo y proclamarse vencedor en Madrid.

Fue una etapa decisiva: Tonkov quedaba fuera de combate, Olano sufría con su costilla rota por la caída sufrida en el Cordal, Igor González de Galdeano pasó muchas dificultades y los Banesto (Jiménez, Beltrán y Piepoli) no podían atacar teniendo a Zülle delante.

Solo le probaba Roberto Heras, pero en cuanto se movía, Jiménez no le dejaba escapar, lo que a Jan le vino muy bien: “Es un puerto difícil que se ha subido muy fuerte, pero en todo momento he tenido buenas sensaciones”, comentó el alemán.

Para los que aún no habéis degustado esta cuesta, no se os ocurra menospreciarla.

Quizás no tenga la dureza de otros puertos vecinos, como el terrorífico Pradell, pero es un coll que hay que tomárselo muy en serio, sin confianzas, y que a vuestro paso por el Pas del Lladres, creyéndoos ya cerca de la victoria final, que no venga alguien por detrás y os robe la cartera.

Foto: https://www.1001puertos.com