El gran ejemplo francés en la muerte de Poulidor

Raymond Poulidor muerte JoanSeguidor

La presencia de la muerte Poulidor en medios, portadas, informativos y redes en Francia habla del cariño de este país por el corredor y el respeto por el ciclismo y su tradición

 

El miércoles, día de la muerte de Poulidor, no era un día cualquiera en Francia.

Era 13 de noviembre, una jornada negra, hace cuatro años sucedió todo lo del Bataclan y el Estadio de Francia, recuerdos agrios, relativamente recientes, entremezclados con la muerte de un mito llamado Raymond Poulidor.

Que era un mito está fuera de toda duda, que fue queridísimo, también.

 

 

Darse un paseo por las portadas del jueves catorce en Francia fue un canto al respeto por la historia de los países que demuestran tener memoria, cosa que veo no cunde nada por este lado de los Pirineos, cariño por la tradición y querencia por la cultura cultural, que en definitiva es la que nos ha hecho llegar aquí.

Francia le ha hecho un homenaje de estado, transversal y a todos los niveles a uno de sus mitos con una contundencia que no podemos menos que admirar y envidiar.

 

Porque Raymond Poulidor habrá dejado el ciclismo hace tiempo, se habrá paseado mucho por las salidas del Tour, habrá estado más o menos presente en los medios -no hay librería que no tenga su biografía-, que él en sí era la imagen de muchas de las cosas que han sucedido en el país vecino.

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Raymond Poulidor fue un personaje queridísimo precisamente por que estuvo muy apegado a lo francés, lo local, lo cercano.

En los tiempos que la globalización amenaza con diluir logros nacionales, tiempos de deslocalización, peores salarios, precarización en todos los sentidos… Poulidor era el símbolo de todo lo contrario.

Era el ejemplo de los logros de la Francia rural, de la Francia trabajadora, de la base de la gente.

Nunca leí nada de Poupou sobre los chalecos amarillos, la reacción francesa más tangible al tsunami de la globalización, pero no creo que estuviera muy alejado en pensamiento.

Ese ejemplo, el símbolo que fue Raymond Poulidor queda patente en esa despedida unánime que su país le ha dedicado.

Una despedida que va con los tiempos, que no paran, que queman ciclos y deja símbolos en el camino, porque en definitiva es ley de vida.

«Au revoir Poupou, il a été un plaisir savoir de ton histoire»

 

 

¿Por qué es injusto llamar «eterno segundón» a Raymond Poulidor?

Que la palabra «segundón» acompañe a Raymond Poulidor es una gran injusticia

 

El ciclismo entero y lo que no es ciclismo se ha alienado, ya es raro, hacia una mito como Raymond Poulidor, reiteradamente asociado al concepto segundón.

El astro francés ha dado el salto de portada en portada e de informativo en informativo para regalarlos el último aliento de su grandeza.

Ayer hubo consenso en la importancia de la pérdida…

En muchos titulares sobre la muerte de Raymond Poulidor hemos leído ese adjetivo que siempre le ha acompañado, el de «eterno segundón», una cuña que puede parecer atrayente pero que creo que no le hace justicia.

Sólo mirar el palmarés de Raymond Poulidor nos da la medida de que éste no era el «eterno segundón».

Por ello recuperamos esta pieza de nuestro querido Gerardo Fuster, el hombre que esbozaba una sonrisa cuando hablaba de ciclismo…

Este post está firmado en enero de 2016 y lo traemos al presente por que justifica plenamente nuestra percepción de que llamar segundón a Poulidor es una completa injusticia:

Cavilando entre las muchas historias que ha vivido el Tour en su pasado que no nos ha de volver, no podemos por menos que escribir algo concerniente  a este ciclista de otros tiempos llamado Raymond Poulidor, al que se le denominó popularmente como “El eterno segundón”, apelativo de la que se hizo justo acreedor a raíz de sus actuaciones precisamente en el Tour de Francia, prueba en la que participó en nada menos catorce ocasiones.

Logró concluir en todas las ediciones en las que concurrió salvo en dos en las que se vio obligado a abandonar por sufrir sendos accidentes, concretados en los años 1968 y 1973.

No dejó de ser un hecho singular el de que este bravo ciclista que alcanzó una gran popularidad en su país, en su Francia, se vio ante la imposibilidad de saborear la satisfacción de ganar siquiera un Tour de Francia.

Coincidentes en su camino se interpusieron muy particularmente su compatriota Jacques Anquetil y el belga Eddy Merckx.

Los dos, nadie lo ignora,  fueron dos figuras indiscutibles del ciclismo de aquel entonces. Por cinco veces cada uno, fiel demostración, se adjudicaron la ronda gala.

Otra circunstancia que choca en esta exposición que realizamos es que Poulidor, al que llamaban familiarmente con el sobrenombre de “Pou Pou, cuando las multitudes le vitoreaban en el lugar que fuera, ni siquiera tuvo la  compensación siquiera de poder lucir la camiseta amarilla de líder, aunque hubiera sido por una sola jornada. No en vano había concurrido, repetimos, catorce veces en tan prestigiosa prueba sin lograr vestir la casaca de oro.

 

Lo fundamental es constatar que Poulidor, oriundo de una pequeña aldea agrícola que cuenta con un poco más de 400 habitantes, denominada Masbaraud-Mérignat, emplazada en el departamento de Creuse, en la zona de Limousin, centrosur de Francia, unos confines familiares que bien conocemos, logró pisar podio, ocupando el segundo lugar, en los Tours de 1964, 1965 y 1974, y ser tercero en 1962, 1966, 1969, 1972 y 1976, un balance realmente significativo que marca un hito honorable en la historia del Tour.  Nos señala, eso sí, una voluntariosa constancia digna de elogio y hasta de admiración. Es una faceta  a tener en cuenta. Anotamos como inciso una prolongada vida dándole a los pedales. Hemos contabilizado dieciocho temporadas; y sin mucha suerte que digamos.

Nos viene a la memoria cuando en el Tour de 1962, el primero en el cual participó y que se adjudicó Jacques Anquetil, cuando logró ser el tercero absoluto a pesar de haber sufrido una seria lesión por caída en una mano, que le obligó a cubrir la mayoría de etapas con el dedo escayolado.

Otro hecho llamativo fue que al cabo de dos años, en 1964, perdía el Tour por el escaso margen de 55 segundos con respecto al mismo Jacques Anquetil, su antagonista y a la vez tormento. Otro dato a tener en cuenta fue el último Tour en el que se alineó, en 1976, con victoria absoluta del belga Lucien Van Impe.

Poulidor había cumplido los 40 años, edad, pues, longeva. Aún tuvo arrestos para clasificarse en  un valioso tercer lugar en París, una gesta gloriosa alcanzada en vigilias de de retirarse definitivamente del deporte activo.

 

Raymond Poulidor no ha sido únicamente un corredor destacado y dedicado a competir  en carreras de largo kilometraje por etapas, sino que también ha dado muestras de su capacidad combativa con la suma de sugestivos triunfos, incluso en competiciones de un solo día. De manera sucinta enumeramos a continuación sus victorias más destacadas al margen de lo que hizo en el Tour de Francia, que ya acabamos de señalar.

Veamos:

-Burdeos-Saintes (1960)

-Campeón de Francia carretera (1961)

-Milán-San Remo (1961)

-Mont Faron (1962)

-Flecha Valona (1963)

-Gran Premio de las Naciones-contrarreloj (1963)

-Gran Premio de Lugano-contrarreloj (1963)

-Vuelta a España (1964)

-Critérium Nacional de Ruta (1964, 1966, 1968,1971 y 1972)

-Escalada a Montjuïc (1965,1967 y 1968)

-Subida a Arrate (1966 y 1968)

-Critérium Dauphiné Libéré (1966 y 1969)

-Setmana Catalana (1971)

-París-Niza (1972 y 1973)

-Gran Premio Midi-Libre (1973)

 

¿Qué nos manifestó Raymond Poulidor?

Como colofón final a lo escrito quisiera destacar un suceso que tocó su faceta humana y que pudimos vivir muy en directo en virtud de mi labor  periodística  desarrollada en el Tour de Francia del año 1968. Aconteció en el curso de un accidente sufrido en la etapa Font Romeu-Albi, a raíz de una aparatosa caída con la consiguiente fractura de nariz.

Sus adversarios más directos aprovecharon este contratiempo para atacarle sin reparos.

Una vez llegado a la meta, con la faz desfigurada y cubierta de sangre, exclamó Poulidor con verdadero pesar y desasosiego:

“Yo jamás comprenderé como ante un accidente de esta índole, que nadie desea para sí, haya sido una sin razón al atacarme sin piedad y sin perdón. No me cabe en la cabeza lo que supone el arremeter contra un hombre herido y maltrecho”

SQR – GORE

 

Poulidor, aunque resistió lo que pudo, se vio obligado a dejar la carrera; de abandonar muy a pesar suyo.

Nosotros recordábamos con crecido sentimiento aquella frase doliente que salió espontáneamente de sus labios, frase que hemos querido reproducir en estas columnas con evidente pesar y crecida nostalgia. No se nos pasó por alto y ahí su fiel reproducción.

Entre los innumerables pensamientos ciclistas, muchos en danza,   conservaba esta frase viva en un rincón de mi cerebro.

De ahí, un poco por carambola, que me haya extendido en este reportaje al exponer a la luz lo que significó la trayectoria de este corredor llamado Raymond Poulidor, tan admirado por los miles y miles de aficionados franceses, y, por otros,  oriundos de varios otros países.

Fue popular, y todavía lo es en la época actual de retiro.

Ahora, en algunas etapas del Tour, lo vemos en las pantallas de la televisión, entremezclado  entre los seguidores de prestigio que tienen la oportunidad de acercarse al Tour.

“Pou-Pou” suele vestir una camisa de tonalidad amarilla, aquel color que nunca le fue propicio en sus años mozos como ciclista y más concretamente en la ronda francesa.

De Poulidor podemos decir que ha sido siempre solícito y educado en el curso de nuestros encuentros y de nuestras conversaciones.

Tiene un espíritu abierto y no esconde su juego ante las frases que se le formulan.  Es de espíritu más bien locuaz. Aunque pasen las fechas del calendario siempre es solícito en contestar sin olvidarse de ciertos detalles acerca de la persona que le pregunta.

Es todo un signo que nos valora su persona y su  amistad. Es algo que no se nos olvida de él; de este protagonista de hoy plasmado en las páginas de “El Cuaderno de Joan Seguidor”.

* Sobre la imagen: Los tres primeros clasificados en el Tour del año 1974.

En el centro figura el belga Eddy Merckx, que lograba su quinta victoria en la ronda gala.

A la izquierda del documento, está el francés Raymond Poulidor, el segundo clasificado, y en el margen derecho, el español Vicente López Carril, con un meritorio tercer lugar, que bien recordamos.

Documento gráfico editado por la antigua publicación “Miroir du Tour 1974”.

Por  Gerardo  Fuster 

El ciclismo de Raymond Poulidor

Raymond Poulidor muerte JoanSeguidor

La muerte de Raymond Poulidor sólo podía acontecer en otoño

 

La muerte de Raymond Poulidor deja huérfano el ciclismo, pero no sólo el actual, su ausencia pesará en la historia, en toda la historia más que centenaria de este deporte que tuvo momentos en los que un ciclista era Dios, la encarnación de los valores de un país, o de la mitad del mismo, un tipo sobre el que se depositaban grandes ilusiones y del que se extraían lecciones de vida.

En ese ciclismo, su ciclismo, Raymond Poulidor era el «Rey Sol». 

La grandeza del Arco del Triunfo, el más grande del mundo, nunca puso escenario a un Tour suyo, pero él pudo considerarse eso, el foco de todas las miradas y el centro de todas las admiraciones.

Lo fue, ya creo que lo fue, hasta el mismo día de su muerte, en el que todo el mundo del ciclismo no le escatima palabras ni elogios.

Por algo será…

Suunto 9, nombre sencillo para un rendimiento notable 

https://www.joanseguidor.com/11415-2/

 

A Raymond Poulidor podías acercarte en la salida del Tour, en el village, te firmaba un cartoncito con su foto gentileza del mecenas del maillot jaune que nunca vistió como ciclista y podías hacerle extensiva tu admiración.

Hoy para hablar con su nieto Mathieu, hay que pasar por un laberinto de wasaps y mails con su press manager, con el ruego de entrevistarle sin la certidumbre de que te vaya a atender.

Son ciclismo diferentes, lo sabemos, pero quienes vivimos lo primero y sufrimos lo segundo, extrañamos ese pasado, ese ciclismo de Raymond Poulidor.

 

Un ciclismo que era de terruño, apegado al lugar, al origen.

Hoy lo llamarían «kilómetro cero», antes era de corazón, virgen, desprovisto de avalorios. 

Un corredor que quemó casi veinte años en la cumbre de todo, también deportiva, porque su fama de «eterno segundón» no hace justicia a un palmarés excelente, pero sobre todo estrella mediática, social.

Porque en la Francia que se buscaba entre las cenizas de la segunda Guerra Mundial, Raymond Poulidor supo mejor que nadie trenzar ese calor popular, la Francia de las provincias y proviciana, la base y sustrato que ayudó a reconstruir el país.

Sobre la espalda de Raymond Poulidor descansaron más simpatías que en la de Jacques Anquetil, su «alter ego». 

Si el primero era la Francia tradicional, el otro era cosmopolita, extravagante, refinado.

Nunca el ciclismo plasmó dos identidades con tanta perfección, lo había hecho poco antes con el binomio Bartali-Coppi, el primero piadoso y sufrido, el otro entregado a los placeres y la belleza, pero en Poulidor-Anquetil la historia dio una vuelta de tuerca.

 

El ciclismo de Raymond Poulidor fue escrito con tinta de sacrificio y páginas hechas de lágrimas, no perdiendo nunca la cara a la ruta, incluso cuando las cosas no salían.

Los Tours de Poulidor fueron un prodigio de consistencia pero no le dieron el premio que mereció y aún y así nunca bajó los brazos.

Que la historia, la estadística, no haya puesto un maillot amarillo nunca sobre sus hombros es una de las injusticias que el azar se reservó para el ciclismo.

Pero la vida es así y Raymond nunca perdió la sonrisa ni marchitó su amor por el ciclismo por ello.

SQR – GORE

 

Y hoy nos deja un poco más huérfanos, más desconectados de esas raíces, de ese ciclismo que él protagonizó, del que sabemos por vídeos de mala calidad y amarillentas hojas de diario, del que supimos por testimonios directos, como Jaime Mir, cuando tuvimos la suerte de trenzar los vericuetos de su historia, su singular historia…

Si Mir vio en primera persona la complicidad entre Jeanine y Jacques, también vio la convivencia con su enemigo del alma. Al sur de la Normandía, en el Lemosín, la Francia profunda, trabajadora y rural, había nacido Raymond Poulidor, hijo de agricultores, apegado a la tierra y abnegado trabajador. Raymond, también Poupou, no ganó nunca el Tour, pero lo disputó como el que más. Mir lo tuvo siempre claro y así lo apreció: si Poulidor y Anquetil fueran por aceras diferentes, la muchedumbre acudiría a la del viejo Raymond. 

“Poulidor era otro mundo, era un clásico hombre de campo al que todo le iba bien. Era un trozo de pan. Era y es un Dios para Francia. Todos le querían mucho, quizá porque parecía más humilde y eso frente a la aureola de divo Anquetil pesaba mucho. Conviví mucho con él cuando venía a la Escalada a Montjuïc. Sólo quería que le atendiera yo, le generé siempre mucha confianza. Era sensacional, un hombre de campo, todo el rato me llama “Taxy” a secas. Yo le gestionaba el dorsal, le atendía en meta, le llevaba a la estación de tren, al aeropuerto,…”.

Ese era el ciclismo de Raymond Poulidor.

Imagen: Telerama

Raymond Poulidor no sólo fue ciclista

Mathieu Van der Poel- Poulidor JoanSeguidor

La salud de Raymond Poulidor nos tiene preocupados, la suya fue una labor que excedió con mucho la profesión de ciclista

Dicen que el otoño, los días más cortos, los árboles desnudos pasan factura y Raymond Poulidor lo está notando.

Leemos que el astro francés está enfermo y hospitalizado.

Una vez concluyó el Tour de Francia, Raymond Poulidor no levanta cabeza, sufre una especie de fatiga crónica, un cansancio tan interiorizado que ha acabado en el hospital.

 

Sin embargo lo que más inquieta son las palabras de su mujer, Gisèle, que no espera buenas noticias para los días venideros.

A Raymond Poulidor le están practicando pruebas y la familia se teme lo peor.

El campeón francés responde con monosílabos a cada cosa que se le pregunta.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Decir Raymond Poulidor en Francia son palabras mayores.

Injustamente apodado «el eterno segundo», más que nada porque en la historia hubo otros que lo fueron igual o más veces, Poupou fue el ídolo de la Francia rural en tiempos en los que la gente necesitaba, mucho más que ahora, referentes para seguir tirando.

Así es el Suunto 5, el hermano pequeño 

Dicen que la Francia rural, la más profunda cambiaba de acera si veía a Raymond Poulidor enfrente.

Su rivalidad con Jacques Anquetil fue la de dos visiones de país, debates que hoy están más efervescentes que nunca: apegarse al terruño o mirar más allá.

 

Es curioso que el maillot amarillo que nunca consiguió en el Tour lo vista en cada salida de la carrera durante tres semanas de julio.

Su actualidad además viene por el nieto, Mathieu Van der Poel, de quien afirma el abuelo que es mucho mejor que él, y posiblemente ciclísticamente lo sea, por modernidad, método o lo que sea…

…porque lo que es cierto es que un personaje como Raymond Poulidor es mucho más que un ciclista y un palmarés, es uno de esos regalos que la gente tuvo y tiene cada día que quiere saber de héroes que no llevan capa pero alimentan corazones con su sola sonrisa.

Allez Raymond.

Raymond Poulidor no fue un segundón en San Remo

La Milán-San Remo es una de las joyas en el extenso palmarés de Raymond Poulidor

La primera Milán-San Remo se celebró el 14 de abril de 1907, con gran éxito de público, y fue ganada por el francés Lucien Petit-Breton.

Fue toda una premonición.

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Después del doble triunfo de Loretto Petrucci en 1952 y 1953, la carrera preferida de los italianos cayó en una cierta maldición.

Tuvieron que pasar 17 largos años para ver triunfar de nuevo a uno de los suyos, sobre la majestuosa Vía Roma.

Se trataba de Michele Dancelli, en 1970, quien lloró de felicidad, al igual que millones de tifosi.

Mucho antes la Milán-San Remo ya se había empezado a correr tradicionalmente el 19 de marzo, día de San José, fecha con la que se abría la temporada ciclista internacional de clásicas.

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Estamos hablando de otra época, muy diferente a la de ahora, en la que ya podemos disfrutar de este tipo de pruebas épicas en el mes de febrero.

De esta forma se reconoció a la prueba como la gran “Clásica de Primavera” y su ganador siempre tuvo el prestigio de ser el campeón del mundo “oficioso” en esa época del año.

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La mítica carrera se caracterizó desde un principio por la ascensión del Turchino a media carrera, y por la de los tres “altos” (los capos Mele, Cervo y Berta) poco antes de Imperia.

Fue una Clásica en la que los esprinters siempre salían favorecidos

La prueba de la Riviera del Poniente se desarrollaba a lo largo de las costas mediterráneas, atravesando carreteras estrechas y sinuosas, que aún hoy hacen las delicias de los corredores y que son el encanto de esta carrera, reservada a los especialistas en sprints.

 

Hartos de ver que las llegadas se disputaban en pelotón, los organizadores tuvieron la feliz idea de añadir una nueva dificultad en 1960 con la ascensión del Poggio, lo que no cambió gran cosa.

Sin embargo allí, a 5 km de San Remo, es donde Merckx consiguió la mayor parte de sus siete victorias.

Cuando Poulidor ganó en San Remo 

Pero si de una «Primavera» nos queremos acordar especialmente fue la protagonizada, durante aquel período de tiempo de sequía de vencedores italianos, por el francés Raymond Poulidor, venciendo en la edición nº 52 de la Milán-San Remo de 1961 con un ataque decisivo en el Poggio.

De esta forma, por octavo año consecutivo, fue presa fácil para los extranjeros y por segundo año, también consecutivo, fue de nuevo un francés en ganar después de René Privat.

 

Los favoritos en la salida eran, de entrada, los belgas Rik Van Looy y Émile Daems.

Las pocas esperanzas italianas estaban puestas en Gastone Nencini (ganador del último Tour de Francia), en el ex campeón mundial Ercole Baldini y en el campeón nacional Nino Defilippis.

SQR – GORE

 

Aquel año, partieron de Milán 214 ciclistas, llegando solamente a la meta de San Remo -288 kilómetros después-  un total de 126 supervivientes en una jornada de fuerte viento en contra que empeoró en la Riviera.

Baldini y Anquetil (que había vencido en el último Giro de Italia) se tuvieron que retirar en la cima del Turchino.

Después de unos excelentes trabajos en equipo, escaramuzas varias y tácticas agresivas, se llega a los pies del Poggio con Poulidor y el holandés Albert Geldermans (ganador de la última Lieja-Bastogne-Lieja) en cabeza.

Cambrils Square Agosto

 

Es en esa ascensión final cuando Poulidor ataca y se marcha en solitario, mientras el grupo perseguidor liderado por Van Looy le va recortando y recuperando segundo a segundo.

En la parte inferior del descenso, a dos kilómetros del final, el francés aún conservaba una ventaja de 400  metros.

Cuando entra en la Vía Roma sólo son 100 los metros de ventaja, que son suficientes para entrar con 3 segundos de margen sobre Van Looy y Rino Benedetti. Un final palpitante.

Dicen los que vieron a Van Looy perseguir a Poulidor que echaba espuma por la boca de la rabia que puso en el fallido intento de caza al francés.

El recorrido de la primera gravel de la Sea Otter Europe 

El belga fue “demasiado seguro y presuntuoso” confiando en su posible victoria en San Remo, como luego lo criticaron los aficionados.

Poulidor ganó aquella “Primavera” con un tiempo de 7h 41’ 07’’ a una velocidad media de 37,474 km/h, poniendo término a su falsa reputación “del eterno segundo”, aunque de hecho, siempre había totalizado más clasificaciones como vencedor que de segundo.

Porque Poulidor era un corredor de oro y sus hinchas siempre lo admiraban al pasar: “ahí va Poulidor” y, a pesar de una carrera dominada por la mala suerte, tenía en cambio una popularidad incomparable, siempre bajo el signo de la rivalidad que durante años mantuvo con Anquetil.

Anquetil vs Poulidor, la rivalidad que partió Francia

El antagonismo entre dos ciclistas ha sido la fórmula más atractiva para vender la rivalidad en este deporte. A veces, dicho enfrentamiento, deportivo, ha traspasado lo meramente terrenal y se ha instalado en las conciencias de la sociedad. En Francia, la década de los sesenta brindó el mítico duelo entre Anquetil y Poulidor, dos personajes que reflejaron a su vez las diferencias sociales de un país siempre en continua cuestión. Era la Francia rural, arraigada y terruño frente a la cosmopolita, conquistadora y coqueta.

#DiaD 13 de marzo de 1966

En las rutas de la París- Niza acontece lo nunca visto, Raymond Poulidor bate a Jacques Anquetil en una crono. Fue un test de 36 kilómetros y el líder de Mercier le endosó otros tantos segundos, a razón de uno por kilómetro. Enfurecido por perder en su terreno, Anquetil plantea una guerra abierta en el tramo final de la siguiente etapa. Sus gregarios enloquecen atacando uno a uno de forma acompasada hasta que una montonera corta al líder.

En ese momento Anqueil abre gas y llega a meta para ponerse el entonces maillot blanco que distinguía el mejor ciclista de la “carrera hacia el sol”. Poupou, cuya legendaria aureola de eterno segundón le dio casi más dinero que a “mâitre Jacques”, acertó a soltar cuatro palabras mal dichas: “Esto ha sido un complot contra mí, pero ya he visto quién es el patrón del pelotón”. Palabras que sonaron a casi mafia. Esos días el conflicto entre seguidores de uno y otro estaba al rojo vivo. Un país, dos corredores, dos mitades.

Imagen tomada de www.lefigaro.fr

INFO

Las COLL EGG de 226ERS mantienen intactos los cartílagos

Tour #5- El «solo» de Van Avermaet

La quinta etapa, que llevó a la caravana multicolor ciclista del Tour hasta la Estación de esquí del conglomerado turístico de Le Lioran, hemos de convenir que en apariencia no ofrecía muchas alternativas. Sin embargo, los corredores, hay que decirlo, se vieron obligados a salvar un recorrido de cierta dificultad en el cuál se debieron subir dos puertos de 2ª categoría, tres puertos de 3ª y un puerto de 4ª, ascensiones que a la larga pesaron en el físico de los participantes tras las cuatro jornadas iniciales que fueron más bien mortecinas en acción, aunque muy emotivas por sus electrizantes llegadas al punto de meta, en donde los velocistas sacaron a relucir sus aptitudes en esta modalidad de riesgo.

Esta vez, se pudo contemplar, como los atletas del pedal mostraban cierta inquietud, especialmente en la parte final, cuando se percataron de que unos pocos pusieron la carrera a patas arriba, avivando una diferencia de tiempo en minutos, que se acumuló notablemente entre unos y otros, entre los de vanguardia y los que iban detrás, encerrados en un gran pelotón.

Una escaramuza que trajo sus frutos

En breve síntesis debemos exponer que anotamos desde los principios de la etapa una escapada protagonizada por nueve valientes u oportunistas ciclistas, que llegaron a poseer una substancial ventaja máxima de nada menos un cuarto de hora con respecto al gran grupo perseguidor, que no puso en sus comienzos toda la carne en el asador. Con el paso de los kilómetros y las dificultades aparecidas básicamente antes de culminar su conclusión, quedaron al mando un rescoldo integrado por un trío que lo formaban los belgas Greg Van Avermaet, un hombre de clásicas, y Thomas De Gendt, acompañados por el ucraniano Andry Grivko. A una quincena de kilómetros de la meta, Van Avermaet, el más fuerte de ellos, lanzó la estocada decisiva y se evadió en solitario hasta la línea de llegada sin reparos y sin ser inquietado. El pelotón, hay que decirlo, reaccionó muy tardíamente.

La consecuencia fue que el ciclista de Lokeren con sus 31 años a la espalda, triunfador merecido, no solamente venció en la etapa sino que al mismo tiempo logró vestirse de líder, con una ventaja de más de cinco minutos sobre el segundo clasificado, el francés Julian Alaphilippe, lo cual ha significado ser una cifra algo alarmante. Con esta ventaja en el zurrón que acaba de cosechar el ciclista flamenco, los considerados favoritos deberán bien evaluar estos minutos de retraso que les ha caído encima ante las etapas que se avecinan.

Los españoles se dejan oír

Es loable el de que a estas alturas los españoles Alejandro Valverde y Joaquim Rodríguez, ocupen, respectivamente, el tercer y el cuarto lugar en la general. Mientras, nuestro otro compatriota Alberto Contador va resistiendo como puede tras sus dos caídas sufridas en las dos primeras etapas, léase funestos accidentes, que sin duda le vienen afectando seriamente día tras día, aunque el ciclista de Pinto trate de esconder su juego con pundonor.

Entre una cosa y otra, el aludido corredor, con respecto al británico Chris Froome y al colombiano Nairo Alexander Quintana, máximos favoritos, lleva perdidos un minuto con 21 segundos, aunque el Tour, lo repetimos, acaba de comenzar. Es un lastre éste que le debe pesar, porque lo importante queda todavía en el alero por cubrir. Lo más serio se producirá en las etapas pirenaicas y sobre todo alpinas. No nos queda más que esperar para dilucidar o aclarar mejor los acontecimientos y sus previsiones.

Un personaje histórico y otro deportivo: Georges Pompidou y Raymond Poulidor

Siempre es llamativo cuando se recorre un país el conocer siquiera por encima su influencia histórica o incluso deportiva. El saber quienes nacieron en aquellos parajes que uno visita, siquiera por pura curiosidad. Se supone que el interés se centra en ciertas personas que han alcanzado un evidente prestigio o celebridad, siempre por méritos propios, y que dejaron entre las gentes un buen recuerdo y admiración. Sabemos, en fin, que hay personas que en el caminar por la senda de la vida dejan huella, una huella incluso profunda.

Precisamente en la región de la Alta Auvernia y más concretamente en el departamento de Cantal, en donde perdura un volcán, que dicen las crónicas que es el más grande que se asienta en territorio europeo, y que la caravana multicolor ciclista acaba de pisar, nos descubre a un político francés de otros tiempos, oriundo de estas tierras, llamado Georges Pompidou (1911-1974), que llegó a ser primer ministro de la presidencia de la Republica francesa, cuando tutelaba la nación el conocido general Charles De Gaulle, un dirigente sumamente importante que marcó un hito de plasmante trascendencia dentro de nuestro globo terráqueo, especialmente en el conflicto turbulento que nos trajo la Segunda Guerra Mundial. Posteriormente en el año 1969, Pompidou, pasó a ocupar tan representativo cargo, que le dio una autoridad muy respetada y alentada en cualquier lugar de su nación.

Por otra parte, en un plano puramente deportivo, vale la pena exponer y ensalzar en otra escala de valores a una otra figura, que nació y se crió también en este recodo del mundo. Se trata del ciclista galo Raymond Poulidor, que aunque no tuvo la oportunidad de adjudicarse el Tour de Francia con el paso de los años, alcanzó una enorme popularidad en la esfera del pedal e incluso fuera de ella. Aunque se distinguió en muchas competiciones de alto rango, sean carreras clásicas y demás, queremos centrarnos en su actuación más sobresaliente, que prevaleció de todas a todas en la ronda francesa. Consiguió ser por tres veces segundo en la clasificación general final (1964, 1965 y 1974) y ser por cinco veces tercero en la aludida tabla (1962, 1966, 1969, 1972 y 1976); es decir, con el alto y cotizado honor de poder pisar podio, circunstancia de mérito que muy pocos corredores tienen la oportunidad y dicha de conseguir.

Lo de Poulidor es un caso acusadamente excepcional. Se le llamaba “El eterno segundo”. Lo recalcamos aquí con letras de oro y en mayúsculas. Es una efeméride que queremos recordar a favor de este ciclista con el que nos une de años una muy abierta y sincera amistad. Conoce las vicisitudes del ciclismo muy de veras dada su consabida experiencia en aquellas lides. Hemos aprendido mucho de sus enseñanzas.

Ahora habita en la pequeña localidad de Saint-Léonard-de-Noblat. Es muy apropiado que en transcurso de estos días, los organizadores del Tour, hayan tenido la delicadeza de rendirle un merecido homenaje, una justa alabanza a su extenso historial deportivo y a la vez ejemplar. Nosotros con fervor nos congratulamos con este corredor forjador de kilómetros, que cosechó un abanico de sonados triunfos.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de www.letour.com

#BonjourTour etapa 1

El Tour arranca con una jornada en línea, fórmula no muy habitual, pero que en los últimos años ha tenido precedentes, sin ir más lejos los inicios en Yorkshire y Córcega. Etapa venenosa, de esas que pueden dar al traste con meses de preparación y obsesión por el gran objetivo.

Peligrosa por el viento y los nervios, en lugares desprotegidos, en la silueta normanda, caprichosa y con muchos frentes. Para corredores como Nairo, una de esas jornadas pestosas, del estilo que hace un año le resultó un lastre, entonces por los diques holandeses, ahora desde el segundo gran hito turístico del país más visitado del mundo, Mont-Saint-Michel, el lugar donde Tony Martin ganó una crono en la que acabó escocido de la entrepierna.

El lugar

Terreno de sangre y gloria, por Utah Beach empezó el episodio de Normandía en la Segunda Guerra Mundial hace más de setenta años, un lugar donde confluyen muchos sentimientos e historias en un pelotón poblado por mil nacionalidades, muchas de las cuales dejaron allí lo mejor de su aliento para matar la sinrazón.

2 de julio de 1963

Contra pronóstico Poulidor le había tomado la delantera a Anquetil en la crono de Angers. Ante la primera jornada de Pirineos, el astro normando pasa por varios estados, descolgado en el Aubisque, sufre en el valle que lleva al Tourmalet, para deshacer la tentativa de sus rivales en la subida al que muchos consideran el “puerto más famoso del mundo”. Anquetil encaja todos los golpes. Bahamontes, Pérez Francés, Poupou,… nadie puede con el primer gran ciclista de la historia de la mejor carrera. Anquetil les ganaría en la meta de Bagnères-de-Bigorre.

Foto tomada del FB del Tour de Francia

INFO

EL nuevo Cruz Pivot es un portabicicletas para bola de remolque con diseño moderno y características exclusivas. Disponible para 2 ó 3 bicicletas.