¿Por qué la federación de cicloturismo era necesaria?

Cicloturismo JoanSeguidor

Mov_Gore

El «cicloturismo no competitivo» también necesita su federación

Voy a hablar, escribir, en primera persona.

Esto es una simple opinión, sensación personal, aunque transferible, de un cicloturista no competitivo que, como muchos otros, he estado rodando muchos años en bici, huérfano de una Federación, quizá debería decir “asociación», que le representase.

Que se preocupase por el cicloturismo.

Desde siempre las federaciones oficiales poco, o muy poco, han tenido en cuenta esta faceta lúdica del ciclismo.

En todo caso han trabajado y se han preocupado por el “cicloturismo de competición”, permitidme que lo llame así, con el único ánimo de diferenciarlo del cicloturismo más lúdico.

Esta realidad ha huérfanos a muchos cicloturistas hasta que hace unos años apareció la Federación Española de Cicloturismo (FECT).

El nombre invitaba al optimismo y su declaración de intenciones inicial más si cabía

«Una federación donde tienen cabida todas aquellas personas y entidades amantes del ciclismo, que entiendan su disfrute sin ánimo competitivo

Evidentemente las palabras se corroboran con hechos y esta asociación se puso manos a la obra para trabajar en pos de esos cicloturistas contando en todo momento con ellos, sus afiliados.

Desde un carnet de “afiliado” con una serie de coberturas a nivel de seguro ciclista muy orientado a “ciclistas viajeros”, pero también pensado para el ciclistas de uso lúdico y cotidiano.

Seguro de responsabilidad civil, seguro de asistencia en viajes ciclistas (cicloturismo, viajar en bicicleta), seguro personal en caso de accidente… y formar parte de una Federación, asociación, que partiendo de cero intenta crecer y sobretodo trabajar por las inquietudes de ese cicloturista no competitivo.

Una asociación que a la par, y recordemos empezando de cero, va trabajando en la promoción del cicloturismo con propuestas de rutas, encuentros cicloturistas, información y participación y presencia en marchas no competitivas e involucrándose de lleno en un aspecto básico para los “cicloturistas viajeros”: la seguridad vial.

El cicloturista ya no rueda huérfano

Sinceramente, desde hace un par de años, ya no rodamos huérfanos…y ahora hablo en plural.

Por mí, y por mi hijo de nueve años que empieza a rodar y viajar con su bici.

Él crece sin ningún ánimo “competitivo”, ni ahora en el presente ni ,posiblemente, en el futuro.

Un “niño cicloturista” que a día de hoy tiene  claro, es su decisión, que sus intereses no van en dirección a las escuelas de ciclismo, ni categorías, (las desconozco, la verdad, ni competiciones como tales en un futuro.

Él quiere disfrutar de la bici en su aspecto más lúdico.

Y en esta Federación de Cicloturismo ese “niño cicloturista”, que ve la bicicleta como ocio, tiene la oportunidad de conocer lugares nuevos dando pedales junto a su padre, formando parte de ella.

Estas líneas no pretenden ser una defensa del “cicloturismo no competitivo” como mejor opción sobre otras maneras de ver y vivir el ciclismo.

Para nada.

El ciclismo cada uno lo vive y lo disfruta a su manera.

En todo caso pretenden ser las razones por las cuales, para mí, la creación de la Federación de Cicloturismo es una buena noticia.

Una federación que no debería ser vista como “antagónica” o “enemiga” de las federaciones ciclistas existentes.

Éstas harían bien no viéndola como una “enemiga” y sí como una federación complementaria que al fin y al cabo cubre las necesidades y sobretodo inquietudes de muchos cicloturistas que antes nos sentíamos “huérfanos”.

Por @ramacabici 

Señores, esto es el deporte español

“El conflicto viene cuando la Federación nos comenta que en las carreras, pagadas íntegramente por el deportista, deberían aparecer 3 patrocinadores de la Federación en los espacios más valiosos del mono de competición. Este argumento carece totalmente de lógica e imposibilita al corredor competir en dichas carreras”

 

España, el país cuya capital opta a organizar unos Juegos Olímpicos, el país que vive la “edad de oro” de su deporte, es también sede de desastres monumentales relacionados con la política deportiva, su gestión y proyección de la misma.

El entrecomillado inicial corresponde a la carta que la versión digital del diario Marca publica en relación al caso del triatleta Fernando Alarza en su litigio con la Federación Española de su competencia. La carta, del puño y letra del deportista, pinta con fidelidad máxima el cuadro que envuelve ahora mismo al deporte español.

Para hacerlo corto y no alargarnos, el máximo ente nacional de triatlón comenta a sus deportistas que no hay dinero para pagarles los desplazamientos y manutención de la mayoría de pruebas  de la Copa del Mundo de la disciplina. Asumido esto, el deportista y su representante atan varios patrocinadores –cosa que ya tiene mérito- con el objetivo de hacer de todo esto algo rentable y sostenible para el principal interesado. Fernando Alarza admite que la Federación le imponga sus patrocinadores en aquellas pruebas que corren a cargo de la tesorería del ente, pero cuál es su sorpresa cuando se le exhorta imprimir esos patrocinios en el buzo que use más allá de las carreras a cargo de la Federación. Me permito preguntar qué narices pagan esos patrocinadores que no dan para viajes de los que sí quieren sacar provecho.

Esto que en un país que sufre una merma bestial de su calidad de vida por una gestión terrible debería ser un tema menor no lo es por que sucede en este país que aspira a unos juegos y se vanagloria de las medallas y triunfos de sus deportistas. Y todo esto sucede cuando el fisco español admite una deuda de 752 millones de euros por parte de los equipos de fútbol patrios y uno de sus jugadores mejor pagados se ve que hizo no sé qué para evadir impuestos. ¿Este es el modelo de gestión deportiva que quieren que el COI premie con la concesión de unos Juegos? Sinceramente si se los otorgaran es que habrían perdido el juicio al margen de la memoria por todo lo que coleó con la Operación Puerto.

El doloroso tema, a quienes nos gusta el deporte activo y pasivo nos duele ver estas cosas, nos recuerda los apaños que David Muntaner tuvo que realizar en el último Campeonato del Mundo de ciclismo en pista para estar presente. Recordemos que el balear se sacó un sponsor privado que tuvo retornos con creces a raíz del subcampeonato mundial que Muntaner firmó en la americana.

En el otro diario “deportivo” madrileño, el As, habla José Luis López Cerrón a los seis meses de su acceso a la presidencia de la Real Federacion Española de Ciclismo. Al margen de admitir lo ingrato de este periodo en el que no ha parado de recortar, comenta algo que puede ser aún más terrible, la presencia de gente del Consejo Superior de Deportes en el día a día de la RFEC. Cuando el CDS decidió sobre temas de ciclismo tuvimos los resultados de Londres 2012, por ejemplo.

Al margen de asumir que la institución está intervenida, se felicita por la gratuidad en los servicios de Javier Mínguez como seleccionador de carretera. Créanme, yo de lo gratuito en estos niveles desconfío y no sé si López Cerrón debería hacer lo mismo, más que nada por el bien del ciclismo. Al menos, eso sí, a Muntaner no se le impusieron los patrocinadores.

Este antidopaje no es una ruina, es una desgracia

Cuando entró en la presidencia de la Real Federación Española de Ciclismo, José Luis López Cerrón advirtió que la cosa no iba a ser fácil. Conocido mundialmente por ser el proveedor cárnico de Alberto Contador en aquella infausta segunda jornada de descanso del Tour de Francia, el corredor luego director de equipo y finalmente organizador, acabó cerrando el círculo de su trayectoria vinculada al ciclismo en el peor momento de la historia del ente que rige la suerte de nuestro deporte.

En este cuaderno de anillado informe, varios han sido los testimonios que hablan de la parquedad en las arcas de la española al tiempo que admiten que ahora el trabajo va a ser si cabe cien veces más penoso, pues la indisposición de medios será la tónica. En este artículo publicado hace unos días en El País, López Cerrón se desfoga con Carlos Arribas.

El relato del actual presidente es ya de ciencia ficción. Si hace un año, sólo uno, nos dicen que los chavales del mundial de ciclocross se lo tendrían que pagar ellos y que parte del combinado del mundial de pista, ídem, habríamos flipado en todos los colores. Hubo un tiempo en que España vio cosas así, y volvemos a ello, aunque quizá con más dolor, pues venimos de épocas de abundancia.

José Antonio Escuredo nos explicó hace poco cómo funcionó la llegada de David Muntaner a un Mundial donde no estaba entre los siete convocados. Siete era la cifra que la RFEC podía permitirse pagar. El seleccionador escribe los nombres, prioriza y quién no pueda ser sostenido por el erario federativo que se busque la vida.

Lo realmente triste es que este proceder, que estoy seguro no es ajeno ni siquiera en países que consideramos mil veces más evolucionados que el nuestro, es que tenga que venir como consecuencia de la factura que el ciclismo se gasta en los controles antidopaje. Existe un libro, “Un diablo llamado dopaje“, editado por Cultura Ciclista, que habla de los desmanes y de la jugosísima industria que se mueve en torno a este concepto. Digamos que es como si a alguien, o algunos, interesase mantener vivo el halo de displicencia del dopaje para que sus controles, pasaportes y otras cuestiones sigan su curso.

No hace mucho el técnico del Movistar Mikel Zabala puso en este mismo cuaderno  algo así como que el ciclismo está mejor que nunca, en cuanto a limpieza, pero que su imagen es la más deteriorada de la historia. Al margen de que son muchos los factores que en ello influyen es realmente triste que en momentos donde un porcentaje muy alto del dinero se va en combatir el dopaje, estemos en este punto.

Al ciclismo le conviene luchar contra esta mal llamada lacra, pero quizá no de esta manera. Los equipos destinan una pasta al antidopaje. Se alimenta pues un círculo letal de deudas y castigo de imagen que puede acabar por dejar seca la maquinaria. La RFEC es ejemplo de ello.

Foto tomada de www.arueda.com

José Luis López Cerrón, misión casi imposible

El nuevo presidente de la Real Federación Española de Ciclismo, José Luis López Cerrón, se enfrenta a un reto casi imposible: sacar de la quiebra la casa del ciclismo nacional. Y es que no hay nada que hacer si no se consigue una solución a los problemas económicos que vive esa institución.

Podio de los nacionales de ciclocross, una modalidad especialmente perjudicada por la situación actual

El ejemplo de lo sucedido con el Mundial de ciclocross no deja de ser eso: un ejemplo. No hay dinero para viajar a Estados Unidos en una disciplina que es digna de admirar pero que no cuenta con el respaldo de la etiqueta olímpica, muy importante a la hora de pedir las siempre imprescindibles subvenciones.

La RFEC está al borde del colapso económico. Y esa debe ser la única preocupación de Cerrón, porque como ya se dijo hace tantos años en un debate electoral… ¡es la economía! (y nos ahorramos el insulto con la que remataba la frase).

Y así es. Lo cierto es que buscar patrocinadores es ahora más difícil que nunca: con el grifo de las instituciones casi cerrado y con las empresas privadas tiritando… lo único claro es que no hay recetas mágicas. Sólo es cuestión de trabajo, trabajo y trabajo. Y para eso resulta imprescindible que no se repitan los errores del pasado, cuando el presidente se convierte en Marco Polo, de feria en feria, siempre representando al ciclismo pero en realidad huyendo de los problemas del día a día en Ferraz.

Por eso la parcela deportiva necesita más mimos que nunca. Pero por eso mismo es necesario un presidente que viva por y para la Federación. Y que lo haga en las oficinas de la Federación y no de podio en podio, como ha ocurrido en las últimas décadas. No es tiempo de representación. Es tiempo de trabajo puro y duro.

 

Texto: Jorge Quintana

Juan Carlos Castaño, un presidente para olvidar

El balance de Juan Carlos Castaño como presidente de la Real Federación Española de Ciclismo es sencillamente nefasto. Es cierto que no se puede decir que lo haya hecho peor que muchos de sus predecesores en el sillón de Ferraz. Pero también lo es que sus cuatro años al frente de la RFEC han pasado sin pena ni gloria. Y lo que es peor: lo que antes de su llegada eran problemas, ahora son ya directamente tragedias.

A pesar de tan sombrío panorama, lo cierto es que el madrileño parecía tenerlo todo para cambiar la gestión de esa complicada casa. Para empezar, Juan Carlos Castaño llegaba avalado por un gran trabajo al frente de la Federación Madrileña. Eso resulta indiscutible y no hay más que ver los tumbos que esa federación autonómica ha venido dando desde su marcha. Y, además, Castaño también tenía el aval de sus conocimientos de economía. Tampoco debe olvidarse que hizo un buen diagnóstico de los errores de Fulgencio Sánchez, su predecesor y hombre de mucha representación en actos y «saraos» y poco trabajo de despacho. Todo, por tanto, parecía encajar a la perfección para que a estas alturas -cuatro años después- estuviéramos hablando de un presidente indiscutible e indiscutido. Por tener… Castaño ha tenido hasta el beneplácito de la oposición. Todos le han dejado trabajar durante cuatro años… hasta comprobar por desgracia que él no ha estado a la altura del cargo, uno más al que las dificultades han vencido hasta aplastarlo por completo.

La situación económica de la RFEC en la actualidad, con empleados que no pueden cobrar la nómina, es un buen ejemplo del fracaso del presidente en el que precisamente iba a ser su punto fuerte: la gestión económica. Es más, Castaño llegó a la presidencia quejándose de que le habían firmado el contrato de Murcia por cuatro duros en una clara hipoteca de su mandato… y lo cierto es que con él al frente de la federación ha habido mucho gasto en marketing y muy poquito ingreso, cuando lo normal es que hubiera sido al revés.

Eso sí, los conocimientos económicos valieron para presentarse año tras año en la Asamblea con fabulosos superávits. Y, sin embargo, sus empleados ven dificultades para cobrar las nóminas y los proveedores ya hace tiempo que comprendieron que cobrar de la RFEC iba a ser más difícil que conseguir una medalla olímpica.

Y si en lo económico el proyecto ha hecho aguas, no hay mucho que añadir sobre lo deportivo. El fracaso también ha sido claro. Y de nuevo no será por falta de buen análisis previo. Castaño parecía tener los conocimientos técnicos necesarios para dirigir esa parcela. Y sin embargo se plegó a soluciones fáciles sin arreglar ninguno de los problemas heredados (como el de Jaume Mas en la pista) y esperando que los resultados llegaran por calidad natural de los deportistas. Y los resultados no han sido los que fueron en Atenas. Un ciclo olímpico, en resumen, para olvidar.

A todo ese balance hay que sumar la absoluta sensación de incomprensión que el ciclismo español ha tenido con este presidente, un hombre que entró respaldado por un fuerte grupo de apoyo al que fue dejando en la estacada con los pasos de los meses. Su silencio nunca ha sabido ser interpretado por nadie ni dentro ni fuera de la Federación Española. Pero la respuesta ha llegado en la recta final de este proceso electoral. Dice ahora Castaño que nunca dijo querer presentarse -pero son muchos los que le han oído lo contrario- y dice pero no dice que Francisco Antequera es la mejor opción para presidir la RFEC. Resulta curioso que un hombre como Castaño piense que el elegido para dirigir la RFEC deba ser una persona de un perfil tan diferente al suyo. Y resulta todavía más curioso que Antequera no le valiera en su día como seleccionador nacional de profesionales y ahora Castaño piense que sí vale para presidente de la RFEC. Pero son las cosas de Castaño. Y es que a veces se agradecería que se mantuviera hasta el final con su silencio habitual. Y más cuando es presidente de la Gestora. Pero ni en esta última semana parece dispuesto a cumplir con lo que de un verdadero presidente del ciclismo español debe esperarse. Es, sin duda alguna, el justo colofón a su mandato, cuatro años para olvidar.

Por Jorge Quintana