¿Quién puede ir a un stage con Riccardo Riccò?

Riccardo Riccò JoanSeguidor

Una empresa italiana anuncia un stage tinerfeño con el beneplácito de Riccardo Riccò

Riccardo Riccò es de ese tipo de ciclistas cuyo sólo recuerdo produce fiebre.

Si en un diccionario de expresiones encontráramos la frase «carente de escrúpulos», saldría a su lado la foto.

Aún recordamos aquel Giro de 2008, cuando hizo acoso y derribo sobre la maglia rosa de Contador, antes de poner el Tour patas arriba por los Pirineos.

Con Riccardo Riccò, el Peyresourde parecía un páramo con viento a favor, una forma de humillar y marcar diferencias que creo que hizo saltar todas las alarmas.

Recuerdo una conversación al calor de aquella jornada, «¿dormirá tranquilo Matxin -su director de entonces-?» pregunté, y no supieron que responderme, aunque cuando alguien que sabe mucho de esto se encoge de hombros, pues eso.

A los pocos días positivo por CERA, no la de pulir el suelo, y todo el Saunier Duval a la calle.

De hecho fue el finiquito de Saunier en el ciclismo.

Aquel Tour ya había tenido pasajes grotescos, del tipo Piepoli-Cobo descolgando a todos en Hautacam.

 

A Riccò, que hablaba de una cobra atacando a sus víctimas cuando derrotaba rivales, le cayó una primera sanción por aquella sobrada.

Pero no contento negó y luego cantó su culpa por salvar un equipo que estaba tocado no, lo siguiente.

Le cayó un buen paquete pero volvió a las andadas con una historia de ciencia ficción barata que le llevó hasta el hospital en estado crítico por una autotransfusión en mal estado.

Así funciona el recomendador de Tuvalum 

Ni más ni menos, se vio tan mal que tuvo que confesar al médico lo que le sucedía para poder atenderle en condiciones.

Fue la penúltima, luego lo de meterse en una carrera amateur en el décimo kilómetro -está suspendido por no sé cuántos años, gentileza del CONI- e influir en el resultado.

Mentar Riccardo Riccò, y mira que en este mal anillado cuaderno a veces hemos comulgado con causas imposibles, es mentar lo peor de este deporte, el reverso oscuro de una relación que fue tóxica para todos, para él, el primero.

Ayer leímos esto…

 

Para más detalle…

AMICI CICLISTI,se avete la volontà e la possibilità di ritagliarvi una meritata vacanza “a pedali” …

Publicada por Patrick Martini en Martes, 29 de octubre de 2019

 

Es llamativo que quien publica ya pide calma, sabedor que esto no caerá en saco roto.

Riccardo Ricco Campus tenerife JoanSeguidor

SQR – GORE

 

Esto es como tener esa gentuza que va a la QH a ganar, a batirse con todo a la espalda, traicionando lo poco de noble que queda en estas cosas.

Riccardo Riccò en un stage en Tenerife es como el zorro en el gallinero, ni más ni menos, puedo entender que haya gente que lo vea como una «fuente» increíble de sabiduría, un pozo sin fondo para aprender, no sé qué, pero el talento de Riccò que venden para la escalada, lo comentan así, eso se nace con ello, luego viene el momento de engrasar la máquina.

En eso Riccò se hizo experto ávido, al punto que fue la guinda de una época negra en el ciclismo que, como el otro día nos escribía Rubén Plaza, parece pasada, pero que como el día de marmota vuelve recurrente, fiel a su cita.

Quien pague esos 1200 euros sin vuelo para ir a Tenerife a beber de las ubres de tal personaje que le cunda, igual opte a ganar la QH un día.

Imagen: https://www.nettavisen.no

Hautacam, la cima de las tempestades

Hubo en 2008 como un punto de inflexión en el Tour de Francia. El ciclismo, un deporte abrasado a controles, cercenado por escándalos, llevaba unos años tormentosos. Se encadenó el escándalo de Festina, una década antes, con la destrucción, total además, de mitos como Marco Pantani, el plomo de los años de Lance Armstrong y un sprint final que rompió en la expulsión de Michael Rasmussen, el positivo de Alexander Vinokourov y la explosión de la Operación Puerto.

2008 fue año olímpico. En ese Tour donde muchos luego acabarían yendo a Pekín, las cosas parecieron diferentes. No dejaron de haber escándalos, con ellos el ciclismo nunca se había divorciado. Positivos de Moisés Dueñas, Triqui Beltrán,… luego también los casos del Gerolsteiner con Kohl y Stefan Schumacher. Sin embargo la sensación fue de que los protagonistas absolutos no caminaban con el brío de antaño. Recuerdo una llegada en Italia, esa en la que Gerrans retrató la candidez de Egoi Martínez, en la que los favoritos se miraban y se miraban y nadie golpeaba. Los Schleck, Sastre, Menchov, Evans,… pánico casi total, nadie destacaba, todos subían con exasperante lentitud, todo parecía congelado. Dio la impresión de que en esos momentos la química no estaba haciendo los milagros a los que el ciclismo estaba acostumbrado. Dio la impresión de ver un espectáculo limpio.

Pero aquella edición tuvo días de la infamia. Mucho más allá incluso de los propios positivos en manos de corredores de perfil medio. Los días de la infamia se produjeron en los Pirineos. Riccado Riccò reventando el pelotón en el Aspin como si su máquina fuera enganchada a la moto de carrera, asustando incluso a los mentores de Saunier que desde el coche veían que o el cuentakilómetros iba mal o Riccò se convirtió en Cancellara en el llano que iba a meta.

Y luego estuvo Hautacam, ay Hautacam. Otro día para el póster de la vergüenza. En la única y efímera aparición de Juanjo Cobo en el Tour, acompañado de Leonardo Piepoli se fue como y cuando quiso del resto. Frank Schleck, la última víctima de su ritmo infernal, no dio crédito. Saunier iba de exhibición en exhibición y a los pocos días acabaron todos fuera de carrera, expulsados, invitados a salir, da igual, pero fuera de carrera. Hautacam les descubrió.

Doce años antes, también aquí, vimos lo que los libros franceses titulan “la actuación imposible” de Bjarne Rijs. Fue el día que Miguel Indurain sucumbió del todo en su empeño de ganar el sexto Tour y el día que abiertamente el mánager de Saxo Bank reconocería fruto de un nivel de hematocrito indecente. Hautacam por eso había debutado dos años antes en la historia del Tour, con victoria del magnífico, e intermitente, ciclista llamado Luc Leblanc. Un día entre la niebla en el que Miguel Indurain pasó a cuchillo a sus rivales, entre ellos un italiano de poco pelo llamado Marco Pantani.

Y nos queda el año 2000. En medio de una lluvia incesante, Javier Otxoa culminó su mejor etapa de profesional, poco antes de sufrir el tremendo accidente que le dejó sin su hermano Ricardo y con graves secuelas físicas. Aquella jornada Lance Armstrong hizo la presentación en sociedad del molinillo apabullando a todos y sentenciando el Tour el día que esperábamos a Jan Ullrich como su gran rival.

Como ven nombres de todo pelaje y exhibiciones imposibles. Hautamcam ha querido el destino que sea un lugar maldito en la historia reciente del ciclismo. Para el próximo Tour tendremos nuevamente este topónimo en el mapa de la carrera y como bien cuenta Ciclismo de Verdad más de uno irá con los radares a medir lo que allí se cueza y al ritmo que se suba. A veces nos rebelamos ante la masacre de controles y cercos que se establecen sobre los ciclistas, pero mirar la historia de Hautacam demuestra que muchas veces el ciclismo se lo ganó a pulso.

Foto tomada de www.arueda.com