#Top 2016 Hubo lío en Río

La carrera olímpica es siempre especial. Su primer condicionante es que, si fallas, no tienes oportunidad de enmendar hasta cuatro años después. Luego está la cantidad de ciclistas por equipo, algo que convierte una carrera muy deseada en algo completamente incontrolable, y por fin la singularidad de ser campeón olímpico en un deporte cuyo profesionalismo tiene escasa tradición en la gran cita.

A falta de mejores emociones en Qatar, se dijo que en Río de Janeiro se había preparado un recorrido para ciclistas fuertes. Hubo un ganador real, Greg Van Avermaet, que surgió de la nada, cuando parecía que la cosa iba con otros, demostrando en que en una carrera así, tan dura, tan competida, no sólo hay que ser y estar fuerte, también hay que tener voluntad de perdurar y sobrevivir.

Porque como se vio en el descenso hacía Copacabana, la trampa estaba en cualquier revuelta. Si miramos el ganador moral, pocos dudarían en señalar a Vincenzo Nibali, y si me apuráis, a Sebastián Henao. Cuando estos dos se fueron al sueño, el cielo se abrió por detrás y las luces rojas se le encendieron a Rafal Majka, el superviviente de la escapada buena que murió en la orilla porque las fuerzas no le dieron para más.

La carrera olímpica demostró una cosa que para mí es infalible y no es otra cosa que la tremenda competitividad de los italianos. Nibali se borró del Tour, e incluso de la lucha por la etapa que ganó Ion Izagirre, con ese descenso tan mojado del Joux Plane, pensando en Brasil y una vez encontró dispuso todo el equipo para trabajar como si fueran nueve y no cinco. No ganó pero jugó a hacerlo, y eso, aunque el CQ o el ProCycling Stats no lo recojan, queda en el corazón.

Imagen tomada del CyclingPro

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¿A qué sabe una medalla paralímpica?

Es genial, no puedo definirlo de otra manera, ganar una plata en unos paralímpicos colma nuestras aspiraciones, y después de pasados unos días, es mucho mejor, cada vez le das más importancia a lo que conseguimos. Hicimos historia.

La carrera tenía unos primeros 60 kilómetros llanos. Sabíamos que íbamos a ir a a palos y así fue. A los 10 km ya se había roto la carrera y todo eran grupitos persiguiendo. Llegados los otros 60 kilómetros, afrontamos duros repechos al 20%, nos vimos delante con todos los favoritos. Quedaban unos 30 kilómetros, con el último puerto a menos de quince para meta y la cosa se puso seria. Sabíamos que lo que pasara iba a ser el decisivo. Al coronar el puerto nos quedamos con el tándem holandés y de ahí hasta meta.

Al sprint nos ganaron, pero qué queréis que os diga, la alegría ya era inmensa por estar ahí. Nos hubiera gustado el oro, por supuesto, pero como digo llevarnos medalla era el gran objetivo.

En mi caso además esta medalla viene a demostrar que con dedicación y trabajo se pueden conseguir los sueños. No es nada corriente que hace cuatro años estuviera corriendo los 1500 metros en los Juegos de Londres y ahora consiga una medalla de plata en la prueba de ciclismo de fondo en carretera. Tenemos una gran satisfacción por el trabajo bien hecho. Es algo soñado, así que era lo que queríamos y lo hemos logrado con esfuerzo, así que no me ha costado asimilar el éxito.

La vuelta a casa ha sido genial. Sobre todo la familia, patrocinadores, colaboradores, comité, CSD, ayuntamientos y muchos más. Ha sido y sigue siendo genial. En Madrid tuvimos visita a las sedes de los Patrocinadores del Comité Paralímpico (Liberty Seguros, el Corte Inglés…), también una recepción con SS.MM los Reyes, vistamos el Ayuntamiento de Manresa y atendimos a medios de comunicación. También fuimos al Ayuntamiento de Esplugues, mi casa, a la Generalitat con el M.H President, al Palco del Camp nou y vamos más cosas que van surgiendo. Ah y la biblioteca Amadeu Cardona de Vilanova con Xisco para contar nuestra experiencia.

Ahora mismo sólo pensamos en una cosa, Tokio, desde el mismo momento que se apagó el pebetero. Sólo preveo seguir dando pedales junto a Joan Font.

Por Ignacio Avila

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Los “dream teams” de Río

Ya lo ha confirmado, lo sospechábamos. Ya tiene suficiente. “Posiblemente no vuelva a correr”. Purito se acaba en Río de Janeiro, en unos Juegos, por la puerta grande, casi tanto como su trayectoria. Purito es parte sustancial de una de las selecciones que forma con cinco ciclistas en la parrilla de salida de la ciudad carioca. Es el segundo hombre, el “subalterno” que dirían los locutores de la Vuelta a Burgos. Espero no afloren malos rollos del pasado, Florencia quiero decir. y el catalán y Valverde trabajen como la cita lo merece.

Quizá España no sea la selección que peor lo tenga en cuanto a elegir su peón ganador, pues los otros tres ciclistas son para currar en el más amplio sentido de la palabra, aunque trabajar en una cita como ésta implica hacer la carrera desde adelante, pillar los cortes, estar en cabeza lo más posible y en una de estas quizá hasta te encuentres con una agradable sorpresa al final.

En otras selecciones el problema es marcar la carta ganadora, cuando la mano que reparte suerte es tan caprichosa en una carrera que se corre a equipos de cinco o menos. El Team GB, por ejemplo. Trabaja Froome para Geraint o viceversa. En la recámara tienen el mejor joven del Tour, Adam Yates, y un fino cazador, Steve Cummings. En Londres hicieron un “all for Cavendish”, griparon sencillamente porque la carrera así es incontrolable. ¿Quién marca el liderato?

Colombia, otro ejemplo. Sin Nairo Quintana se permiten traerse el ciclista más lúcido del Tour, Pantano y cuatro figuras, Chaves, López, Heano y Uran, vigente medalla de plata. ¿Quién para quién? buena pregunta. Cualquiera de los cinco son potenciales ganadores, no todos en la misma medida, pero casi.

Problema similar en Francia, la selección de Bardet, quien con esas teorías que gasta de ciclismo imposible en los tiempos que corren, lo bien que baja y lo excelente que rueda, ojo con él. Pero quién le pondría por delante de Alaphilippe o de Vuillermoz, ganador por cierto del preolímpico, aqui mismo.

Otra muesca, Bélgica. Dile a Gilbert que trabaje paz Van Avermaet, o al revés, díselo a Wellens, una de mis apuestas para podio. Los vecinos, Países Bajos, con nuestro caballo ganador Dumolin, pero Mollema on fire, Poels en modo trotón… También hay dúos, Kwiatkowski-Majka o Cancellara-Albasini. Rui Costa se las buscará él solito.

Sólo un combinado de los llamados grandes tiene una carta marcada, Vincenzo Nibali, un corredor que es cinco estrellas, junto a Valverde y Dumolin. Aru y Rosa van en el lote, pero Vincenzo es ciclista de imposibles, y a más lío, más opciones. No sé si ganara, pero lo pase con Nibali seguro que influye…

Imagen tomada de @ColCiclismo

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Levante en primera línea de bicicleta