Roger De Vlaeminck y el doble rasero

Mathieu Van der Poel JoanSeguidor

Para Roger De Vlaeminck, el jovencito Van der Poel puede ganar cinco veces Roubaix

Lo que habríamos dado por ver aquellas Roubaix de los setenta, con Roger De Vlaeminck, Hennie Kuiper, Eddy Merckx… a hostia pura, poniéndolo todo patas arriba.

Un ciclismo silvestre que hoy sólo podemos apreciar en esas clásicas que el coronavirus nos ha robado, no se lo perdonaremos nunca.

Años después, escuchar a Roger De Vlaeminck viene a ser el equivalente belga de Fede Bahamontes.

Cada vez que habla sube el pan.

Aquí, hace ocho años, cuando Boonen firmaba su primavera mágica, a De Vlaeminck le sobró tiempo para echarla por tierra, no llevó nada bien que Tomeke le igualara en la cima de Roubaix, cuatro cada uno.

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Suponemos que el viejo Roger habrá celebrado en la intimidad el momento que Mathew Hayman le arruinó el quinto pedrusco en el norte del hexágono.

En todo caso, nos ha llamado la atención el cambio de paso de Roger De Vlaeminck cuando se refiere a Mathieu Van der Poel.

Hace un año por estas fechas empezaba la semana mágica del neerlandés, con la Flecha Brabazona y la increíble Amstel que rebañó delante del ciclista de moda esos días, Julian Alaphilippe.

Para Roger De Vlaeminck, Mathieu Van der Poel ganará cinco veces la París-Roubaix, una cifra cuya mención tratándose del infierno produce vértigo.

Roubaix ha sido una carrera que muchos han tenido al alcance, pero que pocos acabaron llevándose, algunos como Franco Ballerini, tras sonoros berrinches, y otros como Gilbert Duclos Lasalle pasando por toda una vida bebiendo los vientos por el infierno.

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Ganará la París-Roubaix al menos tres veces, quizá cuatro o cinco, espero que lo logre

Puede hacer de todo, habla bien, entrena bien, se cuida, tiene clase, es mi favorito para todas las carreras. Se parece a mí, es versátil

En esto último podemos estar ciertamente de acuerdo, Roger De Vlaeminck es un lujo de ciclista que aunó en su palmarés Tirrenos, Lombardías y Roubaix, pero una cosa es decirlo, otra hacerlo.

Que te cuelguen estas frases es un arma de doble filo, que Van der Poel es una rueda a seguir, es obvio, le seguirán señale quien le señale, pero esto da tantas vueltas, que atribuirle a Van der Poel ese palmarés antes de ponerse a ello, es atrevido.

Más cuando vemos que la realidad a veces supera la ficción y en un ciclista y su suerte pueden influir mil cuestiones.

Paris-Roubaix pave, Cosas que hacen que sea tan deseada

Paris- roubaix

Paris-Roubaix pavé nadie puede dudar, que sea de todas a todas la prueba de una jornada del calendario más cotizada y anhelada por cualquier corredor ciclista que sienta en su fuero interno deseos de ser algo en el mundo de la bicicleta.

Donde Acaba la Paris-Roubaix

Su final tiene lugar no lejos de la frontera belga y cercana al conocido Paso de Calais. Cabe consignar que fue a partir del año 1968, cuando la mencionada competición cambió su itinerario en contraste de lo que fueron sus anteriores ediciones.

Posteriormente, al objeto de aligerar su excesivo kilometraje, la aludida competición tomó la decisión en el año 1977 de situar la línea de partida en la ciudad de Compiègne, situada a 65 kilómetros al norte de París, lugar de cierta fama por erigirse allí el fastuoso castillo de Luis XV, monumento nacional, así como lugar de residencia de los reyes de Francia y de los emperadores no menos conocidos, tales como Napoleón I y III.

Con el citado cambio de salida los organizadores lograron acortar el recorrido, que ha quedado en definitiva en los 253 kilómetros, la cifra oficial que nos marca la actualidad.

¿Quiénes fundaron la Paris-Roubaix?

Su creación nos hace retroceder al año 1896. Fue un tanto ingrata la labor emprendida por dos importantes empresarios pertenecientes al ramo textil, apelados Théo Vienne y Maurice Pérez. Éste último era originario de una familia española.

El Velódromo de la Paris-Roubaix

Se establecieron en las cercanías de la ciudad de Roubaix, que poseía un gran poder industrial y económico. Estos dos magnates influyeron decisivamente en la construcción e inauguración de un velódromo de 250 metros de cuerda, asentado en aquella población de identidad y tonalidades más bien grises, dominada por los casi constantes humos de las fábricas colindantes y sus neblinas que suelen ser acusadamente bien manifiestas, una característica puntual en aquella región norteña del país galo.

Le veló, el periódico influyente en la Paris-Roubaix

Aquellos dos aludidos entusiastas, impulsados a su vez por otro maestro en aquellas lides, un tal Paul Rousseau, quisieron a toda costa divulgar y enaltecer las excelencias del deporte ciclista, dándole incluso una necesaria difusión internacional para que llamara más la atención al gran público. Así se instauró esta prueba de tanto abolengo y prestigio mundial.

Les secundó en este gran proyecto el rotativo denominado “Le Vélo”, bajo el impulso del citado Paul Rousseau, otro apasionado de este deporte, que en cierta ocasión llegó a escribir un elogio a favor de la bicicleta de la que decía “que consideraba más que ser un elemento rodado al servicio del deporte, era un artilugio divulgador y benefactor social puesto a disposición de las gentes”. Esta era su imaginativa definición. La frase ha perdurado en todos los ámbitos como un símbolo a la esperanza. Eran unas épocas donde el Tour de Francia, aparecía entre los aficionados al ciclismo.

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Es así como se puso en marcha la prueba en la fecha del 19 de abril de 1896, registrándose el triunfo de un tal Josef Fischer al cubrir la distancia de nada menos 300 kilómetros. El corredor germano tuvo una compensación económica que ascendió a 1.000 francos franceses. ¡Qué tiempos aquellos!. Pasaría toda la historia de Roubaix hasta volver a ver a un alemán ganar con Jonh Degenkolb.

Se comenzaba al Paris-Roubaix

Los organizadores divulgaron a los cuatro vientos que constituía la carrera ideal para afrontar con más garantías la clásica y ya asentada Burdeos-París. Inicialmente no pasó de ser un modesto reclamo para atraer a los ciclistas. Luego resultó que la fama y popularidad se la llevó de todas a todas la París-Roubaix, considerada como una carrera de visos difíciles y a la vez sumamente arriesgada, especialmente por tener que pisar los atletas del pedal los terribles adoquinados que se insertaban a trechos en su recorrido juzgado un tanto diabólico.

Los Adoquines de la Paris-Roubaix

Aparecían los célebres adoquinados que de manera intermitente atenazaban y atenazan a los valerosos y animosos concurrentes. Los tramos de este insólito obstáculo de piedras casi cuadráticas aparecen unas veinte y tantas veces -en la actualidad suman veintisiete-, un verdadero tormento, una verdadera pesadilla. Se puede afirmar hoy que aproximadamente una quinta parte del recorrido se sumerge en esta situación un tanto angustiosa. Ello supone, más o menos, el cubrir bajo esta pesadilla una longitud de aproximadamente 53 kilómetros que no apuntillan al descanso precisamente.

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Promedios memorables de la Paris-roubaix

El primer vencedor, lo reiteramos, fue el alemán Jozef Fischer, en el año 1896, un ciclista bien conocido en aquellos tiempos. Registró un promedio casi inaudito de 30,162 kilómetros por hora. Su contrincante más directo fue el danés Charles Meyer, que llegaría a la meta con 25 minutos de retraso, mientras que el tercero, primer francés, fue Maurice Garin, otro ciclista de solera.

El holandés Peter Post es el que por ahora mantiene la mejor marca desde 1964

bajo una media de 45,129 kilómetros a la hora, una cifra que parece casi inaccesible. Cabe afirmar que en aquella jornada sopló de espalda un fuerte viento que hizo volar a los corredores, algo así como una mano invisible que se asomó a la contienda ciclista en son de ayuda. Anotamos que en la temporada 2013, el suizo Fabian Cancellara registró también una segunda buena marca: 44,190 kilómetros a la hora. Con todo, tarde o temprano, los récords caen con el paso de los años.

Es anécdota el comentar que esta prueba, quizá no se sepa, empezó por disputarse detrás de bicicletas entrenadoras, salvo en los años 1898, 1899 y 1900, en que los corredores eran protegidos cara al viento por sendos automóviles. Esta novedad, sin embargo, no perduró con esa clase de ayuda que diluía el verdadero sentido de una carrera de cierta envergadura.

Los españoles, una ambición truncada

Los representantes españoles, hay que hacer siquiera una mención, han quedado un tanto al margen, salvo las prestaciones logradas por el catalán Miguel Poblet, segundo en el año 1958 y tercero en 1960.

Juan Antonio Flecha y sus intentos de ganar la Paris-Roubaix

En tanto que Juan Antonio Flecha, de origen argentino pero catalán de adopción, hizo el tercero en la edición del año 2005; el cuarto, en el 2006; el segundo, en la temporada siguiente, y volvió a ser tercero en el año 2010, un mérito continuado que le fue muy familiar aunque no culminara su obstinada acción con la conquista de una corona como ganador, una ambición truncada en su vida deportiva.

Ciclistas que están en el candelero

El belga Roger de Vlaeminck consiguió cruzar la meta de Roubaix como ganador en cuatro ocasiones (1972-1974-1975-1977), un dato nada despreciable que ensalza a este fornido corredor que destacaba entre otras cosas por su gran envergadura.

Figura en paridad con él, su compatriota y bravo luchador Tom Boonen (2005-2008-2009-2012). En un escalón inferior, con tres victorias, nombramos a los belgas Gaston Rebry, Henri Van Looy, Eddy Merckx y Johan Musseeuw; al francés Octave Lapize, al italiano Francesco Moser y al suizo Fabian Cancellara.

Que naciones han ganado más la Paris-Roubaix

Por naciones es Bélgica la que sigue capitalizando el dominio en esta prueba, con 56 victorias.

Le siguen algo más tarde:

  • Francia 28
  • Italia 13
  • Países Bajos  6

Estadísticamente hablando, hubo un belga, Raymond Impanis, que posee hasta la fecha otra buena marca.

Participó parís-roubaix en esta clásica que nos ocupa nada menos en dieciséis ocasiones. Hay un holandés, llamado Servais Knaven, que ha conseguido alinearse en la línea de salida quince veces. Lo curioso del caso es que tanto uno como otro, los dos mencionados, solamente han podido adornar su historial con una sola victoria en esta prueba de tan alto prestigio internacional. Son datos éstos, los escritos aquí, que perduran en nuestras memorias.

Por Gerardo Fuster

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Hoy os hablamos de los patrocinios de Endura

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#ClassicMen Francesco Moser, “signore Roubaix”

La historia es caprichosa, como muchas veces hemos dicho, y situamos a corredores en nuestro imaginario en una faceta que, aunque siendo cierta, no es la única que vistió su leyenda. Por eso cuando la imagen más divulgada de Francesco Moser es la de ese ciclista ancho, profunda mirada, pelo negro, angulada cara y perfil corpulento, sobre la rompedora máquina con la que destrozó el récord de la hora en las altitudes de Ciudad de México, sólo es eso, una faceta, un perfil ideal, una forma de recordar un corredor que fue mucho más y logró mucho más.

Moser también tiene un Giro, el de 84, una carrera marcada por las múltiples influencias que concurrieron para que ganara un italiano ante la insolente juventud que despertaba de Laurent Fignon, que a todas luces fue el ganador moral de aquella carrera. Público hostil, helicópteros que empujaban en las cronos,… Moser debió ganar por lo civil o lo criminal. Así lo hizo.

Pero hay una tercera faceta, conocida aunque quizá menos por muchos, las clásicas, y es que ese ciclista de porte elegante, rodar agresivo y tremenda ambición, tiene en su palmarés nada menos que seis monumentos: tres Roubaix, dos Lombardías y una San Remo, un botín que le sitúa entre los mejores de siempre, especialmente en el Infierno del Norte, donde sólo le superan De Vlaeminck y Boonen.

De hecho Moser es el tercer mejor ciclista del mundo sobre los afilados adoquines encadenando, y eso sí que es difícil, por lo imprevisible de la carrera, tres triunfos consecutivos, logrados en un tiempo en el que las clásicas tenían grandes nombres de todos los tiempos, aunque especialmente uno, Roger De Vlaeminck, ese que llamaban el Gitano, que nunca tuvo amigos, ni siquiera en su propio equipo.

Así las cosas en la Roubaix del 78, Moser, arco iris a la espalda, arco iris que ganó en Venezuela, se presentó ante “Monsieur Roubaix” como alternativa ganadora a la mejor carrera del año. El italiano, listo como el hambre, jugó sus bazas sin esperar instrucciones del gran jefe. Realizó dos ataques, primer a 23 de meta y luego a 18 para romper la resistencia de Maertens y Raas, mientras el influjo de De Vlaeminck se hacía notar. Moser llegó solo al velódromo y De Vlaeminck echaba fuego. “Este tipo es un desagradecido” escupía por esa boca que no dejaba indiferente, como cuando dijo que las cuatro Roubaix de Boonen tenían menos mérito que las suyas.

Cabreado, el gitano cambió de equipo, a sabiendas que su tiempo, aunque glorioso, era caduco frente a las hechuras del joven Moser. El belga al Gis, Moser en el Sanson. En 1979 le ganaría por la mano otra Roubaix, dejándose segundo, sintomático. Al año Francesco renovaría la corona en el infierno tras reaccionar a un ataque de largo radio protagonizado por Thurau. Moser arrastró a su sombra, De Vlaeminck, y a Duclos Lasalle. Les acabaría dejando. Era la tercera.

Pero si Roubaix fue el foco de su enemistad con De Vlaeminck, Lombardía fue otra de las cabezas de esa hidra de mil cabezas que fue su relación con Giuseppe Saronni. En una rivalidad que para Italia era reverdecer los tiempos de Coppi y Bartali, Moser y Saronni entablaron su enemistad desde el momento que corrieron juntos el mundial haciendo de todo aquello que compitieran un corralillo de gallos enfermizos. En ese clima se corría en la Italia a caballo entre los setenta y los ochenta y en ese clima Moser se llevó esas dos Lombardías, uno de ellos delante de Hinault, y San Remo, entrando solo en la Via Roma, tras desplegar toda su sabiduría en el descenso del Poggio.

Imagen tomada de www.sbs.com

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Gandía y su región, un punto de infinitas posibilidades para el ciclista

Que Sagan no gane en Flandes

El otro día, en las carpas aledañas a la meta de Wevelgem. había sensaciones encontradas. Mientras Greg Van Avermaet saboreaba un histórico triplete, la cara de Peter Sagan no conjuntaba con el tierno arco iris que luce en su pecho. El campeón del mundo estaba muy mosqueado, tanto que no se cortó ni un pelo, y puso nombre y apellidos a su pesadilla, un holandés, Niki Terpstra, quien a su jucio corrió como todo el Quick Step, con el objetivo de hacerle perder la carrera.

La sobrada fue de las que hace época, sin duda de esas que marcan el carácter de un ciclista único que habiéndose ganado el corazón de la afición, ahora parece que quiere dividir la masa, como Moisés los mares, entre detractores y fieles seguidores. A mí las declaraciones de Sagan me gustan y no: me gustan porque aliña con picante el ciclismo, le pone salsa y le da sabor, pero no me gustan porque la falta de respeto a sus rivales va implícita en el mensaje: “Aquí gana el que yo digo” viene a decir. Excesivo.

No obstante Sagan no puede hacerse el sorprendido ante esta situación. Su mal es el mal de muchos y muchos campeones en la historia. Su figura imprime respeto, mucho, muchísimo y se le une que es bien visible, con su túnica de campeón del mundo. No creo que nadie corra contra él, el problema es que intimida y además en el pelotón, como en la viña del señor, hay de todo, ciclistas valientes como él, dígase Van Avermaet o Kwiatkowski, que además le tienen tomada la medida, y otros que prefieren verlas venir y en ese grupo, el Quick Step tiene varios, pues tienen el mejor equipo pero no un capo como Van Avermaet o el propio Sagan.

Se vio con Niki Terpstra en Wevelgem, pero lo hemos visto estos años atrás, cuando los azules llevan ya un tiempo sin mojar en una grande, ansiedad que se suma a la cuenta atrás que Patrick Lefevere tiene en el patrocinio del equipo y las riendas que eso le da para controlar, aún más, los movimientos de sus chicos.

Ya en el anterior Eneco Tour, Sagan despotricó contra sus compañeros de grupo cuando no quisieron colaborar con él en una caza. “He ganado yo lo que todos ellos juntos” dijo, en fin, bravuconadas, sellos que creo que estos bien llamados “flandriens” deben imprimir, por ser tipos duros, hechos del fragor del adoquín y de la niebla del lugar, ciclistas que no pueden jugar a especular, porque entran en la mesa a todo o nada, sin premios de consolación, ni algodondes, porque a estos les gusta ganar. Qué decir de Roger De Vlaeminck, que retirado hace tiempo sigue sacando la lengua a pasear.

Dijo también Sagan que mejor no ganar, que le perdería el gusto a la competición si se aburriese de ganar, perfecto pues, que este fin de semana le repasen y el domingo siguiente salga a romper en Roubaix y se cobre todas las facturas de golpe. Que Sagan no repita en Flandes y de paso nos dé el fin de semana en el Infierno…

Imagen tomada de http://www.rondevanvlaanderen.be

La primavera que viene, por Roger De Vlaeminck

Ante el Het Nieuwsblad que este sábado pondrá en solfa la campaña de clásicas, el más bello y pintoresco periodo que el ciclismo nos puede ofrecer, en www.cyclingnews.com han dado voz al “Gitano” Roger De Vlaeminck para analizar lo que espera en estos casi dos meses de competición en los que todo se juega a una carta, en un momento, a un día, en una carrera. Bienvenidos a la primavera.

Para quienes hayáis oído hablar de este tremendo ciclista, que camina por los setenta años y ayuda a una empresa de bicicletas eléctricas, ahora que están tan en boga, De Vlaeminck se ganó el título de “monsieur Roubaix” por sus cuatro victorias en la reina de las clásicas, si bien este apelativo lo comparte, no sin disgusto, con Tom Boonen, quien en 2012 firmó la campaña perfecta de los adoquines ganando todas las grandes a excepción de la primera, la Het Niuewsblad.

Los récords están para ser superados, aunque en mi caso creo que hay uno que nadie va a batir, las seis Tirrenos que gané de forma consecutiva. No obstante hay cosas que son más importantes que los récords, como ganar los cinco monumentos, algo que yo pude lograr junto a Eddy Merckx y Rik Van Looy”.

Y es que la primavera, como todo en la vida, renueva nombres y con Boonen en su recta final, destaca también la prórroga que vive Fabian Cancellara. Veremos en qué punto estarán pero el «Gitano» los ve delante como favoritos en Flandes y Roubaix, si bien dos nombres le parecen por encima de otros, Greg Van Avermaet y Zdenek Stybar. Del primero admite que “me encanta su estilo porque me gustan los corredores que no especulan hasta el sprint y por eso él necesita llegar en solitario. Es mi ciclista favorito”.

El lagunar Vanmarcke necesitaría “un día fuera de lo normal para ganar y Kristoff es un privilegiado porque “no necesita llegar en solitario y los demás deben luchar para dejarle atrás. La baja de Degenkolb le favorece porque es de lejos el más rápido de los grandes nombres”.

¿Y Sagan? “pues que necesita ganar un monumento cuanto antes. Ganó E3 y Wevelgem, pero no son monumentos y ha sido podio en San Remo y Flandes”. Aunque Sagan es fuerte y polivalente, De Vlaeminck no le ve a su nivel, pues “en Lieja y Lombardía no se le ha visto corriendo como yo lo había. Sagan no es un buen escalador, cuando vienen etapas duras se descuelga hasta el coche de equipo y yo logré ganar etapas durísimas del Giro y batir corredores tan rápidos como Patrick Sercu”.

Este es el “Gitano”, así piensa, siempre tiene para repartir, diciendo que las barbas en el fútbol son estéticas, no en el ciclismo, y que su vertiente de ciclocross se nutre con registros que los de hoy serían incapaces de abordar. Ya se sabe, esto del abuelo cebolleta….

Imagen tomada de www.dezondag.be

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En Nacex te llevan la bici a donde quieras sin tener que carga con ella 

La ubicuidad del apellido De Vlaeminck

En tiempos de la superespecialización, nos ha venido a la mente un apellido mítico que aquí ya hemos tratado alguna vez. Decir De Vlaeminck es decir ciclocross, pista y carretera en uno, ahí es nada.

Erik y Roger De Vlaeminck alimentaron una parroquia, la flamenca, cuya identidad reposa sobre tubulares y su fe entre adoquines. De ellos, Roger distribuyó sus cualidades entre velódromos, campas y adoquines. Aún hoy sigue siendo el vecino ilustre de Eeklo, población equidistante entre los santuarios de Brujas y Gante, donde regenta su tienda de bicicletas cuando no toma parte en proyectos del todo peculiares, como lo fue dirigir la selección de Zimbabwe. También le queda tiempo para lanzar peculiares soflamas.

Roger De Vlaeminck aúna en una persona todo aquello que palpita en el corazón ciclista flamenco. Su empresa no estaba sujeta a los rigores del calendario, su obra se ejecutaba sobre doce meses, cuajando campañas en las que acumulaba victorias y podios en tres especialidades al mismo tiempo.

En las tres disciplinas, el mocetón de Eeklo, apodado “El Gitano” por los viajes de su familia a causa de su negocio de la ropa, Roger cimentó una leyenda sostenida en 257 victorias en carretera y 120 en ciclocross. En la pista, pese a ser un asiduo de las seis horas de Gante, Bruselas y Amberes, su portentoso físico no le dio tanta gloria. Entre sus éxitos destacar el logrado en Amberes junto a Patrick Sercu en 1982. 

El camino iniciado por Erik 

Dos años mayor, Erik De Vlaeminck ha sido el mejor corredor de la historia del ciclocross, hecho que certifican sus siete títulos de campeón del mundo, seis de ellos consecutivos entre 1968 y 1973. El primero lo logró en 1966 y pudiera haber encadenado ocho victorias seguidas de no haber mediado problemas mecánicos en la edición de 1967. El día más grande de la familia De Vlaeminck fue en Luxemburgo en los Mundiales de ciclocross de 1968. Roger, en amateurs, y Erik, en profesionales, se proclamaban campeones del mundo el mismo día. A pesar de sus innegables cualidades, Erik no tuvo la fortuna de su hermano en la carretera. Una victoria de etapa en el Tour y la general de la Vuelta a Bélgica son sus principales activos.

En el Campeonato del Mundo de 1975, Roger de Vlaeminck volvía a situar el largo apellido flamenco en lo más alto del cajón. Ganó en Melchnau, cerca de Berna, por delante de los anfitriones Peter Zweifel y Peter Frischknecht, a 31 segundos y  1´21´´ respectivamente. Su hermano Erik llegó cuarto. También finalizaron los españoles José Antonio Martínez y Juan Gorostizi, decimotercero y decimocuarto. 

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“Monsieur París- Roubaix”

En 1972 Roger, con 25 años, ganaba la primera de sus cuatro París- Roubaix. Fue un éxito recordado por la tremenda selección que nos volvió a proporcionar el inigualable Arenberg. En él enterró sus opciones el campeón del mundo Eddy Merckx, ciclista con quien Roger mantuvo algo más que una mediática competitividad. Quedaban en carrera los otros lobos de la partida. Allí rodaban Gimodi Van Springel, Janssen, Guimard y Basso junto a nuestro protagonista. Con Gimondi fuera de carrera, lo probaba el belga Van Malderghem, a por él salta De Vlaeminck, quien diez de meta ya rodaba solo.

Repetiría en Roubaix dos años después, ganaría otra en al año siguiente y la última en 1977. Su obra en la “Pascale” se traduce en catorce participaciones, un solo abandono, cuatro posiciones de plata y otra de bronce. Cifras que unió a los otros cuatro monumentos. Por que San Remo, Flandes, Lieja y Lombardía también están en su palmarés, como sólo en el de Merckx y Van Looy. En la reina de las clásicas flamencas, el Tour de Flandes, ganó en 1977, siete años antes lo hizo en la gran carrera valona, la Lieja- Bastogne- Lieja. También sumó a su causa las dos semiclásicas Het Volk, una semana después de ser subcampeón del mundo de ciclocross amateur, y Flecha Valona. 

Récord en la Tirreno

Además de Bélgica y también Francia, fue en otro país donde tuvieron el placer de disfrutarle a grandes dosis. En Italia el “Gitano” dejó huella. A día de hoy sigue siendo el mejor corredor de la historia de la Tirreno- Adriático, donde con seis triunfos consecutivos lograba el tono adecuado para las exigencias de la primavera. En San Remo alzó los brazos tres veces y dos en el Giro de Lombardía.

El Giro de Italia fue en la grande donde obtuvo mejores resultados. Se llevó hasta 22 etapas y varias generales de la regularidad. Especialmente cabe resaltar la edición de 1975 con siete victorias parciales. Participó en tres Tours de Francia, ganó una etapa pero nunca lo finalizó. En la Vuelta se llevó la etapa de Zaragoza de 1984, el año de su retirada. Su mejor resultado en el Mundial de fondo fue la segunda plaza 1975 tras Hennie Kuiper.

Cuando oigáis de él, sabed que es otro de los irrepetibles que tanto nos gusta traer por este mal anillado cuaderno.

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Mira las Trek Madone que manejan en Tuvalum 

Las trifulcas del Bosque de Arenberg

Nos contó Flecha que “el Bosque de Arenberg es el inicio de la auténtica Roubaix. En él se abren las primeras diferencias, hay un antes y un después, sobre todo si el día es seco, pues  si ha llovido la carrera ya llega rota. Estamos realmente en el infierno, antes de llegar al tramo hay una pancarta que nos lo recuerda. El sol no suele entrar mucho, la recta está en medio de un bosque, y el adoquín suele estar siempre húmedo”.

Hubo unos años que no estuvo en el recorrido de la París-Roubaix. La última vez no fue hace mucho por las caídas de Philipe Gaumont y Johan Museeuw, quienes rozaron el ocaso deportivo tras dar con sus huesos sobre el maltrecho adoquín de esta recta de casi dos kilómetros y medio cerca de Wallers, y no muy lejos de Valenciennes. Estuvo también ausente diez años, entre 1974 y 1984.

Arenberg es mítico en sí, y más cuando su paso no rompe ni rasga la carrera definitivamente por que aún está lejos de la llegada. De cualquiera de las maneras su paso merece un punto a parte. Incluso en los años más mezquinos de lo televisivo, el tramo de Arenberg se hacía por separado y luego, luego, el resto de la prueba.

Aquí el infierno se posó por primera vez en 1968. Esa París-Roubaix decían era la más dura de la su ya longeva trayectoria. Una edición de 257,4 kilómetros con casi 57 sobre pavés a partir de Solesmes. El pelotón empezaba a botar a 112 kilómetros de meta y así hasta el velódromo. En la ruta muchos candidatos para tomar el trono de Janssen. Un batallón belga estaba dispuesto a suceder a su ilustre vecino. No obstante el primero en dar fue Roger Pingeon, un francés que quedó noqueado en el paso de Arenberg por un pinchazo primero, y posteriormente por un grupo de lobos del cual salían como flechas los Merckx y Van Springel. En el velódromo el “caníbal”, vestido de arco iris, fue más rápido. Tras ellos, sólo belgas, Godefroot, Sels, Van Schil, ….

“¿Un deseo?: Ganar la París- Roubaix”. El pensamiento es una obsesión en voz alta del viejo Duclos, sí de Gilbert Duclos Lassalle. En 1992 pudo con el reto. Se plantó en cabeza a Arenberg y salió acompañado por Van Poppel y Van Slycke. Demasiado poco para un zorro en los pavés del norte que llegó en solitario al velódromo con 38 años a las espaldas. Al año siguiente, el eterno francés volvió a ganar, otra vez, por segunda vez y con los cuarenta llamando a la puerta. No ejerció de tirano en el bosque, pero el mismo le sirvió para enlazar con la cabeza tras salvar de una tacada una caída y pinchazo. Su triunfo frente a Ballerini se resolvió en tan sprint que nadie se atrevió a señalar al ganador antes del juicio de los árbitros, fue casi tan memorable como el del Eddy Planckaert frente a Bauer en 1990. Ese año Arenberg pasó desapercibido. Pero no todo fueron “rositas” para Duclos en Arenberg, aquí enterró sus opciones en 1985.

Lo cierto es que la historia no le ha dado a Arenberg la importancia que se ha ganado en los capítulos de la épica. Lo dice la historia, en esta recta se cuentan más los infortunios que las hazañas, por que mantenerse sobre la máquina ya era una hazaña. Su mortal pavés era trascendente cuando el barro disimulaba el grosor del tubular. Entonces sí que se podía armar la de Dios. Así ocurrió en 1972 cuando se fue al suelo un total de 40 corredores cual dominó. De esa escabechina no se libró ni Merckx. Fue el año del primer triunfo del gran De Vlaeminck.

No siempre estuvo la desgracia para Merckx en el tramo de Arenberg. En 1970 otra hecatombe sacude al grupo. De la monumental montonera salen vivos cuatro Flandria, entre ellos De Vlaeminck, junto ellos Karstens, Janssen y el inefable Eddy, quien tras dos pinchazos, para variar, gana. Zoetemelk es otro de los grandes que salieron tocados de muerte de Arenberg. El divo holandés se dejó sus opciones en Arenberg en la edición del 73.

Curiosidades no faltan. El italiano Gimondi llegaba en 1971 con una renta corta a Arenberg. Un paso a nivel le cortó las alas justo antes del célebre paso.  Los diez años de ausencia de Arenberg en la Roubaix hicieron que una generación entera de grandes no probara la grandeza del escenario. De los Merckx, De Vlaeminck y Janssen pasamos por asomo a los Kelly, Planckaert y Vanderaerden. En 1984 la “rentrée” de Arenberg se hace a lo grande para los anfitriones. Los Redoute Bondue y Braun entran a saco en el tramo. No miran para atrás. De nuevo en el asfalto, toman conciencia de la situación. Sus perseguidores están por encima del minuto. Pero claro quedaban 100 kilómetros, y eso era mucho trecho para “King” Kelly…

Extracto de un artículo publicado en Ciclismo en Ruta (abril de 2005)

Foto tomada de de www.steephill.tv & bosquedearenberg.blogspot.com

El ciclocross necesitaría de la complicidad de los grandes nombres

El ciclocross asturiano

El pasado fin de semana el ciclocross asturiano tuvo a su ciclista más ilustre de los últimos tiempos. Samuel Sánchez, el ciclista que dijo no a la oferta de renovación del BMC, corrió una carrera en La Tenderina, un barrio ovetense. Samuel, cuya biografía en breve publicará Nacho Labarga bajo el título de “El ciclista de oro”, quedó más o menos por mitad de la tabla.

La presencia de Samuel en la carrera de su ciudad fue anecdótica, un paréntesis dentro de su plan invernal que si no me equivoco ya ha consumido su ciclo de descanso.

Por esa excepción que hizo Samuel, nos hemos vuelto a preguntar por esa cantidad de grandes ciclistas que un día, haciéndolo bien en carretera, se prodigaron también por los campos de esta bellísima modalidad que el pasado fin de semana llegó a pisar el territorio británico con la Copa del Mundo.

En la actualidad en el pelotón de carretera no hay grandes nombres de ciclocross. No los hay al menos alternando las dos modalidades. Posiblemente sólo encontremos a Francis Mourey, el francés más consistente de los últimos años, que en carretera se hizo con el Tro Bro Léon el año pasado.

Al margen de Mourey, John Gadret, hoy en el Movistar Team, es otro de los nombres que lo ha alternado.

Se da la circunstancia de Zdenek Stybar, el vigente campeón del mundo que en su día dijo que el ciclocross pasaba a ser secundario a pesar de ser el coco de la modalidad.

Y es que en el checo vemos un problema también extrapolable a la pista y no es otro que al final casi todas sus grandes figuras –si no incluimos a los velocistas- acaban partiéndose la cara en la carretera.

 

Barro en el ciclocross

Y es una pena que ciertos ciclistas no se prodiguen porque en el fondo, navegando por los barrizales del ciclocross encontrarían argumentos ante las crecientes dificultades que ponen las grandes vueltas más allá de las montañas o las cronos.

Miremos por ejemplo la última etapa del adoquín del Tour de Francia.

La ganó un campeón del mundo de ciclocross como Lars Boom y entre otros protagonistas tuvo a Jakob Fulsang, ciclista que no se prodiga en ciclocross, pero sí viene del moutain bike. Como Cadel Evans, ganador de aquella mítica etapa de Montalcino en el Giro de 2010, llegó desde las ruedas gordas.

Recuerden que aquel día también estuvo delante el mentado John Gadret. Otro nombre del ciclocross actual que ha anunciado que la carretera le ocupará más tiempo es el holandés, y vigente ganador de la Copa del Mundo, Lars Van der Haar.

Los protagonistas del CICLOCROSS

Pero tuvimos años en que los grandes nombres se batieron en ciclocross. Nuestro querido “cabeza de cuero” Jean Robic fue campeón del mundo en lodazales y ganador del Tour.

En otro escalón está Oscar Pereiro, que ganó la mejor carrera del mundo y había sido campeón de España de ciclocross en categorías interiores. Como Pereiro, buenos routiers agrandaron su calibre en el ciclocross: Iban Mayo, Mikel Artetxe, Oscar Pereiro, Igor Astarloa pero también José Antonio Garrido, Tino Zaballa, Julen Zubero y Unai Yus sin obviar a los actuales Javier Ruiz de Larrinaga ni Aitor Hernández, el rey sin corona del ciclocross español pues domina el largo y ancho de la temporada sin haberse proclamado campeón de España.

Quien fue campeón del mundo de Ciclocross

Volviendo sobre Robic, sus pasos los siguieron los hermanos De Vlaeminck.

Roger fue una vez campeón del mundo de ciclocross y cuatro ocasiones ganador de la París-Roubaix y su hermano Eric se mueve en registros inabordables: siete veces campeón del mundo y ganador de carreras en ruta, entre otras una etapa del Tour de Francia.

El ganador de la Vuelta a España del 65 Rolf Wolfshohl también fue campeón del mundo de ciclocross y nombres como Adri Van der Poel, Dominique Arnould y Mario De Clerq nos suenan a leyenda en los dos campos.

Como veis fueron pocos, pero grandes, y con aureola atrajeron gente e inversión a esta modalidad llamada ciclocross que es preciosa pero sufre un cuello de botella que le impide crecer. Que los grandes nombres le prestaran una ayuda sería valiosísimo.

Imágenes tomadas de www.biciciclismo.com (@GloriaAlvarezz) y  www.sport.be

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