Rui Costa recupera la mejor versión

Rui Costa Saudi Tour JoanSeguidor

Rui Costa sale con la pólvora bien seca en el Saudi Tour

 

Rui Costa se ha asegurado salir en la historia, al menos en la del nuevo Saudí Tour, la nueva carrera que pone Arabia en el mapa, donde parte como ganador de la primera etapa y líder inaugural.

Una victoria que en el caso del portugués no es poca cosa.

Su pegada en llegadas que antaño dominaba a la perfección, que se lo digan a Purito y aquella dantesca historia de Florencia, no se le daban a uno de los corredores con más caché del pelotón, pero más ausentes del podio.

Desde que Rui Costa fuera campeón del mundo, podríamos decir que la maldición del arcoíris le rondó muchos años. 

SQR – GORE

 

Demasiados para uno de los ciclistas más listos del pelotón, listo para un servidor, odiado por muchos, por esa forma de correr que le supone competir sin dar una pedalada de más, si tiene uno al lado que la dé por él.

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Sin embargo, esa manera de hacer, aunque reprochable por quien sale «engañado» del luso, nunca será reprobable, Rui Costa le ha sacado brillo al arte de más por menos y eso, como otras muchas cosas en la vida es una habilidad poco repartida.

No obstante no sabemos si fue el mundial, o la salida de Movistar, si fue el huevo, o la gallina, pero este corredor nunca más brilló al nivel de ese mágico 2013.

Sí amasó tres Suizas, que no es poca cosa, pero al margen de ello, Rui Costa nunca, por ejemplo, machacó en Ardenas como se esperó.

Lo tuvo a tocar la edición que gana Wout Poels, aquella tarde nieve y viento en Lieja.

Es curioso, volviendo a lo de antes, porque en el haber reciente del luso brillan derrotas que en sus buenos tiempos ni por asomo hubiéramos visto.

El sprint de Omar Fraile en las entrañas de la Emila, etapa del Giro, o la que le quitó David Gaudu en Romandía, hace menos de un año.

Eso, al Costa auténtico no se habría escapado, como no lo ha hecho esta llegada del Saudí Tour, la jornada inaugural, sabedor que a 300 metros se jugaba lo gordo y atacando con todo para ello.

El sol de oriente le sigue siendo favorable.

Imagen: UAE Team

Florencia y el ciclismo, Un desastre mundial ciclista

Florencia y el ciclismo, es la ciudad de los prodigios

Florencia y el ciclismo, cualquier acera que vires, cualquier callejuela que emboques, todo tiene algo que contare, algo que enseñarte. Hoy, esta tarde de domingo, nuestros ojos miraban hacia la maravilla toscana, pensábamos en quién sería nuestro Brunelleschi, nuestro Ghiberti, nuestro Donatello,… queríamos ver a los prohombres del ciclismo darnos una carrera del tamaño de Tony Martin el pasado miércoles y la vimos. Vaya si la vimos.

Hoy el ciclismo ha sido de mayúsculas. Y la resaca densa, casi futbolera. Miremos, desde lo lejos, que esto ha ocurrido tras siete horas, bajo la lluvia, los latigazos de cada cursa y el sopor de cada grito. Y si lo miramos así entendemos que pensar con claridad en esos momentos es complejo, casi imposible. Sin embargo no hablamos de lecturas perfectas de carrera, esas que calzamos desde el sofá, pero sí de ver lo que pasa un poquito mejor que quien tienes al lado.

Nuestro amigo Alejandro Valverde

En el cuaderno de Joan Seguidor nunca hemos escondido afinidad por Alejandro Valverde. Le echaremos de menos cuando cuelgue la bicicleta. En Florencia ha firmado un registro complicado, cinco medallas en un Mundial, algo que dicen nadie había logrado. Chapeau, pero lo siento el oro era la única opción.

Siento mucho decir que quienes argumentan que con esas pulsaciones, cansancio y nervios es imposible pensar con claridad no tienen razón. Entiendo de la dificultad del momento, pero tras siete horas no queremos sabiduría a chorros, y  sí algo de sentido común e instinto.

No se trata tanto de ser clarividente como sí el más listo de la clase. Alejandro Valverde iba castigado pero Rui Costa no lo iba menos. El primero erró clamorosamente, y no es la primera vez, el segundo venía tiempo advirtiendo de que era un hombre de gran peligro.

Un mundial, donde vigilar a los italianos

Con Purito metido en lides de dinamitador en el momento clave de la competición, España tenía dos de cuatro hombres entre los mejores. No había más que dejar hacer a Purito y vigilar a Costa y Nibali.

Si a ello le añadimos que Nibali llevaba un castigo insondable, aliñado por caídas y un “tras coche” que violó cualquier norma, la rueda marcada era una, la de un portugués, la de Rui Costa. Sólo había que fijarse en él.

Cuando Costa abre hueco imperceptiblemente, casi sin quererlo, es obvio que Nibali no va a entrar. A esas alturas es una cuestión de lectura sencilla y clara, pero también un síntoma de respiraciones, de quejidos, de postura sobre la bicicleta: Nibali estaba muerto, soldarse a la rueda de Rui Costa era imperioso.

Claro, cuando salvada la curva cerrada de derechas Costa ha tomado diez metros es imposible cerrar el hueco. Y cuando ves que Rui Costa va cual tiburón a por tu compañero escapado, te temes lo peor.

Hoy piolé que teníamos oro y plata en la mano, lo vi tan claro que no me cabía otra opción, más cuando en Fiesole Costa estuvo a punto de quedarse. Plata y bronce es un resultado honroso, en otros tiempos hubiera sido la hostia, pero en Florencia este resultado es decepcionante.

Ya hablaremos de lo que nos espera al ciclismo cuando esta generación se jubile

Si apartamos un poco la mirada de la emoción y entramos en la carrera, he de decir que el muy cuestionado seleccionador Javier Mínguez no lo ha hecho mal, es más podría decir que me ha gustado su planteamiento, pues la invisibilidad de los nuestros se ha traducido en dos de cuatro en el momento clave. Otros años rezamos por ver un español en cada corte y en cada fuga.

En Florencia y el ciclismo había gran cantidad de españoles en el momento calve  e incluso Alberto Contador cerró la brecha que provocó Italia desde lejos.

Otra cosa es saber a qué han ido algunos, mientras selecciones de pista van con corredores pagándoselo de su bolsillo, vemos que a Toscana algunos van a rodar a la crono para hacer no sé qué en la ruta. En fin, “c´ est la vie” y no la he inventado yo.

Foto tomada de la RFEC

La involución de Eusebio Unzué en el MOVISTAR

MOVISTAR y LUIS OCAÑA

Unzue movistar, Lo que hoy es Movistar es una suma de episodios cuyo prólogo se escribió hace más de treinta años.

Desde que Luis Ocaña, quien en breve tendrá una biografía del tamaño de su aureola, dejara la bicicleta, el ciclismo español entró en un periodo sombrío de escasos resultados que se alargó la última parte de los setenta e inicios de los ochenta.

Pero como todo ciclo, el periodo tocó a su fin, y éste llegó con la implosión del equipo Reynolds, principalmente, y una pléyade de ciclistas que con descaro y ganas como único equipaje dinamitaron el Tour de Francia de 1983.

Pedro Delgado, Laguía Angel Arroyo, Ciclista de siempre

Esa generación tenía un capitán, Angel Arroyo, y le seguían otros que luego harían camino dentro y fuera de las Españas, Pedro Delgado, José Luis Laguía, Julián Gorospe,… hasta entroncar con Miguel Indurain y la parte sustancial del ciclismo moderno español.

Por las huestes de la estructura navarra que pasaría por diferentes nombres echaron a andar magníficos ciclistas y pasaron otros que, aunque no formados en la casa, encontraron buenos éxitos en la misma, hablamos principalmente de Abraham Olano y Alejandro Valverde.

La sola mención de los actores de esta historia nos mete en harina y dimensiona la calidad y tamaño del grupo. Como hilo común una historia de frailes y dos hombres José Miguel Echávarri, un Dios con los pies en la tierra del ciclismo patrio, y Eusebio Unzué, su segundo, quien con los años se ha mantenido en la primera línea.

Quien Eusebio Unzue

Unzué es una persona con una extraordinaria suerte. Sale ileso de todo y todos, y cuando digo de todo, me refiero a todo, mientras el mundo se desmorona a sus pies. En 2014 esta teoría cobrará forma absoluta cuando veamos que su Movistar será el único equipo español en el máximo circuito.

El técnico navarro, cuyas decisiones reposan y se transmiten a través de otros directores al mando, también tuvo sus momentos de zozobra cuando con las retiradas de patrocinio de Banesto y Caisse d´ Epargne estuvo con opciones de no seguir adelante con este equipo. Al final, no obstante, el cuadro siempre siguió su camino.

Con Rui Costa en el Mundial de Florencia, Unzué saca pecho por firmar el único triunfo que le faltaba por asimilar: el arco iris de ruta.

En esta entrevista con Benito Urraburu, Unzué repasa su excelsa trayectoria y algunos de los nombres que pasaron por sus manos. Es realmente un privilegiado, ni Cyrille Guimard puede atesorar un currículo de tal calidad y extensión.

Leyendo su palmarés y lo poco que le queda por ganar, y que poco hará por conseguirlo pues le dan alergia Roubaix y Flandes, resulta aún más terrible ver cómo malbarata las opciones de un equipo, el Movistar, que habiendo firmado un buen año, por la singular calidad que reúne, está lejos de lo que debiera ser en términos de espectáculo y resultados.

La frustración que produce ver varios hombres de azul todas las carreras, siempre en mayoría en los momentos clave, ejerciendo de mero relleno, ha sido la tónica de estos años. Lombardía, el último botón.

“Ganar con el mínimo de riesgo pues en el fondo la calidad acabará decidiendo”. Si Movistar fuera una casa, ese sería el lema del dintel de entrada.

Si vemos los mejores momentos del equipo, Rui Costa y Giovanni Visconti ganaron por que no corrieron al estilo Eusebio, y Nairo Quintana logró lo que logró por que es tan bueno que descorcha los límites tácticos de su mentor.

Eso sí, quien se ha ceñido al guion marcado, es decir Alejandro Valverde, se ha marcado una temporada gris, con resultados de mucho valor, pero muy alejados del tremendo ganador que fue este corredor.

 

«Un ciclista que es capaz de ganar una contrarreloj en la Vuelta a Andalucía, en una llegada en alto y en un grupo al sprint no muy amplio de corredores, es único a nivel mundial»

 

Aunque si en el discurso de Eusebio Unzué se interioriza la Vuelta a Andalucía, con todo el respeto para la carrera y el enorme esfuerzo que se realiza para sacarla adelante, como el faro de las virtudes de Valverde, queda todo dicho.

Foto tomada de www.esciclismo.com

Rui Costa convierte su momento en el momento de todos

Mirada de guerrero, rostro de niño. Así es el ciclista portugués más conocido del momento. Rui Costa, 26 años, natural de Vila de Aguçadoura, pedazo de Portugal desconocido internacionalmente. En esta vila del Municipio de Póvoa de Varzim, la pasión de su padre por el ciclismo le hizo despertar hacia la modalidad, tras un paso por el atletismo.

Su pedaleo en cadete, en 2002, ya sumaba victorias y podios en carreras regionales y nacionales. Lo mismo en júnior y sub-23, escalón donde encendió las miradas sobre sí por los triunfos alcanzados, a nivel internacional, en el seno del Benfica en las temporadas 2007 y 2008. Triunfos como el Giro delle Regioni o la etapa en el Coupe des Nations Ville Saguenay. Rui Costa irradiaba talento y la invitación del Caisse d’Epargne no se hizo esperar. Partir hacia una aventura en el ‘World Tour’… ¿sí o no? Podría funcionar, pero también podría salir mal. Rui no temió, dio el paso adelante rumbo a España y culminó su primer año como profesional en 2009.

El gusto de pedalear, el trabajo y la dedicación con que se entrega al ciclismo lo llevó a logros importantes. Entre otros, la victoria de Quatre Jours de Dunkerque, el Challenge Mallorca-Trofeo Deià y una etapa en el Tour de Suisse. Con el fin de Caisse d´ Epargne y el comienzo del Movistar Team, el gigante español apostó en su contratación, una vez pasó por cinco meses de suspensión con su hermano Mário Costa, por dar positivo en un control después de los Campeonatos Nacionales de Contrarreloj por consumo que se probó involuntario. Y si había dudas sobre el talento luso, se disiparon cuando, el 9 de julio de 2011, cruzó en primero la línea de los sueños en Super-Besse Sancy. Era en la octava etapa del Tour de France. A partir de ese momento, todo cambió. El portugués era seguido y dos meses después, en la victoria del GP de Montréal, los focos se fijaron en él.

Sin embargo, se mantuvo inalterable en su rostro de niño y simplicidad característica, elementos ambis que esconden un guerrero capaz de las mayores glorias en la carretera. 2012 fue el año de oro para su carrera y no cambió su forma de ser. Se mostró en los Campeonatos del Mundo y en los Juegos Olímpicos, alcanzando resultados nunca antes logrados por los ciclistas lusos. ¿El premio mayor? Ser considerado el ‘Mejor Deportista Masculino’ en Portugal, tras alcanzar el 10º puesto en el Ranking UCI World Tour y conquistar, de una manera inédita, una vuelta internacional por etapas, el Tour de Suisse. Este hecho llevó los aficionados portugueses a la felicidad extrema sólo de pensar hasta dónde llegaría el ‘poveiro’…

Y empezó el 2013 y siguió ganando. Ganó la Klasica Primavera-Amorebieta y prometió luchar por la revalidación del título en Suiza. Cumplió su promesa de forma avasalladora, ganando la etapa reina y la contrarreloj final para conquistar por segundo año consecutivo la carrera helvética.

En el momento de la victoria, una imagen que refleja su esencia: subió al podio con el pequeño Tiago en sus brazos. Dos guerreros con rostro de niño, ambos a enfrentar luchas tan distintas… la dureza de las carreteras, la injusticia del cáncer. Esa es la esencia de Rui Costa: transforma un momento suyo en un momento de todos. Hace de su victoria la conquista de todos, como sus propias palabras reflejan: «Amigos esta victoria es nuestra!!! Qué alegría. GRACIAS pueblo luso por el apoyo. Un fuerte abrazo a todos».

Aquí llegamos a la fuente de donde el campeón alimenta su fuerza y su genialidad. Tiene cuatro pilares fundamentales: la familia, los amigos, los aficionados y una mujer muy especial, su Carla, presencia constante de apoyo inconmensurable. Lo acompaña, asistiendo desde la carretera a cada carrera.

Rui Costa es en el Movistar Team el mismo niño del Guilhabreu/Vila do Conde o del Sport Ciclismo S. João de Ver, clubes donde creció y tomó la forma de corredor enamorado del ciclismo. En Portugal, clamase para que lidere el equipo en el Tour de France. ¿Estará preparado? Sólo él lo sabrá. No podemos explicar cómo lo hace, pero siempre sabe qué decisión tomar y el momento cierto de atacar un reto en su carrera o en la carretera. Lee la carrera como lee la vida y tal vez ahí resida el secreto de su éxito, junto con el apoyo incondicional de quién lo rodea. Una certeza tenemos… Rui aún tiene mucho para mostrar.

Por Helena Dias

Foto tomada de http://www.noticiasdenavarra.com

Rui Costa y los portugueses que vienen

Para Rui Costa siempre habrá un antes y un después el año 2013 cuando, dentro del Movistar, ganó etapas en el Tour y se coronó campeón del mundo. Al año siguiente, Costa se convertiría en el rostro más importante del equipo italiano Lampre-Merida, donde ha competido hasta hoy.

Tres años han pasado pues desde su llegada al conjunto italiano. Volviendo a 2014, lo cierto es que se generó una gran expectativa al portugués que llevaba por primera vez en la historia el maillot arco iris. La que debía ser temporada de su consagración, le sirvió para asegurarse un puesto en vanguardia, aunque, las esperadas victorias no terminaron de llegar. Y no ha sido por falta de persistencia.

De hecho, se puede concluir que los adversarios se mostraron mejores en los momentos clave, porque Rui Costa puso de su parte. Los números no mienten. A lo largo de los últimos tres años, ha logrado 69 puestos en el “top ten” de etapas y clasificaciones generales en las más importantes carreras mundiales.

En 2014 ganó la Vuelta a Suiza, por tercera vez consecutiva, y estuvo muy cerca de ganar la Paris-Niza (2º), Il Lombardia (3º) y la Volta ao Algarve (3º). Ya en 2015 fue coronado campeón nacional de fondo y ganó una importante etapa en el Critérium du Dauphiné, carrera donde terminó en el podio, tercero, destacándose de nuevo entre los primeros de la general en Paris-Niza (4º), Amstel Gold Race (4º) y Lieja-Bastogne-Lieja (4º).

Estos dos años también marcaron la disposición del ciclista en la carrera que centraba sus miras, el Tour de Francia que debió abandonar un par de veces, un año por enfermedad y otro como por las caídas.

El Tour pasó de esta forma en 2016 a ser un objetivo para ganar etapas y no por la general, centrándose principalmente en las pruebas de un día y carreras de una semana, aunque sin victorias. La temporada pasó por el podio logrado en la Lieja-Bastogne-Lieja (3º) y por los primeros lugares en el Tour of Oman (5º), Vuelta a Romandia (6º), Campeonato de Europa (6º en la prueba de fondo), Vuelta al País Vasco (7º), Vuelta a a Suiza (7º), Paris-Niza (10º), La Flèche Wallonne (10º) y los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro (10º en la prueba de fondo).

Numéricamente, 2016 fue positivo para Rui, pues alcanzó 26 lugares en el Top 10 y cerró la temporada en el 19º lugar del Ranking UCI WorldTour, siendo el ciclista portugués mejor clasificado en los últimos años. Además en el Tour, estuvo muy cerca de lograr dos victorias en etapas: segundo en la novena y quinto en la vigésima etapa.

A los 30 años de edad Rui tiene asegurada la continuidad en la misma estructura en 2017, bajo nueva denominación, consecuencia de que el equipo italiano ha sido adquirido por el grupo chino Proyecto TJ Sport.

Tras Rui Costa siguen llegando rostros lusos al más alto nivel, que prometen dar continuidad a la reconocida calidad de los ciclistas portugueses. Procedentes de la misma casa en los años de formación, el Sport Ciclismo S. João de Ver, José Gonçalves y Rúben Guerreiro llegan al WorldTour en 2017, también arrastrando enormes expectativas.

Junto a Tiago Machado, José Gonçalves, de 27 años, estará en el Katuhsa, ahora también Alpecin, poniendo fin a una relación de dos años con el Caja Rural-Seguros RGA con quien ganó el Presidencial Tour of Turkey, una etapa en la Volta a Portugal y otra en el GP Internacional Beiras e Serra da Estrela.

Antes incluso que en el equipo español, en La Pomme Marseille, Gonçalves ya había llamado la atención sobre sus progresos y adaptación a todo el tipo de terreno, su particular calidad en finales duros y destreza en cuanto contrarrelojista.

El campeón nacional sub-23, Rúben Guerreiro, de 22 años, va a entrar en el poderoso equipo estadounidense Trek-Segafredo, donde será compañero de André Cardoso, que se ha distinguido como uno de los mejores gregarios, y también de Alberto Contador.

En la maleta lleva dos increíbles años en el Axeon-Hagens Berman, de Axel Merckx, el equipo con el que ganó en 2015 el GP Liberty Seguros, siendo décimo en el Tour de Beauce. En 2016 añadió a su palmarés el GP Palio del Recioto y subió al podio de Lieja-Bastogne-Lieja U23 (3º). De carácter fuerte y muy batallador, Guerreiro se ha destacado entre los mejores jóvenes en carreras de la importancia del Tour of California (13º CG) y tercer mejor joven.

Todos estos nombres tienen en común el paso a manos de Manuel Correia, un buen técnico de base, que ha pronosticado que Rúben Guerreiro será aún más importante que Rui Costa en el ámbito internacional. De sus manos saldrán, también en 2017, hacia el pelotón internacional, los gemelos Ivo y Rui Oliveira, de 20 años, dos nombres confirmados en el mencionado Axeon-Hagens Berman, que medallistas en pista a nivel mundial y europeo, además de ser dos fuertes promesas para lograr grandes hechos en carretera.

Por Helena Dias

Imagen tomada del FB Liége-Bastogne-Liége

INFO

Redescubre el ciclismo…

Diez ciclistas para no perder de vista

Al margen de la lógica quiniela de favoritos, no hemos querido dejar de lado nombres que despiertan nuestra curiosidad y que seguramente darán que hablar estas tres semanas de movimiento contrario a las agujas del reloj por el hexágono francés. Ahí van esas diez perlas.

Bauke Mollema, la eterna promesa del eterno prometedor ciclismo holandés. Un ciclista de esos que aún no ha roto, y eso que ya camina por los 29 años. Su tacticismo, con actuaciones de traca defendiendo sextas o séptimas posiciones, creo que no debe ser el tope de un corredor que todo lo que generó de joven, en expectativas, quedó por el camino. Veremos si tuerce ese destino.

Jesús Herrada, el vivo ejemplo de la desgracia de un ciclismo, el español, que con sólo un WT es imposible que garantice las oportunidades que su talento tiene. Aunque esté superditado a Nairo, sabemos que una carrera así da tantas vueltas, son tres semanas nada menos, que se nos hace muy complicado pensar que un día no tenga su oportunidad. Su victoria en el Dauphiné es un arma de doble filo, le da confianza y le marca ante los rivales. Un lujo para el Movistar tenerle de doméstico.

Frank Schleck, aunque se nos olvide este garante de la estirpe más ciclista de los ultmos años fue podio en el Tour no hace tanto, hace sólo cinco años. Obviamente está muy lejos de hacer algo sonado en la general, pero atención a él en jornadas puntuales. Sin Mollema reclamando los servicios de otros líderes más sólidos, puede hasta pasárselo bien pillando escapadas e incluso ganando alguna etapa. En la Vuelta lo hizo y aunque siempre le hemos considerado un ciclista sobrevalorado, hasta nos gustó verle ahí arriba.

Pierre Rolland, el ciclista francés en el que casi nadie repara pero que casi siempre lo suele hacer bien en el Tour. Enrolado siempre en el Europcar, ardemos en deseos de ver si su eminente director, Jonathan Vaughters, es capaz de sacarle de los sistemas de entrenamiento de antes de la guerra y hace de él el portento ciclista que anunció durante su fichaje.

Greg Van Avermaet, aunque en su equipo se parta con dos bazas para la general, es obvio que un corredor de esta categoría tiene carta libre en las no pocas etapas que le van como anillo al dedo. Esperamos ansiosos nuevos episodios de su rivalidad con Peter Sagan en el lugar, el Tour, donde abrió el año pasado su historia de “bestia negra” del eslovaco.

Mark Cavendish, siempre disperso, con el sueño olimpico en el horizonte, no sé qué gracia les hará a los de su equipo, el hombre de la isla de Man es sin duda un manojo de dudas: ¿Se le habrá pasado el arroz?. Tiene varios velocistas por delante de él desde hace ya tres años, Kittel especialmente, pero sigue siendo uno de los grandes de siempre en la recolección de etapas en el Tour y sólo por eso tiene el beneficio de la duda.

John Degenkolb, la alegría de volver a verle en el máximo nivel compensa cualquier exigencia deportiva. Las personas se miden primero por su calidad humana y luego viene lo demás y en ese sentido a este extraordinario competidor se le reconoce una calidad fuera de duda, con una filosofía de vida, después de su accidente de invierno, que debería ser un libro de consulta obligada en las universidades de la vida. Ojalá, y digo ojalá, ganara una etapa.

Purito Rodríguez, un grande en todos los sentidos que llega descolocado al Tour, vacío de victorias y con cantos de sirena de fondo. No sé si optar a la general, aunque el recorrido le sea favorable, será una buena opción por cuanto el año pasado ya vio que en la tarea de etapas resuelve como los ángeles y engrandece su caché. Poco le queda por demostrar.

Adam Yates, para mí el gran favorito a ganar el maillot blanco. Mientras su hermano se desespera en la nevera, Adam tiene todo para seguir progresando, casi ninguna responsabilidad en su equipo y calidad a raudales. El recorrido ratonero le beneficia y creo que no estará lejos de los mejores, eso si no los aguanta y se solapa a ellos.

Rui Costa, creo que hace tiempo que se percató que el Tour a nivel de general es una utopía de la que se debería desprender. Sea como fuere parece que insiste, no sé si con el convencimiento de antaño. En la presentación asustó lo delgado que se le veía, su cabeza era la perfecta forma del esquelto, como si la carne entre el hueso y la piel se hubiera desvanecido. A pesar de su olfato le cuesta horrores ganar y es posible que, como una vez me dijo una persona, en Movistar sabes lo que hay, debes obedecer la jerarquía y acatar, porque fuera de los azules la vida es mucho más complicada.

Imagen tomada de FB de Giant-Alpecin

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Tim Wellens vs Rui Costa

Las Árdenas y la forma de correrlas, de abordarlas, ha generado no poca controversia. Carreras antaño antológicas, cargadas de movimientos, de ajedrez y riesgo ahora convertidas en pruebas de scratch, lanzadas desde lejos, a mil por hora, atiborradas de control y decididas en el último suspiro. Le llaman “ciclismo de Youtube”, yo directamente le califico de “ciclismo de siesta hasta tres de meta.

Hay dos ciclistas, que en esta mesa de debate, se sitúan en las antípodas. Entre la Amstel y la Lieja, pasando por la Flecha, lo vimos con claridad meridiana. Son corredores que plantean las carreras bajo ópticas muy diferentes y los resultados paradójicamente, y a pesar de su caché, no les avalaron la semana pasada.

El primero que queremos tratar es Tim Wellens, un corredor que no es nuevo por este espacio pues su forma de entender el ciclismo nos parece lo más honesto que corre por el pelotón. Tanto en Amstel como la Flecha buscó el ataque de lejos, entendiéndose por lejos a unos 20-25 kilómetros de meta, porque si lo haces más allá te toman por loco.

En la Amstel, las cosas le fueron algo mejor, pues pudo subir el Cauberg, medio ahogado por el esfuerzo, por delante del grupo, en la Flecha no llegó tan lejos, porque Movistar no estaba por dar margen a nadie y Etixx se lo jugó incluso en colisión con los intereses de su ciclista, Bob Jungels.

Wellens deberá recapacitar y ver qué le conviene. Aunque es joven, su palmarés es bueno, pero pide un gran triunfo a gritos, el refrendo a la valentía que sacar a relucir cada vez que puede, una valentía que va más allá de la carretera y llega a su calendario, dejando esta vez el Tour en la cuneta y programando el Giro, una carrera que le puede ir mejor y que sin ir más lejos trató mejor a otro gran valón en el que se quiere inspirar, Philippe Gilbert.

Por contra, tenemos a Rui Costa, un ciclista que hace dos años era rutilante titular del maillot arco iris. Dicen que esta prenda da mala suerte a quienes la portan, yo no sé si a al portugués le ha traído mal fario esa prenda, pero desde luego que le ha marcado a los ojos de los rivales.

Desde entonces, Rui Costa se centró en la lucha por el Tour en cuyo empeño ha fallado repetidamente, si bien él mismo se ha cincelado una imagen de cicatero y rácano que hace justicia a aquello de “Ruín” Costa, un apelativo contundente que en el tramo final de la Lieja tomó toda su dimensión.

El luso granjeó un palmarés en 2013 no muy grande pero exquisito (etapas en el Tour, Vuelta a Suiza y Mundial), pero entonces no estaba marcado, se sabía de su excelente estrategia, pero corría de azul, como cualquier otro compañero. Se coronó campeón en el desbarajuste español de Florencia y desde entonces le cuesta repetir aquella campaña y en Lieja, el domingo quedó señalado haciendo auténtico «catenaccio» en la carretera.

Como todo en la vida, son formas de verlo, para gustos colores, nosotros no obstante preferimos quien lo intenta, porque si no sale, al menos tendrán el consuelo de haber hecho lo que estaba en su mano.

Imagen tomada de FB Liege-Bastogne-Liege

Los dos caminos de Rui Costa

¿Grandes vueltas o clásicas? La cuestión se impone en el camino del portugués Rui Costa, campeón del mundo hace más de dos años, con una notable carrera de dimensión nacional e internacional. Hasta la fecha sus hechos reflejan una madurez deportiva, calidad por encima de la media y determinación por alcanzar todo a lo que se propone.

Tricampeón del Tour de Suiza, algo nunca alcanzado por un ciclista en la historia, Rui Costa apunta el Tour de Francia como la carrera donde le gustaría llegar más lejos. De las tres grandes vueltas, el Tour ejerce una magia sobre el portugués del Lampre-Merida, al que se unió en 2014 para intentar alcanzar su lugar  en los Campos Elíseos. Enel Tour ya cuenta  con tres victorias en etapas:  Super-besse Sancy, Gap y Le Grand Bornand. Su mejor puesto en la general fue el 18º en 2012.

Siempre presente en el Tour, desde 2009, fue en 2014 la primera vez que portó el dorsal de líder de su equipo con vista en el top ten. Sin embargo, la suerte no ha sido su compañera y en esos últimos dos años ha sido forzado a abandonar tras sendas caídas. El destino parece alejar Rui Costa del Tour, llevándolo hacia otras carreras como las clásicas y cortas vueltas en las que sí demuestra tener la chispa necesaria, pues en el fondo le son un terreno más favorable.

En las clásicas más prestigiosas, logró un tercer puesto en Il Lombardia de 2014, solamente superado por Alejandro Valverde  y Daniel Martin, más dos cuartos puestos en la Liège-Bastogne-Liège y Amstel Gold Race de 2015. Inolvidable fue su gran éxito: el Mundial de 2013, delante de uno de los mejores ciclistas del pelotón, Purito Rodríguez, tras superar con brutal inteligencia el recorrido de 272,2 km por Florencia.  Y a todo ello le añade grandes desempeños en el Tour de Suiza, Critérium du Dauphiné, 4 Días de Dunkerque, Tour de Romandía y la lusitana Volta ao Algarve.

El actual campeón nacional expresa gran facilidad para destacar en carreras de un día o vueltas de una semana, por eso emerge la pregunta: ¿Debería poner fin al objetivo de llegar al podio de una gran vuelta para apostar por las clásicas?

A los 29 años nos parece poder pedalear hacia las dos metas, uno no excluye la otra. Apostar por ganar una clásica, sin dejar de lado el señalado talento para estar en una gran vuelta, en su caso el Tour, no nos parece incoherente para sus características. Se cuestiona su capacidad para ganar una gran vuelta, pero recordamos otros casos en los que se dudó y el ciclista salió adelante, por ejemplo Ryder Hesjedal, quién acabó por llevarse el Giro contra todas las expectativas. ¿Por qué Rui no?

Las circunstancias de carrera y la condición de sus rivales pueden dictar la suerte o no de la lucha de Rui Costa por una gran vuelta, sin embargo a priori le vemos como un corredor que tiene en sus pedales calidad  y en la mente la fuerza de un campeón para ir a por ello.

Por Helena Dias