Los trenes que ha perdido Nairo

El año que languidece podríamos decir que ha sido impar para Nairo Quintana. El chico colombiano, del cogollo boyancense, que no ofende cuando ataca y que endulza cuando habla, ha quemado una temporada que no le ha reportado grandes triunfos, como él habría querido, más allá de la gélida Tirreno. Sin embargo 2015 sí le ha dado experiencias y moralejas que aplicar en el futuro.

A Nairo todo el mundo le dice que es joven, que tiene tiempo, que le quedan años. Eso se lo dijeron antes, durante y después del Tour, también con la Vuelta. Sin embargo, las ocasiones pasan, por increíble que parezca una o dos veces. Son trenes que llegan, se detienen y si no los coges, te puedes arrepentir de por vida.

Nairo es muy joven todavía. Es cierto, pero la experiencia nos habla de muchos casos que siendo igual de jóvenes, igual de fuertes, las cosas no les resultaron como en un principio se pronosticó y por medio dejaron pasar trenes.

Entre Tour y Vuelta, Nairo demostró que esas oportunidades pasan y se van, sin más, dejando rastro de arrepentimiento por no haberlas aprovechado. En el Tour, Nairo fue el ciclista más fuerte del ultimo tramo, tuvo a Froome a punto, cerca del declive y no le dio lo suyo. Dos ciclistas, dos, salvaron al magnifico corredor inglés de origen keniata de claudicar frente al colombiano en Alpe d´ Huez. Y sin embargo, a pesar de tenerle a huevo, dejó pasar el tren.

Mejor dicho podríamos decir que su equipo dejó pasar el tren, así, de largo, sin más, sin ejercicio alguno de autocrítica, porque no existe resquicio para la misma. Cuando quisieron atacar a fondo a Froome lo pusieron contra las cuerdas pero fue tarde. Entre otras cosas, influyó Valverde, y no para bien. Que el murciano fuera podio fue un peso para el colombiano.

En el Tour, lo tuvieron todo: fuerza, equipo, líder fuerte. Pero fueron lentos de reacción y el rival se escapó indemne y de amarillo. Y llegó la Vuelta, y las piernas que lucían esbeltas en el Tour no revolucionaban igual por España. Plomo en los gemelos, freno en la ambición, tope mental, todo barnizado por una enfermedad que apareció en Andorra y a punto estuvo de apartarle incluso de la carrera. Ya veis, cuando pudieron, no quisieron, cuando quisieron no pudieron.

¿Resultado? año en blanco para el colombiano. Resumen rápido y conciso. Es triste, porque seguimos pensando que estamos ante un talento de uno entre un millón, sin embargo, su gestión tiene lagunas. Ya sabemos que a Unzue le gusta a calma y esas cosas, como dijimos eso funcionó con quien funcionó, pero no todos son iguales y este colombianito tiene hambre de cosas mayores, no quiere caza menor. Es lo que pasa cuando corres dos veces el Tour y haces otras tantas segundo, que maravillas, creces, te crees muy bueno y quieres más. Es humano. Nairo no es una excepción.

3 x 13. La condena no escrita de Chris Horner

La sonrisa de Chris Horner no disimula la persona que está de vuelta de todo. Horner tiene kilómetros, muchos, y no sólo de carretera. Su vida es un diente de sierra, arriba, abajo, arriba, abajo. Vuelta a empezar. Hastiado en sus años mozos de que nadie le ofreciera una oferta digna en su país, con viajes de ida y vuelta a Europa, la cotidianidad en una caravana, la familiaridad de las hamburgueserías. Un hippie de vida, corazón y apariencia difícil asustar pues el alambre es su hábitat.

Un alambre fino fino, como sus famélicas piernas que amenazan quebrar de delgadez. Ahora ese alambre anuncia romperse, a una semana de sentarse en la mesa de Navidad, la primera tras ganar una Vuelta a España y nada que llevarse a la boca con cara y ojos, algo que le recuerde en cifras lo que el caché de ganador de una gran vuelta merece. Se descuelgan rumores, se apunta la órbita del Vini Fantini, se borran candidatos, como el Lotto, pero nada, “nothing”, y uno ya no sabe qué pensar. Nadie afirma, nadie escribe, no hay documento que medie castigo, pero hay algo intangible, que no vemos, que impide que el corredor prosiga su normal trayectoria.

Hubo una carrera que rompió la mentalidad doméstica de este corredor. Fue en 1997, en el Grand Prix de Plouay. Finalizó tercero y se convenció de sus opciones. Hablamos de hace más de 16 años, un periodo que vale dos generaciones y que para Horner ha sido el purgar de un lado a otro. Nunca encontrando la estabilidad hasta que entró en el círculo de Lance Armsntrong, un círculo que es un estigma, un círculo que unido a su “singular” éxito le blande como espada al fuego.

Y quizá ahí resida el doble argumento, su doble verdad. Por un lado, la falta de estabilidad necesaria y el paso del tiempo le han hecho triunfar a una edad a todas luces antinatural, sin embargo el entorno, creciendo en el seno de un equipo cuyas figuras han acabado derrotadas por la espada del dopaje, le hunde cual losa. Malas compañías diríamos.

Horner definió su victoria en la Vuelta a España de esta manera:

 

Para ser claros, lo que hice en la Vuelta es algo nunca visto. No miren lo que gané antes de la Vuelta, no es necesario, pues hablamos del logro más importante en mucho tiempo jamás visto. Con decirte que en cien años de historia de este deporte nadie lo  había logrado, está todo dicho. Ya la edad lo hace épico, diría incluso que legendario y creo que la gente, a pesar de quienes no creen en mí, lo ha percibido así

 

Estas declaraciones están sacadas del Procycling cuya portada le saca vestidito de “rojo Vuelta”. Sí esa biblia del ciclismo limpio, nuevo. Del “ciclismo Sky”, que viste blanco inmaculado, no roto, a sabiendas que el personaje no deja indiferente y el camino que se le adivina es complejo. Horner es un proscrito del ciclismo del siglo XXI, pero es que además no goza de prescriptor, de aquella figura que diga “yo pongo la mano por éste”. No hay padrinos, no se les espera. Su mentor en Radio Shack lo dijo clarito, ellos son los primeros en no mojarse por el ganador de la Vuelta. Esas declaraciones pesan.

Horner vive esa pesadilla que acompañó a corredores como Angel Casero o Juanjo Cobo tras ganar la Vuelta a España. Son los signos del tiempo. Hace quince años ganar una gran vuelta te granjeaba un futuro más o menos sólido, ahora todo depende en qué circunstancias rubriques el éxito. Si son proclives a sospecha  te condenan, te clavan el cartelito de “no interesa por ser excesivamente sospechoso”. Horner no desesperará y posiblemente encuentre acomodo, pero el “efecto Vuelta”, ése que te pone en el mantel medio kilo de euros como mínimo, pasó por delante de él como pasan esos platos en plan carrusel en muchos japoneses. A Horner le tocó la más fea, pero que la más fea del baile.

#13×13 es el relato de perfiles, paisajes y momentos que describen el año que se nos escapa.

Foto tomada de www.eitb.com

¿Cómo capitalizar la pasión de la Vuelta?

Me comentan que el desembolso de no sé quién para que la Vuelta tome altura desde una batea se va a los 600.000 euros. Visto así es una cifra insultante, casi frívola ¿Cuánto cuesta un equipo pro que lleve tu nombre durante todo un año por medio mundo? Se dice que el impacto está asegurado y no lo dudo, pero el despiece de la cifra, de sus contribuyentes y las montantes que asegura cada uno no estaría de más en este país donde lo suntuario un día desplazó lo importante.

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Nos aprestamos a vivir con el arranque desde las Rías Baixas tres semanas de pasión roja. Será bonito, la verdad. Aunque a cuentagotas el ciclismo también nos genera satisfacciones. Esta Vuelta además es global y redonda, lleva bicicletas desde Galicia a Andalucía, pasa por Extremadura y sube por Catalunya antes de su periplo por el norte y aterrizaje final en Madrid. Hasta se mete en Francia para homenajear al Tour. Esperamos buena afluencia de público, pues Galicia, Andalucía y Asturias lo aseguran. Incluso se prevé un telediario desde el mismo lugar de salida. Fantástico.

Pero ahora toca capitalizar todo ello, que no quede en un fogonazo. Toca monetizar la diversidad geográfica, el calor popular, el apoyo mediático, la carísima batea que dé el banderazo. Esta Vuelta llega en un momento crítico para el ciclismo español y se impone la necesidad de sacar cosas en claro cuando la carrera arribe a Madrid.

Es obvio que peor sería no tener repercusión alguna. Que los consistorios dieran la espalda, pero también resulta imprescindible jugar a alquimista y que el ciclismo en general, y el español en particular, saque rédito. Seguimos creyendo que la repercusión de una caravana ciclista es terrible y contundente, pues lleva el espectáculo a las casas, al pie de tu balcón y eso es impagable cuando al día siguiente de ver a tus ídolos en vivo, les puedes seguir por la televisión. Peores momentos que el ciclismo pocos deportes han tenido y sin embargo sigue resultado interesante. Con todo crucemos los dedos y seamos optimistas, de peores se ha salido y ciclismo lo sigue contando.

El Tour se homenajea en la Vuelta a España

Cuando hace unos años el antiguo mentor de la Vuelta a España, Víctor Cordero, relataba los beneficios de que el Tour de Francia entrara en la gestión de la carrera hablaba de patrocinios, difusión internacional, “savoire faire”,… muchos aspectos desde luego que vendrían bien para aquella Vuelta a España que adolecía de la solidez que siempre orilló el Giro de Italia a ser una de las citas más queridas de la temporada. Aspectos que van más allá del simple gallo que viste al líder.

La Vuelta que se ha presentado en Galicia es el reverso de la moneda que nos describió Cordero. La carrera se ha convertido en el banco de pruebas de lo que entendemos por ciclismo postmoderno, aquel que sucede al de las largas y tediosas contrarrelojes y que sólo encuentra el placer en el sufrimiento extremo de sus actores, como si esa premisa de mirar por la salud de los corredores resbalara por los animalescos porcentajes que golpean el ánimo del pelotón. La Vuelta dispone lo que el Tour propone.

Y en estas que la Vuelta se presenta con no sé cuántas llegadas en alto y una vocación periférica con la incursión a Madrid como único tajo que se propone sobre el cogollo de esta maltrecha península. Una vez más los organizadores han querido proponer una indigestión de montañas como proceso inefable en la captación de adeptos. Bien, esa es su teoría, la mantienen fielmente y la materializan.

Les secundan los datos de seguimiento de la última edición. A veces no hay más ciego que quien no quiere ver y decir que el éxito de la Vuelta 2012 fue por el recorrido es un brindis al sol. Dos fueron los hechos que desmontaron este axioma. Por un lado la coincidencia de tres corredores con el nivel de compromiso que mostraron Contador, Valverde y Purito es algo que no ocurre todos los años y por el otro recordar que el momento cumbre no llegó en ninguna de las cuestarracas programas, sino en una etapa tenida de media montaña donde la pizarra y el elemento táctico desempeñaron la fortuna de la fuerza bruta.

Con todo la gran novedad de la carrera vuelve a ser la incursión en Francia en una llegada como la que coronó a Alejandro Valverde en el último Tour. Dicen que es una etapa que sirve de homenaje al Tour por sus cien ediciones. No acierto a comprender a cuento de qué, pero bueno, son formas del patrón francés que hace de la Vuelta una pieza más de su puzle global por mucho que aquí siga siendo nuestra grande. Es el precio de vender al extranjero, pierdes el control de tu producto, te pliegas, no contestas, no puedes.