Diez ciclistas para no perder de vista

Al margen de la lógica quiniela de favoritos, no hemos querido dejar de lado nombres que despiertan nuestra curiosidad y que seguramente darán que hablar estas tres semanas de movimiento contrario a las agujas del reloj por el hexágono francés. Ahí van esas diez perlas.

Bauke Mollema, la eterna promesa del eterno prometedor ciclismo holandés. Un ciclista de esos que aún no ha roto, y eso que ya camina por los 29 años. Su tacticismo, con actuaciones de traca defendiendo sextas o séptimas posiciones, creo que no debe ser el tope de un corredor que todo lo que generó de joven, en expectativas, quedó por el camino. Veremos si tuerce ese destino.

Jesús Herrada, el vivo ejemplo de la desgracia de un ciclismo, el español, que con sólo un WT es imposible que garantice las oportunidades que su talento tiene. Aunque esté superditado a Nairo, sabemos que una carrera así da tantas vueltas, son tres semanas nada menos, que se nos hace muy complicado pensar que un día no tenga su oportunidad. Su victoria en el Dauphiné es un arma de doble filo, le da confianza y le marca ante los rivales. Un lujo para el Movistar tenerle de doméstico.

Frank Schleck, aunque se nos olvide este garante de la estirpe más ciclista de los ultmos años fue podio en el Tour no hace tanto, hace sólo cinco años. Obviamente está muy lejos de hacer algo sonado en la general, pero atención a él en jornadas puntuales. Sin Mollema reclamando los servicios de otros líderes más sólidos, puede hasta pasárselo bien pillando escapadas e incluso ganando alguna etapa. En la Vuelta lo hizo y aunque siempre le hemos considerado un ciclista sobrevalorado, hasta nos gustó verle ahí arriba.

Pierre Rolland, el ciclista francés en el que casi nadie repara pero que casi siempre lo suele hacer bien en el Tour. Enrolado siempre en el Europcar, ardemos en deseos de ver si su eminente director, Jonathan Vaughters, es capaz de sacarle de los sistemas de entrenamiento de antes de la guerra y hace de él el portento ciclista que anunció durante su fichaje.

Greg Van Avermaet, aunque en su equipo se parta con dos bazas para la general, es obvio que un corredor de esta categoría tiene carta libre en las no pocas etapas que le van como anillo al dedo. Esperamos ansiosos nuevos episodios de su rivalidad con Peter Sagan en el lugar, el Tour, donde abrió el año pasado su historia de “bestia negra” del eslovaco.

Mark Cavendish, siempre disperso, con el sueño olimpico en el horizonte, no sé qué gracia les hará a los de su equipo, el hombre de la isla de Man es sin duda un manojo de dudas: ¿Se le habrá pasado el arroz?. Tiene varios velocistas por delante de él desde hace ya tres años, Kittel especialmente, pero sigue siendo uno de los grandes de siempre en la recolección de etapas en el Tour y sólo por eso tiene el beneficio de la duda.

John Degenkolb, la alegría de volver a verle en el máximo nivel compensa cualquier exigencia deportiva. Las personas se miden primero por su calidad humana y luego viene lo demás y en ese sentido a este extraordinario competidor se le reconoce una calidad fuera de duda, con una filosofía de vida, después de su accidente de invierno, que debería ser un libro de consulta obligada en las universidades de la vida. Ojalá, y digo ojalá, ganara una etapa.

Purito Rodríguez, un grande en todos los sentidos que llega descolocado al Tour, vacío de victorias y con cantos de sirena de fondo. No sé si optar a la general, aunque el recorrido le sea favorable, será una buena opción por cuanto el año pasado ya vio que en la tarea de etapas resuelve como los ángeles y engrandece su caché. Poco le queda por demostrar.

Adam Yates, para mí el gran favorito a ganar el maillot blanco. Mientras su hermano se desespera en la nevera, Adam tiene todo para seguir progresando, casi ninguna responsabilidad en su equipo y calidad a raudales. El recorrido ratonero le beneficia y creo que no estará lejos de los mejores, eso si no los aguanta y se solapa a ellos.

Rui Costa, creo que hace tiempo que se percató que el Tour a nivel de general es una utopía de la que se debería desprender. Sea como fuere parece que insiste, no sé si con el convencimiento de antaño. En la presentación asustó lo delgado que se le veía, su cabeza era la perfecta forma del esquelto, como si la carne entre el hueso y la piel se hubiera desvanecido. A pesar de su olfato le cuesta horrores ganar y es posible que, como una vez me dijo una persona, en Movistar sabes lo que hay, debes obedecer la jerarquía y acatar, porque fuera de los azules la vida es mucho más complicada.

Imagen tomada de FB de Giant-Alpecin

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El camino de Nairo

Tres años después de debutar en Tour, dos veces segundo, ganador de un Giro y de vueltas del prestigio de Romandía, Tirreno y Volta, Nairo Quintana está en la casilla de salida. Él está preparado, ¿lo estará su equipo?

El colombiano es la punta de iceberg de esa generación que hace unos días tildamos de “los hijos de Uran” y que tan buena acogida ha tenido entre la audiencia colombiana que refleja, como ninguna otra, que la misión de Nairo en este Tour va más allá de la persona y compete a un país entero que espera vibrar y celebrar la primera victoria de uno de los suyos en la mejor carrera del mundo.

Pocas veces, por eso, un ciclista va a poder exhibir tan buenas sensaciones y un camino tan limpio hacia su objetivo de julio. Nairo habrá convivido con los habituales problemas de una preparación pero esta le ha dado más alegrias que problemas. Nairo ha ganado dos carreras del WT, ha hecho podio en otra y lo ha adornado con la Ruta del Sur.

A día de hoy, el gran miedo de Nairo debería ser los nervios de saberse posiblemente mejor que nunca. Cuando las cosas salen razonablemente bien ocurre que a mayor cercanía del objetivo más inquietud, pues bien esa es la que debe recorrer el pequeño cuerpo de este colombiano que tiene un país en vilo.

La Ruta del Sur no ha hecho más que ratificar lo dicho. Se ha divertido, entrando en una fuga de más de cien kilómetros, probando cosas nuevas, entrenando, afinando pero pasándoselo bien, y luego la crono, una prueba que obviamente no tenía los rivales del WT, pero que ganarla ya es un buen síntoma.

Para completar el puzle un equipazo. Se habla del Team Sky, que cuenta con el ganador vigente y gregarios tenidos por estrellas, pero el bloque azul es una auténtica pasada. Aún no está el nueve definido pero los once que pueden acompañar al tostado corredor suenan a gloria, además con la certeza de que llegan bien al Tour.

Anacona como mano derecha, el tándem de confianza Castroviejo & Ventoso, más el capitán Erviti, los Izagirre bros y Jesús Herrada, subordinado al líder colombiano, pero ojo, porque a poco que la inercia le acompañe puede ser protagonista.

Dos claves de inicio. A Nairo le convendrá salvar la primera semana, dura y complicada, por auténticas emboscadas que pueden resultarle letales, recordad el año pasado el trasiego neerlandés y lo decisivo que fue. La otra Alejandro Valverde, que dice querer dejarse ir de inicio, pero que precisamente se le puede necesitar en esos primeros días. Luego con el paso de las etapas, la teoría dice que acusará el Giro. Puede ser el gregario que esté con Nairo cuando al reto ya no le quede nadie, pero ojo, porque se nos antoja complicado que hipoteque una situación favorable de carrera por su compañero.

Valverde es un campeón, un arma de doble filo, el año pasado lo vimos, y cuando el triunfo de hace un adicto, es complicado verlo pasar sin más.

Imagen tomada de FB del Tour de Francia

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El Tour de Francia ya no es de los franceses

Hace unos días, como eco a la presentación del recorrido del Tour de Francia, comprobé con sorpresa ciertos comentarios que retratan el sentir del aficionado ciclista medio en país que acoge tan magno acontecimiento. Podían estar de acuerdo o no con el recorrido, verían más o menos adecuadas las proporciones de crono, llano o montaña, pero muchos coincidían en el hartazgo que les implica ver la carrera pasar días tan importantes, como los de su salida, fuera del hexágono galo.

El año que viene el Tour sale de Inglaterra, del norte en concreto, de Leeds. Desde el arranque de Londres en 2007, el paso por tierras internacionales en la salida ha sido usual pues a la urbe británica le han seguido Mónaco en 2009, Rotterdam en 2010, Lieja en 2012 e incluso está comprometida y anunciada la partida desde la holandesa ciudad de Utrech en 2015 y se rumorea con Amberes ¡para 2020! Pero es más, por el camino quedan incursiones en cimas italianas, pasos usuales hacia España, en 2009 se vivió una etapa íntegra entre Girona y Barcelona, y visitas más o menos constantes a países de la frontera oriental con Francia, es decir Suiza, Alemania y Luxemburgo, enclave muy frecuentado con doble carga para el ciclismo español, pues allí Perico sepultó el Tour de su renovación y Miguel Indurain se perpetuó con la mejor crono jamás vista.

Las salidas del Tour de Francia del entorno francés siempre han sido habituales. Recuerdo la edición de 1992 que en homenaje a la Unión Europea, salió desde San Sebastián, llegó a Bruselas y Valkenburg, también a Alemania, y tuvo una etapa de montaña en Sestriere, al margen de la crono luxemburguesa antes cita. El Tour siempre ha visitado países ajenos y esa tónica se mantiene en la actualidad en un momento además donde se hablan de salidas exóticas y lejanas como Nueva York o Doha.

De lo que no cabe duda es que la aureola de la carrera es más grande que el territorio que pisa su país. Lo dijimos muchas veces, la palabra “Tour de France” es una franquicia mundial del ciclismo y como tal no es patrimonio exclusivamente francés y así lo entienden quienes manejan esta cuña. Al igual que el Louvre tiene su réplica en Abu Dhabi, el Tour puede acabar yendo lejos de Francia en cualquier momento, sobre todo ahora que ingentes cantidades de dinero se mueven lejos de Francia y la vetusta Europa. El dinero árabe se ve que ya ha llamado a las puertas del organizador.

Y en este tema ASO lo tiene muy claro. Respetando ciertas dosis sin las cuales el Tour se desnaturalizaría, como por ejemplo salir de Francia más de lo convenido, la empresa que gestiona la carrera nunca le hará ascos a salir de lugares cuyas arcas públicas seguro están más saneadas que las propias. Y eso es innegociable, por mucho que a una mayoría de los franceses les disguste ver su emblema fuera de la patria. El dinero no entiende de localismos, ni identidades, el dinero entiende de cuentas de resultados y márgenes y si el Tour debe defenderlas yéndose al infierno, lo hará.

Foto tomada de deportes.terra.es