Mundiales de leyenda: Hinault ganó el más duro de la historia

Mundial ciclismo - Bernard Hinault JoanSeguidor

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En el imaginario del mundial de ciclismo, Hinault y Sallanches tienen un sitio especial

Aplastando su bicicleta con una potencia descomunal, empujando a fondo los pedales y siguiendo adelante, como una fuerza irresistible de la naturaleza, donde otros habían fallado o no habían podido más.

Así ganó Bernard Hinault, “el Tejón”, posiblemente el Mundial más duro de la historia.

Y lo hizo ganando como un artista de la bicicleta, dando todo un recital en su país y exhibiéndose ante su afición.

Aún muchos recordaremos su victoria como la más memorable de su carrera deportiva, si nos remitimos en exclusiva a pruebas de un día.

Aquel 31 de agosto de 1980, el Mundial de Ciclismo en Ruta consistía en un circuito en el que se tenía que ascender 20 veces al Domency, una cota de apenas 796 m de altitud situada en plenos Alpes franceses, pero que forzosamente se les debería atragantar a más de uno.

Hinault no sólo se llevó la victoria con más de 1un minuto de ventaja sobre su más directo perseguidor, también fue uno de los quince corredores que terminaron entre los 107 que tomaron la salida en Sallanches.

Un dato que habla por sí solo.

Hinault, con todo a favor

Fue un Mundial terrorífico.

Los franceses lo habían organizado todo para que ganara Hinault en su casa y así se lo presentaron sus compatriotas: en bandeja de oro, porque aquel durísimo circuito estaba diseñado para el mejor, más duro y completo, corredor del momento. Era su Mundial.

El comentario generalizado de la prensa, durante aquellos días previos a la competición, hablaba de que el recorrido de aquel campeonato era digno de una auténtica etapa reina del Tour.

Echemos cuentas.

Un circuito de 13,4 km al que habían de dar veinte vueltas; en total, 268 kilómetros que escondían una emboscada terrible: la Côte de Domancy, una cuesta de apenas 3 km al 8% de media muy exigente, pero con rampas máximas de hasta el 15%, en la que se salvaban 220 m de desnivel.

Las matemáticas no fallaron y esta inclinación multiplicada por 20 daba la friolera de 4400 m de desnivel acumulado.

Casi nada.

En su día lo llamaron “el circuito de la muerte”.

No era para menos.

Todas las selecciones que acudieron a inspeccionarlo, incluida la española, barruntaban que allí no iba a acabar nadie.

Casi aciertan.

Sin embargo Hinault, muy seguro de sí mismo, les decía a los periodistas franceses que “fueran poniendo el champagne en la nevera”.

Menudo tejón.

Fueron tantos los abandonos que, por las carreteras adyacentes al circuito, se veían más ciclistas en dirección a sus respectivos hoteles que compitiendo dentro de aquel perímetro.

Apellidos tan ilustres como los de Saronni, Zoetemelk, Moser, Kuiper, Raas o Knetemann, entre otros muchos, no pudieron finalizar la durísima carrera, dando la razón a un profético Cyrille Guimard que dijo, antes de comenzar el Mundial, que todos éstos no ascenderían ni 11 veces al Domancy.

Sólo se equivocó con Saronni, que lo subió doce veces.

El resto, todos, tiraron la toalla más tarde o más temprano.

Hinault, después de algunas escaramuzas previas para ir minando la moral de sus rivales, tomó personalmente el mando de las operaciones en la 13ª vuelta, situándose en cabeza de un pelotón cada vez más reducido de figuras reconocidas.

Estratega como pocos, endurecía cada ascensión sembrando de cadáveres todo el circuito, en una increíble labor de eliminación de sus contrincantes uno a uno. Iba a un ritmo de víctima por mazazo.

En la 17ª vuelta Hinault se quedó tirando de un grupo formado por Baronchelli, Pollentier, Millar y Mascussen. Tras ellos, cinco hombres en los que se encontraban Rupérez y Juan Fernández, que merece especial mención aparte.

A la vuelta siguiente cae de la nómina de candidatos, Rupérez. En la 18ª es Millar el que dice adiós y se descuelga, no pudiendo seguir el ritmo de los mejores.

En la penúltima vuelta ya sólo le aguanta Baronchelli, que bastante hace con seguir ahí, a rueda del implacable verdugo.

Por detrás, a más de 4 minutos, los perseguidores.

Soy globero, ¿y qué? porque hace unos cuantos años, y como decía un buen amigo mío, cuando me ponía el culote no conocía ni a mi padre

Les había metido un verano.

Pero entre ellos seguía aguantando un extraordinario Juan Fernández.

La última vuelta de Hinault

Ascendiendo la temible cota, Bernard ataca a Baronchelli y por fin lo deja fuera de combate.

El italiano había sido tan valiente que incluso le había dado al francés algunos tímidos relevos.

Pero el demarraje del bretón fue tan seco que bastó para que se marchara en solitario en busca de su maillot Arco Iris.

Bernard Hinault hace buenos los pronósticos, no defrauda, y se proclama Campeón del Mundo. El italiano entra en solitario a 1 minuto. A un kilómetro del final vienen el resto de perseguidores.

En el sprint Juan Fernández bate brillantemente a sus rivales, mucho más veloces que él, como De Vlaeminck, Pronk o Marcussen, consiguiendo una medalla de bronce con sabor a oro.

Una gesta inolvidable.

Mundiales de ciclismo JoanSeguidor
Curiosamente Sallanches no sale entre los mundiales más duros de la historia

Hinault, Baronchelli y Juan Fernández, fueron los tres grandes protagonistas, fueron los mejores, en una  larguísima jornada de ciclismo alpino, que hizo de aquel Mundial el más duro de la historia. También el más bello.

¿Conseguirá el Mundial de Innsbruck desbancarlo?

Por Jordi Escrihuela