Carlos Sastre fue la mejor ganancia de Saxo Bank

Cuestiones de mercado, posiblemente internas, e incluso diría que intestinas, han empujado a que Saxo Bank deje, no sé si definitivamente, el patrocinio ciclista. La convivencia siempre complicada con su compañero de cama, el tan excéntrico como imprescindible para el ciclismo, Oleg Tinkov, ha allanado el camino de algo que se barruntaba desde la expulsión de Bjarne Riis, tipo nefasto para este deporte, del equipo hace unos meses.

Saxo es un banco de inversión sito en Dinamarca que desembarcó en el ciclismo hace menos de ocho años. Fue en vísperas del Tour de 2008, junto a la firma CSC, la que apadrinó el antiguo Jack & Jones de Riis, hasta que el propio Saxo tomara las riendas a partir de 2009. Tres años el banco estuvo de primer patrocinador y en estos años ha tenido a su amparo a ciclistas como los Schleck, Fabian Cancellara y Alberto Contador, como hombres destacados hasta que a partir de 2012 entrara en el copatrocinio con Tinkoff.

Sin embargo y a pesar del relumbrón de los citados, creo que es de justicia decir que la mejor ganancia que se ha llevado Saxo del ciclismo tiene nombre y apellidos abulenses: Carlos Sastre Candil.

En efecto, el discreto ciclista de El Barraco, que hoy vive en el calor familiar y los proyectos solidarios de su fundación, fue un día ganador de todo un Tour, algo que fácilmente olvidamos y que sin embargo nunca debemos perder de vista. Fue como sabéis hace siete años, ya, y estos días que apuramos la obra de Alpe d´Huez de Peter Coussins, hemos podido recrear las claves de aquella carrera que un día explotó desde la base de la mítica montaña para traer todo un Tour a Avila.

Porque aquella edición salió sin vigente ganador, Contador, entonces en Astana, no pudo ser de la partida porque su equipo estaba sencillamente vetado. En ese panorama las miradas viraron a Cadel Evans como principal favorito y en una menor escala un serial de ciclistas como Vandevelde, Kirchen o los hermanos Schleck.

En Alpe d´ Huez Sastre atacó pronto, desde abajo prácticamente. Tras un trabajo de manual de Cancellara, Gustov, Voigt, O´ Grady,… la carrera llegaba rapidísima y con la gente tocada. Sastre, segunda baza con Frank Schleck de amarillo, fue el primero en mover pieza porque así obligaba a la reacción de Evans. Aunque Menchov se le soldó a rueda, el segundo acelerón de Sastre fue suficiente para dejarlo y ganar en la cima.

Por detrás de él, un rosario de dudas y nervios. Mientras Frank se desesperaba al ver la horchata que corría por la sangre de Evans, Riis invitó a Andy a saltar, cazar a Sastre y llevarle más arriba aún. Ni Andy quiso dejar a su hermano solo y de amarillo, ni Sastre estaba para esperar a nadie.

Para los hermanos, a pesar de que ganó el equipo, fue un día negro, pues quedaron fuera de toda órbita por el amarillo y la victoria final. En el juego de tronos del CSC, Sastre tenía la carta marcada y se llevó la mano. Todo al rojo e impar.

El abulense logró ese día, prácticamente al inicio del periplo del banco danés en el ciclismo, su mejor rédito en el ciclismo. Hubieron de venir más triunfos, el Tour de rebote de Andy, la Lieja de éste mismo, Flandes y Roubaix de Cancellara, la Vuelta de Contador,… pero un Tour ganado de primeras, con un golpe de efecto como el de Alpe d´ Huez, como el de Sastre, eso sólo lo logró un corredor que encontró la discreción una de sus bazas más consistentes para que siempre le apreciáramos.

Saxo deja el ciclismo y su mejor renglón fue el primero, el más lejano…

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Gracias, Michael Rasmussen

No pocas cosas hemos dicho aquí sobre Michael Rasmussen. Casi ninguna buena. Nos ha parecido un interesado, un mentiroso, un oportunista y obviamente un tramposo. Por contra creemos que la forma en la que fue tratado en el Tour del que fue expulsado fue muy injusta, pues se le puso una alfombra roja de salida a una persona que con la ley en la mano no había hecho nada diferente al resto. Luego ha hecho esfuerzos para volver por diferentes vías pero el peso de su estigma salió siempre a flote como esas boyas en alta mar.

Quizá en el hecho que no haya podido volver resida ahora parte de su utilidad. Igual que la saña y verborrea que gastaba en las carreras que disputaba, Rasmussen es peligroso para muchos. Sí ahora mismo, en estos momentos. El ciclismo amanece con otro libro de traca, el del danés, que sabedor que las puertas del teatro se le han cerrado para siempre parece dispuesto a obrar en consecuencia. «Fiebre amarilla» se titula. A alguno ya le habrá dado fiebre, sin duda.

Y en esa nueva sinceridad dos personajes aparecen marcados en rojo. El primero de ellos ya caído y sólo el beneplácito e hipocresía de su equipo le mantienen en la palestra. Hablamos de Ryder Hesjedal, el hombre que ganó el Giro de 2012 proclamando a los cuatro vientos su total limpieza. Resulta que, empujado por la obra de Rasmussen, ha tenido que admitir que hace diez años el dopaje formaba parte de su vida.

 

He visto lo mejor y lo peor de este deporte y creo que ahora está en el mejor lugar que ha estado nunca. Miro a los jóvenes ciclistas de nuestro equipo y de todo el pelotón, y sé que el futuro de este deporte ha llegado

 

Sí, Hesjedal habla de jóvenes, de futuro, de esperanza, pero oculta su pasado pobre y negro con la misma retórica que le mantiene en nómina del Garmin, ese equipo que amamanta un buen grupo de exdopados y los mezcla con grandes talentos. Con tal caldo de cultivo qué hemos de pensar. ¿Crecen sanos los chavales en medio de una nómina de demagogos como Jonathan Vaughters, David Millar, Christian Vandevelve o Tom Danielson? Es que hablamos de la guardia pretoriana del equipo, tanto en lo deportivo como en lo moral.

Porque el proceder de Hesjedal es curioso. Canta ahora que el libro de Rasmussen empieza a estar disponible, sin embargo en Garmin dicen que Hesjedal hace un año que ya colabora con la verdad. Hablamos pues de manejos velados, cuestiones privadas,… en fin. No sé qué habría de decir Purito Rodríguez sobre el corredor que le sopló un Giro a la sombra misma del duomo milanés.

Pero parece que con Hesjedal el tema no va a acabar. En el horizonte otro de los personajes más negros de este deporte: Bjarne Rijs. El domingo mismo, La Gazzetta apuntó la posibilidad de que el técnico haya vendido sus responsabilidades en Saxo Bank a Oleg Tinkov porque el libro de Rasmussen es concluyente sobre su “savoir faire” en tiempos del CSC. Igual Tinkov no deberá esperar un año para tener su juguetito ciclista, lo puede tener ya y no crean que para Alberto Contador debiera ser malo, pues el magnate puede serle un acicate al tiempo que una extraordinaria excusa para esconder un rendimiento que hasta la fecha no ha sido el de antaño.

Aunque las partes nieguen el posible, el rio agua lleva y si es para empequeñecer un tipo que ha medrado hasta lo insospechado como Bjarne Rijs, a pesar de su tremendo pelotazo de hace 18 años, nunca estaremos lo suficientemente agradecidos a Michael Ramussen.

Foto tomada de www.zimbio.com

¿Quién correrá para Oleg Tinkov?

 

El círculo vicioso que Oleg Tinkov sembró en los prolegómenos de Tour, cuando les dijo a los de Saxo que ellos pasarían a segundo sponsor, se cuadró aquellos días que, por separado, se refirió a las tácticas de Bjiarne Rijs y el rendimiento de Alberto Contador. Ocurrió lo que según parece buscaba el adinerado ruso. Jugada redonda. Fue jugar a rojo y negro, par e impar y a la mitad de la ruleta, todo en la misma jugada. Si Contador dio la respuesta por callada –la verdad es que hizo lo que mejor podía hacer-, Rijs trazó una línea, dijo que hasta aquí y que cada uno por su lado.

Fran Reyes recoge con mino el repertorio de TInkov este último mes. No sé en cuánto habrá variado su cantidad de followers en Twitter, pero el controvertido mecenas ha rociado de color e hilaridad la red con palos para todos, empezando por el Team Sky y abriendo el frente hasta sus propios hombres.

Es curioso que una vez ha culminado el divorcio, Tinkov siga pensando en invertir en el ciclismo, pues como bien cuenta Fran, Katusha fue el nombre de su primer desencanto una vez integró su Tinkoff Systems en la megaescuadra rusa. Va a ser cierto que sí quiere el ciclismo, y no mueve la pasta por él cuál enfermizo jugador de casino. Busca su sitio, aunque lleve años en ese empeño, no desiste.

En su facebook anuncia un nuevo equipo. Del mismo se conocen mínimos detalles, el más importante es que no puede ser Pro Tour, al menos a priori. Estará sondeando el mercado, entiendo. Quien corra para él sabe que se expone a ser vilipendiado por la red de la forma más indiscriminada si el señor no le ve la “profesionalidad” suficiente, incluso el director que tome su volante es posible que lo lleve de copiloto discutiéndole cada movimiento.

Monsieur Tapie

Cuando Oleg Tinkov se despidió públicamente de Rijs le deseo suerte en la “desafiante labor” de encontrar dinero para sacar adelante sus estructura. No sé si el vil metal y la obvia crisis de patrocinios que pasa el ciclismo son el mejor caldo de cultivo para que estos personajes sacados de una película tipo Batman, en otras circunstancias parece complicado verles, si bien en años dorados tuvimos a Bernard Tapie, una celebridad del chanchullo en el país vecino. Esperemos que de toda esa pléyade de multimillonarios caprichosos que pululan por el mundo sean los menos que se fijen en el ciclismo, pues al final es éste, y no otro, quien paga los platos rotos. 

Fotos tomadas con toda la mala baba de Parlamento Ciclista y www.rue89.com

Alberto Contador tiene el equipo pero no las piernas

 

Que el bosque no nos impida ver el cielo. La segunda y última de los Pirineos de este Tour nos destapó una de las mejores actuaciones colectivas del Movistar, tan buena como infructuosa en sus primeros resultados, pues estos pueden llegar más adelante. No obstante el brillo de los azules escondió la performance de otros actores llamados a ser protagonistas en esta carrera.

Por ejemplo, Purito Rodríguez pasó inadvertido de tal manera que evidenció que quizá su punto sea mejor para los Alpes, el BMC cuajó otra actuación desprovista del brillo que aseguran sus no pocas estrellas –sólo les mantiene el pundonor de Cadel Evans-, Thibaut Pinot naufragó en los descensos –ahí donde se han perdido más carreras de la que nos imaginamos-, y Andy Schleck, aunque mejorado, está lejos de ser quien fue.

Con todo el duelo del Tour es el Contador-Froome. Un mano a mano que por ejemplo ha servido de justificación al madrileño en su pobre rendimiento en lo que llevamos de año. Que Contador se guardara para el Tour era lógico y normal, su desgaste con el paso de los años y los tremendos disgustos que este deporte le ha propinado es obvio, pero de lo que no cabe duda es que en su primer pulso directo Froome le ha sacado los colores.

Con todo subyace una pregunta, que en Saxo, a la vista del penoso año que colectivamente están cuajando, deberían formularse: ¿Conviene seguir jugándolo todo a la baza de Contador?. En la búsqueda de buenos gregarios para el doble ganador del Tour surgió la opción de fichar a Roman Kreuziguer, quien en el cómputo de estas dos jornadas de montaña sale mejor parado, al menos en sensaciones que su líder partiendo de la base de que el checo es especialista en rendimientos irregulares.

Pongámonos en la jornada de ayer. Por ejemplo en el último puerto y preguntemos qué costaba que Kreuziguer diera continuación a los ataques de Nairo Quintana. Ahora mismo el checo está a 1´51´´ de Froome y es amenazante. Si el líder, en su condición de aislado, debe salir a por Nairo, Kreuziguer y alguno más que quizá se uniera a la fiesta, no habría puesto a prueba esa fortaleza que para muchos es incuestionable.

Está claro que Contador en Val Louron no estaba para excesos, tampoco los capos del Movistar, excepción hecha de Nairo. Entonces activemos un plan B y no llevemos a Froome en carroza hasta Bargneres de Bigorre, más cuando estamos en vísperas de una crono que posiblemente aumente las rentas del hoy líder. Hagamos como hacen los Garmin, quienes siempre pescan en situaciones como las de ayer. Tienen, en apariencia, menos que el resto, pero como Orica, nunca se van de vacío.

Foto tomada del Facebook del Tour de Francia

Alberto Contador no se encuentra

Hace una semana, en los prolegómenos de la Vuelta al País Vasco, nos preguntábamos por la suerte de Alberto Contador en una carrera y tierra que le motivan y exaltan como pocas. Vinculábamos su resultado, en cierta medida, a estos intangibles psíquicos que alimentan las piernas y la ambición del deportista. Creíamos estar ante una carrera vinculante en su futuro, pues no es usual ver al de Pinto parado y quieto en el grupo cuando una victoria merodea el frente.

Pues bien, siete días después la respuesta es ambigua. Es más, la contestación resulta jeroglífica. Alberto Contador busca y busca, pero no encuentra. Su danzarina figura emerge, rodeado de buenos rivales, aunque no de los primeros espadas a los que se supone se medirá en julio, está ahí, delante, pero no es el mejor como acostumbra. Incluso hasta se le ve pardusco, ensombrecido. No ataca, no se mueve. No cabe duda de que el punto de forma no le llega y lo que es peor, lleva tiempo en su encuentro.

Miren si no los resultados de este ciclista acostumbrado al éxito. Podio en Tirreno, una etapa en San Luis,… y poco más. Comparar con años anteriores quizá no tenga sentido. Contador para estas alturas otros años se había llevado varias perlas al palmarés, y no pocas: Volta a Catalunya (de la que sería desposeído), París-Niza, País Vasco,… en la actual temporada, y en el contexto de un equipo muy reforzado pero con pingües resultados, el madrileño no acierta.

¿Qué cambiado en esencia? Pues yo creo que mucho. Hay dos teorías. La primera es que no está como antaño ni por asomo y que alcanzar ese nivel puede serle ya imposible. Las causas son diversas. Algunos lo atribuyen a que no va con gasolina súper. Es una opinión, qué duda cabe, pero no deja de ser simplista. Un solomillo no tiene la clave. A mí entender es una mezcla de todo. El ciclista tiene ya 30 años, no es un crío y en su trayectoria han sido tantísimos los malos momentos que al final pueden haberle restado la salud que antes le permitía disputar aquello que se proponía.

Por otro lado, la segunda teoría entronca con la coletilla de la primera y referencia al hecho de que si sale a disputarlo todo, al final quema tanta energía, tantos cartuchos, que perpetuarse en el Tour como pretende sería tarea imposible. Quizá hasta preferido reservarse. Valoremos también que una gripe le apartó del Criterium Internacional. Pudo ser una gripe mal curada. Se quejó del frío en el País Vasco, pero corrió en manga corta alguna etapa en la que otros iban abrigados hasta las trancas.

De cualquiera de las maneras los años pasan y cuelgan. Para Alberto Contador han pasado varias temporadas de su carrera de forma bizarra y espesa. Mareado entre abogados, juicios, periodistas y conjeturas detectivescas. Hasta se ganó la reprobación del gremio cárnico vasco. No duden que todo eso pasa factura. Quizá a partir de ahora debamos preverle en perfil bajo en esas citas que, aunque importantes, no le son trascendentes. No obstante en julio encontraremos el final de este rompecabezas, al margen de precisas respuestas a hechos que son constatables desde hace tiempo, como su increíble bajón en las cronos, esa modalidad que le distinguía de los escaladores como él y que sin embargo ahora contribuye a hundirle un poquito más en la general.

Fotografía tomada de Zikliamatore