Así murió Tom Simpson

Portada del Marca el día que murió Simpson

Jaime Mir seguía quemando etapas del Tour, hasta que llegaron a la base del Mont Ventoux, allí todo se aceleró…

“Nada me ha impresionado más en la vida que la muerte de Tom Simpson en el Ventoux. Recuerdo que Plans y yo lo superamos en coche en plena subida, antes de que cayera. En ese momento ya le vimos muy perjudicado, no era capaz de llevar la bici recta. ‘vaya pájara lleva este chico’, nos dijimos. Nos enteramos de que se había caído. Un poco más arriba, Plans, que entendía perfectamente francés, me dijo que se había vuelvo a caer. ‘No puede ser, no puede ser, a este chico le pasa algo’”.

Julio de 1967. Ciclismo de quilates a un lado y a otro de los Pirineos, ciclismo de luto, ciclismo negro. En quince escasos días Jaime Mir contempló cómo dos corredores perdían la vida en la carretera compitiendo y practicando el deporte de sus amores, ejerciendo su profesión. El día soplaba caluroso, extenuantemente seco en las lomas del Mont Ventoux, el monte que describió Petrarca y que desde antiguo los romanos dejaron pelado, como un gran pedrusco, solo, en medio de la Provenza. Mir llevaba el 600, el único de toda la caravana del Tour, que Joan Plans dispuso para seguir la prueba para El Mundo Deportivo.

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Col de Menté: «Chute d´ Ocaña»

Luis Ocaña en el suelo del Col de Mente

Luis Ocaña había firmado una jornada histórica en Occieres, nueve minutos a Eddy Merckx…

Portada de Marca el día que Ocaña se puso líder en el Tour

A los dos días, en la etapa Revel-Luchon, el universo ciclista se paró:

Desgraciadamente ahora ya es todo agua pasada y Ocaña no ganará el Tour 1971 como estaba más que previsto y merecía con todos los honores. La emisora del Tour a través de la voz entrecortada por la emoción de Félix Lévitan nos lo dijo con la brevedad de un disparo, pero nos dejó a todos paralizados por la emoción. No se podía decir más con menos palabras. Hoy estamos a poco más de 300 kilómetros de Barcelona y el corazón nos invita a regresar, porque si nuestro barco se hunde, resulta casi lógico que nos hundamos con él.

Eso, un disparo, Joan Plans no escribía aquella crónica del 14 de julio de 1971 para El Mundo Deportivo, no, Plans, el amigo del primer Tour de Jaime, sollozaba sobre las hojas del diario amargamente, recordando el momento en que Lévitan decía: “Chute d’Ocaña!” (¡caída de Ocaña!) por la radio de carrera.

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Imagen tomada de Free365

Las historias del abuelo ciclista

Jaime Mir JOanSeguidor

Llorenç Cabrol nació en 1888. Ciclista enrolado en la Cruz Roja, fue uno de los impulsores de la asociación de cinco clubes ciclistas de Barcelona que en 1917 dieron vida a la Agrupació Ciclista Montjuïc, entidad que este año cumple cien años de vida.

Conocida también como «la Grupa» el otro día, en la presentación de “Secundario de lujo” en el Campus de Orbea en Barcelona, vino uno de sus representantes a saludarnos y hablarnos del cariño que le están poniendo al centenario, pues Jaime Mir fue director del Tedi, equipo que la agrupación barcelonesa.

Sobre Cabrol y su “Grupa” añadir que fueron pioneros del ciclocross en España, organizando la primera carrera de la que se tiene constancia en 1921 y que organizaron una carrera pionera que luego daría lugar a otra emblemática prueba: la Subida a Montjuïc, la precursora de la escalada que todos conocimos hasta hace diez años.

Una día pude estar en la casa de Pau Cabrol, el hijo de Llorenç. Desde su salón comedor, con vistas de primera línea sobre la Sagrada Familia, me habló de su padre, de los orígenes de la Grupa, de los primeros tiempos. Ellos regentaron también Ciclos Cabrol y presidieron la entidad centenaria. Me habló como su padre reunió todo el archivo del Montjuïc los días que las tropas franquistas entraron en Barcelona, para mantenerlo íntegro y saborearlo estos días. Qué historias.

Son las historias del abuelo, que en ciclismo son más añejas su cabe. Porque volviendo sobre Mir y la presentación, pudimos hablar de muchas cosas de este personaje, llamadlo como queráis, porque alguno se ofende absurdamente si le etiquetamos de auxiliar. Entre esas cosas, hicimos un pequeño índice sobre lo que contiene el libro y que está explicado de viva voz, como quizá en unos años no podamos oírle porque la vida pasa para todos.

Cuando hablas con Mir lo haces con una persona que vio ese saco de huesos que era Bahamontes ganando el Tour del 59, que comprobó las eses de Tom Simpson en el Ventoux, minutos antes de morir, que apreció la intimidad de Luis Ocaña, que cena y convive con el arisco Pérez Francés, que fue testigo como Santiago Revuelta convenció a Teka para que invirtiera en ciclismo y que lidió con la excitada gendarmería que escudriñaba las podridas entrañas del Festina en ese infausto Tour del 98.

Cuando hablas con él, lo haces con un testigo primero de la historia, la suya, que es única y real, que se ha cruzado con la de nombres y acontecimientos que trascienden, hasta con el general De Gaulle. Esa suerte que es tan poco apreciada, la tuvimos durante los meses que nos dedicamos a entrevistarle y a hablar con Jaime y oír sus historias con esos giros que gustaron entre la audiencia que nos acompañó la semana pasada en la presentación del libro.

Porque apreciar lo que nos cuentan nuestros mayores, además de entretenernos y deleitarnos, nos sirve de mochila ante la vida y lo que ha de venir, y a veces cuando llegar a puerto te das cuenta de que lo que todo lo que llevabas en las alforjas te fue necesario. Por eso os recomiendo que cuando se os acerque alguien contando esa batallitas del abuelo, no minusvaloréis lo que os dice, porque seguro sacaréis algo en claro. Yo lo he hecho, con Mir, pero también con Casadevall, con Gadea, con Cabrol, con Esmatges y otros muchos que me han dado el gusto y cariño que tengo por este deporte.

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