¿Es de globeros llevar espejo retrovisor en la bici?

En medio de una jungla de tráfico el retrovisor es un aliado para el ciclista

Hace unos años, bastantes diría yo, salir equipado con tu “bici de carreras” con luces delanteras y traseras, con bolsita en el sillín, con tapones en las válvulas o con espejos retrovisores, era de ser un auténtico globero.

Al menos, así te llamaban si te presentabas de esta guisa en la salida de fin de semana con tu grupeta.

Gravel Ride SQR – 300×250

 

Pero esto, de un tiempo a esta parte, afortunadamente está cambiando y ya se acepta en nuestro entorno más “pro” de “globero élite” que llevar, por ejemplo, una buena iluminación, ya sea de noche o de día, invierno o verano, es un accesorio fundamental -casi obligatorio- que vela por nuestra seguridad.

Esto está claro, por supuesto, y parece que ya todos estamos de acuerdo.

Porque, a ver, que levante la mano el que hace diez años ya llevaba luces diurnas en su bici.

Y ya no digo 20 años.

Creo que nadie, vamos.

O al menos, muy pocos.

Se podrían contar con los dedos de una mano.

SQR – Cerdanya Cycle

 

Esto hoy en día no pasa y lo raro es ver a alguien (¡aún!) sin unos buenos LED brillantes… y sí, también parpadeantes.

Es como lo de ir de negro… ¡que nos estamos jugando el tipo, hombre!

Parece que ya muchos empiezan a mentalizarse que vestirse con colores oscuros no es lo mejor para hacerse ver y se está dejando de lado esta mala costumbre que se impuso por su “elegancia” y, sin duda, también por la mala influencia de la equipación de muchos equipos “pro”.

Dicho esto, otro elemento de seguridad como es el espejo retrovisor está llegando a nuestras bicis para quedarse.

 

Y eso a pesar de que siguen habiendo los típicos haters que critican su uso por lo de siempre: porque llevarlo es de globeros.

Piensan que es cutre o bien que «esos gramos de más» les van a lastrar o incluso que puedan que haga perder toda la aerodinámica al pepino de bici que llevan entre las piernas.

Dicho esto con todo el doble sentido del mundo, por supuesto.

Si es que son así, no tienen remedio.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Como siempre, ha tenido que ser en Twitter -dónde si no-, y gracias a otro influencer del ciclismo actual como Antonio Alix, donde de nuevo se ha desatado la polémica.

Pues tiene usted toda la razón, don Antonio.

No han faltado los que enseguida le han contestado como, de nuevo, nuestro querido amigo Sergio Palomar (Serpal), que no ha podido evitar decir que “¿de verdad necesitáis un espejo para saber lo que viene por detrás y cómo viene? El ser humano tiene cinco sentidos para percibir su entorno, no sólo la vista. El oído es otro de ellos”.

Y claro,  Sergio que, dicho por él mismo, tiene la mala costumbre de decir siempre lo que piensa y de no ser políticamente correcto en muchas ocasiones, pues se ha puesto otra vez a los pies de los caballos.

¡Ay, Sergio! ¿Qué habrás hecho para merecer esto, verdad?

 

El caso es que entre respuestas, réplicas y contrarréplicas,  se ha abierto un interesante debate sobre la conveniencia o no del  uso de los espejos retrovisores en nuestras bicicletas.

Un hilo iniciado por Alix, seguido por Serpal y otros muchos que han expuesto sus opiniones, sus pros y sus contras, sus beneficios y perjuicios, en lo que ha sido otra nueva e intensa discusión en esta controvertida red social.

Así es pedalear por La Cerdanya 

En el caso de Sergio, más que estar en contra de su uso, faltaría más, él no lo ve indispensable para nuestra seguridad pues encuentra que estar pendiente de él, en su caso concreto, “le genera estrés”.

Argumenta que lo ha probado y que le pone nervioso el hecho de estar pendiente del dichoso retrovisor, siempre mirando a lo que pueda venir por detrás.

Serpal confía más en su oído para estar alerta de lo que se le acerque más de la cuenta:

«Prefiero confiar en mis sentidos. Vale que luego sobre la bici parezco un arisco y hablo poco. Es que voy centrado a lo que voy».

Algunos apoyan esta afirmación comentando que es cierto, que han visto ciclistas pegar bandazos o ir haciendo eses por ir mirando el retrovisor.

O también por comerse baches al no estar pendiente de lo que tienen delante.

Con lo que, visto lo visto, parece que para algunos es más peligroso que otra cosa.

 

Incluso se han podido leer comentarios de que el espejo en la bici debería estar prohibido porque la bicicleta va por donde miras.

Además son muchos los que opinan que con el espejo retrovisor te vuelves dependiente y es mejor, siempre, estar acostumbrado a mirar y echar un ojo.

También es cierto, como alguien contestó, que si por mirar un retrovisor no pueden mantener la línea recta es porque realmente son muy novatos, o muy malos o les falta práctica.

Está claro.

Los defensores del retrovisor en la bici que son muchos, más de lo que parecen y con toda la razón, hablan de un elemento más que mejora nuestra seguridad, que permite llevar mejor el control sobre los vehículos que nos rodean.

Y que hay que probarlo para convencerse.

Que los que dicen que el espejo no sirve para nada en la bici es que hablan desde la más absoluta ignorancia.

Los que lo llevan se sienten tranquilos y más seguros sabiendo lo que viene detrás.

No molestan y nos dan un importante plus de visión.

Lo consideran 100% útil y recomendable.

Anticipar si nos va a adelantar un coche antes de escucharlo, es necesario.

Y ya no solo por seguridad, también por comodidad para evitar el dolor de cuello al girarnos tanto y repetir ese movimiento de cabeza que puede hacer que acabemos con contracturas, porque ese pequeño espejo evita giros de hasta 180 grados por mirar atrás.

Sin embargo este gesto, el de girar la cabeza, para muchos es un indicativo de seguridad para el resto de vehículos que intuyen nuestra maniobra.

Piensan que, con este contacto visual, salen rápido de dudas de si el coche les va a permitir o no cambiar de carril.

Otro argumento de peso de los defensores del retrovisor es para ciclistas que puedan tener problemas auditivos porque les da ese plus de seguridad que necesitan para poder seguir disfrutando de la bici.

SQR – GORE

 

Algo realmente muy válido.

El caso es que parece que el debate está abierto, pero sería fácil zanjarlo pensando en quién puede ver un problema en utilizarlo si al ciclista le parece útil.

Cada uno que lleve lo que le dé la gana, pensando siempre en su seguridad.

La verdad es que son ganas de polemizar donde no las hay.

¿Vosotros qué opináis?

imagen: @ramacabici

Una imagen pésima: Ciclistas adelantando por la izquierda

Cuando un ciclista se salta las normas perjudica a todo el colectivo

Vergüenza, mucha vergüenza.

También indignación, mucha.

Y cabreado sería decir poco.

¿Qué por qué? ¿Vosotros habéis visto las últimas imágenes que se han hecho virales de un grupo de ciclistas “rodando” por la carretera del Garraf, aquí en Barcelona?

Pues esto es lo que siento, mucha irritación mientras escribo estas líneas, poco rato después de ver lo que ha pasado este último domingo en una de las rutas más concurridas por los cicloturistas catalanes todos los fines de semana, la que lleva de Barcelona a Sitges.

Y que sea muy frecuentada por ciclistas no significa que sea segura, para nada. No lo es.

Bonita sí lo es, porque se pedalea por un espectacular y sinuoso tramo de unos 10 kilómetros junto al Mediterráneo, por esta carretera esculpida a las rocosas montañas y que discurre alzada sobre el mar, atravesando la escarpada costa, sorteando divertidos toboganes y decenas de entretenidas y reviradas curvas.

Esto es lo que hace de esta carretera una de las más atractivas para el cicloturista barcelonés, sobre todo en invierno, buscando el sol, pero es a la vez una de las más peligrosas para montar en bici.

Por eso yo, igual que muchos de vosotros, hemos quedado profundamente impactados al visionar el vídeo de los imprudentes adelantamientos que han efectuado un grupúsculo de ciclistas, sobrepasando de manera temeraria a decenas de vehículos en esta estrecha carretera de Garraf.

Y digo “grupúsculo” porque estos individuos no merecen el calificativo de grupo y ni mucho menos de grupeta:

¡Desgraciados! ¡Cabrones! ¡Qué poca vergüenza!”

Esto es lo que espetaban a los ciclistas tanto el conductor del vehículo y su acompañante que grababa atónito con su móvil todas estas escenas, que sólo verlas ponen los pelos de punta, del miedo que dan.

Y estos insultos no son para menos, pues lo que estaban haciendo estos desgraciados era potencialmente letal, jugándose su pellejo invadiendo el carril izquierdo, pisando doble línea continua, cortando curvas ciegas, pedaleando “a full”, mientras iban sorteando coches de forma arriesgada y muy, muy, peligrosa.

Se ven inclusos algunos momentos de apuro por parte de alguno de estos impresentables sobre dos ruedas, encontrándose de frente, y de repente, con algún vehículo en sentido contrario, en alocadas maniobras por seguir al grupo delantero, que iba a muerte, y así no perder rueda, en una especie de juego “de carrera”, como si de auténticos ciclistas pros se tratase compitiendo en carretera cerrada al tráfico.

¿A qué estabais jugando ciclistas de pacotilla?

Sí, vosotros… ¿de qué ibais?

Sí, vosotros, que no sé si me estaréis leyendo, los irresponsables de estas acciones tan imprudentes.

Os puedo decir que estáis bien sonados, que no sólo habéis comprometido vuestra vida, sino también la de los demás y que sois los que realmente dañáis la imagen de todo un colectivo:

¡Sí! ¡Dale! ¡Por la izquierda, claro que sí! ¡Desgraciados!¨”

¡Y con doble línea continua! ¡Olé! ¡Os vamos a denunciar a todos, cabrones!”

Si es que ya os digo, cualquier cosa que les dijeran se lo tenían bien merecido, por capullos, exponiendo sus vidas en un recorrido repleto de curvas muy cerradas y donde los ciclistas cuentan con un arcén poco más amplio que el tamaño de un móvil para circular.

Te la juegas. Vas todo el rato encima de la raya blanca porque no hay ni un centímetro de arcén y no tienes más remedio que invadir la calzada”-decía un ciclista.

Esta carretera del Garraf es un complicado trayecto que genera constantes conflictos entre ciclistas y vehículos porque la distancia de 1,5 metros de seguridad tampoco es respetada por los vehículos casi nunca y los camiones pasan rozando a los ciclistas a escasos centímetros de poder tocarles.

¡Desgraciados! Viendo esto aún hay pocos accidentes y luego dicen que son culpa nuestra”

Y es que el “festival” en contra de los ciclistas, dentro del vehículo, continuaba.

Gobik ya piensa en el verano

No era para menos.

El espectáculo seguía siendo vergonzoso.

Suerte tuvo este más o menos numeroso grupo de que llegaran vivos todos sus integrantes a su destino, y suerte también que equipados con ropa de invierno era muy difícil, por no decir imposible, poder reconocer a qué club, entidad, sociedad o grupo ciclista pertenecían.

Si hubiera sido así, evidentemente se les podría enviar un “recado” en forma de denuncia o multa a su sede local, como escarmiento.

En definitiva, insistamos en lo de siempre, tenemos que dar ejemplo si queremos que nos respeten y el ciclista que realmente aprecia su vida, y la de los demás, hace las cosas bien, o al menos pone todo de su parte para que así sea.

Así que, por favor, que ahí afuera nadie más se juegue la vida en la carretera con ejemplos de este tipo sin ningún sentido.

El milagro de Dani Rovira y compañía vino sobre ruedas

Ver el vídeo del accidente de Dani Rovira y pensar que ha vuelto a nacer

Supongo que a estas alturas todos habréis visto el terrorífico vídeo del atropello múltiple que sufrieron Dani Rovira y sus tres acompañantes.

O casi todos.

De hecho, a mí me ha costado visionarlo, después de leer todo lo que se ha escrito sobre esta terrible escena.

No me atrevía. Tenía miedo.

Sin embargo, bastantes horas después de su publicación, he decidido verlo, aún a sabiendas que después de ver accidentes de este tipo se te queda bastante mal cuerpo y con pocas ganas de salir a rodar a la carretera.

Es así.

Y no soy el único.

Son muchos los que delante de estas gravísimas situaciones piensan que lo mejor es colgar la bici.

Pero no nos vamos a rendir ahora, ¿no os parece?

Pongámonos en situación.

Una carretera francesa, recta, llana, buena visibilidad.

Y los ciclistas.

Y de repente un vehículo, salido de no se sabe muy bien dónde, los arroya de manera inexplicable.

¿O sí se puede explicar?

El coche, que aparece por detrás, cuando apenas hacía 30 segundos ni se intuía su presencia, se los lleva por delante sin contemplaciones, barriendo ciclistas y bicicletas.

Las imágenes impactan.

Si no fuera porque sabemos que Dani Rovira y sus acompañantes, el entrenador Martín Giachetta, el bombero Germán Torres y Francisco Santiago, padre de una niña con síndrome de Rett, salieron ilesos, nadie podría haber dado crédito de que hubieran sobrevivido a semejante golpe.

Y sin embargo, el ángel que dicen que protege a todos y cada uno de los ciclistas, existe.

Dani Rovira volvió a nacer

Pero no siempre para todos.

Esta vez hubo milagro y Dani y compañía pudieron contarlo: “estamos aquí porque aún no nos tocaba irnos”.

El hecho de que el primer ciclista en ser golpeado se pusiera de pie encima de la bici, fue lo que con total seguridad le salvó la vida.

Si hubiera ido sentado el impacto podría haber sido fatal.

Después de la escena del accidente, podemos ver a Dani y al resto de acompañantes cabreados y tristes a partes iguales.

El conductor sale del coche y sólo una única pregunta por parte de los accidentados: “¿qué ha pasado?”.

Ni un mal gesto, ni una mala palabra, ni un grito, nada.

Así somos los ciclistas ante la desgracia: no nos sale ni el cabreo que llevamos encima.

Esa indignación que sí les hubiera provocado si este mismo insensato les hubiera adelantado de manera imprudente, o sin respetar el metro y medio de distancia. Habría quedado en lo de siempre: cuatro insultos, un par de peinetas y algunos bocinazos.

Y se acabó.

Gobik ya tiene a punto su colección de verano 

En ese momento, pero, la pena, la tristeza por lo sucedido, pesan mucho más que la indignación.

Me despisté buscando el móvil”, comentaba el susodicho responsable del increíble topetazo, entre consternado y arrepentido.

Se despistó, pero su pie siguió apretando el acelerador hasta que sobrevino la desgracia.

Después de vista la secuencia, muchos han opinado.

Algunos creen que lo que quería realmente efectuar el imprudente conductor era adelantar por la derecha al vehículo que llevaban de apoyo los ciclistas, sin reparar que los tenía justo encima.

Ni los había visto, en una larga recta, visibles, y se los lleva por delante.

Un despiste y podría haber sido el final.

Dani y un padre luchando por sacar adelante a su hija enferma, en ese momento volvieron a nacer.

Todo quedó en un susto, pero vaya susto. Espeluznante.

El conductor no tiene ningún perdón 

Cualquier pena que cayera sobre él sería justa: una buena multa, retirada del carnet de por vida o incluso unos meses a la sombra.

Eso, de entrada, porque quería reflexionar sobre un par de temas.

El primero. ¿Creéis que se pecó también de imprudencia por parte de Dani y compañía a la hora de rodar un documental con ciclistas con tráfico abierto?

Antes de que pongáis el grito en el cielo, lo sé, que esto no excusa para nada la criminal acción. Pero es para reflexionar ¿no?

Para finalizar, para pensar también en el motivo por que Dani Rovira, o su productora, se ha esperado nada menos que dos años para hacer público el espantoso accidente.

¿Por qué?

Las imágenes salen ahora que la película está en cartelera, después de haberlas guardado durante todo este tiempo, de manera fría y calculada, a mi entender.

De acuerdo que es por un motivo solidario.

Nada que objetar, por supuesto, pero ¿por qué no se difundió entonces?

La verdad es que tampoco encuentro muchas excusas a este hecho.

Posiblemente, hace dos años el vídeo podría haber venido muy bien como argumento para defender la causa por una ley justa, por muchos motivos, el primero, lógicamente, al verse involucrado un personaje mediático tan reconocido como el actor malagueño.

En mi opinión, las imágenes llegan muy tarde

Antes se respetaba más al ciclista

Ciclistas en carretera JoanSeguidor

Mov_Gore

La sensación de seguridad era mayor para los ciclistas hace veinte años

Perico Delgado se siente «más seguro en la carretera ahora que hace 20 años».

Esto lo dijo la semana pasada.

Pues me sabe muy mal contradecir a mi admirado Perico, pero… no estoy de acuerdo.

Sí, no estoy de acuerdo en esa afirmación.

Ojo, es mi opinión, que quede muy claro.

Lo que voy a exponer a continuación es exclusivamente mío y no hablo de parte de ningún colectivo, sociedad, entidad o club, por supuesto.

Pero yo, hoy, no me siento seguro cuando salgo en bici.

Y lo he de decir así, muy a pesar mío.

Tengo que aclarar también que el no sentirme seguro cuando salgo a pedalear ahí afuera no significa que tenga miedo a hacerlo, porque entonces no saldría de casa.

Miedo, no. Respeto, sí. Y mucho.

Además puedo decir, sin dudar ni un momento, que yo hace 20 años sí me sentía mucho más seguro.

DT-Swiss Junio-Agosto

¿Por qué no me siento más seguro en la carretera?

Seguramente me pediréis que argumente esta dura sentencia, sobre todo los que no estéis de acuerdo con esta afirmación.

Y es una dura protesta porque con lo que digo parece que no hayamos avanzado nada durante estos últimos 20 años.

Pues yo así lo siento, que seguimos estancados o peor que hace décadas.

Voy a intentar justificar mi opinión primero de manera objetiva y esta no es otra que con números en la mano y que tristemente me dan la razón: los accidentes relacionados con ciclistas han aumentado un 309% en los últimos 20 años.

Este estudio se remonta hasta 1998 en el que hubo un total de 2662 accidentes de ciclistas.

Esta cifra se elevó, nada menos, hasta 8242 en 2016.

Ya sólo esta noticia me carga de razones para poder decir que, efectivamente, cuando yo salía a pedalear esos años, de finales de los 90, lo hacía con mucha más confianza que ahora.

Es más, no tenía la sensación de que en cualquier momento un vehículo podría arrollarme, como ahora sí me está pasando.

Pero es que además, si seguimos navegando por internet, encontraremos noticias como la siguiente: «los accidentes en bicicleta han aumentado hasta tal punto que se han multiplicado por dos los últimos siete años«.

Esto, como ya he comentado, si hablo de manera objetiva, porque si lo hago de forma subjetiva me doy cuenta que hace 20 años era mucho más placentero salir en bicicleta de excursión los fines de semana.

Puede que algunos opinen que antes éramos minoría los que salíamos a pedalear.

No estoy de acuerdo.

No hemos de olvidar que estábamos en plena época post-Induráin, después de haber disfrutado de un lustro de oro con las victorias del campeón navarro.

Esto se notaba en la carretera.

Mucho.

Creo que entonces se nos respetaba mucho más que ahora.

¿Por qué?

Porque la gente quizás nos miraba de otra manera muy diferente a la actual.

Podríamos parecer más o menos simpáticos, pero seguro que muchos aún nos veían como una rareza, como una atracción o como una curiosidad al vernos pedalear por esas carreteras de Dios («¡qué majos estos ciclistas!»).

O nos cantaban el manido «¡Induráin, Induráin, Induráin!».

O puede que nos vieran como unos bichos raros, pero se nos respetaba.

Mucho.

En aquella época no recuerdo ningún percance que me hiciera sentir miedo, o poco seguro, a la hora de salir en bici.

Tampoco ninguna discusión con dueños de vehículos a motor algunos, a diferencia de hoy en día en que no es rara la salida en la que podamos tener un encontronazo, o bronca, con algún usuario que nos haya provocado un incidente: un mal adelantamiento, no haber guardado la distancia de seguridad, no cedernos el paso o, simplemente, ignorarnos y ni tan sólo ver si veníamos.

Los ciclistas parecemos invisibles para muchos

Como digo, hace 20 años, no flotaba en el ambiente esa sensación de intranquilidad o malestar que tenemos actualmente. Sólo nos preocupábamos por salir, dar pedales y disfrutar. Yo me sentía seguro, sin duda alguna.

¿Por qué pienso que el cuento ha cambiado radicalmente?

Pienso que por muchos motivos.

Si me pongo a reflexionar, parece que los últimos accidentes mortales de estos terribles dos años pasados, en vez de concienciar a conductores sobre esta necesidad de respeto mutuo, nos haya creado aún más y mayores enemigos.

Exacto.

Ahí quería llegar.

¿Cómo ven los conductores a los ciclistas?

No voy a generalizar, por supuesto, hay muchos conductores que ya nos empiezan a ver con naturalidad en la carretera, como un vehículo más, independientemente de para qué lo usemos: si por deporte, si por ocio o por paseo, para ir a trabajar o para ir a comprar el pan. Da lo mismo.

Pero… ¡ay!

Creo que existe un sector de conductores al que le molesta el mero hecho de ver a alguien subido a una bici delante de sus coches, que se amargan dentro de sus carrocerías de hierro y que se ponen nerviosos en cuanto ven a un ciclista.

A estos me quiero dirigir.

Son ellos los que hacen que, al menos yo, no me sienta seguro yendo en bicicleta.

Esos que con muy mala baba nos ven como sus auténticos enemigos en la carretera y que de ellos se percibe una animadversión total hacia los que intentamos llevar una existencia diferente a la de ellos, que no es otra que la de disfrutar de una actividad al aire libre, mejorar nuestra condición física, hacer deporte y llevar una vida saludable.

Muchos dicen que somos un peligro.

Sí, claro, por supuesto que cuando salimos en bici miramos hacia todos lados para evitar y esquivar  los peligros, pero no menos que cuando lo hacemos también en coche o en cualquier otro medio que represente un desplazamiento, incluso cuando tenemos que cruzar andando la calle.

El peligro está ahí, es evidente, donde esté nuestro físico estará el riesgo, por muy tranquilas que sean nuestras rutinas o nuestro día a día.

No me siento seguro, porque entiendo que existe una corriente de opinión de personas, no generalizada pero sí importante dentro de la sociedad, que nos ha hecho retrasar años de negociación por el respeto mutuo entre ciclistas y automovilistas.

Con este tipo de conductores hemos vuelto a la época de las cavernas, cuando el más grande y fuerte se imponía al más débil y chico.

Soy globero, ¿y qué? porque de tan ciego que iba no reparaba en el paisaje, ni en los pueblos, ni en sus gentes. No veía nada.

No me siento seguro, porque nunca sé si el que está detrás de mí al volante, y me ve, piensa que ahí sobro porque molesto, porque no tengo derecho a estar ocupando «su» carril de circulación y tampoco sé si me va adelantar con seguridad o por el contrario no le importará si me deja metro y medio de distancia, poniendo en riesgo mi vida.

Porque encima hay conductores que nos quieren poner horarios para salir en bicicleta para que ellos puedan conducir tranquilamente, argumentando que no podemos hacer deporte por esas carreteras de Dios las 24 horas del día.

Opiniones en contra del colectivo ciclista hay muchas, y sólo hacen que fomentar una enemistad en la que muchos están trabajando para que esto cambie, pero con su total antipatía e intransigencia se cargan de un plumazo.

Por todos estos motivos, yo hace 20 años me sentía mucho más seguro en bici.

Gracias Perico por abrir el debate.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de En Bici

#Porunaleyjusta: Ahora todo son urgencias

porunaleyjusta ciclistas JoanSeguidor

En #Porunaleyjusta todo son largas y promesas incumplidas  

Mov_Gore

No es necesario conocer personalmente a Anna González, para ver que su trabajo #porunaleyjusta es inasequible al desaliento y la dejadez de nuestra clase política.

No hay colores, ni carnets, menos banderas, #Porunaleyjusta excede al ciclismo.

Es una cuña que habla de la calidad de un país, de una convivencia respetuosa, de un sociedad mejor. 

Y ayer lunes, Anna González volvió a la carga, con la ministra de turno, ahora socialista, el mismo grupo que en la anterior legislatura paró máquinas en este proceso. 

Anna fue acompañada por Alberto Contador. 

Eso es poner la carne en el asador, si no toda, casi toda. 

Ir acompañado por Alberto Contador es sacar la artillería pesada.

Y como dice el madrileño, esto es una cuenta atrás: su reunión llega tras unas cuantas y los progresos son pingües. 

Todo son largas, todo son promesas vacías. 

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La ministra prometió, como el anterior ministro, pero cada uno se arrima al árbol que más le conviene. 

Y es que no puede prometer, porque esto no va de decreto ley, va de consenso de todos. 

No es tan complicado. 

Y en ese juego de espejos, el ciclismo comprueba lo barato que es matar a un ciclista, dejarle en la cunea y no dar cuenta a nadie. 

Comprueba que no hay respuesta ante gentuza que se pone al volante drogada y bebida, gente que no reporta de su imprudencia.

Gente que destroza vidas, que son asesinos. 

La urgencia de #Porunaleyjusta

Pero hay prisa y mucha. 

No sólo porque Anna González lleve más de dos años en la lucha. 

También porque por el camino pasan los interlocutores sin que se aprecie progreso alguno.

Anna González y Alberto Contador salieron con esas promesas de la ministra.

Promesas que deben plasmarse en breve y por consenso, porque entramos en periodo prelectoral, en una legislatura incierta y una lucha por el poder que no conoce la palabra escrúpulo.

Y en ese campo de batalla que los políticos se han montado, la seguridad de los ciclistas ante borrachos y drogados no da votos. 

Es triste y cierto al mismo tiempo. 

Como lo es que #Porunaleyjusta no es algo que sólo atañe a ciclistas, atañe a todo hijo de vecino que pone un pie en la calle y está expuesto a asesinos que toman el volante sin conciencia ni consciencia.

Tenemos tres, cuatro meses a lo sumo, para que esto dé un giro. 

Y si no, la incansable Anna tendrá que empezar nuestra lucha de cero.

Otra vez más. 

INFO

El conjunto de los domingos 

Los ciclistas no son un marrón

porunaleyjusta ciclistas JoanSeguidor

Otros dos ciclistas atropellados, estos en Montbrió del Camp, en un nuevo domingo negro

Ciclistas en alto riesgo: Salir en bicicleta a primera hora de un sábado o un domingo es jugarse la vida.

En Montbrió del Camp, zona de ciclismo del bueno, tradición y familias, dos ciclistas fueron arrollados por un chaval de 18 años, que al parecer iba drogado.

Esto es un goteo incensate.

Si echamos números veremos que la familia ciclista no para de vivir días negros de forma sostenida y alargada.

No es de recibo la indefensión y encima señalar al eslabón débil de la cadena.

Cuando Pere Navarro retomó sus funciones en la DGT dijo directamente: «Los ciclistas son un marrón«.

Entendemos que el ambiente está crispado, entendemos que nadie da su brazo a torcer, pero abrir la caja de tópicos en estos momentos, todo un director de la DGT, es una irresponsabilidad.

Entre sus declaraciones y la nueva muerte de ciclistas no ha pasado tanto y es una vergüenza.

Porque el marrón no son los ciclistas, el marrón es la sociedad incivilizada que basa su nivel de bienestar en el coche que calzas y la velocidad a la que pisas.

El marrón es una sociedad que no es capaz de respetar el libre ejercicio físico de un colectivo que está sencillamente machacado.

El goteo sigue, las noticias continúan y la realidad es que, tristemente, esto no para, como esa gota malaya que sobrevuela a todo aquel que gusta de algo tan sencillo como el echarse a la carretera sobre una bicicleta.

 

La multa a Purito

Multa purito selfie bicicleta JoanSeguidor

Una multa a Purito desacredita a todos los que dicen hacer su trabajo mientras se graban sobre la bicicleta

Ayer nos hicieron llegar este tweet de una multa a Purito, una multa que él mismo hacía prender como la pólvora por las redes.

No podemos añadir ni quitar nada. Es lo que hay.

Purito admite con deportividad la multa, lo curioso es que lo divulgue de esta manera en un perfil con cientos de miles de seguidores. Le honra el gesto.

Obviamente la multa a Purito a repercutido y se ha comentado por cientos.

La multa a Purito demuestra que grabarse sobre la bici muy normal no es

Muchos comentarios en sentido positivo –este corredor es ciertamente querido- aunque surgen muchas cuestiones.

Porque es usual ver a ciclistas pros y otro tipo de “influencers” grabarse en marcha, con la vía abierta.

Tan usual como que muchos aficionados han saltado por lo irresponsable y poco edificante de su actitud.

Aquí lo hemos comentado alguna vez y hemos visto alguna que otra reacción airada de algún pro ante aficionados que les reprendían por hacerse selfies y vídeos en plena ruta.

Nos lo piden las marcas” venían a decir.

Yo no sé que intríngulis entran en estos compromisos, pero hay cuestiones que creo que deberían estar al margen de cualquier petición, sea de una marca, sea de un organismo, sea de quien sea.

Grabarse en la bicicleta, con tráfico rodado pasando a tu espalda, personas con miles de seguidores es un pésimo ejemplo para quienes pretenden emularles pero también un asidero para quienes ven en el ciclista un enemigo y no valoran su derecho a circular por la carretera.

La multa a Purito y su admisión desmonta todas esas teorías sobre el bien y el mal, que a ojos de cualquier persona con dos dedos de frente no admitían discusión.

Si quieres grabarte pie a tierra, un arcén y haces malabarismos

Lo hemos dicho cienes y cienes de veces. ¡Y mucho cuidado con subirlo a las redes, que es por donde le han pillado!

Publicada por Planeta Triatlón en Jueves, 8 de marzo de 2018

Porque como hemos dicho alguna vez más, no somos conscientes de lo que hay en juego, que no es poco, es sacar al ciclista del papel de eslabón frágil de la cadena y darle los derechos que le deberían asistir en caso de accidente.

Escuchad esta entrevista a Anna González en Ser Deportivos y en un mes pasamos cuentas de cómo llevan nuestros queridos políticos los cambios que se proponen en #Porunaleyjusta.

Mirad qué razón asiste al ciclista y entonces veréis que el mundo nos mira, nos escruta y nos evalúa y que cualquier actitud temeraria juega en contra de nuestra salud y del colectivo.

Hoy jueves 8 de marzo, que todos hablan de la mujer y sus derechos queremos reivindicar a Anna como el verdadero ejemplo de sacrificio y lucha por los derechos de los ciclistas, sean mejores o peores, pros o globeros, por todos, porque sacando fuerzas del vacío que te deja la muerte de alguien muy querido ha puesto en jaque toda la desprotección que sigue padeciendo el ciclista cada vez que monta su bicicleta.

Imagen tomada de Rueda Lenticular

Melilla necesita que la bici le gane la partida al coche

Melilla es una ciudad multicultural que vive principalmente del funcionariado y el pequeño comercio. A más de 150 km con la Península Ibérica, su conexión queda condicionada al barco (varias horas) y al avión (elevados precios), viviendo de espaldas a Marruecos que no la considera como ciudad española y dificulta las relaciones diplomáticas. Energéticamente no hay ningún plan de renovables y autoconsumo. Si a todo ello le añadimos unos pésimos resultados educativos y grandes diferencias socio-económicas, se justifica la urgencia de proyectos de emprendimiento social.

En relación a la movilidad, Melilla cuenta con uno de los mayores índices de motorización por habitante y espacio público: 3´4 km2 de los 12 km2 totales. Una inversión desproporcionada para la infraestructura que invita a abusar del coche (el 80% del espacio público es asfalto), da como resultado que tengamos los peores datos relacionados con la Violencia Vial por habitante según la Dirección General de Tráfico.

Por otro lado, sus soluciones son ciertamente sencillas. Es una ciudad compacta, y más que lo será al tener uno de los mayores índices de natalidad; las distancias cotidianas son asumibles en 15-30 minutos andando; no tiene problemas de presión metropolitana al estar limitado el acceso de vehículos motorizados por cuestiones de seguridad y por el contrabando hacia Marruecos que se mueve en zonas próximas a la frontera.

En este contexto, aparece la bicicleta, que como medio de transporte era prácticamente desconocida hace 8 años, y aunque actualmente no hay ni datos ni objetivos que reflejen su desarrollo, culturalmente comienza a entenderse, si bien la ciudad desarrolló un Plan de Movilidad Urbana Sostenible donde no tuvo en cuenta las aportaciones realizadas por Melilla ConBici, aunque estábamos de acuerdo en las grandes líneas propuestas contra el abuso del coche.

El desarrollo de la ciudad para la movilidad ciclista es asilado con propuestas muy interesantes como: el proyecto STARS de Camino Escolar, bajar el impuesto relacionado con la bicicleta, creación de un carril bici en el Paseo Marítimo o la reordenación de un barrio con la máxima: «El mejor carril bici es el que no se necesita».

Creo que la convivencia con otros conductores de vehículos motorizados debe mejorar viendo los datos de Violencia Vial que anualmente muestra la DGT. En relación a los peatones, desde Melilla ConBici tenemos claro que no queremos más bicicletas, y sí menos abuso del coche para que la accesibilidad mejore para todas las personas y el espacio público sea más amable. El Paseo Marítimo es un recorrido donde las bicicletas suelen circular por la acera. Fuimos de los primeros en firmar el manifiesto: «La acera es peatonal».

Para los ciclistas son especialmente peligrosos los principales ejes viales donde no se respeta la velocidad máxima, así como en otros viales donde se obliga al ciclista a ir escorado a la derecha en vez de regular por ordenanza la necesidad de que el ciclista pueda ir por el centro del carril por su seguridad. Los puntos más complejos se podrían salvar con una adecuada formación vial en bicicleta.

Por contra, no hay ningún punto en la ciudad pensado para la bici y es una pena porque, si bien las distancias son cortas, se muestra gran permisividad a la doble fila y aparcamiento sobre la acera que hacen que tengas que saber sortear obstáculos, pero también reducen la velocidad al resto del tráfico.

Es paradójico: Algunos políticos y técnicos se están formando y da gusto escuchar lo que se ha avanzado culturalmente. Después vemos que se sigue despilfarrando dinero para infraestructuras pensadas preferentemente desde el parabrisas y corroborando la descoordinación.

Con todo la ciudad no está preparada para hacer turismo en bicicleta, aunque desde Melilla ConBici trajimos 50 ciclistas de Ruedas Redondas un fin de semana y dimos algunas facilidades que no se han querido estudiar para su desarrollo. Ir en bicicleta es especialmente agradable por todo el corredor marítimo, algunos barrios con mucho encanto y el #SenderoGris.

El futuro de la bici en mi ciudad es el que el abuso del coche le permita y lo que ciudadanía e instituciones quieran proponer para el necesario cambio cultural.

Por José Emilio Pérez Sevilla

Imagen de Melilla Conbici

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