Seis días de Gante, el concepto «bombonera» llevado al ciclismo

Seis dias de Gante velodromo JoanSeguidor

Ruido, pasión y calambres de emoción cincelan la experiencia de los Seis Días de Gante

En el umbral del velódromo de Kuipke, en el Citadelpark, no lejos de las tres torres que marcan la silueta básica de Gante, lo primero que ves cuando entras es un cartel  que reza «sold out» para los Seis Días de Gante.

En efecto, la carrera más famosa de ciclismo en pista en Bélgica es una locura que si entre semana rebosa de gente, el fin de semana echa el cierre, porque sencillamente no cabe nadie más.

Bienvenidos al ciclismo en Flandes, bienvenidos a los Seis Días de Gante, una de esas experiencias que conviene ver en directo y vibrar «in situ» porque si el ciclismo un día fue una casa de resonancia, el pequeño anillo de Kuipke es el continente.

Un velódromo en el que el recuerdo de Isaac Gálvez es lo primero que nos viene a la mente, su pérdida, hace trece años, la tremenda historia que sucedió a De Fauw, esas fatalidades que rara vez acontecen, pero que cuando pasan , quedan para para no moverse de la memoria.

Viendo el ambiente, la entrega del bien llamado respetable, podemos presentir, sin haberlo visto, el escalofrío que recorrió a los asistentes.

 

En la grada no se distinguen huecos, todos los asientos ocupados. 

Gente de toda condición, familias, padres e hijos, abuelos con nietos, amigos, todas las edades, todos los aspectos, una pasión exacerbada.

Y un calambre de emoción que recorre la tribuna, los laterales, los peraltes en cada carrera, en cada crono que se rebaja, en cada pareja que sale a la pista.

Mientras, por los pasillos del viejo velódromo, la gente se apresta a apostar, colas en el mostrador y manos en alto con la apuesta, las planchas rezuman humo, hamburguesas van y vienen, se mezclan con frites, patatas fritas y algún hot dog.

 

En los Seis Días de Gante hay pasión en la grada e incondicionalidad en la pista. 

Algunas de las estrellas vienen de la campaña de carretera, más relajadas, desconectadas de las exigencias del World Tour.

Ijko Keisse es un espectáculo en todos los sentidos. 

Verle rodar sobre la bicicleta en la perfección, su larga espalda muere en sendos hombros donde surgen dos brazos angulados y poderosos fijados a los laterales del manillar.

Su pareja es Mark Cavendish, qué decir del amigo.

 

Cuando ambos buscan rebajar el crono de vuelta lanzada, la gente enloquece: primera vuelta y Keisse alza las manos, pide complicidad, la grada se entrega, la música sube, el ruido crece, resuena el lugar como una caja de sonidos, la pasión cotiza al alza, Keisse lanza a Cav, los 175 metros los hace a full… marca el mejor tiempo, por el momento, el ruido es ensordecedor.

 

Fuera tres o cuatro grados, dentro de Kuipke bochorno, calor, el público vibra al paso del ciclista en una danza infinita, una relación casi íntima.

Una actuación musical pone pausa en la locura de la noche central de los Seis Días de Gante.

Algunos aprovechan la tregua para ir al baño, para buscar comida, los que quedan se entregan al cantante, que musita en riguroso flamenco.

Es la comunión total.

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La carrera de americana es vibrante.

Desde la misma zona de prensa, en la pelouse, ligeramente elevados, casi sentimos el corazón de los corredores sacando lo mejor de sí

Cada vuelta que se toma se celebra como un triunfo final.

Es una lucha sin cuartel donde los campeones del mundo Roger Kluge y Theo Reinhardt marcan el paso.

La suya es la pareja de referencia, corren a contrapié, porque el dúo Jasper De Buyst y Tosh Van der Sande manejan la carrera como les gusta, desde adelante.

Los dos, belgas, llevan la carrera por el borde, a la locura, sin complejos, ganan una americana preciosa, donde los 175 metros de cuerda propician vueltas dobladas cada pocos minutos.

Entrevista Seis Días de Gante JoanSeguidor
Entrevista a Van der Sande tras su americana victoriosa

 

Son doce equipos para los Seis Días de Gante, doce parejas, cada una patrocinada por una firma diferente.

La carrera no es sólo competición.

La pelouse se queda pequeña de gente charlando, bailando, rebañando un hot dog, mientras se dejan el cuello siguiendo lo que pasa en la pista.

Fuera, ajenos al ruido, una carpa paralela se dispone a modo de «feria de abril» a la belga, con empresas recibiendo sus clientes y los VIP apurando una tabla de quesos regada por una buena cerveza entre carrera y carrera.

Los Seis Días de Gante son dignos de ver y apreciar, una de esas historias que al día siguiente encuentras en la prensa del lugar, que puede seguir en la mítica Sporza, por las noches, porque al mediodía te habían dado la Copa del Mundo ciclocross en Tabor.

Así son las cosas por estos lares, una ceremonia, un ritual casi social, que trenza el ciclismo como hilo conductor, como casi la excusa.

Por cierto que los Seis Días de Gante cayeron del lado de Kenny De Ketele  y Robbe Ghys, es la cuarta corona para De Ketele, lejos aún de las once del legendario Patrick Sercu.

 

Patrick Sercu y Eddy Merckx: enemigos íntimos

Patrick Sercu JoanSeguidor

El pasado viernes 19 de abril, «El Caníbal» lloró la última escapada de Patrick Sercu

No era para menos, su compatriota Patrick Sercu, su amigo y enemigo íntimo a partes iguales, con el que había formado un tándem casi invencible en la pista, lo acababa de dejar de rueda, escapándose de la vida a la edad de 74 años.

Y lo había hecho como él lo solía hacer: deprisa y rápido, esprintando en solitario.

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Sí, Eddy Merckx lloró ese día la muerte del que había sido su compañero de fatigas desde que tenían 16 años, una gran pérdida para él a nivel personal y para el ciclismo en general que había perdido uno de los grandes nombres de la historia de este sacrificado deporte.

Es posible que muchos os preguntéis quién era Patrick Sercu para tener este merecidísimo reconocimiento.

Los que no lo hayáis conocido, no os culpéis.

Es comprensible.

Sólo los fieles seguidores del ciclismo en pista, o los amantes de las épicas aventuras que se viven en el velódromo, reconocerán a este inigualable corredor como “el Eddy Merckx de la pista”.

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Sólo vamos a dar unas pocas cifras para que os deis cuenta de quién era este fenómeno de la velocidad:

*1206 victorias en toda su carrera, aunque la gran mayoría forjada en los velódromos.

*Ganó 88 pruebas de los Seis Días.  27 participaciones con Merckx de pareja, de las que ganó 15.

Patrick Sercu JoanSeguidor
http://capovelo.com

*Campeón olímpico de kilómetro en Tokio en 1964 y triple campeón del mundo de velocidad.

*En carretera tampoco fue cojo, con nada menos que 168 victorias en su palmarés, algo al alcance sólo de los elegidos.

*También lució en el Tour, incluso un día llegó a ser maillot amarillo, ganando seis etapas y adjudicándose el maillot verde en el año 1974, compartiendo podio con su gran amigo Eddy Merckx que aquel año ganaba su quinta ronda gala.

Podríamos seguir citando datos de un historial deslumbrante, pero creemos que estos son suficientes para destacar su carrera como ciclista: brillante, larga, intensa y vertiginosa.

Pero donde labró su leyenda fue sin duda en la pista y en una competición de seis días.

En efecto, una carrera que obligaba a los corredores a dar vueltas al velódromo 18 horas al día durante seis días.

El séptimo estaba reservado al “día del Señor” y el descanso era obligado: era la prueba de los Seis Días que había nacido en el año 1878.

Como buen flamenco que era, Sercu inició su andadura en el velódromo en Izegem, en la pista construida por Odile Defraye en 1912 que fue, además, el primer belga en ganar el Tour.

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Pero fue en la pista de Gante en la que Sercu logró su primera gran victoria en los Seis Días.

Fue en 1965 y lo hizo en asociación con Eddy Merckx, al que ya conocía desde que eran adolescentes.

Se conocieron en el Sportpaleis de Bruselas y se hicieron grandes amigos dos jóvenes e inocentes corredores cuya única ambición era la dedicación exclusiva a su profesión.

Pero un año antes, en 1964, ambos ya habían participado juntos en los Juegos Olímpicos de Tokio.

La vida de Eddy Merckx se entiende con Patrick Sercu

Sercu lo hacía en calidad de campeón belga de Sprint, Ómnium y Madison, y ambos, a su vez, como campeones mundiales amateur recién coronados: Merckx en la carretera, Sercu en el sprint.

Sercu ganó el oro, privando del posible título a Merckx, algo que dicen no sentó demasiado bien a “El Caníbal”, pero que, a pesar de todo, no fue impedimento para que la admiración mutua que se profesaban continuara siendo profunda.

Su amistad no había de dañarse por culpa de la competición.

Ser rivales no tenía porque romper ese vínculo.

Ambos corrían para ganar, sin importar contra quién.

Pero a Sercu dónde más le gustaba participar (y ganar) era en su casa: en Gante y en su velódromo de Kuipke, la meca flamenca.

En aquella pista sucia, con marcas negras de las llantas en aquellas maderas que crujían y se hundían al paso de los corredores y con manchas de sudor, Sercu ganó nada menos que 11 veces.

Cuatro fueron con Merckx, su mejor compañero, «un ciclista vacunado por un rayo», como el propio Sercu acertó en definirlo.

Dicen que ambos se complementaban a la perfección: Eddy era la fuerza y Sercu la velocidad.

Y siempre amigos, a pesar de la intensa rivalidad, sobre todo cuando un equipo italiano (el Dreher) se cruzó en sus caminos y los convirtió en oponentes.

El propio Sercu siempre decía que a pesar de ser adversarios nunca peligró su relación de amistad y que se había de distinguir muy bien entre la ambición deportiva y el respeto mutuo y el afecto.

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Aunque Merckx siempre se encargaba de encender la mecha y declaraba que “el adversario nunca te puede gustar”.

Quizás lo dijera con bastante resentimiento por la pérdida de su compañero.

Se sentía decepcionado por este hecho y alguna vez lo llegó a demostrar.

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Como en el Tour de Cerdeña del año 1970

Aquella carrera por etapas fue la primera victoria de Sercu en la carretera como profesional.

Un pinchazo de Merckx lo había dejado casi sin opciones a la general y Sercu asumió el liderato de la prueba.

Las etapas finales eran bastante montañosas y Sercu las temía, aunque pensaba que su amigo le respetaría aquella primera posición en la general.

No fue así. Para nada.

Merckx estaba allí para ganar y Sercu pertenecía a un equipo rival: fin de la historia.

De esta manera, “El Caníbal” lo atacó sin cesar en las siguientes etapas.

Una noche incluso llegaron a discutir airadamente.

Merckx no cedió y siguió con su acoso y derribo contra su viejo amigo rival.

Dicen que Sercu se agarraba a su rueda con sangre en los ojos, que llegó a morir mil veces, como él mismo luego declaró.

Al final pudo mantener su condición de líder.

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Aquel mismo año, Sercu iba en cabeza en la Gante-Wevelgem con Merckx y otros dos corredores.

Parecía que el sprint final iba a ser suyo, pero Merckx no se lo permitió y ganó.

Ya sabemos que Eddy no era de regalar carreras, salvo alguna excepción a algún compañero de equipo muy fiel.

Sebastián Mora tiene un sueño por cumplir 

Sercu se había quedado sin ganar en el prestigioso clásico “de su casa”.

Dicen que la venganza se sirve en plato frío y, un tiempo más tarde, podemos imaginar la enorme satisfacción con la que derrotó a Merckx en el circuito europeo Ómnium.

Sercu y Merckx, Merckx y Sercu, enemigos íntimos.

Foto:  Patrick Sercu- Photos Nostalgie

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Bélgica

Estos días en Bélgica todas las noticias que surgen no son buenas, algunas inquietan y entristecen, sin embargo cogemos lo que nos produce mayor satisfacción y esta imagen de los Seis Días de Gante nos sobrecoge por demostrar la cantidad de gente que puede caber en la pelousse de su velódromo torciéndose el cuello para seguir la carrera.

Aunque invierno y Bélgica es ciclocross, cerveza, chips, gorros gruesos cubriendo despobladas testas y gritos en medio de un frío que se puede coger con las manos, en noviembre la campaña de los seis días, ese ciclismo que despertó glamour en la belle époque, tiene un alto en el pequeño –en palabras de Albert Torres– y vibrante velódromo de la capital flamenca.

Imagen tomada Cycling Weekly 

Los seis días y la “belle époque” del ciclismo

Estos días hemos disfrutado del Mundial de pista en el velódromo de Cali con uno de los grandes nombres de este circo recién retirado: Franco Marvulli. El extrovertido suizo era el rey de los seis días, en ellos contrataba, manejaba y encandilaba al respetable. Marvulli era la punta del iceberg de este coto pistard que lamentablemente no se trae las figuras de la carretera como un día lo hizo.

Escuchar a Federico Martín Bahamontes, el escalador de escaladores, hablando de sus americanas con Miquel Poblet es simplemente una delicia. Oírle comentar esas interminables carreras de velódromo en las que Rik Van Steenbergen era el terror, donde los fondistas tenían que confundirse con la velocidad de sus parejas suena a ciencia ficción en nuestros días. Hasta el ciclista más antagonista a un velódromo, Jesús Loroño, fue habitual de los seis días. ¿Se podría contar con la presencia de Froome, Contador y Purito en unos seis días? Eso es “ciclismo ficción”.

Pero hubo un tiempo en que eso no fue así. Hubo un tiempo en que disfrutamos de Laurent Fignon, Eddy Merckx, Francesco Moser y Rik Van Looy dando vueltas como locos a una elipse peraltada, impulsados por el público que lo veneró en julio, durante el Tour, que les chilló en las clásicas y que ahora les veía a tocar en la pista.

Ahora las estrellas de este tinglado son ciclistas con cierto nombre en la carretera como Teo Bos, Michael Morkov, Iljo Keisse y Niki Terpstra, quien ganó los seis días de Gante antes de hacerlo en  el Tour de Qatar y opositar a ser uno de los nombres de la recién inaugurada primavera, no en vano fue uno de los inquilinos del ultimo podio de Roubaix. Pero no nos engañemos, a pesar de la calidad de los citados, un poco más de caché sería deseable, pues ello le daría la proyección que este maravilloso evento merece.

Los mejores años de los seis días fue la “belle époque” del ciclismo. Hoy la cosa es mucho más de andar por casa. Bajo los auspicios de Patrick Sercu, una leyenda con 88 victorias en este tipo de pruebas, los grandes nombres no se ofrecen ni por un buen puñado de pasta. Por ejemplo Sercu admite que quiere a Mark Cavendish, no olvidemos su condición de campeón mundial de americana, pero Patrick Lefevere no le permite prodigarse.

Quizá convenga un cambio de chip y potenciar estos bolos de ciclismo bajo techo, cuidar estas cápsulas que mantienen vivo este deporte entre escarcha y heladas, al margen de poner las estrellas a rodar muy cerca de sus fans. Y es que por mucho que nos neguemos, vamos hacia un ciclismo global, e interrelacionado, donde tenemos tanto ganadores del Tour que vinieron del BTT, como Cadel Evans, como buenos pilotos de BMX que triunfan en carretera: Peter Sagan.

Por cierto que los próximos seis días tendrán una pareja española vestida de arco iris.

INFO

Inscripciones para la “Roubaix castellana”

El GP Canal de Castilla es un proyecto ciclista que pretende importar el modelo europeo de “clásica”.

Las inscripciones para la segunda edición de la prueba, que verá la luz el fin de semana del 19 y 20 de julio en Medina de Rioseco (Valladolid), comienzan el sábado 1 de marzo.

El Club Deportivo Sirgas Románicas nos propone tres grandes pruebas:

  • El sábado se celebra el II GP Canal de Castilla, un recorrido de fondo de 163 Km. donde se incluyen 51 km de pistas de tierra divididos en 10 tramos especiales, los tres más largos por las sirgas (caminos paralelos) del histórico Canal de Castilla. El paso por varias pequeñas cotas, pueblos escénicos con adoquines de nueva factura y la multitud de cruces contribuyen a hacer merecedor al trazado la denominación de “Roubaix castellana” que varios medios ya le han atribuido.
  • El domingo tendrá lugar el II Retro GP Canal de Castilla una marcha reservada a bicicletas de carretera anteriores a 1987 y ciclistas que vistan maillots “vintage”. Serán de 66 Km. de longitud que coinciden en gran parte con el comienzo y final de la prueba larga.
  • Para completar un fin de semana enteramente dedicado a la bicicleta, paralelamente se celebrará el III Encuentro de Bicis Clásicas GP Canal de Castilla (inscripciones a partir del 1 de junio).

La exposición de bicicletas antiguas “Pasión por lo clásico”, centrada en bicicletas del S. XIX y de la marca Opel, un mercadillo ciclista en zona de meta y actividades paralelas para participantes y acompañantes (menús especiales, descuentos en visitas turísticas, “GPCC solidario”…) completan una variada oferta que convertirán a Medina de Rioseco y al Canal de Castilla en un auténtico espectáculo ciclista en el tercer fin de semana de julio.

Más información e inscripciones en www.gpcanaldecastilla.com