Ciclistas: ¿Aburridos del postureo?

El postureo también se practica entre muchos ciclistas

Pues sí, el llamado «postureo» ya comienza a aburrir y a saturarnos.

Y no sólo con respecto al «postureo ciclista», sino también al de todos los ámbitos de la vida.

El otro día, un buen amigo, nos envió el siguiente mensaje: «a base de selfies no entrena uno. Para eso debe pasar hambre, luchar contra el viento, el tiempo, los elementos. Debe trabajar, cansarse y descansar también. Esforzarse y vuelta a empezar».

No pudimos estar más de acuerdo con esta acertada reflexión.

En España nos encanta fardar, algo que es tan viejo y natural como la existencia de la propia humanidad: el deseo de presumir.

Algo tan humano no podía escapar, por supuesto, de nosotros, los ciclistas.

¿A quién no le gusta pasear su bici nueva por las redes?

¿O de alardear de haber ascendido algún duro puerto o de haber conseguido un gran logro deportivo? Incluso de chulear por estrenar esa nueva equipación o ese casco tan guapo que os acabáis de comprar.

Es así ¿no?

Esto que era -y es- tan normal hacerlo delante de nuestros compañeros y amigos ciclistas, desde hace unos años para acá, son muchos los que han encontrado un terreno ideal para poder abonar sus arrogancias y vanidades.

Es la eclosión del narcisismo actual.

Estamos hablando, lógicamente, de las redes sociales, sobre todo de facebook e instagram, donde los amantes del «postureo» se mueven como pez en el agua: cuelgan sus fotos vestidos con sus mejores equipaciones, nos vacilan con el nuevo material que estrenan, nos enseñan -de uno en uno- todos los puertos que han ascendido ese día o bien nos muestran con todo lujo de detalles las 3 ó 4 horas de entreno que se han metido entre pecho y espalda.

Pero creemos que esto no es lo normal y el cicloturista medio, el más reconocido, el que trabaja sus 8 horas y tiene familia, no suele estar entre semana subiendo y bajando puertos de fantasía, con lo que la imagen que dan los que «posturean» no es muy acorde a la realidad: es la falsedad de las redes sociales.

Y parece que hay una opinión generalizada que este tipo de «postureo ciclista» es mucho más frecuentado por casi novatos, o recién aterrizados al mundo de las bicis, ciclistas con poca experiencia que se preocupan más de la flecha que del indio y en vez de mejorar sus prestaciones, su técnica o la mecánica de su bicicleta, se preocupan más bien en lucir el lujoso material que han comprado o en exhibirse ellos mismos, luciendo tipín, acicalándose, poniéndose guapos y rodeándose de «adornos».

También los más veteranos ciclistas piensan, no sin algo de razón,  que los que más «posturean» sólo salen en bici cuando las condiciones son óptimas para hacerlo y así poder presumir mejor, por ejemplo, de esos pedazos de ruedas que les han costado mil euros si el tiempo acompaña, no sea que se vayan a manchar o salpicar de barro.

Esto suele pasar, claro está, mayormente en primavera o en verano, o bien un domingo de invierno pero radiante de sol: es el día ideal para el «postureo».

Porque esta es otra, y son muchos los que consideran a los que «posturean», además de globeros, unos domingueros, a diferencia de los que les gusta de verdad el ciclismo, que salen todo el año, ya llueva o haga un frío del carajo.

Estas condiciones parece que no son aptas para el «postureo ciclista»

Por supuesto que hay gente que pedalea con muy buen material y salen todos los días y no presumen de ello, aunque se cree que estos son los menos, porque hay muchos que por comprarse un pepino de bici de cuatro mil, cinco mil, seis mil euros o más (¿¡más!?) ya se creen que son buenos ciclistas y no lo son ni por asomo ya que, sin ánimo de generalizar, muchos son mal educados, se comportan con una cierta actitud chulesca, y encima no tiran ni para atrás, pero «posturear», «posturean».

De acuerdo que el ciclismo es un deporte caro, aunque aún existen precios, afortunadamente, que muchos se pueden permitir, esto hace que sea más fácil «posturear» de bici nueva que hacerlo por haber cambiado de coche, está claro.

Viste Endura en los días más fríos del año 

Esto es así porque ha habido una revolución del material de ciclismo que ha atraído a muchos aficionados a este deporte, que sufren y se preocupan mucho más por tener lo último en grupos o ruedas que en dar pedales, por ejemplo.

De esto saben mucho las tiendas que han disparado sus precios, abriéndose cada vez más establecimientos exclusivos para el sibarita ciclista que se gasta mucho dinero en producto, un tipo de nicho de cliente que hace que el negocio del ciclismo sea cada vez más redondo.

Creo que en esto estamos todos de acuerdo.

Pero, como todo, este tipo de «postureo», se puede volver muy en contra de quienes lo practican, creándoles auténticos problemas,  muy negativos a la larga, y es producido porque se vuelven dependientes de la aceptación de sus contactos, seguidores o amistades en las redes sociales.

Esto hace que den prioridad a ser correspondidos por los «Me gusta» y para ello pueden cambiar sus hábitos sociales, sus horarios y hasta sus vacaciones, buscando lugares que sean «instagrameables», porque esos likes pueden pesar y satisfacer mucho más que el merecido descanso vacacional: les importa más quién y cómo los vean que la experiencia en sí misma.

Además suelen gastar más de lo que necesitan en esa casi obligación por tener lo mejor, e incluso puede que lleguen a sentirse mal si no logran sus objetivos: se vuelven caprichosos.

Y ese es el verdadero problema: no saber diferenciar de lo que realmente necesitan de un capricho.

Estamos de acuerdo que para ir en bici de la manera que lo hacemos la mayoría de ciclistas en este país con una de menos de dos mil euros tendría que ser suficiente.

No es malo ser caprichoso pero sí lo es cuando el capricho se convierte en una necesidad.

Por todos estos motivos, nosotros valoraremos mucho más al ciclista que es respetuoso con los demás y se comporta como un caballero encima de la bici más que si es por llevar un casco de última gama o unas zapatillas de colores que hacen juego con el cuadro de su bicicleta.

¿Estamos de acuerdo?

El ciclista no puede tenerle alergia a la autocrítica

El pasado jueves David nos propuso un tema sencillo y directo: ¿Es normal que los ciclistas usen el móvil en marcha?. Pues bien, el mero planteamiento de la pregunta degeneró, como casi siempre, en un rosario de ofendidos que primero de todo, antes de preguntar o saber más, siempre ven la paja en el ojo ajeno.

El tan español argumento del “y tú más” se impone poco a poco, de forma sutil, pero efectiva cual rodillo en el debate de coches, ciclistas, carreteras y seguridad. No falla, es moneda de cambio, de una cara, y con los lados marcados. Sabemos que si por un casual apelamos a la autocrítica del gremio, saldremos si no es escaldados, sí con una fila de mosqueados con el mundo que sinceramente me parecen más por la labor de lamerse las heridas que curárselas.

Siento hablar en este tono y con este lenguaje, soez pero entendible, las cosas se están sacando de quicio y si las víctimas, es decir los ciclistas, no ponemos el 110% de nuestra parte, complicado será que nos carguemos de argumentos cuando pidamos cosas a los demás actores.

Porque cae de su propio peso, aquí no hablamos de ser como la mujer del César, aquí hablamos de nuestra propia seguridad, de ser precavidos, de tener los dos dedos de frente que mucho capullo al volante no tiene o que mucho gilipollas juntaletras tampoco tiene cuando escribe artículos de “martar ciclistas” o verter mierda en los comentarios de los diarios que hablan del atropello de un ciclista.

Porque decir que hacerse una selfie sobre una bicicleta en marcha no es justificar los atropellos, pero ¿en qué cabeza cabe? Es explicar desde nuestro punto de vista una actitud que no es la correcta ni necesaria. No otra cosa que esa, ni más ni menos, no veáis fantasmas más allá y por favor, no comparéis echar un sorbo de agua o abrir una barrita con una selfie, a mi entender, no hay por donde coger la comparación.

Permitidme recuerde un post que hace un par de años escribió nuestro amigo José María Caroz respecto al ciclista tribunero que abunda por nuestras grupetas, me refiero a aquel que pone verde a conductores temerarios en los almuerzos del domingo o en las redes sociales, pero marca su línea de actuación en la queja y no actúa. Ciclistas que hablan y hablan pero no sacrifican la salidita del domingo por una concentración a favor de la seguridad, del metro y medio, de mayores penas para los cabrones que conducen ebrios un coche,…

Tuvo que venir un ángel como Anna para marcarnos el camino, y lograr remover el estómago de quienes deciden e intentar cambiar las cosas. Tuvo que venir Anna, sin nada que ganar, porque ya lo había perdido todo, para enseñarnos que si se quiere, se puede. Por eso cuando hablo con ella, cuánto más sé de ella, más me apena ver como se salta en momentos que se apela a la autocrítica, incluso en momentos como los actuales, con tantísima desgracia y lágrimas entre los que amamos este deporte.

INFO

Así nos fue probando nuestro primer Spartan by Suunto