Vanmarcke & Higuita es la pareja de la París-Niza

Vanmarcke Higuita podio joANsegudidor

Todo el mundo está pendiente a donde va el tándem Vanmarcke- Higuita

Cuando la carrera va por su mitad de recorrido, una de las estampas del primer tramo de París-Niza 2020 ha sido la de Sep Vanmacke cuidando del pequeño Sergio Higuita.

Grande y pequeño, el otro día cuando hablábamos de la competición francesa nos acordábamos de otra rara pareja, la de Luke Rowe y Egan Bernal, hace un año, en estas mismas rutas.

Si el ciclismo quiso regalarnos extrañas parejas nos dio ésta: Vanmarcke & Higuita.

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Una historia que los completos comunicados del EF Pro Cycling nos sirven en bandeja.

«A veinte de meta, sabemos más o menos dónde ponernos dependiendo como sople el viento, Hay una pugna muy grande por coger la posición, nosotros intentamos situarnos delante, algo que ya es bueno. Cuando todo esto sucede mi objetivo es llevar a Sergio (Higuita) delante y mantenerlo protegido. Le queremos en el primer grupo y eso implica un trabajo enorme»

«A ocho kilómetros de meta éramos conscientes que habrían más abanicos. Sabíamos que a dos de meta la dirección del viento podía volver a cambiar. Es muy estresante, a veces todo se estrecha, y la caída está cerca. Incluso me fui a la hierba, pero pude volver al grupo y darle una última ayuda»

«Es un corredor de generales, pero también es joven y ligero, sin embargo es peleón. Estos días todo el pelotón me dice que alucinan cómo aguanta, les tiene impresionados. Él se pega a mi culo y para adelante. Resulta curioso ver un ciclista tan pequeño detrás mío, pero él hace su parte perfectamente»

Así habla Sep Vanmarcke, un flandrien de manual, que optó un tiempo a Roubaix y Flandes -se le cruzaría Cancellara- y que hoy ejerce una admirable labor la Sergio Higuita, como hace once meses lo hizo por Alberto Bettiol en Flandes.

«Correr con Sep es bonito por que tiene gran experiencia en este tipo de carreras, es un clasicómano, conoce los sitios, por dónde entra el viento, sabe situarse en el pelotón. Además la gente le respeta»

Así lo dibuja Sergio Higuita, el liviano colombiano que no se conforma con salvar los muebles, y va a por todo.

Así define Carles Checa la Ciclobrava

La crono marca la nueva París-Niza, ahora llega a su terreno y mucho nos tememos que si Sergio Higuita ha salvado, junto a Sep Vanmarcke, lo más complicado, éste no va a parar de crecer.

Imágenes: FB EF Pro Cycling

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Que gane Sep Vanmarcke sí que es noticia

Sep Vanmarcke JoanSeguidor

Sep Vanmarcke volverá a ser de la terna para la primavera que nunca le premia

Cualquiera de las grandes clásicas de los tiempos recientes tienen uno de esos corredores que materializan todas las cualidades del flandrien, del buen flandrien.

Un “Flandrien” debe tener “unos cojones que no le caben en la entrepierna”, para Walter Godefroot, del mismo Gante, el tipo de “Flandrien” es aquel que nunca se conforma y siempre se rebela por estar dominado, si no es por un valón, por un holandés y sino por un alemán

Esa definición de «flandrien» la escribió un periodista que firmaba como Karel Van Wijnendele, un tipo que se considera el arquitecto de la palabra y su contenido. 

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En el ciclismo actual el «flandrien» quizá más presente sea Sep Vanmarcke, un corredor que siempre está, siempre figura en las quinielas, y casi nunca gana.

Sep Vanmarcke no pedalea, maltrata la máquina, bate los pedales en un ciclo que causa dolor apreciarlo desde la televisión.

No hay Flandes, no hay Roubaix donde Vanmarcke haya estado en la terna, pero no ha habido gran carrera en la que haya ganado.

Mov_Gore

Sep Vanmarcke tiene la curiosa cualidad de padecer una dificultad tremenda en ganar.

Este viernes lo hizo, en el Tour Haut Var, en la primavera de la Costa Azul, imponiéndose en un pequeño sprint.

Hacía varios años que no ocurría.

Su olfato para estar siempre delante no se ha plasmado más allá de podios, que siendo meritorios, seguro que alguno mereció más.

El problema de Sep Vanmarcke es que siempre tuvo uno, o dos, mejor que él.

Pasó de Cancellara y Boonen a Sagan y Van Avermaet. 

Y por medio pinchazos, caídas, averías…

Siempre ha fallado algo y ahora ya no aparece en la primera línea de las quinielas.

Le han pasado varios, pero ojo, que sólo tiene treinta años, no conviene descartarlo.

Así es la Ciclobrava

Su mejor baza es la fuerza que despliega, la peor una nula velocidad ante los grandes capos.

Y curiosamente su primera y gran victoria fue una Het Nieuwsblad, en un sprint frente a Tom Boonen y Juan Antonio Flecha.

Y es que el catalán es, sin duda, ese tipo de corredor que entronca con Vanmarcke, por lo similar que fue su trayectoria a la que está realizando el flamenco.

Imagen de Education First

La revista del adoquín

Adoquín Roubaix JoanSeguidor

El adoquín que se lleva Sagan en Roubaix pone fin al ciclo más apasionante del año

Hace escasos días que la campaña 2018 del adoquín dio con el velódromo de Roubaix, cuyo ceremonial sabe un poco a despedida.

Luego viene lo que últimamente hemos llamado la depresión de las Ardenas

Sea como fuere ese sabor a despedida encierra cierto amargor, este año además revestido de honda preocupación por el estado de Michael Goolaerts, al tiempo que permite pensar sobre lo que ha dado de sí la primavera que se corre entre adoquines, bergs y muchedumbres que hablan un idioma que nos resulta incomprensible

El rey del adoquín ¿Sagan o Terpstra?

Para saber quien ha sido el rey del adoquín simplificar entre dos nombres parece un ejercicio simple, pero es necesario para dar concreción. La cosa está entre dos enemigos íntimos.

Peter Sagan ya tiene la reina de las clásicas, y su balance global incluye Wevelgem, en una estrategia muy alejada a la de ese corredor que le gusta arriesgar y ser vistoso.

En términos de palmarés es un balance impecable, por cuanto engrosa un historial de vértigo, que muy pocos en la historia podrían firmar.

En términos de sensibilidad, Sagan tiene dividida a la parroquia que espera de él lo humano y lo divino.

Niki Terpstra por su lado creo que ha hecho su mejor campaña de siempre.

Liberado del rol de segundo de la flota comandada por Tom Boonen ha sido la punta de lanza de su equipo en las grandes carreras y ahí está el resultado: Samyn, Harelbeke y Flandes.

Pisó además el podio de Roubaix, donde compitió en fortaleza con Peter Sagan, si el eslovaco se le fue como quien no quiere la cosa, es un tema que le debe estar comiendo por dentro.

Balance sobre la mesa, resultados puros y duros y presencia durante el ciclo, Terpstra ha sido, para nosotros, el hombre de la primavera.

Un ciclista que ha sido valiente, que ha estado perfectamente acompañado, y eso cuenta mucho, pero no siempre se puede rematar y él lo ha hecho.

El semi pleno de Quick Step

En los resultados de Terpstra concluye también el equipo azul que ha sabido plasmar con exitosa estrategia su poder.

No es sencillo, aunque parezca lo contrario, conseguir lo que han logrado los belgas.

Ser el más fuerte te hace diana de todas las miradas y ataques, y sin embargo, el nivel de trabajo colectivo del Quick Step ha rozado la perfección.

Tuvieron un lunar en Roubaix, confiaron, quizá en exceso, en los ataques lejanos de Gilbert y Stybar y para cuando quisieron tomar aire de nuevo, Sagan se escurrió.

Si alguna vez Patrick Lefevere soñó con la palabra equipo seguro que sería con algo muy similar a lo visto estos días.

Vanmarcke y Van Avermaet, sin premio

Sep Vanmarcke y Greg Van Avermaet son dos ciclistas acostumbrados a hacer balances poco optimistas del periodo del adoquín.

Les cuesta horrores ganar, sobre todo al primero, porque al menos Van Avermaet venía a esta primavera a defender todos los triunfos del año pasado.

Pero el campeón olímpico no estuvo en ningún momento en disposición de romper como él necesita para ganar carreras de este corte.

Sabrán BMC y Van avermaet los motivos, pero su balance es muy malo y llega en momentos complejos para el equipo.

Con Vanmarcke es más de lo mismo, el retrato de un corredor poderoso, que se entrega, que da el tono, pero que siempre se queda en la puerta.

¿Cruzará la línea alguna vez?

Cuesta creerlo.

Nibali y Benoot, el salto adelante

Aunque no es adoquín propiamente dicho, San Remo está siempre inmersa en esta maraña de carreras. Vincenzo Nibali ha vuelvo a dar una vuelta de tuerca y su tenacidad en el Poggio es el vivo ejemplo de un ciclista irrepetible, como su apuesta por Flandes, siendo la última rueda que Terpstra descolgó en su ataque.

Por su lado creo que la primavera que acaba lo hace con la figura de Tiesj Benoot finalmente revalorizada como creo que merece, al margen de la Strade que gana a lo grande, fue su continua presencia en carrera la que le ha proporcionado un estatus muy diferente al de hace un par de meses.

Sigue siendo muy joven, como Van Aert, y su carácter espartano, recordándonos auténticos sufridores como Hoste o Van Petegem, es perfecto para progresar en esta jungla del adoquín.

Imagen tomada del FB de Paris-Roubaix

INFO

La costa de Levante en la puerta de los Hoteles RH…

¿Torcerá Sep Vanmarcke su suerte?

Sep Vanmarcke Kapelmuur JoanSeguidor

Otra primavera más, Sep Vanmarcke forma parte del paisaje

Sep Vanmarcke es nacido en una localidad de innegable sabor ciclista, Kortrijk, cerca, al otro lado de la frontera francesa, con Roubaix en el horizonte.

Tiene 29 años y una efeméride competitiva muy relevante, y por muchos ignorada.

Hace seis años, cuando Sep Vanmarcke vestía aquel bonito maillot del Garmin, impidió el pleno de Tom Boonen en las clásicas del adoquín.

Vanmarcke, un corpulento y joven flamenco, ganaba a la leyenda en activo al sprint de Gante en un duelo a tres que también incluía a Juan Antonio Flecha, ganador en el mismo lugar, dos años antes.

Luego, semanas después, Tom Boonen encadenaría Harelbeke, Wevelgem, Flandes y Roubaix, es decir el gran slam del adoquín, salvo la primera, donde cayó contra Sep Vanmarcke.

De hecho la Het Nieuwsblad fue la única “major” del adoquín que no estuvo en el palmarés de Boonen.

Sep Vanmarcke destacó muy pronto

Ganador de una gran carrera, joven, con margen, tradición flamenca, amor por las piedras, obsesión por las piedras, Vanmarcke era carne de ganador en estas carreras.

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Los malos ratos de Sagan tienen un nombre

A no sé cuánto de meta, Sagan iba inquieto. Quedaba una eternidad para la ciudad de los tres campanarios seguidos, las torres que acaban en San Bavón que cobija el Cordero Místico, y al campeón del mundo se le notaban los nervios. Cuando a sesenta de meta, más o menos, se armó el Belén, a Sagan le retrataba la ansiedad.

No sé que pasa, pero la Het Niuewsblad no es representativa de la primavera y eso que es bellísima, no en la medida que su espectáculo y resultado sugieren. La han ganado Flecha, Vanmarcke, Stannard y ahora Van Avermaet, por partida doble, y la suerte no les acompaña en lo que ha de venir.

Por ejemplo Boonen, Tom, que como Eddy Merckx con Tours se retirará sin colgar la Het Nieuwsblad en su selecto palmarés. Tom no ha ganado aquí, Vanmarcke lo evitó un año que llegaron juntos con Flecha. Fíjense en la naturaleza del mal fario, que Vanmarcke le gane un sprint a Boonen, casi nada.

Pero volviendo al principio, Sagan iba vestido de mala suerte desde lejos. Su inquietud al frente del grupo, rodando su indice, pidiendo relevos. Pero también Greg Van Avermaet mirándole, fijo, sin escatimar, aunque sí lo justo, como en Canadá hace unos meses. Van Avermaet es la maldición de Sagan, el espejo que le devuelve a la realidad, quien le baja a la tierra…

Qué carrera, qué primavera nos espera. Hubo derrotados, los Quick Step, que no ganan ni a renglones, los Sky, fuera de la quiniela rápido, Stuyven, toda plana del Lotto. Muchos damnificados en la carrera del periódico de cabecera. Tendrán que demostrar que valen lo que su caché dice. Pero será más adelante. La primera no ha caído de su lado.

Porque delante fueron a parar quienes no escatiman. Sólo así se entiende que una fuga de tres mantenga a raya un pelotón con cuarenta kilómetros por delante. Sagan, sobresaltado, pidiendo ayuda, Van Avermaet, que nunca se esconde, y Vanmarcke, casado con los podios y sin más suerte que su carencia de visión le profiere. Siempre juega fuerte, siempre rompe, casi nunca gana.

En el sprint, tras una de esas persecuciones que caracterizan el paisaje flamenco vista desde el helicóptero, Van Avermaet le recordó a Sagan su sitio. Cuando está él, el campeón irisado va detrás. Pasó en Gante, como un año antes, como en el Tour, como en la Tirreno…

Esto acaba de empezar. Que lleguen todos íntegros al final, a la parte chula y decisiva y les veamos como corresponde, la primavera lo merece.

Imagen tomada de Belga- Ciclo21

Todo lo que oísteis de Roubaix era cierto

Hace 120 años un par de hiladores de Roubaix, dos empresarios de textil, dijeron que querían una carrera que uniera la capital, París, con el deprimente entorno de la última metrópoli francesa antes de pisar terreno belga. Nació la París-Roubaix, la carrera que pudo con todo, con guerras mundiales, con la modernidad, con el automóvil. “Sans pave, par de course”.

Hoy, 120 años después el ciclismo se ha citado en esos más de 250 kilómetros para ofrecernos la mejor carrera en mucho tiempo, una carrera de la que hablaremos por décadas, rememorando las muchas, muchísimas estampas, situaciones y embrollos que nos regaló durante más de 150 kilómetros. Una carrera de grandes, de gigantes, que no tuvo respiro, que no dio tregua. Una CARRERA con mayúsculas.

Los astros se alienaron y dieron buena luz en la senda hacia Roubaix, no cayó el agua que las apps pronosticaron hace unos días, pero sí regaron de sabios charcos el recorrido. Ay, ese recorrido, un nido de trampas donde el peligro acechó en cada momento, de tal manera, que cuando menos lo imaginabas, un castillo de naipes se derrumbaba frete a ti, un desastre.

Cayeron casi todos, algunos más que otros y en algunas de esas caídas estuvo la clave. Aunque si hemos de buscar el momento que torció la historia, cabrá irse a más de cien de meta, cuando los Etixx hastiados de tanta crítica e infortunio, resolvieron que lo mejor para ganar a ciclistas que son superiores a ti, léase Cancellara & Sagan, principalmente, es adelantarse.

Y eso hicieron, mientras rodaba una inofensiva, en apariencia, fuga por delante, Tom Boonen dijo basta, basta a tanta racanería, a tanto papel mojado, a tanto ataque a su persona y equipo. Le dijo a Tony que “para adelante” y precipitaron los acontecimientos. Una bola de nieve rebotando por los pavés.

Y la carrera encloqueció a ciento y pico de meta, sí, a más de dos horas de Roubaix y su velódromo y las situaciones se hicieron inestables, y donde mandaba Sky se fue todo al garete porque en sendas caídas se precipitaron al vacío, y donde parecía mandar el Jumbo tampoco valió porque la mejor carrera posible del mejor Sep Vanmarcke de la historia no fue suficiente, hizo corto, como en el caso de Boasson Hagen, el corredor que vino para comérselo todo, que pareció el más entero en muchos pasajes pero que no tuvo suficiente.

La carrera fue como una de esas margaritas deshojadas tramo a tramo, perdiendo hojas, perdiendo prestancia, corredores. Y quedaron cinco, cinco de los que surgió un australiano, que venía con Imanol Erviti, top 9, de la primera fuga, para ganar en dos tiempos, primer intimidando en las pedanías de Roubaix y luego ganando Tom Boonen al sprint. No le contemplan más de cinco triunfos en una longevísima trayectoria profesional y tiene una Roubaix, algo que si miramos atrás veremos que no es la primera vez que pasa: Knaven, Backstedt y Van Summeren me vienen a la memoria,

Mathew Hayman arruinó las estadísticas de Tom Boonen y prorrogó su retirada. Si Boonen, excelso, hubiera ganado esta edición podéis tener por seguro que su registro hubiera pervivido mucho tiempo. El belga se despidió de Roubaix desde el podio, no pudo Cancellara, que estuvo a prueba de todo salvo de caídas, la ultima en la despedida del velódromo, aunque no os perdáis el “salto” que le hace Peter Sagan en la que eliminó al suizo, sencillamente sublime, la técnica de Sagan gana carreras, una pincelada más en una jornada que pasa a los anales, sin duda, de la historia del deporte más bonito del mundo.

Imagen tomada del FB de la París-Roubaix

INFO

Remolques para llevar tu bici en el coche, en Cruz tienes unos cuantos… 

Flandes: Una imagen, todas las claves

La resaca de Flandes es agridulce, dulce por el regusto que nos dejó, algo amarga, porque es pasado, historia. Sinceramente, siempre habíamos defendido que las mejores clásicas son aquellas que no son monumentos, por el simple hecho de que el prestigio implica presión y con ésta, las estrellas, que no dejan de ser personas, no siempre dan la medida de sus posibilidades por miedo al de al lado.

Sin embargo, la edición cien del Tour de Flandes ha sido fantástica, ha tenido un desenlace memorable, sencillamente el mejor desde hace bastantes años, al nivel de la edición que ganó Nick Nuyens hace cinco temporadas.

Fue una carrera cargada de emoción, de estadios, de escenarios cambiantes, y de entre otros nos quedamos con la recta adoquinada del Paterberg, una cota de 650 metros de longitud que cuando llevas 250 kilómetros en las piernas revienta cualquier previsión.

La imagen tomada muestra el momento clave, es la imagen de la carrera y posiblemente una de las del año y es una imagen que habla por sí sola, da, a mi juicio, todas las claves de la carrera. Por un lado, el pasillo de banderas con la cruz helvética, recordando la última De Ronde de Fabian Cancellara, que curiosamente no sale en imagen, porque como hizo cuando se le fueron los dos últimos campeones, se escondió. Cuánto se habrá arrepentido de no haber ido a por ellos.

Primero, apretando los dientes Sagan, exhibiendo clase, fuerza pero sobretodo técnica, demostrando que los tiempos han cambiado, que para ganar tienes que tener físico y la mente clara, pero también controlar la bici, ser elegante, gozar de una técnica que te da aire en cada descenso, en cada giro. Eso es Sagan una suma de virtudes, vestida de arco iris y ambición. Corre como siente, y se lo agradecemos, pero aunque lo tuvieran a la vista durante los últimos quince kilómetros, todos eran conscientes de que no le iban a pillar.

Tras él cabizbajo, Sep Vanmarcke, subiendo adoquines de pie y agarrando por las manetas, clavado, como dando pedaladas al aire. Otro que va cabizbajo es otro que renuncia, por detrás a lo lejos, medio minuto más allá, Niki Terpstra, destrozado por el acelerón de Cancellara y más atrás los Etixx, tirando vagamente, sin fe, con tantos corredores como líderes, pero sin bazas que jugar en la mano ganadora.

Sobresale de las espaldas de Terpstra, Imanol Erviti, tan excepcional en su prestación que queremos dedicarle un comentario estos días. No obstante, su emergente figura habla de la grandeza de su hazaña, de tal tamaño, que rivales diferentes se lo admitieron en twitter, porque esto es también ciclismo, un deporte donde no hay que salir en calzoncillos en el vestuario para vestir una falsa euforia.

Imagen tomada de Tinkoff

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Flandes, la contracrónica

La Vuelta a Flandes ha constituido para los entusiastas aficionados belgas un acontecimiento ciclista de intensidad que ha culminado con el éxito indiscutible a favor del eslovaco Peter Sagan, el actual campeón del mundo de fondo en carretera, que aunque era considerado entre los favoritos a la vigilia de la prueba, se ha alzado con especial y desenvuelta maestría imponiéndose en solitario como suelen hacer los valientes en la línea de llegada, emplazada en la ciudad de Oudennarde, situada en la provincia de Flandes occidental.

A poco menos de medio minuto, llegaron el suizo Fabian Cancellara (2º), acompañado por el belga Sep Vanmarcke (3º), que debieron rendirse ante la fulgurante demostración dada por Sagan, vencedor, dicho sea de paso, de la otra clásica Gante-Wevelgem, precisamente   la semana pasada. El corredor eslovaco, nacido en la localidad de Zilina, con sus 26 años y ciclista profesional desde el año 2010, no lo dudamos, está en un especial estado de gracia, que le convendrá aprovechar en las otras carreras clásicas que van a seguir en el elenco.

Por lo demás, cabe destacar la actuación del casi veterano norteño Imanol Erviti (32 años), oriundo de Pamplona, que viene vistiendo  los colores del equipo Movistar Team, que a fin de cuentas logró clasificarse en el séptimo lugar, luchando con aguante en el primer plano de la carrera en cuestión.

 

Una clásica con alicientes

La clásica flamenca en su centenaria edición, un factor que transparenta de por sí nuestra consideración y su categoría histórica,  reunía varios incentivos. Los organizadores trataron de darle más emoción a la citada competición, introduciendo algunos retoques en su itinerario que contribuyeran a ampliar su dureza con inclusión estratégica de alguna otra cuesta adicional que obligara a más desgaste físico por parte de  los ciclistas participantes. En esta ocasión se contabilizaron un total de dieciocho muros más o menos diseminados en su recorrido.

Prevalecían con cierta profusión los célebres adoquinados, una enojosa dificultad, distribuidos en siete tramos diseminados. Estas dificultades a las que hacemos alusión se centraron más bien a lo largo de los 150 kilómetros postreros. El primer centenar que coleaba fue más bien de relleno. La prueba en cuestión se inició en la ciudad milenaria de Brujas, encerrada dentro de sus múltiples canales, que guardan cierta similitud a los que lucen con más profusión en la ciudad de Venecia, una atracción en grado sumo para los turistas.

La Vuelta a Flandes de este año, aunque se corrió bajo un clima realmente primaveral, acumuló a lo largo de su recorrido un tanto intrincado un buen número de caídas que perturbaron la marcha de la contienda. Uno de los más perjudicados fue el belga Greg Van Avermaet, que era, en compañía del suizo Fabian Cancellara, un favorito indiscutible para ganar la ronda que nos ocupa. Sufrió fractura de clavícula y como es natural se vio obligado a abandonar. Todos los augurios de optimismo acaparados por el corredor flamenco se escurrieron al fondo del pozo. Fue una pena el tal desgraciado accidente. De seguro que el duelo vaticinado como primicia nos hubiera levantado de los asientos.

 

Decisión final

No se llevaban muchos kilómetros cuando se formó en la delantera un conglomerado formado por ocho unidades, destacando la presencia del corredor español Imanol Erviti. A pesar de la ventaja adquirida por esta escaramuza todos sabíamos que la cosa no iría para mucho más. Tarde o temprano, como así fue, fueron neutralizados sin contemplaciones por una reacción desde atrás llevada a cabo por un trío compuesto por el eslovaco Sagan, el polaco Kwiatkowski y el belga Vanmarcke, que se convirtieron como los protagonistas de última hora. Los equipos, con su control estricto, se sabían la lección muy de veras, pero perdieron la partida decisiva en el Muro de Patenberg.

Sagan, seguro de sus fuerzas, lanzó el reto en solitario cuando faltaban apenas una quincena de kilómetros hasta la ansiada meta. Lucha individual hacia adelante la del animoso eslovaco; sin arredrarse de lo que ocurriera detrás de su rutilante estela. Con un buen estilo y perfectamente acoplado sobre su bicicleta pudo llegar triunfante. En realidad fue una victoria bien merecida, que bien admiramos y elogiamos.

 

Entrando en otras consideraciones estadísticas

Es de recordar que Juan Antonio Flecha, el corredor hispano-argentino, en la temporada 2008, logró conquistar un tercer lugar en esta competición flamenca. No ha habido ningún otro de los españoles que haya pisado podio a lo largo de su aquilatado  historial, que se inició en el año 1913, con un triunfo por obra del belga Paul Deman, que realizó una elevada media de nada menos 26,880 kilómetros a la hora, cómputo que valoramos si se tiene en cuenta que la marca se registró hace más de un centenar de años.

Es una buena noticia el constatar que Peter Sagan, con esta victoria, se erige como el primer eslovaco que se une a la relación de ganadores. Vale la pena señalar que en la edición del año 2013, que coronó a Cancellara como vencedor, Sagan se clasificó precisamente en el segundo puesto. Esta vez, el resultado ha sido el mismo, pero a la inversa. Lo que son las cosas. En cierta manera ha sido una revancha cara a lo que aconteció hace tres años.

Nunca está de más el hacer hincapié que ha habido seis corredores que a lo largo de los años han vencido en esta prueba por tres veces, exponente máximo. Es una distinción que nos señala concretamente a los belgas Achiel Buysse (1940, 1941 y 1943), Eric Leman (1970, 1972 y 1973), Johan Museeuw (1993, 1995 y 1998) y Tom Boonen (2005, 2006 y 2012); y a los que adicionamos a los extranjeros, el italiano Fiorenzo Magni (1949, 1950 y 1951) y el suizo Fabián Cancellara (2010, 2013 y 2014), un hecho de difícil alcance en tierras belgas. Por naciones, Bélgica engrosa en su historial nada menos que 68 triunfos. Le sigue a distancia: Italia, con 10.

Para cerrar este comentario quisiéramos decir a modo de anécdota que la Vuelta a Flandes, concretamente en la temporada de 1935, se corrió bajo la modalidad única, mediante el uso de piñón fijo, adosado en todas las bicicletas que se alinearon. Se tomó esta determinación, afirmando los expertos que se tomó esta resolución  por razones comerciales; decir, con intención de promocionar a un fabricante especializado en este menester mecánico. ¡Vaya motivo!

Por  Gerardo  Fuster

Imagen tomada de http://www.tinkoffteam.com/