El Giro no se gana como el Tour

Hay algo en la mente de Dave Blailsford que sólo funciona en la cuadrícula de un Excel. Un mundo infinito pero domable existe en cada documento que abre en la pantalla de su Mac. Luego está Bradley Wiggins para quien la vida es elíptica. Una especie de peralte en velódromo cubierto ajeno al tiempo, las inclemencias e imprevistos. Los orígenes que nos explican en “Sky´s the limit” hablan con precisión de esa obsesión por tenerlo todo en orden, bajo control, entre los que idearon el equipo que ahora aspira a ganar el Giro de Italia.

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El año pasado Sky hizo del Tour su jaula y de esa madriguera nadie que contribuyera a la incertidumbre tuvo proyección. Durante algún descenso de la carrera francesa vimos como Wiggins tomaba las curvas dos o tres pasos por detrás de Nibali para no obligarse en exceso, no fuera que diera un mal paso. Wiggo es metódico, rutinario e incluso obsesivo. Ese sentimiento de tenerlo todo bajo el amparo de la lógica, su lógica, es legítimo pero inadmisible en una carrera como el Giro.

Italia es diferente. Es un país hecho a la medida del ciclismo. En este arranque del Giro vemos que cada jornada encierra miga. No necesitan encadenar nueve llegadas en alto y buscar porcentajes imposibles para animar el cotarro. Incluso a veces etapas que parecen manejables se convierten en sumideros de ataques y acelerones. Eso cuando no aparece la lluvia para complicarlo todo.

Que Wiggo ceda 17 segundos en una jornada considerada de dos estrellas sobre cinco es sintomático aunque no preocupante. Al margen de si sus compañeros colombianos le dejaron o no tirado, el inglés parece alérgico a todo aquello que le implique exponerse y eso quizá en el Giro no es una opción pues aquí todo se complica.

Y para muestra de lo que se cuece en Italia quiero recortaros esta intervención de Nacho Silver a raíz de una entrada que un servidor reprodujo ayer en Facebook:

 

En el Giro los equipos italianos invitados mueven mucho más la carrera que los equipos que invita el Tour. El Vini Frattini tiene  a gente como Rabottini, Di Luca o Garzelli, casi nada. Luego están los CSF Colnago con el Pozzovivo de turno . También te aparecer aparece gente como Roberto  Ferrari o Enrico Battaglin, quienes te ventilan un par de etapas.

Un Saur Sojasun, por poner un ejemplo de típico equipo francés invitado por el Tour, no tiene nada. Incluso a equipos franceses con más presupuesto como Cofidis o AG2R les interesa que la carrera sea controlada para optar a una buena general con gente como Taaramae o Peraud, o en años anteriores Nicolas Roche. A eso le añades la aparición de gente joven como Pinot más Fedrigo y Bouhhani estos equipos tienen bien claro qué hacer en el Tour. Para colmo en el equipo que más mueve la carrera, el Europcar, Voeckler está de baja. Veo una diferencia notable entre estos franceses y los equipos italianos de segunda fila que van al Giro.

A Italia si vas pensando que vas a llevar la carrera tan controlada como en Francia, te pegarás una ostia sí o sí pues los primeros que no van a aceptar el papel de comparsas son los propios equipos italianos más modestos.

Foto tomada de www.steephil.tv/sirotti

Mark Cavendish, a veces diablo, hoy angelito

Ando por las primeras páginas de “Sky´s the limit”, el primer libro de esa iniciativa llamada Libros de Ruta que esperemos nos traiga muchos más. En este tramo, Richard Moore, autor del mismo, habla del germen del que hoy conocemos como mejor equipo del mundo. Sitúa la acción en los días de 2007 que Dave Brailsford merodeaba la idea de completar el equipo británico que hiciera justicia una sensacional generación de ciclistas y de paso rubricara el acceso del ciclismo insular al máximo nivel.

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Mark Cavendish es pieza esencial de ese trozo. El entonces ciclista del T Mobile, que ganara dos etapas en la Volta de ese año, era la esperanza blanca de Brailsford y demás mentores del ciclismo británico para que ese equipo viera la luz. Siempre en la órbita del Team Sky, curiosamente, y pasados los años, la convivencia de Cavendish en el equipo de negro ha sido efímera, de tan solo un año hasta la fecha y no sabemos si prorrogable en el futuro.

Y es que este poderoso bloque no ha sabido conciliar los intereses del ex campeón del mundo con los propios de su nacimiento. Team Sky quiso nacer para ganar el Tour con un inglés y ese empeño no ha podido combinarse con los objetivos de Cavendish, quien el año pasado tuvo un momento de amargor cuando vio que su portentoso estado de forma no se cuajaba con victorias en el Tour, no al menos en la cuantía deseada.

En esas que Cav se ha tenido que buscar la vida lejos de sus profesores en los velódromos. Rodó en el HTC y ahora lo hace para el Omega, donde unos días está a gusto y otro no ve claras las estrategias que se disponen para su éxito. Sea como fuere, Mark Cavendish es el Esprínter de su generación, y lo es con mayúsculas.

Nacido en Man, ese pedazo de tierra en medio del reino y sus cuatro paredes, destacó en sus inicios por su mezcla de genio y anarquía, algo que le hizo peculiar y apreciado por encima de otros con mayores dotes. Esa singularidad quedó patente en Nápoles, con feísimo esprintar sobre la máquina, tanto como efectivo, para desespero de un compañero suyo en las corredurías de velódromo, el italiano Elia Viviani. La victoria de Cavendish en el inicio de este Giro se alinea con los muchos momentos mágicos que ha encarnado este velocista. En franca minoría en el corte final, ganó por la mano a quien todos aciertan a señalar como su gran rival, Matt Goss. La carrera arranca, y lo hace con un inglés en líder. ¿Será un compatriota suyo quien vista la maglia rosa en Brescia?