Sonny Colbrelli y los sprints largos

Colbrelli - Vuelta a Suiza JoanSeguidor

Colbrelli firma una llegada «de las de antes»

Qué bonito el final de la tercera etapa de la Vuelta a Suiza. Lo ganó Sonny Colbrelli, pero dio mucho más de sí.

Escenario de primavera, verde que envuelve a los ciclistas, densos bosques que impiden ver el cielo, lluvia, frío, peligro

Y Peter Sagan, el  corredor que selecciona mucho mejor todo lo que corre y disputa, en plan estelar.

Con estos mimbres tuvimos el cesto, con este aliño esta ensalada.

El final fue antológico..

Entre la confusión, Peter Sagan demostró que esta mejor rodeado que otras veces.

Cuando Bora le confió a Daniel Oss el cuidado de su perla, supo lo que hacía.

Pero lo que ha ocurrido otras veces, con Sagan pescando en río revuelto, esta vez ha sido al revés.

A Peter Sagan le levantaron la camisa desde lejos. Curioso, con su potencia y ataque de largo radio.

Colbrelli-Sagan-Gaviria Suiza JoanSeguidor

Los 300 metros de Sonny Colbrelli

A medio kilómetro de meta, Sagan que quedó solo, ante el desconcierto, 200 metros después Colbrelli armó el ataque.

Un ataque que sembró el pánico: Albasini, Gaviria y Sagan.

La reacción fue tarde, Colbrelli lazó el órdago y entró primero con Sagan y Gaviria golpeándose como bolas de billar.

Una llegada eléctrica, como la San Remo que ganó Kiato al propio Sagan.

Y es que no es usual ver una llegada así, lanzando el sprint a una eternidad de meta y mantener el órdago hasta el final.

Os recomendamos ver los sprints de Miquel Poblet con sus rivales belgas.

Aquello se hacía interminable, sprints de garganta seca y público rozando el infarto.

Tiempos que honraban esta bella disciplina que muchos atribuyen a jornadas prescindibles e intrascendentes.

Pero es que no hay nada como un sprint de la intensidad y voltios de Suiza esta tarde de lunes, con Colbrelli batiéndose co Gaviria y Sagan.

El de Bahrain podría anotarse un triunfo que vale doble.

Como el de Gaviria en la jornada final de California.

Mientras miramos a Nairo, Landa, Porte y compañía, nos quedamos con la llegada de esta tarde, una de esas que parece de videojuegos.

Imagen: © BORA – hansgrohe / Bettiniphoto

 

Un regalo de París-Niza

Hubo un momento de esta segunda etapa de la París-Niza, quedaban unos 22 kilómetros para meta, que tiraba, creo Haimar Zubeldia y le seguía un Quick Step. Ya sabéis, Quick Step, los chicos de Lefevere, fornidos, duros, hechos de frío, lluvia y viento, hechos a las condiciones adversas, porque los que en esta época suelen estar delante es porque quieren sacar lo mejor en las clásicas. El del Quick Step hubo un momento que soltó el manillar, agitó las manos y quiso buscar el calor que esa nevera que es el sur de París, acoge estos días la carrera. Duro no, lo siguiente. Cuando el frío te entra por las manos, date por jodido, vas doblado todo el día.

Francia es al ciclismo lo que el nido al pájaro. Es un país en el que el ciclismo viste, quizá no esté al nivel de Italia en cuanto a plasticidad, pero no cabe duda que en cada giro y requiebro, encuentras un tesoro en forma de carrera que te deja tocado. Pasa muchas veces con la París-Niza, una carrera que hacia el sol (au soleil) y no del sol porque busca el sur, Niza, el mediterráneo, donde los parisinos creen que está el sol.

Las dos primeras etapas de la París-Niza son el ejemplo de lo que digo. Ciclismo de altura, y eso que se corre en raso, en terrenos contemplados por la mayoría como intrascendentes, sin mayor historia, pero a veces la vida te da sorpresas y te regala espectáculos mayúsculos. No ha llegado la montaña a la carrera hacia Niza y muchos favoritos ya pasan su balance a pérdidas: Richie Porte eliminado -dice que está en forma-, Romain Bardet en casa y Alberto Contador en el límite.

Sin embargo, si nos conmináis a elegir un momento que culmina el pastel del buen gusto que es esta carrera, nos quedamos con el sprint de Sonny Colbrelli, como los de antaño, lanzando la llegada no sé cuánto de meta, pero lejos, muy de lejos, os recomiendo ver las San Remo que ganó Miquel Poblet, atacando a los belgas con tiempo y recorrido hasta meta. La forma que el italiano vence la resistencia de Arnaud Démare es prodigiosa: es una dimisión en toda regla.

Queda carrera, empieza la Tirreno, que viene con un buen ramillete. Esto es la primavera, los albores, lo que haya de venir no es ni necesario que lo relatemos.

Imagen tomada de @DansLaMusette

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