Las historias más surrealistas de Stephen Roche

Stephen Roche Giro JoanSeguidor

Pocos campeones tan caricaturescos como Stephen Roche

La profusión de Tours de los ochenta y en especial aquel de 1987 que fue tremendo nos dio por pensar en un perfil de quien fue el coco en aquella edición y uno de los ciclistas más atractivos de ese ciclo: Stephen Roche…

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Los amantes del mundo Marvel conocerán a Arma XI.

Un ser creado en el laboratorio que reúne los poderes de cada mutante; capaz de teletransportarse, lanzar el láser de Cíclope y manejar la catana con la destreza de un maestro ninja.

Stephen Roche va a ser un Arma XI ciclista: el resultado de meter en una batidora a ciclistas históricos para obtener lo mejor de cada uno.

A su vez, emula a ese personaje de ficción en el sentido de que un ligero defecto de fabricación le impide dominar el planeta.

Roche va a aunar la pasión de amasar patrimonio de Van Steenbergen (aunque no le pirran tanto los pelucos poligoneros, es de cash), la precocidad para brillar en la élite y el uso de elementos aerodinámicos de LeMond, el talento innato de Perico para pegar talegadas en los contratos, los problemas iniciales de Rominger en asimilar la tercera semana de GV y por último la vena pugilística de Hinault.

Nuestro protagonista nace a finales de 1959, está por tanto encasillado en la generación del 60.

Si la del 64 (Indurain, Bugno o Breukink) pertenece a una época de ciclismo espectáculo, la del 60 con los LeMond, Fignon, Delgado y Roche se puede considerar como la última de puro ciclismo. Ésta tuvo su apogeo en los 80; un mundo del pedal más ofensivo todavía que en los 90, pero con más descontrol y con la certeza absoluta de que los ganadores eran los más talentosos. Por entonces el dopaje (más antiguo que la orilla del río) en este deporte ofrecía una ganancia residual.

Stephen Roche JoanSeguidor

El caprichoso azar decide que en Dublín, apenas con unos meses de diferencia, vengan al mundo Stephen Roche y Paul David Hewson (cuyo nombre artístico es Bono).

Ambos van a arrancar la década de los 80 a todo trapo: U2 se situará en los primeros puestos de la Billboard con su disco Boy, mientras que un Roche imberbe se impondrá en una París-Niza con participación de primerísimo nivel.

Pese a vencer en lo que es la mejor carrera de una semana -por entonces con mejor palmarés que la propia Vuelta a España- los inicios del irlandés no son un camino de rosas.

Tiene que en enrolarse en el equipo amateur ACBB y sufrir una novatada propia de Kuznetsov con Berzin (después de machacarte en el velódromo te haces unos larguitos en la piscina), en su caso le va a tocar disputar la París-Roubaix amateur.

Lo más divertido de su participación es que Roche ignora por completo que es una estratagema para que le den la patada ante el vaticinio de una actuación random… pero resulta que el de Dublín se impone en la «Pascale baby».

Esta peformance le supone pasar a profesionales, nada menos que con Peugeot.

Por desgracia varios van a ser los talones de Aquiles del bueno de Stephen: al igual que su compatriota Kelly no digiere bien las elevadas temperaturas, esto te elimina prácticamente de la victoria en un Tour de Francia… o te va a hacer depender en exceso de una edición en la que pegue poco el Lorenzo.

Roche y Kelly JoanSeguidor
www.welovecycling.com

A esto hay que sumarle sus continuos problemas de espalda y rodillas.

Con estas premisas Roche apenas va a tener continuidad en su carrera profesional, irá picoteando actuaciones top, como un 2º puesto en Amstel y una medalla mundialista; también va a suponer que encuentre similitud con Juan Carlos Domínguez en cuanto a brillar en años impares (para bajar el rendimiento en los pares), sólo que en el caso del corredor de Irlanda la puja de vueltas de una semana de una tacada subirá a un montante bastante más suculento.

1985 va a ser un gran ejercicio para él, deja clarinete que Lieja es una carrera que tiene en las piernas con su tercer puesto (aunque hasta la bochornosa edición del 88 el recorrido perjudicaba a los que no tenían buen sprint).

Ya tiene continuidad de grandes resultados y por fin le pilla el punto a una GV; Roche va a ser 3º en un Tour de Francia en el que la Vie Claire inicie su monopolización de la Ronda Gala. Como guinda a su gran temporada firma un 7º puesto en el Mundial, resultado que no va a reflejar una pseudo victoria moral.

Estuvo muy cerca de vencer, pero finalmente fue atrapado al ser una rueda muy vigilada y un abuelete que pasaba por allí se llevó el arcobaleno a casa.

La temporada que viene a continuación, la 86, va entrar dentro de la maldición de las pares, un quiero y no puedo que no deparará más alegrías que levantar un hype tras su más que potable crono larga en el Tour para posteriormente fracasar en las etapas de montaña.

Y amigos, hemos llegado a la temporada de 1987.

Hablar del 87 de Roche es como hablar de Pecharromán en su mes desrtroyer.

Este año del irlandés seguramente sea por palmarés bruto la mejor temporada ciclista de la historia… excluyendo claro al Chuck Norris del ciclismo.

Dice la leyenda que el Récord Guiness en realidad es una compilación de segundas mejores marcas, ya que las primeras todas son de Chuck; en ciclismo Eddy literalmente tiene todas las mejores marcas: Tours, Giros, días de amarillo, monumentos, mundiales, carreras ganadas o comerse donuts de una tacada.

Antes de meternos de lleno en esta temporada vamos a despachar el resto para así poder centrarnos en su año mágico.

Roche terminó la temporada 87 conquistando el mundial y en el ejercicio del 88 va a vivir de lleno el gafe del arcoíris.

Por fortuna no tendrá el liderato de las maldiciones como el trágico suceso de Monseré con su fallecimiento, pero sí que va a vivir un año prácticamente en blanco, como acontecerá posteriormente con Leblanc en el 95.

Seguirá la tónica de año bueno impar-malo par (victorias en Itzulia 89 y Criterium Internacional 91) para terminar protagonizando un come back en Carrera donde nos obsequiará con una victoria de etapa en el Tour del 92.

A su vez habrá que sumarle su alta cuota de pantalla en la etapa de Mont Blanc de esa edición de la Ronda Gala.

Jornada en la que de nuevo convivió con Perico en lo que fue una fuga de supuestos gregarios que fueron a su bola.

En esta fase final de su carrera Stephen va a perpetrar bochornos como el de la CRE del Tour del 91

Celoso de Delgado quiere emularle en Luxemburgo y llega tarde a la CRE, tal es su retraso que cuando toma la salida sus compañeros están ya en Cuenca.

No le queda otra que cascarse los casi 40 kms en solitario y finalizar con el «short delay» del doble de tiempo máximo para el cierre de control.

En todas las escuadras que milita la va liar parda.

Los contratos que firmó Roche

Pega sablazos en los contratos, como en Fagor para al final marcarse una temporada tirada al retrete.

A su vez genera disputas que terminaran en los tribunales como con Histor.

Otro daño colateral de sus andanzas es el impuesto revolucionario que va a dejar en Carrera. A esta escuadra le endiñará tal púa que al equipo italiano no le quedará más remedio que llevar publicidad de Peugeot en el culotte.

Para saciarse por completo de fechorías va a tener el valor de desafiar a uno de los mayores machos alfa de la historia: Roger De Vlaeminck, su director en Tonton-Tapis.

Turno por fin para su gran curso del 87.

La temporada 86 del irlandés fue un verdadero desastre dentro del conjunto Carrera, todo ello agenciándose un gran contrato.

Para que sea más divertida la historia, Visentini (también enrolado en Carrera) viene de ganar el Giro de Italia y es de cajón que siendo italiano va a querer plenos galones en la Corsa Rosa para retener corona.

A este cocktail le sumamos que Zimmermann (también integrante del equipo de Boifava) ha sido podium en el Tour, y mejor no Vie Claire, y claro, va a demandar protagonismo.

La situación coge tintes Woody Allen cuando el corredor suizo salta a la palestra reclamando una mejora salarial y echando en cara a Roche que está sobrepagado, su año 86 no justifica para nada su elevada ficha.

Roche replica que los contratos reflejan con ceros a la derecha la trayectoria profesional de cada corredor, «yo soy un corredor molón y tú Zimmermann no eres más que un one-hit wonder, hasta la fecha…» le vino a decir y así fue eternamente.

El caso Zimmermann es para comer aparte.

Se vio metido en unas movidas de cuidado con una novia becaria periodista que se convirtió en su peor pesadilla.

Rompieron la relación en pleno Tour y la becaria dedicó al «salsa-roseo»: haces mal el amor y te encontré unas pastillas raras raras, con el pretexto (no cuela ni de Blas) de que eran para la tos.

El año 87 se inicia con la muerte de Gribaldy (mentor de Sean Kelly).

Precisamente en París Niza vamos a tener un duelo entre los dos irlandeses que se saldará con la sexta Carrera hacia el Sol consecutiva para Sean Kelly y una victoria moral para Stephen.

Éste fue el más fuerte pero perdió toda opción de victoria por una avería mecánica.

Paralela a Niza se ha disputado una Tirreno-Adriático en la que Greg LeMond ha tenido que retirarse por rotura de muñeca.

Para su recuperación se instala en su rancho de Murieta (California) con la fatalidad de ser tiroteado por su cuñado.

Salva la vida por tener un físico privilegiado ya que un ciudadano de a pie no habría sobrevivido a tal desangrado.

Pero por desgracia se va a perder el Tour de Francia, Roche se ha librado en apenas unos meses de los dos primeros de la última edición del Tour.

Por estas fechas Stephen es de nuevo ganador moral en otra carrera de prestigio: Lieja.

Pero se puso a hacer el canelo con Criquielion y se la levantó Argentin.

Error de principiante, ya que con Moreno no hay que jugarse nunca los cuartos, corres el riesgo de terminar en cueros y tener que pagar un suplemento para poder taparte con un barril.

Llegamos al Giro, pero vamos a aparcarlo hasta el final ya que es el episodio más descacharrante de toda esta novela.

En el Tour de Francia Roche se beneficia de un clima benigno en lo caluroso, es superior a Perico en la lucha contra el crono, puede superar su May Day en La Plagne (bastante teatro en meta, eso sí) y en Morzine empieza a guisar su victoria recuperando unos segundos en una jornada en la que en principio tenía que mitigar pérdidas (como sucederá en la Vuelta 2002 en Ávila entre Aitor González y Roberto Heras).

Tour de Francia - Perico Delgado JoanSeguidor

Queda por disputarse el campeonato del Mundo de fondo en carretera.

Esta vez la sede es Austria y Roche acude con la intención de sacrificarse por Kelly.

Su compatriota Sean además de ser el favorito es un corredor que en el Mundial tiene la misma laguna en el palmarés que Jalabert y Valverde (hasta 2018 éste), con lo que a un Stephen en principio con la tripa llena no se le van a caer los anillos por hacer de currela esta tarde.

Así acontece, Roche en la última vuelta enfila el grupo, seca ataques y cuando se forma un corte de cinco muy cerca de meta no para de mirar girar el cuello buscando a su líder.

Pero no llegan y arranca pegado a las vallas para conseguir la triple corona.

A su vez se confirma como el mejor corredor del año al conquistar el Superprestige Pernod International, trofeo que con Kelly de por medio asolando carreras de una semana y clásicas no queda otra que hacer una animalada si lo quieres tener en tus vitrinas… y esto es lo que realmente ha hecho Roche en el 87.

Para terminar el relato vamos a retroceder unos meses y así situarnos en el Giro de Italia de ese año 87

La carrera arranca con la victoria en el prólogo de Visentini y por tanto primera maglia rosa. Posteriormente viene la WTF cronobajada al Poggio que se la lleva Roche (gran bajador) aunque la maglia pasa a propiedad de Breukink.

El conjunto Carrera se impone en la CRE y la prenda rosa vuelve a las espaldas de Roche.

El liderato lo mantiene hasta la primera CRI larga, en la que Visentini le arrebata el maillot y con Roberto de líder llegamos a la ultramítica etapa de Sappada.

Os recomiendo permanecer sentados porque vamos a vivir un episodio que, en cuanto a pelea interna, va a dejar el cabreo de Marc Soler en la Vuelta en una riña por ver quién pilla en el bus ventana o pasillo.

Ante ustedes el que seguramente sea el episodio más divertido de la historia del ciclismo:

Roche es compañero de habitación de Eddy Schepers, personajazo que ya ha estado trapicheando en jornadas previas, dejándose superar en la etapa que se impuso Bagot para así obtener como contraprestación ayudas futuras de Fagor.

Pero ojo, todo ello sin que su director Boifava tenga conocimiento alguno, ya que se la da con queso, le justifica su derrota con una falta de fuerzas en los metros finales.

Curiosamente Schepers en el 88 correrá en Fagor, como Roche.

El irlandés en vez de comentarle que ya te vale lo ve con buenos ojos, ya que asume que Carrera va a quemar todas sus naves en proteger a Visentini y van a pasar de él.

Ahora por fin llega Sappada. El desternillamiento comienza con un Roche que empieza a salir a ataques ante lo que Visentini decide marcar a su compañero como si fuese su peor rival, todo ello aderezado con que anda metido en la fiesta Bagot del Fagor, equipo en principio untado… pero no por Carrera en bloque sino únicamente por los dos compis de habitación… de risa tía Felisa.

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Roche que es un gran bajador se larga en el descenso y lo hace en compañía de Bagot, que no se corta un pelo en colaborar, aunque por desgracia pincha el francés y se queda cortado.

Con Stephen escapado y tirando a muerte quién es el que tira en el pelotón… pues un tal Chiappucci de Carrera.

Esto empieza a ser Babilonia.

Ante todo este esturreo a Boifava no le queda otra que acercarse a Roche, la orden es clara: PÁRATE.

El irlandés tampoco deja interpretaciones a su respuesta: pues va a ser que no.

Roche continúa con su cabalgada, en el grupo de favoritos se producen ataques que hacen pasar apuros a Visentini… pero Schepers pasa olímpicamente de esperar.

Ni Telekom y ZG como equipo mixto en el Tour del 95 fueron tan a su bola, tela.

La escena se vuelve más delirante cuando Schepers no es que no colabore, es que se pone A RUEDA de un Visentini en modo Houston Houston.

Roche es atrapado por el grupo de Visentini pero, lejos de dejar un desarrollo más normal, cuando empieza a ceder el italiano lo que presenciamos es algo inédito: la maglia rosa quedándose y tiene a dos compañeros delante que pasan de su cara.

Roberto se pilla un melocotón del bueno y pierde la maglia con Roche.

En Carrera imaginad la que se monta con un Boifava que pese al liderato amenaza con expulsar de carrera al irlandés.

Stephen Roche Giro JoanSeguidor

La prensa italiana no perdona la actuación de Stephen y le pone el cariñoso apelativo de «Judas»

Visentini lejos de comentarios todo queda en casa no se corta un pelo y afirma que a Roche le va a dar una tunda por su comportamiento.

El italiano pese a proceder de una familia millonaria es un macarra de cuidado, como si Poli Díaz fuese hijo de Emiliano Revilla.

Tras el «Sappadazo», Roche barrunta que se va a largar del equipo para la temporada 88, pero ignora si le van a dejar tomar la salida por su rebeldía.

Al final puede competir pero ahora vienen sus yuyus ante un posible sabotaje y porque los tifosi empiezan a inflarle a lapos.

No se vayan todavía, aún hay más.

Continúa el lapidamiento a Roche y cuando Visentini parece que se pone en paralelo para echarle un capote es para intentar mandar a la cuneta a la pareja rebelde.

Cuando llegan a la Marmolada Roche tiene un problema mecánico (raro, raro) y claro, Visentini aprovecha para atacarle en el descenso.

Hay reagrupación y en meta Visentini sigue subiendo su energumenismo: afirma que la próxima vez le soltará un mantecado a su compañero de equipo.

El duelo fratricida termina con caída, hundimiento y retirada de Visentini

Roche mantiene la maglia rosa y se permite el lujo de imponerse en la crono final.

La guerra interna vivida en este Giro de Italia perdurará hasta la eternidad como el caso más extremo de lo que se conoce forerilmente como «equipo casa de putas» y en esta historia el protagonista no podía ser otro que el singular Stephen Roche.

Por Miguel González

Tour de Francia: cuando casi todo está inventado

La jornada que más ha llamado la atención en el Tour 2018 ha sido la “mini” etapa de los Pirineos que acabará más arriba de Saint Lary. Una jornada sprint, como algunos la llaman, algo similar a lo que se hizo en el Giro 2009, cuando se hizo un trayecto sólo de subida hacia el Blockhaus. Ese día recuerdo que ganó “ricitos de oro” Franco Pellizotti y que Carlos Sastre lo pasó mal, como buen ciclista de fondo que es.

Aquella fue una etapa mono puerto, esta vez en el Tour estará el Col de Portet y un par de ascensiones más. Os podéis imaginar en tal compresión de kilómetros cuántos metros de llano puede tener el día. Será jornada de rodillos en la salida.

Sea como fuere y aunque muchos sitúen el diseño de esta etapa en la innovación que parece confluir en nuestros días tanto en el diseño de recorridos como en a búsqueda de nuevos terrenos y lugares, hay que decir que no es la primera vez que el Tour aborda una jornada similar.

Hay que irse 32 años atrás, al año 85. El día después de que Perico surgiera de entre la niebla de Luz Ardiden para lograr uno de sus más icónicos triunfos, el Tour se iba a Luz Saint Sauveur para abordar una etapa singular con final en el Col de l´ Aubisque.

Eran sólo 52 kilómetros, que se corrían por la mañana, porque por la tarde había otra etapa con final en Pau.

La cambiantes sensaciones sobre el estado de forma del líder, entonces Bernard Hinault, propiciaron movimientos de lejos, ya en el puerto anterior, el Col du Soulor. Arrancó Stephen Roche, y con él Lucho Herrera.

Aquella era una jornada verde, por el calor y sol que iluminaba los preciosos anfiteatros del Aubisque, pero también por el sabor irlandés que tomaba el día.

Roche se iba solo incluso antes del Soulor, e iniciaba en solitario el Aubisque, donde el ganador del día anterior, Perico, intentaba tomarle tiempo a un líder timorato y escondido en medio de un grupo del que tiraba, oh sorpresa, Lucho Herrera, en palabras de algunos medios “el mejor gregario de Hinault”.

Pero el día era irlandés, Stephen Roche, “La Redoute” en el pecho, gana solo, con más de un minuto, sobre Sean Kelly. Doblete del lobby del trébol en el corazón de los Pirineos. No hubo tiempo para más. Hinault aguantaba y con él, Álvaro Pino, que en el sector de la tarde protagonizaría con Regis Simon la fuga hacia Pau, una fuga que cayó en manos del francés.

Ahora el Tour recupera esa fórmula de “etapa sprint” por la montaña con un kilometraje que hace veinticinco años era propio de una crono, similar a aquella antológica de Induráin en Luxemburgo. Y es que aunque nos parezca todo lo contrario, estamos en un punto en el que todo parece inventado.

Imagen tomada de hemeroteca de El Mundo Deportivo

INFO

Si vas a levante aquí tienes tu casa

Las idas y venidas de Perico

Perico Delgado Tour

Fueron a verlas venir y casi se traen un Tour para casa. El Reynolds de esas caras imberbes vistiendo aquellos buzos azules debutó en Francia cuando nadie en España quería jugarse los cuartos en la mejor carrera del mundo. El ciclismo español venía de un paréntesis que iba camino de la década, desde la desaparición de Luis Ocaña en las posiciones de vanguardia, y pocos ciclistas nacidos en España habían brillado en los julios galos.

Pero ese equipo de raíz navarra se la jugó, hoy no sabemos si con certeza alguna de éxito, y forzaron un punto de inflexión en la suerte del ciclismo a este lado de los Pirineos. Con imágenes del Tour de 1983 Perico Delgado analizó en un tremendo documental de Teledeporte sus andanzas en la mejor de las competiciones en un in crescendo que rompe cinco años después cuando logró el éxito final en París.

Especialmente sugerente es el camino  que va desde el mentado 83 a la prueba que pierde a manos de Stephen Roche, cuatro años después. En 1983 se ganó ese apelativo “le fou des Pyrénées” cuando se jugó su bonito rostro en aquel descenso insensato por coger a Robert Millar camino de Luchon días antes de su pajarón en ruta a Morzine.

Un año después se descalabró en el Joux Plane y a los dos probó el éxito de etapa en medio de la niebla de Luz Ardiden con Emilio Tamargo esperando adivinar su figura en la confusión  y José Ramón de la Morena esperándole a pie de meta. Y si me lo permiten un inciso: siempre recordaré al apolillado locutor hablar de las “trampas de la época”, sin dar más detalle pero sembrando la duda que siempre rodeó la legendaria cabalgada de Perico y Pepe Recio  que le dio la Vuelta al español cuando Millar la tuvo en su mano. Ese prohombre es quien esperaba a Perico en las húmedas carreteras de Luz Ardiden.

En 1986 ganó otra etapa, esta vez en compañía de aquel campeón enajenado que fue Bernard Hinault en su flagrante incumplimiento en la promesa de ayudar a Greg Lemond. En los Alpes el repentino fallecimiento de su madre le obligó a dejar la carrera que sí tuvo a tiro en la siguiente edición. Luego el Tour de Roche, que analizado desde la distancia hasta pudo ser suyo si la tiritona no le entrara en la crono Dijon.

Para un servidor, el periodo comprendido entre 1983 y 1987 fue el más atrayente de este documental de dos horas conducido por Paco Grande –Sergio Sauca, mantente lejos- y las cuñitas del protagonista. Ahora sí debemos agradecer el trabajo de Teledeporte en la divulgación del ciclismo, si bien nos abre la puerta a la necesidad de más cosas así, pues en los archivos de TVE das una parada y te surge un material de valor incalculable para veinte documentales. Qué poco acostumbrados estamos a estas faenas de profundidad, por eso nos admiramos cuando Michael Robinson hace cualquier perlita.

Sea como fuere, y si no yerro en los cálculos, ésta es la segunda vez que el comentarista con legión de admiradores pareció fuera y vuelve a estar dentro. El año pasado la operación fue similar, y el desenlace idéntico. Todo muy a última hora, todo en tono de utimatum hasta que surgió una gran superficie para colmar un patrocinio en el ente público, que no tiene publicidad convencional pero picotea de aquí y allá. Todo muy de aquí.

Imagen tomada de Parlamento Ciclista

INFO

El día que casi matan a Stephen Roche

Stephen Roche Giro JoanSeguidor

Hace treinta años por estas fechas Italia era un polvorín. Stephen Roche, el irlandés que días antes había perdido Lieja por chulearle a uno del lugar, Claude Ciquielion, jugó con algo que es sagrado, que es fuego en la bota, los sentimientos de los tifosi.

#DiaD 7 de abril de 1987

El Giro se juega en el seno del Carrera. El equipo de Davide de Boifava se repartía la maglia rosa entre sus dos líderes hasta que, una vez asentada sobre las espaldas de Roberto Visentini, parecía que la apuesta se tiraría a favor del italiano.

Pero Roche, que hoy ejerce de nuevo Bernard Hinault en los podios de ASO, era mucho de asentir y de poco acatar. En la primera jornada que se terció, camino de Sappada, se mete en el corte bueno y directamente se niega a auxiliar a su líder, Visentini, que llegó unos ocho minutos después.

La maglia seguía en Carrera pero no sobre quien Boifava quería. Roche subía al podio en un ambiente que rozaba lo bélico y se coronaba como gran favorito a la victoria final. No sabía entonces el risueño irlandés que había prendido la mecha de la ira de la afición. Al día siguiente aquello que se respiró en el podio se plasmó en la cuneta. Escupitajos, insultos, casi agresiones, si es que no las hubo, Stephen Roche era una diana.

“El peor día de mi carrera” dijo el portador del rosa que además veía como el equipo directamente lo arrinconaba. Hasta el patrón del Carrera, la marca de jeans, tuvo que aparecer a poner paz en un equipo roto. Sólo Eddy Schepers, el belga de generosa cabellera, estuvo con Roche. El resto pasaba directamente, azuzados por la ira de un Visentini completamente desairado.

“Stephen no correrá el Tour” llegó a decir Boifava, hoy esas palabras nos suenan a sueño inconcluso, la realidad tomaría otros caminos, más favorables a Roche quien firmó ese año el triplete que nadie desde entonces ansía igualar: Giro, Tour y Mundial. La temporada del trébol de cuatro hojas irlandés.

Imagen tomada de http://www.stickybottle.com/

INFO

La superficie de la llanta PR1400 Oxic tiene una capa de cerámica que dar un aspecto espectacular by DT Swiss

#BonjourTour etapa 19

Sinceramente según hemos ido avanzando en el Tour, mirando las previas, atendiendo a los perfiles, este Tour nos ha gustado cada vez más, porque ha situado mucha montaña pero en dosis justas de dureza y con recorridos que más allá del físico exigían cabeza, control y estrategia.

Un ejemplo es este tránsito que nos lleva a Saint-Gervais Montblanc, a los pies del coloso que tantos momentos trae a la memoria de Gerard. Son menos de 150 kilómetros por terreno quebrado que no podemos decir que sea altísima montaña pero sí una prueba muy dura en los momentos que nos encontramos. Con Froome instalado cómodo en la general, las apretadas diferencias entre quienes optan al podio invitan a pensar que veremos pelea muy al final. Otros, como Fabio Aru, podrían intentarlo de lejos, la jornada es muy de su perfil.

El lugar

A pocos días de que arranquen los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, el Tour se pone en marcha desde Albertville, sede de las olimpiadas de invierno de 1992. La jornada, una vez más, correrá alrededor del coloso alpino del Montblanc pasando incluso por donde acabó la cronoescalada de ayer.

22 de julio de 1987

Si una imagen arcó la niñez de quien esto firma fue la de Stephen Roche asistido con oxígeno en la cima de La Plagne esa tarde de julio que Perico Delgado tuvo el Tour en su mano. Sin Hinault, sin Lemond, el Tour del 87 era una serte de acertijo en el que nadie tuvo mano para adivinar qué podía pasar entre los miembros de aquella generación que caminaban sin referencias y el recelo los unos con los otros.

La criba propia de la carrera puso en órbita el duelo Roche-Delgado que en La Plagne alcanzó cotas legendarias. Perico, entonces en el PDM, ataca a fondo a Roche porque la crono final de Dijon favorece al irlandés que acaba de ganar el Giro. A quince kilómetros de meta, y tras una jornada agitada entre los dos, el segoviano pone metros sobre su rival.

Parece que el ataque daba resultado, Perico coquetea con el minuto, colchón suficiente para la crono, pero Roche redobla la presión y hace un tramo final antológico en el que el español empieza a notar la fatiga. Al final cuatro segundos entre uno y otro, una distancia insuficiente que acabó por ser enjuagada en la crono final por las tierras que dicen tener la mejor mostaza del mundo.

Imagen tomada de www.snow-forecast.com

INFO
Benidorm, el destino de miles ciclistas

#RadioVuelta – Semana 12

#TrendEl ciclismo le sienta bien a Irlanda

Tres días de Giro de Italia rodando por la isla de Irlanda han servido para demostrar que este deporte viste lugares de gala haciéndolos lucir como ninguna otra actividad. La ciudad de Belfast fue una fiesta de gente en la cuneta –es la primera vez que el lugar recibe tamaña competición- e instantáneas  memorables que conjugaron en perfecta armonía rosa y verde. Luego el tránsito por la costa y esos tremendos acantilados que el Giro ya se ha agenciado para el álbum de su historia. En el balance deportivo, la primera crono por equipos, muy fastidiada por la lluvia, eliminó a Daniel Martin, asustó a Nairo Quitana y dejó con escaso margen a Purito. Más no se le puede pedir.

 

#Click Una foto de familia

Bradley Wiggins y Mark Cavendish juntos en el mismo cuadro es poco menos como pretender que Robert De Niro y Al Pacino compartieran plano en Heat. Pero estando en el paraíso del cine y el decorado, California, se pudo lograr juntar a estos dos ciclistas que hace dos años compartieron equipo en ese Sky que ganó el Tour por primera vez. Una relación de mucho tiempo y con altibajos terribles dado el carácter de ambos.

 

#Profile El obús se llama Marcel Kittel

Aunque las apariencias pudieran invitar a pesar que en el Argos, el año pasado, y Giant, éste, la convivencia de dos cocos de la velocidad como Degenkolb y Kittel iba a ser compleja, el equipo blanquinegro ha resuelto con supina eficacia la ecuación. Si el primero ha realizado una primavera que lo posiciona para las siguientes temporadas, Kittel es sin duda el mejor velocista del mundo y no vale argumentar su edad para hablar solo de lo que es capaz porque ya está ganando y no precisamente poco. En el Giro salió con dos etapas, de dos posibles, pues la primera no contó, y apunta a realizar una carrera memorable.

 

#Clipping

Dudas sobre el proyecto de Alonso. El diario As lo comentó y Cyclism´Actu valoró las circunstancias que rodean la formación del equipo de Fernando Alonso. Estamos a mayo y la revista francesa sondea las personas clave del proyecto y la respuesta es siempre la misma: “Sin novedades”. Entendemos que las prisas son malas consejeras y que el proyecto no es sencillo pero alguna píldora, si la hubiere, para calmar al personal sería interesante porque de lo contrario vemos que Alonso vuelve a escaparse del pelotón y esta vez sería de forma definitiva.

Cuatro bellos días por Dunkerque. Anaud Démare se adjudicó una de las carreras más singulares de la temporada, los cuadro días de Dunkerque que este  año fueron completamente franceses. El joven velocista de la Française des Jeux es algo más que eso, un ciclista rápido´.

El ciclismo de Roche, Perico,… En el diario As se le dedicó una breve entrevista al ganador del Tour, Giro y Mundial de 1987, Stephen Roche. El embajador del ciclismo irlandés anticipó emociones para el arranque del Giro en su país y dio en la vena nostálgica recordando esos años que vivió con Perico, años en los que el ciclista y el ciclismo eran respetados y queridos como ahora cuesta tanto conseguir.

 

#hashtags by @LiveCiclismo

#VueltaCyL14 , #OT2014, #Tourpicardie, #Gpcriquielion, #Ras2014, #Tourofjapan

Imagen tomada de @TeamSky

Que el entusiasmo de Nicolas Roche sea contagioso

Andy Schleck tomaba la curva de derechas que conducía a la cima del Galibier. A su rueda habían muerto todos ¿todos? Sí, bueno casi, en su estela se mantenía un irlandés de gesto retorcido y manifiesta sensación de esfuerzo. Era Nicolas Roche, un corredor de retaguardia, bendecido por un apellido mítico y por ende miembro de una saga de ciclistas venidos de esa Irlanda en la que a pesar de ser poquitos, sus ciclistas son buenos y resultones en carrera.

Sin embargo así como al primo de Roche, Dan Martin, las cosas le sonrieron a lo largo del año, el hijo de Stephen había pasado los meses a la sombra de un líder, siempre alguien por encima, a que reportar, hasta que la Vuelta arrancó desde una batea.

Pero en ronda española quedaron al descubierto muchas e interesantes virtudes del ciclista irlandés. La primera hace honor al apellido que le da relevancia. Como un buen Roche, a Nicolas nunca hay que darle por muerto, incluso cuando más fuera parecía de la carrera, cuando se le veía descolgarse, se rehacía y tomaba el aliento de los grandes para no dejar pasar la que en numerosas veces definió como “la carrera de su vida”.

Roche cerró la Vuelta con una etapa ganada, sorprendentemente en un grupo donde Dani Moreno pareció indiscutible favorito, y un par de lideratos. De cualquiera de las maneras, nuestro pensamiento omite la estadística y se ciñe a lo humano. El hijo de los Roche fue un ciclista entregado a la pasión que el momento le regaló. Nunca, en ningún momento, cejó por estar con los mejores y aunque su físico no alcanzó

Pero en su persona confluyeron hechos que muchas veces echamos en falta en los grandes y hegemónicos líderes. Roche dio durante muchos pasajes de la carrera el calor y agradecimiento a sus compañeros de una manera que alcanzó una sinceridad que, dicho de paso, poco la vemos aunque tanto nos guste. Roche ha sido un constante amasijo de agradecimientos para los suyos, y cada gesta, cada muesca, cada pequeño triunfo se dividía entre tantas piernas como las que contribuyeron a los mismos.

Y es que lo hizo sin aspavientos. Habló y agradeció como corrió, es decir a pecho descubierto, sin escatimar. Fue quinto al final, pero le supo a gloria, y eso que Domenico Pozzovivo casi le adelanta al final. Todo eso además después de trabajar para Alberto Contador en el Tour de Francia. Primero el trabajo, luego el placer, el que demostró estar degustando durante veintiún días por España, de Galicia a Asturias en un amplio círculo plagado de traslados. Sinceramente, nos pareció edificante, en medio de una nube de quejas, escuchar la diversión que este momento de gloria le estaba suponiendo. ¡Congrats Nico!

Foto tomada de www.lavuelta.com

El año perfecto del ciclismo irlandés

Efectividad es la palabra que define el año de Daniel Martin. Ha competido más bien poco. Hasta la fecha ha saldado con sendos abandonos tanto Amstel como Tour del Mediterráneo. Finalizó Tirreno lejos de los mejores, el vigésimo, luego ganó la Volta, más una etapa, se quedó muy cerca del podio de la Flecha y acabó conquistando la Lieja-Bastogne-Lieja.

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En el pelotón son pocos, muy pocos, los ciclistas irlandeses. En la historia tampoco hubo muchos, sin embargo los que pasaron el corte  fueron muy buenos y en ese estadio sólo podemos acordarnos de dos nombres: Sean Kelly y Stephen Roche. El tiempo les hizo coincidir durante la década de los ochenta. El palmarés de ambos es excelso, pero sus logros en 1987 supusieron un registro por países que creo pocas veces se vio en la historia del ciclismo.

Stephen Roche y Sean Kelly fueron primero y segundo en el baremo de la época, llamado Superprestige Pernod. En el ranking patrocinado por la bebida espirituosa Roche fue primero con 800 puntos por los 560 de Kelly y los 490 de Claude Criquielion. Roche hizo lo que se conoció como el triple, ganar en un mismo año Giro-Tour-Mundial, siendo aún el único ciclista que lo culminó por más que Miguel Indurain lo rozó pero no lo logró, a causa de Lance Armstrong, en 1993.

Los capítulos de Roche ese año fueron intensos, pero ninguno como el primero, el del Giro de Italia. Allí Roche corrió con los colores del Carrera y tuvo enfrente a sus propios compañeros, entre ellos el vigente ganador Roberto Visentini, a los rivales y el pueblo italiano en su extensión que no entendieron que su dorsal uno debía ceñirse al guión que beneficiara a Roche. Sin embargo así tuvo que ser. El irlandés, que ganó una crono en descenso del Poggio a San Remo, tuvo que lidiar con situaciones hilarantes para hacerse con su Giro.

Luego ganaría el Tour que Pedro Delgado acarició hasta la crono final en una de las ediciones más abiertas de los tiempos, con los dos mejores especialistas fuera de carrera, Greg Lemond convaleciente de un accidente de caza y Bernard Hinault ya retirado. Al mes y poco sin embargo vino el éxito más inesperado. Garante de un fair play terrible, Sean Kelly no dudó en ayudar a Roche a pesar de que en un principio éste había reconocido la mejor punta de velocidad de King Kelly. Pero en el corte final de trece ciclistas, donde estaban ambos, Roche burló la obsesión de los rivales por Kelly y consiguió el título por delante del campeón saliente Moreno Argentin.

Antes de ganarlo todo, Roche perdió cosas importantes, como por ejemplo la París-Niza y la Lieja-Bastogne-Lieja. Si en la segunda cedió frente a Moreno Argentin, en la primera Sean Kelly logró su sexto éxito consecutivo que añadió al Criterium Internacional. Enrolado en el Kas, Kelly realizaba interesantes progresos en las grandes vueltas, hecho que sin embargo no le valió para ganar la Vuelta a España de la temporada, una carrera que tuvo en su mano hasta que Lucho Herrera despegó en los Lagos de Covadonga.

26 años después el apellido Roche continúa en el pelotón con Nicolas, quien este año tiene encomendada la defensa de Alberto Contador. Sin embargo es su primo, Daniel Martin, quien con su explosión va camino de emular aquella fantástica y pequeña generación de corredores que deshojaban tréboles de cuatro hojas.