Steven Kruijswijk en este irreconocible Lotto-Jumbo

Lotto-Jumbo Tour of Britain JoanSeguidor

En dos años el Lotto-Jumbo se ha convertido en un coco del pelotón y Kruijswijk tiene mucho que ver

Cuando en la Vuelta 2016, Robert Gesink ganó aquella maravillosa etapa del Aubisque, esos momentos de alegría eran la excepción en el Lotto-Jumbo.

Hoy Steven Kruijswijk está entre los mejores de la Vuelta.

Porque estos días el triunfo, el estar delante, el marcar territorio, el destacar son la norma en el equipo neerlandés.

Mientras se corre la Vuelta, en UK se disputaba el Tour de Gran Bretaña, una prueba que podéis imaginar la gente que mueve en un país que parece en romance con la bicicleta.

Mientras Jesús Herrada asaltaba el liderato de la Vuelta, en las islas, el Lotto-Jumbo ganaba la contrarreloj por equipos, aupando a Primoz Roglic al liderato.

No sé si el esloveno no pudo mantenerlo hasta el final, no está en la forma de otras ocasiones, aunque aún y así siga yendo como un tiro.

El carbono en la historia de Trek

Lotto-Jumbo, sus nombres y sus 30 victorias

Sea como fuere lo de Roglic es la punta del iceberg en un equipo que hoy es muy diferente a aquel que saboreaba el triunfo de Gesink en el Pirineo francés.

Robert Gesink, con sus mil vericuetos, ya no es el capo efectivo del equipo, pero sí el alma del mismo.

Y alrededor de él, ha crecido un grupo que no sólo gana, es que además impone.

El Lotto-Jumbo fue el primer equipo en menear el árbol en esta Vuelta en la que todos se mosquean cuando hay que tomar el mando.

Tienen en España a  Steven Kruijswik en el grupo de favoritos, del que se descolgó George Bennett.

No sé si Kruijswijk ganará la Vuelta, pero no nos disgustaría, porque corre y deja correr, arriesga y tiene un saber perder admirable.

En el Monte Oiz perdió lo que ganó en la crono, está por debajo de los dos minutos.

Ambos además se acompaña de Sepp Kusss, insultantemente joven, ganador en Utah, que toma sus primeras lecciones en el gran fondo.

Pero al que ya hemos visto tirar del grupo.

Al mismo tiempo, Primoz Roglic se ha convertido en uno de los cinco mejores ciclistas del momento, dada su progresión, su campaña y el Tour que hizo.

Llegó a liderar la Gran Bretaña.

Dylan Groenevegen, el killer desde tiempos de Van Poppel

También tienen el anotador: Dylan Groenevegen, el obús que ya gana en el Tour y que creo será el gran rival de Fernando Gaviria en los años venideros.

Por todo ello, y aunque Gran Bretaña quede lejos, el triunfo en la crono por equipos del Lotto-Jumbo es síntoma de ese trabajo coral.

Un triunfo que se logra en casa del Team Sky y con Quick Step, Movistar, BMC y Mitchelton a rueda.

Que un equipo le dé importancia a la crono colectiva, habla del valor de su trabajo.

Imagen tomada de Tour of Britain

La Vuelta: Las conquistas silenciosas de Simon Yates

La Vuelta Rohan Dennis JoanSeguidor

Como decíamos en la última semana del Giro, la Vuelta sólo la puede perder Simon Yates

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Segunda contrarreloj, inicio de tercera semana, ayer jornada de descanso, poco o nada que esconder.

El tramo entre Santillana del Mar y Torrelavega ha puesto la Vuelta al límite para algunos, para ciertos corredores que dejaron, cuando no pudieron, pasar oportunidades para decantar las cosas a su favor.

Steven Kruijswijk sacó a pasear ese cuerpazo, anchísimas espaldas, por Cantabria y ha puesto la Vuelta incandescente.

Una contrarreloj de esas que ponen orden, incluso en la igualdad que las montañas no saben resolver.

Hoy me preguntaban, ¿pero no hay contrarrelojes en subida? las hay, pero quedaron en la retina, entretanto queda esto.

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Enric Mas en la Vuelta

Y como el neerlandés, Enric Mas, de quien nunca hemos escrito en este mal anillado cuaderno.

Qué crono del largo mallorquín que dijo que iría hasta reventar.

Puede estar tranquilo, que sea capaz de esto en una crono, a estas alturas, siendo el más joven de los primeros, es sencillamente admirable.

 

Kruijwswijk pone en hora los relojes, la Vuelta no sé si está en sus piernas, pero sí en su suerte y cómo progrese.

Como Simon Yates, en la tercera semana lo perdió todo en el Giro.

Llegó a meter miedo hasta Rohan Dennis, al menos el primer tramo.

Pero el australiano, una delicia verle rodar, que dijo que el rojo era efímero

 

Alejandro Valverde no ha hecho la crono de su vida, las ha tenido mejores, en su porfolio de hombre completo, pero ha sido resultón.

Como los feos en la discoteca.

Alejandro Valverde no sale de líder, pero lo es un poco más.

Que en Movistar deben ver qué ha pasado es un hecho, han tenido todo a punto de caramelo y ahora Simon Yates les envía al minuto o más allá.

 

Me hizo gracia: todos mirando estadísticas de Valverde vs Yates en las cronos.

Que si el murciano siempre había sido mejor, que si Yates está a punto de tener su día malo, que si…

Consuelo de bobos, Simon Yates habrá aprendido o no del Giro, pero va haciendo y ahora mismo lo tiene ahí, a huevo, a punto.

Ojo porque Yates puede completar el año británico de las grandes: Froome, Geraint y ahora ¿él?.

El mismo corredor que se fue con su hermano al Orica, hoy Mitchelton, porque en el Sky estaba todo topado.

La Vuelta rueda entre los ciclistas de Bkool

Y es que, permitidnos la vanidad, es lo de siempre.

No hay nada como una buena contrarreloj para sacudir las cosas y abrir la carrera en canal.

Todo lo demás son castillos al aire.

La Vuelta se frota las manos, varios en menos de dos minutos y por delante Oiz, Naturlandia y Andorra.

Imagen tomada del FB de La Vuelta

 

Tour: Nieve y Kruijswijk fueron los héroes de los Alpes

Tour Mikel Nieve JoanSeguidor

Aunque parezca que valoremos las victorias, gestas como las de Nieve o Kruijswijk son las que hacen ciclismo

Es obvio que el paso de los Alpes del Tour de 2018 quedará como el salto de Geraint Thomas, y su inédito doble triunfo en dos cimas, de forma consecutiva.

Ganando incluso de amarillo en Alpe d´ Huez.

Pero no es menos cierto que el buen aficionado a este deporte deberá tener por siempre, en la retina, sendas gestas que no fueron bendecidas con el triunfo, aunque lo merecieron.

 

Nieve, siempre Mikel Nieve

Mikel Nieve, lo dijimos el día que el Mitchelton lo fichó, es caviar.

No es estridente, ni ciclista dado a los alardes gestuales.

Como dijimos otra vez,  Mikel Nieve no habla actúa.

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Y en La Rosière lo demostró, cogiendo una fuga de un nivel tremendo, saliendo de ella en la base del último puerto y haciendo camino mientras a su espalda le liaba a mundial.

Cuando Nieve iba echando cuentas de lo que necesitaba para ganar en la cima que Peio Bilbao había conquistado en el Dauphiné: atacó Dumoulin, se neutralizó a Valverde y se desató la furia entre los nombres importantes.

Puedo imaginarme que en la mente preclara de Geraint, tío legal y justo, pasarían imágenes de los grandes trabajos que Nieve hizo al Sky.

Pero a Geraint le quemaba la necesidad de marcar terreno y sembrar para vestir el amarillo.

 

Mikel Nieve no desesperó, el quemazón de una derrota fraguada a trescientos metros de meta hizo daño, pero quien lo ha dado todo, poco tiene que reprocharse,

La gran cabalgada de Steven Kruijswijk

Nieve lo intentó de nuevo camino de Alpe d´ Huez, pero dos palizas tan seguidas no podía ser.

En la ruta de la cima más icónica del ciclismo, el nombre fue Steven Kruijswijk.

 

Otro corredor admirable. Así lo pensamos por cómo encajó su derrota en el Giro.

No hace ruido, emerge en el pelotón por su ancha espalda y semblante imperturbable.

Atacó a casi ochenta de meta, dando brío y leyenda moderna a uno de esos puertos que se han convertido en comparsas de pelotones bajo el yugo del Sky y su monótono ritmo.

La Croix de Fer tuvo un esfuerzo a la altura de su prestigio.

Y en Alpe d´ Huez, Kruijswijk navegó entre idiotas que no animan, molestan directamente, haciendo también números para llegar escapado.

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Pero como Mikel Nieve, por detrás los peces gordos no mataban moscas a cañonazos, iban directamente a por la presa importante.

No estaban para regalar y acabaron por darle caza.

 

Las lecciones de darlo todo

Ni el vasco ni el neerlandés llegaron a meta, pero dejaron el sello del esfuerzo que distingue a este deporte.

Un esfuerzo imperecedero que permite al ciclismo seguir vivo y ser admirado porque quienes creemos que el que lo da todo no está obligado a nada más.

No ganaron, pero honraron su profesión y a sus colegas, y ese premio, que no es en metálico, se lo llevan para siempre.

Imagen tomada de FB de Giro d´ Italia

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Hemos sabido por qué el gravel hace furor

El Tour es de los valientes

Tour- Geraint Thomas JoanSeguidor

Kruijswijk, Geraint, Dumoulin, Bardet… por suerte el ciclismo a veces es justo

 

Hay Tour, ya lo creo que lo hay.

Entenderme, el Team Sky está ahí, sigue a lo suyo, a su trenecito, a su ritmo, pero no son tan fieros, no como a veces nos imaginamos cayendo en la depresión.

El díptico alpino ha sido extraordinario, de lo mejor visto en muchos años en el Tour.

No han habido machadas, no han habido grandes diferencias, todo está ahí, y posiblemente lo mejor es que el Tour premia a los valientes.

 

Premia a Geraint Thomas, quien gana las dos etapas y se va de amarillo.

Minuto y medio largo además de margen sobre Chris Froome.

No es que no dudemos sobre el rendimiento de Geraint, que es en cierto modo una incógnita, pero su presencia inquieta al menos a Froome.

Por un momento, cuando Egan Bernal había al mundo la fama que le precede, pensamos que se ponía a disposición del dorsal uno, pero fue un espejismo.

Lo peor que pudo hacer Froome es no aprovechar un poco más la rueda de su compañero de amarillo.

Porque al irse provocó la reacción de Tom Dumoulin, y eso es mucho provocar.

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Dumoulin, culpable de que el Tour siga vivo

Sobre Tom Dumoulin ¿qué vamos a decir?

Es un gato panza arriba en una concatenación de subidas, defendiéndose rodeado de rivales más Froome-Thomas a su alrededor.

Otro en su lugar se iría a una esquina a llorar porque no hay kilómetros contrarreloj.

Dumoulin honra su profesión, dignifica su maillot, engrandece la carrera.

Creo de hecho que la mantiene viva.

Tanto ayer como hoy, sin Dumoulin posiblemente el escenario sería diferente, no sé si con Froome aposentado, pero sí todo más decantado para el Team Sky.

Dumoulin es el eslabón al que se agarra la carrera cuando todo amenaza en romperse.

Tira, no pide ayuda, no saca el puto codo a pasear y lo deja todo en la carretera.

Es admirable, como Romain Bardet, el flaco francés que tampoco escatima un ataque, o un cambio de ritmo para ver al menos cómo va la gente.

No puede más, pero es que da la sensación de darlo todo.

 

Dicen que Alpe d´ Huez es la montaña de los holandeses, aunque en esta ocasión haya ganado un galés.

Theunisse, el controvertido melenas del PDM, fue el último en ganar aquí.

Casi treinta años después los orange se salen en su cima.

Porque a lo de Dumoulin se le añade el movimiento de Stven Kruijswijk, posiblemente el principal culpable que la etapa haya causado estragos.

Estragos entre muchos ilustres pero sobre todo entre gente de la velocidad, que vio imposible entrar en el corte y ha dejado el Tour en huérfano de velocistas.

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¿Y Movistar?

Y el Movistar, siempre el Movistar, el quiero y no puedo

Si a algo se pueden agarrar es a Mikel Landa y la casta que le ha puesto en Alpe d´Huez.

No está super, sabrá él si es por la caída de Roubaix, pero está, y debería ir a más.

Los Pirineos, cordillera amiga, aparecen en el horizonte.

De Nairo, hablaremos en otro momento.

 

Habrá tiempo de reposar lo vivido, ver las posiciones, estudiar las opciones –qué pena lo de Nibali-, pero el Tour puede marcharse satisfecho de lo visto y vivido en los Alpes.

Y no es sencillo, por primera vez en muchos años tenemos la sensación de que la mejor carrera está dando el espectáculo que se le supone.

 

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Llevarse la bicicleta sin necesidad de cargar con ella… 

El nueve del Giro

Excelente, una nómina excelente trae este año el Giro de Italia, el número cien y no sé si será por ese número, pero desde luego que la corsa rosa tiene muchos argumentos, nombres y apellidos para ser seguida con atencion durante las próximas semanas.

Por ser el vigente ganador, el dorsal número uno, dos veces triunfado aquí, y cuatro de grandes vueltas, por ser un corredor indescifrable, que gana vueltas en el sprint final, en pequeños cortes, Vincenzo Nibali debe encabezar el pronóstico, incluso siendo ese ciclista que anda lejos de cuando dominó el Tour, hace tres años, porque cuando no le da el físico, este siciliano coge el mapa, sondea el itinerario, hurga en el recorrido y sabe buscarte las vueltas para que, en un momento dado, las cosas den un tumbo y caigan de su lado. Por todo Nibali es la niña de los ojos de este Giro.

Un Giro en el que no estará con él, su querido y fiel escudero Tanel Kangert, supongo que ajeno al 99% de los pronósticos, pero atractivo a los ojos de este mal anillado cuaderno, por tratarse de uno de los mejores gregarios de los últimos Giros que llega ahora en calidad de líder de un equipo, el celeste Astana, muy mermado por la horrible pérdida de Michele Scarponi y la baja de Fabio Aru, un tipo que debe estar muy jodido viendo como la carrera saldrá de su isla sin él en la contienda.

Y siguiendo con outsiders, nos emociona la baza de Bob Jungels, sexto y mejor joven hace un año con un recorrido interesante para él y un año más de experiencia en el zurrón. Se prevé un Giro clave para la perla luxemburguesa que puede domar su suerte futura si aqui le van bien las cosas, algo similar que ocurre con ese excelente contrarrelojista australiano que se llama Rohan Dennins, quien hace un tiempo dijo querer emprender un camino similar al de Wiggins, de la pista a aspirar al Tour, y que en este Giro llega con galones, más que nada porque el amigo Van Garderen no despierta.

Volviendo al panel fuerte de favoritos, damos un salto y nos quedamos en el segundo peldaño, alegrándonos que Thibaut Pinot se haya decantado por el Giro, consciente que en el Tour ha caído en un bucle difícil de sortear. Se puede ser grande si estar en Francia en julio y Pinot nos lo puede demostrar, la anarquía que reina en el Giro es más sencilla de gestionar desde su indescifrable forma de correr y entender este circo. Va bien contra el crono y escala a las mil maravillas, para mí es el tapado de esta carrera.

Pues Pinot está eclipsado por grandes nombres, y entre ellos, el de Nairo Quintana, que si tuviera que jugar mi dinero se llevaría casi toda mi apuesta. El colombiano está en capilla de algo que veo muy complicado que realice, Giro + Tour casi veinte años después que Pantani, sin embargo en Italia creo que tendrá chance: conoce la carrera, la ha ganado, banderín del Stelvio incluido, y el recorrido le va bien. Otra cosa es el Tour, donde Froome, si está como otras veces, no va a dejar ni las migas.

Si alguien puede evitar que Nairo haga de la carrera un paseo sobre alfombra rosa es Mikel Landa. Sólo con que esté como hace dos años, sería un duelo de altura, rayando el cielo del ciclismo y propinando grandes momentos, ahora bien, el alavés es tal y como lo pintan: una caja de sorpresas que esconde más que enseña y que ni siguiera en su equipo se atreven a fiarlo todo a él, por eso la entrada de Geraint Thomas, como segundo o primero de abordo, quién sabe lo que dirá la carretera y el gerol con el que se levante Landa en los dias importantes.

Tendremos la lupa sobre Adam Yates en la grande que debe confirmar el maillot blanco del Tour y un resquicio de nuestro corazoncito en Steven Kruijswijk, para mí sin duda el protagonista del momento ciclista del pasado año, cuando cayó contra una nevera helada del Agnelo por trazar inseguro en un descenso en el que Nibali demostró el porqué de su fama. No creo que el holandés gane, pero ojo, porque puede ser actor importante y hacer que otro pierda. Me apena ver que sólo brilla en el Giro, como un Hesjedal cualquiera, pero a día de hoy lo situaría en el escalón alto de la gente con opciones a hacer algo importante.

Ahora sentados, cómodos y adelante, porque la carrera más bonita del planeta celebra 100 ediciones, una cosa que pasa una vez en la vida y que seguro que forrarán la bota de rosa y fiesta, siguiendo los pasos de Garibaldi y los suyos cuando cogieron hace 156 años aquella suma de estados independientes para dar forma a lo que hoy llamamos Italia.

Imágenes tomadas del FB de Giro de Italia

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La inquebrantable fe holandesa en el ciclismo

El otro día Juan M. Clavijo me presentó el fenomenal trabajo que ha hecho la gente del Diario Marca en la guía que han dedicado al Giro de Italia. Una obra genial, sinceramente, me ha gustado mucho, porque da la medida de lo que pasa cuando se pone cariño y detalle y porque eleva al ciclismo a la categoría de algo más, no sé si como hacen con el futbol muchas veces, pero desde luego sí que le da ese qué que tantas veces extrañamos en nuestra prensa.

De entre la secciones, me llamó la atención la dedicada a los ciclistas neerlandeses y su apuesta por la carrera rosa. Son hasta cuatro los nombres que ven para brillar en este Giro 100. Distinguiendo entre ellos, y sabiendo cómo estará de cara la victoria este año, me parece buena la segunda oportunidad que Steven Kruijswijk le da al Giro, a sabiendas de que Bauke Mollema es una moneda al aire, habrá que ver cómo le merma Italia si quiere estar a tope en el julio junto a Contador. Otra cosa es Wilco Kelderman o Tom Dumolin, el primero camino de ser la eterna promesa del ciclismo holandés y el segundo un poco a vivir el día a día, como el “cholismo”, y ver qué da la carrera de sí.

Sea como fuere la fe inquebrantable de los holandeses por este deporte nos levanta el ánimo. El año pasado Kruijswijk tuvo en la mano la victoria, sin duda, pero un mal paso en el Agnelo dio con todo al traste. Sinceramente, no era nuestro preferido, con Chaves, Valverde y Nibali en liza, pero se hizo acreedor de mejor suerte, sobre todo porque creo que cayó con entereza, mucha, y eso hay que reconocérselo y mira que llegó perjudicado a la cima de Risoul, donde Nibali comenzó la reconquista del rosa.

Y es que si miramos hacia atrás, los Países Bajos nunca han ganado el Giro, lo más cerca que estuvieron fue con aquel lagunar ciclista, cargado de clase y fragilidad, Erik Breukink, que pisó dos veces el podio, una de ellas aquella famosa edicion del Gavia en medio de la tormenta de nieve, etapa que precisamente ganó, anticipando un porvenir que nunca cumplió al 100%.

Holanda como país que va en bicicleta, que siente la bicicleta y lee un montón sobre ciclismo, que se lo digan al “best seller” Pedro Horrillo, no gana el Tour desde tiempos de Joop Zoetemelk, el entrañable y eterno abuelo del ciclismo, que competía mucho porque no quería aguantar a su mujer en casa. En este periodo han optado a cosas, Rooks, el controvertido Theunisse, más adelante Gesink, también Mollema…. al final todo tiros al aire.

Humo o llamarlo como queráis, encima con un equipo bandera, el Rabobank, tocado por los escándalos de dopaje… y con todo eso, sigue al pie del cañón, viviendo este teatrillo sobre ruedas como un asunto de estado y esperando que un día, uno de los suyos se beba una cerveza del tirón como Gilbert en el podio de la Amstel. Si ese día llegara, los Países Bajos decretarían fiesta nacional.

Imagen tomada del FB de Giro de Italia

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¿Quién se acuerda de Steven Kruijswijk?

Dos semanas ya, quince días desde la caída bestial e inaceptable de Steven Kruijswijk en Lugo por un bolado. El solo motivo del accidente horripila, ciertamente. El tiempo corre deprisa y en contra del accidentado, de cuyo nombre nadie se acuerda ahora, ni siquiera cuando vemos a los mejores y nos podríamos preguntar qué suerte habría corrido, pero nosotros siempre hemos tenido un rincón de la mente pensando en ese holandés que un día en el ejercicio de su oficio tuvo un accidente salvaje porque alguien no hizo bien su trabajo.

El que debía ser el año de Kruijswik se ha convertido en una pesadilla. Hace poco más de un año, por los Dolomitas y Alpes italianos, un ciclista frío, neerlandés, de aspecto angulado y pedaleo cíclico, se dio cuenta que podía optar a algo más. Era Steven Kruijswijk, quien perdió tiempo en los primeros compases del Giro de 2015 pero al final se puso entre Landa, Contador y Aru, y vio que aguantaba, que estaba con ellos perfectamente, como si ese nivel de carrera, no había otro más alto, fuera el suyo.

Pasó un año y Kruijswik se presentó en el Giro con serias opciones, y señalado por muchos, para hacer algo importante. Y estuvo en ello. Se puso de líder en la maravillosa etapa de Corvara. Su solidez al frente del peloton, con rivales aparentemente inferiores, su pedaleo fino y seguro, su imagen de no sufrir más de lo estipualdo. Todo marcaba la carta ganadora sobre su espalda.

Pero una gran vuelta es la suma de muchas cosas y un denominador común: suerte. Y Kruijswijk no la tuvo, ni suerte ni lucicez en un momento concreto. Cuando la carrera entraba en las neveras del Agnello, Chaves subiendo, Nibali bajando, le pusieron en aprietos. Acabó por los suelos. Toda su fortaleza se quedó en un muro de dos metros de nieve, entre Italia y Francia. Su fuerza se cegó. Su gran objetivo quedó en nada.

Pero el holandés, no desistió. Admitió errores y preparó con mimo la Vuelta. Se hizo grande en la derrota, a menos a nuestros ojos. El inicio no le fue propicio pero quiso seguir, a ver qué pasaba, hasta que un bolardo mal señalado en la indigna llegada de Lugo le rompió por la mitad. Sinceramente, se nos partió el corazón cuando yacía inmóvil en una acera entre personas que no esperaban presenciar aquello, en vivo y en directo.

La sensación de pesadumbre se tornó indignación cuando supimos que aquello había sido una negligencia de la organización. Amigo Kruijswijk podemos imaginar, remotamente, cómo te sientes, porque practicar un deporte con el riesgo tan intrínsecamente supone aceptar muchas cosas, pero que fallen quienes deben velar para que la seguridad sea la mejor posible no es de recibo. Pedimos seguridad en las carreteras y ciudades y en las competiciones de alto copete, que diría nuestro amigo Gerardo, pasa esto.

La Vuelta se había granjeado una fama, recuerdo, hace veinte y treinta años, de carrera voluntariosamente bien organizada, aunque con algunos agujeros negros como aquel túnel del Cotefablo mal iluminado que casi le cuesta la vida a Dietzen. Sin embargo la Vuelta se distinguía, por ejemplo, sobre el Giro, por el orden y disciplina en las llegadas y la buena cobertura televisiva, incluso en condiciones complicadas.

Ahora cosas de esas son reliquias, y lo de Kruijswijk es un ejemplo, hay otros sobre retransmisiones, ubicaciones de las llegadas -más horribles no pueden ser-, repesca de grupos sin mayores consecuencias… La carrera presume de hoyar lugares nuevos y cuestas imposibles, además de atraer buenas estrellas, que por ejemplo no van al Giro, pero llegadas como las de Lugo, en las que un milagro impide males mayores, no pueden ser la norma. No porque quienes van sobre esas flacas son personas, con sueños, familia y obligaciones laborales.

No sé como se resolverá el tortazo del holandés. Quizá como Sagan el año pasado, cuando se fue calcinado de Murcia, tirando la bola adelante y punto. Del accidente de Kruijswijk nos quedaremos con su imagen en el suelo, de cómo se resuelve, nada sabremos, como nunca nada supimos de Flecha y sus compañeros de fuga cuando fueron arrollados en el Tour. Al fin y al cabo, hablamos ASO y aquí ya sabemos quién lleva la sartén por el mango.

Imagen tomada de cycling-today.com

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La semana pasada fue la Semana TowCar – Planifica tus Pedaladas en la Bkool Summer Cup sorteando importantes regalos. Alrededor de 50 ciclistas de varios países del mundo se dieron cita para medir sus fuerzas sobre los últimos kilómetros del recorrido real de la 17ª etapa de la presente Vuelta a España.

#LaVuelta 5: La escabechina de Lugo

La quinta etapa de la Vuelta, con final en la ciudad de Lugo, no nos descubrió nada nuevo, salvo una llegada muy accidentada en la que varios corredores se vieron implicados en una caída general que afectó al gran y apretujado pelotón. Sucedió a tan sólo a dos kilómetros de la meta; es decir, en los momentos trascendentes en donde debía dilucidarse el ganador de la jornada. La carretera en ligera ascensión, más bien estrecha y tortuosa, transitaba junto a la célebre muralla, un bien conocido eslabón histórico que posee la citada población. Este final complicó las cosas y la mayoría de ciclistas se vieron implicados en este tumulto de última hora un tanto inoportuno, un hecho que viene sucediendo con frecuencia en esos últimos tiempos en cualquier carrera por etapas o incluso en las competiciones clásicas, siempre y cuando en varias ocasiones el triunfo queda en manos exclusivas de los velocistas, cuando se hacen dueños de la situación.

Hay que decirlo a viva voz que son numerosos los corredores que concurren frente a unas carreteras que no dan más de sí, y más tomando en consideración el ritmo frenético y hasta alocado que alcanzan los corredores montados en sus bicicletas sobre el asfalto. Es un gran riesgo que nadie niega y que se afronta en estas alborotadas llegadas. En el último respiro de la etapa, hubo unos pocos corredores que se salvaron de la tormenta o de la quema, correspondiendo el triunfo finalmente al belga casi veterano, Gianni Meersman (30 años) sobre el luxemburgués Laurent Didier, el francés Kévin Réza y el español Luis León Sánchez, los agraciados de la etapa. Por segunda vez en esta edición de la ronda española, Meersman se ha llevado los laureles de la victoria; es decir, dos primeros puestos de entre las cinco jornadas en litigio disputadas, un balance realmente válido para este hombre del pedal que milita en las filas de la escuadra Etixx-Quick Step, entidad radicada en el Ducado de Luxemburgo.

El corredor flamenco pasó a ser profesional en la temporada del año 2007. Es un corredor hábil y rápido con un historial que ha brillado por esta punta de velocidad que posee, dándole un cierto prestigio en el mundo del pedal, en donde ha conquistado un buen número de etapas en las pruebas de largo kilometraje. Nació en la localidad de Tielt, emplazada en la región del Flandes Occidental.

Sumergidos en lo que dio de sí la etapa que nos ocupa nos sinceramos afirmando que tuvo una primera parte un tanto monótona asediada en algunos momentos por la lluvia y también por los vientos que soplaban de costado sobre los ciclistas. Por otra parte un poco de colorido nos lo dio el dúo protagonizado por el portugués Tiago Machado y el francés Julien Morice desde casi dada la señal de partida, que tuvo lugar en la pequeña localidad gallega de Viveiro. En perfecta colaboración anduvieron juntos hasta las primeras rampas del Puerto de Marco Álvare (3ª categoría), que se situaba a 53 kilómetros de la meta, único punto de dificultad de la jornada. Machado persistió en el esfuerzo y prosiguió la aventura en solitario, un factor que a la larga pagó y más concretamente a una quincena de kilómetros de la llegada.

En las mismas calles de Lugo, cuesta algo empinada, se vislumbró un ataque por obra del australiano Simon Clarke y el belga Philippe Gilbert, que ya no pedalea con la convicción de tiempos pasados. La estocada fue neutralizada por el pelotón. A continuación se produjo una espectacular caída del holandés Kruijskwijk, seriamente lesionado y auxiliado por el personal de la Vuelta. Si este accidente tuvo su eco más repercutió en el ambiente cuando varios integrantes del grupo delantero se vieron por los suelos también. La situación nos pareció con visos de hasta dantescos. La etapa nos pareció que quedó maltrecha y dolida por este acontecimiento tan revuelto entre hombres y bicicletas amontonadas sobre una calle incapaz de absorber la caravana multicolor rodada y ante un público delirante con su presencia.

Tras lo contemplado y evaluado deducimos que la clasificación general apenas ha sufrido sonadas variaciones. En esencia todo queda casi de la misma manera en lo que se refiere a las primeras posiciones y más asimilando que en el reglamento de la Vuelta se establecía que cualquier incidencia de esta índole existe una dispensa cuando el hecho acontece dentro del espacio de los tres últimos kilómetros. Por tanto, el colombiano Darwin Atapuma puede estar tranquilo un día de más como líder, con una ventaja de 28 segundos sobre el español Alejandro Valverde (2º). Acto seguido figuran el británico Chris Froome (3º), a 32 segundos; los colombianos Nairo Alexander Quintana (4º) y Joham Esteban Chaves (5º), a 38 segundos, y nuestros otros dos españoles Samuel Sánchez (6º) y Rubén Fernández (7º). Son datos que nos reconfortan a pesar de que todavía nos quedan por delante dieciséis etapas por cubrir. ¡Casi nada!

Por Gerardo Fuster