Cinco + cinco para la Vuelta

La tercera grande del año, en orden cronológico e implicación de los participantes, llega con, otra vez, una participación de lujo. Aquello de que la Vuelta era para septiembre y los que cateaban en julio ya no es un axioma, al menos cabe agradecer que el vigente ganador del Tour se deje caer por esa esquina de la Península. A Froome, le hemos añadido otros nueve.

Miguel Angel López, sin Aru, sin Nibali, se empezarán a calibrar las sensaciones de este colombiano del “Avenir” que tanto da que hablar. Ganar Suiza es muy grande, pero esto son palabras mayores. Aunque no tendrá una gran presión, es de suponer que dará destellos y porqué no acabará cerca o dentro del top ten. Nos recuerda al Esteban Chaves de hace dos años, cuando todos hablaban maravillas de él y no paraba de crecer.

Tejay Van Garderen, el americano es un ciclista bipolar que aún no ha dado su cara amable en una gran vuelta. No le vemos excesivo crédito, porque parece que sólo se motiva para el Tour, pero a la vista que éste le queda muy grande, posiblemente recalibrar sus ambiciones sea lo más conveniente, más cuando su equipo ha dado con el mejor líder para la mejor carrera desde Cadel Evans, hablamos de Porte. Van Garderen, croner de etiqueta, pero sólido en montaña si la fortuna se alinea, debería ser uno de los outsiders de la carrera.

Warren Barguil, el francés vuelve a la escena donde empezó todo. Aún asombrados por sus dos victorias en la Vuelta de hace tres años, parece que esta carrera le da lo que el Tour le niega, un tono más bajo en los rivales y un recorrido que arrincona las cronos. Dependerá de cómo haya acabado de castigado el Tour, pero si la carrera le sonríe podemos tener aquí uno de los animadores de la Vuelta.

Steven Kruijswijk, el gran damnificado del Giro es el ejemplo palpable que en la Vuelta siempre confluyen los protagonistas de las dos primeras grandes del año. Si está en la forma del Giro, cabrá ver si lo logra porque dos picos de forma son sencillos de alcanzar, debería estar en el podio, cuanto menos. Su gélida forma de correr deberá por eso revisarse ante un recorrido que promete electricidad en muchos pasajes.

Nairo Quintana, pasan las carreras, los años para el colombiano dorado, y parece estar donde estaba hace un tiempo. Ni más adelante, ni más atrás. Nairo necesita aire, un triunfo, algo que llevarse a la boca porque su Giro de hace dos años empieza a quedar lejos. Enfermo, eso se adujo, en el Tour, hay dudas de cómo se habrá recuperado. El año pasado ya se vio que su segunda grande en un año le empezaba a sobrar, si entonces pareció acabar más entero el Tour, podemos decir que el Nairo que veremos en esta Vuelta es una soberana incógnita.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

Kruijswijk se hizo grande en la derrota

Hoy hace una semana Alejandro Valverde ganaba su primera etapa en el Giro de Italia y Seteven Kruijswijk era un poco más líder. Un poco, o un mucho, porque en esos momentos, cuando la carrera más dura del país más bello entraba en su cuenta atrás, pocos éramos los que dudábamos sobre la victoria del holandés cuyas espaldas servirían de parapeto para el pelotón entero en un día ventoso.

Desde el inicio, marcamos al tulipán como un ciclista a seguir. El favoritismo de Kruijswijk en el presente Giro anidaba en el epílogo del anterior, cuando estuvo perenne en los pasajes clave d ella carrera, ahí en medio de Landa, Contador y Aru, marcando las distancias en perfil y estilo con los tres mejores de la carrera, pero colándose en el top ten merced a un final de competición que le hacía albergar esperanzas de cara al año siguiente.

Y en este Giro lo hizo todo bien, a conciencia. Partió, además, de casa, siempre delante, bien pertrechado y descargado del foco mediático de su equipo porque el otrora saltador de trampolines de invierno, Primoz Roglic, tomó todo el protagonismo. Sin embargo, su pose en el grupo no era la de convidado de piedra, una buena crono individual le puso en órbita, en la gran etapa de los Dolomitas, remató a Nibali y con Chaves se postuló como gran aspirante. Estuvo en un tris de ganar la cronoescalada, no lo hizo, y quizá ahora lamente esa ocasión porque le hubiera significado la etapa que ansiaba para adornar su liderato y no pudo ser.

Pero en el ciclismo las cosas no son matemática pura. En una misma subida las sensaciones que recorren el cuerpo del competidor son múltiples y muchas veces engañosas. Kruijswijk afrontó el díptico alpino con una confianza enorme, alimentada además por la sensación a su alrededor de que estaba que lo rompía. Es más, a su asegurada maglia rosa, con unas diferencias de final de carrera, quería ponerle una etapa para adornar la pieza. Así lo admitió, como dando por hecho que tenía en la mano la general final y lo otro serviría para aderezar el trofeo sin fin.

Aconteció lo del descenso del Agnello, un trompazo en toda regla, de esos que presumimos estarán en los zappings durante micho tiempo, porque además fue sobre un cochón de nieve a modo de pared. Podría parecer feo que no le esperaran, pero nada más lejos de la realidad, sus rivales le estaban forzando, obligándole en cada curva, a casa paso y consiguieron ponerle en aprietos.

Yo me quedo con lo que se dijo después. Nibali admitió haberle oído respirar fuerte al final de Agnello -a ver quién es el guapo que no lo hace en tal coloso- y el propio Kruijswijk reconoció sentirse forzado. Grande. En sus declaraciones ni una mala palabra, ni un mal gesto. Dijo que estaba tocado, que le llevaban obligado y que cometió un error. Eso se llama autocrítica, algo que no se prodiga. No preguntó porqué no le esperaron, no entró en la burda polémica que algunos despertaron y que murió por su peso.

Tenía el Giro ganado, con una ventaja cómoda y unos rivales inferiores y se le cayó todo de entre los dedos. Sinceramente, no nos gustaba el holandés para ganar el Giro, porque no ha pisado podios intermedios, a pesar de que la carrera italiana se le daba bien. Creo que el Giro le debe una, veremos si en la próxima se lo devuelve.

Imagen tomada de FB del Giro de Italia

Nibali encuentra el orden en el desorden

Hemos dejado pasar, ya me disculparéis, un ratillo desde que acabó la penúltima etapa del Giro de Italia, una carrera de las de entre un millón, copada de emociones y sobresaltos a diario que ha tenido un desenlace que, hace 48 horas, nadie podía imaginar. O alguien apostaba por las flaquezas finales de Steven Kruijswijk, o alguien pensaba en Vincenzo Nibali para el rosa, o alguien preveía que Esteban Chaves merodeara tan cerca el triunfo,…

Cuando miramos a Pinerolo, la puerta de los Alpes, recordamos el antológico final firmado por Trentin, Moser y Brambilla, vemos una general muy diferente a la que nos ha dejado esta tarde.

Tras Pinerolo:

Steven Kruijswijk de líder
Esteban Chaves a tres minutos
Alejandro Valverde a tres minutos veintitrés segundos
Vincenzo Nibali a cuatro minutos cuarenta y tres segundos

48 horas después:

Vincenzo Nibali de líder
Esteban Chaves a cincuenta y dos segundos
Alejandro Valverde a un minuto y diecisiete segundos
Stven Kruijswijk a un minuto y cincuenta segundos

¿Qué ha pasado para este desorden? pues que un genio de turquesa y “tricolore” en el pecho lo revolvió todo. Como esos notarios que tienen la mesa echa un desastre, pero saben donde está cada cosa. Su desorden es el orden, la forma de tenerlo todo controlado, atado. Nibali ha sido ese, un genio sobre ruedas. Se define “cabezota”, se lo dijo a Flecha con la mirada empañada y el beso de la azafata marcado en su mal afeitada mejilla.

Se define así, pero en el ciclismo de los SRM, pinganillos y otras historias para no dormir, es el ciclista que se casa con la leyenda y grandeza que hacen de este deporte patrimonio centenario. Nibali lo ha honrado, como lo ha hecho muchas veces, habrá tiempo para entender las claves, para comentarlas, pero creo que hay una que destaca por encima de todas, el equipo, el Astana, un grupo que hace un año era banda deshilachada frente a Alberto Contador, pero que con él al mando, funciona como un reloj suizo.

Nibali ha ganado, es la cara amable de esta carrera, la del triunfo, pero no sería justo quedarnos con su rostro. Su victoria la engrandecen Esteban Chaves, cuya familia se aproximó al siciliano para felicitarle. El pequeño ruiseñor de Bogotá creo que empezó a perder el Giro en el momento que aseguraba su primera maglia. En Risoul Chavito quedó tocado, en la Lombarda se hundió.

Estará Alejandro Valverde en el podio, al final, sí lo tiene, lo logró. Es casi milagroso que lo tenga porque creo que se ha demostrado que el Giro es una carrera que le resulta muy complicada y se rodea de un equipo pésimamente dirigido. Y no quiero olvidar al pecherón holandés que se veía ya de rosa en Turín y se ha quedado fuera del cajón. Habrá tiempo para comentar más, pero de Kruijswikk sólo puedo decir que ha sido un señor en todos los sentidos y que su desgracia al final la hemos hecho todos un poco nuestra, no obstante tened presente que no ha dicho su última palabra…

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

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El rosa al rojo vivo

La decimonovena etapa del Giro con final en la Estación de esquí de Risoul, enclavada en territorio francés, nos ha ofrecido un espectáculo sumamente emocionante que ha roto con todos los moldes que teníamos en nuestra imaginación. Aunque era una etapa de alta montaña que se hacía valer por su acentuada dureza no creíamos que en aquellas tortuosas carreteras de aire alpino pudieran suceder tantas cosas y en tan poco espacio de tiempo. Lo cierto es y como conclusión a lo sucedido es que la clasificación general ha sufrido un vuelco de indudable envergadura que no sabemos por dónde va a desembocar en ese par de días que quedan de competición, culminando en la ciudad de Turín en apoteosis.

La incertidumbre se centra ahora en la etapa de hoy que reúne también una gran severidad en cuanto a importantes puertos de montaña. Quizá incluso, nos atrevemos a decir, algo más ásperos y difíciles de subir que los que se han cruzado en esa etapa con término en Risoul, en una jornada en la cual se ha subido al impresionante Puerto del Agnello, llegando a una cota que se eleva a 2744 metros de altura, denominado cima Coppi, en homenaje y recuerdo al inolvidable campeón del pasado.

Se encuentra en la región de Provenza-Alpes, en el distrito concreto de Briançon. Aprovechamos la oportunidad que me brindan estas páginas de El Cuaderno de Joan Seguidor para señalar que L´Agnello ocupa un lugar entre los puertos más altos de Europa, a la zaga del Col de Iseran (2770 metros) y del Paso del Stelvio (2758 metros). Se hace familiar si hacemos hincapié que el Giro ha cruzado en cuatro ocasiones este temido puerto: constatamos en los años 1994, 2000, 2007, y, ahora, en el 2016.

Aunque hubo las escaramuzas matutinas de rigor, que sabíamos bien de sobras que no llegarían a buen término, el detonante que alteró de todas a todas el desarrollo de la etapa tuvo lugar descendiendo precisamente la montaña de L´Agnello, lugar en el cual se vislumbró el alto riesgo que algunas veces deben afrontar los sufridos hombres del pedal volcados a ritmo de vértigo en los descensos. El mencionado puerto se cobró dos víctimas que señalamos con letras mayúsculas: El ruso Zakarin, que figuraba clasificado el 5º de la general en la vigilia, el cual sufrió una aparatosa caída que le obligó sin piedad a abandonar la carrera, y el terrible encontronazo que asoló al holandés Kruijswijk, que en un abrir y cerrar de ojos vio truncadas sus caras esperanzas de vencer este Giro.

Por suerte, el hasta ayer líder, pudo reemprender la marcha y resistir como pudo en lo que le quedaba de etapa. Le restaban por cubrir 58 kilómetros hasta la meta, un sufrimiento constante. Sin ayuda de nadie ni tampoco de su equipo, ya muy debilitado, no pudo recuperar el tiempo perdido, que incluía, además, un cambio de bicicleta.

En vista a lo sucedido, la tabla de la clasificación ha cambiado totalmente de rumbo. Así contemplamos en vanguardia a los que han dado vistosidad a este Giro, que no son otros que el nuevo líder, el colombiano Johan Esteban Chaves (1º), al que le siguen el italiano Vincenzo Nibali (2º), el ganador de la etapa, el holandés Steven Kruijswijk (3º), el ciclista maltrecho, y el español Alejandro Valverde (4º), que tal como se ve no capituló así como así. Los cuatro están encerrados con un margen que no llega a los dos minutos de tiempo al evaluar diferencias.

Más emoción no cabe. Veremos lo que acontecerá a lo largo de la vigésima etapa, que recorrerá un duro periplo con tres puertos de 1ª categoría insertados en su itinerario y que asustan a cualquiera. No dudamos que los mencionados jueces de paz van a ser rigurosos en sus veredictos. Nombramos, pues, los collados de Vars, La Bonette y La Lombarda. Todos ellos superan en altitud los 2000 metros. La papeleta va a ser acusadamente difícil de evaluar y al mismo tiempo sospesar. Cualquier aficionado al deporte de la bicicleta a estas horas no se atreverá a divulgar un pronóstico a los cuatro vientos. De hacerlo será más que fácil el caer en las conjeturas del error o bien incluso en el acierto. Todo nos aparece como una nebulosa indefinida. Ya veremos el resultado de la contienda tal como sale.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

Mirad a Nibali y veréis un ciclista irrepetible

Pero si iba roto, iba roto. A mitad del Agnelo, cuando la niebla sobrevolaba el ambiente, cuando la nieve se insinuaba, pero no copaba la cuneta, Vincenzo Nibali mostraba flaqueo. No sabemos, ahora, muchos kilómetros después, si aquello era un farol, disimulo, un mal momento o que le dio hipo. No lo sabemos, porque no estamos en su seno, aunque en algún momento de esta mágica etapa que amaneció en Italia y murió en Francia alguno de nosotros pedaleamos con Vincenzo.

Le llaman el tiburón porque muerde, porque no perdona. Lleva medio Giro a contrapié, casi clamando porque acabe, pues no encontraba el golpe de pedal, pero nunca desistió, siempre creyó y eso pesa en la moral del aficionado y mella la confianza del rival.

Sinceramente todo se precipitó en una de las curvas del Agnelo, lado francés, en cuya cuna de nieve el líder Steven Kruijswijk no hubo de lamentar daños físicos añadidos a los morales que esa caída supuso. El líder, con esa suficiencia en la carretera, con declaraciones del tipo “quiero una etapa para adornar mi liderato” no supo que la trampa en tres semanas está en cualquier sitio y la flaqueza que el rival no te encuentra, te la destapa el ciclismo.

El CICLISMO sí, el CICLISMO con mayúsculas en una etapa que pasa al recuerdo como una de las mejores que hemos visto jamás. Un manual de ciclismo de varias horas y unos ochenta kilómetros en el anfiteatro alpino. Chaves, el pequeño silbador de Bogotá, abrió el melón. A saber, el pequeño trepador nos encanta, pero siempre le habíamos visto frío ante los grandes retos. Hoy ha sido un gigante, reventando la carrera hacia arriba y moviendo los peones de ese grandísimo equipo que es el Orica.

Rubén Plaza iba escapado y paró. Cuando el líder hacía recuento de daños, Nibali tenía escapado a Michele Scarponi -con opciones reales de ganar la etapa- y lo paró. Curioso, a Giovanni Visconti aun le están diciendo que pare para esperar a Amador.

Entonces la carrera se abrió en canal y lo que era un duelo de escuadras se volvió un pulso individual. Roto Kruijswijk, sin compañeros por delante ni por detrás, tuvo la maglia en la mano hasta que claudicó quizá sin saber que por delante su gran rival, Chaves, subía al ritmo de Ulissi.

Porque a este nivel, a esta altura de carrera todo está tan justo que se rompe con tocarlo. Chaves, roto, el líder, roto, Valverde, ahogándose. El de Movistar puede pisar el podio o salir lanzado lejos de él, todo puede pasar. Y con este paisaje quien resurge es siempre Vincenzo, el ciclista que siempre cree. No está súper, no es el del Giro de hace tres años, ni del Tour de hace dos, pero ahí está, a menos de un minuto de la gloria cuando se ve Turín en el horizonte. ¿Es o no adorable?

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Sitio para el trámite

No nos ha venido de sorpresa el desarrollo que ha tenido la decimoséptima etapa con término en la localidad de Cassano d´Adda, una etapa casi completamente llana, salvo un puerto intermedio sin importancia calificado de 3ª categoría. Cuando no hay diseminadas varias dificultades a lo largo de cualquier etapa que sirvan para poner en aprieto a los concurrentes, la etapa, aun sometida con pedaleo un tanto veloz, se deja seducir por la pasividad o la comparsa de un pelotón numeroso.

Una vez más, dado el pistoletazo de salida, hubo un terceto que intentó acaparar el protagonismo del día con la voluntad de llegar a dónde fuera posible con el permiso previo dado por los conjuntos más representativos. Como suele sucede casi siempre los modestos que entraron en fuga acabaron la odisea a las puertas de la ciudad de llegada. En cabeza figuraban seis unidades al sumar otros tres que venían de atrás. No había entre ellos un corredor español. Era más que raro que una escapada de esta índole, matutina, llegara a buen término. Los grandes equipos saben de sobras controlar al milímetro una prueba de estas características. Todo parecía que iban a jugar la carta, sus intenciones, en el último soplo de la contienda. Pero esta vez no fue un velocista nato el que se impusiera frente al conglomerado y apretujado grupo de vanguardia.

El alemán Roger Kluge, un ciclista con 30 años sobre sus espaldas y de los que suena más bien poco, salió por un extremo de la ruta de llegada de una manera astuta y a la vez fulgurante. Oportunamente y con mucha fuerza en sus piernas inclinó la victoria a su favor. Los velocistas no reaccionaron a tiempo y se les fue de las manos el triunfo que tanto anhelaban los mismos velocistas. Del corredor germano, un veterano del pedal que conoce bien el oficio, no se podrán decir muchas cosas.

Posee hasta la fecha un historial más bien restringido, de poca amplitud si tenemos en cuenta la avanzada edad que ya tiene. Posiblemente esta victoria en el Giro contribuya a darle más vuelo cara a su futuro. El ser primero, siquiera en una jornada, es algo que da mucha moral para seguir perseverando hacia arriba, aunque pertenezca al club de los casi veteranos. Es profesional desde el año 2008. Ha concurrido en carreras de largo kilometraje y ha sido ganador en alguna que otra etapa; no muchas. En un corredor de evidente envergadura. Mide un metro con 93 y su peso oscila alrededor de los 83 kilos.

Nuestro protagonista de hoy había nacido en la población de Eisenhüttenstand, lindante con la frontera que separa Alemania de Polonia, y más concretamente en el estado conocido de Brandeburgo. Esta ciudad fue fundada por la República Democrática Alemana en el año 1950. Se la denominó en aquel entonces bajo el nombre chocante de Stalinstadt. Sin embargo, a raíz de la construcción de una importante planta metalúrgica (Se la llamaba la ciudad de la fundición de hierro), esta ciudad adquirió en poco tiempo un poder económico substancial en el campo de la industria. Se decidió, pues, cambiar el nombre de la población aludida por el que figura en el encabezamiento de este párrafo; es decir, en donde nos consta que nació el ciclista Roger Kluge. Lo que acabamos de contar no deja de ser un simple hecho delatado por los libros. Nos sirve de curiosidad y hasta de reposo para los que vamos comentando cosas de ciclismo.

La clasificación general no sufrió apenas variaciones, manteniéndose bien aposentado como líder el holandés Steven Kruijswijk, un corredor que por ahora se hace admirar por su comportamiento y la posesión de unas buenas cualidades físicas que sobrepasan la normalidad, con una alentadora capacidad de recuperación frente a los esfuerzos que este deporte de la bicicleta bien requiere. En fin, digamos que este líder actual no caerá del pedestal así como así en lo que nos resta de Giro.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de FB de Giro de Italia

El gran día de Alejandro Valverde

Con anterioridad, no hace muchos días, habíamos dejado de entrever en estas columnas que el Giro nos colocaba en lugar preferente a cuatro ciclistas con opción para adjudicarse la citada prueba, una incógnita latente hasta su final. Entraban en la baraja de los favoritos: el holandés Steven Kruijswijk, el actual líder, el colombiano Johan Esteban Chaves, el italiano Vincenzo Nibali y el español Alejandro Valverde.

En la decimosexta etapa que acaba de celebrarse, que se ha desarrollado entre las localidades de Bressanone y Andalo, con término en la cima del puerto del mismo nombre, situado a una cota de altura de 1.024 metros y calificado de 3ª categoría, hemos de constatar a raíz de lo presenciado que la tabla de la clasificación general no ha cambiado en esencia de manera substancial a pesar de que la etapa tenía un recorrido difícil y algo intrincado en ciertas fases de la misma, en donde se hacían valer, además, dos ascensiones de más de 2ª categoría: el Paso della Mendola (1.323 metros) y el Paso Fai della Paganella (952 metros). Pero a lo complicado del terreno sí se nos advierte la visión de ciertos movimientos que nos delatan algo más que podrá tener trascendencia cara al resultado definitivo que se ha vivir en apoteosis, el próximo domingo, en Turín, una llegada novedosa en la historia del Giro.

La conclusión que entresacamos en el momento presente es que entre los cuatro elegidos que habíamos señalado para la conquista del máximo galardón, hemos de descartar hoy al corredor transalpino Nibali, que se vio desbordado sin remedio en la última parte del itinerario del día, lo cual ha significado como consecuencia el de que corredor siciliano, echando cuentas, figura sumergido en el cuarto lugar de la general a más de cuatro minutos y medio de la camiseta rosa que viene ostentando con solidez y entereza el holandés Kruijswijk, la verdadera sorpresa que nos ha dado hasta hoy la ronda italiana. Viene representando los colores del equipo LottoNL-Kumbo, con 28 años a cuestas.

Muy pocos aficionados sabían de él, aunque le recordamos de cuando en el Giro del año 2011, se clasificó octavo en la tabla de la general, mientras que cuatro temporadas más tarde bordaría ser el séptimo. Ese par de datos denotan algo a favor de este ciclista que es profesional desde el 2006, nacido en la pequeña localidad de Nuenen, que cuenta con 24.000 habitantes, asentada en la provincia de Brabante.

Volviendo al tema hemos de decir que el transalpino Nibali en cuestión, partió como gran favorito en tierras de los Países Bajos hará casi ya tres semanas. Pero es indudable que a estas horas ha visto esfumadas sus esperanzas a raíz del ataque certero que llevaron a cabo en la parte postrera de la etapa los ciclistas Valverde, Zakarin y Kruijswijk, cuando restaban por cubrir una quincena de kilómetros para pisar la línea de llegada de Andalo.

Este trío llevó a cabo el protagonismo de la contienda que acabamos de vivir. Fueron los ejecutores sin contemplaciones de la sentencia. Es una razón de peso que debemos tener en cuenta a estas alturas. El colombiano Chaves también en el principio de la etapa pedaleó hacia la deriva. En las postrimerías, sin embargo, enderezó la situación en lo que buenamente pudo. Ha conservado su segunda plaza de la general, aunque con la desventaja de tiempo de tres minutos con respecto al primero es un dato ya muy sensible y que debe pesarle. Las montañas que nos restan le podrán devolver el aliento. No se sabe. Pero de seguro que estaría satisfecho si lograra coronar en Turín su segundo puesto. Veremos lo que podrá suceder en las etapas sucesivas. Las incógnitas no se disipan todavía del todo.

Vale nuestro elogio a favor de nuestro veterano corredor murciano Alejandro Valverde (36 años), que supo estar a la altura de las circunstancias resolviendo a su favor la partida, que le ha permitido colocarse en el tercer lugar de la general. Esta brillante victoria de etapa, además, complementa con la que logró hace pocos días el navarro de Leiza, Mikel Nieve.

Antes de finalizar este comentario, quisiéramos tender una alabanza hacia este ciclista veterano oriundo de la localidad vizcaína de Baracaldo llamado David López (35 años), que puntuó en el sexto lugar de la etapa a tan sólo 38 segundos del vencedor Valverde. Su actuación tiene para nosotros un valor que debemos aquí bien difundir.

Por Gerardo Fuster

Valverde corre cómodo en el alambre

«What a day». Ciento treinta y pocos kilómetros, jornada tras el reposo, un perfil equilibrado y un espectáculo sublime. No es necesario subir por donde los telesillas que cuando hay ciclistas buenos con ganas de gresca, las cosas fluyen, por sí solas.

Ocurre lo mismo cuando se da rienda suelta a los talentos, a los elegidos para torcer la historia y domar el destino. Pasa cada vez que Alejandro Valverde sube la apuesta a niveles que sólo él y unos pocos pueden permitirse. Desde los primeros estribos del Mendola se vio que éste no sería un día cualquiera. Etapa corta, pero peleona.

La semana que pasada se criticó mucho a Movistar, ayer, aquí mismo hablamos de ello en un post que sencillamente ha disparado las lecturas de este mal anillado cuaderno. Sabía que a poco que lo viera claro, Valverde agitaría la carrera porque corre con el regusto de que las cosas, aunque no lo admitan al 100%, no se hicieron bien, y con las espaldas bien cubiertas por un palmarés de excepción que le permite ciertas licencias.

Lo increíble es que todos entraron a su juego, casi al unísono encontrándonos la realidad de una etapa infrecuente en nuestro ciclismo moderno, que la fuga tenía a casi todos los capos de la general. Faltaba Esteban Chaves que habrá de analizar qué cojones hacía al inicio de la subida, cuando sus rivales se estaban dando sin piedad y él no apareció. El colombiano sale bien parado para lo que pudo ser, se movió durante cincuenta kilómetros en el alambre del medio minuto y al final perdió un poco más. En otras ocasiones estas cosas acaban muy mal, tanto que sales expulsado de la lucha por la general que tan bien trabajaste en la jornada de Corvara.

Valverde ganó la etapa y tiene el podio bastante despejado. Lo ha logrado el día que le han dicho “sal y gana”, sin compañeros jugando a no sé qué por delante, sin frenos, con Andrey Amador venido a menos, como ya dejaba entrever la semana pasada, y con el talento que le ha caído del cielo a su servicio.

La etapa ha sido cruel, y van tres ya, con Vincenzo Nibali, a quien no hay que escatimarle ningún elogio, porque sigue al pie del cañón, pero chico, las fuerzas no acompañan y la forma se queda corta, sus bolas no llegan al final de la pista y con tanto goteo de segundos la carrera se están convirtiendo en su gota malaya. Sale del podio y no tiene pinta de recuperar la iniciativa. El día deja dos héroes que corren a por todo, Ilnur Zakarin y Bob Jungels, dos villanos, Rafal Majka y Domenico Pozzovivo, y un «tonto a las tres» Joe Dombrowski quien negando las leyes de la física se quedó del primer grupo en un llano por no querer cerrar un hueco. Terrible.

En otro orden corre el líder holandés, quien enfrió los ataques saliendo en persona uno por uno. Eso es valentía y seguridad, no sé si es un farol, no lo parece, pero como cada día se le planteé así a Steven Kruijswijk se le va a hacer muy largo esto, más si estos nervios le permiten conciliar el sueño, quizá abrir la mano con quienes no le son peligrosos sea la solución.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

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