#CiclismoFicción: la tercera semana del #Giro

La cosa se pone seria, lo está desde hace algunos dias, pero el margen ahora no es estrecho, es que sencillamente no existe. El Giro de Italia 2016 encara la fase final, las ultimas seis etapas embotado en la parte norte de la península itálica para morir en Turín, la misma ciudad que hace cinco años le dio la salida para conmemorar los 150 años de la unificación italiana.

La general no ofrece muchas dudas, al menos no en lo numérico. Steven Kruijswijk está muy fuerte, ha hecho hasta el momento la carrera perfecta y cualquier apuesta que se haga sobre lo que puede pasar tiene su nombre como primera opción. Dicen que no tiene equipo y eso es apresurado decirlo. A ver el Lotto-Jumbo no se distingue por el conocimiento de muchos de sus nombres, pero igual que se sacaron un Primoz Roglic sin verlo venir, pueden tener sorpresitas guardadas, al margen que a su escuadra no se le ha exigido como para asegurar que no va a estar con él.

Sobre el papel Esteban Chaves es la opción más cercana al holandés de rosa. Dos inconvenientes le vemos al colombiano, nunca se ha visto en una así, y puede ser sencillo que se conforme con lo logrado, y su desventaja es importante. Con todo, no tirad las campanas al vuelo, hace un año Alberto Contador parecía intocable y acabó pidiendo en la hora en Sestriere. Por otro lado, al inicio del Giro aludimos al espíritu del Leicester, todo es posible si se cree en ello.

Sea como fuere quienes no tienen nada que perder son los otros dos que vienen por detrás. Tanto Valverde como Nibali tienen equipo, eso se dice hasta que la carretera demuestra que no siempre es así, pero no la forma de los dos de punta. Valverde ansía el podio, es loable, es curioso que con su palmarés quiera ese premio, y si corre para lograrlo posiblemente lo haga a la defensiva.

Queda Nibali. “Es obvio que sólo me vale la victoria” dijo al inicio. No está en la forma que desearía, no al nivel de sus rivales, pero tened por seguro que dejará la vida en el empeño. Cuando se quedó en el Giau el otro día otro habría desistido, él no, luchó hasta el final. Una travesía por el desierto dolomítico.

Por el camino tiene etapas como las de Andalo y Pinerolo donde exhibir músculo y tiene el mejor equipo. Tomar riesgos se dice, y lo ha hecho muchas veces ya. Fue curiosa la reacción de Chente, el conductor de los azules, respecto a los peligros que asume en los descensos, como si ello no fuera una carta que muchos han jugado para ganar. Nibali baja bien, y lo aprovecha, Nibali juega muy bien en las tácticas y lo practica. Es lo normal cuando se habla de deporte de alta competición.

Muy por detrás hay outsiders pero nada más. Rafal Majka e Ilnur Zakarin no nos parecen en condiciones de superar las desventajas acumuladas a no ser que enloquezcan con uno de esos ataques que tanto evocamos y tan poco vemos. Todo lo que fuera dar el salto a los mejores sería una sorpresa, porque no deberían fallar ni uno, ni dos, y sí cuatro.

Esto es la última semana, el rush final, lo que no se haga ahora, no habrá enmienda.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

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Suunto Ambit3 Vertical4

El buque insignia de Suunto se renueva y nos ha dejado este Ambit3, un reloj con clara orientación a los amantes de largas sesiones

Se cayeron las caretas en el Giro

A una semana escasa de aterrizar en esa maravilla barroca a orillas del Po que es Turín, el Giro de Italia goza de una definición en sus puestos clave que seguro no querrían los organizadores cuando la carrera partió de los Países Bajos hace dos semanas.

A seis días del final, podríamos decir que sólo una tropelía de Steven Kruijswijk y su equipo, ojo porque estos son capaces de lo peor, podrá apartar al neerlandés de su objetivo rosa. Más de dos minutos sobre Esteban Chaves y con los dos grandes nombres aún en liza, Valverde & Nibali, en la frontera de los tres, hablan a las claras de los parámetros de la carrera. Tenemos diferencias de final de competición a una semana para su epílogo.

Pero vayamos por partes en el destripe de esta segunda semana de Giro que ha resultado, como todo en esta carrera, apasionante. Kruijswijk lo tiene en su mano por todo. Desde la ultima semana de la pasada edición, en la que andaba tanto como los líderes, si no más, este angulado ciclista ya se postuló para la hazaña que va camino de culminar. Se le ve seguro, no titubea y nunca, nunca, nunca ha perdido la vanguardia de la carrera. Ha dejado que otros quemen sus naves, como se habrá reído en la intimidad con el papelón del Movistar, y ha actuado sólo cuando ha sido necesario: en el ataque del Giau y en la cronoescalada.

Dos movimientos, sin parafernalia ni estridencias, eficiencia orange, y liderato al canto. No sé si le hará falta mucho más, pero ofrece garantías y tiene margen. Tras él un ciclista diametralmente diferente, Esteban Chaves quien deberá valorar si lo conseguido hasta la fecha es bueno o si va a por el premio gordo. Como el holandés líder, se ha mantenido en un segundo plano hasta que ha tenido que pasar a la acción, su alegre pedaleo, su elegante silueta sin embargo no han pasado desapercibidos porque se ha mostrado un poco más que su gran rival, aunque no mucho más.

Quien no tiene nada que reprocharse es Vincenzo Nibali, el ciclista que rara vez esconde la mano cuando tira la piedra. Lo ha intentado, ha hecho lo humanamente posible, pero no había más. Tiene el mejor equipo, tiene un país detrás esperando verle arriba, pero no da buenas sensaciones, de hecho, nunca las dio ni antes ni durante el Giro. En sus ataques siempre varios le tomaban la aspiración y eso fue el síntoma de lo que pasó en el Giau. Su cronoescalada es para olvidar, pero su entrega en el tramo final de la etapa de Corvara dibuja un ciclista irrepetible, un ciclista, no olvidemos, que ha ganado las tres grandes.

Un escalón por debajo estuvo el dúo de Movistar, un equipo que no hay por donde cogerlo. A modo de resumen sólo Andrey Amador ha estado donde se le presumía, el resto, un desastre paliado por la cronoescalada de Alejandro Valverde, prueba de la clase de un ciclista con el que siempre tenemos la sensación que quema su categoría en los foros equivocados. Hablamos en un rato de los azules con más detalle, porque tienen parte de la clave de la carrera, esperar algo más allá es complicado salvo que la cuota del este, Majka o Zakarin, enloquezca o Uran busque reverdecer esos tiempos en que fue segundo en la carrera rosa.

Imagen tomada del FB de Giro de Italia

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Nacex te recoge la bici y te la lleva donde le digas

El peso del reloj

Expectación había cara a los resultados que nos iba a deparar la cronoescalada que finalizó en la localidad de Alpe di Siusi, término de la 15ª etapa, tras superar la exigente distancia de 10,8 kilómetros en continuada ascensión y bajo la modalidad individual contra las manecillas del reloj. Se debieron superar más de 750 metros de desnivel con una pendiente oscilante alrededor del 8,3%, circulando por una ruta sinuosa y rampas de difícil trazado.

El corredor ruso Alexander Foliforov (24 años) se adjudicó la victoria muy de sorpresa y por tan sólo unas centésimas de segundo con respecto al holandés Steven Kruijswijk, que logró ser segundo y que es precisamente el portador de la elástica rosa que distingue al líder de la prueba. A continuación puntuaron el murciano Alejandro Valverde (3º), que cedió tan sólo 13 segundos, un dato sobresaliente; el también ruso Sergey Firsanov (4º), a medio minuto; el veterano italiano Scarponi (5º), que lo hacía a 36 segundos; el colombiano Johan Esteban Chaves (6º), a 40 segundos, y el ruso Ilnur Zakarin (7º), a 47 segundos, por nombrar los lugares más preferentes de la clasificación.

Cabe anotar como dato complementario el promedio registrado por los ciclistas que hemos expuesto. La velocidad media osciló alrededor de los 22 kilómetros a la hora, una cifra a todas luces laudable en los casi 11 kilómetros de que constaba este sector. Es una cifra a retener muy llamativa en estos tiempos de la era moderna, con los progresos que alcanza el deporte en todos los sentidos.

El ciclista del país de los tulipanes nos ha ofrecido una contundente y digna actuación, perfectamente aposentado sobre su máquina y marcando un pedaleo brillante, regular y sin altibajos. Viendo su elegante silueta nos fue suficiente para constatar que su prestación iba hacia el éxito seguro y que contrastaba, por ejemplo, con la danza que nos iba ofreciendo el que parecía ser su oponente más directo, el italiano Vincenzo Nibali, que dicho sea de paso, sufrió una avería mecánica en el cambio de velocidades en la fase postrera del sector, que le supuso una pérdida de algunos segundos de tiempo frente al reloj, con la implicación del consiguiente cambio de bicicleta tal como se contempló. Este inconveniente que asoló inesperadamente al corredor siciliano, aunque fue un trastorno, no lo dudamos, no alteró en demasía la ventaja que Kruijswijk adquirió sobre él en este itinerario de indudable dureza que nos aclaró varias cosas, cosas que al principio en verdad no esperábamos.

Nibali, según los tiempos que se iban facilitando, ya estaba vencido; ya había perdido la partida sobre el holandés, sumergido en un día de gran vitalidad. Lo importante con todo ha sido el de que el holandés aventaje en dos minutos con 12 segundos a su más inmediato adversario en la clasificación general: el colombiano Johan Esteban Chaves (2º), otro atleta del pedal que nos viene sorprendiendo a medida que el Giro va entrando en los capítulos de más trascendencia; es decir, en esta última y postrera semana que es a fin de cuentas la que más vale o cotiza cara a los miles y miles de aficionados que vienen identificándose con los sucesivos ecos que nos ofrece la ronda italiana.

En tercera posición en la tabla, ahora, tenemos a Vincenzo Nibali, que acumula una desventaja de casi tres minutos. Pisándole ya los talones, se encuentra su otro inmediato adversario: el español Alejandro Valverde (4º), que afianza en positivo sus posibilidades ante la perspectiva futura que nos resta por cubrir. El murciano cuenta con un retraso con respecto al líder que se eleva a tres minutos con 29 segundos. A continuación figuran el polaco Rafal Majka (5º), el ruso Ilnur Zakarin (6º) y el costarricense Andrey Amador (7º).

Los próximos días iremos viendo o analizando las alternativas que se vayan presentando, especialmente en lo tocante a las etapas de alta montaña. Ponemos sobre el tapete la 16ª etapa, que finaliza en Andalo; la 19ª etapa, que concluye en Risoul, y sobre todo la 20ª etapa, cuyo término tendrá lugar en Santa Ana de Vinadio, en el penúltimo día, sábado. La última jornada, en domingo, será un día totalmente festivo cara a las gentes, una etapa de puro trámite ciclista, entre las ciudades de Cuneo y Turín. Allí se habrá terminado el carbón…

Por Gerardo Fuster

Balance de daños en Corvara

Tras la etapa que hemos presenciado, la decimocuarta del Giro de Italia, con llegada a la población alpina de Corvara, bajo la presencia de miles y miles de entusiastas aficionados, se puede afirmar con rotundidad que la ronda italiana ha alcanzado cotas de alta emoción a raíz de lo que dio de sí la citada etapa, una etapa sumamente severa por la inclusión de nada menos seis puertos de alta montaña colocados uno tras otro, que se alzaban en las montañas de la llamativa región dolomítica, que han constituido siempre una cotizada tradición histórica.

La prueba, ahora, deberá afrontar en el curso de esta última semana una disyuntiva a todas luces trascendente antes de su epílogo final que tendrá lugar, una novedad, en la ciudad de Turín. La capital lombarda, Milán, por esta vez, ha cedido su puesto en señal de buena hermandad y de estrecha colaboración. Es admirable el poder comprobar, día tras día, la efervescencia que el Giro ha ido cobrando a medida que los participantes se han ido adentrando en su propia esencia. Esta vez, somos sinceros en decirlo, esta competición internacional, se ha ido acomodando al sentido real a la que nos tiene ya acostumbrados, léase ediciones anteriores. Poco a poco, se han ido dilucidando las cartas de los que son más favoritos tras una serie de etapas que han tenido una influencia puramente selectiva.

A estas alturas quisiéramos creer o apurar que colocamos sobre el tapete a cuatro ciclistas que cuentan con más opciones para aspirar al triunfo absoluto. No son otros que el actual líder, el holandés Steven Kruijswijk ¡vaya sorpresa!, el colombiano Johan Esteban Chaves, loable ganador de la citada 14ª etapa, el italiano Vincenzo Nibali, siempre batallador, e incluso en un marco algo más retraído, nuestro representante español Alejandro Valverde, que atento a los acontecimientos que se van sucediendo en el Giro, casi siempre se le localiza en primera línea, incluso sabiéndose que no es precisamente un escalador nato un tanto específico, esta arma que en el Giro los que concurren bien necesitan. Descartamos a algunos otros que siguen en liza, pero que arrastran ya más de tres minutos de desventaja en la tabla de la general, un lastre que a la hora de echar cuentas nos pesa a la contra.

Centrándonos en las vicisitudes de la etapa decimocuarta, debemos hacer hincapié en torno al Paso de Giau, con sus 2.236 metros de altura y asimismo con una decena de kilómetros de ascensión, con un porcentaje medio de pendiente del 9,3 %, fue el juez de paz que dirimió el resultado de la etapa, una etapa que dejó al gran grupo notablemente disgregado por su acusada dureza y que marcó el sentido por dónde iba a desembocar tan electrizante jornada. Quedaban por delante todavía una cincuentena de kilómetros de difícil digestión por la configuración intrincada del terreno que los corredores se desenvolvían. El pelotón fue disgregándose paulatinamente. No hubo concesiones por parte de los denominados jueces de paz que presidían la contienda con severidad. Esforzada fue la actuación del costarricense Andrey Amador que perdió terreno y que incluso acto seguido lo recuperó, gracias al realizar un magnífico descenso, apurando las peligrosas curvas que adornan el célebre Giau, un collado que por las circunstancias que me ha dado el ciclismo, bien conocemos y admiramos.

Pero a lo dicho, se afrontó a continuación el Paso de Valparola, cuya cima se situaba a una veintena de kilómetros de la línea de llegada, emplazada en la población de Corvara. Resultó que Darwin Atapuma, otro ciclista sudamericano que se hace notar, tomó el mando de la carrera y apuró al máximo pedaleando en solitario tal como hacen los valientes. Tras él, como fieras enjauladas y con el deseo de evadir, se formó un cuarteto integrado por el colombiano Chaves, el holandés Kruijswijk, el austríaco Preidler y el bielorruso Siutsou, que desfallecería en las cercanías de la misma Corvara. El contraste o el último fogonazo que se contempló fue ver como Atapuma, que ya acariciaba la victoria, fue alcanzado y rebasado a muy poco antes de cruzar la meta, transparentada con una enorme y agria desesperación. El ciclismo, no pocas veces, es traicionero, aunque nos cueste creerlo o asimilarlo. Pensamos que no tendría de ser así. No siempre los que más se lo merecen palpan las grandezas que lleva consigo cualquier victoria.

En la tabla absoluta, ha conquistado el liderato Steven Kruijswijk (28 años), que arrinconó a Andrey Amador, el animoso costarricense, que ostentó por un día la camiseta rosa. El corredor holandés, nacido en la localidad Nuenen, en la provincia de Brabante, es una vocación tardía. Es profesional desde el 2006 y pertenece actualmente al equipo Lotto-Jumbo, sin alcanzar un historial de los que llaman de campanillas. Sus actuaciones, en verdad, han pasado más bien desapercibidas por el gran público. Mide un metro con 78 de altura y pesa apenas 64 kilos. Ahora, según parece, despiertan sus esperanzas. Vale la pena recordar que precisamente en el Giro de Italia, consiguió ser el octavo, en el 2011, y el séptimo, en el 2015, lo cual nos da a entender que se encuentra cómodo en las tierras transalpinas.

Le siguen en la clasificación el italiano Vincenzo Nibali (2º), a 41 segundos; el colombiano Johan Esteban Chaves (3º), el español Alejandro Valverde (4º), el costrarricense Andrey Amador (5º), el polaco Rafal Majka (6º), el ruso Ilnur Zakarin (7º) y el otro colombiano Rigoberto Urán (8º). Mientras que desaparece de la primera línea el luxemburgués Bob Jungels, un ciclista que nos ha llamado poderosamente a la atención y que finalmente no ha podido con el peso de los kilómetros y de las montañas dolomíticas.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de FB del Giro de Italia

El ciclismo entre Kruijswijk y Chaves

El camino no era sencillo. El camino era una suerte de zigzagueo por la montaña, entre anfiteatros de roca, desnudos, abres y salvajes. Una sucesión de subidas, casi encadenadas, por efímeras bajadas e inexistentes llanos donde respirar. Una línea de dolor, aderezada por cielo azul y resquicios de nieve que sobreviven los meses.

Vincenzo Nibali tuvo suficiente para destapar las carencias de Alejandro Valverde, que circulaba fijo y seguro mientras su compañero Andrei Amador se mantenía en un hilo. Tuvo suficiente para enviar atrás a los Movistar, pero no para destapar al tapado, Steven Kruijswijk, y Esteban Chaves, un ciclista sobre el que muchos alertaban: “Está que impresiona”.

Rara pareja. Kruijswijk, holandés, perfil triatleta, cuadrado, de marcados ángulos, fuerte y poco agil, sobre el papel. Palmarés casi inexistente, salvo algún hito en el Giro. Corredor serio y sobrio que aspira a homenajear a Ryder Hesjedal: ¿Cómo aspirar a una grande sin apenas una victoria en el casillero?.

Enfrente Esteban Chaves, ciclista que es música, pequeño estandarte del ciclismo de Bogotá, una sonrisa que enamora, un estilo que prenda. Corredor que parece frágil, tan pequeño, tan tostado, pero que ejerce tiranía cuando se le cruza el cable. No mostró compasión por un Nibali crecido por el reventón de Valverde.

Nibali sacó la artillería, puso los mimbres, atacó con todo, pero qué queréis que os diga. Desde que ejerciera tiranía en el Tour, Nibali no rompe, si salvamos su victoria de Lombardía. Es curioso como un ciclista concreto puede tocar el cielo, que todo le salga bien y llegados a un extremo, se acabó lo que se daba.

No obstante Nibali es un ciclista que enloquece a quien tenga un minimo de buen gusto. Un ciclista que no deja aliento en la carretera, descolgado a un mundo de meta, nunca dejó de creer, nunca dejó de luchar y se mantiene de pie, con la diligencia las de las paredes de roca que vieron, mudas, su gesta. No hablaremos mucho de Movistar, pero sólo un apunte, tienen lo que se merecen, coparon la general y ahora qué les queda… ya entraremos en detalle un poco más adelante.

Por lo demás no le deis vueltas, la etapa ha sido sensacional, con los puertos necesarios, no le hizo falta nada más. Tuvo el nivel de dureza que exige la fama de esta carrera, sus fases bien marcadas, desgaste y dureza invisibles al principio y el estallido final. La jornada nos ha emocionado, como cada vez que el ciclismo se viste de la grandeza que atesora. Queda una semana, y la cronoescalada, que Dios nos pille confesados…

Imagen tomada de Orica

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La lotería holandesa sigue esperando el gordo

En el índice “Copenhagenize”, una especie de termómetro de salud de la bicicleta en las ciudades, Utrech es la tercera en el ranking. La urbe holandesa, de tradición enorme, uno de los focos cristianos de un país muy crítico con muchas cosas de la religión, será en menos de cuatro semanas la salida del Tour de Francia. Si el año pasado en UK, el arranque fue sonado, no quiero saber qué pasará en Utrech cuando todas las fuerzas vivas de esta ciudad, cuya estación de tren está en medio de un centro comercial, converjan en el evento que llevan mucho tiempo preparando.

Toda salida del Tour es una gran fiesta y ésta, en los Países Bajos, no creo que sea diferente a otras. Para la ocasión el equipo de la tierra, el Lotto NL-Jumbo, ha ideado un maillot donde se merma la presencia del amarillo por respeto al líder, cosa curiosa porque si hubo una época en que esta norma se mantuvo en los años de la ONCE, que llegó a ir de rosa, no siempre ha sido así, el Tinkoff-Saxo el año pasado vistió colores que se asemejaban algo al del líder.

Sea como fuere en el equipo que recibió pesada herencia de Rabobank y Belkin esperan que la salida de su tierra les confiera buena suerte porque su año es realmente triste con una sola victoria, la de Moreno Hofland en Yorkshire, curiosamente el punto de partida del Tour del año pasado.

En el Lotto NL-Jumbo se cuentan las bazas de 2015 por fracasos, al menos hasta la fecha, valorando el papel de sus líderes de las clásicas con el indescifrable Sep Vanmarcke. En el Giro Steven Kruijswijk rodó bonito, fue importante pero se quedó a puertas de todo y acabó séptimo, muy poco para todo lo que ofreció.

Para el Lotto NL-Jumbo el Tour pasa por ser el escenario de redención, de encontrar la paz que pocas veces ha acompañado a este equipo vendido de ejemplar pero con una trayectoria terrible de escándalos, el último de ellos aplicado con sordina, el de Juanma Garate, donde los holandeses, tan espléndidos ellos, ratearon la pasta como nunca se le supondría a un World Tour de un país ejemplar. Al menos Garate tomara la palabra en el pregón de las fiestas de su pueblo, a pelo y sin cortapisas.

Foto tomada del FB de Lotto NL-Jumbo 

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La fiebre española

La decimosexta etapa con llegada a la cima del Alto de Aprica, poseía una contundente y decisiva dificultad que se salvaba con anterioridad: el célebre Puerto del Mortirolo, que se alzaba a una altura de 1.854 metros, con un acusado porcentaje medio de pendiente del 11% y en una longitud de algo más de 11 kilómetros, cifras que siempre han temido los ciclistas y que rememoraba en esta edición el recuerdo del malogrado ciclista de otros tiempos, Marco Pantani.

Los Alpes como siempre se hicieron valer

Allí, pues, se libró una gran batalla por parte de los corredores que a estas alturas poseen más posibilidades para copar los lugares de honor de la citada ronda internacional por etapas. Quedan a fin de cuentas pocos días para su celebrada y festiva conclusión. Se deben salvar todavía cinco etapas, a pesar de que la tabla de la clasificación general aparece a fin de cuentas bastante más definida o concisa. No en vano, una vez más, la caravana multicolor del Giro ha deambulado por las regiones alpinas, que nos han mostrado su tradicional y peculiar dureza. Es un escenario que siempre nos ha brindado una bella perspectiva en torno a los sufridos hombres del pedal, sus grandezas, sus contrastes y sus decepciones, ingredientes que nunca han faltado la silueta de las graníticas e impertérritas y severas montañas alpinas, con sus cúpulas blanquecinas con sus nieves casi perpetuas.

El célebre Mortirolo sin más fue el dueño de la situación

Como resumen diremos que hubo dos españoles que bordaron con éxito la jornada, una jornada palpitante con gloria para los dos mosqueteros y protagonistas españoles. Veamos. Por un lado, el dato más importante que se desprende en esta contienda librada sin cuartel por el adusto y temido Mortirolo, es que nuestro máximo y cotizado representante Alberto Contador, ha reforzado todavía más notablemente su posición de líder al conseguir alejar a su rival más directo, el italiano Fabio Aru, el hombre oriundo de la isla de Cerdeña, que ha quedado a la fin a nada menos cuatro minutos 52 segundos, un cómputo que a estas alturas es ya irrecuperable.

La segunda buena noticia ha sido la actuación sorprendente realizada por el ciclista Mikel Landa, que acaba de adjudicarse sin sombra su segunda etapa consecutiva vivida con frenesí en el corazón de los Alpes, en aquellos parajes alpinos que tanto asedian a los ciclistas. Este hombre del pedal, natural de Murguía, aparte de ganar la etapa, que debemos ensalzar en su justa y elogiosa medida, ha tenido en consecuencia la virtud de pasar a ocupar la segunda plaza de la clasificación general, con cuatro minutos de desventaja con respecto a  Contador, el futuro vencedor inalcanzable, según nuestro modesto entender y que anunciamos ya hace algunos días, viendo lo que nos deparaba el Giro en su quehacer cotidiano. No ha habido vuelta de hoja. Las cosas, por ahora, quedan así. Básicamente, lo más trascendente, lo más importante del Giro de Italia, pensamos, que plasmado está para la historia.

¿Y cuándo se desataron las hostilidades?  

Aunque la etapa constaba de 177 kilómetros con subidas más o menos difíciles insertadas en su itinerario, la batalla se desencadenó tal como hemos dicho en la misma ascensión al Mortirolo, cuando restaban para cruzar la línea de meta apenas una cincuentena de kilómetros. Todo vino, la explosión de piernas ¡perdonen la expresión! a raíz  de  una avería mecánica sufrida inesperadamente por Alberto Contador, un hecho que sirvió para encender las alarmas en el seno de un gran grupo, que pedaleaba hasta entonces a elevado promedio, pero dando la sensación de una anodina calma. Se terminó la paz y cada cual, los ciclistas, pusieron las espadas en alto para arreciar los acontecimientos por doquier sin piedad.

Contador supo superar con prontitud la adversidad de su accidente mecánico que nadie esperaba, y, cuesta arriba, en el Mortirolo, paulatinamente fue neutralizando la discordia de varios atletas del pedal que habían encontrado fortuitamente la ocasión para atacar sin tregua ni cartón. Finalmente, quedó en cabeza un trío de campanillas integrado por el holandés Steven Kruijswijk, y los españoles Alberto Contador y Mikel Landa, bajo la silueta del último puerto que quedaba, el Aprica, catalogado de tercera categoría, un collado que en ese día se cubrió un par de veces.

El contrincante más temido para Contador, eliminados del cartel el australiano Richie Porte y algunos más, era sin duda el italiano Fabio Aru, que por más buena voluntad y tenacidad que puso en el esfuerzo, fue perdiendo tiempo en el curso de la etapa en cuestión hasta llegar a un tope de algo más de dos minutos con respecto al líder, un tiempo suficiente para perder todas las esperanzas de ganar el Giro, empujado a su vez por el entusiasmo desbordado de los miles y miles de compatriotas diseminados al borde de las carreteras.

Mikel Landa, compañero fiel del equipo Astaná, comandado precisamente por Aru, en declive, rubricó su brillante actuación al culminar y llegar destacado a la meta, con 38 segundos de renta sobre Kruijswijk (2º) y Contador (3º). El ruso Yuri Trofimov, el costarricense Andrey Amador, el canadiense Ryder Hesjedal y el italiano Fabio Aru, en este orden, redondearon el festejo de esta jornada a todas luces alucinante.

Por  Gerardo  Fuster

Imagen tomada de FB Giro de Italia

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