Coronavirus: El ciclismo empieza a estar superado

Strade Bianche JoanSeguidor

El socavón que el coronavirus dejará en el ciclismo será importante

Decir que el ciclismo ahora mismo está superado, como la sociedad en general, por el coronavirus es retratar la realidad.

No podría ser de otra manera, lo que ayer mismo barruntábamos sobre la Milán-San Remo, y aunque parezca sensacionalista, toma forma en toda su extensión.

La incidencia del coronavirus en el ciclismo es una mancha de aceite que amenaza con crecer. 

¿Dónde llegará?

¿Cuánto afectará?

Son cuestiones que, dentro de la frivolidad de todo aficionado que quiere disfrutar de su deporte, nos asaltan.

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La realidad es tozuda, no es sensacionalismo, por muchas veces este mal anillado cuaderno es subjetivo, pero esto que estamos ahora contando lo estamos viendo está pasando.

El confinamiento de ciclistas en los hoteles de Abu Dhabi, las imágenes e historias de Cofidis han sido virales, es la imagen misma de una realidad frustrante e inquietante, adjetivo que, os juro, odiamos.

El relato de Nathan Haas, ciclista muy vinculado a la salud mental del colectivo, sería desternillante si lo que estuviéramos viendo no fuera una amenaza a que todo se caiga por el abismo.

Freno de disco Alaphilippe JoanSeguidor

La suspensión de las dos últimas etapas del UAE Tour fuero el prólogo de un reguero de noticias que todas alienadas marcan unas semanas muy complicadas.

Ánimo para los Herrada y sus compañeros, les quedan nada menos que diez días, hasta el 14 de este mes en ese recinto hecho sobre la nada para menesteres muy diferentes a los que les toca padecer.

UAE Tour es una carrera de RCS, el organizador del Giro y de todas las «majors» italianas. 

Y entre ellas están las tres que han de venir: Strade, Tirreno y San Remo, así, rápido, el cogollo de la primavera transalpina, que hacemos bien en decir que es la primavera más genuina que existe.

Pero el reguero de situaciones deja bien a las claras que el ciclismo es un deporte superado por el coronavirus.

Así es la versión 70 km de esta Ciclobrava

A la espera que el Gobierno Italiano dé el golpe de gracia a las tres carreras, pero si están cerrando escuelas y universidades, qué no harán con el ciclismo, asistimos al goteo de renuncias por parte de los equipos.

El primero fue el Education First, le siguió el Jumbo Visma y prosigue el Mitchelton, quien, si no nos equivocamos también pone a parte la París-Niza.

El golpe es tremendo, pero si la cosa viene de arriba, creo que RCS podrá salir airoso de los compromisos que se rompen con estas suspensiones.

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Emerge por eso un cierto tufo de descontrol en todo esto.

Es como si el Atalanta, Madrid y City se negaran a jugar la Champions. 

Si en otros ámbitos las decisiones siguen una dirección lógica y normal, aquí todo se hace a título individual, rompiendo la baraja por uno de los lados.

Es normal y lícito que haya equipos que muestren sus temores, pero ¿no sería normal una acción conjunta?

Mientras la UCI se borra para suspender cualquier carrera.

Esto no es sensacionalismo, ni alarmismo, es la realidad pura y dura, lo que veníamos días barruntando, lo tenemos aquí.

Y el ciclismo es el hermano pequeño en toda esta historia…

Strade Bianche: El primer no monumento de Julian Alaphilippe

Strade Bianche 2019 JoanSeguidor

Julien Alaphilippe es uno de los corredores franquicia del pelotón

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Julian Alaphilippe ya tiene la Strade Bianche, como empieza a tener otras muchas cosas.

Este francés fino, de perilla afilada y mirada ambiciosa sigue completando el puzle de su grandeza con piezas de todos los tamaños y éxitos que empiezan a completar una de las trayectorias más envidiables del pelotón.

Cada año sale gente de casa de Lefevere, del Quick Step, pero Julian Alaphilippe no, éste se queda, no se mueve.

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Y así las cosas, el francés que nunca falla vuelve a sacar punta al lápiz, y pone la Stade Bianche en su palmarés.

Una carrera a caballo de todo que levanta pasiones e indiferencia a partes iguales.

Porque la Toscana con buen tiempo luce bonita, pero la carrera no atrae tanto, al menos sobre el papel.

Atrae menos y presenta alternativas más contenidas.

La edición de 2019 tuvo fogueo, premios de pedrera hasta que Jakob Fuglsang, uno de nuestros cinco, decidió romper la equidad.

Un ataque en el seleccionado grupo de favoritos, a menos de treinta para meta, hizo la criba.

Julian Alaphilippe se fue con el danés, y con ellos Wout Van Aert, el corredor abonado al podio que encuentra aquí su terreno favorito, con esa tierra, es carretera estrecha que lo asimila a su querido ciclocross.

Pero Van Aert estaba con galgos de enjundia, y cedió, dos veces, antes de llegar a Siena, y ya en la cuesta que conduce al Campo.

Alaphilippe gana, Deceuninck sigue con el pleno adelante y Fuglsang demostrando que es un corredor que si los astros se conjuran, es capaz de cualquier cosa… salvo que coincida con Alaphilippe.

Un apunte para la Strade Bianche y lo que ha de venir en la primavera, si en Le Samyn, Terpstra comprobó lo complicado que es correr con varios azules a tu alrededor, Greg Van Avermaet corroboró que su CCCC está lejos de acompañarle en la gran primavera, en esas carreras donde un detalle a veces decide y tener un buen equipo es indispensable.

Mucho nos tememos que lo ocurrido en Het Niuewsblad y Strade va a ser la canción de la estación verde a no ser que lo evite Peter Sagan.

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Y mientras, en peno frenesí de la hora y media frente al televisor viendo polvo, tierra y sufrimientos, nos volvemos a preguntar si la Strade Bianche es el sexto monumento.

Y nuestro corazón se divide, porque no sabe qué decir, qué asegurar ante una pegunta que separa las opiniones como los mares la vara de Moisés.

Leemos de todo, y todos opinamos.

Pero hablar de monumento es mucho hablar, así lo pensamos.

Como nos han escrito en un intenso debate que hemos podido suscitar en Facebook un monumento debe tener…

  • un mínimo de ochenta años
  • debió nacer antes de la Gran Guerra, eso no es la segunda, y sí la Primera Guerra Mundial
  • debe tener más de 250 kilómetros, porque aunque muchos vean paja en los 200 primeros kilómetros, el cansancio que estos aseguran precipita el desenlace
  • debe tener un sobrenombre como el «Infierno del norte», «las hojas muertas» o «la primavera»

La París-Tours, que puso gravel a su ruta, podría ser un monumento, por ejemplo, y sin necesidad de la tierra, pues tiene una eternidad de años, es larguísima y acaba en un emblema como la avenida de Grammont, ese paraje entre lo bucólico y alienado que pone el final en la ciudad del Loira.

Pero no sólo eso…

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Cambrils Square Agosto

Un monumento acuña lugares, santuarios, nombres que hacen y son ciclismo.

Poggio, Kapelmuur, Redoute, Arenberg o Sormano son sitios, sí, pero también franquicias mundiales del ciclismo.

Así ha sido nuestro primer contacto con la nueva E-bike de Berria 

¿Veremos un día una bicicleta apodada «Il Campo» por la plaza sienesa que acoge el final de la Strade Bianche?

Cuando la carrera de las carreteras blancas de la Toscana cumpla lo anteriormente dicho, podríamos empezar a hablar de monumento.

Aunque cuando esto ocurra quizá ya no estemos ni en este mundo…

Imagen tomada del FB de Strade Bianche

Strade Bianche: cinco historias que queremos leer

Strade Bianche Tiesj Benoot JoanSeguidor

Cinco apuestas rápidas para el sterrato: Wellens, Moscon, Andersen, Fuglsang y Schachmann

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Sea el sexto monumento o no, la Strade Bianche es una carrera que no pasa desapercibida.

Tierra, mal tiempo, pendientes, Siena, ese casco viejo qué,… todos los alicientes de la Strade Bianche conjugan en el plato perfecto que muchos nos ponemos un sábado de marzo.

En ese recorrido lleno de trampas, y socavones, giros vengativos y caminos secundados por cipreses tiene a bien cumplir la expectativas no siguiendo cualquier pronóstico previo.

Nosotros, norma de la casa, no sé si tenemos al ganador de la Strade Bianche 2019 entre nuestros cinco, pero tened por seguro que son cinco de cuya suerte querremos saber cuando lleguen a Siena.

Uno de ellos hasta quizá suceda a Tiesj Benoot.

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Tim Wellens es uno de esos corredores que sólo puedes querer

Irreverente, con un motor de cilindrada, con recorrido es el segundo espada del Lotto que sale a defender el dorsal uno de Benoot, pero como demostró en la Het Nieuwsblad, los que le vaticinábamos un éxito en las Ardenas, quizá nos equivocamos.

Se le vio bien y delante en los adoquines, y por ende debería estar delante en la tierra.

Es la baza escondida.

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Jakob Fuglsang viene de ganar Andalucía.

Está en forma en Astana en febrero-marzo no es noticia, pero sí síntoma de correr mucho para emerger en la cuadra celeste.

Fuglsang tiene la forma pero también mimbres en la tierra y además cierta proyección en esos días que se siente torero.

Le veo en el top ten.

Maximilian Schachmann tiene que desperezarse.

Su estado de forma no es de dominio público, pero sí su calidad.

Sin Peter Sagan, cada vez más ausente en la primera que acostumbraba a copar no hace tanto, Schachmann es uno de los ciclistas más polivalentes del pelotón.

No le vemos ganando, quizá ni siquiera en vanguardia, pero como el anterior danés, si tiene el día tonto…

Y será interesante verle para las carreras que han de venir.

Gianni Moscon es la baza del Team Sky.

El ciclista que no esquiva el conflicto, ni la rivalidad.

En la Strade Bianche tiene un recorrido perfecto para meter metros si está en forma.

Y tiene su mano defender el pabellón local, porque aunque la Strade sea una carrea 110% italiana, no son muchos los italianos que se la han llevado a casa.

De hecho la lista empieza y acaba en Moreno Moser.

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Cambrils Square Agosto

Soren Kragh Andersen es un ciclista en el que pensamos para la Strade Bianche desde hace días.

Su última etapa en Algarve, exigiendo lo mejor de Tadeg Pogacar, es el testimonio de un estado de forma importante.

Él ganó la Paris-Tours que se metió también por tierra, por entre viñedos del centro del hexágono.

Andersen tiene argumentos para ser una de las ruedas más temidas en la salida y llegada de Siena, si vemos a Fuglsang en el top ten no os extrañe que el otro danés acabe próximo al podio.

Es por lo demás un ciclista que nos encanta… para qué negarlo.

El enamoramiento de Wout Van Aert

Arrate JoanSeguidor

La irrupción de Wout Van Aert es la noticia de lo que llevamos de campaña

Dos clásicas han sido suficientes para comprobar que Wout Van Aert no ha errado en su decisión de apostar a la carretera.

Causaba expectación Van Aert, pero seamos sinceros, nadie de nosotros imaginamos esta explosión.

No son dos clásicas cualquiera. No son las más importantes. Pero son significativas.

Wout Van Aert planificó el invierno con dos prioridades, el mundial de ciclocross y la entré en las clásicas.

Mundial CX y clásicas, el exitoso guión de Wout Van Aert

Para ello dejó hacer a Mathieu Van der Poel entre campas y barro, le dio rienda, al revés de lo que había sucedido años antes , cuando Van Aert dominaba en grueso de la temporada.

Mientras Wout Van Aert iba haciendo con su plan y entiendo que en un ambiente anda sencillo, porque que el arcoíris cayera un fin de semana sí, y al otro también, cuando esto del ciclocross es tema de estado por aquellas tierras, no sería sencillo de gestionar.

Presión inimaginable sobre un corredor joven que corre, no olvidemos, a tocar de mano por los aficionados que iban a verle en Copas del Mundo y otros rankings.

La explosión en la carretera

Lo que para Wout Van Aert es una buena noticia, lo que es una buena noticia para la carretera, lo que es una buena noticia para el World Tour, es una mala nueva para el ciclocross.

Camino de Siena, allá en lo alto, en Il Campo, también hubo un ciclocrossman, campeón del mundo, que se hizo un hueco en la historia de esta joven clásica.

Por la Toscana Zdebek Stybar también encontró argumentos para darle la razón en su apuesta por la carretera en detrimento del ciclococrss.

Con Wout Van Aert tenemos una situación similar al checo, e incluso sonroja más verle, tan joven, tan tierno, tan delante, con los capos a su alrededor, enfilándolos en el gravel y dejándolos lejos de meta.

Hay enamoramiento por la clase que exhibe y también por su ambición, no contento con aprender, juega a ganar a las primeras de cambio.

Aunque no nos hagamos trampas al solitario, años atrás ya estuvo delante en muchas carreras e incluso estrenó el casillero. Y hablamos de clásicas en la puerta de los 200 kilómetros.

Esa progresión sigue su curso.

Pero lo que enamora de Van Aert es esa sensación de vacío que transmite cuando cruza la línea de meta.

El deber cumplido, la faena hecha. Cuando se cae en la ultima rampa antes de girar a meta, porque los calambres le están matando y cuando se desploma cruzado el umbral, fruto de un esfuerzo que supera con creces nuestras capacidades.

https://twitter.com/PornCycling/status/970075343955652608

Éste es Wout Van Aert, el flechazo se ha producido, hoy cientos de miles de aficionados saben de él, de su ciclocross, de sus títulos mundiales y del tremendo recorrido que se le adivina.

Imagen tomada de FB de Strade Bianche

 

La Strade Bianche abre el nuevo camino de Tiesj Benoot

Strade Bianche JoanSeguidor

Con Tiesj Benoot, la Strade Bianche volvió  a ser belga

Tiesj Benoot, 23 años, Gante, más flamenco imposible.

Tiesj Benoot llegó de “il Belgio” e hizo al revés que Bartoli, Bortolami o Bugno, ciclistas que los que peinamos canas, o quisiéramos, vimos crecer hace menos de cuarto de siglo por las rutas de Flandes, de Lieja.

Ellos hacían “il Belgio”.

Hoy “la Italia” ha sido belga, flamenca. Tiesj Benoot ha dado la medida de quienes pensamos que podía dar más, que tenía más.

El triunfo que puede cambiar el paso de Benoot

Destacado desde siempre, fue un ciclista afirmado entre los mejores muy joven, y quizá ahí estuvo su hándicap.

Causó impresión más de una vez, por esa forma de rodar tan violenta a la par que efectiva.

Escuela del Lotto, ahora asesorado por Tom Boonen, ha visto oportunidad donde otros detectaron riesgo.

Tiesj Benoot ha tomado el relevo de Philippe Gilbert aunque nos recordara aquel fornido rodador que fue Van Hooydonck, alto, poderoso, fino e irreconocible bajo el barro.

Benoot jugó a ganador, de lejos y de lejos vimos que iba a ganar y eso que tuvo que, para ello, arruinar el carrerón de dos ciclistas cuyo mérito en estas lides es incuestionable.

A saber, Romain Bardet, el ciclista del Tour que en marzo se arremanga y se llena de porquería para disputar una clásica de esas de nuevo cuño que da prestigio y fondo a una trayectoria muy centrada en el Tour.

Seguir por Wout Van Aert, cuya progresión sencillamente nos deja al margen de cualquier lógica. Es tremendo, arriesga, se muestra entre Kiato, Sagan y Valvderde y no contento con ello, les ataca, y les deja, mientras se miran.

Van Aert tiene las horas contadas fuera del World Tour.

Que domine el gravel se da por amortizado, que lo haga en 200 kilómetros es otro tema, otra esfera, como cuando en la Het Nieuwsblad se situó ahí delante.

Strade Bianche Wout Van Aert JoanSeguidor

Notas de la Strade Bianche

  • Alejandro Valvderde y su medida en la carrera, no es la primera vez que se le va el caballo. A un paso del podio es un ciclista que da la medida admirablemente en cada terreno. Jugó su carta, pero no le dejaron.

 

  • Sagan no corre solo, aunque se le fuera la carrera de lejos, fue notorio ver que Sagan no está solo, al contrario, le rodea un Bora cada vez más sólido. En las “majors” se espera a Gregor Mühlberger, Marcus Burghardt y Daniel Oss, entre otros.

 

Imagen tomada de FB de Strade Bianche

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Trek gravel Checkpoing JoanSeguidor

Sobre terrenos de gravel la Checkpoint by Trek

La Checkpoint está diseñada con componentes de calidad para aguantar distancias largas sobre terrenos abruptos de asfalto y tierra, e incluso por las carreteras de gravel más traicioneras.
¿En qué se diferencia esta bicicleta de las de la competencia? Viene equipada con multitud de especificaciones preparadas para la aventura sobre terrenos gravel, como las punteras Stranglehold ajustables, su amplia claridad del paso de rueda, y soportes adicionales que añaden versatilidad y permiten personalizarla fácilmente.

La Strade Bianche y el amor por lo antiguo

En muy poco tiempo la Strade Bianche se ha hecho un gran hueco

Michal Kwiatkowski, el ciclista vertical, puso esta mañana esta foto de las rutas de la Strade Bianche por donde la nieve se resiste a dejar el paisaje porque el termómetro se empeña en seguir marcando mínimos.

Strade Bianche Kwiatkowsi JoanSeguidor

El sábado tenemos una de esas carreras que para muchos deberían estar en el listado de los monumentos, a pesar de su juventud.

Porque los paisajes toscanos cincelados por el hombre renacentista de la Strade Bianche, aunque antiguos y casi medievales, son recientes como tales en el ciclismo.

La Strade Bianche, la proa del nuevo ciclismo

En el mundo de 2.0, de redes, Instagram, imágenes pululando por doquier, la Strade Bianche es la embriaguez del ciclismo que entra por los ojos al sonido de leyendas cercanas y épicas modernas.

Lo curioso es que esta carrera tuvo un día clave el día que la organización del Giro metió una jornada por sus rutas en la corsa rosa.

Sí, fue ese día en que muchos periodistas pusieron el grito en el cielo a la vista de ciclistas de maillots irreconocibles por el barro y la porquería de unos caminos que rezumaban agua.

Aquello no fue la Strade Bianche, era una etapa normal del Giro, pero aupó la carrera al (re) conocimiento general.

Y al siguiente mes de marzo la gente ya tomó nota de la carrera, y se encumbró al Philippe Gilbert año 2011, el ciclista que como el Cid o el Católico ganaba carreras con el solo susurro de su nombre entre los rivales.

Y creció la Strade Bianche, hasta lo que es hoy en día, una fiesta del ciclismo, el paisaje y la gente, gente que sale a la entrada de su villa o pueblo a ver pasar un pelotón de equipos de siete, no olvidemos, a toda velocidad por senderos de tierra prensada y  gravilla.

Son los caminos blancos.

Una estampa que ha situado la Strade Bianche en el corazón del aficionado regular y también ocasional, que no puede menos que sentirse atraído por una imagen que no deja indiferente, que es imposible que pase indiferente.

El origen cicloturista de la Strade Bianche

Pero esas imágenes son de una modernidad bien disimulada.

La Strade Bianche es al revés que otras carreras. Si muchas clásicas han dado origen a la ciclotuirsta, aquí ocurrió al revés.

Aquí tenemos que en el año 1997 nació la Toscana la llamada “L´ Eroica”, una prueba cicloturista que tenía a bien surcar esos caminos blancos.

Una salvedad, para conjuntar con el entorno, una obligación técnica: bicicletas anteriores al año 1987, con todo lo que ello conlleva, rastrales, cables por fuera, cambio en el cuadro diagonal, indumentaria clásica, chichonera…

Ciclismo de antaño, que le llaman.

Strade Bianche JoanSeguidor

Y con esos hierros, con emblemas como Gios, Willier o Bianchi luciendo en los cuadros nació un evento 110% ciclista que hoy es referencia mundial e imitado en el planeta ciclista.

Insisto, me niego a contemplar la Strade Bianche entre las más grandes del género, porque le falta la historia de muchas, pero desde luego ha sido una excelente noticia, un camino para demostrar que el ciclismo trazado con gusto y cariño puede ser rentable e incluso perdurable.

Imagen tomada de FB de Strade Bianche

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Kwiatkowski es el ciclista vertical

Dicen que Siena era la gran rival de Florencia. La ciudad vertical, vestida de espiritualidad, una ciudad imposible, de cuestas y escaleras. La ciudad religiosa, anclada el medievo que se diferenció de Florencia cuando la mieles del renacimiento dieron sus frutos. Dicen que en Siena ganan, desde hace unos años, en Il Campo que se atiborra de multidudes en el Palio, los muy buenos y entre ellos está un polaco, que corre como el mundo caminara al desastre y que ya ha ganado por partida doble en este lugar. Hablamos de Kwiatkowski.

Joder qué carrera, qué manera de correr. Como si no hubiera un mañana. Para quienes amamos la historia del ciclismo, las carreras que le dieron un nombre y le cincelaron un prestigio son el santo y seña. Pruebas de abolengo y palmarés amplio. Ayer lo preguntábamos: Strade o San Remo???

Sé que en estos momentos de excitación todos irán a por la primera, todos apostarán por la carrera cuyo logo pareció diseñar Barilla. Reposad, asimilad lo que habéis visto, lo que habéis flipado, y pensad un poco más allá. Yo a la Strade no puedo más que regalarle mi admiración, pero si le dan el hervor que le falta, más kilometraje, podría ser perfecta.

Le llaman la clásica al norte que se disputa más al sur. Esta vez lo fue. Lluvia, barro, frío, intemperie. Qué carrera, otra vez lo decimos. La Strade gana los galones que a otras les costó décadas hacerse, más que nada porque los que vemos ciclismo hoy no vimos a Van Looy, Merckx, Poblet y Van Stenbergen. Esta carrera hecha entre los cipreses toscanos quiere acercarse a ellas en tiempo récord.

A catorce de meta Kwiatkowski decidió que si esto se tenía que decidir tenía que ser desde adelante, como dijo Chozas. Y no le asistió mayor razón al polaco, todo un campeón del mundo y ganador de la carrera. Poco le separaba de Stybar, Van Avermaet y Wellens, lo suficiente para que se decidiese a romper la baraja de lejos, y de paso darnos una de las exhibiciones que seguro pasarán al álbum de esta temporada.

La bendición de la Strade fue además de su postal que la carrera se jugó entre ciclistas que no esconden. El corte que eliminó a Sagan dejó delante ciclistas que no saben especular, que entienden el ciclismo como el arte de dar sin esperar nada a cambio. Tener delante a Van Avermaet, Dumolin, Stybar, Trentin, Wellens, Benoot,… es un regalo en forma de profesionales que entienden su oficio como el arte de dar sin esperar a cambio más que un baño de gloria.

Y eso fue esta Strade, un baño de gloria para un corredor cuya suerte empezábamos a cuestionarnos. Salvo Harelbeke, el primer año de Kwiatkowski en Team Sky fue para olvidar, muy lejos de lo que se le supone, incluso en los lares que se le esperaba. La Strade ha recuperado a Kwiatko, el ciclista que hace tres años, vistiendo el maillot polaco en Quick Step, no omitió el duelo directo con Sagan y le ganó en las calles de Siena. El corredor que esperamos que haya vuelto para quedarse…

Imagen tomada de @StradeBianche

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Strade Bianche vs Milán-San Remo

A ver, imaginaros. Un buen clásico, actores de época, recorrido, abolengo, una forma de hacer que no muere a las modas, que pervive. Surge un día, y décadas después sigue vigente. Imperecedero. Por el contrario una peli de género de acción. Un thriller de hace dos días, con temática, ritmo y fotografía actuales.

¿Qué preferís?

Complicado, verdad.

El año pasado, cuando valorábamos la Milán-San Remo, la carrera de más de cien años, que discurre por los parámetros normales, y por los recorridos ideados hace más de medio siglo, si la Primavera surgió con Fausto Coppi, algunos nos mentaban la Strade Bianche como contrapunto y prueba de referencia en la temprana primavera toscana.

A saber, la Strade Bianche, esa carrera que se corre por las lomas entre Siena y Siena, es una competición de esas de nuevo cuño. No sé si fue primero, la fotografía o la carrera. Lo de los caminos vecinales sin asfaltar me parece, incluso, añadidura. Una carrera hecha por y para el deleite de los sentidos, visuales, principalmente, porque el olfato de los corredores debe acabar seco y tostado. Una carrera explosiva, que quita los kilómetros de la basura, los primeros, los que muchas veces no vemos, pero que pesan como un plomo en las piernas cuando la carrera se hace larga y tremenda.

Una carrera hecha por y para la televisión, para el 2.0, para las redes sociales. Una carrera trufada de leyendas nuevas, de rincones de siempre y lugares preciosos, aliñada con sabor toscano, esa marca universal, como Andalucía, como Mallorca, como los paraísos ideales de la vieja Europa que intentan imitar el oriente. Una carrera que, como digo, omite el fondo, pero premia la plasticidad. Una carrera joven, muy joven, pero que tiene sus referencias y que no gana un cualquiera: Gilbert, Kwiatkowski, Stybar y el propietario de un tramo Cancellara.

A las estrellas modernas cuyos nombres se cincelan en su friso, se suma el espectáculo resultón que cada año se nos ofrece. Sea Valverde, sea Sagan, sea Cancellara… cada año hay gresca, y a veces hasta de lejos, poco usual por estos tiempos. Con esos ingredientes, e Il Campo, ay Il Campo sienés de llegada, tenemos la carrera de tiempos modernos por pasillos de la historia, de ingredientes rápidos y concisos y resultado estéticamente perfecto. Por cierto, si no me equivoco no ha habido una Strade con lluvia, Dios no la quiera, porque entonces no sé en qué acabaría eso.

Por otro lado tenemos la eternidad que va de Milán a San Remo. Casi tres centenares de kilómetros que transitan desde el altiplano lombardo hasta el culebreo ligurés. Una carrera que se corre a mil por hora, tan rápido que nadie osa romper, ni siquiera saltarse el control, porque con los sistemas actuales nadie puede hacer más de lo que hace. Nadie rompe San Remo más allá del descenso del Poggio desde aquella vez que Gerrans le robó la cartera a Nibali y Cancellara. Pasaron a mejor época los tiempos de Jalabert, Furlan, Argentin, Kelly y Fondriest. Nadie es capaz de burlar al grupo y al final tenemos desenlaces al sprint donde, tras 300 kilómetros, la lógica no siempre es tal y se impone quién menos se imagina uno. Para muestra Demare y Goss.

Así las cosas, no son pocos los que se van al thiller moderno e intrépido. Quieren ciclismo 2.0, de bella estampa, fácil comprensión y lúcida resolución. Las cosas no son sencillas para el ciclismo de toda la vida, el que sacó a las masas de las penurias de la gran guerra , les alimentó el orgullo y llenó de tinta grandes diarios. San Remo es el vivo ejemplo, y su cercanía con la Strade pone negro sobre blanco esas carencias.

Yo siempre me quedaré con San Remo, ya sé que no es lo popular, en plena excitación previa a la Strade, pero el ciclismo es un deporte más que centenario y a veces creo que si se omite eso, omitimos lo más importante, aunque en los matices esté la trampa.

Imágenes tomadas del FB de Strade Bianche y Milán-San Remo

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