#Moment2020 El amor de Van Aert por la porquería

Wout Van Aert JoanSeguidor

Van Aert empezó por la Strade el temporadón que acabaría firmando

¿Por qué triunfa la Strade Bianche atrayendo talento del nivel de Wout Van Aert?

En el ciclismo contemporáneo ya no hablamos de ciclistas de esto o de aquello, lo hacemos de atletas circulares, que podrían estar compitiendo los doce meses del año, pues su habilidad y capacidad sobre una bicicleta les da para un ciclocross, una madison, una clásica de primavera e incluso plantearse la carrera olímpica de BTT.

Así aterrizaron hace tiempo pistards que, ante la incredulidad de todos, empezaron ganando sprints para finalizar de amarillo en París, otros abrumaron en descensos y en maniobras imposibles con una técnica que no venía de la carretera, también los hubo que salieron airosos de pruebas sobre tierra, aquella famosa etapa del Giro de hace diez años, el sterrato, con un tipo Cadel Evans, marcando estilo, y otros menos conocidos pero depurados en el manejo de la flaca, John Gadret ahí estuvo.

El francés marcaba el camino, ciclocrossman de invierno, como Mourey, como Venturini o Franzoi, luego les siguieron otros como Lars Boom y Zdenek Stybar.

Y entraron los niños prodigio, Van Aert y Van der Poel para ir más allá, vuelta de tuerca, rompiendo techos de cristal.

Por eso decimos que a Wout Van Aert le gusta la porquería.

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Nos podemos imaginar al belga en junio y julio, ansioso por volver al redil, los números le iban acompañando y la confianza al galope de ellos.

Su forma explotó en la primera carrera que tuvo ocasión, en la Strade Bianche después de la primera ola de una pandemia que tuvo a Italia en su kilómetro cero, Van Aert quiso hacer «il Belgio», pero al revés.

La carrera se pronosticó muy diferente a la que habría tenido lugar en marzo, se imaginó seca, calurosa y agobiante, tragar polvo en suspensión, polvo caliente, iba a ser una constante, mientras esas mismas partículas entraban concienzudamente en cada recoveco del ciclista, su cuerpo y la máquina.

Van Aert ganó la Strade como sólo podía hacerlo, en solitario, saliendo airoso de cada selección y dando el golpe entre campeones, el italiano, Formolo, y el alemán, Schachmann.

En la meta de Il Campo, las diferencias hablan de la brutalidad de la Strade de verano, si quitamos a los tres primeros, en un lapso de medio minuto, el resto ya se fue lejos, para dejar al décimo, Diego Rosa, a más de siete minutos de Van Aert.

Wout Van Aert JoanSeguidor

Que Wout Van Aert ganara la Strade era algo que estaba escrito desde el primer día que la conoció, un terrible día de marzo, lluvioso y frío en el que se atrevió a correr a cuchillo ante grandes nombres para llegar roto a  lo alto de Siena, tanto que acabó como refleja la foto.

Una imagen que habla de ese nuevo «viejo ciclismo» que hoy se lleva.

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Max Schachmann: qué fácil es ganarse una aficionada

Una niña recibe el ramo de flores que ganó Schachmann en el podio de la Strade Bianche

Si una cosa ha tenido en común el reinicio de la campaña ciclista con la interrupción de la misma ha sido el nombre de Max Schachmann.

El alemán dejó la temporada de esta guisa, tirado en el suelo y roto por el esfuerzo para mantener su liderato hasta el final de la París-Niza.

Max Schamann Paris-Niza

Durante el confinamiento el alemán ha hecho los deberes y ha vuelto al frente de una carrera World Tour con la Strade Bianche.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

No estuvo con Wout Van Aert en el momento que el belga se fue, per a Schachmann le cupo al menos el privilegio de subir al podio, pocos días después de saber que había renovado con su equipo, el Bora, donde es ahora mismo la referencia, incluso por encima de Peter Sagan que en este veinte-veinte sabemos más de él por los anuncios de maestro que ha hecho para el Giro que por la competición.

El aspecto de Schachmann, toda la porquería que llevaba adherida al sudor que surge cuando vas a mil bajo cuarenta gradazos de temperatura, en meta era un poema.

Podemos imaginar cómo llegaron de rotos a meta.

En todo caso al alemán le surgió una fan por las calles de Siena y no pudo menos que pasarse

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El vídeo del Bora es una perla, un diamante de aristas afiladas que demuestra que el ciclista se puede centrar todo lo que quiera en su profesión, que para eso le pagan, que tener un detalle, incluso tras el sopor toscano del primero de agosto, no cuesta tanto.

El ciclismo de buses adosados a los villages de salida, los controles de firma completamente pertrechados, el control que ahora se impone por el coronavirus hacen de todo algo frío y alejado, que parece sólo se puede ver en la televisión.

Pero si resulta que el campeón alemán va por medio Siena y una nena pequeña le solicita, incluso con las piernas repletas de dolor, no cuesta nada parar y darle nada menos que el ramo de flores.

Schachmann se ha ganado una incondicional y el ciclismo una aficionada, como el niño pequeño que le pidió a George Bennett un bidón en Andorra, hace un par de años, y éste se lo arrojó al suelo para que lo cogiera.

Al menos dentro de lo posible, y con las precauciones que rodean hoy todo, que el ciclismo sea cercano todo lo que pueda, es un premio para el aficionado y una satisfacción para el ciclista.

Imagen: © BORA – hansgrohe / Bettiniphoto

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Strade Bianche, nunca una carrera fue tan deseada

Strade Bianche

La primera Strade Bianche de agosto es un regalo ampliamente esperado

Se decía en otras competiciones que «volver es ganar», yo no sé si hemos ganado o no, porque la maldición que nos ha caído este veinte-veinte parece lejos de renunciar a influir en nuestras frágiles vidas, sin embargo desde hace semanas, meses, tenemos marcada la fecha del primero de agosto como esa tarde que Fausto Coppi abrió gas  en el Turchino e declaró oficialmente inaugurada la primavera en una Italia saqueada por los horrores de la guerra: esta Strade Bianche tiene sabor de aquella San Remo.

Aquí y ahora no hemos pasado una guerra de ese calibre, pero hemos transitado por un trance que nos ha tenido secos durante no pocas semanas, secos y atenazados, con miedo e incertidumbre, en medio de nubarrones que se niegan a irse, sin embargo la Strade Bianche, la primera que deja marzo y se instala en agosto, viene para paliar esa necesidad vacía de ciclismo y pasión, una historia de páginas en blanco, por rutas blancas que nos devolverá un pedazo de aquella normalidad de la que seguro despotricamos un día y ahora extrañamos tanto.

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Si Florencia es la ciudad total, Siena es la urbe vertical, arriba del cerro, apelmazada, estrecha… hasta que llegas a Il Campo, una plaza con forma de abanico, anfiteatro urbano colmado por una torre almenada, el poder sienés de que todo esté en orden.

Il Campo aparece vacío a veinticuatro horas que llegue la Strade Bianche…

Un 31 de julio Il Campo vacío, es la anormalidad de la nueva normalidad, esa cuyos pasillos escruta con la Vuelta a Burgos o la Strade Bianche.

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Los campos toscanos aparecerán verdes, pues la primavera fue fecunda en lluvia, pero el polvo estará suelto, será vapor a nuestros ojos, todo más seco, todo más duro, una realidad que seguro la condicionará respecto al terreno blando de mes de marzo.

Greg Van Avermaet espera una «ruta más pedregosa» y montará unas ruedas de 28mm con una presión más baja… 

Y así disfrutaremos de 180 kilómetros de ratoneras por crestas de colinas y valles a los pies, por entre cipreses co un tercio del recorrido por carreteras blancas y el final en Siena.

La Toscana en marzo no era zona roja del coronavirus en Italia, aunque casi, y el cierre del país nos robó un evento que se ha ganado un sitio en nuestros corazones.

Volveremos a decir si merece ser el sexto monumento, que si es mejor que San Remo: ya sabéis que para esto somos muy clásicos, demasiado y que las cosas ya están bien como están.

La Strade Bianche, podríamos decir, es la más joven de las grades clásicas, con ella no nos acordamos de Zurich, ni Leeds, ni Hamburgo… ni otras que pasaron por el frente en algún momento

Una década de historia que para muchos se equipara a un siglo, y excelentes tardes de ciclismo en la incipiente primavera toscana, la tierra de la que pareció emanar el ciclismo, su tradición y la bicicleta misma, si nos apuráis.

A la cita no fallarán Van Aert, Stybar, Van Avermaet, Alaphilippe, Kwiato, Van der Poel, Sagan. Benoot, Gilbert, Bettiol, Naessen, Fuglsang, García Cortina, Nibali y Pogacar, nosotros tampoco.

Imagen: FB de Strade Bianche

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#Profiles2020 Julian Alaphilippe puede morir de éxito

Julian Alaphilippe Strade Bianche JoanSeguidor

La acumulación de objetivos a partir de la Strade Bianche de Alaphilippe es de vértigo

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Strade Bianche el primer de agosto, esta rareza explica lo que está siendo este 2020 ciclístico que tenía en Julian Alaphilippe uno de sus faros. 

Aún resuena la magnífica etapa que nos regaló el día inaugural de la París-Niza, a seis días del confinamiento, cuando se mascaba la tragedia.

El francés de fino rostro y perilla que pondrían en solfa los famosos mosqueteros tiene por delante dos meses y pico de  vértigo.

Lo suyo es el «grand slam» del verano. 

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Defiende trono en no pocos reinos y empieza por la sede del campo de Siena, allí donde aterriza la carrera que abrirá el World Tour, este mismo sábado.

El Alaphilippe de la primavera de 2019 tiene que defender los muebles en agosto del año siguiente con no pocos retos: saber si puede volver a volar como entonces, concentrando objetivos en tan pocas semanas.

En la Strade inicia su primera defensa, con un equipazo a su alrededor que demuestra dos cosas: lo en serio que se toman la carrera y el valor que se le va a dar a cada momento que puedan ponerse un dorsal en la espalda.

Es lo que decíamos el otro día con Remco Evenepoel, en la previa de Burgos, todo lo que se pueda ganar, bienvenido será, por lo que pueda pasar y lo que se deba ofrecer al mecenas.

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Pero Strade es el inicio, el kilómetro cero de la locura que le viene a Julian Alaphilippe, que tiene que defender la corona en una San Remo que cambia las costas ligurienses por los viñedos del Piamonte -sólo se subirán Cipressa y Poggio respecto al recorrido del año pasado-.

Giro de lombardía, de otoño a agosto, seguramente se fije en su punto de mira y luego el Tour, la carrera en la que todo lo que haga multiplicará por mil lo que logre en monumentos y otras cosas.

Si alguien quiere que se celebre el Tour es Alaphilippe, el año pasado pisó otra dimensión, un frenesí de tal calibre que le dejó seco para el resto de campaña.

Una campaña que en 2020 también se fija en el Mundial, otra más, y ojo atención Flandes, donde mucho nos tememos que tiene grandes posibilidades, por mucho que se diga que hay que conocer la carrera.

Talentos como el francés, como Valverde en 2019, tiran de clase para suplir el desconocimiento del lugar.

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Coronavirus: El ciclismo empieza a estar superado

Strade Bianche JoanSeguidor

El socavón que el coronavirus dejará en el ciclismo será importante

Decir que el ciclismo ahora mismo está superado, como la sociedad en general, por el coronavirus es retratar la realidad.

No podría ser de otra manera, lo que ayer mismo barruntábamos sobre la Milán-San Remo, y aunque parezca sensacionalista, toma forma en toda su extensión.

La incidencia del coronavirus en el ciclismo es una mancha de aceite que amenaza con crecer. 

¿Dónde llegará?

¿Cuánto afectará?

Son cuestiones que, dentro de la frivolidad de todo aficionado que quiere disfrutar de su deporte, nos asaltan.

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La realidad es tozuda, no es sensacionalismo, por muchas veces este mal anillado cuaderno es subjetivo, pero esto que estamos ahora contando lo estamos viendo está pasando.

El confinamiento de ciclistas en los hoteles de Abu Dhabi, las imágenes e historias de Cofidis han sido virales, es la imagen misma de una realidad frustrante e inquietante, adjetivo que, os juro, odiamos.

El relato de Nathan Haas, ciclista muy vinculado a la salud mental del colectivo, sería desternillante si lo que estuviéramos viendo no fuera una amenaza a que todo se caiga por el abismo.

Freno de disco Alaphilippe JoanSeguidor

La suspensión de las dos últimas etapas del UAE Tour fuero el prólogo de un reguero de noticias que todas alienadas marcan unas semanas muy complicadas.

Ánimo para los Herrada y sus compañeros, les quedan nada menos que diez días, hasta el 14 de este mes en ese recinto hecho sobre la nada para menesteres muy diferentes a los que les toca padecer.

UAE Tour es una carrera de RCS, el organizador del Giro y de todas las «majors» italianas. 

Y entre ellas están las tres que han de venir: Strade, Tirreno y San Remo, así, rápido, el cogollo de la primavera transalpina, que hacemos bien en decir que es la primavera más genuina que existe.

Pero el reguero de situaciones deja bien a las claras que el ciclismo es un deporte superado por el coronavirus.

Así es la versión 70 km de esta Ciclobrava

A la espera que el Gobierno Italiano dé el golpe de gracia a las tres carreras, pero si están cerrando escuelas y universidades, qué no harán con el ciclismo, asistimos al goteo de renuncias por parte de los equipos.

El primero fue el Education First, le siguió el Jumbo Visma y prosigue el Mitchelton, quien, si no nos equivocamos también pone a parte la París-Niza.

El golpe es tremendo, pero si la cosa viene de arriba, creo que RCS podrá salir airoso de los compromisos que se rompen con estas suspensiones.

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Emerge por eso un cierto tufo de descontrol en todo esto.

Es como si el Atalanta, Madrid y City se negaran a jugar la Champions. 

Si en otros ámbitos las decisiones siguen una dirección lógica y normal, aquí todo se hace a título individual, rompiendo la baraja por uno de los lados.

Es normal y lícito que haya equipos que muestren sus temores, pero ¿no sería normal una acción conjunta?

Mientras la UCI se borra para suspender cualquier carrera.

Esto no es sensacionalismo, ni alarmismo, es la realidad pura y dura, lo que veníamos días barruntando, lo tenemos aquí.

Y el ciclismo es el hermano pequeño en toda esta historia…

Strade Bianche: El primer no monumento de Julian Alaphilippe

Strade Bianche 2019 JoanSeguidor

Julien Alaphilippe es uno de los corredores franquicia del pelotón

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Julian Alaphilippe ya tiene la Strade Bianche, como empieza a tener otras muchas cosas.

Este francés fino, de perilla afilada y mirada ambiciosa sigue completando el puzle de su grandeza con piezas de todos los tamaños y éxitos que empiezan a completar una de las trayectorias más envidiables del pelotón.

Cada año sale gente de casa de Lefevere, del Quick Step, pero Julian Alaphilippe no, éste se queda, no se mueve.

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Y así las cosas, el francés que nunca falla vuelve a sacar punta al lápiz, y pone la Stade Bianche en su palmarés.

Una carrera a caballo de todo que levanta pasiones e indiferencia a partes iguales.

Porque la Toscana con buen tiempo luce bonita, pero la carrera no atrae tanto, al menos sobre el papel.

Atrae menos y presenta alternativas más contenidas.

La edición de 2019 tuvo fogueo, premios de pedrera hasta que Jakob Fuglsang, uno de nuestros cinco, decidió romper la equidad.

Un ataque en el seleccionado grupo de favoritos, a menos de treinta para meta, hizo la criba.

Julian Alaphilippe se fue con el danés, y con ellos Wout Van Aert, el corredor abonado al podio que encuentra aquí su terreno favorito, con esa tierra, es carretera estrecha que lo asimila a su querido ciclocross.

Pero Van Aert estaba con galgos de enjundia, y cedió, dos veces, antes de llegar a Siena, y ya en la cuesta que conduce al Campo.

Alaphilippe gana, Deceuninck sigue con el pleno adelante y Fuglsang demostrando que es un corredor que si los astros se conjuran, es capaz de cualquier cosa… salvo que coincida con Alaphilippe.

Un apunte para la Strade Bianche y lo que ha de venir en la primavera, si en Le Samyn, Terpstra comprobó lo complicado que es correr con varios azules a tu alrededor, Greg Van Avermaet corroboró que su CCCC está lejos de acompañarle en la gran primavera, en esas carreras donde un detalle a veces decide y tener un buen equipo es indispensable.

Mucho nos tememos que lo ocurrido en Het Niuewsblad y Strade va a ser la canción de la estación verde a no ser que lo evite Peter Sagan.

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Y mientras, en peno frenesí de la hora y media frente al televisor viendo polvo, tierra y sufrimientos, nos volvemos a preguntar si la Strade Bianche es el sexto monumento.

Y nuestro corazón se divide, porque no sabe qué decir, qué asegurar ante una pegunta que separa las opiniones como los mares la vara de Moisés.

Leemos de todo, y todos opinamos.

Pero hablar de monumento es mucho hablar, así lo pensamos.

Como nos han escrito en un intenso debate que hemos podido suscitar en Facebook un monumento debe tener…

  • un mínimo de ochenta años
  • debió nacer antes de la Gran Guerra, eso no es la segunda, y sí la Primera Guerra Mundial
  • debe tener más de 250 kilómetros, porque aunque muchos vean paja en los 200 primeros kilómetros, el cansancio que estos aseguran precipita el desenlace
  • debe tener un sobrenombre como el «Infierno del norte», «las hojas muertas» o «la primavera»

La París-Tours, que puso gravel a su ruta, podría ser un monumento, por ejemplo, y sin necesidad de la tierra, pues tiene una eternidad de años, es larguísima y acaba en un emblema como la avenida de Grammont, ese paraje entre lo bucólico y alienado que pone el final en la ciudad del Loira.

Pero no sólo eso…

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Un monumento acuña lugares, santuarios, nombres que hacen y son ciclismo.

Poggio, Kapelmuur, Redoute, Arenberg o Sormano son sitios, sí, pero también franquicias mundiales del ciclismo.

Así ha sido nuestro primer contacto con la nueva E-bike de Berria 

¿Veremos un día una bicicleta apodada «Il Campo» por la plaza sienesa que acoge el final de la Strade Bianche?

Cuando la carrera de las carreteras blancas de la Toscana cumpla lo anteriormente dicho, podríamos empezar a hablar de monumento.

Aunque cuando esto ocurra quizá ya no estemos ni en este mundo…

Imagen tomada del FB de Strade Bianche

Strade Bianche: cinco historias que queremos leer

Strade Bianche Tiesj Benoot JoanSeguidor

Cinco apuestas rápidas para el sterrato: Wellens, Moscon, Andersen, Fuglsang y Schachmann

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Sea el sexto monumento o no, la Strade Bianche es una carrera que no pasa desapercibida.

Tierra, mal tiempo, pendientes, Siena, ese casco viejo qué,… todos los alicientes de la Strade Bianche conjugan en el plato perfecto que muchos nos ponemos un sábado de marzo.

En ese recorrido lleno de trampas, y socavones, giros vengativos y caminos secundados por cipreses tiene a bien cumplir la expectativas no siguiendo cualquier pronóstico previo.

Nosotros, norma de la casa, no sé si tenemos al ganador de la Strade Bianche 2019 entre nuestros cinco, pero tened por seguro que son cinco de cuya suerte querremos saber cuando lleguen a Siena.

Uno de ellos hasta quizá suceda a Tiesj Benoot.

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Tim Wellens es uno de esos corredores que sólo puedes querer

Irreverente, con un motor de cilindrada, con recorrido es el segundo espada del Lotto que sale a defender el dorsal uno de Benoot, pero como demostró en la Het Nieuwsblad, los que le vaticinábamos un éxito en las Ardenas, quizá nos equivocamos.

Se le vio bien y delante en los adoquines, y por ende debería estar delante en la tierra.

Es la baza escondida.

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Jakob Fuglsang viene de ganar Andalucía.

Está en forma en Astana en febrero-marzo no es noticia, pero sí síntoma de correr mucho para emerger en la cuadra celeste.

Fuglsang tiene la forma pero también mimbres en la tierra y además cierta proyección en esos días que se siente torero.

Le veo en el top ten.

Maximilian Schachmann tiene que desperezarse.

Su estado de forma no es de dominio público, pero sí su calidad.

Sin Peter Sagan, cada vez más ausente en la primera que acostumbraba a copar no hace tanto, Schachmann es uno de los ciclistas más polivalentes del pelotón.

No le vemos ganando, quizá ni siquiera en vanguardia, pero como el anterior danés, si tiene el día tonto…

Y será interesante verle para las carreras que han de venir.

Gianni Moscon es la baza del Team Sky.

El ciclista que no esquiva el conflicto, ni la rivalidad.

En la Strade Bianche tiene un recorrido perfecto para meter metros si está en forma.

Y tiene su mano defender el pabellón local, porque aunque la Strade sea una carrea 110% italiana, no son muchos los italianos que se la han llevado a casa.

De hecho la lista empieza y acaba en Moreno Moser.

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Soren Kragh Andersen es un ciclista en el que pensamos para la Strade Bianche desde hace días.

Su última etapa en Algarve, exigiendo lo mejor de Tadeg Pogacar, es el testimonio de un estado de forma importante.

Él ganó la Paris-Tours que se metió también por tierra, por entre viñedos del centro del hexágono.

Andersen tiene argumentos para ser una de las ruedas más temidas en la salida y llegada de Siena, si vemos a Fuglsang en el top ten no os extrañe que el otro danés acabe próximo al podio.

Es por lo demás un ciclista que nos encanta… para qué negarlo.

El enamoramiento de Wout Van Aert

Arrate JoanSeguidor

La irrupción de Wout Van Aert es la noticia de lo que llevamos de campaña

Dos clásicas han sido suficientes para comprobar que Wout Van Aert no ha errado en su decisión de apostar a la carretera.

Causaba expectación Van Aert, pero seamos sinceros, nadie de nosotros imaginamos esta explosión.

No son dos clásicas cualquiera. No son las más importantes. Pero son significativas.

Wout Van Aert planificó el invierno con dos prioridades, el mundial de ciclocross y la entré en las clásicas.

Mundial CX y clásicas, el exitoso guión de Wout Van Aert

Para ello dejó hacer a Mathieu Van der Poel entre campas y barro, le dio rienda, al revés de lo que había sucedido años antes , cuando Van Aert dominaba en grueso de la temporada.

Mientras Wout Van Aert iba haciendo con su plan y entiendo que en un ambiente anda sencillo, porque que el arcoíris cayera un fin de semana sí, y al otro también, cuando esto del ciclocross es tema de estado por aquellas tierras, no sería sencillo de gestionar.

Presión inimaginable sobre un corredor joven que corre, no olvidemos, a tocar de mano por los aficionados que iban a verle en Copas del Mundo y otros rankings.

La explosión en la carretera

Lo que para Wout Van Aert es una buena noticia, lo que es una buena noticia para la carretera, lo que es una buena noticia para el World Tour, es una mala nueva para el ciclocross.

Camino de Siena, allá en lo alto, en Il Campo, también hubo un ciclocrossman, campeón del mundo, que se hizo un hueco en la historia de esta joven clásica.

Por la Toscana Zdebek Stybar también encontró argumentos para darle la razón en su apuesta por la carretera en detrimento del ciclococrss.

Con Wout Van Aert tenemos una situación similar al checo, e incluso sonroja más verle, tan joven, tan tierno, tan delante, con los capos a su alrededor, enfilándolos en el gravel y dejándolos lejos de meta.

Hay enamoramiento por la clase que exhibe y también por su ambición, no contento con aprender, juega a ganar a las primeras de cambio.

Aunque no nos hagamos trampas al solitario, años atrás ya estuvo delante en muchas carreras e incluso estrenó el casillero. Y hablamos de clásicas en la puerta de los 200 kilómetros.

Esa progresión sigue su curso.

Pero lo que enamora de Van Aert es esa sensación de vacío que transmite cuando cruza la línea de meta.

El deber cumplido, la faena hecha. Cuando se cae en la ultima rampa antes de girar a meta, porque los calambres le están matando y cuando se desploma cruzado el umbral, fruto de un esfuerzo que supera con creces nuestras capacidades.

https://twitter.com/PornCycling/status/970075343955652608

Éste es Wout Van Aert, el flechazo se ha producido, hoy cientos de miles de aficionados saben de él, de su ciclocross, de sus títulos mundiales y del tremendo recorrido que se le adivina.

Imagen tomada de FB de Strade Bianche