La marabunta australiana

Australia ha sido siempre tierra de hombres duros, curtidos, auténticos forajidos. Durante años a la isla continente iba lo peor de UK, los que no tenían solución se llevaban a Nueva Zelanda. El ciclismo del país de los canguros desembarcó en Europa hace unos años. Estos días celebran el adiós de Cadel Evans, el mejor de su historia, pero la línea histórica se nutre de nombres duros y rocosos: Stuart O´ Grady, Robbie Mc Ewen, Baden Cooke, Phil Anderson,…

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La cuarta llegada del Tour Down Under hizo grande esa historia de desorden. Una caída, una tremenda caída, de esas que cortan el aliento aconteció a escasos cien metros de meta. Un ciclista de la FDJ, el francés Lorenzo Marzin, se desequilibra y deja a siete, sólo a siete, ciclistas en vanguardia. El resto, a plomo, llegó por detrás para armar el gran tapón.

Las imágenes nos muestran el momento de la caída, pero omiten el tsunami que venía tras el terremoto. Luego las imágenes de ciclistas arañados y abrasados cruzando en la meta, semidesnudos, empezaron a poblar nuestro TL. Qué deporte cuya carrocería es la piel y el corazón el alma.

INFO

Esta primavera estad atentos a los nuevos maillots de  Q36.5 

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Nuevos colores como hawai, azulpink, el estampado en 3d, y el voccaboia, expresión italiana que empleamos cuando tenemos un compañero que se pone a tirar del grupo tan fuerte que rompe la hegemonía de la grupeta.  Hablamos de un diseño vanguardista desde la licra muy ajustada y  flexible con mucha transpiración.

La diferencia más notable de Q36.5 es que su diseño es exclusivo para entrenar en bicicleta los bolsillos traseros no cuelgan y no se ven siendo maillot muy ligeros y aerodinamicos. Aquí Mikel os explica más detalle.

Más info en wwwmikelkolino.com

13 x 13. Un pelotón sin ilustres

Se cuentan casi por medio centenar. El grueso de ciclistas que no ejercerá su profesión en 2013 será importante, nada escaso. El último aldabonazo de este repaso emprendido sobre el año hace referencia a aquellos que ya no veremos en el pelotón el año próximo. Es el momento de sentir su marcha, y valorar lo que nos perderemos sin muchos de ellos.

Hay un repóquer de ases que pone su pie fuera del profesionalismo. Entre ellos suman Giros, Vuetas, algunas clásicas e interesantes triunfos. Denis Menchov, con el pie cambiado, en medio de la temporada, una vez fue el último en claudicar ante Richie Porte en la París-Niza, es el corredor más importante de este listado. Ha quemado su etapa, progresado hasta donde y pudo y pudo elegir el momento de decir basta, lo que significa un privilegio, algo que muchos no pueden aducir. Como Mechov, Stefano Garzelli también se embolsó un Giro, nada menos que hace catorce años, ese que ni Casagrande ni el calvo sucesor de Pantani parecían no querer ganar.

Andreas Kloden, ciclista lagunar, desaparece para siempre en una maraña poco clara de sus relaciones con la trama de Friburgo. Asuntos turbios que también han envuelto a Levi Leipheimer, perenne y más consistente que el alemán, pero a la postre víctima de los abusos que han minado el pelotón. Porque mantenerse ajeno ha sido imposible para muchos y el que fuera líder en el Tour 2005, David Zabriskie, otro Garmin arrepentido, también probó, lo mismo que su compañero Christian Vandevelde. Ambos también se van.

El pelotón español acusa la desaparición del Euskaltel. Mientras Samuel Sanchez apura opciones, y Luisle acabó en Caja Rural, dos símbolos del equipo naranja, ya histórico, se dejan el profesionalismo por el camino. Uno, Egoi Martínez, doméstico coherente, de lujo, sabio, longevo pero con la gloria a tocar en aquella famosa etapa de los Alpes italianos que le birló Simon Gerrans. Luego Mikel Astarloza para quien la máquina pitó. Tras lo cual nos sorprendió con una curiosa rueda de prensa, alegato y golpe en la mesa y pecho inclusive.

En la próxima primavera la tradicional figura de Juan Antonio Flecha ya no será de la partida. Siempre a la contra, siempre disputando, al final esa gran clásica que muchos le atribuían no llegó, a causa, por un lado, de sus obvias limitaciones, sobre todo en lo táctico, y por el otro por coincidir con una generación enorme encabezada por Cancellara y Boonen, pero también por Stuart O´Grady, otro de los que se van tras una eternidad compitiendo, tras una Roubaix en ganador, tras admitir pecados y abusos.

Como Flecha también tuvo sus últimos momentos por los alrededores del Nido de Pájaro pequinés, el italiano Marco Pinotti, la excepción italiana en la disputa de cronos. En el país transalpino se van dos buenos velocistas, uno supremo, casi superlativo como Alessandro Petacchi, quien en 2003 no sé cuántas etapas ganó entre las tres grandes, y otro esporádico como Angelo Furlan, ciclista reconocido por una victoria en la Vuelta, casi tanto como la Clásica de San Sebastián que luce lozana en el palmarés de Xavier Florencio, lastrado por las lesiones en su retiro. Otro que también apareció poco pero bien fue Sandy Casar, miembro efectivo de esa generación de ciclistas franceses que anunció el buen momento que ahora se revela para el país vecino. Y hablado de francófonos, cerramos con David Veilleux, autor de una renuncia curiosa, pues está  en edad de merecer, logró una bonita victoria en la Dauphiné, pero ha dicho que la vida es más, que la vida es estudiar, que es familia y el ciclismo, en su caso, una anécdota.

#13×13 es el relato de perfiles, paisajes y momentos que describen el año que se nos escapa.

Y hasta aquí el 2013, en total, no llevo la cuenta más de un post diario. Ha sido un placer, y esperemos en 2014 sigamos con lo que hace tres años por estas fechas iniciamos. Entretanto que el 2014 se os presente sobre ruedas. 

Fotos tomadas de www.buenorros.net, www.dailypeloton.com y www.cyclesportmag.com

La “ignorancia cómplice” del ciclismo

        Hay un término en el libro que firma Cyrile Guimard que me encanta: “ignorancia cómplice”. Se trata de una expresión perfecta para definir lo que ocurre en el ciclismo, y no nos engañemos en múltiples facetas de la vida, incluso más allá del deporte profesionalizado. El que fuera laureadísimo técnico francés lo acuña para hablar de esa tendencia a mirar hacia otro lado y hacerse el sorprendido, e incluso el ofendido, cuando saltan escándalos y otros menesteres de la épica del deporte. Es la mejor forma de definir la omertá como acto pasivo de no querer ver la realidad por lo molesta que resulta.

El problema es que el acuñador de esa expresión es también un cómplice escondido en la ignorancia pues en Guimard hayamos leyéndole una candidez inaceptable en una persona que ha pasado por todos los estadios del ciclismo, desde corredor a director llegando a mánger y chófer de equipo en su época con Cofidis. Él mismo así se define.

Y es que no hay peor ciego que el que no quiere ver y como sucede en la consulta del psiquiatra el primer paso para abordar un problema es aceptarlo y no diferirlo como hizo Cospedal con las indemnizaciones de Bárcenas. La teoría de Guimard de centrar toda la mierda en tiempo y espacio muy concretos se cae por sí sola. Convenir que el dopaje indecoroso en el ciclismo se centra en los noventa, precisa incluso desde 1991, y parte del nuevo milenio y que países corruptos en esencia como España e Italia son su cuna es ciertamente malévolo.

Pensar que ese dopaje de mala fe que atribuye Guimard a los años de su baja actividad entronca con la cascada de confesiones que nuestro deporte sobrevive a diario. Por ejemplo la de Andreas Klier o la anterior de Stuart O´ Grady. Auténticos referentes del cambio de siglo admitiendo haber hecho uso de mandangas varias pero en periodos muy concretos. Es que suena a chiste, a tomadura de pelo, como cuando Ivan Basso fue pillado con una completa tabla de acción y bolsas de sangre y dijo que estaba punto de probarlo. Pero ¿en qué cabeza caben tamañas tonterías? El dopaje no surge espontáneamente, ni mágicamente. Se cosecha, emerge, se larva…

El ejercicio de admitir tu culpa, que es legítimo e irrenunciable, debe ser también sincero e implica poner encima de la mesa todas las cartas. Admitir culpabilidad concreta en el tiempo cuando el sistema sabemos que no era tan sencillo de esquivar sólo comprende una posibilidad y es que se quiera seguir metido en el mundillo, como Klier hace en el Garmin. Todo lo demás es tostar a un personal que aún no entiendo cómo se digna a seguir escuchando, que no tragando mentiras.

Hace un tiempo me preguntaron cuál era mi posición frente al dopaje y debo admitir que en esto coincido con Guimard: castigo de por vida. Lo siento pero las circunstancias excepcionales que nos ha tocado vivir son éstas y sólo con una siega total de las carreras deportivas de quienes jueguen con fuego se puede enderezar esto, aunque no sé hasta qué punto, por que en el momento que el tema decaiga por que la cosa se pone realmente seria y en el pelotón exista una auténtica conciencia de caza, es posible que lo que entendemos por espectáculo varíe mucho. No lo olviden, el precio de ver un etapón hoy, mañana y pasado es alto y parece que no queramos asumirlo a no ser que seamos «cómplices ignorantes».

Una resaca de EPO

Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos pasado por una buena resaca. Espesura mental, confundida con lentitud de movimientos, dolorcillo de cabeza y sequedad de garganta. Es el precio de los excesos. La informe ley de que la vida te devuelve lo que das y todos esos rollos filosóficos.

El ciclismo está de resaca. Si todos los males de este deporte confluyeran en una palabra, ésta sería dopaje. Es como si el concepto del mal sólo se plasmara con una foto de Adolf Hitler. Si la palabra dopaje tomara forma de una sustancia esa sería EPO, una medicina que en deporte empezó a sonar en los ochenta y que tuvo yo creo un antes y después en el Tour del 91, cuando un equipo entero llamado PDM dejó el Tour en una nube de insinuaciones, pero ninguna más alta que la otra, pues la omertá estaba en plena vigencia.

El ciclismo tiene pues resaca de EPO. Que el uso de este elemento fue más o menos generalizado creo que no se esconde ya. El senado francés dio la última pieza para corroborar una realidad que por otro lado a mí personalmente ni me enturbia ni me roba los momentos de emoción que me regalaron aquellos que ahora aparecen en listas.

He oído por activa y pasiva que el ciclismo está más limpio que nunca pero que su imagen es la peor de siempre. Curiosa paradoja. Yo quisiera creer que es cierta, pero como bien dije ayer, espero que acciones como las del senado gabacho vayan más allá del morbo y hagan un raspado concienzudo de las malas hierbas que aún crecen bajo los tubulares de quienes hoy ejercen la labor de ciclista.

Antes del Tour de Francia, Laurent Jalabert recogió sus bártulos al saberse señalado por la investigación que acaba de ver la luz. No admitió su culpa y se declaró sorprendido, pero se hizo a un lado. A mí sinceramente, como dije antes, e incluso en el momento en que cargaron toda la culpa sobre Jaja, mi percepción del ciclista sigue siendo la misma. Hay cosas que entiendo van más allá de lo químico, y la grandeza de un ciclista en la carretera, su compromiso cada vez que se pone un dorsal, los gestos con los rivales y todas esas cosas no se mejoran con un chute de EPO, ya que a muchos les encanta llamar yonkis a los deportistas que se dopan, como si su fin fuera lúdico y no profesional.

A la luz del informe, sin nombres y ojo que se concluyó que es un problema de todo el  deporte, aunque no se haya querido poner acento en esto, ha salido implicado el ya exdirector técnico de la Vuelta a España, Abrahan Olano. Yo no seré quien diga si Olano debía o no debía seguir ejerciendo su oficio. Una cosa está clara: se debía a una empresa privada, si bien por su cometido se sentó en la mesa de muchos cargos públicos de este país. Unipublic no quiso vacilar y ha prescindido de él. Olano, quizá esperanzado de que esto quedaría en esquirla y no mucho más, dijo que no sabía nada, pero el lastre es grande. Olano quiso ganar tiempo, pero es que no lo hay. Sólo anotar la actitud de Jalabert y la de guipuzcoano. Sólo eso.

Como notar también la demagógica confesión de un corredor que me merece todo el respeto por su completa y larguísima trayectoria. Sí hablo de Stuart O´ Grady quien ciño y concretó su coqueteo con la EPO al Tour del 98 en otra trampa verbal tipo Ivan Basso y otros tantos. A estas alturas un tipo tan talludito como el australiano debería saber que el público se descojona ante semejantes confesiones de medio pelo. En su país, que no aplican el perdón y la segunda oportunidad de los estados católicos, ya barruntan quitarle todas las medallas olímpicas.

Sea como fuere esta es la realidad. El ciclismo sufre una resaca que ya dura mucho, el atracón debió ser de escándalo. Esperemos no debamos tomar un café con sal.