Mientras tanto, volemos hacia el sitio de nuestro recreo

Cuando el rodillo no dé más de sí, pensad que estáis en el sitio de tu recreo

¿Cuál es el sitio de tu recreo? Todos tenemos uno.

¿Aburrido de darle a los rodillos? ¿Cansado de interminables sesiones delante del televisor, dejando perdido de sudor el suelo de tu salón?

Para un momento y desconecta.

Descansa y relájate.

Quiero prepararte para, con la imaginación, llevarte a disfrutar de esos lugares que visitamos encima de nuestras bicis, un viaje hacia nuestro yo interno, que alimente nuestra alma.

Soñar con esos deseos de aventura, de dejarlo todo atrás, de escapar, de renunciar no sólo del reloj, sino también, claro está, del teléfono móvil, del ordenador y nuestras redes sociales, tan enganchados como estamos hoy en día a la tecnología y al estar en permanente conexión.

Es cuando gritamos… ¡basta!

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Y nos prometemos a nosotros mismos ese deseado estado de felicidad en el que ni abriremos correos electrónicos ni leeremos whatsapps, aislándonos del mundo, y sólo querremos acercarnos a nuestro lado más íntimo.

Para y lee un momento.

Lee este artículo y, si me lo permites, te recomiendo que te pongas como música de fondo la dulce y suave sintonía de la hermosa canción del recordado Antonio Vega: “El sitio de mi recreo”.

Yo lo estoy haciendo en este momento, mientras escribo estas líneas, escuchando los primeros acordes de su guitarra y su desnuda voz, siempre buscando la inspiración para intentar trasladarnos, todos juntos, a esos lugares secretos que todos escondemos y que solemos visitar muy a menudo.

Como el propio Antonio nos evoca al cantar al sitio de su recreo.

La idea de sumergirme en esta melodía ha sido para escrutar entre nuestros sueños ciclistas, para dejar volar la imaginación a través de esta poética composición porque es un reflejo fiel de lo que muchos deseamos cuando enfilamos los manillares de nuestras bicis a la búsqueda de esos lugares donde nos encontramos a gusto en cuerpo y mente.

Esos sitios a los que siempre nos gusta volver, que nos tienen atrapados, que suelen ser especiales, casi mágicos, porque en ellos podemos disfrutar de la naturaleza en todo su esplendor.

Parajes que son capaces de provocar en nosotros sensaciones y sentimientos, que sólo podemos encontrar en estos lugares como la tranquilidad, la alegría, la esperanza, o bien porque nos dejamos simplemente invadir por la melancolía que nos trae recuerdos imborrables a nuestra memoria.

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Son, en definitiva, esos rincones que nos dan la paz interior, lugares con alma que guardamos y retenemos en nuestra mente, y que casi con los ojos cerrados somos capaces de verlos, mientras podemos notar la ligera brisa que sentimos cuando pedaleamos hacia ellos atraídos como un imán.

Como los infinitos campos que divisa Antonio cuando visita el sitio de su recreo.

Para los que no son tan bucólicos y prefieren ser más prácticos, porque su deseo es entrenar, ponerse en forma, competir… también ellos tienen sus lugares para recrearse y experimentar sensaciones.

Yo los tuve en su momento, porque ahora soy más de ese nutrido grupo que cuando sale en bicicleta sólo intenta buscarse a sí mismo.

A mi edad, aunque aún puedo sentirme como un crío pedaleando, las piernas y el corazón ya no son los mismos, y esto hace que me lo tome con más calma en estos sitios de mi recreo, que me invitan a parar y contemplar montañas y sierras, llanos y campos, ríos y rieras, atravesando carreteras con encanto.

Para el segundo grupo, el más combativo, son esos lugares a los que también vuelven una y otra vez, porque son terrenos que han diseñado a su medida, más o menos duros e intensos, para mejorar la escalada, por ejemplo, y exprimirse a tope.

Sitios para el recreo en los que lo dan todo, marcados por sensaciones, por pasos de tiempo, por estados de forma, que no se cansan de repetir y en los que pueden hayan estado centenares de veces.

Estos lugares nunca son escogidos al azar, ya que cuando viajamos con nuestras bicis la visión de algunos parajes deja grabada en nuestras retinas imágenes que nos han dejado huella por un motivo u otro.

El sitio de nuestro recreo no hace falta que sea lejos, al contrario, los solemos tener muy cerca de casa, son acogedores y no permiten que pasemos de largo por ellos.

Precisamente lo que buscamos es tomarnos el tiempo que nos haga falta, detenerlo y disfrutar para que nuestra alma forme parte indisoluble de ese lugar tan íntimo para nosotros.

Recuerdo que, siempre después de ascender un gran puerto con mi bici, les decía a mis amigos que me dejaran cinco minutos allí arriba, solo.

Sentado al borde del abismo, en actitud contemplativa, elevando mi mirada en la inmensidad de aquellas cumbres, sin nadie que me molestase, sólo las montañas y yo, viéndolo todo, pero sin reparar en nada en concreto: era mi pequeño recreo, donde podía coger fuerzas para seguir adelante.

Era mi minuto de gloria, por haber llegado hasta allí, tan arriba, mi tiempo de meditación y recogimiento ante tanta belleza.

Esta paisajística canción homenajea esos sitios que tanto nos gustan y que en boca de su propio autor, Antonio Vega:

“estos rincones responden a un momento de inspiración en el que encuentras una secuencia que te lleva por un camino y más que un lugar es un estado de consenso contigo mismo, un lugar no conflictivo”.

Y vosotros, ¿cuál es el sitio de vuestro recreo?