El ciclista Roman Kreuziger, un líder siempre de papel

El podio del Tour de Francia

En el pasado Tour de Francia pocos equipos jugaron la opción siempre jugosa, aunque también problemática, de tener dos líderes con opciones en la general. Entre ellos posiblemente el mejor en conjunto fue el Saxo Bank, que durante muchas jornadas tuvo sus dos mejores ciclistas relativamente cerca del líder Chris Froome.

Apostar por el podio del Tour

Los daneses jugaron las bazas de Alberto Contador y Roman Kreuziger, pero al final el principal objetivo, que era ganar el Tour, no pudo ser, ni tampoco el secundario, situar a uno de dos en el podio.

El Gregario de Alberto Contador

Si vemos lo que pasó esas tres semanas convendremos que el checo siempre corrió con un techo marcado, y ese no era otro que su compañero Contador.

Desde un principio se marcó que el madrileño era el líder y el centroeuropeo, gregario de lujo. A partir de ahí, sólo una hecatombe apartaría al doble ganador del Tour de la capitanía del equipo.

 

Pero hete aquí que hay veces que el segundo rinde igual o mejor que el primer espada. Y eso ocurrió durante gran parte del Tour. Kreuziger calcó durante días la actuación de Contador, incluso hasta en las cronos la igualdad fue el paradigma entre ambos. Sólo en Semmoz el gregario se descolgó, y no del todo, de su líder por que tuvo que trabajar con denuedo para que la carrera no se fuera por delante.

Las estrategías dentro del Tour de Francia

Está claro que cualquier estrategia lógica en el Tour por parte de Saxo, quien casi sin querer lleva dos etapas en la Vuelta, debía poner a Contador como cabeza de serie.

Y es que al margen de los galones que un doble ganador de Tour se gana, está la trayectoria de Kreuziger, que en grandes vueltas no es la mejor. Siempre un día malo, siempre un problema, siempre algo, Roman Kreuziger nunca había estado al nivel esperado cuando afrontaba una gran vuelta.

Y opciones no le faltaron pues desde que explotara en la Vuelta a Suiza de 2008, muchas han sido las oportunidades que ha tenido en liderar un equipo. En esta Vuelta lo corroboramos.

Las actuaciones anteriores de Roman Kreuziger

Curiosamente las mejores actuaciones que se le recuerdan al ciclista de Saxo han sido al cobijo de un líder. Aun recordamos las grandes prestaciones que emprendió estando en Liquigas a favor de Vicenzo Nibali, siendo éste líder de la Vuelta. Aquellas actuaciones fueron equiparables a las del Tour a favor de Contador. Cuando todos los capos se quedan solos, el líder que cuente con Kreuziger sabe que tiene un as en la manga.

En esta Vuelta Kreuziger tenía una opción a su favor. Lideraba en solitario el equipo y el techo se lo debían marcar sus piernas y como no el desgaste propio del Tour, que no fue poco y que creo ha pesado en este tránsito andaluz.

Estaba claro que ahora mismo en una carrera que sólo habla de Nibali, Purito y Valverde pudo haber sido un magnífico outsider, pero el tiro de forma que lució en Francia ha alcanzado tope y ahora Nicolas Roche -etapa y dos días de liderato- ocupa con total merecimiento su plaza.

Por de pronto, eso ya lo lleva, el centroueropeo es el mejor ciclista de su equipo en lo que llevamos de temporada a lo que hay que añadir la no poca presión que sus dos compatriotas le añaden. Leopold Konig y Zdenek Stybar han ganado etapas y han dejado la rareza checa en anécdota.

Un buen ciclismo crece poco a poco por esos lares, un ciclismo que si abrimos objetivo no sólo incorpora la República Checa, la «primavera ciclista praguense» incluye países de la periferia que desplazan, cada vez más, el foco desde la vieja Europa a la perifería.

La etapa perfecta fue una etapa de transición

 

Si el ciclismo fuera ciencia no podría ser exacta. Desde hace un tiempo una buena legión de aficionados se ha lanzado a proponer por activa y pasiva recorridos a organizadores. Les proponen tirar por ese cruce, porque el repecho de su pueblo hace estragos, o buscar ese páramo que con el viendo de costado seguro que genera un abanico de morirse. Es la democratización del ciclismo, del deporte, de la vida. Una relación horizontal que mal que les pese a algunos marca el futuro inmediato.

Pero hete aquí que uno puede diseñar el mejor trazado del mundo y convertirse en un infumable purgar por parajes preciosos, eso sí, pero intrascendentes. Lo vemos por ejemplo en la Vuelta a España donde el 90% de los recorridos es prescindible y no siempre por culpa del organizador y sí por la actitud de los ciclistas, esos que le dan el aliño o no al trazado.

Y esta máxima informe, no escrita pero tangible, la hemos apreciado hoy en el devenir por la campiña del corazón del hexágono francés de una de las etapas llamadas de transición. El descuelgue de un velocista enrachado como Kittel, añadido al posterior pinchazo de Alejandro Valverde dio rienda suelta a la mejor etapa del Tour en muchos años. Ni Alpe d´Huez, ni Tourmalet, cuya cima se ha pasado a ritmo cicloturista en las últimas ediciones, ni posiblemente Mont Ventoux, este domingo. Nosotros nos quedamos con los últimos cien kilómetros entre Tours y Saint Armand Montrond, una etapa dos estrellas según las guías del Tour, que ha deparado un espectáculo diagonal, como el sentido de la marcha, mayúsculo, como la categoría de sus actores, y definitivo, como la sentencia en muchos de los que vinieron a hacer algo a este Tour.

Luego fluirán las valoraciones de que si lo que hemos visto o no ha sido deportivo, ético o razonable. A mi entender, la etapa ha sido perfecta, redonda y sin aristas. Alejandro Valverde une esta ciudad de tamaño medio en el centro de Francia a sus desastres de Suances, Monachil y Valdezcaray para entender que esto no puede ser casualidad. Como tampoco es casualidad que Movistar, teniendo el mejor equipo del Tour, siga dando imágenes como las de la persecución tirando del segundo y tercer grupo al unísono cuando el tren de Froome se iba y se iba.

Lo siento, aprecio enormemente a Alejandro Valverde, me parece un ciclista con la calidad y humildad de los más grandes, pero hoy, la mala suerte se ha sumado a su propia incapacidad de gestionar la crisis.

Y luego estuvo Alberto Contador, quien es sus días lúcidos hasta nos ofrece un excelente espectáculo. Ajeno a la primera guerra, la que de verdad eliminó a Valverde, aprovechó, con la excelente relación de rodadores de Saxo que le rodeaba, para tomarle un tiempo a Chris Froome que, entiéndanme, sin ser importante sí es relevante en cuanto a las reiteradas muestras de debilidad de Team Sky.

No sé. Jornadas como éstas demuestran que hay carrera, que hay Tour y que si los rivales de Froome demuestran la inteligencia que no apareció en los Pirineos y hostigan hasta la extenuación al Sky –algo que siempre mantuvimos como opción- hasta podemos llevarnos una sorpresa.