Serie 12×12: Brad Wiggins, un tipo raro metido a ciclista

Hubieron años que el ciclismo vivió una paradoja enorme en las Islas Británicas. La bicicleta, elemento de modernidad y emancipación caló fuerte en esa sociedad. Un buen número de marcas y enseñas se acuñaban en los grandes nudos industriales de las urbes inglesas como espejo de una fecunda industria. Desde James Moore en el siglo XIX, el ciclismo ha sido hilo conductor de la sociedad británica, pero de puertas hacia adentro.

Esa realidad no tenía brillo en la competición internacional. Mientras la Europa continental saboreaba los años de oro del ciclismo, en el atril cantaban los mejores solistas, Coppi, Bartali, Bobet, Kubler,…, el conjunto insular no tuvo un campeón con cara y ojos hasta que Tom Simpson se proclamara campeón del mundo antes de perecer en el Mont Ventoux, en lo que podemos declarar como la inauguración de la era del dopaje moderno.

Con los años el programa inglés creció y se arrimó al éxito en la pista. Tal fue la explosión de talento en la misma, que irradió buenos competidores en la carretera. El mejor ejemplo de esa tendencia plasmada con hechos es Bradley Wiggins. En 2012, el año que su ciudad de adopción, pues es nacido en Gante, acogió los Juegos Olímpicos, el estirado ciclista cerró el círculo con una temporada memorable.

Arrancó pronto, en París-Niza, luego le unió Romandia y Dauphiné. Tenía frente al Tour todo lo que había que tener: un recorrido suavizado, buenas cronos y el mejor equipo rodeándole. Todo salió como dibujó el celebro de la operación, Dave Brailsford, pero hubieron aristas, en forma de convivencia. Su segundo de a bordo, el mismo que ya había perdido toda una Vuelta a España por serle fiel en el Angliru, Chris Froome, más que indisciplinado le salió contestón.

¿Por qué habría de sacrificarse él una vez más a la vista del poder de su pedalada? Pregunta concreta con jurisprudencia marcada. Froome tuvo que hacer lo mismo que Lemond en 1985, Indurain en 1990, Ullrich en 1996,… es decir joderse y aguantarse. En los televisivos guiones de Team Sky, correcciones las menos, insubordinaciones ninguna. Ello sin embargo obró, en algún momento, en contra del propio Wiggo quien vio destapadas sus carencias en subida por su propio compañero a la luz de que nadie alrededor estaba en disposición de hacerlo.

De cualquiera de las maneras, si algo corresponde a este ciclista es una enorme capacidad de aislamiento. Desoyó las críticas y le dio el valor a su éxito que todo un Tour merece. A los pocos días incluso redondeó el sueño participando de la gala de apertura de los Juegos y emprendió la ruta amordazado por la baza de Cavendish para resarcirse en la crono.

Garante de un british style en vestimentas y aspecto físico se dedicó a brindar por su tremenda temporada en la última parte del año. Ahora apunta al Giro. Ya estuvo en podio de la Vuelta y el Tour. Quizá no lo sepa, o no sea muy consciente, pero está haciendo historia gruesa en su país. Los que allí le sigan siempre pueden decir que Wiggo les inspiró.

 

“El atleta requiere de que su cuerpo esté al máximo para una actividad deportiva, el masaje deportivo ayuda a que todo esto pase” Jordi Solano Masaje Deportivo 

Un “mediático” fin de ejercicio en Team Sky

Dijo no sé quién que el ciclismo nació como opción a prolongar el poder de los medios de comunicación. Recuerdo una entrevista a Ander Izaguirre donde sugería esa simbiosis. Arrojó luz sobre el origen del Tour de Francia, que nació fruto de la competencia entre dos diarios. En pleno siglo XXI las cosas surgen con idéntico desarrollo y conclusión.

Team Sky, por ejemplo. Un medio de comunicación de masas al patrocinio del proyecto más ambicioso de cuantos ruedan por el ciclismo planetario. Un soporte plurinacional que encuentra su prolongación en el ciclismo, el apestado de los deportes, que, oh sorpresa, sigue siendo apetecible.

En esa línea de afligir con empeño mediático, Sky se guarda golpes de teatro dentro y fuera de la carretera. Sólo cruzo los dedos para que les salga bien. Hablar de tolerancia cero con el dopaje por contrato es una apuesta arriesgada que hasta la fecha, tres campañas ya consumidas, les sale bien.

El cisma del ciclismo angloparlante con el tremendo caso Armstrong ya ha alcanzado a los ingleses que no contentos de proclamar su limpieza, la incluyen en el clausulado de sus corredores. Amén de ser pretencioso, desconozco si ello desgrava en UK, me parece una falta de respeto a quienes firmen ese documento, pues en ciclismo sólo falta poner a todos patas arriba y bolsillos al aire para ver si cae una bomba nuclear. Vamos que el dedo en el culo de Zulle tras la redada del Tour 98 fue sólo el principio. Curiosa la airada reacción de Jonathan Vaughters contra los ingleses. En esto de la limpieza también hay matices.

De cualquiera de las maneras, Team Sky también ha hecho su función perfectamente interpretada con la salida de Mark Cavendish del equipo. No sé si el concepto limpieza para Sky se ciñe al terreno farmacológico, pues si hablamos de pulcritud verbal y formal Cav no era digno de tal contrato.

La salida de Mark Cavendish pone en solfa una relación anti natura entiendo viciada por la necesidad de aglutinar los mejores corredores ingleses en el mejor equipo inglés de la historia. Sin embargo una cosa son las buenas intenciones y otra muy diferente cuadrar intereses tan diversos. Que Cav tenía un problema fue meridianamente claro desde el anuncio de su fichaje. Era improbable una convivencia y así se ha declarado. Eso sí, ni una mala palabra, ni frase altisonante,… algo que conociendo los personajes nos cuesta creer tanta fluidez. En fin, ciclismo.

 

Foto tomada de http://robinmoore.photoshelter.com

Los errores semánticos entre Bradley Wiggins y Team Sky

Casi apartado de la competición dura desde que fuera campeón olímpico, Bradley Wiggins da que hablar por cuestiones que aunque relacionadas con el ciclismo no son hechos del día a día en la carretera. En el Campeonato del Mundo mostró cuán grande fue la apuesta del ciclismo británico por Tour y Juegos Olímpicos, pues casi todos sus cartuchos llegaron ya sin pólvora.

Gusta mucho en el mundo anglosajón el término de “leyenda”. Son los creadores intelectuales del “Hall of fame” e incluso han acuñado galerías tan friquis y carísimas de visitar como el Madame Tussaud londinense, donde figuras de cera perpetúan sus celebridades, sus leyendas.

Alrededor de Brad Wiggins crece el debate sobre la idoneidad de estar o no en el próximo Tour. Habla en estos términos un técnico del Team Sky llamado Shane Sutton: “Me gustaría ver a Wiggins abandonar el deporte como una leyenda, los logros que ya ha conseguido le sitúan muy arriba en la historia del ciclismo, pero para tener el estatus de leyenda, y para eso tiene que ganar las tres grandes vueltas”.

Se abre la puerta a que el largo inglés no defienda su privilegiado dorsal y al tiempo que Chris Froome capitaneé la escuadra británica en julio. Que un ciclista defienda sus opciones de ganar las tres grandes a los 32 años es curioso, pero lo es más que sin los tres recorridos en mano, sin las altimetrías definidas al 100% se lancen globos tan pesados como el de decir que un ganador del Tour, totalmente hábil y en edad de merecer, renuncie a defender sus laureles.

Y es que el concepto de leyenda es muy grande como para creérselo ya en Wiggins. O al menos no en la medida de los grandes de todos los tiempos. El inglés aunque profesional y entregado como pocos me parece lejos de ese nivel, incluso me atrevería a decir que ganar las tres grandes no significa ser leyenda. Contador lo ha hecho y me parece también lejos de esa etiqueta. El vocablo «leyenda» encierra como decíamos del de «clásica» un peso específico y arraigo más amplio como para decir que la triple corona es acreedora del mismo.

A Wiggins sí que le calificaría de leyenda en pista, ganando en dos olimpiadas la misma carrera, la persecución, si a ello le sumamos sus mundiales y la perfección que alcanzó en los velódromos añadida a la pasión que los británicos le dispensan, aquí sí podríamos estar hablando de este concepto tan difuso que dependiendo quien lo use en una u otra dirección.

 

Foto tomada de http://www.thefootdown.co.uk

Chris Froome, una carrera a contrapié

Hace un año por estas fechas, sí más o menos por éstas, el mundo ciclístico general sabía de Chris Froome. Su primera aparición reseñable aconteció en La Covatilla. Trabajó con denuedo para que Brad Wiggins pudiera realizar su mejor exhibición en esa Vuelta y apenas se descolgó del grupo de los mejores cuando otros de los notables lo pasaban mal.

En la crono de Salamanca, Froome demostraba que su actuación en la estación de esquí no fue casual. Y en el Angliru Team Sky se convenció de que su ciclista originario de Kenia debía ser la mejor opción. Todo perfecto salvo que por el camino se les adelantó de forma decisiva Juanjo Cobo. Luego éste y Froome nos darían en Peña Cabarga uno de los mejores momentos de la carrera.

Pasaron los meses y Froome volvió a estar en forma. En Dauphiné apuntó lo que luego en el Tour confirmaría. Su potencial no sólo se quedaba en gregario de lujo. Incluso en ciertos momentos se le vio más contundente que los propios rivales de Wiggins, en otros demostró estar más fuerte que su líder. Ya en los Juegos subyugado a la baza de Cavendish, se ahogó en un desfonde físico que sin embargo no le privó de recomponerse para colgarse una medalla de bronce en la crono.

Venía a decir el otro día Juan Antonio Flecha que el Team Sky le dijo a Froome antes de arrancar esta Vuelta que si era tan bueno debía demostrarlo ahora. Aunque se detecte un contenido perverso en esa invitación, no dejaba de ser la gran oportunidad de Froome. Hablar con hechos en la carretera lo que en muchas ocasiones dejó entrever, a veces incluso rozando la humillación pública de su líder llamado Wiggins cuando esperándole en las cuestas alpinas y pirenaicas poco menos se ofreció a empujarle.

Sea como fuere a Froome la vida le vuelve a tratar a contrapié. Sí, llegó a la Vuelta con toda la ambición del mundo pero sus piernas no acompañaron y salvo un movimiento desesperado, que en caso de Team Sky no es descartable al 100%, finalizará cuarto.

Que su equipo le ofreciera esta carrera como el premio de consolación a tantos sacrificios por terceros no dejaba de ser una trampa que Froome estaba obligado a accionar aún y a riesgo de pillarse los dedos. Su consistencia se ha venido abajo por una pura ley física que habla de la imposibilidad de mantener un tono tal tantas semanas. Sin embargo Froome acaba cuarto esta carrera y ello es un resultado que habla de su talla profesional. A pesar de lo mucho que hemos leído sobre “la Vuelta, para los españoles”, y que así está siendo, es de recibo reconocer el homenaje que a la carrera le ha hecho este inglés que en su día se dio a conocer en la misma.

 

Foto tomada de www.biciciclismo.com & Zikliamatore

Cuando los anglosajones nos enseñan qué es ser original

Escribo este post al ritmo del “Call me maybe”. La performance del Orica me acabó de convencer para descargar esta melodía en el Spotify que aligera las horas frente al ordenador. Sí, los canguros le han dado toque a la carrera. Protagonistas en varios pasajes de la misma, ha sabido dar en el clavo sobre lo qué necesita el ciclismo: modernidad, desparpajo, humor, buen humor,…

Esta vez el cuadro anglosajón nos ha despertado una tierna sonrisa al tiempo que nos ha invitado a explorar otras versiones, mucho más apetecibles en lo visual, que circulan por la red. Ellos hacen lo que pueden, lo hacen bien, sobretodo Neil Stephens quien aún tiene cara de más australiano que cuando era ese fenomenal ciclista en la ONCE.

Pero hay algo más. El vídeo de Orica se complementa con otro evento menos divulgado pero que deja entrever cómo los anglosajones saben sacarle partido a cualquier eventualidad que acompañe el deporte. Un hecho que tanto que hablamos de emprender en España podría hacernos tomar nota.

Hablamos del concurso de chefs de equipos. Aquí los cracks de Cobbles and Hills dan fe, pero al menos déjenme cuatro pinceladas. Es un torneo paralelo a la carrera competido por los cocineros de Saxo Bank, Garmin, BMC y Team Sky. Tienen incluso hasta un site propio donde votar.

No haremos la gracia fácil de si el chef del equipo danés cocina un chuletón irundarra pero si reparamos en la originalidad de la idea y de lo importante que son cosas así para el ciclismo, pues este deporte sigue ofreciendo un parangón de posibilidades que ahora mismo ningún otro deporte puede poner sobre la mesa. El mero hecho de ser un deporte itinerante descarta competencia posible. Lo lamentable en estos casos es que iniciativas de tal pelaje vengan de acento británico y que los chefs de Caja Rural, Movistar, Euskaltel y Andalucía no nos deleitaran con las delicatesen que sus regiones nos podrían ofrecer. Todo se andará.