Nibali existe

Hace dos años Vincenzo Nibali era un ciclista que acostumbraba a disputar en lo que tomaba parte. Ganó una Tirreno memorable, que aún perdura por esa jornada loca camino de Port Sant Elpidio, luego se vistió de rosa Giro hasta el final, con varias etapas marcadas por el nieve y el frío extremo. A grandes rasgos siguió brillando, esta vez en la Vuelta a España, donde Chris Horner se le cruzó, y luego en el mundial, condicionando el desenlace tras un increíble tras coche que le sacó de estar eliminado por una caída y le situó en cabeza en el tramo decisivo.

Sea por lo que fuera hace un año por estas fechas las cosas no iban bien para el siciliano. Acostumbrado a dirigir el equipo como compitió en su día, Alexander Vinokourov no tuvo problema en meter presión a su estrella en la búsqueda de unos resultados que no llegaban. La primavera pasó anónima para el siciliano, sin dar muestras de un mínimo nivel. La cosa pasó de castaño oscuro en el Dauphiné, donde la guerra mundial emprendida por Froome y Contador demostraba que el italiano de Astana estaba lejos, muy lejos de los dos grandes. Luego llegó el Tour y…

El domingo se le vio en la Amstel, delante, mandando e incluso cruzándose de forma poco educada, aunque en el fondo tuviera razón, a Tony Martin, cuando el alemán, entiendo que siguiendo órdenes de equipo, se negó a colaborar con él. Nibali atacó a 36 kilómetros de meta y se mantuvo la mitad de ellos en vanguardia. Es curioso, la Amstel, incluso por delante de Lieja, es la carrera que más gusta a ganadores del Tour. El gusanillo lo probó Lance Armstrong, incluso antes Bjarne Rijs, y ahora el siciliano, un ciclista que como los citados vive con el resoplido de la sospecha en su oreja.

En breve, se fallará la suerte de Astaná en el World Tour. Nibali ha llevado un plan inmaculado hacia la defensa de su victoria en el Tour. Cada poco aterriza en el Teide, la Meca de los campeones, en lo que tiene que ser una superpoblación de estrellas según que épocas. Nibali admite cierto stress, desde hace un tiempo “todos me preguntan” por ello, por la podredumbre que ha rodeado Astana desde tiempos inmemoriales y que Alexander Vinokourov no parece el más adecuado para gestionar.

El plan inmediato de Nibali se centra en Valonia, con el objetivo de ganar al fin un monumento. La Lieja la tuvo cerca hace tres años hasta que se desfondó cerca de meta y se vio superado por Maxim Iglinsky, con el tiempo uno de los “Astanas” que hizo pitar la máquina y auténtico “carbono 14” en las raíces del equipo, pues ya estuvo en aquella edición de 2007 en la que el equipo tuvo que salir precipitadamente del Tour por el positivo de Vino. Iglinsky lo ha visto todo. Lo sabe todo.

Para Nibali luego vendrá Romandía –donde se cruza con Nairo Quintana- y posteriormente retiro de dos semanas largas al Teide. Quizá entonces se sepa la resolución definitiva sobre Astana, equipo que antes o después caerá porque es objetivo de la UCI. Cuando caiga ya se hablará de su futuro, mientras su presente se escribe en azul celeste.

Imagen tomada del Facebook de Astana

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¿Por qué incomoda hablar del Teide?

El periodista del diario As Chema Bermejo le realizó esta entrevista a Vicenzo Nibali que entre otras cosas valora que le falta un poco para llegar al nivel de Contador y Froome, cabrá ver cuánto le queda por progresar porque el lunes se le vio realmente lejos. No obstante el siciliano si por algo se prodiga es por salira delante en carreras en las que, pareciendo inferior, acaba surgiendo por su excelente sentido de carrera y dominio de los terrenos pestosos.

Sea como fuere la entrevista incluye alguna cosa interesante como la percepción que tiene el líder del Astana de Alberto Contador, al que tilda de “creativo y con mucha visión” o algo similar, siendo creo yo que es el primero que opina así del ciclista de Pinto que a decir verdad y tal y como hemos visto en Tirreno y en lo que llevamos de Dauphiné ha aprendido que con ciertos rivales si esperas al final te acabarán fastidiando. Eso mismo le costó entender tres cuartas partes de una Vuelta a España hasta que un día, camino de Fuente Dé, se armó de valor para quitarle el liderato a Purito.

Sin embargo lo que más me llama la atención es lo de puntillas que la prensa pasa por el tema del Teide y sobre el hecho de que los tres grandes aspirantes al Tour de Francia hayan coincidido en lugar y tiempo en la cima más alta de España. Es curioso  que incluso mencionándolo Nibali el periodista no quisiera saber, siendo el vocero de las inquietudes del aficionado, cómo fue la convivencia de estos tres ciclistas en tan reducido espacio, si coincidieron –no me creo que no se vieran-, si mediaron palabra, vamos esas cosas que llaman la atención y despiertan el interés de cualquiera que pregunta.

El otro día, a raíz de este post, un periodista canario me comentó que en el Parador del Teide estuvieron estos tres ciclistas al mismo tiempo. Me comentó que en el cabildo ya han hecho alguna cuña de la elite turística que les visita. También afirmó que, conociendo el tamaño del restaurante del establecimiento, unas 17 meses, era imposible no coincidir y que para más inri Astana y Tinkoff- Saxo compartían cuarto de material. De hecho la prensa del lugar es de la poca que hace mención al tema por obvia querencia al territorio.

Viendo cómo andan Contador y Froome en la Dauphiné, viendo el furor que causa desde hace tiempo este lugar, con otros ilustres como Ivan Basso o Purito Rodríguez entre sus inquilinos, me parece triste no profundizar más sobre el lugar, sus beneficios y atractivos para el deportista de alta competición.

A sabiendas de la inaccesibilidad del mismo, de lo complicado que los inspectores tienen viajar allí arriba y esas cosas, es indecoroso que se despache el “fenómeno Teide” tan de pasada. Como se dice habitualmente de la mujer del César, y como pasó con el inhalador de Froome y su interminable listado de enfermedades, a veces no hay que ser honrado sino parecerlo y el ciclismo y sus actores tienen un terrible problema a la hora de comunicar las cosas porque siempre parece quedar algo en el tintero.