¿Se puede plantear el recorrido del Tour para un francés?

Alaphilippe Tour JoanSeguidor

Cada año que vemos el recorrido del Tour se dice que es para una francés

El Tour para un francés, el Tour para un francés, el recorrido del Tour para un francés…

Esta matraca que suena cada año, cuando se presenta la carrera más importante, que no la mejor, del mundo, suena como una mosca pesada sobre nuestras cabezas.

Incluso ya recuerdo en tiempos de Miguel Indurain, cuando presentaban el Tour, decían «es un Tour anti Indurain».

Recuerdo la edición de 1994, una a la que el navarro llegó con la zozobra de no haber ganado el Giro de Italia, que muchos se la ponían cruda, porque había una cronoescalada al final.

Aquella crono la ganó Piotr Ugrumov, pero Indurain llegaba con los deberes bien hechos a aquel epílogo, tras la exhibición de Bergerac y el ataque de Hautacam, aquel de la niebla, como olvidarlo.

Sea como fuere, como cuando cae la tormenta, el agua volvía a su cauce, Miguel imponía, como otras tantas veces la ley del más fuerte.

Como hicieron los más grandes antes que él, y a posteriori.

En esa época Miguel Indurain se la jugaba con corredores de la raza de Virenque, Leblanc o Jalabert, es decir, la cesta francesa tenía mimbres para soñar alto, para ver su carrera quedarse en casa.

Sobre el recorrido de este Tour, hemos vuelto a leer y escuchar muchas cosas de la misma guisa: es para que lo gane un francés.

Sinceramente nunca hemos creído que un recorrido se haga pensando en alguien en concreto, sobre todo en lo que al Tour se refiere, otras carreras, como la Vuelta, sí que se han admitido algunas «sugerencias»…

Sin embargo ver la portada del último Vélo Magazine nos ha devuelto esa realidad que muchos describen.

 

Que Thibaut Pinot admita en la portada de la revista ciclista del grupo L´Équipe, y por ende del entorno ASO, que este Tour le beneficia nos abre esa duda en la que muchos ven una certeza: el Tour está hecho para que gane un francés.

Aunque seguimos pensado que es improbable que se piense en alguien para un recorrido, ahí está el titular que deja Pinot.

Sin embargo, si miramos bien, resulta complicado pensar en alguien más que Thibaut Pinot para el Tour, hablando de franceses.

Romain Bardet tiene planeado el Giro, como parece que va a por él de verdad, el Tour, una carrera que no se le da desde hace dos años, ya se ha caído del plan.

Julian Alaphilippe sabe que no puede jugarlo todo al Tour, primero porque es un riesgo enorme, segundo porque tiene excelentes aptitudes para el resto del año, tercero, y más importante, porque no es un «hombre Tour» por mucho que consumiera dos tercios de carrera de líder en 2019.

Ello no quiere decir que su crecimiento vaya a más en los años venideros, ahora mismo parecería el quinto o sexto en una lista de favoritos.

SQR – GORE

 

Sin embargo si una cosa tuvo la travesía de Julian Alaphilippe en este Tour fue demostrar, recordar, que la francesa sigue siendo una carrera eso, francesa.

La pasión que despertó la gesta del fino ciclista del Deceuninck, junto a las esperanzas que levantó Pinot, puso a Francia en su momento más alto en mucho tiempo, recordando que el Tour es patrimonio francés.

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Y eso cuesta tenerlo claro en esta carrera que se proyecta al mundo como uno de los grandes eventos de carácter anual, poniendo su banderita en todos los extremos del mundo.

El Tour, dijimos hace un tiempo, ya no es sólo de los franceses, sin embargo vuelve a serlo, más que nunca en los tiempos recientes.

Y tener aspirantes al triunfo es un la forma de materializarlo, incluso con recorridos que a veces atufan y levantan suspicacias.

El maldito Tour

Tour Tourmalet Thibaut Pinot JoanSeguidor

Grandes corredores han sacrificado todo por brillar en el Tour, dejando en el camino objetivos también prestigiosos

Cuando el Tour 2020 esté sobre la mesa, todos seguiremos con el dedo el recorrido, el trazado del papel, mirando los nombres, imaginando los perfiles, eso que a la gente del ciclismo nos gusta tanto.

Pero por la misma regla de tres, los que gustamos de ciclismo los once meses del año, quizá el Tour nos signifique una satisfacción, al tiempo que un esfuerzo.

El Tour de Francia es el momento del año que más nos preguntan por ciclismo, el momento en el que surgen «entendidos» tipo Manolete o Lama que sueltan perlas del tipo «el ciclismo es un deporte de moñas porque corren sentados» y el momento que vemos que el ciclismo es mucho más bonito otras muchas carreras que no sea la del hexágono durante julio.

 

Cada año es una historia que ya sabemos, se rumorea, se presenta y se mancilla el recorrido, luego en carrera, con estrategias de «Santa Rita» y miras en el potenciómetro.

Con ese horizonte, no es de extrañar que la historia nos dejara una lista de nombres que por jugarlo todo al Tour quedaron en el camino, medio rotos del esfuerzo y vencidos por la frustración de no ganarlo.

Porque el Tour sólo lo gana uno.

Y así escribimos la historia reciente de corredores que, tras fiarlo todo al Tour, han salido escalados.

Como el mismo Geraint Thomas, que describe un abismo entre ser primero y segundo, sabedor que, posiblemente no vuelva a tener una oportunidad, con ese Ineos en overbooking de estrellas.

Hace unos años, Geraint era un corredor de diez meses, un espectáculo en clásicas, un pistard excelso… pero creció en las grandes vueltas, probó el Tour y en ello se centró.

 

Julian Alaphilippe no volvió a ser el mismo después de este Tour. 

Pólvora mojada en el mundial y en Canadá, en las dos únicas carreras en las que estuvo delante.

El Alahilippe de San Remo se consumió en su brillante Tour y nos queda cruzar los dedos para que empiece el año que viene y vuelva a las andadas.

Hemos leído que él quiere seguir apostando al ciclismo de toda la temporada, pero también es cierto que la fama cuesta pero gusta, engancha y doma voluntades, Alaphilippe fue el héroe de Francia durante catorce días.

Eso no se lo da ni San Remo ni a Flecha Valona ni las exhibiciones más inverosímiles…

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Otro que añadir a la lista es Nairo Quintana, un corredor con un palmarés excelso, cuya obsesión por el Tour, a donde va sólo él convencido que puede ganarlo, le ha sacado de otros foros, menos prestigiosos sobre el papel, pero que también llenan al buen aficionado.

Y acabar con Thibaut Pinot, quien dejó la carrera en lágrimas, tiró su bicicleta al rincón de pensar durante tres semanas y no hemos vuelto a ver.

Y le hemos extrañado el Lombardía, y en la Milán-Turín.

Es la realidad, optar al Tour es lo máximo a lo que aspiran, pero también les aparta del ciclismo 7×24 que nos gusta, el solo peaje que implica prepararlo, concentrarse y competir les deja secos a algunos, por eso quizá convenga valorar cosas como las de Egan Bernal, con 22 años, capaz de construir un palmarés que va de febrero al podio de un monumento en octubre.

Eso es oro.

Alaphilippe & Pinot: Esos ídolos no sólo venden victorias

Alaphilippe Tour JoanSeguidor

Viendo el Tour de Alaphilippe y Pinot guardamos la esperanza que el ciclismo es algo más que fríos números, vatios y tablas de rendimiento

Sobre el Tour que hicieron Alaphilippe y Pinot: unos días después de la carrera siempre es interesante sacarle unas perrillas para comprar la revista de cabecera del ciclismo francés.

Lo es cada año, pero éste más, por cuanto creo que los anfitriones no se han visto tan cerca de ganar el Tour como esta vez.

Dos bazas se mantuvieron vivas hasta 48 horas antes de llegar a París.

Aunque todos esperábamos que Alaphilippe acabara hincando la rodilla ante los grandes nombres, lo cierto es que la sorpresa merodeó nuestras cabezas durante varios días.

Y en el caso de Thibaut Pinot, muchos le vimos de amarillo, al fin, por fin, toda vez que salió reforzado de los Pirineos.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Pero en el ancestral atractivo de este ciclista de los Vosgos, con apellido que sugiere la tradición enóloga de la «France», reside también la desgracia y el drama de última hora que esta vez sobrevino por un golpe en la rodilla y la consiguiente tendinitis.

Que el deporte menos agresivo para las articulaciones, como es el ciclismo, acabe así, es el colmo, la guinda de la desgracia que parece perseguir a uno de los corredores más apreciados por el aficionado.

Y es ahí donde reside, tal vez, parte del atractivo que envuelve a los dos grandes héroes franceses del Tour.

La revista de cabecera, Vélo Magazine, como el diario de consulta, L´ Equipe, no vacilan sobre la importancia de sus logros.

 

La revista se llena de publicidad dando las gracias a Alaphilippe por el Tour que ha realizado y se culmina con una contraportada de poético slogan:

«La victoria más grande es conquistar el corazón de un país, Julian Alaphilippe»

En la poesía, en la emoción reside también la calve del éxito.

El otro día comentábamos con una marca textil de cierto nombre entre aficionados y grupetas sobre lo que valoraban para elegir un embajador, equipo o personaje que les representara por el mundo.

«Valoramos la buena imagen por encima del resultado»

Esta impronta es una realidad hace tiempo, se valoran otras cosas más allá de la victoria, porque ésta es la que cuenta para el largo plazo, los anales y permitidnos llamarlos frikis.

Lo otro, es la emoción del momento, el desvelo de cada etapa, el mes de julio que estuviste pendiente de ellos, incluso cuando en el caso de Alaphilippe la razón decía que no podía aguantar.

 

Para los franceses el gran triunfador del Tour es Julian Alaphilippe y el fllón lo tiene ya ahí.

El caso de Thibaut Pinot bebe del beneficio de la duda del «y si…».

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Thibaut dejó la carrera cuando ésta alcanzaba el clímax su desgracia, inoportuna en el fondo, fue oportuna en esencia.

La historia se escribe actualmente desde la emoción, «ganar, ganan muchos, que permanezca es otra cosa» me ha repetido alguna vez, y la desgracia de Pinot es casi un spoiler.

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Así las cosas, el ciclismo del siglo XXI, el superprofesionalizado, el que decimos que rara vez emociona, y no porque lo gane un colombiano, necesita de la sensación y la emoción más que nunca.

Un país como Francia guarda sus héroes por lo que les hizo sentir y no por lo que acabaron logrando, que no fue poco, aunque lejos de ser quien porte el maillot amarillo en París.

Quizá un día, los gurús del ciclismo y la ciencia, de la precisión y esas cosas, deberían poner algo de alma en lo que hacen.

Posiblemente entonces puedan ganarse una nación como Alaphilippe o que las lágrimas de Pinot sean las de millones de aficionados.

La ancestral mala suerte de Thibaut Pinot

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Para Pinot los grandes momentos han precedido sonadas decepciones

Que el Tour disputara o no el final de Tignes, que subiera hasta Val Thorens o no, ya no interesa en «chez Pinot».

En el ciclismo la línea entre la suerte y la desgracia es fina, difusa, casi tan imperceptible que pasas de un estadio a otro sin notarlo.

A Thibaut Pinot la suerte le ha sonreído muchas veces, pero las que no ha sido así, le ha costado tan caro que es complicado pensar en positivo.

Y más veinticuatro horas después de que sus lágrimas fueran las de medio pelotón y las del buen aficionado que le gusta el ciclismo y los buenos ciclistas.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Dijimos antes que el Tour se activara en Bruselas, que una carrera que ganara Thibaut Pinot no podía ser aburrida.

Explotó joven, aquella jornada en el Macizo Central ganando una etapa con el eléctrico Madiot chillándole desde el coche.

El camino no ha sido sencillo, tuvo tantas curvas como esos descensos que le han quitado el sueño tantas veces y le han descolgado de cosas grandes.

Pero no sólo los descensos, también ese carácter íntimo, que le gusta estar alejando de los focos, tranquilo, en su vida de los Vosgos con su gente.

 

Thibaut Pinot pisó el podio del Tour de 2014.

Desde entonces las cosas no le han sonreído en la carrera de su país, más allá de una victoria del nivel de Alpe d´ Huez.

En ese camino de ida y vuelta, Pinot encontró fuera del Tour la gloria y la admiración que su forma de correr tiene.

El francés que hizo fortuna en Italia, con una edición de Lombardía, la última y unos duelos con Nibali, que han ganado el respeto del gourmet en ciclismo.

Un coleccionista de triunfos en las tres grandes, con tres cimas que no son cualquier cosa, Lagos de Covadonga, Tourmalet y el mentado Alpe d´ Huez.

Un corredor que rara vez deja algo por gastar, y que por ello se hace acreedor del cariño que seguro ha encontrado desde que dijera adiós al Tour.

 

Cuando en los primeros momentos de la caótica jornada al Iseran, le vimos descolgado, desquiciado, sacando las vendas de la rodilla, nos vinieron a la mente las imágenes de la penúltima jornada del Giro del año pasado, cuando acabó el día en el hospital vacío, roto y creo que con una neumonía tras perseguir y perseguir a Chris Froome en aquella trepada por los Alpes, entre Finestre, Sestriere y Bardonecchia.

El Pinot que más alto voló, cayó a plomo.

Igualito que en este Tour que los franceses han visto volar de entre sus manos en un par de horas.

Suunto: Fotos de salidas memorables

La desgracia ancestral que persigue a Pinot apareció en la loca salida hacia el Iseran, donde Alaphilippe reventó ante el golpe de Egan Bernal.

Y eso que Bardet nunca estuvo en la pomada.

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Dice Pinot que cuenta los días para volver a la salida del Tour, ya en 2020, pero por medio que recupere esa rodilla, ese golpe que le ha dolido a él y le ha apeado de la bicicleta, pero ha hecho mella en el aficionado.

Pinot, esperamos, estará en la Vuelta, haciendo grande las cimas, dando color, luz y emoción en este ciclismo que anda huérfano de más como él.

Este ciclismo que te pone en el cielo y en el suelo en cuestión de segundos: de ganar en el Tourmalet, y descolgar al propio Bernal en Prat d´ Albis a recibir un golpe en la rodilla y acabar abandonando tras disimular dolores entre Vars, Izoard y Galibier.

A veces cuando pensamos en lo que pasa y encaja esta gente…

Tour: El Tourmalet no engaña

Tour Tourmalet Thibaut Pinot JoanSeguidor

Pinot gana en un Tourmalet que deja el Tour muy en el aire

Hay días que marcan a fuego el futuro de las personas, de las cosas, de la vida.

El Tourmalet, año 2019, tras su coronación hay varias certezas y conjeturas suspendidas en el aire.

Llegaron arriba varios, unos cinco o seis, corredores, no hizo falta trisca pura y dura, como muchos esperan, pero ha habido una selección importante.

El Tourmalet, de abajo arriba, en su solemne grandeza, ha hecho el daño que se les supone a las grandes leyendas.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Por partes y acumulación de noticias.

Julian Alpahilippe va a por el Tour, no pensábamos que iba a salvar la crono, y la salvó, no pensábamos que iba a superar el Tourmalet, y lo ha superado…

Es decir, que las cosas empiezan a cuadrar, poco a poco, ante nuestros incautos ojos, y Julian Alaphilippe encuentra el camino.

Incluso diríamos que a costa de Enric Mas, cuyo maillot blanco le sentará muy bien, que correrá con dos y tres dedos de frente, que será cauto y buen fondista, pero que tiene al líder en casa, renovado, el mejor pagado del equipo e ídolo del país donde se corre el Tour.

 

Que Julian Alaphilippe fuera a ganar el Tour no entraría en plan alguno, hoy, con dos tercios de carrera consumidos, es el mejor situado.

Y en el otro lado se postulan varios, aunque a distancia eso sí.

Geraint Thomas encontró en el Tourmalet el tope de ese momento dulce que vivía para con el Tour desde hace un año.

Un tope que le sobreviene mientras Egan Bernal sigue ahí.

¿Quién es el líder del Ineos?

La carretera lo dirá, pero las dos bazas, ahora mismo le sirven.

Necesitan etapas para decidirlo.

Si tras la crono parecía Geraint, ahora miramos a Bernal.

Esto da mil vueltas.

 

Añadirle a la terna Thibaut Pinot, desprovisto de las taras de antaño, que va remando y que parece ir a más, con un gregario que es oro, David Gaudu -los franceses están que se salen-.

Y a los Jumbo-Visma, el equipo del Tour, por muchas vueltas que le demos.

Steven Kruijswijk opta al podio que el año pasado no alcanzó Roglic.

Fuerte parece, pero ya sabemos, hay corredores que compiten contra rivales y la mala suerte.

Corredores como Mikel Landa, el que parece más fuerte del Movistar, pero que circula muy desplazado en la general.

Sobre Landa y sus caídas ya opinamos, lo visto en Tourmalet es la constatación que es el capo de un equipo que corre, pues eso, corre, toma la salida, compite y va haciendo.

Quizá la clave del equipo celeste esté quince días antes de afrontar el Tourmalet, cuando no contó con Sciandri, el arquitecto del Giro de Carapaz, y llevó a Chente y Arrieta al frente.

La imagen de Nairo escurriéndose en el grupo, mientras Amador y Soler marcaban un paso ambicioso fue dantesca, pero nada superó el momento que Soler se descolgó de cabeza para ayudar al colombiano.

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Una solución, un tiro en el pie a la vista de todas y todos, un momento que retrata las peores tardes del equipo telefónico que ahora camina sin orden ni concierto y la seguridad de que tienen que fallar muchos para rascar algo potable.

Que Nairo se quede es humano, todos tienen un mal día, un mal año o unos malos Tours, pero que se quede al ritmo de sus compañeros, mientras Valverde admite en la cima que no les avisó, suena dantesco.

¿Por qué no avisó Nairo de su mal momento?

Nairo Quintana es el nombre y apellido de un corredor que pasa a engrosar el listado de ciclistas que un día tuvieron el Tour a tiro, que por lo que sea, no lo cogieron con las manos y acabó cediendo.

Hoy Quintana engrosa la lista que recoge otros ilustres como Romain Bardet, Richie Porte o Adam Yates.

Porque la rueda no para, la bicicleta prosigue y no espera, como el Tourmalet, el teatro donde las máscaras no valen.

Imagen: FB de Le Tour de France

Ser favorito al Tour es una losa

Tour Romain Bardet JoanSeguidor

Que L´ Équipe señale a Bardet y Pinot como favoritos top al Tour es una responsabilidad que no podemos imaginar

A una semana del Tour, las quinielas echan humo, la gente saca nombres y algunos brillo a sus preferencias.

El ciclismo, este ciclismo que conocemos y nos tiene atentos, tiene poco de deporte y mucho de espectáculo, personas llevadas al extremo en todos los aspectos, desde el físico al mental en un insalubre esfuerzo de tres semanas por el hexágono francés, sometidos al escrutinio de millones de aficionados que hablamos de ellos como si fueran de la familia.

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Pero no, son personas que sienten y padecen y conviven con la responsabilidad de cumplir con las ilusiones y deseos de toda la ristra de los no pocos aficionados que les siguen y veneran.

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Y así ocurre que, a la dificultad del recorrido, los rivales, las caídas, la tensión y esas cosas que dibujan un deporte de alta competición, se suma la presión del entorno.

Esta semana que hemos hablado de Romain Bardet y Thibaut Pinot por separado, de la suerte que les deseamos en la carrera de su casa, curiosamente L´ Équipe les abrió “l´ une”, la portada del diario más prestigioso del deporte, diciéndoles que esto es un “ahora o nunca” para las dos esperanzas locales.

Que el diario del organizador les dedique esta portada, que les conmine y recuerde que sin Dumolin ni Froome optan a ganar el Tour, todo un Tour, 35 años después de Bernard Hinault es una losa sobre la espalda de los dos mejores ciclistas franceses de la actualidad.

Somos muy dados a colgar carteles, forma parte del deporte.

Así sienta una jornada de ciclismo por La Cerdanya

La portada de L´ Equipe nos trajo a la memoria otras que se han hecho en este lado de los Pirineos y que nos consta de primera mano que aún escuecen.

 

 

Año 1997, cuando Miguel Indurain colgó la bicicleta, el diario Marca ya marcó a Abraham Olano como sucesor.

En las previas del Tour de aquel año, que ganara Jan Ullrich, TVE abría la publicidad con Abraham Olano como gran favorito.

Aquella presión acabó por ahogar la progresión de uno de los mejores ciclistas que ha tenido España y le estigmatizó porque no pudo igualar a Indurain, cuando aún hoy, nadie lo ha logrado, ni antes del navarro nadie había conseguido.

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Es imposible que Bardet y Pinot no hayan leído esa portada

De hecho este año es el de la vuelta de Pinot al Tour, tras haber hecho fortuna en Italia, principalmente, granjeando el cariño del público con una forma de correr que gusta y atrae, en la que ganarás o no, pero al menos das lo que tienes y no hay reproches.

Lo dijimos el otro día, cuando hablamos de Nairo, no se puede criticar a un corredor por no ganar el Tour, porque sólo gana uno, por eso cuando nos calentamos la boca en los días previos a la gran carrera, no podemos menos que pensar que esta gente lee lo que se dice de ellos y le afecta, por muy pros y aislados que parezcan.

Ahí dentro late un corazoncito.

Tour: Si ganara Thibaut Pinot no nos aburriríamos

Strava Lombardia - Thibaut Pinot JoanSeguidor

Un corredor como Thibaut Pinot rara vez se guarda algo

Thibaut Pinot es, como Romain Bardet, un ciclista al que sólo puedes apreciar.

Anárquico en sus formas, eléctrico, parece manejado como una marioneta por su director, Madiot, el mismo que chilla a los corredores como quizá lo hiciera Guimard con él, hace treinta y pico años, ahí sin camiseta, con cigarro y al volante.

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Thibaut Pinot parece beber de aquel ciclismo, del mismo que llenaba de franceses las grandes carreras, como avispillas que salían por doquier, antes de la gran depresión de los noventa y primeros años del nuevo siglo.

Es, decimos, un ciclista impredecible, y quizá por eso sea irresistible.

Una suerte de ruleta echada a la carretera que en el Tour no se prodiga desde hace dos años.

Cuando en 2012, Thibaut Pinot burló el control del primer Sky -cómo olvidar el «treno» formado por Porte, Rogers, EBH y Froome para Wiggo- parecía que «la France» ya tenía su baza para ganara el Tour, una baza que el tiempo demostró que tampoco iba a ser posible.

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A los dos años el francés, siempre en la FDJ, hoy Groupama, pisó finalmente el podio, tras Péraud, por delante de Bardet, en esa edición que algunos machacan que Nibali ganó porque no había concurrencia de nivel.

Pero pisar el podio del Tour, nunca es sencillo y menos cuando eres Thibaut Pinot y Francia pone el peso de favorito número uno sobre tus espaldas.

Un premio sobre el papel, veneno puro sobre este corredor que muchas veces ha admitido encontrarse mejor fuera de los focos, tranquilo, haciendo lo suyo.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

 

Y quizá por ello, el Thibaut Pinot que pondrá el pie en Bruselas para disputar el Tour que celebra los 100 años de maillot amarillo sea un corredor mucho más maduro y centrado que el de hace dos años.

No en vano, por el camino ha dejado buenas muestras de lo que es capaz de hacer.

El sublime final de campaña del año pasado, ganando en lugares tan singulares como los Lagos de Covadonga -cima que unió, ahí es nada, a Alpe d´ Huez- y batiéndose airoso con Vincenzo Nibali por Como y sus lagos en Il Lombardia.

Los dos Giros en los que ha tomado parte, casi pisando el podio de uno y acabando en el hospital el otro, porque sencillamente explotó hasta la enfermedad.

 

Ese Pinot, imposible no tener ecos enólogos en ese apellido, es el que queremos en un Tour que le va perfecto, con toda esa montaña, y rivales en teoría no tan fuertes como si estuvieran Froome o Dumoulin.

Pensar en Thibaut Pinot para ganar el Tour de Francia, quizá sea apuntar muy alto, pero la incertidumbre que se respira puede darle opciones.

Opciones de seguir engrosando un palmarés que no será el más extenso, pero que está lleno de perlas…

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… y algunas tan desconocidas como una crono en Romandía, con una participación de lujo con él.

Un dato que revela que hubo un día que quizá quiso conquistar una grande y ¿por qué no el Tour?

Ahora Pinot no es aquel chaval que se angustiaba con las cámaras y los focos, es un corredor maduro, más hecho, con un buen palmarés detrás y razones para estar orgulloso.

Suunto 9 Baro: batería de larga duración y altitud barométrica

Por eso en nuestra quiniela de favoritos ideales, lo tenemos bastante arriba…

Los imprescindibles ciclistas de 2019 (vol III)

Alejandro Valverde arcoiris JoanSeguidor

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Valverde, Pinot, Bardet… ciclistas que demuestran que el Tour no puede serlo todo

Valverde: El año que amanece en arcoíris

Cuando Alejandro Valverde cruzó el primero, a grito pelado, la meta de Innsbruck, pensó en 2019 y se imaginó un año entero corriendo con la prenda que más sueños le había robado.

Señalado de por sí, ahora su condición será eterna, a la vista de todos, de rivales, de afición, de cámaras, de periodistas… de todos.

Sondearán el grupo, Valverde se distinguirá de lejos.

En su temporada de arcoíris Alejandro Valverde da un paso atrás en el Tour, carrera en la que consiguió lo que quería subiendo al podio.

Y al mismo tiempo vuelve al Giro, a Italia, ese país hostil en los años de plomo.

Y se atreve con Flandes, a donde va en condición de neófito aventajado.

Que gane es muy complicado, pero que decante la balanza quizá pueda ser y lo cierto es que ese escenario en sí mismo ya pone los pelos como escarpias.

Porque Alejandro Valverde tiene algo que muchos quisiéramos.

A la puerta de los cuarenta sigue manteniendo intactos los sueños, y emociona, y se emociona, como el primer día.

Como esos críos que nunca dejaron de creer en Peter Pan.

¿El Tour francés?

Vamos, con buen paso y ritmo firme a los 35 años sin ganador francés en el Tour de Francia.

Desde entonces Jalabert, Virenque, Moreau, Voeckler, Péraud, Pinot, Bardet y otros muchos sucumbieron a la presión y los rivales.

Y así siguen tanto tiempo después, viendo como ingleses, españoles, algún italiano y un americano imprudente, les ha llevado el oro de los mismísimos Champs Elysées.

La historia sigue su curso, y el maleficio galo con ella.

Romain Bardet fue quien más cerca rodó de la gloria olvidada, pero tampoco pudo.

El año pasado de hecho dio un paso atrás importante en la general, cayéndose de un podio en el que se había hecho fuerte.

El problema de Bardet es que, con todo lo extraordinario ciclista que es, parece haber tocado techo.

Al menos en el Tour, porque otros horizontes, igualmente saludables se han abierto para él, con podios en importantes carreras de un día.

Lo mismo ocurre para Thibaut Pinot.

Ambos se la jugarán de nuevo al Tour, un Tour diseñado con su molde, a su conveniencia, desplazando la crono por montaña.

Si el Tour 2019 no es el de Bardet o Pinot, bien harían en mirar otros objetivos, que como bien han comprobado, entran en su radar y también dan gloria.

¿La última oportunidad de Nairo?

En el juego de las bolas de partido Nairo lleva unas cuantas perdidas.

Pero lo cierto es que el colombiano sigue teniendo chance, al menos de puertas hacia adentro sobre sus opciones.

Ser precoz en pisar el podio del Tour sigue siendo un aval para creer que un día puede volver a ser el que fue, o el que prometió ser.

Pero los años son piedras que pesan y juegan a la contra.

Nairo cuenta por fracasos sus últimas grandes vueltas, desde que Dumoulin le ganara el Giro 2017 y nada le sale a derechas.

Ganar una etapa reina en el Tour es pecata minuta para quien quiere el Tour entero.

Prueba en invierno, la calidad de las piezas de Endura

Colombia suspira por conquistar su última cima, el Tour, pero su baza más evidente pierde trenes por el camino.

2019 parece la última bala en el cargador.

¿Qué pasaría si esta vez tampoco hiciera diana?

Imagen tomada de FB de Il Lombardia