¿Romain Bardet o Thibaut Pinot?

Romain Bardet JoanSeguidor
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Cuando un francés vuelva a ganar el Tour, que no se olvide del camino que marcaron Bardet y Pinot

Romain Bardet ya no está en el Tour y Thibaut Pinot sigue, aunque sin el objetivo que le trajo a la carrera.

Uno y otro, años después de explotar en la mejor carrera del mundo, creo que pasan a engrosar la abundante lista de ciclistas franceses que han intentado su éxito prolongar un legado que lleva 35 años en suspenso, el tiempo que ha pasado desde la victoria de Bernard Hinault.

Bardet y Pinot entran directos a una nómina que incluye ilustres y excelentes ciclistas como Christophe Moreau, Richard Virente, Charly Mottet, Jeff Bernard, Thomas Voeckler, Laurent Fignon o el mismo Julian Alpahilippe, ciclistas nacidos en el hexágono que en algún momento pisaron el podio u optaron a ganar el Tour, o al menos estuvieron en un listado previo de aspirantes.

35 años después Francia tendrá que seguir esperando

Para la edición presente, a la puerta que el año pasado abrió Julian Alaphilippe, una puerta que él mismo creo que se ha encargado de cerrar por que ve lo que hay alrededor, rivales mucho mejores para esta carrera, se añadieron Guillaume Martin, un ciclista cultivado que se ha ganado un hueco en corazón de la gente por su singular bagaje y el salto de calidad experimentado en Cofidis, más el dúo Bardet-Pinot.

Como decíamos al principio, Bardet ya no está en el Tour.

Mirad lo que sucedió tras su caída ayer camino de Puy Mary y el mérito que tiene por llegar a meta…

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DT-Swiss Junio-Agosto

 

Romain Bardet y Thibaut Pinot son los franceses que han convivido con ciclo del Team Sky en el Tour, ambos dieron el salto hace seis años, si bien antes Pinot ya había ganado una etapa, fue en la edición en la que gana Nibali cuando ambos se situaron en primera línea, junto al efímero Péraud, un biker reconvertido a rutero, muy buen croner, que acabó segundo esa carrera, aunque dando la sensación de no inquietar nunca el trono de Nibali.

Desde entonces Pinot y Bardet han experimentado una relación con el ciclismo en general y el Tour en particular muy parecida.

Si bien son corredores muy diferentes, en estilo, formas de ser e incluso entornos, han tenido muchas similitudes en su forma de encarar la carrera de su país.

Bardet pisó dos veces el podio, dando la sensación que sus mejores prestaciones quedaron en ese Tour.

El fino escalador de la Auvernia decidió, con buen criterio, dejar el Tour de lado y centrarse en el Giro para el presente año.

Ha acabo en Francia por que con la pandemia nadie asegura al cien por cien que vaya a haber Giro, un cambio de planes que, como estábamos viendo en carrera, le estaba resultando, pues iba entre los mejores, no quizá al nivel de los eslovenos, pero sí en el grupo inmediatamente perseguidor.

A Bardet le ha sentado bien venir al Tour sin presión y esa maldita caída le deja con el sabor de boca de qué pudo haber sido.

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Lo mismo vemos en Pinot, un corredor que en años sucesivos a su podio en 2014 apuntó alto en el Tour sin buen resultado, luego se centró en otras carreras y le fue bien, ganando etapas en Giro y Vuelta, siendo primero en Lombardía.

Volvió al Tour el año pasado, sin la presión de tiempo antes, y también le fue bien, hasta el golpe en la rodilla justo antes de los Alpes.

Tanto Bardet como Pinot han descubierto que sus mejores días en el Tour vinieron cuando menos lo esperaban, con menos presión sobre sus espaldas, presión que este año posiblemente se haya llevado Alaphilippe hasta que se descartó para la general.

Si nos dais a elegir nos quedamos con la calidad ciclista y humana de Bardet con el pundonor y entrega de Pinot, no sabríamos escoger, en todo caso la suma de ambos podría dar el primer ganador francés de Tour desde Hinault.

De lo que no cabe duda es que cuando Francia vuelva a hacer suyo el Tour, tarde o temprano pasará, que nadie se olvide que Bardet y Pinot pusieron migas en el camino para el logro que tiene a un país expectante.

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Thibaut Pinot: ¿Se acabó el sueño del Tour?

Tour Tourmalet Thibaut Pinot JoanSeguidor
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Thibaut Pinot ya sabe que no necesita el Tour para ser un ciclista apreciado

¿Por qué incluso descolgándose de Tour nos gusta Thibaut Pinot?

El otro día dimos alguna pincelada, ahí va alguna más.

Thibaut Pinot es uno de esos corredores que te sacia, te deja convencido que lo que has visto es lo que hay, no deja nada para mañana, ni para dentro de un rato, es especial, le gusta la intimidad, el anonimato, se sitúa en las antípodas de Alaphilippe, los focos no son para él, pero su calidad ciclista le hizo optar al Tour, que en Francia es algo como tocar el cielo con manos y saber qué huelen las nubes…

…todo esto es así, igual de cierto que Thibaut convive con la tragedia y el drama, hechos que perfilan siempre simpatías con el espectador.

Le puede suceder en un pavés, acabando con los huesos en el suelo, se puede vaciar tanto en una etapa que acaba en el hospital, darse un golpe con el manillar e inflamársele la rodilla o simplemente caerse y arrastrar dolores que le conllevan tres horas diarias de fisioterapia.

Todo eso es Pinot, y para eso, no necesita un Tour de Francia. 

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Por que la relación Pinot-Tour repele, es de amor-odio, cuando surge lo primero, acaba apareciendo lo segundo y al revés.

Pisó el podio en la edición que ganó Nibali, y desde entonces su amor ha sido imposible, platónico, consumado en momentos puntuales, en lugares especiales, Alpe d´ Huez y Tourmalet, ahí es nada, pero seguido de hondas decepciones.

La caída de Niza, los dolores de espalda que le quedaron, ha sido el motivo para este nuevo desengaño y para plantearse si necesariamente Thibaut Pinot debe seguir pensando en el Tour de Francia, él un ciclista que ya tiene un palmarés curioso, que ha ganado etapas en las tres grandes, los Lagos de Covadonga es otra pieza de su colección de cimas, e incluso un monumento como Lombardía en un mano a mano memorable con Nibali.

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El Pinot ajeno al Tour es un ciclista alegre, con pegada, que gesticula para ganar o estar muy cerca de la victoria

El Thibaut Pinot del Tour es un corredor presionado, torpe, alejado de su mejor versión, porque en definitiva la presión le pasa factura, y no sucede nada, no ocurre nada grave, son cosas de la vida, los hubo así antes que él y otros que vendrán.

Por eso creemos que no conviene seguir insistiendo en ceder ante un objetivo que se declara imposible, al final, el ciclismo en una temporada normal son diez meses y hay oportunidades para ser grande, muy grande y muchos son los ejemplos de corredores que fueron muy queridos sin pasar por el Tour.

Además, sin el techo de Thibaut, queremos ver hasta dónde le da la clase a David Gaudu…

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La pasión por Landa y Pinot no responde a la lógica

Mikel Landa JoanSeguidor

Tanto Pinot como Landa son lo más emocional del ciclismo

El epílogo del Dauphiné, la jornada final fue una locura que tuvo un punto de conexión con la realidad que conocíamos y siempre vuelve, la alineación de los elementos contra Mikel Landa y Thibaut Pinot.

Y es que el punto trágico que rodea dos corredores que despiertan pasión, directamente pasión, los puedes amar incondicionalmente, admitiendo que sus «lagunas» son parte de su encanto, o no querer ni ver, porque les acusas, en el caso de Landa de ser un lastre para Nairo, en el del francés de consolidarse como una eterna promesa.

Landa y Pinot son dos corredores con una vara de medir al margen de los mortales

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Los dos caminan por la cresta de los treinta años, ambos explotaron hace menos de diez, y de forma regular nunca han salido de la escena, aunque siempre algo les ha negado el premio máximo.

Una corsa es obvia, Landa y Pinot, incluso para los más críticos, no esconden una clase que destila cada pedalada.

Son dos corredores que centran miradas, que se llevan titulares y seguimiento propio, pero en carrera, como el día les pille inspirados, que tiemble el rival.

Los dos tienen jornadas de esas redondas que pasan a los anales.

El Mikel Landa del Giro del 2015 y el Tour de 2017: en ambas carreras, incluso trabajando para un tercero, tuvo su cuota de gloria, abriendo la puerta, sobre todo en el mentado Tour a poder disputarle la más grande  alos mejores, se quedó a un suspiro de un ciclista como Romain Bardet, que fió su suerte a esa carrera.

Thibaut Pinot tiene etapas en las tres grandes, ha pisado el podio del Tour, muy joven además, y firmó jornadas como ese Giro de Lombardía de vértigo que gana a Vincenzo Nibali, tras un trazado, ese de Como y alrededores, en el que los descensos tiene tanto que decir.

Los descensos, esos mismos que el francés tuvo que tratar con ayuda psicológica.

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Días así son oro, un clavo ardiendo para el landismo y el «pinotismo», que ya hay un perfil que habla por el colectivo.

Y así pasan los meses, los años, esperando que ese gran momento llegue mientras sendos iconos caen en la batalla, a veces fruto de un sobreesfuerzo brutal, otras por que un rival les empuja para no caerse, otras por un dolor de espalda o un golpe en la rodilla, da igual, el hecho en sí no es lo importante y sí el hilo que trence el argumento y acabe donde todos esperan que acabe: que su hombre siempre ha sido caballo pero que la vida es cruel y no les trata con justicia.

 

En este Tour, con un duelo de bloques anunciado, los versos libres pueden ser la clave, hete ahí Landa y Pinot, ahora mismo las mejores opciones de ciclismos tan importantes como el español y francés, abanderando la parte emocional que nunca debe ser subestimada en un deporte abordado por los números y la ciencia.

Pinot y Landa son esos «bárbaros» en un rincón de la Galia que hicieron fortuna en el corazón de una masa de aficionados que nunca les dejarán a su suerte…

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¿Se puede plantear el recorrido del Tour para un francés?

Alaphilippe Tour JoanSeguidor

Cada año que vemos el recorrido del Tour se dice que es para una francés

El Tour para un francés, el Tour para un francés, el recorrido del Tour para un francés…

Esta matraca que suena cada año, cuando se presenta la carrera más importante, que no la mejor, del mundo, suena como una mosca pesada sobre nuestras cabezas.

Incluso ya recuerdo en tiempos de Miguel Indurain, cuando presentaban el Tour, decían «es un Tour anti Indurain».

Recuerdo la edición de 1994, una a la que el navarro llegó con la zozobra de no haber ganado el Giro de Italia, que muchos se la ponían cruda, porque había una cronoescalada al final.

Aquella crono la ganó Piotr Ugrumov, pero Indurain llegaba con los deberes bien hechos a aquel epílogo, tras la exhibición de Bergerac y el ataque de Hautacam, aquel de la niebla, como olvidarlo.

Sea como fuere, como cuando cae la tormenta, el agua volvía a su cauce, Miguel imponía, como otras tantas veces la ley del más fuerte.

Como hicieron los más grandes antes que él, y a posteriori.

En esa época Miguel Indurain se la jugaba con corredores de la raza de Virenque, Leblanc o Jalabert, es decir, la cesta francesa tenía mimbres para soñar alto, para ver su carrera quedarse en casa.

Sobre el recorrido de este Tour, hemos vuelto a leer y escuchar muchas cosas de la misma guisa: es para que lo gane un francés.

Sinceramente nunca hemos creído que un recorrido se haga pensando en alguien en concreto, sobre todo en lo que al Tour se refiere, otras carreras, como la Vuelta, sí que se han admitido algunas «sugerencias»…

Sin embargo ver la portada del último Vélo Magazine nos ha devuelto esa realidad que muchos describen.

 

Que Thibaut Pinot admita en la portada de la revista ciclista del grupo L´Équipe, y por ende del entorno ASO, que este Tour le beneficia nos abre esa duda en la que muchos ven una certeza: el Tour está hecho para que gane un francés.

Aunque seguimos pensado que es improbable que se piense en alguien para un recorrido, ahí está el titular que deja Pinot.

Sin embargo, si miramos bien, resulta complicado pensar en alguien más que Thibaut Pinot para el Tour, hablando de franceses.

Romain Bardet tiene planeado el Giro, como parece que va a por él de verdad, el Tour, una carrera que no se le da desde hace dos años, ya se ha caído del plan.

Julian Alaphilippe sabe que no puede jugarlo todo al Tour, primero porque es un riesgo enorme, segundo porque tiene excelentes aptitudes para el resto del año, tercero, y más importante, porque no es un «hombre Tour» por mucho que consumiera dos tercios de carrera de líder en 2019.

Ello no quiere decir que su crecimiento vaya a más en los años venideros, ahora mismo parecería el quinto o sexto en una lista de favoritos.

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Sin embargo si una cosa tuvo la travesía de Julian Alaphilippe en este Tour fue demostrar, recordar, que la francesa sigue siendo una carrera eso, francesa.

La pasión que despertó la gesta del fino ciclista del Deceuninck, junto a las esperanzas que levantó Pinot, puso a Francia en su momento más alto en mucho tiempo, recordando que el Tour es patrimonio francés.

Nacex te lleva la bicicleta al fin del mundo 

Y eso cuesta tenerlo claro en esta carrera que se proyecta al mundo como uno de los grandes eventos de carácter anual, poniendo su banderita en todos los extremos del mundo.

El Tour, dijimos hace un tiempo, ya no es sólo de los franceses, sin embargo vuelve a serlo, más que nunca en los tiempos recientes.

Y tener aspirantes al triunfo es un la forma de materializarlo, incluso con recorridos que a veces atufan y levantan suspicacias.

El maldito Tour

Tour Tourmalet Thibaut Pinot JoanSeguidor

Grandes corredores han sacrificado todo por brillar en el Tour, dejando en el camino objetivos también prestigiosos

Cuando el Tour 2020 esté sobre la mesa, todos seguiremos con el dedo el recorrido, el trazado del papel, mirando los nombres, imaginando los perfiles, eso que a la gente del ciclismo nos gusta tanto.

Pero por la misma regla de tres, los que gustamos de ciclismo los once meses del año, quizá el Tour nos signifique una satisfacción, al tiempo que un esfuerzo.

El Tour de Francia es el momento del año que más nos preguntan por ciclismo, el momento en el que surgen «entendidos» tipo Manolete o Lama que sueltan perlas del tipo «el ciclismo es un deporte de moñas porque corren sentados» y el momento que vemos que el ciclismo es mucho más bonito otras muchas carreras que no sea la del hexágono durante julio.

 

Cada año es una historia que ya sabemos, se rumorea, se presenta y se mancilla el recorrido, luego en carrera, con estrategias de «Santa Rita» y miras en el potenciómetro.

Con ese horizonte, no es de extrañar que la historia nos dejara una lista de nombres que por jugarlo todo al Tour quedaron en el camino, medio rotos del esfuerzo y vencidos por la frustración de no ganarlo.

Porque el Tour sólo lo gana uno.

Y así escribimos la historia reciente de corredores que, tras fiarlo todo al Tour, han salido escalados.

Como el mismo Geraint Thomas, que describe un abismo entre ser primero y segundo, sabedor que, posiblemente no vuelva a tener una oportunidad, con ese Ineos en overbooking de estrellas.

Hace unos años, Geraint era un corredor de diez meses, un espectáculo en clásicas, un pistard excelso… pero creció en las grandes vueltas, probó el Tour y en ello se centró.

 

Julian Alaphilippe no volvió a ser el mismo después de este Tour. 

Pólvora mojada en el mundial y en Canadá, en las dos únicas carreras en las que estuvo delante.

El Alahilippe de San Remo se consumió en su brillante Tour y nos queda cruzar los dedos para que empiece el año que viene y vuelva a las andadas.

Hemos leído que él quiere seguir apostando al ciclismo de toda la temporada, pero también es cierto que la fama cuesta pero gusta, engancha y doma voluntades, Alaphilippe fue el héroe de Francia durante catorce días.

Eso no se lo da ni San Remo ni a Flecha Valona ni las exhibiciones más inverosímiles…

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Otro que añadir a la lista es Nairo Quintana, un corredor con un palmarés excelso, cuya obsesión por el Tour, a donde va sólo él convencido que puede ganarlo, le ha sacado de otros foros, menos prestigiosos sobre el papel, pero que también llenan al buen aficionado.

Y acabar con Thibaut Pinot, quien dejó la carrera en lágrimas, tiró su bicicleta al rincón de pensar durante tres semanas y no hemos vuelto a ver.

Y le hemos extrañado el Lombardía, y en la Milán-Turín.

Es la realidad, optar al Tour es lo máximo a lo que aspiran, pero también les aparta del ciclismo 7×24 que nos gusta, el solo peaje que implica prepararlo, concentrarse y competir les deja secos a algunos, por eso quizá convenga valorar cosas como las de Egan Bernal, con 22 años, capaz de construir un palmarés que va de febrero al podio de un monumento en octubre.

Eso es oro.

Alaphilippe & Pinot: Esos ídolos no sólo venden victorias

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Viendo el Tour de Alaphilippe y Pinot guardamos la esperanza que el ciclismo es algo más que fríos números, vatios y tablas de rendimiento

Sobre el Tour que hicieron Alaphilippe y Pinot: unos días después de la carrera siempre es interesante sacarle unas perrillas para comprar la revista de cabecera del ciclismo francés.

Lo es cada año, pero éste más, por cuanto creo que los anfitriones no se han visto tan cerca de ganar el Tour como esta vez.

Dos bazas se mantuvieron vivas hasta 48 horas antes de llegar a París.

Aunque todos esperábamos que Alaphilippe acabara hincando la rodilla ante los grandes nombres, lo cierto es que la sorpresa merodeó nuestras cabezas durante varios días.

Y en el caso de Thibaut Pinot, muchos le vimos de amarillo, al fin, por fin, toda vez que salió reforzado de los Pirineos.

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Pero en el ancestral atractivo de este ciclista de los Vosgos, con apellido que sugiere la tradición enóloga de la «France», reside también la desgracia y el drama de última hora que esta vez sobrevino por un golpe en la rodilla y la consiguiente tendinitis.

Que el deporte menos agresivo para las articulaciones, como es el ciclismo, acabe así, es el colmo, la guinda de la desgracia que parece perseguir a uno de los corredores más apreciados por el aficionado.

Y es ahí donde reside, tal vez, parte del atractivo que envuelve a los dos grandes héroes franceses del Tour.

La revista de cabecera, Vélo Magazine, como el diario de consulta, L´ Equipe, no vacilan sobre la importancia de sus logros.

 

La revista se llena de publicidad dando las gracias a Alaphilippe por el Tour que ha realizado y se culmina con una contraportada de poético slogan:

«La victoria más grande es conquistar el corazón de un país, Julian Alaphilippe»

En la poesía, en la emoción reside también la calve del éxito.

El otro día comentábamos con una marca textil de cierto nombre entre aficionados y grupetas sobre lo que valoraban para elegir un embajador, equipo o personaje que les representara por el mundo.

«Valoramos la buena imagen por encima del resultado»

Esta impronta es una realidad hace tiempo, se valoran otras cosas más allá de la victoria, porque ésta es la que cuenta para el largo plazo, los anales y permitidnos llamarlos frikis.

Lo otro, es la emoción del momento, el desvelo de cada etapa, el mes de julio que estuviste pendiente de ellos, incluso cuando en el caso de Alaphilippe la razón decía que no podía aguantar.

 

Para los franceses el gran triunfador del Tour es Julian Alaphilippe y el fllón lo tiene ya ahí.

El caso de Thibaut Pinot bebe del beneficio de la duda del «y si…».

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Thibaut dejó la carrera cuando ésta alcanzaba el clímax su desgracia, inoportuna en el fondo, fue oportuna en esencia.

La historia se escribe actualmente desde la emoción, «ganar, ganan muchos, que permanezca es otra cosa» me ha repetido alguna vez, y la desgracia de Pinot es casi un spoiler.

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Así las cosas, el ciclismo del siglo XXI, el superprofesionalizado, el que decimos que rara vez emociona, y no porque lo gane un colombiano, necesita de la sensación y la emoción más que nunca.

Un país como Francia guarda sus héroes por lo que les hizo sentir y no por lo que acabaron logrando, que no fue poco, aunque lejos de ser quien porte el maillot amarillo en París.

Quizá un día, los gurús del ciclismo y la ciencia, de la precisión y esas cosas, deberían poner algo de alma en lo que hacen.

Posiblemente entonces puedan ganarse una nación como Alaphilippe o que las lágrimas de Pinot sean las de millones de aficionados.

La ancestral mala suerte de Thibaut Pinot

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Para Pinot los grandes momentos han precedido sonadas decepciones

Que el Tour disputara o no el final de Tignes, que subiera hasta Val Thorens o no, ya no interesa en «chez Pinot».

En el ciclismo la línea entre la suerte y la desgracia es fina, difusa, casi tan imperceptible que pasas de un estadio a otro sin notarlo.

A Thibaut Pinot la suerte le ha sonreído muchas veces, pero las que no ha sido así, le ha costado tan caro que es complicado pensar en positivo.

Y más veinticuatro horas después de que sus lágrimas fueran las de medio pelotón y las del buen aficionado que le gusta el ciclismo y los buenos ciclistas.

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Dijimos antes que el Tour se activara en Bruselas, que una carrera que ganara Thibaut Pinot no podía ser aburrida.

Explotó joven, aquella jornada en el Macizo Central ganando una etapa con el eléctrico Madiot chillándole desde el coche.

El camino no ha sido sencillo, tuvo tantas curvas como esos descensos que le han quitado el sueño tantas veces y le han descolgado de cosas grandes.

Pero no sólo los descensos, también ese carácter íntimo, que le gusta estar alejando de los focos, tranquilo, en su vida de los Vosgos con su gente.

 

Thibaut Pinot pisó el podio del Tour de 2014.

Desde entonces las cosas no le han sonreído en la carrera de su país, más allá de una victoria del nivel de Alpe d´ Huez.

En ese camino de ida y vuelta, Pinot encontró fuera del Tour la gloria y la admiración que su forma de correr tiene.

El francés que hizo fortuna en Italia, con una edición de Lombardía, la última y unos duelos con Nibali, que han ganado el respeto del gourmet en ciclismo.

Un coleccionista de triunfos en las tres grandes, con tres cimas que no son cualquier cosa, Lagos de Covadonga, Tourmalet y el mentado Alpe d´ Huez.

Un corredor que rara vez deja algo por gastar, y que por ello se hace acreedor del cariño que seguro ha encontrado desde que dijera adiós al Tour.

 

Cuando en los primeros momentos de la caótica jornada al Iseran, le vimos descolgado, desquiciado, sacando las vendas de la rodilla, nos vinieron a la mente las imágenes de la penúltima jornada del Giro del año pasado, cuando acabó el día en el hospital vacío, roto y creo que con una neumonía tras perseguir y perseguir a Chris Froome en aquella trepada por los Alpes, entre Finestre, Sestriere y Bardonecchia.

El Pinot que más alto voló, cayó a plomo.

Igualito que en este Tour que los franceses han visto volar de entre sus manos en un par de horas.

Suunto: Fotos de salidas memorables

La desgracia ancestral que persigue a Pinot apareció en la loca salida hacia el Iseran, donde Alaphilippe reventó ante el golpe de Egan Bernal.

Y eso que Bardet nunca estuvo en la pomada.

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Dice Pinot que cuenta los días para volver a la salida del Tour, ya en 2020, pero por medio que recupere esa rodilla, ese golpe que le ha dolido a él y le ha apeado de la bicicleta, pero ha hecho mella en el aficionado.

Pinot, esperamos, estará en la Vuelta, haciendo grande las cimas, dando color, luz y emoción en este ciclismo que anda huérfano de más como él.

Este ciclismo que te pone en el cielo y en el suelo en cuestión de segundos: de ganar en el Tourmalet, y descolgar al propio Bernal en Prat d´ Albis a recibir un golpe en la rodilla y acabar abandonando tras disimular dolores entre Vars, Izoard y Galibier.

A veces cuando pensamos en lo que pasa y encaja esta gente…

Tour: El Tourmalet no engaña

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Pinot gana en un Tourmalet que deja el Tour muy en el aire

Hay días que marcan a fuego el futuro de las personas, de las cosas, de la vida.

El Tourmalet, año 2019, tras su coronación hay varias certezas y conjeturas suspendidas en el aire.

Llegaron arriba varios, unos cinco o seis, corredores, no hizo falta trisca pura y dura, como muchos esperan, pero ha habido una selección importante.

El Tourmalet, de abajo arriba, en su solemne grandeza, ha hecho el daño que se les supone a las grandes leyendas.

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Por partes y acumulación de noticias.

Julian Alpahilippe va a por el Tour, no pensábamos que iba a salvar la crono, y la salvó, no pensábamos que iba a superar el Tourmalet, y lo ha superado…

Es decir, que las cosas empiezan a cuadrar, poco a poco, ante nuestros incautos ojos, y Julian Alaphilippe encuentra el camino.

Incluso diríamos que a costa de Enric Mas, cuyo maillot blanco le sentará muy bien, que correrá con dos y tres dedos de frente, que será cauto y buen fondista, pero que tiene al líder en casa, renovado, el mejor pagado del equipo e ídolo del país donde se corre el Tour.

 

Que Julian Alaphilippe fuera a ganar el Tour no entraría en plan alguno, hoy, con dos tercios de carrera consumidos, es el mejor situado.

Y en el otro lado se postulan varios, aunque a distancia eso sí.

Geraint Thomas encontró en el Tourmalet el tope de ese momento dulce que vivía para con el Tour desde hace un año.

Un tope que le sobreviene mientras Egan Bernal sigue ahí.

¿Quién es el líder del Ineos?

La carretera lo dirá, pero las dos bazas, ahora mismo le sirven.

Necesitan etapas para decidirlo.

Si tras la crono parecía Geraint, ahora miramos a Bernal.

Esto da mil vueltas.

 

Añadirle a la terna Thibaut Pinot, desprovisto de las taras de antaño, que va remando y que parece ir a más, con un gregario que es oro, David Gaudu -los franceses están que se salen-.

Y a los Jumbo-Visma, el equipo del Tour, por muchas vueltas que le demos.

Steven Kruijswijk opta al podio que el año pasado no alcanzó Roglic.

Fuerte parece, pero ya sabemos, hay corredores que compiten contra rivales y la mala suerte.

Corredores como Mikel Landa, el que parece más fuerte del Movistar, pero que circula muy desplazado en la general.

Sobre Landa y sus caídas ya opinamos, lo visto en Tourmalet es la constatación que es el capo de un equipo que corre, pues eso, corre, toma la salida, compite y va haciendo.

Quizá la clave del equipo celeste esté quince días antes de afrontar el Tourmalet, cuando no contó con Sciandri, el arquitecto del Giro de Carapaz, y llevó a Chente y Arrieta al frente.

La imagen de Nairo escurriéndose en el grupo, mientras Amador y Soler marcaban un paso ambicioso fue dantesca, pero nada superó el momento que Soler se descolgó de cabeza para ayudar al colombiano.

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Una solución, un tiro en el pie a la vista de todas y todos, un momento que retrata las peores tardes del equipo telefónico que ahora camina sin orden ni concierto y la seguridad de que tienen que fallar muchos para rascar algo potable.

Que Nairo se quede es humano, todos tienen un mal día, un mal año o unos malos Tours, pero que se quede al ritmo de sus compañeros, mientras Valverde admite en la cima que no les avisó, suena dantesco.

¿Por qué no avisó Nairo de su mal momento?

Nairo Quintana es el nombre y apellido de un corredor que pasa a engrosar el listado de ciclistas que un día tuvieron el Tour a tiro, que por lo que sea, no lo cogieron con las manos y acabó cediendo.

Hoy Quintana engrosa la lista que recoge otros ilustres como Romain Bardet, Richie Porte o Adam Yates.

Porque la rueda no para, la bicicleta prosigue y no espera, como el Tourmalet, el teatro donde las máscaras no valen.

Imagen: FB de Le Tour de France