Tour: El Tourmalet no engaña

Tour Tourmalet Thibaut Pinot JoanSeguidor

Pinot gana en un Tourmalet que deja el Tour muy en el aire

Hay días que marcan a fuego el futuro de las personas, de las cosas, de la vida.

El Tourmalet, año 2019, tras su coronación hay varias certezas y conjeturas suspendidas en el aire.

Llegaron arriba varios, unos cinco o seis, corredores, no hizo falta trisca pura y dura, como muchos esperan, pero ha habido una selección importante.

El Tourmalet, de abajo arriba, en su solemne grandeza, ha hecho el daño que se les supone a las grandes leyendas.

 

Por partes y acumulación de noticias.

Julian Alpahilippe va a por el Tour, no pensábamos que iba a salvar la crono, y la salvó, no pensábamos que iba a superar el Tourmalet, y lo ha superado…

Es decir, que las cosas empiezan a cuadrar, poco a poco, ante nuestros incautos ojos, y Julian Alaphilippe encuentra el camino.

Incluso diríamos que a costa de Enric Mas, cuyo maillot blanco le sentará muy bien, que correrá con dos y tres dedos de frente, que será cauto y buen fondista, pero que tiene al líder en casa, renovado, el mejor pagado del equipo e ídolo del país donde se corre el Tour.

 

Que Julian Alaphilippe fuera a ganar el Tour no entraría en plan alguno, hoy, con dos tercios de carrera consumidos, es el mejor situado.

Y en el otro lado se postulan varios, aunque a distancia eso sí.

Geraint Thomas encontró en el Tourmalet el tope de ese momento dulce que vivía para con el Tour desde hace un año.

Un tope que le sobreviene mientras Egan Bernal sigue ahí.

¿Quién es el líder del Ineos?

La carretera lo dirá, pero las dos bazas, ahora mismo le sirven.

Necesitan etapas para decidirlo.

Si tras la crono parecía Geraint, ahora miramos a Bernal.

Esto da mil vueltas.

 

Añadirle a la terna Thibaut Pinot, desprovisto de las taras de antaño, que va remando y que parece ir a más, con un gregario que es oro, David Gaudu -los franceses están que se salen-.

Y a los Jumbo-Visma, el equipo del Tour, por muchas vueltas que le demos.

Steven Kruijswijk opta al podio que el año pasado no alcanzó Roglic.

Fuerte parece, pero ya sabemos, hay corredores que compiten contra rivales y la mala suerte.

Corredores como Mikel Landa, el que parece más fuerte del Movistar, pero que circula muy desplazado en la general.

Sobre Landa y sus caídas ya opinamos, lo visto en Tourmalet es la constatación que es el capo de un equipo que corre, pues eso, corre, toma la salida, compite y va haciendo.

Quizá la clave del equipo celeste esté quince días antes de afrontar el Tourmalet, cuando no contó con Sciandri, el arquitecto del Giro de Carapaz, y llevó a Chente y Arrieta al frente.

La imagen de Nairo escurriéndose en el grupo, mientras Amador y Soler marcaban un paso ambicioso fue dantesca, pero nada superó el momento que Soler se descolgó de cabeza para ayudar al colombiano.

SQR – GORE

 

Una solución, un tiro en el pie a la vista de todas y todos, un momento que retrata las peores tardes del equipo telefónico que ahora camina sin orden ni concierto y la seguridad de que tienen que fallar muchos para rascar algo potable.

Que Nairo se quede es humano, todos tienen un mal día, un mal año o unos malos Tours, pero que se quede al ritmo de sus compañeros, mientras Valverde admite en la cima que no les avisó, suena dantesco.

¿Por qué no avisó Nairo de su mal momento?

Nairo Quintana es el nombre y apellido de un corredor que pasa a engrosar el listado de ciclistas que un día tuvieron el Tour a tiro, que por lo que sea, no lo cogieron con las manos y acabó cediendo.

Hoy Quintana engrosa la lista que recoge otros ilustres como Romain Bardet, Richie Porte o Adam Yates.

Porque la rueda no para, la bicicleta prosigue y no espera, como el Tourmalet, el teatro donde las máscaras no valen.

Imagen: FB de Le Tour de France

Ser favorito al Tour es una losa

Tour Romain Bardet JoanSeguidor

Que L´ Équipe señale a Bardet y Pinot como favoritos top al Tour es una responsabilidad que no podemos imaginar

A una semana del Tour, las quinielas echan humo, la gente saca nombres y algunos brillo a sus preferencias.

El ciclismo, este ciclismo que conocemos y nos tiene atentos, tiene poco de deporte y mucho de espectáculo, personas llevadas al extremo en todos los aspectos, desde el físico al mental en un insalubre esfuerzo de tres semanas por el hexágono francés, sometidos al escrutinio de millones de aficionados que hablamos de ellos como si fueran de la familia.

Gravel Ride SQR – 300×250

 

SQR – Cerdanya Cycle

 

Pero no, son personas que sienten y padecen y conviven con la responsabilidad de cumplir con las ilusiones y deseos de toda la ristra de los no pocos aficionados que les siguen y veneran.

 

Y así ocurre que, a la dificultad del recorrido, los rivales, las caídas, la tensión y esas cosas que dibujan un deporte de alta competición, se suma la presión del entorno.

Esta semana que hemos hablado de Romain Bardet y Thibaut Pinot por separado, de la suerte que les deseamos en la carrera de su casa, curiosamente L´ Équipe les abrió “l´ une”, la portada del diario más prestigioso del deporte, diciéndoles que esto es un “ahora o nunca” para las dos esperanzas locales.

Que el diario del organizador les dedique esta portada, que les conmine y recuerde que sin Dumolin ni Froome optan a ganar el Tour, todo un Tour, 35 años después de Bernard Hinault es una losa sobre la espalda de los dos mejores ciclistas franceses de la actualidad.

Somos muy dados a colgar carteles, forma parte del deporte.

Así sienta una jornada de ciclismo por La Cerdanya

La portada de L´ Equipe nos trajo a la memoria otras que se han hecho en este lado de los Pirineos y que nos consta de primera mano que aún escuecen.

 

 

Año 1997, cuando Miguel Indurain colgó la bicicleta, el diario Marca ya marcó a Abraham Olano como sucesor.

En las previas del Tour de aquel año, que ganara Jan Ullrich, TVE abría la publicidad con Abraham Olano como gran favorito.

Aquella presión acabó por ahogar la progresión de uno de los mejores ciclistas que ha tenido España y le estigmatizó porque no pudo igualar a Indurain, cuando aún hoy, nadie lo ha logrado, ni antes del navarro nadie había conseguido.

SQR – GORE

 

Es imposible que Bardet y Pinot no hayan leído esa portada

De hecho este año es el de la vuelta de Pinot al Tour, tras haber hecho fortuna en Italia, principalmente, granjeando el cariño del público con una forma de correr que gusta y atrae, en la que ganarás o no, pero al menos das lo que tienes y no hay reproches.

Lo dijimos el otro día, cuando hablamos de Nairo, no se puede criticar a un corredor por no ganar el Tour, porque sólo gana uno, por eso cuando nos calentamos la boca en los días previos a la gran carrera, no podemos menos que pensar que esta gente lee lo que se dice de ellos y le afecta, por muy pros y aislados que parezcan.

Ahí dentro late un corazoncito.

Tour: Si ganara Thibaut Pinot no nos aburriríamos

Strava Lombardia - Thibaut Pinot JoanSeguidor

Un corredor como Thibaut Pinot rara vez se guarda algo

Thibaut Pinot es, como Romain Bardet, un ciclista al que sólo puedes apreciar.

Anárquico en sus formas, eléctrico, parece manejado como una marioneta por su director, Madiot, el mismo que chilla a los corredores como quizá lo hiciera Guimard con él, hace treinta y pico años, ahí sin camiseta, con cigarro y al volante.

Gravel Ride SQR – 300×250

 

Thibaut Pinot parece beber de aquel ciclismo, del mismo que llenaba de franceses las grandes carreras, como avispillas que salían por doquier, antes de la gran depresión de los noventa y primeros años del nuevo siglo.

Es, decimos, un ciclista impredecible, y quizá por eso sea irresistible.

Una suerte de ruleta echada a la carretera que en el Tour no se prodiga desde hace dos años.

Cuando en 2012, Thibaut Pinot burló el control del primer Sky -cómo olvidar el «treno» formado por Porte, Rogers, EBH y Froome para Wiggo- parecía que «la France» ya tenía su baza para ganara el Tour, una baza que el tiempo demostró que tampoco iba a ser posible.

SQR – Cerdanya Cycle

 

A los dos años el francés, siempre en la FDJ, hoy Groupama, pisó finalmente el podio, tras Péraud, por delante de Bardet, en esa edición que algunos machacan que Nibali ganó porque no había concurrencia de nivel.

Pero pisar el podio del Tour, nunca es sencillo y menos cuando eres Thibaut Pinot y Francia pone el peso de favorito número uno sobre tus espaldas.

Un premio sobre el papel, veneno puro sobre este corredor que muchas veces ha admitido encontrarse mejor fuera de los focos, tranquilo, haciendo lo suyo.

 

 

Y quizá por ello, el Thibaut Pinot que pondrá el pie en Bruselas para disputar el Tour que celebra los 100 años de maillot amarillo sea un corredor mucho más maduro y centrado que el de hace dos años.

No en vano, por el camino ha dejado buenas muestras de lo que es capaz de hacer.

El sublime final de campaña del año pasado, ganando en lugares tan singulares como los Lagos de Covadonga -cima que unió, ahí es nada, a Alpe d´ Huez- y batiéndose airoso con Vincenzo Nibali por Como y sus lagos en Il Lombardia.

Los dos Giros en los que ha tomado parte, casi pisando el podio de uno y acabando en el hospital el otro, porque sencillamente explotó hasta la enfermedad.

 

Ese Pinot, imposible no tener ecos enólogos en ese apellido, es el que queremos en un Tour que le va perfecto, con toda esa montaña, y rivales en teoría no tan fuertes como si estuvieran Froome o Dumoulin.

Pensar en Thibaut Pinot para ganar el Tour de Francia, quizá sea apuntar muy alto, pero la incertidumbre que se respira puede darle opciones.

Opciones de seguir engrosando un palmarés que no será el más extenso, pero que está lleno de perlas…

SQR – GORE

 

… y algunas tan desconocidas como una crono en Romandía, con una participación de lujo con él.

Un dato que revela que hubo un día que quizá quiso conquistar una grande y ¿por qué no el Tour?

Ahora Pinot no es aquel chaval que se angustiaba con las cámaras y los focos, es un corredor maduro, más hecho, con un buen palmarés detrás y razones para estar orgulloso.

Suunto 9 Baro: batería de larga duración y altitud barométrica

Por eso en nuestra quiniela de favoritos ideales, lo tenemos bastante arriba…

Los imprescindibles ciclistas de 2019 (vol III)

Alejandro Valverde arcoiris JoanSeguidor

Mov_Gore

Valverde, Pinot, Bardet… ciclistas que demuestran que el Tour no puede serlo todo

Valverde: El año que amanece en arcoíris

Cuando Alejandro Valverde cruzó el primero, a grito pelado, la meta de Innsbruck, pensó en 2019 y se imaginó un año entero corriendo con la prenda que más sueños le había robado.

Señalado de por sí, ahora su condición será eterna, a la vista de todos, de rivales, de afición, de cámaras, de periodistas… de todos.

Sondearán el grupo, Valverde se distinguirá de lejos.

En su temporada de arcoíris Alejandro Valverde da un paso atrás en el Tour, carrera en la que consiguió lo que quería subiendo al podio.

Y al mismo tiempo vuelve al Giro, a Italia, ese país hostil en los años de plomo.

Y se atreve con Flandes, a donde va en condición de neófito aventajado.

Que gane es muy complicado, pero que decante la balanza quizá pueda ser y lo cierto es que ese escenario en sí mismo ya pone los pelos como escarpias.

Porque Alejandro Valverde tiene algo que muchos quisiéramos.

A la puerta de los cuarenta sigue manteniendo intactos los sueños, y emociona, y se emociona, como el primer día.

Como esos críos que nunca dejaron de creer en Peter Pan.

¿El Tour francés?

Vamos, con buen paso y ritmo firme a los 35 años sin ganador francés en el Tour de Francia.

Desde entonces Jalabert, Virenque, Moreau, Voeckler, Péraud, Pinot, Bardet y otros muchos sucumbieron a la presión y los rivales.

Y así siguen tanto tiempo después, viendo como ingleses, españoles, algún italiano y un americano imprudente, les ha llevado el oro de los mismísimos Champs Elysées.

La historia sigue su curso, y el maleficio galo con ella.

Romain Bardet fue quien más cerca rodó de la gloria olvidada, pero tampoco pudo.

El año pasado de hecho dio un paso atrás importante en la general, cayéndose de un podio en el que se había hecho fuerte.

El problema de Bardet es que, con todo lo extraordinario ciclista que es, parece haber tocado techo.

Al menos en el Tour, porque otros horizontes, igualmente saludables se han abierto para él, con podios en importantes carreras de un día.

Lo mismo ocurre para Thibaut Pinot.

Ambos se la jugarán de nuevo al Tour, un Tour diseñado con su molde, a su conveniencia, desplazando la crono por montaña.

Si el Tour 2019 no es el de Bardet o Pinot, bien harían en mirar otros objetivos, que como bien han comprobado, entran en su radar y también dan gloria.

¿La última oportunidad de Nairo?

En el juego de las bolas de partido Nairo lleva unas cuantas perdidas.

Pero lo cierto es que el colombiano sigue teniendo chance, al menos de puertas hacia adentro sobre sus opciones.

Ser precoz en pisar el podio del Tour sigue siendo un aval para creer que un día puede volver a ser el que fue, o el que prometió ser.

Pero los años son piedras que pesan y juegan a la contra.

Nairo cuenta por fracasos sus últimas grandes vueltas, desde que Dumoulin le ganara el Giro 2017 y nada le sale a derechas.

Ganar una etapa reina en el Tour es pecata minuta para quien quiere el Tour entero.

Prueba en invierno, la calidad de las piezas de Endura

Colombia suspira por conquistar su última cima, el Tour, pero su baza más evidente pierde trenes por el camino.

2019 parece la última bala en el cargador.

¿Qué pasaría si esta vez tampoco hiciera diana?

Imagen tomada de FB de Il Lombardia

#Top2018 Thibaut Pinot triunfa porque es fiel a su estilo

Strava Lombardia - Thibaut Pinot JoanSeguidor

Mov_Gore

No todo pasa por el Tour y Thibaut Pinot ha encontrado su camino

En el manual del buen ciclista no hay caminos marcados, aunque muchos así quieran verlo.

En el camino de Thibaut Pinot, en concreto, hay curvas, virajes, pero también talento

Y sobre todo una cosa que en este ciclismo de cábalas sobre el papel nos gusta, hay desorden y carisma.

Thibaut Pinot cumple ese perfil de trazo borroso pero marcado.

No se puede menos que apreciar el desorden, un poco de salsa, de incertidumbre latina en un ciclismo cuadrado y cuadriculado.

Cuando Thibaut Pinot ganó su primera etapa en el Tour, de ello hace seis años, era joven y vital.

Luego el tiempo le demostró que Francia igual no era su opción más realista.

El Tour le podía, le ponía al límite, incluso tras pisar su podio, nunca se encontró cómodo.

Pero Thibaut Pinot fue fiel a su estilo, a lo que le gusta, a una zona de confort que sabiendo como es el ciclismo, es mucho decir.

Cruz Stema

Portabicicletas de bola de remolque para 2 bicicletas abatible

Y ahí está, amasando un palmarés rico y variado, en todos los frentes que entran en su radar.

Se ha hecho un nombre en Italia, ganando los corazones en el Giro, dando a veces todo y un poco más.

Salió de la grande rosa y acabó en el hospital, siendo incluso carne de podio.

Y como Simon Yates se rehízo para un final de campaña excelente.

Ganador en los Lagos de Covadonga, en medio de la guerra fría de los favoritos, ganador en Andorra: dos etapas en el zurrón.

Pero si algo queda en la memoria del buen aficionado es Lombardía y su desenlace.

Tras varios tiros al palo, a Pinot le salió cara en el juego de la moneda, con un mano a mano antológico donde Nibali y él pusieron toda la carne en el asador.

Ese día, ese francés de trabado pedaleo y eléctrico movimiento demostró porqué hay que apostar siempre por él.

Porque principalmente siempre será fiel a su estilo que gustará más o menos pero que dará lo que tiene.

En Francia se habían acabado los monumentos… ciclistas

Monumento Arnaud Demare JoanSeguidor

Mov_Gore

Thibaut Pinot sumó un monumento al exiguo palmarés francés

Al menos durante estos últimos 25 años en los que en Francia prácticamente no se ha levantado ningún monumento del ciclismo.

Así es, los ciclistas franceses lo han tenido muy difícil, por no decir imposible.

No es sencillo alzar los brazos en estas las cinco grandes clásicas del calendario, carreras que dan un prestigio y distinción especial para el que las consigue.

Pero como en toda norma, en esta negativa dinámica del ciclismo francés que se remonta desde los años 90, encontramos siempre una excepción.

Esta no es otra que la solitaria victoria de Arnaud Démare en la Milán-San Remo de 2016. Un oasis en un desierto.

Para encontrar algo parecido nos hemos de transportar en el tiempo hasta nada menos que 1997 para distinguir a un ganador francés en lo más alto del pódium de un monumento.

Hablamos, naturalmente, de Laurent Jalabert que se alzó con la gloria en el Giro di Lombardía de aquel año.

Fue un final de temporada en el que los aficionados franceses han tenido que esperar 21 años que se repitiera, para ver de nuevo a un compatriota suyo salir vencedor ya no sólo de una prestigiosa prueba como la de las hojas muertas, sino también de un monumento.

Estamos hablando, por supuesto, de la enorme recompensa de Thibaud Pinot en Il Lombardía del pasado fin de semana, que ha hecho reverdecer los laureles del ciclismo hexagonal, precisamente en una carrera donde predominan las hojuelas marrones secas.

Thibaut Pinot - Il Lombardia

Este hecho ha sido el que ha propiciado que, por curiosidad, mirásemos hacia atrás en el tiempo para encontrar una conquista final de un corredor francés en un Monumento.

Hemos tenido que rebobinar bastantes temporadas, salvando la de Démare en San Remo, para ver que durante todos estos años, que nos han llevado desde Jaja hasta Pinot, han sido para el ciclismo francés una gran y desolada travesía.

Esto si hablamos de la gran clásica de primavera que, por cierto, el penúltimo logro francés fue también para el de Mazamet en la temporada 1995.

Porque si miramos con detenimiento el comportamiento de los ciclistas galos en el resto de monumentos, nos tenemos que remontar hasta los años 92 y 93 para disfrutar de las grandes cabalgadas del inolvidable Gilbert Duclos-Lassalle, un ciclista que estaba hecho para pedalear sobre el adoquín como demostró con sus sendas victorias en la París-Roubaix de aquellas dos consecutivas temporadas.

Monumentos de primavera

Un año antes, en 1991, otro francés consiguió vencer en el Infierno del Norte.

Nos estamos refiriendo a Marc Madiot y desde aquellos resultados hasta hoy en día, nada, el vacío, ningún apellido del otro lado de los Pirineos ha conseguido inscribir su nombre en la recta final del velódromo de Roubaix.

La bicicleta en destino con Nacex

Buscando un poco más allá y enfocando nuestro objetivo ahora en el Tour de Flandes, podremos comprobar que este desierto se remonta hasta nada menos que 1992 con el prestigio que se ganó Jacky Durand en la Ronde.

La cosa se complica bastante más a la hora de buscar un triunfo francés en este caso en la Liège-Bastogne-Liège.

Nos tenemos que trasladar hasta la década de los 70, en una época que marcó “el Tejón” con un dominio casi tiránico del ciclismo internacional, para encontrar una victoria francesa en “La Decana”.

Nada menos que 1977 y 1980, son los años en los que Bernard Hinault consiguió grabar su nombre a fuego en la gran clásica valona. Ya ha llovido.

Por todos estos motivos, la honra de Pinot en Il Lombardía ha sido considerada por toda la afición y prensa francesa como de excepcional, que han vuelto a vibrar con uno de los suyos y han alabado el formidable comportamiento de su corredor en el quinto y último monumento de la temporada.

Son muchos los franceses que, ante esta formidable victoria, hablan ya de un ciclismo francés completamente desacomplejado, poco habituado a este tipo de escenarios desde hace mucho tiempo.

Este triunfo les autoriza a esperar que este éxito se repita muy pronto porque además es cierto que, visto el número de talentos de los que dispone el ciclismo francés, tarde o temprano tendrán que llegar los resultados y que no serán fruto del azar.

Esto no lo decimos nosotros, lo dice un experto en performance como Frédéric Grappe, entrenador de la FDJ que dice, textualmente: “los grandes premios llegarán porque reflejarán el potencial de nuestros atletas cuando eclosionen las grandes figuras favorecidas por la eficaz lucha antidopaje, añadida a una evolución de mentalidad ganadora”.

De sus palabras se desprende que piensa, como la mayoría de franceses, que los negros años del dopaje han expoliado grandes victorias a sus corredores nacionales más íntegros.

¿Vosotros qué pensáis?

¿Estamos ante la típica boutade dicha por un francés?

¿Se trata de una fantasmada exclamada en el éxtasis de la gloria?

¿O quizás estamos ante el renacimiento de una época que marcará un antes y un después en el ciclismo galo?

Por Jordi Escrihuela

Strava está bien, es interesante, pero sólo si eres un pro

Thibaut Pinot JoanSeguidor

Mov_Gore

La «performance» de Thibaut Pinot en Lombardía quedó retratada en Strava

El stravismo no es una patología visual, aunque puede convertirse para muchos en una obsesión.

No es mi caso.

No me gusta Strava.

Sí, lo siento, debo ser un bicho raro, pero no me va todo lo que gira alrededor de esta aplicación que ha revolucionado el mundo del ciclismo y supongo que también el del cicloturismo.

Por eso a mí no me va.

Sí, ya sabéis, lo de salir a buscar el KOM o bien a petar segmentos.

Quizás piense que esto de darlo todo y ser el más rápido en uno de estos sectores puede ser un engañabobos.

Podría argumentar muchos y variados motivos por los que yo opino de esta manera de las actividades en Strava, pero quizás la más importante es que cada salida es una historia y puede que el récord de tu segmento haya sido conseguido, no pocas veces, en diferentes circunstancias.

Es posible que alguien se haya reservado sólo para batir ese segmento (o tú mismo) y quiera comparar su performance con la de otros ciclistas que lo han corrido de manera muy distinta.

Empezando por este motivo, ese KOM puede que no te sirva para nada, más allá de una engañosa satisfacción personal o subir algunos puestos en el ranking.

El Stava «lombardo» de Thibaut Pinot

Todo esto viene a cuento porque hoy me han pasado la actividad del francés Thibaut Pinot que le diera la victoria en la pasada edición de Il Lombardia y que ha tenido la gentileza de compartir en su perfil de Strava con todos los aficionados.

Una transparencia de testimonios en forma de números que sus seguidores le han agradecido de manera especial y que han elogiado una carrera digna de admiración: un broche en forma de hojas doradas para culminar un fin de temporada espectacular.

También me han pedido opinión sobre sus prestaciones en esa carrera.

No soy un gran especialista en este tipo de datos, ni un gran técnico, pero me he estado un buen rato observando con todo detalle su actividad en este Monumento disputado el pasado sábado.

La verdad es que es muy entretenido.

Y muy didáctico.

Te puedes pasar bastante tiempo comparando sus segmentos con el de Nibali, que también ha subido su carrera a Strava, o bien mirando lo que ha tardado en ascender las duras cotas que destacaban en el recorrido.

Así, de entrada, lo primero que llama la atención es su velocidad media: a más de 40 km/h para completar los 236 kilómetros de recorrido que llevan de Bergamo a Como. ¡Qué bestialidad!

También su máxima velocidad: a casi 85 km/h descendió el Ghisallo en sus rampas más inclinadas (-11% de desnivel), alcanzando esta punta en un segmento de apenas 500 metros que recorrió en tan sólo 24 segundos.

Unas cifras mareantes.

Puede que hubieran aficionados que pensaran que este recorrido no era para Thibaut, observando además que la meta estaba en bajada, pero ha callado bocas e incluso parece que puede descender (y de hecho así lo hizo) mejor que Nibali.

Los registros están ahí, al alcance de cualquier aficionado que quiera comprobarlo.

En invierno prueba la prenda del arcoiris, prueba Endura 

Si nos fijamos en su entrada triunfal en meta podemos ver que el último tramo lo hizo en 26 segundos a más de 60 km/h.

Eso es correr mucho y darle muy fuerte a los pedales, y da la impresión que estamos ante la metamorfosis de un batallador ciclista a convertirse en un gran campeón.

Ejecutó una carrera inmensa.

Algunos incluso han llamado a su enorme triunfo en Lombardía como “la carrera perfecta».

Con los datos en la mano puedo decir sin temor a equivocarme que tenía el Mundial en sus piernas.

Sí, el de Valverde.

Si quizás Guimard hubiera apostado por él como jefe de filas sin dudarlo, en detrimento de Alaphilippe, puede que la historia hubiese sido diferente.

Su actividad en Strava así lo confirma: una actuación estratosférica para una soberbia victoria y un final de temporada nunca visto antes para los aficionados franceses desde 1997, nada menos que 21 años desde la última victoria de Laurent Jalabert en este quinto y último Monumento de la temporada.

Viendo su progresión en carrera, su ataque a Nibali en el Civiglio, con rampas por encima del 10%  y que humilló ascendiéndolo a más de 18 km/h,  creo no exagerar si digo que su victoria fue «a lo Hinault», sin duda.

Muchos podemos pensar que quizás estamos ante la reivindicación definitiva de Thibaut y ya son muchos los seguidores franceses que ya le piden que vaya al Tour de 2019 a ganarlo.

Mucha exigencia para un corredor que puede que haya acabado de eclosionar con este increíble final de curso, pero que aún le queda camino mucho por recorrer si quiere convertirse en un serio aspirante al trono de París.

Si sigo observando detenidamente sus interesantes números, es admirable ver cómo en lo más duro del Muro di Sormano, con rampas entre el 17 y 19% -y hasta más de un 25%-,  mientras Nibali comenzó a dar palos, junto a Rogic y Bernal, descolgando a Valverde, lo ascendió a una velocidad entre 10 y 12 km/h, y eso es mucho para afrontar semejante pared, consiguiendo además el KOM en su último segmento de 600 metros, tardando sólo en superarlo 3 minutos y 22 segundos.

Con todo, permitidme volver al principio: Strava está bien, es interesante, pero sólo si eres un pro. Es mi opinión.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de FB de Il Lombardia

 

 

Es la imperfección de Thibaut Pinot lo que nos gusta

Thibaut Pinot - Il Lombardia

Mov_Gore

En Il Lombardia, Thibaut Pinot logra estatus de ciclista de culto

Lo dijimos el otro día, que Thibaut Pinot ama Italia.

Es curioso, un ciclista de raíz muy francesa, del corazón de los Vosgos, llevado por un director muy francés, Marc Madiot, y en un equipo que es el de la lotería francesa, ahora Groupama.

Thibaut Pinot no ha encontrado su mejor feeling con el fecundo calendario doméstico, y sí con el italiano.

Dice Pinot que toda su trayectoria le ha llevado a este triunfo en Lombardía, yo no sé si tanto, él lo sabe mejor, pero lo que está claro es que este fin de curso tenía que finalizar así.

Thibaut Pinot es un corredor que ha superado sus miedos

Eso demonios que te persiguen y te hacen suyo, Pinot los ha dejado atrás.

Se ha quitado el estigma de los descensos, se ha rehecho tras el abandono del Giro que pudo conquistar desde el podio.

También ha sabido gestionar la presión que otras veces le atenazaba.

Porque Pinot es un tipo volcánico en la carretera, pero frágil y trufado de dudas fuera de ella.

No le gusta ser centro de las miradas, ni polo de atracción.

Quiere tranquilidad, la que no tiene por ejemplo en el Tour de Francia, cuyo podio pisó hace cuatro años, para nunca volver.

Y en esa tranquilidad se encuentra.

No había que ser ingeniero para saber que era favorito top para Lombardía.

Era el 1 en las apuestas, el centro de las miradas, la rueda a seguir.

Y se vio con el símbolo, con Vincenzo Nibali, ganándole a domicilio.

En una carrera que exige grandeza Pinot la ha tenido.

Cierra un año de menos a más, conquistando símbolos, desde los Lagos de Covadonga al Lago de Como.

Son símbolos del ciclismo, y también suyos, como Alpe d´Huez.

La íntima relación de Trek con el carbono

Para muchos será otro francés que fracasó en el empeño de suceder a Bernard Hinault tantos años después, para nosotros uno de los corredores más valiosos y apreciados del pelotón.

Un ciclista que en la imperfección, ofrece su mejor atractivo.

Imagen tomada de FB de Il Lombardia