Hay mil carreras y Nibali está en todas

A pesar de haber sido la cima que escribió su epílogo, el primer grande que brilló entre la niebla de Hautacam fue Miguel Indurain, cuando hace veinte años medio sentenció el Tour que habría ser el cuarto de su ristra de triunfos. Viene a cuento Indurain, porque dos décadas después de su reinado, muchos siguen poniéndole como ejemplo de casi todo casi a diario.

Indurain fue el campeón más generoso”, “siempre tuvo grandes gestos con sus rivales”,… son retahílas perennes en cualquier análisis cuando surge un ciclista como Vincenzo Nibali, quien en la legitimidad de ser el mejor en una carrera como el Tour ha querido machacar y culminar la victoria más contundente que hemos visto en el Tour desde la era Armstrong, una era que existió pues la vimos mal que les pese a muchos. Ni siquiera el mejor Alberto Contador, hace cinco años, logró impresionar tanto. Ni siquiera un ciclista que ganaba en montaña y crono, pero que solventó grandes errores taticos en la ruta pudo rivalizar con este Nibali que no yerra.

Nibali va a ganar este Tour con la solvencia de los más grandes, que es lo mismo que decir Hinault y Merckx, a quienes le comparamos cuando en el adoquinado dio una lección. Nos llamaron exagerados cuando dijimos aquello y ahora mira: un Tour de una dimensión jamás vista en los últimos años. No miren quién falta, porque eso es el cuento de la vieja. El año pasado vestido de amarillo, Chris Froome quiso machacar y la osadía se le volvió a su contra. Recuerden Alpe d´Huez y Semmoz cuando Nairo y Purito le mojaron la oreja.

El Tour, este Tour de 2014 ha sido el de las mil carreras en una y Nibali ha estado en todas. Hoy atacando tan de lejos, yéndose solo casi arruina la fiesta a Majka, que al final pudo mantener el “polka jersey” en la campana. La fiesta se redondea en una sensacional lucha por el podio que se retrata con la cara deformada de Peraud en el último tramo de Hautacam. No le pidan más porque no tenía. Peraud estrujó su ser para sacar, momentáneamente, a Valverde del podio y postularse a la segunda plaza de Pinot de cara al sábado. Queda la crono, pero el murciano, buen croner, pero no soberbio, lo tiene complicado.

Ha sido, está siendo un Tour precioso, con mil imágenes, mil batallas, y Nibali sobrevolando todas. No quieran jugar a adivinos, hemos presenciado una actuación como las que nuestros abuelos nos contaron de Merckx, Hinault y Ocaña. Nibali les ha rendido un homenaje reñido con la modernidad y eso levanta ampollas. Que nadie le amargue el momento a este sensacional ciclista.

#fact La de Nibali será la décima victoria italiana en el Tour que recorta hueco a España, con doce triunfos

#àdemain El Tour toma rumbo norte para aterrizar en la ciudad de salida de la crono, Bergerac, el lugar del tirano donde Miguel Indurain logró otra crono memorable hace 20 años.

Foto tomada de @Info__Ciclismo

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Eurosport es la casa del ciclismo

1EUROS

Con el Tour afrontando su recta final es buen momento para recordar la extensa oferta de Eurosport en el ciclismo. Todos los días LIVE la etapa más las previas y análisis con Greg Lemond, micrófono en mano en las cunetas de la meta, y Juan Antonio Flecha pululando por los buses. En agosto toda la aproximación a la Vuelta a España se dará en bloque a través de este canal. Podéis tener aquí más información.

La tumba abierta

Dijeron, acalorados por la baja de Froome y la caída de Contador, que vaya mierda de Tour, que se quedó sin emoción, que no tenía interés, pero a mí este Tour, el 101 de la historia, me está gustando porque rara vez se está disputando a mantener lo logrado. Hay ambición y eso es una gran noticia.

La primera jornada pirenaica tuvo todo lo que debe tener esta gran carrera, la mejor carrera. Por delante la fuga de nivel top, con Michael Rogers vestido en ganador toda vez que se despojó de las servidumbres a Contador –el Tinkoff, que no Saxo, se la ha sabido envainar muy bien- y una serie de grandes ciclistas, algunos pestosos como Voeckler, y otros demasiado generosos como Kiryienka, disputándole el triunfo. Ojo Rogers, dos etapas en el Giro y otra en el Tour recién salido de una especie de hibernación. A algunos se les abrirán las carnes.

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Luego entre los favoritos hubo traca y diferencias. Al final el ciclista más reforzado de la jornada fue sobre quien más dudas teníamos –ya saben cualquier pronóstico es absurdo en este Tour-. Thinaut Pinot es el ciclista de este Tour. Casi cede unos segundos en meta, respecto a Valverde, pero ha logrado una renta interesante sobre Bardet y sobretodo Van Garderen, quien corre el riesgo de ser una eterna promesa. En Balés Pinot fue tan fuerte que hasta Nibali se mostró cauteloso. No se extrañen, no es casualidad que esté aquí. Él ha trabajado mucho y bien, pero su equipo es una piña, un grupo fuerte y cohesionado, el vociferante Marc Madiot esta vez merece nuestro aplauso.

Como también lo merece Movistar, posible detonante, al inicio de Balès, del mal momento de Bardet y Van Garderen. Valverde ha tocado techo, y posiblemente se las vea crudas para mantener la segunda plaza ante Pinot, pero está bien rodeado en esta carrera. Si la lucidez de Balès acompaña a los azules, el podio, el ansiado podio puede ser una realidad para Valverde, quien si lo logra quizá duerma ya tranquilo.

No han sido muchas las veces que el Tour ha abordado el Port de Balès, un descubrimiento reciente, pero muy interesante. Es un lugar, como bien define el técnico del Sky Nicolas Portal, oriundo de la zona, perfecto para perderse con la BTT e ideal para grandes bajadores, como bien ha quedado corroborado. El Tour ha atravesado ya cuatro veces este sitio estrenado por la infamia de Vinokourov en 2007 pues al final acabaría dando positivo y aquel episodio tan singular de la cadena de Andy y el ataque de Contador, un episodio que por cierto Bjarne Rijs despacha con singular atención en las memorias que Cultura Ciclista acaba de sacar en castellano.

#fact Sólo dos como Charles Pélissier quien en 1930 llegó a ganar ocho etapas en el Tour de Francia. Esos fueron Eddy Merckx en 1970 y 1974 y Freddy Maertens en 1976, edición que acabó octavo en la general.

#àdemain Auténtico maratón pirenaico que pasará por la Vall d´ Aran antes de encadenar Portillon, Peyresourde, Val Louron y Pla d´ Adet en menos de ochenta kilómetros.

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Ya hemos probado la batería externa de carga solar creada por Ksix y hecha con celdas solares SunPower de alta eficiencia “made in USA”. Se trata de un “inventazo”, sinceramente, mientras le da el solecito, la podéis llevar colgada en cualquier lugar de vuestra mochila, se va cargando y os asegura hasta dos recargas completas de vuestro móvil. Incorpora también una pequeña linterna.

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“Franceses, ahora o nunca”

A cien kilómetros, por un mar de tachuelas y terreno verde aunque abrasado, tres ciclistas abordaban la fuga del día. Tres ciclistas, dos de ellos franceses: Delaplace y Lemoine. No llegaron, fueron arrasados por un pelotón que no  sabe rodar tranquilo. Quedaron en la nada, pero dieron color, protagonismo a sus colores y lanzaron un mensaje, el ciclismo francés está de vuelta. Tony Gallopin, quien no murió en la Planche des Belles Filles, asumió el relevo.  Sí que llegó, generoso él, incluso ahora que está marcado. Por suerte el ciclismo premia a los valientes. 

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No hace mucho hablábamos de un cuarto de siglo y hoy estamos a puertas de los treinta años. Sí, en 1985 se produjo el último éxito francés en el Tour. Lo firmó Bernard Hinault porque en su equipo ataron en corto a Greg Lemond, posiblemente superior a su jefe ya en ese Tour. Desde entonces, el país vecino ha predicado en el desierto de los resultados. Dos ciclistas pisaron podio, en 1989 Laurent Fignon y el 1996 y 1997 Richard Virenque. La estadística habría sido más benévola si en esa crono de Versalles a París, Fignon no hubiera sucumbido.

Por medio quedaron varios ciclistas que fueron cuartos, a un paso del podio, pero fuera de él: Laurent Jalabert, Christophe Moreau y Thomas Voeckler. También se cuentan ediciones sin presencia en el top ten, sin casi victorias de etapa. Este ha sido el panorama, éste ha sido el retrato del ciclismo francés en el Tour, en su carrera, en la mejor carrera del mundo.

Pero no perdieron la fe. Si España hubiera pasado el paréntesis que Francia ha sufrido en el ciclismo, este deporte se habría borrado de la faz de la tierra. Si en los mejores años, con los éxitos más sonoros, el ciclismo sólo ha sido protagonista en días puntuales, y a veces por dopaje, qué no le habría pasado si los resultados deportivos no hubieran sido los que fueron. Sin embargo en el país vecino nunca se perdió el vínculo.

Y los resultados, mucho tiempo después, llegan ahora. Como reza la portada de L´ Equipe surgida de la Planche des Belles Filles el ciclismo francés está ante la oportunidad de dar el salto adelante, de cerrar el círculo de su renacimiento con esta generación realmente buena, que desplaza a los Chavanel, Casper, Fedrigo y compañía para hacerse con los premios mayores. No esconde el diario de cabecera la ausencia de Froome, Contador, Nairo y compañía, pero también son conscientes que el nivel de consagración de un buen Tour puede serles muy útil para cuando les toque enfrentarse a los cocos del pelotón.

Ahí está ese resquicio biker, Jean Christophe Péraud –por quien apostamos en nuestra previa- acompañando a un ciclista cuya trayectoria sencillamente nos encandila, hablamos del joven, jovencísimo Romain Bardet, que hace de la discreción su mayor ostentación. Y luego Thibaut Pinot, corredor con reminiscencias enológicas, que sorprendentemente ha debido superar todos sus miedos en los descensos este mismo invierno. Son varios, ahí, llamando a la puerta y Waren Barguil está en casa, quizá esperando que Dave Brailsford le escoja como ese francés con el que quiere ganar el Tour.

#fact La ventaja más pequeña jamás vista en el Tour fueron los ocho segundos que Lemond le tomó a Fignon hace 25 años. Tras 3300 kilómetros ese suspiro reventó las ilusiones del francés.

#àdemain Nueva jornada por una zona pestosa, llena de tachuelas y constantes trampas. La carrera aterriza en Saint Étienne, un lugar típico de segunda semana de Tour.

Imagen tomada de @ultimo__km

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Ksix apuesta por la energía solar y crea la batería externa de carga solar con celdas solares SunPower de alta eficiencia y fabricadas en USA.

Ksix y Jose Antonio Hermida apuestan por la energía solar.

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El “savoir faire” francés

Hace casi dos años cuando a Alberto Contador le caía la sanción por su positivo de hace tres temporadas, el fervor patriótico hervía por los comentarios y parodias que un mal llamado periodismo francés hacía de los mejores deportistas españoles. “Nos tienen una envidia terrible” afirmábamos, al tiempo que mediamos el tamaño de la injusticia que considerábamos se había hecho con Alberto Contador. Un ejercicio de patriotismo, de defensa de lo nuestro en estos tiempos de grave crisis se imponía. Era imperioso salir a defender lo nuestro, pero ¿qué es lo nuestro? Aunque la defensa fuera enconada y los argumentos rudos, esa tela de humo no podía disimular un esqueleto deportivo, el español, que en lo que a ciclismo se refiere es pero que muy mejorable. Dos años después lo vemos en su crudeza, el ciclismo español pasa época complicada no, complicadísima. Ausencia de equipos, carreras en peligro de todo, el peregrinaje internacional de figuras, ciclistas muy apetecibles sin contrato,… esta realidad no se plasma con suficiencia ni siquiera se quiere poner negro sobre blanco frente a la situación del ciclismo francés, que sigue siendo pero muy alejada de la nuestra porque a pesar de los pesares, mantienen una cultura deportiva cien veces más madura y democrática y aunque hayan sido más papistas que el Papá en lo relativo al dopaje, sigue teniendo buena salud y perspectivas. Hacen unos días la lotería gala, la Française des Jeux, renovó su patrocinio con el equipo que dirige Marc Madiot. La FDJ, pues así responden sus siglas, es la casa de Thibaut Pinot, Arnaud Démare, Kenny Elissonde y Alexandre Geniez, incluso hasta la de un ciclocrossman como Francisc Mourey, quien ganó el encantador Tro Bro Leon. Son corredores jóvenes, con mimbres de ser algo interesante y reciben un patrocinio que se alarga hasta 2016. Al lado el Europcar acaba de entrar en el máximo circuito donde se mantiene el AG2R. En un panorama donde se caen proyectos al tiempo que entrar en el World Tour es una quimera para muchos, Francia tendrá tres conjuntos desde los que canalizar el ciclismo que viene, y que no es otro que en categorías inferiores funciona bien. Y todo esto ocurre en un país que va camino de los treinta años sin ganar el Tour. En un país que no viste de arco iris desde Laurent Brochard en San Sebastián, allá por 1997, mismo año en que Laurent Jalabert logró en Lombardía el último monumento. El ciclismo francés lejos de ser perfecto sí es un espejo donde mirarse los problemas propios. Al amparo del Tour y su maquinaria aledaña, crece un deporte que aquí sí es rentable y que atrae interesantes inversores. Tienen la mejor carrera, clásicas centenarias e incluso exportan “savoire faire” a lares sin tradición pero con dinero para innovar. Hasta son dueños de la Vuelta a España, esa carrera que el día menos pensado dejan en dos semanas capando así la esencia de una gran vuelta. Conviene mirarlos más, saber qué hacen, cómo lo hacen y no sólo envidiar y malmeter. Si el ciclismo en España, en sus mejores años de siempre, no tuvo la cuota que mereció, qué habrá de pasar si se nos viene encima un desierto como el francés.

La medida de Vincenzo Nibali

Poniéndonos serios, sin que la euforia del momento nos embargue, tomando perspectiva y viéndolo con calma, Vincenzo Nibali sigue siendo el mejor posicionado para ganar la Vuelta a España. Esta opción estaba clara, era obvia, hace veinticuatro horas, cuando la carrera estaba en Francia. Sin embargo el ciclismo como deporte de suspiros, de pequeños lapsos de tiempo, se da la vuelta cual calcetín en medio segundo, y este caso fue en el paréntesis de duda que muestra el líder cuando uno de sus rivales ataca.

Y en Formigal ocurrió que cuando la etapa moría, y Rigoberto Uran y Warren Barguil se iban a jugar el premio parcial, el líder Nibali vaciló ante un ataque de Alejandro Valverde. Esa duda le valió la desbandada y la desnudez de argumentos ante todos esos rivales que días atrás se manejaban jadeantes a su rueda.

En honor a la verdad, esta Vuelta a España, aunque a cuenta gotas, nos deja un buen balance cuando justo queda el último tercio de su disputa. Sin embargo la general presenta unas diferencias, si tomamos hasta el sexto, Thibaut Pinot, más allá de los cuatro minutos que entendemos se han generado sin estridencias ni vuelcos espectaculares. Nibali ha tenido el don de estar ahí, siempre en segunda línea mientras un día destacaban unos y al siguiente otros. A estas alturas de la temporada no se pueden pedir maravillas.

Por que la carrera del italiano ha sido recta y plana pero sin los titubeos de sus rivales. El entrañable Horner por ejemplo estuvo horroroso en la crono y lo pagó con la prenda de líder. Valverde y Purito aún no han mostrado el golpe de pedal que desborde, salvo en el últomo tramo de Formigal, mientras que Nicolas Roche parece encantado con el premio que le toca vivir en esta carrera y Thibaut Pinot es una montaña rusa.

Con todo, la sima que ha mostrado el líder en las carreteras aragonesas abre la idea de que no todo es tan perfecto en Astana, ese bloque que poco antes de que su líder entrara en crisis tiró a por los fugados como sí al siciliano le apeteciera jugar a ganar la etapa. Llegados a este punto bien haría Nibali en controlar rasamente la carrera, en lo que a la general se refiere, aunque ello le valga su segunda Vuelta a España desprovista de triunfos parciales.

Por otro lado, parece que el tránsito pirenaico ha generado espectáculo por combustión. Sin nadie que ejerza de dinamitero, en eso se echa a faltar a Alberto Contador, han sido el ritmo endiablado y el frío y la lluvia andorranos quienes han ejercido de catalizadores para que el Formigal se abriera la puerta a una sorpresa que no parecía probable.

Por que Nibali es un gran ciclista, qué duda cabe, pero no dejemos de ver que sus mejores éxitos han sido en carreras donde la competencia no pareció la mejor. Ni Ezequiel Mosquera hace tres años, ni Uran ni Evans en el último Giro, parecen marcar las medidas reales de un ganador con todas las letras. Ahora Nibali tiene ante sí un reto mayúsculo, cinco jornadas donde le van a dar hasta en el carnet y la ardua tarea de priorizar a por quién salir y por quién no. Al final el propio desarrollo de la carrera nos desacreditará y hasta veremos una Vuelta que merezca la pena. Así lo esperamos.

Foto tomada de www.lavuelta.com

 

La Vuelta busca dueño y apareció Chris Horner

Veamos, veamos. Diez días de Vuelta a España, comunidades gallega, castellano leonesa, extremeña y andaluza visitadas. Numerosos cambios de líder, con dos incluso recuperando la prenda que perdieron, Nicolas Roche y Chris Horner. Varias llegadas en  alto de medio pelo, espectaculares a priori, hasta que uno surge y machaca, generalmente Dani Moreno, que de haber rodado más avispado podría llevar cuatro etapas ganadas perfectamente y no dos.

Luego dos llegadas en llano con sprint masivos reventados por auténticos superclase. Sí, curioso, las dos etapas sobre el papel más intrascendentes nos acabaron transmitiendo las emociones que artificialmente alimentan los narradores de TVE cuando el perfil marca una llegada en alto. Y luego el descubrimiento, éste sí, de la carrera, un alto en los contrafuertes de Sierra Nevada llamado de Hazallanas. Una subida que te hace un siete en las piernas que inauguró un ciclista entrañable, simpático e incluso exótico como Chris Horner. Ya veremos si nos hace tanta gracia verle de rojo en la Castellana.

Y es que Horner ha sido sobre la carretera lo mejor de la Vuelta en este primer ciclo con sendas exhibiciones en las que combinó el ataque lejano en una llegada explosiva como Lobeira, con el acelerón sostenido bendecido por la inacción de sus rivales en Hazallanas. Por  lo visto en la ascensión granadina, la actitud de los favoritos responde a un recorrido desproporcionado. Nadie quiere tomar el mando tan pronto, nadie quiere descubrir las cartas, ninguno por delante del resto… queda tanto, y tan duro, que asumir estas responsabilidades es contraproducente. Un suicidio.

Y mientras esperamos la respuesta de los grandes nos perdemos en la fiesta de los secundarios, que es legítima, que es interesante, pero que puede acabar en susto pues al final tanto cerco y mirada entre Basso, Purito, Valverde, Pinot y Nibali le ha  dado alas a un tipo como Chris Horner, quien crece sigilosamente como lo hizo, por ejemplo, Juanjo Cobo hace dos años. No digo más.

Consumido más de un tercio de carrera queda mucho para saber si Horner tiene una gran vuelta en las piernas. Sí tiene más de cuarenta años, es el más longevo de cuantos ruedan en la Vuelta y no sé si del pelotón internacional y no sé hasta qué punto eso le supone una desventaja respecto a los que tienen diez años menos, pues a este corredor el historial de caídas le ha cortado parte sustancial de su palmarés cuando apostaba a ganador. No obstante, y a pesar de desternillarnos con sus entrevistas, no es el ganador que soñamos. Ni siquiera el que más crédito le ofrece al ciclismo, si bien esto es más una sensación personal que otra cosa.

Una vez quedó claro que Daniel Moreno sigue teniendo su “día malo” y ante la certidumbre de que lo visto en Hazallanas puede repetirse, las bazas españolas en esta Vuelta son Alejandro Valverde y Joaquim Rodríguez. Si en nuestro apunte sobre Roman Kreuziger valoramos la pesadez del Tour, la verdad es que en el segundo y tercero de la anterior edición de la Vuelta, la travesía francesa ha dejado mella en las piernas. No aseguramos que el Tour les aparte del triunfo, pero  es obvio que les falta algo, el chispazo que en ocasiones les hace matar y enfrente tienen rivales frescos como Nibali y muy crecidos como Basso, en su mejor versión desde que ganara el Giro hace tres años. Veremos.

Foto tomada de www.lavuelta.com

La Vuelta de los otros

Paralelamente a los nombres conocidos y manoseados por la mayoría en esta Vuelta que empieza por la costa pontevedresa tenemos buena dosis de ciclistas de gran nivel que tienen un buen botín por cazar y mejores momentos que ofrecer. Como el año pasado a estas alturas estos son los nombres omitidos en las grandes quinielas sobre los que fijamos nuestras apuestas:

  • Carlos Betancur: excelentísimo ciclista que dada la calidad que emana su país posiblemente sea considerado de segunda fila pero que rueda con los grandes nombres. Desde que se destapara en el País Vasco nos ofreció una primavera de serie A que completó con un Giro en el que mereció mayor suerte, es decir un triunfo de etapa. Resquemado por la ocasión, aquí tenemos un buen candidato a acumular triunfos y grandes momentos en una carrera que parece trazada para él.
  • Theo Bos: pocas pero buenas ocasiones se le presentan al velocista holandés que tanto y tanto lleva prometiendo sin llevar nada claro a su palmarés. Triunfos menores jalonan un recorrido profesional que en pista fue mayúsculo y que en esta Vuelta podría verse incrementado si la suerte acompaña mínimamente, pues la escasez de etapas propicias se compensa con un tremenda ausencia de velocistas en la carrera.
  • Luis León Sánchez: dicen que no tiene etapas interesantes a su perfil cuando su desdibujado bagaje demuestra que a mayor confusión mejor botín sabe sacar. Tras el año más complicado de su carrera donde las simples menciones en un juicio le dejaron fuera de concurso, está en un instante de su trayectoria en el que sabe que aunque poco o nada le quede que demostrar, necesita de un buen resultado para seguir siendo atractivo en el mercado, más cuando su no aclarada implicación en la Operación Puerto sigue figurando en su currículo.
  • Philippe Gilbert: un ciclista que es como su equipo, un auténtico desconcierto: muy bonito por fuera pero vacío en el interior. El vigente campeón del mundo viste galas en una carrera que rara vez le deja a cero, aunque llega tocado por su caída en el Benelux. El valón, que lleva un año en blanco y que no moja desde el Mundial limburgués, sabe que en su suerte vincula a su equipo, el BMC, que a su vez lleva dos años tétricos si lo situamos en el ratio palmarés/inversión.
  • Thiabut Pinot: el solo hecho de que parte sustancial de esta Vuelta se decida en subida le confiere la confianza cuya ausencia le cegó en los descensos del Tour. Pinot arriba a la Vuelta como una especie de reválida a ese Tour con posibilidades de cumplir ese axioma que marcan a muchas figuras galas y es que lo que el Tour no te dé la Vuelta te lo compensará.
  • Vicente Reynes: un  ciclista tremendo pero discreto, gris, casi transparente. Acaba de atar su futuro inmediato en la estructura del IAM que promete crecer. Con un palmarés donde sólo emerge una etapa de la París-Niza pero una trayectoria consolidada en grandes equipos, el mallorquín se persona como ese tipo de ciclistas que no aporta palmarés pero sí estabilidad, sapiencia y buen hacer al grupo.
  • David de la Cruz: el chaval se nos hizo grande y se ve en el percal que lleva tiempo demandando: debutar en una gran vuelta. El año pasado tuvo perlas en su rendimiento que le valieron la confianza de los alemanes del NetApp y ha llegado el momento de corresponder. Con todas la cautelas que ofrecen su edad e inexperiencia, la lupa estará en él por lo mucho bueno que lleva este ciclista de nuevo cuño que pudo ser atleta pero acabó entre bicicletas.
  • Roman Kreuziger: desprovisto de las servidumbres a Alberto Contador vuelve a la Vuelta a España donde ya brilló al servicio de Vincenzo Nibali. En esta ocasión llega de líder, único e inequívoco. No le caben matices más allá del propio desgaste que le propinó el Tour en el que dio muestras sobradas de ser el ciclista más en forma de su equipo, incluso por encima del propio Contador. Sin embargo la crítica cree que en situaciones de líder se empequeñece, cabrá verlo, por de pronto es el único acreedor de una victoria de prestigio en su equipo: la Amstel.

Foto tomada de www.cyclingnews.com

La presión que atenaza a Thibaut Pinot

El año pasado por estas fechas, cuando el Tour de Francia 2012 vivía su amanecer, las cábalas que siempre surgen respecto a quién podrá o no destacar en la carrera incluyeron casi siempre el nombre de Thibaut Pinot, la perla bruta de un país preso por la ansiedad por recuperar su carrera.

Un año después ese nombre suena con mucha más fuerza, incluso más que los gritos que le profirió su visceral director, Marc Madiot, al ganar su etapa en 2012. Sin embargo las cosas no son sencillas para todo aquel que promete hacer algo grande en Francia. Pinot admite sentirse presionado y como él podríamos dar una interminable lista de ciclistas franceses que en su día pusieron de relieve tan incómoda circunstancia y fallaron en el intento: Jeff Bernard, Luc Leblanc, David Moncoutie, Christophe Moreau,…

Francia, como muchas veces hemos dicho, es un país con una estructura vinculada al ciclismo de auténtico lujo, casi de excepción, la guinda que es el Tour no es más que el eslabón de una serie de elementos muy integrados en la sociedad del país vecino que hace de este evento estival su mejor tarjeta de visita. Pero esa credencial es incompleta si uno de los suyos no gana la carrera de las carreras. Casi tres décadas después, se sigue buscando un francés para el Tour y en esa labor Pinot sabe de primera mano lo que implica correr con tal grado de interés. En cómo lo gestione está la clave.