Thomas De Gendt sí que hizo la Milán-San Remo

Volta a Catalunya Thomas De Gendt JoanSeguidor

Diez horas le ha llevado la «Milán-San Remo flamenca» a De Gendt

En la Volta virtual que ha empezado este lunes, Thomas De Gendt fue el ganador preferido de la afición.

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Ya ves, el belga es como el Cid, gana batallas en las que no concurre.

Su «triunfo» llega de forma simultánea a la noticia de su homenaje a la Milán-San Remo por las rutas de Flandes.

Le acompañó Jasper De Buys, también del Lotto, un pistard que pudimos disfrutar en nuestra visita a los Seis Días de Gante.

Hizo una salida que comprendió las provincias de Bruselas, Gante y Amberes, pasando por rutas tranquilas y plazas vacías.

En Bélgica no existe la prohibición de salir en bicicleta, como también sucede en otros países.

La ruta les llevó diez horas, nada menos, una salida que fue una paliza, la más grande que nunca ha realizado Thomas De Gendt, un corredor con legión de admiradores, uno de esos que no miras la bandera cuando caes rendido a sus pies.

Diez horas de salida, por que le sopló el viento en medio del recorrido, una locura para cualquier mortal que al menos nos sirven de excusa para hablar de la Milán-San Remo estos días en los que la primavera ha aterrizado sin pena ni gloria.

Ojalá le veamos disputar la primavera, aunque fuera en otoño o en cualquier otro momento.

Y si no que siempre le quedará Teruel. 

Por soñar…

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Wellens-De Gendt han hecho más por la España vaciada que otros

Wellens De Gendt JoanSeguidor

El periplo por la España vaciada de Wellens y De Gendt seguro que reporta beneficios futuros

 

Tim Wellens y Thomas De Gendt han logrado una cosa rara para los ciclistas en el mes de noviembre, que se hable de ellos, de ciclismo fuera de temporada, y que se haga desde un punto de vista diferente al acostumbrado en periodos off season.

Durante estos días las redes han tejido su historia por Teruel, una historia que ha tenido todo tipo de interpretaciones…

Creemos en este sentido que a Wellens y De Gendt no les ha pillado de sorpresa el tiempo, las adversidades y la nieve que ha revestido de épica la aventura, llevada a su óptica, seguro que no les habrá implicado el esfuerzo que le significaría a cualquiera de nosotros.

Son pros y ello comporta, al margen de ir muy rápido, saber afrontar todo tipo de terrenos y condiciones.

Esta gente no se queda en casa porque llueva.

 

Dicho esto, no sabemos si alguien, en TVE por ejemplo, el ente con vocación pública y de servicio, se ha hecho eco de la aventura…

Estos ciclistas han hecho más por la España vaciada que otros que tanto cacarean donde vean una alcachofa,.

Es una realidad tangible, hoy que se puede medir todo, en cualquiera de los perfiles de los protagonistas, pero también en el revuelo que ha causado entre la gente.

La andanza de Welles y De Gendt por la «Laponia española» en este frío noviembre ha tenido varios aficionados que se han cruzado con dos estrellas del ciclismo en la carretera, les han saludado, casi tocado y ellos han respondido.

¿Qué hay más cercano que el ciclismo y el ciclista?

Así va el Suunto 5

 

Wellens y De Gendt han hecho justicia a esa percepción.

Han puesto Teruel en el mapa para mucha gente, lo han hecho con sus medios, a su costa, poniendo tiempo de sus vacaciones al servicio de este viaje

Han demostrado amor por este deporte y su trabajo.

Y han ayudado, no sé si queriendo o no, a una privilegiada deja de la mano de Dios, como tantas otras cosas en este país.

Imagen: @enasanjuan / Ridley Bikes

El relato de Wellens y De Gendt

Wellens De Gendt JoanSeguidor

Andamos pendientes de las andanzas de Wellens y De Gendt por los montes de Teruel

 

Cualquier buen aficionado al ciclismo andaría pegado estos días a las redes sociales de Thomas De Gendt y Tim Wellens.

Ambos están estos días sacando polvo al camino de los montes de Teruel en una ruta de sugerente nombre, por la España vaciada, una realidad que es palpable hasta más allá de los Pirineos.

En total son 700 kilómetros, la mayoría de gravel, por zonas como los Montes Universales, Sierra de Gúdar y Javalambre, allí donde se coronó el «gorrión» Angel Madrazo, no hace tanto, en la Vuelta a España.

 

En este excelente escenario, tan bello, agreste y salvaje como despoblado, Tim Wellens y Thomas De Gendt alargan el invierno en bicicleta en lo que llaman su «The Final breakaway», la escapa final por tierras de Teruel.

Como no podía ser de otra manera, esta aventura nos encanta, como la del año pasado que ponía final a la campaña de carretera, cuando se fueron de Lombardía a Bélgica en bicicleta.

Ambos son corredores que sólo puedes querer.

A Thomas De Gendt aún le recordamos la jornada del Tour aquella con Pinot y Alaphilippe persiguiendo.

A Tim Wellens esperamos verle un día dominar la Lieja o similar, porque su valentía ya ha sido pasto de algunas líneas en este mal anillado cuaderno.

 

Es una forma de entender el ciclismo que va cundiendo, poco a poco, pero sin pausa.

Corredores que se entregan a su oficio, cuando es menester, pero que llegados a un punto, con redes sociales como apoyo, se montan la flaca y se van a descubrir unos parajes tan bellos como poco conocidos.

No sé si inspirados por los del Education First, pero se impone poco a poco ese tipo de ciclismo circular, llegando a confundir, a veces modalidades.

Nacex: la bicicleta al fin del mundo 

No sé si Teruel, sus ayuntamientos, diputación y demás estará al corriente, pero aquí tienen dos embajadores de postín, dos corredores que se ganan el cariño de la gente porque su cultura ciclista echa raíces bien profundas en este deporte.

Mientras ambos siguen a lo suyo, hollando caminos que seguro no tienen marca de neumáticos y cascándose algún cocido con morcilla por el camino.

Esto que hacen Wellens y De Gendt también es ciclismo profesional… aunque en el fondo estén disfrutando como enanos.

¿Qué tipo de etapas necesita el Tour de Francia?

Julian Alaphilippe Tour etapas JoanSeguidor

En el Tour de Francia caben todos los tipos de etapas

Tres jornadas de Tour, pero de Tour, Tour, etapas Tour, a cara perro, de sufrimiento, a veces más más obvio, otras mediante un desgaste que va por dentro.

Porque las tres últimas jornadas que cierran la primera semana entera del Tour tienen tantos defensores como detractores, tantos parabienes como críticas.

Es lo que hay.

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Y lo cierto, es que pocos se explican que la etapa del Tour que gana Dylan Groenewegen tenga lugar en el siglo XXI.

Puede o no darse una etapa así, pero es que el Tour es eso, etapas de todo tipo y pelaje, jornadas que invitan a la siesta mezcladas con otras que asombran y deleitan.

Porque la jornada de Chalon-sur-Saône también es una etapa del Tour, es madera que se quema, fuerzas que quedan en el camino, incluso en un ritmo que algunos tachan de cicloturista, pero ritmo al fin y al cabo, en medio de un Tour que se corre a cuchillo.

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Algunos no entienden que las tres semanas en ciclismo tienen también minutos de basura, aquellos en los que parece que no pasa nada, que aburren hasta las ovejas, pero en los que los ciclistas lo llevan por dentro, el paso de los días y la quema de las fuerzas.

Porque no todo puede ser la etapa que gana Thomas De Gendt, en una lección supina de clase, motor y categoría, con todos los grandes dándose por detrás, con Julian Alaphilippe recuperando el maillot que perdió en la Plance y disfrutar del 14 de julio en amarillo.

Una etapa de esas que son etapa Tour, de los Tours recientes, ratonera, típica, por ejemplo de la París-Niza.

Es ciclismo efectista, estético, de ese que hace afición.

 

 

Está en las antípodas de la etapa que gana Gronewegen, cierto, pero ambas etapas son necesarias para el Tour.

Separadas por veinticuatro horas, pero es lo que hay.

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Si a todos los deportes se les permite minutos de la basura ¿por qué al ciclismo no?

¿Acaso los velocistas no merecen jornadas que revestidas de tedio ofrecen un final eléctrico?

Todo es ciclismo.

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Como la etapa que acabó en el pueblo de Romain Bardet, en horas bajas frente a su rival doméstico Pinot y frente a casi todos los rivales.

Una etapa de Tour que define lo que es esta carrera llegados a cierto punto.

Una carrera que tiene varias carreras, los favoritos juntos atrás y por delante gente de un caché increíble jugando a tener su etapa de Tour en el palmarés.

Daryl Impey ha sido un titán en un grupo que originariamente tuvo a Naesen, Soler, Stuyven, Herrada,… y un corredor que es todo generosidad, Tiesj Benoot, incluso cuando sabe que el compañero es más rápido.

El Tour es todo, etapas como las del viernes, las del sábado y las del domingo

Intensidad, trascendencia siempre acabará llegando, porque la carrera no deja de ser una olla a presión.

El Tour es una carrera que últimamente nos decepciona porque se corre con más miedo a perder que otra cosa, pero por el camino tiene momentos, momentazos, pujas puntuales por etapas, firmadas muchas veces por los mejores del mundo en su género que son las perlas que la mejor carrera del mundo nos deja en el camino.

 

Thomas De Gendt, el ladrón más adorable del pelotón

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Pocos corredores despiertan la admiración de Thomas De Gendt

El jueves, en el epílogo de la tradicional exhibición de Stephan Küng en Romandía, hubo un Lotto que saltó sin fortuna.

Navegó durante unos metros en solitario, en tierra de nadie, con la victoria en la mano del suizo escapado y el pelotón dejándole lo justo.

Fue Victor Campenaerts, en su primera aparición tras el récord de la hora.

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La aventura del nuevo recordman de rodar kilómetros durante sesenta minutos confundió a algunos con Thomas De Gendt, un tipo que ha hecho de su olfato una leyenda en el ciclismo moderno.

Pero no podía ser Thomas de Gendt, esa no era la realidad de un corredor que levanta admiración cada vez que toma parte en una escapada o en una aventura, como aquella que emprendió con su compañero Tim Wellens el otoño pasado, yendo de Lombardía a Bélgica en bicicleta.

No podía ser Thomas De Gendt, porque él si se mueve, es que hay opciones.

Y coger a Küng era una locura.

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De 32 años, leemos que Thomas De Gendt es un corredor que prefiere ir escapado a quemar kilómetros en el pelotón.

No tiene sentido moverse a tres kilómetros de meta, si se hace, hay que hacerlo antes, retar al grupo y saber de las complicidades y tirrias que se mueven ahí dentro en caso que tiren a por ti.

Porque en trece años sabe que no es lo rápido necesario para batir velocistas ni lo escalador suficiente para doblegar los mejores trepadores.

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Nadando entre dos aguas, se lanzó en su día a buscar la etapa, el precio aislado pero valorado y mil veces peleado por tantos ciclistas, tantas estrellas.

Es el coleccionista, incluso después de aquel memorable asalto al podio del Giro de 2012, cuando atacó con todo un Stelvio por delante, lo domó, ganó entre neveras blancas y accedió al podio.

Así transmite una bicicleta eléctrica las mejores sensaciones 

Aquel que coronó a Ryder Hesjedal para desconsuelo de Purito.

 

Ese día, cualquier otro, se ceñiría a la general, él comprendió que la apuesta debía ir por la colección de triunfos, allí, aquí, donde se pudiera.

Y cinceló su leyenda, esa que dice que si De Gendt va en el grupo de escapados, éste puede llegar, que si ese grupo se deshilacha, De Gendt emerge como el gran favorito.

Es el maestro en el atraco a mano armada, una definición que sinceramente nos encanta.

 

«Te sientes bien cuando coges la escapada» se dice a Andrew Hood.

Mejor jugar a la lotería que esperar a la embestida de los grandes y sus equipos.

Saca el conejo de la chistera cada poco, catorce veces en los últimos tiempos, y en su porfolio lleva titulares gruesos escritos en el Stelvio, pero también en el Ventoux, «el día que Froome fue un runner»

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¿Hay ciencia en lo de Thomas De Gendt?

No exactamente, pero sí ganas e intentos mil, casi cada día, incluso en esas jornadas en las que se juegan generales, porque los grandes se fijan los unos en los otros.

Incluso con compañeros para los que trabajar, encuentra su momento.

 

Thomas De Gendt Giro JoanSeguidor
Presto para volver al Giro de Italia

Coge el libro de ruta en cada carrera en la que toma parte, lo estudia, lo interioriza y marca en rojo los días.

Así se ha convertido en un clásico de manual en escapadas de segunda y tercera semana de grandes vueltas.

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De 94 días de competición, casi la mitad le valen para montar su show, son muchos días, muchas jornadas para expresarse sobre la bicicleta y exhibir el motor de un tipo que ha subido al podio de un Giro.

Hubo una etapa en Romandía, que ganó solo, en la que sus datos fueron escandalosos.

Pero no todo es «performance», como dicen los anglosajones.

 

Al margen de estudiar el libro, cosa que os sorprendería no hace muchos corredores, sabe que lo gordo se juega antes de que entre la televisión.

En la locura del inicio de algunas etapas sabe que va a tener que lidiar con todo, buenos escaladores, portentosos rodadores, algún ciclista rapidillo.

Nombres como Majka, De Marchi y Mollema le son familiares, y otros, tipo Matthews, conviene evitar.

«Hay que escuchar tu instinto, cuando te duelen las piernas significa que le duelen al resto y tener paciencia, porque la formación de la escapada puede llevar horas«

Luego el terreno, hay dos que le gustan: los Apeninos y las trampas de la cornisa Cantábrica… subidas de unos cinco kilómetros, de un cuarto de hora de intensidad, porque más se puede escapar de su radar.

La riqueza ciclística de Flandes se explica en Thomas De Gendt: caladero de grandes clasicómanos, de tremendos rodadores, el del Lotto se ha hecho una marca y cada vez que le vemos en el corte sabemos que ahí hay ciencia e instinto, la mezcla del éxito de unos de los corredores más queridos del pelotón.

Imagen: FB «Volta» Ciclista a Catalunya A.E.

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Volta a Catalunya: ¿Por qué es el Tour de Catalogne?

Volta a Catalunya Thomas De Gendt JoanSeguidor

La Volta a Catalunya, como el Tour, tiene la mejor participación por el recorrido más previsible

Recibimos la nota de prensa de la previa de la Volta Ciclista a Catalunya y leemos la lista de estrellas encabezada por Alejandro Valverde, el doble vigente ganador, Simon Yates, Nairo Quintana y Chris Froome.

A ellos añadidle: Egan Bernal, Thibaut Pinot, Romain Bardet, Richi Porte, Dan Martin, Warren Barguil, Steven Kruijswijk, Michael Woods, Wilco Kelderman, Thomas De Gendt, Enric Mas y Marc Soler.

Es decir en resumidas cuentas, sólo faltarían Primoz Roglic, Tom Dumoulin y Vincenzo Nibali, de entre los grandes nombres.

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Con esta parrilla, no es de extrañar que se repita hasta la saciedad que la Volta a Catalunya tiene una participación digna del Tour de Francia, una verdad que no es necesario corroborar escarbando la lista de inscripción.

Tener cartel, tener nombres es sin duda un reclamo que llena titulares y justifica desembolsos en mantener la carrera, aunque ello no implique que tenga que ser una buena competición.

Porque una cosa es la participación y las estrellas, con las ganas que traigan, y otra muy diferente saber qué puede dar de sí la carrera.

Y eso nos hace pensar en un Tour de Catalogne, la réplica catalana del Tour de Francia.

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Nos contó hace un tiempo nuestro amigo Bernat López que las raíces de la Volta a Catalunya bebían directamente del Tour de Francia…

El propio Masferrer explicó en varias ocasiones que había creado El Mundo Deportivo a imagen y semejanza de su admirado L’Auto, imitando incluso el color del papel (amarillento) en que se imprimía. La Volta, otra de las criaturas de Masferrer, también surgió de su deseo de emular “hasta los más mínimos detalles”, como confesaba el semanario, a la gran prueba francesa.

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De esta guisa, y con estos orígenes, la Volta es cada año un poco como el Tour de Francia.

Una carrera decepcionante.

Una prueba reluciente, con una participación que hace gala a sus casi 110 años de historia y si etiqueta de World Tour, pero que rara vez queda en la retina del aficionado, más allá de la estadística del ganador.

 

La carrera se prodiga desde hace un tiempo en los mismos terrenos, con el mismo esquema y casi idénticos desarrollo y desenlace.

Una prueba que, con todos los respetos, navega por aguas muy diferentes a los alicientes que nos dan Tirreno y París-Niza.

Tanto la italiana como la francesa con auténticos «carrerones», para muestra lo visto estas dos semanas: como la Volta repiten salida y llegada, pero por medio formulan cronos llanas, jornadas accidentadas, alguna llegada en alto, caminan por terrenos que proponen abanicos, ciclismo con mayúsculas.

Ahora la emoción de la Volta a Catalunya viene de la primera jornada, con un escapado que aprovechó el conformismo del pelotón.

Nos alegramos mucho, por eso, por la victoria de Thomas De Gendt, quien corre como si esto fuera una clásica, arrancando en el cuarto kilómetro de etapa y plantándose sólo con más de tres minutos en la llegada de Calella.

 

El ciclismo a veces es justo y debe premiar a quien se lo juega y expone.

Que Thomas De Gendt gane la Volta a Catalunya suena a temeridad, pero ojo…

Hace seis años un tal Michael Albasini, un ciclista que comparte un palmarés muy similar al del belga, tomó metros la primera jornada y nadie tuvo narices a remontarle.

Ese mismo año el belga pisó el podio del Giro de Italia.

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Ahora la Volta será un todos contra De Gendt, pero con el rabillo del ojo ante tanta estrella.

Valverde querrá remontar mirando a Bernal, éste a los Yates y estos a Pinot y Bardet.

Y eso puede beneficiar a De Gendt.

Es la grandeza del ciclismo.

Lo que el recorrido no es capaz de darnos, tendrán que conseguirlo los corredores.

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Pero que le quiten lo bailado a Thomas De Gendt, el primer ganador de este Tour de Catalogne, la carrera que, como el Tour de Francia que por cierto hoy toma parte del comando de la carrera, exhibe nombres, pero no emociona, hace tiempo que no lo hace, y eso, a quienes hemos crecido con la Volta, nos entristece.

Quedan seis días, ojalá, y lo decimos convencidos, la Volta nos quite la razón…

Imagen tomada del FB de la Volta a Catalunya

En una fuga con De Gendt y De Marchi no se pide el relevo

Magnus Cort Nielsen JoanSeguidor

Sin hacer ruido Magnus Cort Nielsen sigue creciendo en el papel de killer

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La jornada que cambiaba el paso de la París-Niza ha resultado lo pestosa que puede resultar ese terreno quebrado y volcánico que es la Auvernia.

La tierra de Romain Bardet que puso a su equipo a bloque cuando poco había que hacer con los supervivientes de una escapada que estaba integrada por gente de caché.

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Un nivel que se explica sólo con mencionar a Alessandro De Marchi y Thomas De Gendt, corredores que no saben guardar, porque les quema el sillín.

El ciclismo es para listos, no sólo para brutos, pero sin embargo cuando combinas el esfuerzo que saben transmitir corredores como De Gendt y De Marchi con el éxito, aunque de vez en cuando, este deporte enamora.

Porque ves nobleza en el esfuerzo y sinceridad en lo que se expone, porque no son ciclistas que te pongan de mala hostia, sacando el codo a pasear, porque sabes que lo que dan es lo que hay.

Cosa que parecería normal, si no fuera tan poco usual.

Cuando De Gendt entra en la fuga sabes que sufrirás, porque el belga es una bestia moviendo vatios, pero si aguantas te llevan hasta la cocina.

De Gendt y De Marchi prendieron fuego a la fuga, en una de esas jornadas frescas, que no gélida, que caracterizan la carrera que busca el sol en Niza.

 

Como dirían los clásicos: Magnus Cort Nielsen es un mal cliente

Se les metió un mal enemigo en ese corte.

Magnus Cort Nielsen es relativamente joven, incluso con esa cara de media barba, que parece que venga de limpiar arenque.

Magnus Cort Nielsen, desde que explotara en esa Vuelta, es uno de los ciclistas más certeros del pelotón.

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Hoy en la París-Niza no esperó a ganar en el sprint, como otras tantas veces.

Quiso homenajear el esfuerzo e incondicionalidad de sus compañeros saltando a un kilómetro de meta y aguantando hasta el final.

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Las cosas se puede hacer bien, pero también de muchas maneras, y si le metes la impronta que el danés supo imprimirle, chapeau.

El dominio celeste es un hecho tan tangible como estadístico, si nos impresiona el control azul de las clásicas, qué diremos de los Astana en las vueltas, con generales y etapas.

Imagen tomada de FB de Paris-Nice

 

El olvidado placer de rodar en bicicleta

Bicicleta - Wellens y De Gendt JoanSeguidor

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Los 1200 kilómetros de Wellens y De Gendt son un canto a los placeres que a veces no le sacamos a la bicicleta

Tim Wellens y Thomas De Gendt compitieron el sábado en el Giro de Lombardía, el día previo a la aventura que hace unos días aquí ya comentamos.

Volver a casa en bicicleta para cumplir unos 1200 kilómetros en seis días.

La semana pasada colgaron este par de tweets en el perfil del Lotto…

 

Los dos ciclistas hablan de la idea del reto, del mapa que siguen, del ritmo que llevarán…

No es un desafío, para esta gente correr 200 kilómetros por el mero hecho de rodar es estirar las patas.

Paran por el camino, y avituallan a conciencia.

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Ruedan, comen, paran, hacen fotos…

Nadie diría que son ciclistas profesionales, es más parece la típica historia de un ciclista recién retirado que se para en esa curva donde se exprimía para tomarse una foto o charlar con un un par de globeros.

La bicicleta para ver la vida pasar

Es curioso que, volviendo a lo que mil veces hemos comentado, dos pros hagan lo que su herramienta de trabajo no les permite muchas veces… mientras miles de cicloturistas sueñan con rodar más y más deprisa.

Y sí, cada uno es muy libre de ir como quiera.

Es tan singular la travesía que han emprendido los dos belgas, que hasta su equipo aprovecha para moverlo en redes como cualquier otra carrera o triunfo.

Porque el gravel es para mancharse

Nos gustaría que cundiera el ejemplo, porque además pone al pro en el lugar del aficionado que camina anónimo por carreteras de tráfico abierto y peligro perenne.

Espero, eso sí, que no se hagan un selfie en marcha.