Los profesores de Alaphilippe

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Alaphiippe bebe de grandes ciclistas franceses que hicieron marca con su forma de actuar y gesticular sobre la bicicleta

Cuando Julian Alaphilippe ganó el domingo el mundial en Imola, recibimos y leímos varios comentarios que ya nos podíamos preparar, que el año que empezaba con él de arcoíris iba a ser de gestitos, caritas, guiños y demás cucamonas.

Nosotros ya dimos nuestra opinión al respecto, y es que el francés puede dar fotos y quererse en la cámara, pero eso no le quita un ápice de atractivo a su profesionalidad y determinación cuando la victoria se huele.

Y es que como en tantas otras cosas, nos quedamos en la superficie para valorar a la persona y el profesional… 

 

 

 

Sea como fuere Alaphilippe tiene dos buenos profesores en la misma Francia, en el ciclismo más reciente además, y los tenemos bien presentes.

Uno incluso conducía el coche francés, era Thomas Voeckler y lo suyo creó escuela.

Leí que Alaphilippe creció idolatrando a Richard Virenque, pero Voeckler llevó las «carotas» a otro nivel, su lengua fuera, su forma de pedalear, su mala hostia aquella jornada camino del Galibier, cuando veía que el amarillo se le iba de las manos…

Sin embargo, Thomas Voeckler firmó jornadas excelsas de ciclismo, un corredor que buscaba a la cámara pero no perdía de vista la victoria, la deseaba con todas sus fuerzas, lo dejaba todo en el empeño, no respetaba a nadie.

Al punto que un día, derrotado en la París-Tours, no se quedó a recoger el segundo premio, un gesto que no habla de la grandeza que siempre exhibió en la ruta, dando un plus y llegando como nadie al corazón del aficionado francés, ese que ahora mismo grita «Allez Julian».

El otro es, ya lo hemos dicho, Richard Virenque, un ciclista teatrero y teatral, sin duda, pero con un palmarés de ida y vuelta que pocos pueden firmar: fue la gran esperanza para ganar el Tour antes del caso Festina y siendo un proscrito firmó gestas tremendas como la del Ventoux, con Armstrong destrozando rivales por detrás, o la Paris-Tours del año anterior, que ganó tras una escapada que empezó en el kilómetro 12 y acabó en el mismo 254, en la preciosa avenida de Grammont con Oscar Freire pisándole los talones.

Ese fue Richard Virenque, y algunos dicen que gran inspirador de Alaphilippe

Por cierto, que en esa edición de Tours, Virenque se escapó de muy lejos con Jacky Durand, otro de esos corredores que supo tocar el corazoncito  de una afición que no ve a uno de los suyos ganar el Tour hace 35 años.

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La sobreactuación es también parte del ciclismo y el ciclista

En España, tuvimos una buena dosis de caras con Samuel Sánchez, especialista en abrir la boca, tomar aire a bocados y poner ojos golosos a la cámara.

Dominar el tiro de cámara no fue el objetivo de otros que recordamos por sus poses y caras, pero Paco Mancebo siempre fue expresivo, fuera en la circunstancia que fuera, el abulense era la viva imagen del esfuerzo en una enconada rivalidad con Fabio Aru.

Pero más allá de las apariencias, lo que queda es el corredor, la esencia, la de Alaphilippe ya la hemos explicado, y bebe de una estirpe de ciclistas patrios que sin ser grandes estrellas lo fueron por unos días en su país, que no es poca, cosa, es la casa del Tour, y eso, hay que reconocérselo, los hace referencia.

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A mí me gustaba Voeckler

Amanecí el pasado jueves con un mensaje de twitter de BH Bikes en el que nos ponían en copia: “Voeckler dejará el ciclismo cuando acabé el próximo Tour de Francia”. Claro, sencillo y concreto. No sabemos el recorrido, sólo algo de la salida, sumado a alguna especulación, pero sabemos que en París el ciclismo despedirá uno de sus corredores más singulares de los últimos tiempos, el ciclista que hizo de su cara un espectáculo y de su gestualidad, una tarjeta de visita.

El palmarés de Thomas Voeckler no es el más amplio del pelotón. No se mide con el de Fabian Cancellara o Purito Rodríguez, otros dos grandes que barruntan la retirada. No es lo valioso que han demostrado estos dos mentados, sin embargo conjuga dosis calidad y mucho simbolismo. Voeckler ha convivido con la peor crisis de la historia del ciclismo francés, durante esos años que el mejor “enfant de la patrie” en el Tour se iba más allá del top ten, años en los que ganar una etapa era un imposible para el 99% del pelotón francés siendo aniónimos apellidos en la panza del grupo.

Voeckler, como Sylvain Chavanel, culebreó con esa realidad y podemos decir que la torció hasta dar con el presente del ciclismo galo, mucho más clarividente, con una pléyade de buenos ciclistas que empieza a dar frutos y sacar los resultados que un día alguien supuso que estaban en disposición de ofrecer.

Fue en 2004, en aquel Tour de meteorología de perros, por entre los chapiteles de la enorme catedral de Chartres, cuando Voeckler dio el paso al frente. Cogió un amarillo que defendió hasta la extenuación, una extenuación alicatada en caras extrañas y poses maniqueas. Lo defendió hasta las entrañas de los Pirineos, mientras Armstrong y Basso se daban hasta en el carnet y dejaban víctimas a su paso.

Aquella nunmantina resistencia le situó en el imaginario. Pasaron los años, y sus actuaciones se contaban por la cantidad de teatro que era capaz de desplegar, podía gustar o no, pero era lo que había, ni más ni menos. Y casi suena la flauta, en el Tour de 2011 cuando alargó su periplo en amarillo, iniciado en aquella famosa etapa que vio como un coche enviaba a Hoogerland a un alambrado, hasta los mismísimos Alpes. Su antológico cabreo en el Galibier es una de las postales de la edición.

Quedó cuarto, pero no satisfecho. Al año siguiente, más teatro del bueno, por los Pirineos, ganando dos etapas, metiéndose la hinchada en el bolsillo en el Tour que marcó el plomo del Team Sky sobre la carrera.

Ese fue Voeckler, ambición en estado puro, un ciclista que no escondía amargura cuando perdía, que no acudió al podio de una París-Tours, porque la segunda plaza le reconcomía, en el sumum del paroxismo. Su personalidad, su “carácter pestoso” en el pelotón, todo, se echará de menos, pero son los tiempos, nada es eterno, aunque el recuerdo de este singular ciclista perdurará mucho tiempo en el ánimo.

Imagen tomada de https://atomicsaddles.wordpress.com

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Andamos trasteando con el Suunto Spartan, en breve la review de lo que nos ha parecido este auténtico “relojazo”

La locura británica con la bicicleta

Este fin de semana lluvioso y frío, parece que el invierno, con los años, empezará en serio a eso del primero de mayo, hemos tenido el epílogo final de Romandía, del cual Gerardo Fuster nos regala una crónica de regusto de antaño, y la celebración de Vuelta a Asturias, que acaba en lunes, curioso, y del Tour de Yorshire.

Queremos centrarnos en éste último, y en lo que ha implicado porque es tremendo lo que el ciclismo está consiguiendo en las islas, cuando la bicicleta fue por aquellos lares un elemento extraño, cuando no un estorbo, hasta no hace tanto.

El Tour de Yorkshire es el tentáculo de ASO en la Gran Bretaña, pero no en cualquier sitio, no, en el pleno centro y corazón de la isla grande, en el meollo del lugar, en un sitio que como describe Peter Cossins para la colaboración que le pedimos en el libro de Orbea, le recuerda tanto al País Vasco, que parece hecho para el ciclismo y la bicicleta.

Pues bien, en ese enjambre de colinas, que vio la salida más multitudinaria del Tour de Francia en años, se ha celebrado la segunda edición de su vuelta con una cifra estimada de dos millones de espectadores en la cuneta para ver ciclistas, bajo un cielo descargando frío y agua en sólo tres días de competición.

La imágenes que nos llegan del evento son propias del Tour de Francia, con gente, tres y cuatro hileras de personas, haciendo de paredes humanas por toda la ruta, con estampas preciosas, de plena primavera, que bien parecen la Lieja, con stands y filas y filas de patrocinadores, moviéndose y haciendo negocio, con una proactiva campaña de uso de la bicicleta entre la gente del lugar, con la integración de carrera femenina y eventos para los más pequeños.

Sólo la cuenta oficial del evento supera los 100.000 usuarios y su Community Manager es un activo retuiteador de todos los aficionados que están a pie de carretera esperando o animando el pelotón.

La llegada final entre Thomas Voeckler y Nicolas Roche habla de evento grande, mucho más grande que el entramado de meta de Romandía en Ginebra, en medio de los hoteles más pijos y caros del viejo continente, o que muchas de las carreras históricas del calendario, casi todas por cierto en España.

Si el otro día, hablamos de los problemas que emergen en el Team GB para Río de Janeiro, del positivo de Simon Yates y del embudo del Team Sky, ahora aterrizamos sobre la realidad, colorida y envidiable de un país que vive el ciclismo como algo tan propio que entra en competencia directa con los grandes teatros del viejo continente. Ojalá su ejemplo cunda, y la bicicleta cale en foros mucho más próximos.

Imagen tomada de @letouryorkshire

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Thomas Voeckler meó fuera del tiesto

 Rara vez la París-Tours decepciona. A pesar de ser una carrera que no está entre los cinco monumentos, bien podría moverse en esa horquilla por la tradición, historia, palmarés y paisaje que encierra esta más que centenaria competición. Siempre en los albores del otoño, con la temporada casi terminada, excelentes ciclistas le han poblado de prestigio y glamour el palmarés. Muchos de estos ciclistas responden al nombre y apellidos de buenos velocistas Minali, Zabael, Petacchi, Nijdam,… incluso Oscar Freire, ganador una vez y podio otras tres. Sin embargo también hay excelentes finiseurs como Gilbert, Tafi, Van Avermaet y Dekker sin obviar aventuras legendarias como la que culminó Richard Virenque en 2001 tras una fuga kilométrica.

Ese palmarés de Tours, el mismo que incluye a Jelle Wallays y no a Eddy Merckx –ésta es la única gran clásica que no figura en su bagaje-, abre la puerta a la sorpresa. En esta última edición lo vimos y nos prendó, más si cabe, con esa belleza de ciclismo pre-invernal y de primeros tabardos en las cunetas. Un camino rápido y veloz, cuesta abajo por el hexágono galo que traza itinerarios capciosos y enrevesados. Las dos cotas de cuarta no lejos de Tours, sin ser cuestas de cabras, estaban tan bien situadas que nos sacaron el corazón por la boca con uno de los desenlaces más bellos del año. Si a todo ello añades al anárquico y entrañable ciclista que es Thomas Voeckler –como Virenque hace trece años- tienes lo que tienes en el epílogo de esta carrera.

De Thomas Voeckler hemos dicho muchas cosas en este blog, casi todas buenas. Nos gusta su carácter, siempre luchador y aguerrido. Lo consideramos necesario para este deporte. Se arma del valor que otros escurren entre los dedos y logra triunfos extraordinarios. Su arrojo le ha llevado a las puertas del podio del Tour, a ser uno de los maillots amarillos más retratados de los últimos años y a ganar interesantes carreras.

También hay una cara B de este ciclista. Un compañero quizá no muy apreciado en el pelotón porque disputa hasta lo más insignificante. Podría definirse como el peor compañero de una escapada, Luis León Sánchez lo podría contar, te vapulea mentalmente, te invita a pasar, a desgastarte en el empeño y cuando menos lo esperas, zas, te suelta la galleta y se va. No siempre le ha salido. Este 2014 le ha resultado especialmente adverso. En la jornada de Balés en el último Tour Michael Rogers lo enrojeció. En Tours un belga prometedor –hay tantos por allí que se pierde la cuenta- lo dejó en evidencia. Toda la inteligencia emocional que Voeckler utiliza en las carreras vuelta en su contra.

En Tours, en la larga avenida de Grammont, cercada por árboles como centinelas de la ruta, Voeckler perdió los papeles. Lo hizo dos veces. Primero en competición, tras una fuga eterna, salvada in extremis por descomposición del pelotón en los momentos clave de la caza, Voeckler afrontó de la peor manera el sprint ante el aplomo de su rival. Una vez derrotado, y bien derrotado, Voeckler desapareció del mapa y ante el asombro del respetable y rivales, nadie subió al podio a recoger el premio del segundo puesto.

Entendiendo que a Voeckler le jodió mucho la derrota, pero no es de recibo este desplante y mucho menos ni siquiera dar explicaciones en ese canal oficial que para muchos es Facebook. Si pretenden que el World Tour sea algo serio esto debería tener sanciones ejemplares y no testimoniales en lo económico y un “él es así” por parte de los organizadores. Si el dopaje, un mamporro en plena competición o cualquier otra actitud es censurada por unanimidad, con Voeckler habría que ir más allá y dar ejemplo. Que un ciclista veterano, con tantos tiros dados, con tanto cariño recibido de la gente actúe así es indigno para su profesión y sus seguidores.

Imagen tomada de www.letour.fr – ASO/B.Bade 

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Algo que marque la diferencia puede ser “sencillo”

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El guardabarros “sencillo” protege de las salpicaduras de la rueda trasera de la bicicleta sea cual sea la disciplina y se instala sin herramientas en la mayoría de sillines.Usado en todas las disciplinas, mountainbike, carretera y ciclismo urbano. Y cuando no se usa puede plegarse y llevarse cómodamente en el bolsillo. Con un peso apenas superior a 12 grms, se mantiene de forma consistente en el sillín gracias al diseño de sus formas y al material empleado. Sencillo parte de un sistema de anclaje simple, se instala sin herramientas, bajo el sillín en los railes de este, se mantiene firme, actuando como guardabarros de protección de salpicaduras de a rueda trasera de nuestra bicicleta .

Mira los tuyos aquí

#RadioVuelta – Semana 28

París-Tours JoanSeguidor

#Trend Ciclismo de quilates camino de Tours 

En la prórroga de la temporada, algunos ciclistas, como Daniel Martin, muy desafortunado en los momentos cumbre del año, están logrando enmendar su temporada. El irlandés fue uno de los nombres en Pequín, si bien fue entre París y Tours, un recorrido cargado de historia, donde el ciclismo se reconcilió con una de las clásicas más maltratadas por los gestores de este vendido deporte. En la ciudad bañada por el Loira, Thomas Voeckler fue netamente superado por el belga Jelle Wallays, en una derrota que fraguó el propio francés por un mal planteamiento del sprint y que dio al Topsport Vlaanderen un éxito sin parangón entre los grandes bloques del WT.

#Click El otoño llama a la puerta el Tours 

Las últimas imágenes de la París-Tours, con la carrera lanzada hacia la meta, nos dio hermosas imágenes de carriles surcados de hojas marrones y humedad en la ruta. Es el otoño el que llama a la puerta de una temporada que languidece. Aunque los otoñales paisajes pequineses también merecen el respeto del más pintado, la larga avenida de Grammont, en el seno del Tours, sigue siendo una de las grandes instantáneas de cualquier curso ciclista. 

#Profile La leve mejora Philippe Gilbert

A falta de un día para su conclusión, Philippe Gilbert comandaba el Tour de Pequín, una carrera que ha tocado techo. El belga completa así su tercer año completo en el BMC, resultando el mejor en su conjunto. Con menos días de competición y sin el Tour en su programa, ha rendido algo mejor llegando su mejor momento con la Amstel Gold Race, si bien lejos, muy lejos aún de ese año mágico que firmó en 2011. Para el valón rodar en aquel nivel, tres años después, parece haberse convertido en una quimera.

#Clipping     

Tyler Farrar se reconcilia con el ciclismo. Entre los velocistas de la última hornada, Farrar siempre fue uno de lo más citados pero peor tratados por las victorias y los accidentes. En el Tour de Pequín, con la campana sonando, logró un contundente triunfo en velocidad que puso final a un periodo de casi un año sin ganar. La última vez fue en el Tour de Eurométropole de 2013.

Sólo Nibali da calabazas a Oleg Tinkov. La curiosa propuesta de un millón de euros de Oleg Tinkov para que el G4 –Nibali, Nairo, Froome y Contador- corra las tres grandes ha tenido buena aceptación por tres partes pero rechazo sonoro desde el ganador del Tour. Nibali, cuyo equipo está siendo objeto de importantes dislates relacionados con el dopaje, dijo que “eso no es humano” y que bien haría el ruso en emplear tamaña cifra en apoyar un equipo de jóvenes promesas.

El equipo de Alonso, un parto duro y complicado. La semana pasada, al margen de otras emergencias trascendentales y vergonzosas, tuvo impresionado al mundo del ciclismo con la suerte del equipo de Fernando Alonso. De un tácito “Fernando Alonso no tendrá equipo ciclista en 2015” a un clarificador “Alonso anunciará en una semana su equipo ciclista” –sendos titulares del Diario As- pasaron sólo 48 horas. Veremos qué pasa, pero otros actores entraron en este circo sin armar tanta confusión. 

#Hashtags by @LiveCiclismo

#Sluitingprijs

Imagen tomada de www.letour.fr – ASO/B.Bade 

El desenlace más emocionante de los últimos tiempos

Admito no haber seguido hoy la Dwars door Vlaanderen –algo así como A Través de Flandes, si no me equivoco- pero sí he podido ver esta salpimentada de épica y dureza instantánea y un desenlace de los que pocas veces apreciamos. El último golpe de riñón de Oscar Gatto es sencillamente la culminación más emocionante de cuantas recuerdo en los últimos años. En el debe, un Thomas Voeckler muy acostumbrado a salirse con la suya y hoy derrotado en el último suspiro. Sólo él podría mantener el suspense hasta la mismísima línea. Anotar al campeón británico Ian Stannard quien ha tomado galones en el Sky que quiere explotar en las clásicas como en las rondas por etapas.

Foto tomada de twitter de Amantes del Ciclismo