El día que Dumolin nos recordó a Miguelón

Dumolin gana en Oropa

Hay jornadas que por mucho tiempo que pasen siempre siguen a flote en el mar de memoria. Suelen ser días inesperadamente importantes, días que marcan un punto de inflexión, que tuercen la percepción que tenemos sobre un gran nombre, sobre un ciclista mayúsculo, y en este caso hablamos de Tom Dumolin y de una etapa, concreta, marcada sobre el mapa, en el norte de la bota itálica, en una esquina del Piamonte, allá en Oropa.

El primer tramo del Giro 2017 fue, para que engañarnos, decepcionante. Prendados de la edición anterior, de la excelencia de Nibali remontando a Chaves, de grandes y frecuentes emociones, nos vimos ante una carrera anestesiada hasta que Blockhaus y crono sacudieron la moral de la afición y los favoritos.

Oropa era el primer día importante después de la tremenda exhibición de Tom Dumolin en el noble ejercicio de la lucha contra las manecillas del reloj. Oropa se tenía por el lugar donde Nairo Quintana empezaría a poner las cosas en su sitio. Contundente, el colombiano había dado fuerte en los Apeninos, pero se le esperaba más fuerte aún en los Alpes.

Nairo hizo el trabajo, puso el bloque azul a currar desde abajo, como ese Mecair de Moreno Argentin a favor de Piotr Ugrumov y contra Miguel Indurain, para remachar a media subida. Fue un momento, un espejismo, Nairo abrió hueco rápido, pero esa curva de rendimiento mostraba fatiga, la tendencia perdía vigor, hasta que se estancó.

Stage 14 – Highlights

È Tom Dumoulin il padrone del Giro 100? Che impresa oggi Tom!Is Tom Dumoulin the chief of the Giro 100? What a show today!

Publicada por Giro d'Italia en Sábado, 20 de mayo de 2017

Poco a poco emerge del grupo un ciclista grande, rosado, poderoso, brazos angulados, leve contorneo de homboos, que recorta la distancia. El gráfico, la diferencia de Nairo, ya no miraba hacia arriba, empezaba a decaer. Tom Dumolin, el día que nos recordó a Indurain, recobraba el aliento, tiraba de los perseguidores y devolvía Nairo a la panza del grupo.

En el sitio que Indurain sufrió, Dumolin le dio la vuelta a las cosas. En la coronilla de la subida que parte de Biella, el holandés quiere más, un golpe de mano, acelera, supera a Landa, hace sufrir a Zakarin, descuelga a Nairo. Al final de la recta, con la basílica a la vista acelera, se va y gana, de rosa, dando el golpe de efecto que le sitúa, ahora sí, como aspirante a ganar el Giro.

“No te emociones, queda el Stelvio y varios puertos por encima de los 2000 metros, queda mucha subida, no han empezado la montaña de verdad… queda un mundo” me dijeron por privado, y no era un cualquiera, sabía de lo que hablaba.

Pero Dumolin aguantó todo, hasta un inoportuno apretón en el pie del Stelvio. Su Giro dio la medida de un corredor que ofende a algunos cuando se le compara con Indurain, aunque sobre el papel se parecen mucho. Me gustaría ver qué sería capaz de hacer el holandés con recorridos como los que tenía Miguel.

Imagen tomada de FB de Giro d´ Italia

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Con Rose ya tenemos las gravel para otoño

Las ideas claras de Tom Dumolin

Tener las cosas claras, no insistir cuando ves que no va a ser posible, porque la realidad es tozuda, y por mucho que la mires de refilón o como te conviene, no va a cambiar las cosas. Hay ciclistas que han pasado a la historia por anhelar algo que no estaba a su alcance. Lo pensamos y lo repetimos de Alejandro Valverde en su insistencia por ganar el Tour, hecho en el que hipotecó salud y grandes años sin que el objetivo estuviera someramente a su alcance.

Estos días previos a la presentación del Tour, hay una creciente cantidad de miradas que se fijan en Tom Dumolin. Todos tenemos con él la sensación de que es el ciclista que puede poner en verdaderos aprietos a Chris Froome en los años venideros.

Según pasan los días y se agota la cuenta atrás, mucho nos tememos que el Tour de Francia 2018 va a ser muy similar al de 2017, es decir una crono colectiva en el primer tramo, ojo que el Sunweb es campeón del mundo de la modalidad, seguida de varios días de montaña que no sea decisiva y abra brechas definitivas para finalizar en una crono similar a la de Marsella de este año.

Sobre el papel no parece un mal recorrido para el tulipán, que sin embargo se guarda la baza y dice que mejor esperar a tener los tres recorridos de las grandes y decidir a posteriori. Grande, mientras otros se volverían auténticamente locos con la posibilidad de disputarle el Tour al mejor de los tiempos recientes, Dumolin pone distancia.

“Enfrentarme a Froome no es mi principal motivación” afirma en el podcast de Cyclingnews.

Dumolin no quiere errar en el próximo paso y pone prudencia. No quiere que Froome y la buena corte de corredores que componen la plana mayor de favoritos le puedan amargar un asalto para el que creemos que está preparado, porque el bendito problema de Dumolin es que cualquier recorrido le va bien.

Casi gana una Vuelta durísima a Fabio Aru y superó a Nairo Quintana en un Giro que tuvo buenos kilómetros por encima de los 2000 metros, la línea imaginaria en que muchos situaban su Rubicón, el punto de no retorno.

Entre unas cosas y otras, Dumolin ha estado siempre delante, fuera cual fuera el reto y el muro a salvar.

El crecimiento físico de Dumolin converge con el normal declive de Chris Froome, que este año ha logrado el doblete pero que no ha sido el rodillo de otras veces, quizá también porque al tener dos grandes en el punto de mira, convenía medir esfuerzos.

Sea como fuere estos dos ciclistas ya tienen su historia particular, en dos episodios muy concretos, y en ambos Dumolin ganó: en la cima de las Cumbres del Sol, una animalada de repecho “made in Vuelta” que desmintió que a este gigantón no le van bien los desniveles salvajes, y en la crono mundialista de Bergen, que de haber durado un poco más hubiera ofrecido la nada edificante del holandés doblando al inglés.

Dumolin se guarda el tiro, no da pistas, pero creo que en el fuero interno del seguidor se espera ese pulso con interés e incluso pasión, es el duelo que sabemos que tarde o temprano deberá acontecer, y seguramente será espectacular.

Imágenes tomadas del FB del Giro d´ Italia y Team Sunweb

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En breve las últimas novedades de Bkool…

Las credenciales de Tom Dumolin

Tom Dumolin sigue quemando etapas, dando pasos…

Hay días que marcan, que quedan en la historia. Días que son cambio de tercio, de paso, de ciclo. Yo creo que en Bergen hemos asistido a una de esas jornadas que son preludio de algo, no sé de qué exactamente, no sé a qué nivel, pero hay cosas que no pueden ser porque sí.

Tom Dumolin no es un ciclista prometedor, no es ese mocetón de generosa sonrisa y angulada espalda que subió al podio de Ponferrada a recoger el bronce en una crono de ida y vuelta por los viñedos de Cacabelos y Villafranca. Le superaron entonces Brad Wiggins y Tony Martin.

El entonces campeón, hoy la celebridad más notable en el ciclismo de las islas, dijo que veía algo especial en el tipo que iba de naranja. Tom Dumolin no paró ahí. Fue creciendo, la Vuelta a España, la carrera que todos situaríamos en las antípodas de su perfil, casi cayó en su saco, pero en este Giro de Italia no se descolgó.

Ese día en Milán presentó las credenciales, en Bergen se ha presentado ante el rey, ante el corredor que ha logrado todo un doblete en tiempos de la súper especialización. Si el mundial contrarreloj hubiera tenido unos kilómetros más, habríamos visto como Dumolin doblaba a Froome. Sí, como suena.

No fue sencillo por eso. Era una crono traicionera, bella, pero traicionera. El nivel era intenso, los nombres que optaban a algo importante se agolpaban en la coronilla de esa pintoresca montaña que da cobijo la bella ciudad noruega. No eran nombres cualquiera, era la crema, la flor y nata del ejercicio individual.

Kiry, Oliveira y Moscon se quedaron en un pañuelo de un segundo. Hicieron una crono terrible, fantástica, a falta de los cracks. Una crono que fue una poesía del esfuerzo y un homenaje a la pasión y cultura deportiva por una afición cuyos gritos ponían una bóveda sonora sobre los ciclistas.

Y en ese escenario empezó a llover sin que Dumolin se percatara. Dice que pensó que el potenciómetro, esa maquinita del demonio, estaba roto por los valores anormales que arrojaba, anormales por arriba, como si aquel pedaleo fluido y esas sensaciones de confort, dentro de la agonía, no pudieran ser reales. Lo dijo con la naturalidad con la que se zampó un bocata mientras hacia tiempo para el podio.

Dumolin tomó nota de cómo lo hizo Kelderman, le metió clase al llano y cadencia a la subida, sin cambiar de máquina, en otra de las rarezas de esta crono que nos ha marcado, el tránsito de triatlón, sobre alfombra roja, con juez contando los pasos y cambios de bicicleta que nos recordaban que la campaña de ciclocross ya está aquí. El cambio de Lampaert lo firman en las campas de su país cada fin de semana.

En menos de tres cuartos de hora Dumolin ha accedido a la historia y ha puesto nombre a una medalla dorada que todos sabíamos que un día le cincelarían a medida. Ganar con esa solvencia le destaca para lo que ha de venir, y hacerlo sobre Primoz Roglic, versátil, y Chris Froome, quizá ya cansando de tanto reto, tiene gran mérito.

Desconozco si Froome y Dumolin cruzaron mirada una, dos o tres veces, pero creo que en el fuero interno de ambos hay un día, una cita, la jornada que empiece el Tour. El holandés cuenta los días para entonces.

Imagen tomada de @ESPNBike y Lotto-Jumbo Press

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Escapada Disfruta en Bici de Benidorm y Vinaros

El Sunweb marca el valor del trabajo en equipo

Escasos veinte segundos privaron a Wilco Kelderman del podio y a su equipo de reinar en una suerte de Grand Slam. La vida, el deporte, el ciclismo es esto. El Sunweb, que ahora triunfa con asiduidad, hace menos de dos años sufrió un accidente tremendo en la costa de Levante que le dejó tocado para el resto de la campaña, borró a Degenkolb de la campaña de clásicas y perjudicó la evolución de algunas de sus piezas clave para las siguientes citas.

Pero 2017 borró y reescribió la historia del equipo de raíz neerlandesa. Han ganado en todos los grandes foros desde mayo y han sido parte sustancial de la historia presente de esta temporada. Que el Sunweb sea el campeón del mundo es tremendo, un mazazo en la mesa, un aviso para lo que puede ser el futuro inmediato.

Porque en el Sunweb camina el corredor que creo va a marcar el futuro inmediato del ciclismo mundial. Simplificándolo mucho, si tomamos nombres podemos decir que Tom Dumolin ha ganado en lo suyo a Rohan Dennis, el corredor que dijo querer emular a Wiggins, y a Chris Froome, el dominador presente de las grandes rondas.

Dumolin y los suyos se pusieron a rodar sin importarles lo que venía por detrás. Los cocos de la modalidad, BMC y Quick Step, junto al intimidador Team Sky. Les supo a gloria, fue inesperado, según dijo, pero viendo como trabajaron en esta tarde noruega de luz que anuncia el otoño, no es de extrañar el resultado.

En la Vuelta, Sunweb defendió la amplitud y profundidad del concepto equipo con la increíble decisión de expulsar de la Vuelta a un corredor de la reputación de Barguil. No les tembló el pulso y casi les sale bien, pues Kelmderman se quedó a un paso del podio, sin embargo fueron coherentes como en Bergen defendiendo su suerte de principio a fin con los seis corredores que alinearon: Kamna, Kelderman, Kragh Andersen, Matthews, Oomen y Dumolin.

Ha sido tan redondo el dominio del Sunweb que han ganado también en chicas, marcando el camino a la excelencia que busca el Movistar femenino. Un arco iris se une ahora a la colección de maillots del equipo “bianconero” que lleva verde, rosa y topos rojos en el mosaico de un temporada en la que demostraron el valor del trabajo en equipo.

Imagen tomada FB del Team Sunweb

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Al recibir el material de Endura, Movistar Team, comprobamos que el tejido es muy adecuado para salidas con calor

¿Es Dumolin el próximo capo de las grandes?

Dumolin en la capilla durante el BinckBank Tour

La semana pasada acabó con Tom Dumolin en lo más alto del BinkBank Tour, el antiguo Eneco, una carrera de cuño nuevo, que sin embargo se significa como un producto perfecto, por desarrollarse en una época entre vueltas, Tour-Vuelta, en una zona ciclista por excelencia, desde Bélgica a Holanda, pasando por Luxemburgo, y en un tiempo, el estival, que curiosamente ofrece una meteorología más acorde al lugar que cuando se celebran las clásicas.

La victoria de Tom Dumolin pone a dos su casillero de vueltas por etapas este año. Al Giro le añade la de su tierra, un auténtico lujo de palmarés, que se ciñe y supera las expectativas de ese corredor que, recuerdo, acompañó a Wiggins y Cancellara en el podio del mundial de Ponferrada, hace tres años, tan solo.

Entonces veíamos a Dumolin como un croner asombroso, con una prestancia sobre la máquina que era acorde a su plasticidad y elegancia, un ciclista acoplado a una máquina, soberbio en cuestiones de aerodinámica y mejor en el resultado.

Pero Dumolin creció y tuvo una Vuelta a España a su alcance, la de hace un par de campañas, que perdió, esta vez sí, por no tener un equipo que cerrara ese hueco entre puertos por a sierra madrileña. Entonces Fabio Aru le rebañó el triunfo a escasas horas de aterrizar en Madrid.

Aru pudo, pero no Nairo en el último Giro, donde Dumolin demostró que tiene la lección aprendida. Todos esperaban verle derrumbarse en puertos de 2600 metros y lejos de hacerlo salió fortalecido, incluso con un apretón en el pie de puerto que le descolgó de los mejores, incluso con ese hándicap, Dumolin salió a flote.

Como también lo hizo con Tim Wellens en la trampa de etapa que le puso de líder en el Benelux. La variedad de registros de Dumolin huye de los tópicos de corredor que necesita grandes cronos para brillar e incluso ganar, su variedad responde a un ciclista cerca de su madurez, que sigue creciendo, sin grandes aspavientos hacia yo no sé si supremacía, pero sí triunfos de importancia que devuelvan a los Países Bajos tanta y tanta pasión por este deporte.

Dumolin es un corredor que no esconde el cuerpo a cuerpo, cuando le atacan, responde, está ahí y consigue sacar la cabeza, incluso en momentos en los que se le da por muerto, pero lo más importante es que demuestra la humildad de aprender y solventar sus errores.

Wellens se le fue en el Eneco de hace unos años, y le secó en éste. Nairo le puso en bretes similares a Aru, años atrás, y también lo solucionó. Es un corredor con encanto, tiene carisma y se defiende en terrenos hostiles, todo eso, sumado a unas capacidades físicas que son obvias, nos invita a pensar que estamos ante ciclista para rato.

Imagen tomada de FB de Team SunWeb

Con Dumolin y Wellens, el ciclismo es mayúsculo

Dumolin se escapa con Wellens

Esta domingo, mientras leía los comentarios a nuestro post sobre el corte de mangas de Lars Boom al cruzar la meta, pensaba en lo injustos que somos a veces, porque ese gesto, desafortunado a todas luces, escondía un final de etapa sensacional, pleno de valentía y confianza en un mismo, saltando en solitario en un final revirado, pero llano, ante un grupo lleno de estrellas, que lo único que pudo hacer fue verle partir a poco más de un kilómetro del final.

En todo caso, la llegada que gana Boom es otro ejemplo más de lo que es el ciclismo en agosto, el de Polonia y el Benelux, y de lo que en especial es esta última carrera, una de las mejores vueltas del calendario que se debate entre la emoción e incertidumbre de no saber qué será casi hasta el final.

Y para muestra un botón, la etapa del día siguiente a la de Boom, en un entorno alejado de los calores estivales, que anuncia el incipiente otoño en las Ardenas, dos ciclistas que son de esos que no esconden y dan la medida de sus posibilidades sin interesarse si alguien va a su rebufo, dieron una exhibición de esas que nos reconcilia con el ciclismo, el GRAN ciclismo.

Sí, hablamos de Tim Wellens y Tom Dumolin. El primero siempre inspirado en esta carrera, con un buen palmarés en la misma, que esperemos un día extienda a otras grandes citas. Wellens no supo estarse quieto y se fue a más de veinte de meta, entre densos bosques y trampas en forma de muros de dos dígitos.

Dumolin, que dicen que es croner, pero que se defiende en cualquier corral, salió a por el belga, no fuera que le armara la de hace tres años. Ambos dieron un recital, ante el desespero de Sagan y sus inoportunos pinchados, recordad Roubaix.

Se movieron en un alambre de veinte a treinta segundos durante más de veinte kilómetros y no les pillaron. Colaboraron en los relevos y se pusieron rápido de acuerdo. Para uno la etapa, para el otro el liderato y la antesala de su segunda vuelta por etapas del año, el año de Tom Dumolin.

Esto que parece tan sencillo, es ciclismo a pelo, sin esconder, dando la medida y no escatimando, esto que parece tan sencillo, no lo vemos mucho y problema es la cantidad de veces que nos quedamos con la sensación opuesta, con la rebaba de la siesta y el sopor, con ese deporte casado con la especulación y la carencia de carisma

Imagen tomada de FB de BinckBank Tour

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Las gran fondo de Rose Bikes

El “paso atrás” de Warren Barguil

Warren Barguil Tour de France

El primer golpe del “mercato” lo han dado en Francia de la mano del KOM del Tour, Warren Barguil.

Tiene la ambición de crecer aún más con un proyecto que me parece interesante. Ir a buscar resultados en las principales carreras internacionales manteniendo este espíritu familia. Vamos a trabajar paso a paso y no cambian las cosas que han funcionado bien. Uniéndome a Fortuneo-Oscaro me uní a un equipo de ADN Bretón. No hace falta decir que eso ha sido también un factor importante en la toma de mi decisión. Quería seguir mi carrera en un equipo de casa

Esta mañana la noticia corrió como la pólvora, se abrió la veda. Como el año pasado cuando en plena descomposición del Tinkoff, con el paso de Peter Sagan al Bora, el primer golpe del primero de agosto lo da el rey de la montaña y uno de los protagonistas top del Tour que aún resuena.

Barren Barguil deja un World Tour y se va al Fortuneo Oscaro, uno de los tres equipos invitados en el Tour, es decir, sobre el papel, un paso atrás. ¿El motivo? Puede haber varios, esto suena a cabeza de ratón antes que cola de elefante, y Barguil sabe que el Sunweb tiene un plan y éste está trazado para un corredor que creo que marcará una época, no sé si larga o no, pero época, que es Tom Dumolin.

No hace falta ser ingeniero en puertos para imaginar que el holandés será cabeza de cartel del equipo “bianconero” en el Tour 2018. Dumolin es la versión 2.0 de ese atleta moderno que se dijo dominaría el ciclismo, allá por los años de Miguel Indurain. Decir esto es decir que Dumolin es al uso de Miguel, un croner excepcional, pero que se bate en los terrenos inciertos que hoy sondea el ciclismo, terrenos como el Jura en este Tour, con etapas que no se estilaban en la época del navarro.

Pero volviendo al KOM del Tour, el paso de Barguil al Fortuneo es una noticia excelente para el ciclismo francés, que viene de un desierto, que ha salido adelante y que ahora vive un buen momento. Y digo que es excelente porque a dos equipos perfectaente asentados en el máximo nivel, la FDJ y AG2R, se le aproxima un tercero, el Fortuneo, con uno de esos fichajes que tuercen la trayectoria de una escuadra. Un poco como Sagan cuando se fue al Bora.

Que Barguil se vaya a un equipo de casa, de un nivel inferior a su anterior escuadra y lo ponga en valor en sus declaraciones, pone de relieve que no siempre domina el vil metal en este mundo de deporte superprofesionalizado. En días en los que sabemos de astros brasileños que escudriñan para sacar contratos mareantes para cualquier mortal, esta historia del pequeño deporte nos satisface.

Barguil ha hecho el Tour de su vida, esperemos que no sea el último. Se merece la mejor de las suertes.

Imagen tomada de FB de Le Tour de France

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Ciclismo en tu salón 24 x 365…

Kwiatkowski y los que no especulan

Michal Kiatkowski wins San Sebastian

Premio gordo en Donosti, premio mayúsculo en la Klasikoa, una recompensa en forma de nombres y corredores que no saben el significado de la palabra especular. Los cinco de adelante que salieron disparados de la cima que antecede el Igueldo eran un regalo, amantes de un desenlace incierto, del pelear la victoria, sin escrúpulos, ni cortapisas.

Delante al final quedó Michal Kwiatkowski, recordando viejos tiempos por Euskadi, completando un julio de ensueño, tras contribuir al éxito de Froome en el Tour, sumado a un 2017 que habla de su dimensión. De San Remo, ganando a Sagan, a San Sebastián haciendo lo propio con Gallopin. Kwiatko, se veía, que les iba a dar para el pelo, que iba a poner Donosti en su selecta lista, que iba a llevarse otra clásica del máximo nivel.

 

Kwiatko tuvo premio, y no es sencillo, tenía rivales que no especulan. Tom Dumolin, por ejemplo, no pudo seguirle en los descensos que el polaco toma rectos. El neerlandés es otro que cuando entra en liza no acostumbra a fallar, no escatima, no esquiva relevos ni ataques, otro lujo de corredor.

Mikel Landa: hace un tiempo que dijimos que no entiende de triunfos sin alma. Jugó su baza, obligó a reaccionar a los rivales y acabó llegando delante. Landa fue parte del engranaje de Sky, otra vez de negro, como Gianni Moscon, “what a rider”, el italiano que rueda como los ángeles y va camino de ser un castigador en estos terrenos, no sé si llegará al palmarés, palabras mayores, de Bugno, con quien le comparan, pero sigue creciendo…

Toni Gallopin, segundo en el Boulveard, que tiene pequeño pero valiosísimo palmares, incluso San Sebastián. En el Tour dio lo que tenía, pero no le quedaba tanto como para una etapa, cogió compañeros de escapada de nivel, y mucho. Bauke Mollema sí tuvo suficiente, ganó una etapa y en Donosti estuvo defendiendo con honor la corona que defendía en San Sebastián, un dorsal número uno que cedió a su compañero Haimar, el último día de su trayectoria pro.

Son ciclistas que por lo general no saben especular, ciclistas que nos remiten a aquellos que corren para la victoria sin esperar nada a cambio del de al lado, que no racanean, porque llegan a meta vacíos, sencillamente rotos. Dumolin, Kwiatko, Gallopin,… pero también Peter Sagan, el mismo que ganaba en Polonia al tiempo que el polaco en el córner guipuzcoano. Sagan es otro de esos que se quedaron con las ganas, quizá por dar más de lo que el rival merecía.

Eso le pasó mucho a Greg Van Avermaet, mucho tiempo plata y bronce, hasta que dijo voy a por el dorado y acabó siendo el máximo anotador de la primavera, algo que ansía Tim Wellens, pero que no encuentra, porque el valón quiere dar el salto que sabe le falta para ser un grande como Philippe, Philippe Gilbert, el corredor que si se siente fuerte y se ve bien no espera componendas, entra a degüello y salta a cincuenta kilómetros de la meta de Flandes, con intención de ganar.

Y Contador, Alberto, un corredor que no deja pasar la opción para bajar su impronta, buscar el máximo, aunque a veces con esos «ataques de peseta», dícese de esos que se hacen con el convencimiento de que no van a ninguna parte, pero con otros como los de Foix y Formigal, que sí que hacen camino y daño.

Son los ciclistas que no escatiman, que se parten el espinazo para seguir a flote, que logran lo suyo por méritos propios, a veces desaviniendo las leyes de la dosificación de esfuerzos. En su mano está en buena parte que nos siga gustando el ciclismo.

Imagen tomada de FB del Team Sky