Los nueve mejores ciclistas que más he disfrutado

Una lista totalmente subjetiva sobre mi nueve ciclista ideal

Como toda lista que aterriza en este mal anillado cuaderno, sin más intención que ponernos a recordar buenos momentos y mejores victorias, quería compartir mi manuscrito de nueve ciclistas que he tenido ocasión de ver en directo, haciendo de las suyas y escribiendo en letra bien marcada la historia del deporte más bello del mundo.

Esta vez vamos por orden y el primero, cosa que no he visto igual en la vida, os sugiero el nombre de Miguel Indurain, el corredor más poderoso que hemos tenido la suerte de apreciar sobre la máquina, ejerciendo un dominio, casi sin titubeos durante cinco años seguidos en el Tour, algo que no creo que se haya visto antes, salvo que los viejos del lugar me contradigan.

Por que la historia está llena de grandes mitos, apellidos perennes y gestas que no responden a una generación, interpelan a la masa en general, pero el control y dominio que Miguel ejerció sobre el Tour y un par de Giros, con la laguna de la edición que le ganó Berzin, es complicado replicarlo, por no decir que imposible.

Coetáneo a Miguel Indurain, Laurent Jalabert nos resultó el ciclista total, un heredero digno de los campeones de antaño que todo lo querían, todo lo disputaban, ciclista diez meses del año y por que en los otros dos no había calendario.

Jalabert domó todas las artes, fue un velocista de un inicio, acabó ganando en grandes cimas y hasta llegó a coronarse campeón del mundo contrarreloj.

Jalabert Mende JoanSeguidor

Fue una gozada disfrutarlo, y en su haber figura la temporada más increíble que jamás haya visto, la de 1995, con triunfos tan dispares como San Remo y Vuelta, pasando por el Tour y todo aquello que se cruzó en su camino.

Jalabert fue uno, pero hubo uno antes y otro después que ponen marco a sus gestas.

Sean Kelly era un irlandés que deshojaba tréboles de cuatro hojas, con una relación de servicios impecables, campañas equiparables o mejores a la mejor de Jalabert, que en mis años mozos me enseñó que el ciclismo es una alquimia, una mezcla no escrita de sacrificio pero también de humildad y constante aprendizaje.

El lujo para el ciclismo fue que él fuera ciclista.

Tras ellos Alejandro Valverde supuso siempre lo más parecido.

Que en ocasiones, nos parezca que pudo habernos dado más, o un poquito más, no implica que en este mal anillado cuaderno nos rindamos al que consideramos un prodigio de este deporte, con casi dos décadas de ciclismo, con dos paréntesis, sanción y lesión, que no le han quitado un ápice ni de apetito ni de calidad.

Su palmarés es excelso, pero pensar que podría serlo más es tan humano como las decisiones que han guiado su carrera.

Oreka Training
Cruz 400×400
Cambrils 400×400 OCT20

 

En terreno de velocidad, hemos disfrutado de no pocos fenómenos, siempre fuimos de Jean Paul Van Poppel, pero nadie nos impresionó tanto como Marcel Kittel cuando, en sus mejores años, que no fueron muchos, resultaba intratable en las llegadas en grupo.

El rubio alemán sucumbió demasiado pronto a la increíble presión que debe gestionar esta gente, pero ello no quita que el tiempo que estuvo ahí le considerábamos favorito inapelable en cada sprint.

Como cuando Fabian Cancellara tomaba parte en cualquier Flandes o cualquier Roubaix en la que llegaba a full.

Cancellara, uno de sus últimos despieces

El suizo nos parece una leyenda de este deporte, marcando una evolución que no muchos podrían firmar, pues demostró que supo ganar en todos los registros, pero sobretodo manejando fugas y llegadas en pequeños grupos, un talón de Aquiles que le veíamos esos años que se imponía solo y a lo bruto.

De época de Indurain, Tony Rominger era el corredor redondo, como su pedaleo, que, creciendo en la alargada sombra del navarro, hizo su camino y forjó un riquísimo palmarés que tuvo de todo y de todas las clases.

Rominger en forma era un martillo pilón sobre los rivales, marcando en todos los terrenos, inapelable para arriba, perfecto contra el reloj y con un apetito infinito.

Y para el final dos de los que hablamos no hace tanto, nuestros estrategas de cabecera, Vincenzo Nibali y Greg Lemond.

Del primero, que ha sacado un palmarés gourmet a base de mover la pizarra mucho mejor que rivales superiores sobre el papel, del segundo, que casi lo mismo, que hablamos de un tío que, a pesar de ser un chuparruedas para muchos, era inteligencia pura sobre un cuerpo que nunca volvió a ser el mismo tras ese accidente de caza.

De no haber mediado éste, mucho me temo que la cifra de tres Tours se quedaría corta…

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Indurain vs Rominger: una rivalidad incompleta

Indurain Rominger JoanSeguidor

No hubo tantos duelos directos entre Indurain y Rominger

Entre ayer y hoy, Teledeporte nos ha rescatado dos piezas que explican el punto de inflexión de Tony Rominger y su acceso a la primera línea de rivales de Miguel Indurain.

Si en el Galibier puso su pica en el Tour, cabe decir que en la jornada de los Lagos de Covadonga el suizo alcanzó la convicción que la Vuelta del 92 estaba a su alcance, tras Luz Ardiden en aquella jornada de primavera hostil, en la cima astur Rominger tuvo la certeza que el pequeño murciano, Jesús Montoya era asequible.

Entre ambas etapas median catorce meses, más o menos, y entre, las dos Rominger se erigió como el rival más fuerte y peligroso de Indurain.

 

Sin embargo, visto hoy, lamentamos que estos dos gigantes no vivieran los duelos que muchos les presumíamos,

No en la cantidad que imaginábamos, pues si quitamos ese Tour del 93, las coincidencias de los dos astros y en plenitud de condiciones no fueron tantas.

Y lo lamentamos, viéndoles destrozar el Tour mano a mano en el Galibier, por que entre los dos sumaron once grandes vueltas en cinco años, una barbaridad de dominio al que sólo se escaparon talentos como Chioccioli, Mauri, Berzin y Jalabert.

Aunque si hiciéramos una pinza entre el primer y último Tour de Miguel Indurain, la lista sólo tendría el nombre de Eugeny Berzin, ganador del Giro del 94.

En medio, dominio total de ambos.

Gore 400×100 MArzo2020

 

Pero ¿cuántos duelos vimos Indurain vs Rominger?

Pues el Tour de 1993 y poco más.

Esa carrera pudo haber estado más igualada de no haber mediado el desastroso inicio del suizo, que llegó muy perjudicado a la gran montaña.

Hizo falta aquel prodigio hacia el Galibier entre ambos, para que Rominger entrara en aquella carrera que se le había cruzado.

Una subida en la que los dos talentos fueron en paralelo, sacando un mundo al resto, aguantaron Hampsten, Mejía, qué clase tenía, y ese polaco de la goma, Jaskula.

Fuera de esos días, poco más dio esta rivalidad.

Rominger no volvió a ser rival de Indurain en el Tour.

En los años sucesivos llegaría con Vuelta, la tercera, y Giro en el zurrón, y quizá pasado de forma.

Otra cosa fue ese particular pulso por la hora que mantuvieron en otoño de 1994, en el que el suizo voló por muy delante.

Y es que la historia, caprichosa ella, muchas veces nos pone y nos quita los grandes del mapa, con azar e improvisación, dejándonos con las ganas de lo que pudo ser y no fue.

Foto: Parlamento Ciclistahttps://forodeciclismo.mforos.com/30823/10721160-fotos-de-indurain/?pag=2

A propósito del récord de la hora

Victor Campenaerts recoerd de la hora JoanSeguidor

Ahora hace 25 años, 1994 fue el del récord de la hora

Apenas hace tan sólo unos pocos días, pudimos revivir la emoción de contemplar un nuevo récord de la hora.

Haces unas semanas, ya contamos lo que nos pareció la gesta sin público de Víctor Campenaerts, cómo llevó su bicicleta más allá de los 55 kilómetros recorridos en una hora.

Una cifra estratosférica.

Una auténtica animalada.

Gravel Ride SQR – 300×250

 

A rebufo de esta noticia, hemos querido echar la vista atrás para comprobar cómo, hace ya más de un cuarto de siglo, un “escocés volador”  resucitó la fiebre por batir de nuevo “el mayor esfuerzo hecho por un humano en una hora en una bicicleta”.

Pero empecemos por el principio.

Últimos días para inscribirse al Movistar Puertos de Guadarrama 

Hasta 1993, este récord estaba en posesión de Francesco Moser, siendo el primer ciclista en superar la distancia de 50 kilómetros pedaleando durante una hora.

Fueron, exactamente, 51,151 km el límite establecido por el italiano, un 23 de enero de 1984 en el velódromo de Ciudad de México.

SQR – Cerdanya Cycle

 

Un récord de altura, si bien, tan sólo 4 días antes, ya había batido la legendaria marca de Merckx del año 1972 -sobre 49,431 km y también en México-, sobrepasando en 808 metros el medio centenar de kilómetros en 60 minutos.

Aquella plusmarca que orbitaba alrededor del planeta, quedó inmaculada durante 9 años hasta que nuestro protagonista de hoy comenzaba de nuevo la batalla por romper la hora.

Fue el 17 de julio de 1993 en Hamar (Noruega) cuando Graeme Obree completó una hora en 51,596 km.

En el recuerdo queda su posición de “huevo” y su estrambótica bicicleta fabricada incluso con piezas de una lavadora: «Old Faithful», la bautizó.

 

Inmediatamente después, tan sólo 6 días más tarde -el 23 de julio-, quien recogía el relevo era el británico Chris Boardman,  superando a Obree y marcando un registro de 52,270 km en el velódromo del Stadium du Lac de Burdeos (Francia).

Acababa de iniciarse una carrera de récords…

Hasta el propio Moser, con 43 años, se picó delante de estos acontecimientos y quiso recuperar el protagonismo perdido intentando batirlo el 15 de enero de 1994: el auténtico año de los récords de la hora.

Fue de nuevo en México, a 2240 metros de altitud.

No lo consiguió, pero rodó nada menos que a 51,840 km/h.

Asombroso.

Se trataba del segundo mejor registro de todos los tiempos, superando el suyo propio del 19 de enero de 1984.

Moser, ya retirado, utilizó una combinación de 63×15. De esta manera avanzaba 9 metros por pedalada.

 

Llegamos a la efeméride que se cumplió precisamente este pasado 27 de abril: 25 años han pasado desde que el “excéntrico” Graeme Obree, al mando de su extraña máquina, que de nuevo había diseñado él mismo, volviera a adelantar a Boardman en 443 metros, dejándolo en 52,713 km en una hora.

Ocurrió en el velódromo de Burdeos, sobre una bicicleta de 8,5 kg de peso, con un cuadro construido en carbono y acero, y un manillar en forma de ala de avión que le permitió adoptar, esta vez, la postura de “Súperman”.

La bici iba calzada con ruedas de bastones Specialized, llevaba unos pedales de “ocasión” y su sillín era un Turbo comprado de segunda mano.

 

A todo esto, andaba por allí un tal Miguel Induráin que dicen que iba como un tiro contra el crono.

Animado por su entorno, que opinaba que tenía el récord en sus piernas, se plantó en el mismo velódromo de Burdeos  -de 250 metros de longitud- un 2 de septiembre de 1994 sobre las 4 de la tarde,  dejando la hora en 53,040 kilómetros.

Con un desarrollo de 59×14, avanzaba 8,77 metros por pedalada y su arma “la Espada”: una bicicleta monocasco diseñada por Elio Borghetto y fabricada por Pinarello, con un peso de 7,280 kg y ruedas lenticulares.

«Ahí queda eso», pensaría el bueno de Miguel.

 

Pero también corría por Burdeos un indómito suizo de apellido Rominger, que cuentan que  tampoco era cojo contra el reloj.

Además, andaba picado con Induráin, después de su amarga derrota en el Tour de aquel año y con abandono incluído, mermado de salud y ante la manifiesta superioridad de Miguel.

Narran que, después de “aquello”, Rominger se dedicó a preparar a conciencia el deseado récord de la hora junto a Abraham Olano, dedicándole mucho tiempo de vuelo en la propia pista de Burdeos.

SQR – GORE

 

Después de muchas horas de entrenamiento sobre el velódromo, se dispuso a acometer el reto con una bicicleta convencional de su equipo, el Mapei, 50 días después que Induráin.

Sin público en las gradas, el 22 de octubre de aquel mismo año, el suizo establece una marca de 53,832 kilómetros, con el mismo desarrollo que el navarro: 59×14.

No satisfecho con el resultado, quiere aún más, y lo vuelve a probar de nuevo el 5 de noviembre de 1994 en el mismo lugar y en el mismo escenario.

Pero esta vez lo hace rodeado de público y retransmitido por televisión a las 15,30 horas de la tarde.

Todo un espectáculo mediático girando alrededor de un hombre, una bicicleta y una hora.

 

De esta forma, con una combinación de 60×14 que le hace avanzar 9,02 metros por pedalada y con una bici convencional Colnago de 8 kg y ruedas lenticulares, bate su propio récord llegando a los míticos 55 km/h, exactamente 55,291 km.

Acababa de reventar la hora. Extraordinario.

Meses más tarde, al año siguiente ya en 1995, Miguel Induráin quiso sacarse esta espina clavada (o mejor dicho, fueron los directores de su equipo los que casi le obligaron de nuevo a realizar este sobrehumano esfuerzo) intentándolo en México, donde la presión atmosférica le tendría que ser más favorable.

Pero aquella fue otra historia que ya contaremos otro día.

 

La agonía de una crono por equipos

No hice muchas cronos por equipos, no obstante me acuerdo de tres, una en la Vuelta a Burgos y otra en Castilla y León, con Banesto, y otra con el Clas, creo que en una Vuelta a Valencia. No fueron unas experiencias más, las del Banesto me tocaron com Miguel Induráin, que creo ganó ese año Burgos, y la del Clas con Rominger. Correr con ambos fue un honor, pero muy duro. Impresionan, vaya si impresionan, pues solos eran capaces de ir muy rápidos con lo que ir a rueda era una proeza… Detrás de ellos acostumbraban a ir ciclistas contrarrelojistas, porque les tocaban los relevos más duros.

Personalmente sólo estuve bien en una que hice con Banesto, creo ganamos o quedamos cerca de los primeros en una Vuelta a Burgos. Hablamos de una prueba colectiva que no trabajas como una etapa normal, pues el esfuerzo tiene su recompensa en forma de victoria que cuenta para todos en el palmarés.

Me acuerdo que en la del Clas, me dejaron en la primera cuesta nada más salir. Se te viene el mundo encima y te sientes mucho peor que cuando te quedas en una etapa corriente, porque no sólo te quedas tú, también sientes que le fallas al equipo. Es una prueba moral muy dura.

El esfuerzo es agónico, en el llano siempre hay que ir por encima de los 50-55Km/h y eso no es nada fácil, aunque sea por equipos. Pensemos que una persona en una crono individual puede bajar el ritmo o subirlo a su antojo, por equipos no se puede, o estás en los relevos o te quedas. Sencillo, pero brutal.

Es una prueba colectiva y por tanto el resultado del equipo será lo que finalmente decida. No vale con llegar todos y contentos con no haberte quedado, si te han metido 3 minutos. El hecho que los tiempos decidan la general hace que la presión sea doble. Si tiras como gregario un día normal llegas hasta un punto, pero si fallas y se pierde una carrera por la crono por equipos puede ser bastante duro para todos. 

Sobre el reparto de esfuerzos, hay que tener en cuenta que el único equipo que preparaba las cronos por equipos en los años 90 era la ONCE y así les iba. Imaginaros por tanto que de golpe te pones a bloque, a altas velocidades, en una prueba que exige mucha preparación y coordinación, sin haberla entrenado.

Pues casi siempre salía un desastre. Se improvisaba mucho. Ya según el viento se podía cambiar todo, aunque eso es normal, pero también decidíamos si hacerla en fila o en doble fila en la misma crono, lo cual era muy contraproducente.

Tampoco había pinganillos y se gritaba mucho, aunque entre el ruido de las lenticulares, el viento, el público, etc, se hacia difícil coordinar. A veces no decidíamos a priori ni en el orden en que ir y se improvisaba según la marcha. Todos esos detalles significan muchos segundos perdidos.

Ahora se pueden ver a equipos como Movistar o BMC rodar totalmente acoplados unos a otros y se nota que hay un gran trabajo detrás de esos equipos. Nada que ver con hace más de 20 años.

A mí, como dije, me tocó entrar en los equipos de Indurain y Rominger, que al partir como favoritos, nos caía una presión enorme. No os cuento los nervios que se pasaban.

Normalmente se prefería que hicieras un relevo a muerte antes de quedarte que intentar aguantar sin relevar porque entorpecías los relevos, a no ser que estuvieras disputando la general. 

En definitiva la crono por equipos para los que no éramos rodadores era una prueba exigente, que no te permite calentar, te sirve para ver cómo estás, y que puede pasarte como a Perico cuando se quedó de salida. Incluso aunque vayas bien, siempre se sufre porque, si eres de los que vas mejor tienes que dar más que el resto, con lo que al final es agónico para todos. 

Me parece correcto que se integre en la general individual, aunque favorezca a los equipos grandes. El resto pueden perder minutadas, pero es parte del ciclismo y una prueba más que demuestra la grandeza de este deporte.

Por Victor Gonzalo

Imagen tomada de www.arueda.com

INFO

Biciescapadas es un rinconcito de Hoteles RH creado para ofrecer servicio a los amantes del clicoturismo

Los recuerdos de Iñaki Gastón

Puedo decir, sin temor equivocarme, que Iñaki Gastón fue uno de mis ciclistas favoritos en la infancia. En el primer ciclismo, ese que ves de refilón, que vas apreciando paulatinamente, que te coge y te sienta cada tarde frente al televisor, porque te gustan las carreras, los relatos, el paisaje, en ese ciclismo primerizo Iñaki Gastón fue uno de los ciclistas que marcaron el periodo.

Aún le recuerdo en una salida del barrio de Sants de la Volta, al lado del mercado, con Mottet, Fignon, Pino, Perico en el PDM y Sean Kelly, vestido de blanquiverde. En aquel ambiente, en aquella salida recuerdo a Iñaki en Kelme. También le veo roto por el esfuerzo en el Morrot, cerca de Colón, en un intermedio de la Escalada a Montjuic. Corría para el Clas en esos momentos.

Aquellas sensaciones me las despertó el activísimo Manuel Pérez poniendo esta foto de Iñaki junto a Miguel Indurain, líder del Tour, de su primer Tour, además. Iñaki Gastón fue corredor profesional durante unos diez años, el bilbaíno tendría una complicada comparación en el presente. Era como Blanco Villar, como Pepe Recio, un excelente corredor para romper el sprint final.

Gastón era el ciclista que rompía sprints, que se granjeó un palmarés muy digno, que llegó a ganar dos etapas de la Vuelta a España en la misma edición, que también luce en el palmarés de la Clasica de San Sebastián. Ese palmarés también incluyó ataques de ultima hora, amargando llegadas masivas, cuando los pelotones no eran cuellos de botella de equipos que bloquean cualquier atisbo de incertidumbre porque se disponen en diferentes filas para situar lo mejor posible a sus líderes.

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Hoy ver a alguien hacer lo que hacía Iñaki es imposible, o casi. Gaviria en Tours, poquito más. Como también es inaudito su perfil en este ciclismo que no premia el ciclista de clase media, siempre muy bien valorado, pero ahora arrinconado en el sistema de la UCI. El Gastón ganador de Kelme e incluso Kas, fue un gregario ejemplar en el Clas, el primer Clas de Tony Rominger, antes del desembarco del Mapei.

Todos recordamos aquella etapa enorme camino del Naranco cuando en el duelo de suizos, Rominger tentó la suerte para ver como Alex Zulle se caía en el descenso de La Cobertoria. Rominger caminaba sobre seguro, delante tenía a Iñaki que tiró de él como si no hubiese un mañana para auparle hacia su segunda Vuelta, una Vuelta que no fue nada sencilla, porque Zulle fue un rival complicadísimo que se batió en los detalles, en la cuneta, y ahí Gastón fue una de las claves.

No sé qué fue de iñaki, si continúa o no vinculado al cilcismo, pero su foto junto a Miguel me trajo recuerdos, buenos recuerdos, el primer ciclismo, ese que siempre llevas trenzado en la piel, y ese primer ciclismo tuvo, entre otros nombres, el de Iñaki Gastón.

Imagen tomada de Facebook

INFO

Endura ya ha diseñado el nuevo maillot de Movistar

#BonjourTour etapa 18

La segunda crono del Tour llega seis días después con la sensación de que sólo puede certificar aún más el liderato de Froome. La recuperada fórmula de la cronoescalada debía poner en problemas al que hoy porta el amarillo, pero sin embargo su potencia en carrera parece incuestionable para todos sus rivales.

El atractivo se centrará en el orden de la gente que viene por detrás. Veremos si Richie Porte sigue progresando en su lucha por el podio y si Nairo recupera la forma que dice tener pero que no plasma. Día clave también para saber de la suerte de Mollema, quien creo nunca habría soñado verse en este nivel, y Yates, un ciclista que no sólo es blanco sino que parece que día tras día crece respecto a sus rivales. ¿Una apuesta?: Alejandro Valverde no estará lejos de la victoria.

El lugar

Sallanches es un sitio con foto fija en la historia del ciclismo con aquel Campeonato del Mundo, uno de los más duros de siempre, que ganó Bernard Hinault, en lo que para muchos fue una de las mejores carreras de su historia. Llegando a Megève se hace a una de las estaciones más lujosas de los Alpes con una amplia tradición de esquí de nórdico.

21 de julio de 1993

El Tour de Francia de 1993 pasó a la historia por ser el más apretado entre Miguel Indurain y Tony Rominger. Aunque el navarro ganó con cierta holgura, no deja de ser cierto que el retraso que el suizo acumuló en la primera semana, parte por una discutible sanción, le pesó en el pulso con el navarro.

Sin embargo una de las sensaciones de la carrera es un ciclista polaco que corre con una plaquita bendecida por el Papá Juan Pablo II llamado Zenon Jaskula. El ciclista rubio y deboto aguanta cada etapa las arremetidas de Rominger para sacarlo del podio. En Saint Lary Soulan, Jaskula muestra gráficamente ese concepto tan ciclista de “hacer la goma”.

No sólo se mantiene con un hilo de vida sino que en la cima Jaskula sprinta y gana la etapa a Rominger. Con Indurain intocable, presenciado la pelea, la victoria de Jaskula pone más presión para el podio. Alvaro Mejía sufre y empieza a descolgarse, Rominger no ceja y Jaskula sigue ahí. La crono final dejaría al helvético como segundo y a Zenon, el polaco que rezaba por su suerte, tercero, abriendo un capítulo inédito de este país en la historia de la mejor carrera.

Imagen tomada de thefrencheye.blogspot.com

La nostalgia de los tiempos del Clas

Pocas veces el ciclismo cumplió tan bien con cometido de situar una marca o emblema en la mente del público como hizo con la Central Lechera Asturiana, Clas, en la primera mitad de los años noventa. Como bien sabéis hace unos meses salió un tremendbundo libro firmado por Daniel Cabrero y Sergio Fuente titulado “El Clas, el equipo de Asturias, el sueño de su afición”.

El libro, grande, formato DIN A4, es una invitación a la nostalgia de quienes vivimos aquellos años de sueño astur, para quienes, como el que esto firma, nació cerca del Principado, aunque un poco más al sur. La sucesión de eventos que dejaron al Clas como uno de los mejores equipos del mundo se retrata profusamente en la obra, con raíces en los años previos al salto definitivo a la máxima categoría, los años ochenta principalmente, antes de que explotara en la siguiente década.

Bajo los designios de Juan Fernández, una de las personas más crípticas del ciclismo, el equipo creció hasta atraer el nombre que les dio la cuota que les situó al nivel de los otros dos grandes del pelotón español, Banesto y ONCE. Hablamos de Tony Rominger, el suizo que encontró en Asturias la extensión paisajística y espiritual de su tierra suiza, verde, fecunda…
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Antes de Rominger, el Clas entonces optaba a premios como el de la montaña del excelente ciclista que fue Iñaki Gastón o top ten como los de Echave y Peio Ruiz Cabestany. Con Rominger se abrió rápido el tarro de las esencias, País Vasco y la Vuelta a España que aterrizó en Luz Ardiden, en un día ciego por la niebla, con jornadas para el recuerdo como la del Naranco, aquella en la que Javier Mauleón ganara por la mínima ante Jesús Montoya.

Porque cuando el Clas llegaba a la joya prerrománica con vistas a Oviedo, la afición encloquecía, como en aquella jornada que enterró las opciones de Alex Zulle bajando la Cobertoria. Ese año Rominger sería segundo en el Tour, el tercero de Indurain, y muy perjudicado por una sanción que aún hoy no acertamos a entender. Rominger fue mano a mano con el navarro, no se dejaron en toda la montaña y dio la sensación de haber optado a más de haber competido en igualdad, primero por sus propias condiciones, luego por el equipo que crecía a su alrededor: Olano, Escartín, Leaniz, Arsenio, Mauleón, Unzaga,…

Pero los trenes pasan y nunca más estaría el suizo en disposición de ganar el Tour. El equipo ya no era exclusivamente Clas, porque Mapei desembarcó para con los años copar el nombre del equipo, sin embargo y aunque el poder de aquella escuadra fuera a más, hasta desembocar en el actual Etixx, las raíces asturianas del proyecto siempre flotaron en el ambiente como bien corroboran la mayoría de ciclistas que vistieron aquella camisola.

El Clas era lo más parecido a un equipo de fútbol que podía ser un equipo ciclista. Tenía una cantidad increíble de aficionados que le apoyaban incondicionalmente. Era como jugar en el Real Madrid” dijo Roberto Sierra en un meritorio ejercicio de reunir la práctica totalidad de aquellos protagonistas que firma de su puño y letra los recuerdos que le vienen a la mente cuando hablan de aquel proyecto. Un servidor que sabe lo que implica esa labor, lo valora especialmente.

Por cierto aquí podéis saber más de la obra en cuestión.

El ciclismo también tiene sus energúmenos en la cuneta

El fin de semana de sucesos nos dejó un acontecimiento, que me entenderéis, no puedo entender, lo mire por donde lo mire. En la mañana de este lluvioso domingo que despidió noviembre, se disputó un partido liguero entre el Atlético de Madrid y el Deportivo de La Coruña. Dicen que estos partidos, por su horario, son ideales para llevar a los niños al campo. Un domingo a media mañana al fútbol y de vuelta a casa llegas bien para comer.

Plan perfecto, ideal, salvo que por el camino te encuentres a un centenar de subnormales dándose hostias hasta en el carnet y utilizando el mobiliario urbano para arrojárselo por la cabeza. Ya saben cómo acabó la cosa, una persona en medio del río que acabó falleciendo. Se ve que quedaron por WhatsApp.

He leído varios comentarios, a raíz de lo acontecido, comparando las aficiones del ciclismo con las del fútbol. Obviamente hablamos de mundos totalmente diferentes. El fútbol, en su raíz urbana, es más proclive a dar espectáculos como el de ayer y eso no va en detrimento de este deporte, que es precioso, sobre todo cuando lo aprecias sin colores, ni a favor del ciclismo, que también tiene lo suyo aunque las aficiones no se peleen. Otros deportes que no son el fútbol pero se disputan en pabellones, también acaban como el rosario de la Aurora.

Está claro que una persona como el aficionado ciclista que se toma la molestia de irse a cualquier puerto de cualquier carrera a ver pasar un pelotón no va a buscar bronca con nadie, sin embargo no siempre ha sido así y recordamos algunos recortes de prensa en los que los nervios que se viven en las cunetas se equiparan a los del fútbol.

Por ejemplo, en la época de Mariano Cañardo, no siempre el público se tomaba a bien el espectáculo que ofrecían los ciclistas y en más de una ocasión estos tuvieron que salir escoltados en medio del tumulto porque la hinchada consideraba que la entrega no había sido justa con la pasión que les conferían. Hubo incluso una carrera que al parecer conchabada, tuvo que repetir desenlace.

Recordamos pasajes también desafortunados con grandes campeones como Eddy Merckx, cuyo dominio provocó el hartazgo e ira de ciertos inquilinos de la cuneta, propinándole un golpe en el estómago en uno de los últimos Tours que corrió. O qué decir de las campas belgas entregadas al frenesí del ciclocross en un ambiente caldeado por la cerveza. No será la primera vez que vemos a estrellas como Bart Wellens o Sven Nys parándose a increpar a alguien del público que se fue de la lengua o sacó la mano más de lo debido.

Y qué me dicen de los habituales aficionados vestidos de quirófano con jeringuillas…

Nos vienen a la mente dos capítulos de la Vuelta a España cuando se disputaba en abril. En 1992 las opciones de Perico de ganar su tercera general provocaron que en las cunetas más de uno se calentara al paso de Tony Rominger y Jesús Montoya. Ambos ciclistas describieron situaciones irreales, muy similares a las que por ejemplo Manolo Saiz denunció en la famosa etapa en la que Rominger sentenció la carrera frente a Alex Zulle en El Naranco. Recordemos que el primero corría para el equipo de la tierra, el Clas, y eso ardía en los corazones de los aficionados.

Con todo, sí que es cierto que el ciclismo cultiva otro tipo de afición. No sé si es porque gran parte de ella es practicante activa de la bicicleta, y sabe lo que se sufre sobre ella, pero raro es ver a alguien pitar a un ciclista porque corra en el equipo rival de tu corredor favorito. Sólo Laurent Fignon levantó unanimidad en ese sentido. A pesar de su excelente sentido del espectáculo, una ristra de silbidos acompañaba su estela.

Imagen tomada de comunidadciclismo.com

INFO

Para poder trasportar correctamente tu bicicleta con el embalaje NACEX BICIBOX, debemos tener en cuenta lo siguiente

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– Se debe girar y desmontar el manillar

– Se deben desmontar los pedales y ruedas (una o las dos dependiendo del tamaño)

– Se deben proteger los elementos sensibles (cuadro, tijas) y aquellos que queden desmontados con papel burbuja o similar

– Introducir en la caja cuidadosamente evitando golpes y arañazos

– Transportar siempre en posición vertical