Tour: El mejor sprint de Uran y Barguil

La mejor etapa del Tour fue para Rigo Uran

Richie Porte es un ciclista top que anhela una victoria top. Lo hace bien, se prepara, es ambicioso, gana carreras en el camino hacia las grandes que quiere para su palmarés pero cuando llega el momento clave, de la verdad, siempre algo falla.

Semanas antes del Tour de Francia, el Dauphiné se adentró en la terrenos hostiles, el Jura y las montañas que conducen a Chambéry, con el precioso Mont du Chat en el menú, dieron la bienvenida a las estrellas. Ya entonces en el descenso, se vio que Porte no iba lo cómodo que la situación requería. Salvaría el maillot amarillo, pero no lo conseguiría llevar hasta el final, ¿premonición?

Ya en julio, con el Tour cabalgando por la zona, miles de personas en los márgenes, millones viéndolo por la televisión, Richie Porte volvió al lugar de autos y protagonizó una de las caídas más espeluznantes de la temporada. Dijo adiós a la carrera, se llevó una importante lesión y otra vez demostró que algo siempre falla.

Porte fue uno de los nombres de la mejor etapa de ciclismo del año que languidece. Un domingo cualquiera las ratoneras del Jura, ese macizo que se encaja entre Francia y Suiza hacia el Rin, hicieron estragos en el pelotón.

No son necesarios grandes puertos, ni desniveles que impresiones, concatenación de puertos y un equipo, en este caso el AG2R con ganas de poner a prueba la fortaleza de los Sky. Argumentos suficientes para poner color a la carrera, en uno de esos días que se corre a fuego, en los que no se espera al final, porque sencillamente es imposible pasar sin más un terreno tan duro.

Al calor de los acelerones de los hombres de Bardet, varios nombres quedan noqueados. Geraint Thomas, maillot amarillo durante los primeros días, gran baluarte de Froome, aparece sentado en la carretera, roto por  una caída que le lleva al abandono. Alberto Contador se cae también, física, pero también mentalmente de la competición. Las caídas han lastrado, como nunca nos hubiéramos imaginado sus últimos meses de competición. Nairo Quintana también prueba el suelo.

En el inicio del Mont du Chat el ciclista más en forma en ese momento, Fabio Aru, ataca, pero sin saber, no ver o no querer ver que Froome tiene problemas en la bicicleta. Todo se calma, pero la ascensión se convierte en un baile en el que Froome no va cómodo, pero tampoco sus rivales.

El descenso deja la baja de Porte, la llegada necesitaría de photo finish entre Rigoberto Uran, cambio roto y sprint de pistard, y Warren Barguil, quien ya barrunta que éste será su Tour. Gana el colombiano y se sitúa delante, muy delante, ya no le moverían del que sería su mejor Tour, el Tour en el que todos miraban a Nairo y apareció Rigo.

Imágenes tomadas de Eurosport y Caracol Radio 

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El capítulo incompleto de Chris Froome

La temporada del Team Sky, en general, y de Chris Froome, en particular, no ha sido sencilla y de ninguna de las maneras se puede calificar de buena. Sólo un dato, sencillamente demoledor, desde que el año pasado Vasil Kiryenka ganara en la Peña Cabarga, el equipo negro e inglés no ha logrado triunfo alguno en una gran vuelta. Sin hablar de la primavera, auténtico lastre para el bloque, estuvieron inéditos en el Giro y opacados por ausencia del su líder en el Tour. La recién finalizada Vuelta a España pareció la tabla de salvación para el equipo gestionado por Brailsford, un genio montando estructuras y planteando Excel, pero con evidentes carencias en la gestión del talento y egos que pasan por sus manos. Wiggins, los hermanos Yates,… son varios los que pueden dar fe.

Centrando el objetivo en su hombre fuerte, Chris Froome, su temporada es muy difícil de definir. Queda la sensación de que éste es un episodio sin renglón, sin final escrito. El inglés de origen africano no se ha quedado con las ganas de demostrar que en su fuero interno no iba a aceptar una temporada en blanco tan alegremente. Lo ha intentado. No ha podido, mala suerte.

Froome llegó corto a la Vuelta, como la amplia mayoría de los favoritos. Pese a que en la primera semana rodó bien, fueron varios los pasajes en la segunda semana en los que pareció descolgarse del triunfo. Tuvo dos momentos malos en Valdelinares y Aralar. En los Lagos, la imposible convivencia de los tres capos españoles le dio vida, un hilo al que se agarró para resurgir en La Farrapona y ser el único rival peligroso de Alberto Contador.

Fue ahí, en la cima asturiana, donde el inglés se ganó el corazoncito de los anfitriones. Que todo un ganador del Tour de Francia se agarrara cual clavo ardiendo a las pocas posibilidades de brillar que la Vuelta le ofrecía fue demasiado para muchos que siempre han mirado con ojo crítico el Sky y sus estrellas. Froome no pudo con Contador y ardemos en deseos por saber qué pasará cuando ambos estén en plenitud de facultades, sin embargo se vistió de dignísimo rival y honró la carrera que otras muchas figuras mancillaron con su desgana y desidia.

Viendo ahora la campaña del inglés, no han sido pocos los problemas que salieron a su paso. No sabemos si ha sido por su rara compostura sobre la máquina o por el infortunio puro y duro, pero las caídas le han lastrado como pocas veces hemos visto en un ciclista top. Arrinconado en la Dauphiné por un costalazo, un doble trompazo en el Tour le dejó KO justo en la puerta de los adoquines, que mojados y peligrosos eran cuchillos para su cuestionable forma de llevar la bicicleta.

Pero este Froome es poliédrico. Al ciclista humilde, accesible y agradable que concluyó la Vuelta se le complementa otro intransigente y casi incendiario, vertiente potenciada por su compañera cuando se pone a jugar en twitter. A las constantes alusiones sobre dopaje y limpieza se añadió el pasaje del Teide reclamando más controles a los allí concentrados, como si siendo más papista que el Papá lograra la indulgencia del gran público.

A Froome le gusta este discurso de ciclismo limpio y renovado, pero sinceramente abanderar estas cuestiones es arriesgado porque incluso en su casa, “chez Sky”, ya han salido affaires poco agradables. Sea como fuere la crono de Santiago cerró un episodio y abrió otro, el del impás hasta el próximo Tour, ese que será la “madre de todas las carreras” y en la que Froome quiere acabar el capítulo que dejó incompleto camino de las minas de Arenberg.

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El ciclismo de entretelas

 Cuentos del Tour 2

Dijeron Sergi López, autor, y Bernat López, editor, que se trata de “un libro pequeño pero peleón”. Lo dijeron en la presentación de “Cuentos del Tour”, el libro que nos trae hoy aquí, y lo dijeron con Carlos de Andrés, nada menos, como testigo y un auditorio que no daba más de sí.

En efecto es un libro pequeño y peleón. Efectivo diría yo. Una obra ligera, ideal para maridar con una etapa del Tour en estas pesadas y largas tardes de verano, un vistazo al ciclismo de rebotica, de entretelas, y ahí quizá resida la originalidad de la obra, que abre la puerta a nuevas entregas e historias porque en definitiva las vivencias que se suceden en tres semanas por Francia dan a veces mucho más que la propia carrera y lo que la gente ve en la televisión.

Varios son los elementos que definen la obra y que en cierto modo satisfacen en parte la siempre incompleta curiosidad del aficionado que bebe los vientos por saber lo que pasa detrás, lo que se cuece en los coches de equipo, en los hoteles, entre los periodistas,… esas cosillas que yo al menos no recuerdo, válgame Dios, haberlas leído en ningún sitio.

Con especial predilección en torno a José Miguel Echávarri, Eusebio Unzué y toda su camarilla, se entrelazan historias al azar, cuentos que leídos ahora explican muchas cosas y que se disponen de forma más o menos cronológica si bien se acompañan de largos preámbulos en la mayoría de los casos. Preámbulos e historias que hablan de Vicente Belda, de Alex Zulle, de Manolo Saiz, de Marco Pantani, de Lance Armstrong,… y hasta de Eufemiano Fuentes con un estropajo, lo más peligroso desde aquello de un mono con una cuchilla.

Con este libro, y el del controvertido –por ser benévolo- Bjarne Rijs, crece y crece el fondo de armario de Cultura Ciclista, esa locura de editar libros de ciclismo que hace un par de años, en una tostada tarde de agosto, me presentó Bernat y ahora llega a los doce títulos, una cifra muy honorable en los tiempos que corren y muy responsable de la vorágine de libros y títulos relacionados con el ciclismo, un carro al que muchos ahora se suben para sorpresa y regocijo de unos cuantos.

Y si me permitís, deciros que el libro 13 de Cultura Ciclista se está acabando de fraguar para ver la luz en septiembre, será una biografía increíblemente omitida en el tiempo, la de Mariano Cañardo, el primer gran ciclista de la historia de España, que además nos abrirá la puerta a una época convulsa y compleja como pocas le tocó vivir a un deportista. Un servidor la firma. Seguiremos informando.

La depreciación de los hermanos Schleck

La jornada de Tour se aliñó con una noticia cuanto menos sorprendente. Frank Schleck es despedido del Radio Shack a muy pocos días de volver a la competición después de su sanción por el positivo del Tour del año pasado. En su tercer y último año en el pelotón la firma norteamericana vuelve a sorprendernos con un golpe de efecto que sinceramente no se explica, en caso de que nadie nos argumente las verdaderas razones de este cese fulminante una vez aguantaron el muerto en el armario casi doce meses y éste estaba a punto de volver, con la Vuelta a España en su objetivo, vamos como en 2010 cuando fue séptimo, un puesto acorde a sus terribles limitaciones.

Veamos, dos años después de pisar el podio del Tour de Francia y firmar el singular logro de ser los primeros hermanos en coincidir en espacio y tiempo en el más preciado cajón, ambos están en la picota de la peor manera. Frank fuera y Andy corriendo un Tour en el que no sabe muy bien a qué aspira –sentirse ciclista sería un objetivo coherente- a sabiendas de que han prescindido de su hermano.

Que los Schleck han hecho méritos para que el mecenas americano y Flavio Becca hayan acabado hartos de ellos es un hecho. Profesionalidad en cuestión constante, tácticas de carrera penosas, un positivo, una lesión mal curada y eterna,… con la cantidad de gente que hay a la espera de tener una oportunidad es como insultante ver la carencia de luces de esta saga.

El desenlace aunque previsible desde luego se ha adelantado varias estaciones. Cuando estos días se ha hablado de la continuidad de la estructura con Trek, sólo Fabian Cancellara, parte del núcleo duro de los luxemburgueses desde hace mucho tiempo, ha sonado en la rebautizada estructura. De los dos parientes nada se dijo. Frank dice que quiere seguir al lado de su hermano, cuando se ha demostrado que es la compañía más nociva que pesa sobre la espalda de Andy.

Sólo recordar las ediciones de 2010 y 2011. En la primera con Frank en casa retirado, Andy puso contra las cuerdas Alberto Contador, dio espectáculo y corrió con sentido de campeón. Al año, con Frank comiéndole la oreja, un ciclista de calidad y talento muy limitados como Cadel Evans les comió la tostada.

De lo que no cabe duda es que esta estirpe es paradigma de nuestros tiempos. En un lapso récord pasas de estar arriba a ser un don nadie. Habrá que ver dónde acaban estos dos ciclistas centroeuropeos, encontrar sitio es sencillo, el problema es saber a qué precio.