El quinto fue el mejor Tour de Indurain

Miguel Indurain La Plagne JoanSeguidor

El dominio de Indurain en el quinto Tour fue sublime

En nuestro frecuente viaje al pasado, queríamos acordarnos, ahora que ha transcurrido más de un cuarto de siglo, del que consideramos el mejor triunfo de Miguel Indurain en el Tour.

Y lo situamos en el último, el quinto, para nosotros sin lugar a dudas una obra de arte de abajo arriba, el ejercicio de control y dominio sublimado por quinta vez, el más difícil todavía, pues no sólo seguía siendo mantenerse, también implicaba mejorar las cuatro ediciones anteriores.

En 1995 Miguel Indurain se plantaba en el Tour con el dorsal uno, sin el Giro en las piernas y la certeza de que entre Francia y el mundial en Colombia iba a estar el cogollo de la campaña.

Y así fue.

En todos los campos que toquemos el quinto fue el mejor Tour de Miguel Indurain

Quizá sólo falló una cosa a la que nos acostumbró, la tarde de escabechina contra el reloj que sí que nos ofreció en Luxemburgo, Lac de Madine y Bergerac, la mejor de estas tres la dejamos a gusto del consumidor, para nosotros algo como lo de Luxemburgo fue único e irrepetible.

De hecho Indurain no ganó por aplastamiento la primera crono larga, en las Ardenas, nada menos que saliendo de Huy en un ejercicio que pareció de contención, pues mantuvo y mantuvo, en especial a Bjarne Riis, hasta ganarle por la mínima al final.

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Pero era suficiente, más que suficiente.

Aquella crono formaba parte de un díptico belga celebrado en fin de semana que se había abierto un día antes con la jornada de Lieja, aquella famosa que se escapó con Johan Bruyneel, donde emergieron dos cosas.

Por un lado el patriotismo sin fundamento de aquellos que pensaron que el belga debió dejar ganar a Indurain por que éste hizo todo el gato y además se debía a un equipo español.

Por el otro la rivalidad con el equipo ONCE, un auténtico martillo sobre la resistencia de Indurain y su Banesto.

En La Plagne, primer día de Alpes, Alex Zulle lo puso todo al límite hasta desencadenar la reacción furibunda de Indurain en el que consideramos su mejor día sobre la bicicleta, aquella subida al coloso alpino.

Luego, unos días después en Mende, ya sabemos a dónde llevó las cosas Jalabert, acompañado por Mauri y Stephens, una barbaridad de jornada que puso al límite a Banesto.

Se sorteó el que quizá fue el órdago más grande que Miguel Indurain haya tenido jamás que lidiar en el Tour, y lo hizo para añadir más brillo, si cabe, a su quinto triunfo en Francia.

El dominio y presencia de Indurain en ese quinto Tour hizo que una carrera que era un avispero -allí convivían Jalabert, Pantani, Rominger, Riis y Zulle, entre otros- nunca pareciera fuera de control.

Y es que, más que nunca, pareció hacer fácil lo más difícil, encadenar Tours como quien aprendía a sumar.

Cosas que creo nunca volveremos a ver.

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El nueve titular del Tour en el siglo XXI

Tour de Francia - Chris Froome JoanSeguidor

En este nueve del Tour de Francia cabe todo tipo de corredor

En los últimos veinte años, el ciclismo ha sido sacudido de arriba abajo, de izquierda a derecha, en todas las direcciones.

Una sacudida que ha tenido que ver mucho con el punto de partida, un deporte que tocó fondo en 1998 y que tuvo réplicas años después con episodios como San Remo en un Giro y la propia Operación Puerto, la madre de todas las operaciones que hemos ido presenciando.

El ciclismo de los noventa fue el que hilvanó nuestra querencia por el deporte más bello del mundo, era atribulado y como vimos, adulterado, y dio paso al que conocemos hoy, dos décadas de ciclismo en el que las cosas han pasado a decidirse en ocasiones en una pantalla, entre números y vatios, valores que rigen el esfuerzo colectivo de grandes bloques que monopolizan el ritmo y no dejan sitio a la emoción.

Así ha sido el Tour estos veinte años del nuevo siglo… y en este contexto hemos elegido nuestro nueve ideal

Arrancamos por el velocista que, en tiempos modernos, se ha metido en la leyenda de las estadísticas, Mark Cavendish, el socarrón hombre rápido de la Isla de Man que ha construido un legado que le ha situado en el top de un ciclismo, el británico que ha desembarcado con todas sus leyendas.

Que Cavendish nade entre Merckx e Hinault lo explica todo

En la órbita de la velocidad, pero también del arte de rodar, el Tour tuvo la suerte de disfrutar del mejor Fabian Cancellara, venido de la entraña de la primavera para brillar en todos los terrenos, dominando prólogos, reventando llegadas en gran grupo, conduciendo estrellas por el pavés y alimentando incluso la posibilidad de disputar un día la general del Tour.

Una quimera que duró muy poco que no eclipsa la trayectoria de una leyenda.

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Nuestro escapista se llama Thomas Voeckler, el ciclista que nada entre el amor y el odio, que hace sin mirar atrás ni importar quién le sigue o quién le critica.

Él simplemente se escapaba y no hacía amigos, saltaba y remaba y remaba hasta ganar en jornadas en las que el tedio del pelotón y el control nos chafaban la guitarra.

Pero si estuvo a punto de ganar un Tour contra todo pronóstico…

… pero aquella edición que casi cae en su saco acabó en el de un australiano que sacó oro de sus limitaciones, Cadel Evans, un tipo que como Voeckler coqueteó con el desprecio de muchos pero que hizo la suya de tal manera que nunca desistió, ni cuando Contador le ganaba, ni cuando Sastre le hizo lo propio.

Cadel Evans no será el ciclista más admirado, pero sí que fue admirable y eso le mete en el nueve ideal: ganó el Tour de la guerra fría entre los Schleck y Contador.

Hay una estadística que muchos seguro no reparan pero que hablan de solidez y consistencia, sin estridencias ni ruido.

Fue la línea de Haimar Zubeldia, 16 Tours de Francia, todos en este bendito siglo y cinco en el top ten

Fue cabeza de cartel del naranja de Euskaltel, no se distinguió por atacar pero sí por estar, figurar siempre ahí, nunca dejó la foto.

Aunque para fotos, Peter Sagan, quien con el verde como excusa y consciente de que el Tour es lo más ha hecho un monumento al ciclismo, sacando brillo a aquellos momentos que muchos consideran relleno, ganando y no ganando, quedándose en la orilla, entrando con los mejores velocistas, cazando todas las escapadas y honrando el deporte que le ha dado todo lo que es.

Team Sky- Tour Geraint y Froome JoanSeguidor

Y como no podía ser de otra manera, tres elementos del Sky-Ineos

Primero el gregario estrella de estos veinte años, Richie Porte, ciclista que fue clave no, lo siguiente, para que Froome ganara sus dos primeros Tours, un conseguidor preñado de tanta clase que acabó estos veinte años subido al podio del Tour, un sueño hecho realidad para un tasmano que en su adolescencia se levantaba de madrugada para ver la mejor carrera.

Luego Chris Froome, cuatro Tours en el zurrón, con sus momentos malos, siempre superados con nota, con un equipo que ha sido el Equipo, bebiendo las formas del mismo US Postal del campeón que nunca existió.

Para concluir Egan Bernal, por ser el primer colombiano pero sobre todo por que en tres Tours ha sido parte de todos los titulares.

En el primero deslumbrando por su trabajo más allá de lo razonable para Geraint Thomas, el segundo por asaltar el trono a una edad que hasta no hace tanto era de formación y el tercero por sembrar de puntos suspensivos el futuro, pues lo complicado no es llegar y sí mantenerse.

Ahora vamos a por los siguientes veinte Tours.

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La primera pregunta del nuevo año: ¿Tour o Juegos Olímpicos?

Greg Van Avermaet ganando el oro olímpico

El coletazo de la Covid19 obliga a elegir entre Tour y Juegos Olímpicos

Quien pensara que el cierre de 2020 implicaría un cambio sustancial sobre la realidad del coronavirus y su influencia en el mundo estaba inevitablemente muy equivocado.

La realidad en esta crisis es tozuda, pudiendo torcer todos y cara uno de los pronósticos e ilusiones que tracemos en el corto o medio plazo.

La campaña 2021, que aún no ha roto a sudar, pero que ya anuncia cancelaciones -Colombia y Australia, por el momento- seguirá marcada por una desgracia que si ha tenido algo es no dejar a nadie indiferente.

Cuando ya se están afinando calendarios y planificaciones, cuando justo se están empezando a repartir objetivos, la noticia de la cuarentena de dos semanas en Tokio ha irrumpido cual elefante en los pasillos de un ciclismo que pensaba que para entonces la situación iba a estar normalizada.

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Estar en los Juegos Olímpicos entra en colisión con competir en Tour de Francia.

Esto es ahora, estos días, de aquí a julio no sabemos hasta qué punto las cosas estarán en el mismo grado, mejor o peor, o si para el ciclismo se puede buscar una solución alternativa.

De una cosa estamos seguros, en los países del extremo oriente estas cuestiones se toman, de inicio y final, con más seriedad que por aquí, por eso pensar que se puedan cambiar las tornas no es sencillo, aunque también es cierto que la pasada campaña ha demostrado que en el ciclismo se saben tomar buenas y efectivas precauciones.

Por eso la pregunta que llega con las campanadas de 2021 es obvia: ¿Tour o Juegos?

Si la ronda francesa ha salido de su zona de confort, el mes de julio, para no coincidir con la cita nipona y permitir estar en ambas citas a parte de los grandes favoritos, las dos semanas preventivas hacen saltar por los aires correr ambas pruebas.

Y ojo que no son pocos los que se nos ocurren para Tokio que seguro piensan en estar en el Tour, desde el campeón del mundo, Alaphilippe, a la vigente medalla de oro, Van Avermaet, que en Francia acostumbraba a firmar buenas actuaciones, con etapas y días de amarillo.

Pero añadidle a Hirschi, Roglic, Carapaz, Schachmann, Pogacar, Landa, Uran, Nairo, Van Aert, López y otros tantos para considerar que el destrozo es importante.

Una afectación por la que no pasan ni Alejandro Valverde ni Vincenzo Nibali, para un servidor el «ganador moral» en Río de Jainero, aunque como me dijeron una vez, eso de «ganador moral» es una gilipollez.

Tampoco para Remco Evenpoel, que retrasa su estreno en Francia, al ritmo que va, esperemos que no se le pase el arroz.

En ciclismo el Tour de Francia lo es todo, ganarlo o brillar en él cambia el estatus y la perspectiva, trasciende al ciclismo, sin duda, pero en el mundo, la vida, los Juegos Olímpicos son la eternidad, no es sólo deporte, es sociedad, estatus y caché.

Eso y que son cada cuatro años nos brinda en bandeja una hipótesis muy plausible estos días: que más de uno no concilie el sueño pensando cómo se lo va a montar.

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#Moment2020 La Planche des Belles Filles en el golpe de Pogacar

Tadej Pogacar Tour joanSeguidor

Al caer la tarde en la Planche des Belles Filles, salió el sol de Pogacar

En la intrahistoria de Planche des Belles Filles no pudimos entrar en los silencios y sollozos de la interioridad del Jumbo o del UAE, tampoco asistimos al ruido de la noche, el rechinar de las copas de champagne y los discursos, en la intrahistoria de la gran tarde de Tadej Pogacar no hay ambages ni matices a los que agarrarse más allá de la emoción vivida.

Una emoción que fue como esa costra blanca de chocolate y mascarpone de una «carrot cake», lo que se vio y recordamos, por más que lo haya debajo lo ignoremos.

Sin embargo algo pudimos intuir y preguntar a Matxin, el hombre al volante del coche que iba tras Pogacar en Panche des Belles Filles.

Aquello estaba premeditado… 

¿Cómo preparasteis la crono final?

«Dos meses y medio antes fue un grupo del equipo con masajistas, técnicos y mecánicos. No hicimos nada estratosféricamente diferente al resto, pero lo controlamos absolutamente todo»

¿Como qué?

«Desde los vatios a mover, a la actitud, cada curva y los desarrollos. Ensayamos el cambio de bicicleta, la primera llevaba un 58 y las bielas más aerodinámicas del mercado, la segunda las más ligeras y un plato único…»

Eso es ir muy convencido para el amarillo…

«No podemos ocultar que era un objetivo que veíamos realizable, esa era la idea ganar: pero no dependía sólo de nosotros, había otras cuestiones, Pogacar debía tener una superprestación y Roglic no estar en su mejor día»

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Y así se escribió el guión de una tarde de septiembre, para la decisión de todo un Tour de Francia, así, con renglones torcidos y letra precipitada, en una de esas cosas que sin duda flotan en la memoria para siempre.

Primoz Roglic había dominado sin mayor apuro el 99% del Tour de Francia, sin más apuro que el sentir el aliento de unos rivales que si bien estaban distanciados, nunca corrieron descartados, pues la ventaja no era decisiva.

Sin embargo, una crono, con final en alto, a 24 horas de París, en la prestigiada cima de la Planche des Belles Filles no parecía el escenario para que Roglic sufriera un butrón, ni siquiera por parte de Pogacar.

Algunos pensamos que tras el Col de la Loze Pogacar no podía optar al Tour… le preguntamos a Matxin.

«Puede ser, pero hay que tener en cuenta que esa etapa para Tadej es la primera de su carrera de esas características, con puertos de 2000 metros y varias horas de ascensión. Roglic fue quince segundos mejor, pero salió vivo»

Salió vivo y coleando, salió con todo, a por todas.

La suerte es aquello que siempre necesitas a tu lado, en ocasiones viene sola, otras hay que perseguirla

Pogacar la persiguió y la encontró en la Planche des Belles Filles en una alineación de astros que recordó al gran hundimiento, hace más de treinta años, de Fignon ante Lemond en París.

Aquello cayó a plomo en los libros de historia y dio luz a una campaña que todos presumíamos muerta por la pandemia, no hace tantos meses.

El ciclismo corre entre imberbes de 20, 21, 22 y 23 años, Roglic lo entendió bien esa tarde y Pogacar lo rubricó como testimonio de que este ciclismo va por caminos muy diferentes a los acostumbrados, donde la edad no es tan importante, y sí el talento, la ciencia y el trabajo bien hecho.

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No veo a Richard Carapaz ganando el Tour de Francia

Carapaz se ve capaz para un Tour que no vemos el más propicio

¿Qué nos parece Richard Carapaz?

Pues un corredorazo que ha crecido en dos años como si una vida hubiera transcurrido por medio.

Pudimos verle ganar en Courmayeur hace año y medio, poniendo la primera piedra en su victoria del Giro de Itala, marcando de oro una jornada en la que Richi se hizo mayor, moviéndose en el momento exacto y sacando partido del marcaje casi obsesivo entre Roglic y Nibali.

En Verona, en su Arena, cambió el estatus y desde entonces ya no es un corredor que goce del factor sorpresa, al contrario, compite vigilado y respetado por unos rivales que saben que en cualquier momento tienen una china en el zapato con este ecuatoriano inquieto que crece según pasan las etapas y busca cualquier renglón para abrir brecha.

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El año que acaba era una reválida para Richard Carapaz que debutaba en un Tour que no estaba en los planes, lo suyo era defender la corona en el Giro.

En Francia cambió sin problemas de papel, una vez Egan Bernal se vino abajo, asumió el mando del equipo firmando unos Alpes antológicos, siempre escapado, abriendo la puerta al estreno de Kwiatkowski en el palmarés de la grande boucle.

Esos días de Tour que Carapaz luchaba y luchaba sin resultado, pues al final hasta Pogacar le quitó la montaña, admiramos el tesón y valentía de un corredor que nunca bajó los brazos.

Y esa tenacidad pareció tener recorrido en la Vuelta hasta que se cruzó con Roglic.

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El mismo al que había batido en el Giro, le paró los pies en España en un balance que es positivo, ser segundo es un resultado muy bueno, pero que siempre nos dejará con la duda qué habría pasado si hubiera tentado antes en la Covatilla, un kilómetro antes y…

No lo sabremos nunca, y poco podemos darle vueltas, pero la duda queda, aunque, claro, si hubiera saltado antes quizá habría muerto en la orilla, eran casi tres semanas de competición a cara perro en las piernas.

En todo caso Carapaz sacó ese espíritu que nos prendó en el Tour en el momento cumbre de la Vuelta para hacer soñar a quienes creen que este ecuatoriano puede volar aún más alto.

Richard Carapaz ha sido el mejor ciclista latinoamericano en una campaña rara caracterizada por la ausencia de colombianos en los podios de las grandes, una de las imágenes fijas de estos años.

 

Leemos que ahora se centra en el Tour de Francia, no querría saber lo que sería Ecuador si Carapaz gana allí, aunque se nos hace complicado pensar que pueda lograrlo.

Y por varios motivos…

Por un lado por que el Tour se ha granjeado una lista de favoritos en la que corredores como Pogacar creo que va a hacer falta algo más que suerte para que los apeen.

Luego está el recorrido que no es el que era, con menos montaña, más concentrada y un par de cronos, de las que podría salir vivo pero sí tocado.

Y por fin el propio Grenadier, donde las jerarquías de noviembre poco tienen que ver con las que se plasman durante la carrera, aunque ahora mismo no son pocos los que podrían optar, y eso que Froome ya no está en la terna.

Así las cosas, Carapaz no necesita el Tour para ser querido y admirado, en todo caso, necesita seguir así, corriendo como lo hace, equidistante entre la agresividad y la estrategia, por

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El recorrido del Tour: nunca llueve a gusto de todos

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A vueltas con el recorrido del Tour, son los corredores quienes lo pueden hacer bueno o malo

Lo cierto, si lo pensamos ahora, cualquier presentación del recorrido del Tour, o de otra grande, es un evento para quedar con amigos y hacer palomitas.

Es increíble lo que genera el mapa de una gran vuelta y cuánto nos gusta darle vueltas.

Recuerdo hace treinta años, cuando esperábamos en «candeletas» el Ciclismo a Fondo previo al Tour o la Vuelta, para indagar el paso de los corredores, los puertos, las posibles trampas, las odiadas llegadas al sprint… como si fueran etapas que no computaran.

Hoy, el organizador del Tour sabe que con su recorrido va abrir heridas en la gente, generar susceptibilidades entre territorios y contentar o mosquear a los ciclistas.

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Sobre la presentación del recorrido del Tour este domingo por la noche, en prime time, ya dimos nuestra opinión: es mejor que el de otros años, bastante además, aunque como todo en la vida, mejorable.

Se ha cumplido con una demanda generalizada con las contrarrelojes, a la de treinta del final, le han sumado otra de más de veinte, y sin repechos imposibles ni nada parecido, un ejercicio de precisión suiza entre los grandes especialistas del mundo.

Por otro lado, se lamenta la omisión de grandes puertos y que las jornadas de montaña sean cortas.

Como dijimos es mejorable, sí, pero es lo que hay, es una vuelta a la tradición, aún a mitad de camino, pero vuelta, una admisión por parte de los organizadores que lo de estos años ha sido en un 90% infumable.

Ediciones del Tour cuyo recorrido ha sido más bonito en la disputa de etapas que en la pugna por la general.

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Dicho todo esto, cuando nos empachamos de recorridos, de posibilidades, de variantes que se pueden realizar, omitimos el lado humano de la carrera: los ciclistas.

Y es que, señores, podemos estar aquí debatiendo de lo humano y divino de Tignes, Tourmalet o Portet, que si los ciclistas neutralizan la cosa, poco o nada veremos.

Y ese es el problema del Tour, una carrera en la que todos llegan tan bien y con tanto que ganar y perder que el bloqueo se impone.

Llevamos años de Galibier, Izoard, Tourmalet y Aubisque subidos a trenes imposibles de descarrilar, dando una imagen tan engañosa de la realidad que algún incauto ha dicho, con sus santos huevos, que un cicloturista podría ir ahí metido y aguantar a los pros.

 

La gente se queja de ocho posibles llegadas al sprint en el recorrido del Tour, del kilometraje de las grandes etapas de montaña, del llano que precede a la traca final de las jornadas pirenaicas… pero no piensa que, por ejemplo, parte de las mejores etapas de los tiempos recientes se han producido en parajes como la Bretaña, punto de partida de esta edición, donde el viento y los cambios de sentido son perfectos para destrozar pelotones y abrir distancias siderales.

La gente se olvida que la liebre salta en el lugar menos pensado, y que la organización puede meter más de 5000 metros en una etapa que si Jumbo pone sus galgos mirad lo que pasó en el Col de la Loze, hasta muy al final todos juntos y diferencias limitadas.

Al menos tenemos la seguridad que la primera crono abrirá primeras brechas y a la segunda  habrá que llegar con deberes hechos.

Valoremos ese avance, como algo positivo, por que lo es, y esperemos que los corredores den luz a un recorrido que como todos está en manos de ellos.

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Recorrido del Tour 2021, el guiño que estábamos esperando

Más cronos y encadenados montañosos en el recorrido del Tour 2021

A veces, los que somos muy de una cosa, corremos el riesgo de ser insoportables y dogmáticos, hecho que ocurre mucho en ciclismo y en especial con los recorridos que miramos con lupa, como el del Tour 2021 en este caso, exigiendo trazos sobre el mapa que creamos respetan la tradición.

Pero ¿qué es tradición en ciclismo?

Es seguir con lo que te ha hecho grande, potenciarlo y mostrarlo orgulloso, en el caso del ciclismo, de las grandes vueltas, entendemos por tradición una forma de hacer que ponga al Tour 2021 frente al espejo y se reconoce.

Eso sucede, y es un paso adelante.

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Tras varias ediciones deambulando, que les habrán sido rentables en captar nuevos públicos, otra cosa es que sean fieles, creemos que el Tour da un paso atrás en el tiempo y se arma de un recorrido que en este 2021, esperemos que para entonces con cierta normalidad, bebe de esos valores que creemos inherentes a una gran vuelta.

Por ejemplo, el fondo, con la presencia de alguna etapa que supera los 200 kilómetros, un hecho que se potencia en una en especial, con final en alto, que se irá hasta casi los 250, un hito en el ciclismo moderno.

Es cierto que las grandes etapas de montaña siguen patrones de distancia similares, pero ello no nos quita de admitir que hay más kilómetros en general, al menos en apariencia.

Queda otro rasgo que nos gusta, el Tour 2021 mete dos cronos individuales en su recorrido, otro hito, un hitazo, que habla de justicia y equilibrio.

Nairo, Landa, Bardet, Pinot y toda esa generación al asalto de los cielos de París lo van a tener muy complicado, los Tours a los que optaron les daban chance, esta vez pesan dos cronos ante los fenómenos que crecen, más los especialistas sempiternos como Dumoulin o Roglic, sin saber qué será de Froome.

La lacerante dejadez de la organización frente al noble ejercicio de la lucha contra el reloj tiene un ¿paréntesis?

Que venga una hornada con Pogacar, Evenepoel y Ganna merece el premio a una disciplina que en el Tour 2021 tiene dos brochazos de 27 y 31 kilómetros en primera y tercera semana, en vísperas de llegar a París.

Premio.

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Y luego la montaña, que es montaña de verdad, que no se reparte por maratonianas etapas, pero que implica grandes cumbres y encadenaros que pondrán el foco sobre los equipos y lo que quieran hacer.

El pliego alpino no hollará las grandes cimas, pero le dará otra oportunidad a Tignes, descartada por el aguacero el día que Bernal se vistió de amarillo, tras Saisies y Roseland.

Eso tras un entremés que nos suena, la dupla Romme-Colombiére camino de Le Grand Bornard, allí donde Contador sacó los colores a Kloden y la mala hostia de Bruyneel.

 

Entre macizos una etapa que hemos de admitir nos pone, y mucho, por que se programa justo a mitad de carrera una doble ascensión al Mont Ventoux, una idea que nos entusiasma en un bucle de 200 kilómetros y el último paso por el monte pelado a veinte kilómetros largos de meta.

Eros Poli tendrá sucesor.

Luego unos Pirineos que vienen con su sabor de siempre, primero llegando a Andorra, a la capital, tras descenso, y luego con dos encadenados que identifican la tradición de la cordillera en la historia del Tour.

Primero Peyresourde, Val Louron y Portet, allí en los confines donde dominó Nairo Quintana, luego Tourmalet-Luz Ardiden, una dupla de manual que otras veces venía quizá con Aspin, pero que suena bien.

En fin, que el Tour 2021 pone un recorrido que cumple con lo que se le supone a la mejor carrera del mundo, seguimos lejos de los kilometrajes contrarreloj de hace un cuarto de siglo y muchos símbolos quedan en la cuneta, pero la música que suena nos gusta, nos recuerda que, alguien ahí dentro, se ha percatado que más de cien años de historia no se pueden omitir por las modas.

Otra cosa es cómo estarán las cosas el próximo verano e hilando más fino qué querrán hacer los corredores, por que los superequipos que tantos disgustos nos dan algunas tardes ya están maquinando cómo hacer suya a mejor carrera del mundo.

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La primera grande de Van der Poel debería ser el Tour

Mathieu Van der Poel BinckBank Tour

Hemos recopilado varias razones para que Van der Poel no retrase más su debut en el Tour

La corta, intensa pero fructífera campaña 2020 de Mathieu Van der Poel se ha saldado con la estadística muy a su favor, tanto que el neerlandés tiene ahora mismo, a su disposición, la gran vuelta que quiera para debutar en las tres semanas, esta vez incluido el Tour.

Una situación que contrasta con la que se daba hace un año por estas fechas, cuando nos preguntábamos por los invitados de la Vuelta o del Giro, pensando quién le podría hacer un hueco a un corredor que tiene sus haters, pero que es magnético: su sola presencia asegura algo diferente, para su bien o para su mal, pero diferente, jugando con fuego desde distancias en las que poco se atreven,  arrastrando rivales sin importar quién y haciendo de cada jornada algo especial.

Eso es así, una evidencia trufada de sonoras victorias y estruendosas explosiones, entre las que se cuentan unas cuantas.

En dos temporadas más centrado en carretera, Van der Poel no ha dejado indiferencia a su paso.

 

Sea como fuere, las tres grandes están ahí y el Fenix-Alpecin se ha ganado el derecho de estar donde le plazca, por encima incluso del Arkea de Nairo.

¿Qué primera gran vuelta para Mathieu Van der Poel?

La Vuelta 2020 tenía buenos mimbres para haberlo tenido en su salida, un inicio que recordemos era en los Países Bajos, hasta que la pandemia la dejó por imposible.

Pero a la Vuelta le tocaba elegir y dejó fuera el equipo del «orange», quien además, con la reconfiguración del calendario hubiera elegido Flandes, y ya visteis el resultado.

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Para 2021 se abre una campaña en blanco y esperemos que con los menos cambios posible.

Dada la dimensión de Mathieu Van der Poel el Tour de Francia sería la primera e inequívoca elección

Verle en el Tour sería cerrar el círculo, uno de los corredores más carismáticos en la carrera más grande del mundo, una elección de cajón, que le completaría como ciclista, suma atractivo a una competición que no pasa por sus mejores momentos de imagen y haría felices a los fans.

El Tour de Francia encaja perfectamente en las hechuras de este corredor, entraría en un calendario que primara las clásicas de primavera, como primer objetivo de la campaña, y ofrece jornadas y llegadas que le van como anillo al dedo, con esa profusión de media montaña y trampas que toman el recorrido por el hexágono cada año.

Pero no sólo eso, hay dos temas que tienen que ver con la emoción.

Sería prolongar su duelo con Wout Van Aert a la mejor carrera, ya sabemos que el belga estaría por labores de equipo, pero tiene tanta calidad que podría pensar en sí mismo en algún momento.

En Jumbo si son inteligentes, que lo son, le abrirían esa puerta, una promoción monumental.

La otra cuestión es la familiar, Francia acogería con los brazos abiertos al nieto de Raymond Poulidor, casi dos años después de su fallecimiento y en tiempos de «reconstrucción» como aquellos cincuenta y sesenta.

Mucho me temo que Vuelta y Giro deberán esperar la luz de un ciclista que trasciende su oficio, que puso el desenlace de una Amstel o un Mundial en noticias generalistas, que emociona por cada paso que da y que tiene legión tras él.

Por que Mathieu Van der Poel y el Tour se necesitan, más allá incluso de criterios puramente deportivos.

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