Esas etapas que sólo el Giro nos sabe regalar

El Giro 2020 está entre Tao, Kelderman y Hindley a tres etapas de Milán

Cuando al inicio del Giro 2020 reseguíamos en recorrido de esta edición otoñal, mirábamos las etapas y pensábamos en lo que podría ser, la jornada del Stelvio, obviamente tomaba el protagonismo que esos 2700 metros largos merecen.

Con una carrera llena de incertidumbres, con la consulta diaria a las predicciones del tiempo y el seguimiento de los PCR´s como espada de Damocles, celebrábamos que tres jornadas de la semana final estuvieran por encima de los 200 kilómetros subiendo y bajando por Alpes y Dolomitas.

Un canto a la esencia de las tres semanas, de las grandes vueltas de siempre, del fondo extremo con la posibilidad de una sorpresa en cada momento.

Y eso ha sido la jornada del Stelvio: ante la certeza de que la jornada de Sestriere ha perdido su cuota francesa, un día de todo o nada en la que las caretas han caído y los corredores han llegado de uno en uno.

Movieron el árbol los Sunweb, ya en el falso llano hacia el inicio del gigante, y las explosiones se sucedieron, cuando aún quedaban todos esos «tornanti» del Stelvio arriba, muy arriba.

Sunweb descolgó a todos, reventó la concurrencia, salvo a Teo Georhedan, y aquello fue un poema: a ritmo, sin necesidad de estridencias, rompiendo la resistencia del líder Joao Almeida, que comprendió la intimidación que implica esta gran montaña, desde muy abajo, al tiempo que caían Nibali, Fuglsang, Majka y cia.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Hubo dos claves que desembocaron en lo que hemos visto y habremos de ver

Hecha la limpia, apareció un actor inesperado, un croner en horas bajas, o menos claras, como Rohan Dennis que hizo un trabajazo, el trabajo del año, para Tao, acabando de rematar a todo aquel que iba en el alambre.

Dennis precipitó las cosas en Sunweb, que no tuvo problema en dar carta blanca a Hindley cuando Kelderman, otra vez, empezó a flaquear.

 

Otros habrían muerto con el plan inicial, el Sunweb no, cambia guiones sobre la marcha, según dicta la carrera, eso no es muy usual.

El neerlandés Kelderman es el nuevo líder merced al freno de su compañero a Tao, pero va justo, muy justo y con lo justo, deambula con una grande a su alcance pero el agua cuello.

Párrafo a parte merece Jai Hindley, el hombre del Giro, pase lo que pase hasta el final, un ciclista que saca y remata los córners, que ha dado un paso que, sinceramente, en este mal anillado cuaderno nunca imaginamos.

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En un Giro sin estrellas, de terceros y cuartos espadas, como no se cansan de repetirnos, hemos visto una de esas etapas que te reconcilian con el ciclismo de verdad, el de fondo real y dureza acumulada, en una jornada que distinguiremos en el futuro por sus explosiones y sorpresas.

Un premio que nos llega ya en octubre.

Sólo mirar la general habla del espectáculo visto, sacudida bestial con Kelderman, Hindley y Tao en un pañuelo, pero un Bilbao, un Pello Bilbao sublime, a poco más de un minuto, y el resto más allá de dos.

 

-escrito el 7 de octubre-

Las etapas tipo Giro condecen una incertidumbre impagable

Etapón del Giro de Italia nada más pisar el continente, una de esas «etapas Giro»…

Esto es el Giro, 225 kilómetros desde la punta de la bota hasta la planta de la misma sin descanso, ni un metro de llano, control imposible, carreteras ratoneras, Calabria en estado puro.

Son esos días de doble filo, un placer para el espectador, una tortura para los ciclistas, si bien estos serán conscientes del espectáculo que estarán ofreciendo.

En 2013, cuando Bradley Wiggins desembarcó en Italia como ganador de Tour y toda la armada a su alrededor, el naufragio se inició y se consumó en estas etapas, trampas a nuestros ojos que nadie, ni el bloque capaz de bloquear el Tour, puede controlar.

Hace unos días hablamos de tres etapas que el Giro sigue trazando que el Tour se ha olvidado hacer.

Todas en el tramo final de la carrera, pero ahí está esta trampa de primera semana y una general que Sicilia ha dejado sacudida, por que si Joao Almeida lidera, los favoritos no le tienen lejos.

Con Geraint fuera y Simon Yates en el alambre, que no descartado de todo, cabrá ver qué trama el maestro Vincenzo Nibali en una de esas jornadas que en tiempos no tan lejanos retratarían su grandeza ante el tablero y la pizarra.

No es el mejor Nibali, la edad pesa, pero a su favor tiene esa sapiencia tanto del lugar como del oficio, y al mismo tiempo una pléyade de rivales que aún no ha demostrado solidez en grandes vueltas y ahí van Kelderman, el mejor situado de todos, Pozzovivo, excelentemente recuperado de su caída en el Tour, Fuglsang, que ya ha quemado muchas oportunidades en estas citas, Mc Nulty, incógnita, Kruijswijk, queremos creer que irá a más, y Majka, un ciclista que cuesta querer.

No son la primera línea del ciclismo mundial, pero nos prometen buenos ratos y emociones, en el Etna se han movido más que muchos de os favoritos del Tour en tres semanas y es que las etapas que definen el Giro motivan que en Italia disfrutemos generalmente la mejor grande del año.

 

-escrito el 2 de octubre- 

Equilibrio, fondo y dureza marcan el Giro frente a un Tour cada vez más empobrecido

En la semana que arranca el Giro, sabido es que «le Tour c´est le Tour», sólo hay que ver cómo han acudido todos a la llamada de la primera edición de septiembre.

El Tour es la excelencia en el ciclismo y un precioso y cuidado publirreportaje de Francia que gustosamente nos tragamos, trasladando la perentoria necesidad de planificar tus próximas vacaciones en el país vecino.

Sólo hay que ir a una librería de Londres y Armsterdam, donde la literatura ciclista trepa por los estantes, para ver el porcentaje de libros que hace referencia al Tour, llegando incluso a la redundancia, tratando temas mil veces comentados, divulgando anécdotas que nos sabemos hace años, hablando de puertos cuyo perfil dominamos con los ojos cerrados…

Es una pista, quizá la menos representativa, otras hablan de una carrera de cuyas andanzas sabemos más allá de los círculos estrictamente ciclistas, una carrera que encumbra leyendas al mismo ritmo que las entierra.

La competición en la que todos piensan cuando un baby explota es el Tour, no el Giro o la Vuelta, ni siquiera las clásicas.

Pero no por esa áurea el Tour es intocable, ni merece crítica, cuando se la gana a pulso…

Los recorridos de la mejor carrera del mundo no dejan de empeorar, a la salida casi total de la contrarreloj, el Tour que encumbró estilistas atemporales como Anquetil o Indurain, se suman las llegadas en alto sin solución de continuidad y la erradicación de las etapas antaño imprescindibles, aquellas que encadenan dureza, puertos, metros y desnivel suficientes para que la carrera llegara en goteo a meta.

Jornadas como la de Val Louron, Tour del 91, o de Sestriere, al año siguiente, jornadas que encadenen Glandon, Galibier y Alpe d´ Huez, o los colosos pirenaicos, desde Tourmalet a Aubisque siguiendo por Aspin o Peyresourde o Luz Ardiden, por el otro lado.

Si son puertos y geografías que nos sabemos de memoria.

En este Tour 2020 sólo una etapa podría cumplir ese perfil, el de la Col de la Loze, con la Madeleine en medio, pero ya está, punto, sin más margen que 168 kilómetros, distancias a todas luces pequeñas para una carrera que presume de ser la guinda del gran fondo y la agonía que define este deporte.

Y en este terreno, no queremos entrar en otros, el Giro le ha comido la tostada al Tour.

La carrera italiana no tendrá la nómina de la francesa, siempre ha sido así, pero un ojo sobre su perfil es una gozada de equilibrio y respeto a los principios que definen las grandes vueltas: fondo, dureza e igualdad de oportunidades.

Y sobre ese triángulo el Giro dispone de tres cronos, una al inicio, en cuesta abajo, ojo, otra en el ecuador, poco más de 30 kilómetros y el epílogo en Milán, 16 kilómetros que cambiaron el nombre del ganador en el último momento un par de veces: de Purito a Hesjedal y de Nairo a Dumoulin.

Pero hay más, hay etapas de manual para una gran vuelta, y más para el Giro de Italia, etapas que no vimos ni por asomo en el Tour y que nos ponen los dientes largos.

Tras una primera mitad con dureza contenida, el final es tremendo, tanto que siendo para mediados-finales de octubre, crucemos los dedos se pueda hacer.

Piancavallo es un entrante ante los 202 kilómetros que llevan a Madonna di Camiglio, con tres puertos en la ruta, antes del final.

Al día siguiente Laghi di Cancano, con el Stelvio de entremés, el otro día estaba a menos siete en la cima y nevando.

Y el maratón a Sestriere, 200 kilómetros clavados con Agnello, a saber cómo estará, Izoard y Montgenevre antes de volver a Italia.

No es cuestión de decir si una cosa es mejor o peor, el Giro y el Tour hacen sus elecciones, pero los dos beben de la misma historia, la que les ha puesto allí donde están ahora mismo, en lo mas alto, siendo seguidas y alabadas por toda la afición.

Ahora bien, si nos dan a elegir, nos vamos con los ojos cerrados a Italia, por que al menos existe cierto halo de respeto por lo que ha hecho grande al ciclismo y es esa dureza extrema que ha sacado lo mejor de los ciclistas en los peores momentos posibles.

Está claro que el Giro no va a tener la meteorología del Tour, pero si el plan sale como estaba trazado, ya podemos suponer que será un planazo.

Imagen: © BORA – hansgrohe / Bettiniphoto

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¿Hay doble rasero entre el Giro y el Tour?

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Siempre veremos con mejores ojos el Giro que el Tour de Francia

Días raros en el Giro de Italia, días que también vemos en el Tour de Francia, pero con la suma de la zozobra de un positivo por Covid19 en Simon Yates.

Días raros en el Giro, en los que el mes de octubre pasa factura, hace fresco, la incertidumbre de las grandes cimas y cuando la niebla se echa, deja la «casi» noche sobre el pelotón.

Desde hace tiempo me pregunto por una expresión que se ha hecho muy popular en el ciclismo, muy empleada estos tiempos en las grandes vueltas.

Hablo de la expresión «fumarse una etapa»

Por que pocas expresiones puede sonar más despectivas, fumarse una etapa del Tour, fumarse una etapa del Giro.

El aficionado es exigente, piensa que está ante gente que se recarga como un móvil todas las noches y que al día siguiente están prestos para estar perfectos, como si nada.

Y no es tan sencillo, a la presión y cansancio normales de una gran carrera, se une esta mierda de incertidumbre en la que no sabes si habrá un mañana para competir, si es mejor guardar o quemar los barcos en el objetivo, un sin Dios.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Hizo el otro día nuestro amigo Jon esta reflexión en twitter…

Las respuestas dan una pista, pero nosotros tenemos nuestra versión para ser más críticos con el Tour antes que con el Giro.

Primero por que objetivamente en Italia se ha visto mejor ciclismo de aquí a Lima en lo que llevamos de nuevo siglo.

El Giro nos ha dado excelentes tardes de ciclismo, la edición de hace diez años con sorpresa diaria y el asalto final de Basso al rosa de David Arroyo, la jornada mítica de explosiones en la edición de 2002, cuando Evans fue un día de líder, el acoso de Riccò y Di Luca a la maglia de Contador, el duelo de éste con los Astana siete años después, los dos Giros de Nibali, el primero bajo la nieve, el segundo posiblemente la mejor grande que hayamos visto, la remontada de Carapaz el año pasado con Roglic obsesionado en Nibali, la cabalgada de Froome hacia Sestriere…

Son tantos y tan buenos momentos los que nos ha dado el Giro que objetivamente podemos decir que ha sido mejor carrera que el Tour

Pero es que éste se precia de ser lo más en ciclismo, y lo es, por que lo que suceda en Francia trasciende el deporte ciclista, aunque para ello quepa sumar un poco más que el rival, sin necesidad de lucir más o mejor.

La década reciente del Tour ha sido una carrera bloqueada por un equipo aupando al suyo de turno a la victoria.

Sólo tenemos momentos memorables del Tour en años recientes con la jornada del adoquín de Nibali, las cabalgadas de Nairo en su primer podio y el asalto de Egan Bernal en el Iseran.

El Tour de los tiempos recientes se disfruta más por la disputa de etapas que por la general

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Criticar el espectáculo que se ve en el Tour es algo que se ha instalado a tal punto que hasta los ciclistas han entrado al trapo, se han sentido interpelados, como sucedió en la primera semana de esta edición.

Sabemos que en Francia se juega el grueso de la campaña de casi todos los grandes, y no tan grandes, equipos, y ese peso lastra la carrera, hay miedo y luego jugosos puntos que permiten que un top ten se premie más y mejor que la valentía.

Esto último sucede en el Giro, pero a diferencia del Tour, en Italia siempre se asumen más riesgos, por término medio, incluso diríamos que los equipos profesionales italianos son cien veces más combativos que los franceses del mismo peldaño.

El Giro rara vez pasa sin pena ni gloria, siempre nos deja una hilera de perlas en el camino, un recorrido mucho más equilibrado y enfocado a los fondistas que el del Tour, con opciones para todo perfil de corredor e incentivos a labrar tu suerte.

Vuelvo a repetir no sabemos quién inventó el término de fumarse una etapa, lo que sí os puedo decir es una cosa, que incluso etapas que se fuman vemos intrahistorias que merecen ser conocidas, como la de Alex Dowsett, un inglés de la vieja guardia, que ya había ganado una crono en un Giro, el de hace siete años, a su querido Brad Wiggins.

Por eso, y por que es la más bonita de las tres grandes, en este mal anillado cuaderno cuesta ver el grano en el ojo del Giro como sí se lo vemos a las otras dos grandes.

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«Lo mejor es que Pogacar tiene margen» Matxin

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El relato de Matxin de cómo Pogacar ganó el Tour de Francia 2020

En las imágenes posteriores a la crono de La Planche des Belles Filles, las imágenes de Matxin zarandeando, casi acosando, a Tadej Pogacar ponían brillo a un triunfo que no es cualquier cosa, acababa de sentenciar un Tour de Francia.

Así las cosas tenemos a Matxin al otro lado de la línea…

Muy buenas Josean, ¿qué tal se duerme en días como estos?

«Con este cansancio, muy bien, tampoco soy de darle muchas vueltas a las cosas en la cama»

¿Qué tal es Pogacar para Matxin en lo personal?

«Un tipo muy normal, educado, que sabe escuchar y entender lo que necesita el equipo«

¿Y en lo profesional?

«Excelente, aunque tiene cosas de la edad. A veces no es tan estricto con la comida como lo son otros, y nos choca. Entiéndeme, come sus hidratos y todo lo necesario, pero a partir de ahí, igual caen unos Doritos o unas chips, cosas que son un capricho pero para nada un desmán en la preparación»

Una de las cosas que nos llamó la atención es cuando ganó Algarve el año pasado con esos mofletes…

«Es que tiene margen, también en este sentido. En esa carrera que dices no estaba definido y mira lo que hizo. Yo le conozco desde febrero de 2017 y entonces era una persona de constitución normal. Sus piernas eran normales, de hecho en un masaje de este Tour, le vi por primera vez una vena aflorar»

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¿Puede Matxin decir que Pogacar vino con idea de ganar el Tour desde el principio?

«Eso nadie lo puede decir, al menos de inicio, a sabiendas que no eres el único que compite y que hay rivales muy duros. Hay que ser realista, progresar siempre recordando quién es tu rival»

Visto ahora, la etapa en la que perdió tiempo Pogacar hasta os benefició viendo lo mermado que estuvo el UAE

«No hay que olvidar que perder tiempo nunca es bueno, pero fue un incentivo. Tadej es muy de mi estilo, le gusta atacar y dejarse ver. Sabíamos que podía remontar, mira la Vuelta que hizo el año pasado en la que nunca dejó de explorar sus límites»

¿Por qué se cortó ese día?

«Pinchó un par de kilómetros antes, cuando la caída de Mohoric y Bilbao. Llegó al grupo cuando el corte ya estaba hecho, a partir de ahí ya sabes que corres para perder tiempo, con cuatro o cinco equipos por delante a tope contra ti»

Pirineos, cuando ataca en Peyresourde ¿es con idea de meterse en el podio?

«Desde luego que sí, pero la estrategia no nos salió bien del todo, pues Formolo debía pillar escapada, esperarle y tirar con él hasta meta. Se llevó cuarenta segundos, pero podían haber sido más, aunque también al revés, si los demás ven que Formolo está ahí, quizá no le habrían dejado. No es sencillo»

Roglic ahí pareció correr con el freno de mano o es que no tenía más

«Eso deberías preguntárselo a él»

Ya, pero ¿qué percepción merodeaba vuestro coche?

«Que Roglic intentaba controlarlo todo y mucho, minimizando cualquier riesgo de ceder tiempo. Hemos de pensar que con la crono al final, él también estaba confiado, es un especialista, de haber sabido que se iba a hundir de esa manera, habría sido más agresivo» 

Nos dice Manolo Saiz que «no puedes defender nada sin atacar antes» ¿qué impresión te causa el Tour de Jumbo?

«Han ejercido un control excepcional y lo han logrado. Han sido el mejor equipo del Tour, hay que felicitarles»

Pero no han ganado…

«Ya, visto ahora quizá habría cambiado algunas cosas de la estrategia, pensaron que era suficiente superar al Ineos y luego mimetizar su patrón, se fijaron mucho en ellos. Es que han ganado siete Tours en ocho años. Eso les dio para dominar el Tour de l´ Ain, el Dauphiné… pero el Tour es otra cosa»

Algunos pensamos que tras el Col de la Loze Pogacar no podía optar al Tour…

«Puede ser, pero hay que tener en cuenta que esa etapa para Tadej es la primera de su carrera de esas características, con puertos de 2000 metros y varias horas de ascensión. Roglic fue quince segundos mejor, pero salió vivo»

¿Cómo preparasteis la crono final?

«Dos meses y medio antes fue un grupo del equipo con masajistas, técnicos y mecánicos. No hicimos nada estratosféricamente diferente al resto, pero lo controlamos absolutamente todo»

¿Como qué?

«Desde los vatios a mover, a la actitud, cada curva y los desarrollos. Ensayamos el cambio de bicicleta, la primera llevaba un 58 y las bielas más aerodinámicas del mercado, la segunda las más ligeras y un plato único…»

Eso es ir muy convencido para el amarillo…

«No podemos ocultar que era un objetivo que veíamos realizable, esa era la idea ganar: pero no dependía sólo de nosotros, había otras cuestiones, Pogacar debía tener una superprestación y Roglic no estar en su mejor día«

Se dio todo…

«Ya lo viste»

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Ahora viene lo difícil… mantenerse

«Los ciclos no son eternos, eso está claro. Tenemos el ejemplo de Bernal, el año pasado todos hablaban de su época y su dominio y mira cómo le ha ido este Tour»

A parte de Pogacar, quiero leer un par de comentarios de Matxin sobre dos nombres, el primero es Fabio Aru

«Sabíamos que no estaba en los parámetros de ganador del Tour, pero sí en los mejores números de los últimos tres años. No fue grato verle retirarse, lo tengo que decir así pues debo defender al grupo y no permitir que la individualidad pase por encima del resto. Necesitábamos a Fabio Aru en el equipo, es sencillo, y lo que habíamos apreciado de él no era malo, al contrario, mira lo competitivo que estuvo en Ventoux y Ain»

El otro es David de la Cruz

«Chapeau, olé sus huevos. Es su mejor versión de siempre, y mira que hace tiempo que lo conozco. Aguantó los peores días en el grupo de velocistas con su fisura de sacro, y estuvo hasta el final con nosotros, haciendo una gran carrera junto a Pogacar. Llegó a aguantar en el top 6 del Col de la Loze»

Ahora que Matxin gana el Tour con Pogacar, vuelven a aflorar los recuerdos a tu pasado con Riccó, Cobo y cia…

«Es mi historia, es lo que he pasado, no puedo obviarlo , pero ahora me debo a UAE. Al final son opiniones y las respeto y cada uno cree tener la razón, en cada opinión. Prefiero dedicar esas energías a gente que me felicita y se alegra, sinceramente»

Imagen: FB UAE Team Emirates

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Jumbo en el Tour, no puedes defender lo que no tienes ganado

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Jumbo planteó un Tour a la defensiva sin haber planteado un primer ataque

A vueltas con la estrategia del Jumbo en el Tour, lo cierto es que pasada la ola, pudiendo ver el cielo, la sensación que queda es haber pagado la fiesta para no irse con la reina de la misma.

No le gusta a Manolo Saiz, al otro lado del hilo, esa comparación: «Creo que ha hecho un trabajo extraordinario, excelente, y merecían la recompensa que perseguían pero…»

Pero perdieron de vista al rival que crecía en medio del grupo: «No puedes defender un Tour sin haber atacado antes, eso que dicen de la mejor defensa es un buen ataque. Jumbo siempre ha dicho que a Sky le valía esta estrategia, pero no es cierto, los ingleses daban muy duro en la primera etapa de montaña y luego a gestionar la ventaja«.

Salvo por el corte previo a los Pirineos, Tadej Pogacar nunca estuvo más allá del minuto, es más «el top 8 ha estado en un pañuelo casi hasta el final, todo muy justo para querer ganar el Tour sin buscar hacer daño. No sé si se han creído muy superiores, pero lo cierto es que no les ha valido«.

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Manolo Saiz admite que veía venir a Pogacar, cosa que Jumbo no ha percibido en este Tour.

«Claro que lo veía, y en grupos de wasap o con otros directores lo comentaba. Le daba de inicio que podía recuperarle 45 segundos a Roglic en esa crono, incluso siendo éste un excelente contrarrelojista«.

45 segundos ¿de dónde sacas esa ventaja?

«Es un cálculo de segundo y medio por kilómetro, algo factible, más cuando ya lo había demostrado en el nacional esloveno. Tadej Pogacar es un cuerpo joven cuya mejor virtud no es el ataque, y sí la recuperación, esa es la clave. Pogacar recupera muy bien, como le sucedía a Alberto Contador en sus inicios. Y no pueden decir que les pillara de sorpresa cuando acabó la Vuelta del año pasado desmelenado«.

Y es cierto que para apretar a Pogacar, viéndolo hoy, pero anticipándolo en los Pirineos, quizá Jumbo debería haber jugado una segunda baza, por ejemplo la de Tom Dumoulin antes de sacrificarla por un Roglic que no abría hueco: «Nunca he entendido jugarlo todo a Roglic, cuando Dumoulin podría haber descargado de mucho trabajo al equipo filtrándose en fugas, es que no lo han intentado y el UAE de Pogacar, un equipo muy mermado, no ha tenido que trabajar nada«.

¿Por qué no atacó Roglic más veces en el Peyresourde?

«Roglic parece que siempre está midiendo, ahí realizó un ataque y luego Pogacar se fue. No ha buscado sentenciar cuando parecía que lo tenía en la mano, es posible que en esos momentos perdiera el Tour de Francia»

Sobre todo por que el Jumbo se dedicó a plantear el Tour a la defensiva: «Lo hicieron con un ciclista a menos de un minuto y una contrarreloj por disputar. Se conformaron con que Roglic atacara a 300 metros de cada etapa, de cara a meta«.

Es curioso, durante la primera mitad de Tour cundió la idea que Jumbo estaba perdonando a Bernal, pero lo que estaba haciendo es dar alas a Pogacar.

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Ese ritmo demoledor, «innecesariamente rápido» dijo Valverde, fue el que «ellos consideraron bueno para sus intereses, pero sin querer rematar ningún día es complicado hacerlo efectivo«.

En todo caso nada que reprochar a Roglic quien «ha hecho lo que creyó oportuno, aunque no le fuera suficiente. Es un ciclista que parece frío dentro y fuera de la carrera, en ella siempre tiene ir concentrado al 100%. Ahora le viene el momento de gestionar un palo enorme, ha vuelto a perder una grande para la que parecía el gran favorito, como en el Giro del año pasado. Veremos el futuro, no creo que Jumbo tenga problemas en apostar por él otra vez, incluso con corredores similares. En un equipo se apuesta por la baza más fuerte, en el ONCE ciclistas como Breukink, Mauri y Bruyneel demostraron que siendo estrellas pueden trabajar para otros«.

Jumbo ha muerto con su receta, dejando escapadas desde el kilómetro uno unos días, sin querer filtrar nunca a nadie que inquietara a sus rivales «espero que hay tomado nota para el futuro, pero en m opinión, si ese fue su plan, no tienen nada que reprocharse«.

Imagen: FB de Jumbo Visma

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El Tour que nunca imaginamos para Richie Porte

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Richie Porte demuestra que nunca es tarde para un podio en el Tour

Cuando vemos a Richie Porte en el podio del Tour de Francia miramos atrás, las veces que él contribuyó para que Froome se proclamara ganador, posiblemente hablemos del mejor gregario que haya tenido el inglés, aquel accidente contra la moto del Ventoux cuando iba con los mejores, la caída bajando, el tortazo en ruta hacia Roubaix…

El de Richie Porte es un podio merecidísimo por que nunca dejó de creer, no desistió, corrió y corrió hasta el tercer peldaño de un cajón que hace dos años ocupó su querido Chris Froome.

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Sinceramente, éramos de los que no dábamos un duro por Richie Porte en este Tour, y no de ahora, hace tiempo que pensábamos que su mejor carrera en Francia nunca tendría lugar.

Hace menos de un año pensábamos esto de él

El australiano fue un corredor que desde bien joven, recuerdo el Giro de 2010, marcó una senda que parecía condenada a acabar en lo alto del podio en París.

Porte trabajó muy bien para Brad Wiggins y Chris Froome, aprendió el oficio de líder desde dentro, «inside the job», sabiendo de los matices de llevar algo tan pesado como el maillot amarillo.

Sin embargo proyectar su intimidatoria en lo individual nunca se le ha dado.

Desde aquel famoso Giro en el que sale sancionado por el cambio de rueda con Simon Clarke, a los cartuchos quemados en el Tour de Francia.

Richie Porte llegó a ser quinto en el Tour de 2016, su mejor año, aunque acabara estrellado contra una moto por el colapso del Ventoux.

Aquello fue un presagio de que siempre le pasaría algo en su gran objetivo: la caída al año siguiente que destapó importantes carencias en los descensos, otra caída, esta vez camino de Roubaix…

Siempre le pasaba algo hasta que en 2019 se ha visto que, sencillamente no va, no tiene el Tour en su radar y esa condición de favorito sin corona que se granjeó nunca llegó a buen puerto.

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Pero Richie le ha dado la vuelta, en una edición que nos recordó mucho ediciones pasadas, como el día que perdió el minuto largo que desplazó a Pogacar y Landa, curiosamente los corredores que, junto al australiano, han rodeado a Roglic en la general.

Richie Porte pasó los Pirineos en segundo nivel, pero muy cerca de los mejores para crecer en la segunda mitad.

Dejó atrás los fantasmas del pasado, el gafe eterno que nunca parecía soltarle y voló en los Alpes, estuvo efectivo, superando sus miedos en el descenso, siempre con los mejores y saliendo vivo de los dos momentos en los que la balanza habría pintado a la contra en otros años.

En el Col de la Loze mantuvo el tipo y contuvo los daños frente a López mientras que en Glières salió vivo de un pinchazo que despertó todas las alarmas, todos pensamos que ya estaba Porte lidiando con su eterna mala suerte.

Pero salió vivo, sí con ayuda puntual de algunos Jumbo, pero creyendo él solo, antes que nadie y llegando a la rueda de Landa, Mas y López para ganarles el podio por la mano en la crono final.

Un podio que le sabe a gloria, sólo hay que verle emocionado hablando de él, y que nos demuestra que los buenos siempre vuelven.

Una historia a la que podría agarrarse el mismísimo Roglic.

Imagen: FB Trek-Segafredo

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Ineos Grenadiers ha conseguido la foto más potente del Tour

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El doblete del Ineos Grenadiers en el Tour surge de una lucha sin cuartel

Cuando en el Grand Colombier Egan Bernal se despidió del Tour, encarrilando la recta hacia su abandono, nos preguntamos por el papel que iba a desarrollar el Ineos Grenadiers en lo que quedaba de carrera.

Y no era una pregunta cualquiera, el británico es el equipo más poderoso del pelotón y tras de sí dejaba siete Tours ganados de ocho posibles.

Si recordamos lo que pasó hace seis años, cuando perdieron a Froome en la famosa etapa del pavés, el equipo se sumió en un agujero de donde fue imposible salir, sin brillar ni disputar a pesar de contar con un bloque que tenía, entre otros, elementos como Geraint Thomas o Richie Porte.

Esta vez sin embargo la historia ha sido diferente…

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Los de negro se rearmaron en la jornada de descanso y saliendo a por todas: Ineos Grenadiers ha salido a disputar todas y cada una de las etapas de esta semana, incluso con la noticia del abandono de Bernal por medio.

Se han sabido reinventar y tendríamos que comprobar si alguno de los que quedaba en carrera no ha estado en algún momento en fuga.

Desde Sivakov a Van Baarle, pasando por Castroviejo, que tras todo esto se va al Giro, incluyendo a Kwiatkowski y el eterno Carapaz, que ha realizado un tridente alpino memorable.

Sólo nos faltarían dos nombres, a priori, y sin chequearlo, Rowe y Amador.

El resto siempre en la escapada.

Un arte, el de la escapada, algo menoscabado en la primera semana, que le ha dado a Ineos Grenadiers la imagen más potente del Tour de Francia, dos compañeros de equipo, celebrando el triunfo, los dos iguales, idénticos, recordando las imágenes de Lemond e Hinault.

Esa foto seguro que estará en más de un concesionario.

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Una foto que obviamente no compensa no ganar el Tour pero que negro sobre blanco pone en cuestión estrategias integrales como la de Movistar, equipo que muchos nos trajeron a coalición cuando vieron que Egan Bernal se estrellaba.

El esquema de luchar por la general de equipos y puestos en el top ten de Movistar es muy respetable, no nos gusta, pero es su opción.

A nivel de imagen, no obstante, no hay color: lo que Kwiako y Carapaz firmaron ayer excede a los tiempos.

Obviamente esa foto no era el objetivo del inicio de etapa, pero cuando quemas tus naves, como lo han hecho los ingleses esta semana, es más que probable que un triunfo acabe cayendo y si es con esa estampa, mejor que mejor.

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Tour: Landa y Bahrain hicieron lo que tenían que hacer

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Liderando el Bahrain, la carretera ha puesto a Landa donde merecía

Acaba el primer Tour de Mikel Landa liderando un equipo, el Bahrain, y como dice el tópico la carretera ha repartido fortuna.

Se podía pensar que ésta era la prueba para ver dónde era capaz de llegar Landa, ahora sí, sin discusión al comando de un equipo, y la carrera le ha dado para ser quinto, por el momento, aunque dado como anda en las cronos, no me extrañaría que el sábado le adelantara Enric Mas.

Sea quinto, sea sexto, no será su mejor resultado, Landa acabó cuarto hace tres años, a un suspiro del podio, tras currar para Froome toda la prueba.

Aquel Landa, como el del Giro del 2015, estaba, sobre el papel, a otro nivel, parecía un ciclista hecho para hacer posible lo imposible, tal era su nivel que creo que nunca más se le ha visto a esa altura, o es que quizá los rivales también le han ido poniendo en su sitio.

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DT-Swiss Junio-Agosto

 

Por que en ciclismo, sucede una cosa, y es que uno no corre solo, una obviedad que es conveniente recordar a los aficionados que en ocasiones creen que su caballo tiene que estar por defecto siempre delante.

En esta edición han habido dos ciclistas intocables, los eslovenos, y luego una segundo escalón en el que Landa se ha movido, especialmente con López y Porte, toda vez la etapa final de los Alpes ha sacado de la quiniela a Yates y Urán.

Sea como fuere eso importó poco en la estrategia del alavés, que trazó una línea ascendente según avanzara la prueba, intentando salvar sus malísimos arranques, progresar en los Pirineos y asaltar en los Alpes.

Casi lo logra, a puertas de la primera cordillera, el Bahrain y Landa tuvieron su jornada negra, aunque no negrísima, por que ceder un minuto largo en esas circunstancias lo firma cualquiera.

El problema de Landa es que, a diferencia del Giro del año pasado, los de adelante no flaquearon como Roglic sí que hizo entonces.

Pasó las diferentes llegadas en alto y Pirineos agazapado, fruto entendemos del ritmo horrible que evitaba cualquier desliz o alegría.

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Y llegaron los Alpes, la jornada del Col de la Loze y Landa junto a Bahrein realizaron la apuesta más importante de un rival del Jumbo, al margen de los ataques de Pogacar en los Pirineos.

La cosa salió bien hasta que la carrera entró en la zona roja, Landa reventó justo cuando el último Bahrain se retiró de la cabeza del grupo.

¿Cuántas veces explota el líder del equipo que trabaja durante la etapa?

Muchas, muchísimas, en una carrera de fondo como éstas, en un tramo tan largo y variopinto como el de Madeleine y Loze, las sensaciones que recorren el cuerpo del corredor van de la miseria a la euforia y viceversa.

Mikel Landa pinchó, pero él y su Bahrein hicieron lo que tenían que hacer: apostar a ganar

Salió cruz, poco se puede hacer.

En la última etapa alpina volvió a la carga, pero si no hay más, poco se puede hacer, en el grupo un acelerón de Roglic le tumbó la ventaja, no cabía darle mas vueltas.

Pello Bilbao y Damiano Caruso le hicieron el servicio hasta donde les dio las piernas, pero Richie Porte se rehizo.

¿Se podían haber quedado antes? posiblemente, pero no sé hasta qué punto hubiera cambiado la película.

No nos engañemos, el nivel de Mikel Landa es éste para este tipo de carrera, no hay más, ni creo que le quede más por decir.

¿Es criticable que haya querido ser líder? nunca jamás, él quiso ver de lo que era capaz y lo ha conseguido.

Otra cosa será el año que viene y los planes de su equipo, pero que nadie se lleve a engaño, Mikel Landa es un excelente ciclista que ha llegado donde sus condiciones y circunstancias le han puesto.

Ahora cabrá ver si vuelve a tenerlo todo como en este Tour, al fin y al cabo, a algunos les sonríe la fortuna cuando menos lo esperan.

Imagen: FB de Team Bahrain 

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Que la historia del ciclismo no te estropee un artículo

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Nunca imaginamos que la historia del ciclismo se manipularía para echar por tierra a los ciclistas

Esto que estamos viendo es historia del ciclismo: En este Tour de Francia se está cruzando una línea roja cada vez más difusa, es una línea que camina entre la admiración y la falta de respeto de los ciclistas, una linea roja de la que ya el otro día advertíamos: nunca habíamos visto a los aficionados tan cabreados con los ciclistas como en la primera semana del Tour.

Sabemos que en este mal anillado cuaderno hemos sido críticos muchas veces, empleando las posibilidades que nos da el castellano para darle más fuerza a un titular o a una entradilla en las redes sociales, pero al margen de esos momentos, lo cierto es que siempre hemos intentando ponernos en el lugar del ciclista para entender lo que estamos viendo e incluso nos arrogamos el gusto de decir cinco cosas que hace el Tour que no contribuyen para que el espectáculo sea televisivo.

Sin embargo, esta mañana hemos chocado con este artículo en el Diario Marca, un artículo en el que se falta el resto a los ciclistas, en especial a Mikel Landa, corredor sobre el cual esta prensa fue la primera en levantar expectativas, y se manipula burdamente la historia del ciclismo para que todo quede redondo, niquelado.

En especial hablamos de este párrafo, aunque la totalidad del artículo es un despropósito:

Desde el sofá, o mejor dicho desde la redacción y tomando todas las medidas de seguridad para combatir la COVID-19, el espectáculo del Tour de Francia está siendo horrible. Los profesionales que deberían de luchar por la carrera, que cobran (y mucho) por ello, están corriendo para defender el puesto y tomando el menor de todos los riesgos posibles. Esto no era ciclismo, la foto que abre este párrafo es de Stephen Roche en la meta de una etapa en el Tour que ganó a Perico Delgado en 1987. Llegó vacío después de atacar a más de 100 kilómetros de meta en la Madeleine, que hoy se subió al tran-tran.

Tampoco pedimos eso, tampoco lo de Ullrich a Pantani también en la Madeleine en el Tour de 1998 o la exhibición de Indurain en 1994, también en la Madeleine, o el Tour que ganó Perico en la Madeleine… la mítica montaña que en esta etapa del Tour de 2020 fue ‘fumada’ por el pelotón. No pedimos el ciclimo de antaño, pero algo más que una etapa de cuatro horas se reduzca a los 10 minutos finales.

 

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DT-Swiss Junio-Agosto

 

Se dice primero de todo que esto no era ciclismo, por la etapa de ayer, cuando viene siendo la tónica, en especial en el Tour desde hace mucho tiempo, en especial este último ciclo, en el que las modas de los superequipos y la tecnología han ahogado cualquier tentativa que roce la locura.

Esta gente es profesional, y cobra por ello por hacer lo que han hecho estos días: competir lo mejor posible, en un contexto de extrema igualdad y optimización de su puesta a punto, esto es así, y los tiempos de ganar el Tour por un cuarto de hora fueron hace cuarenta años.

Ese párrafo se ilustra con Stephen Roche desplomado y atendido con oxígeno en la cima de La Plagne tras firmar una remontada in extremis a Perico en el último puerto, poco o nada que ver con el ataque a cien kilómetros desde La Madeleine que dice «ayer se fumaron» los ciclistas.

En todo caso el irlandés lo intentó en el avituallamiento previo a la subida, fue destacado durante la misma y cazado en el descenso.

Atribuir esa imagen a la Madeleine, es forzar mucho el relato.

Esto último lo hemos añadido gracias al apunte Marcos Pereda y la lectura de la crónica original del gran Javier de Dalmases…

Si bien es cierto que Ullrich atacó a Pantani el día después de su hundimiento en Les Deux Alpes, también lo es que ese Tour de 1998 pasó a la historia negra del ciclismo.

Incluso para quienes disfrutamos de aquellas ediciones nos da vergüenza decir que lo gozamos, por que el tiempo demostró que iban como iban, mentar esas exhibiciones es una loa a aquella barra libre, y recordamos portadas muy duras del Marca contra el ciclismo, portadas de jeringuillas pinchando ruedas.

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Luego echa mano de los clásicos.

Perico no reventó el Tour que ganó en Madeleine y sí en el Glandon, antes de Alpe d´ Huez.

Y por más que trato de recordar, no me viene a la mente la imagen de Indurain exhibiéndose en la Madeleine, en el Tour de 1994.

Esto es lo que hay, que la historia contrastada y real del ciclismo no te impida vomitar sobre unos profesionales que mejor o peor hacen su trabajo.

Es cierto que el Tour 2020 no pasará a los anales de la emoción, muy posiblemente, a pesar de esas cortas diferencias que se venden como la clave del espectáculo, pero es lo que es, seguro que muy mejorable, a nuestros ojos, que podría ser más emocionante, más vistoso, pero es que el ciclismo se ha convertido en esto, en máquinas de matar tan afinadas que llegan juntos hasta las cimas.

Y la historia del ciclismo está bien como está.

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