Vuelta sin Tourmalet: No nos perdemos nada

Tour Tourmalet Thibaut Pinot JoanSeguidor

Viendo como se corre la Vuelta dudo que el Tourmalet hubiera deparado el espectáculo deseado

Desde que la temporada ciclista 2020 se resituara más allá del mes de agosto, desplazada por la primera ola de la pandemia de coronavirus, todos marcamos en rojo el domingo 25 de octubre con la coincidencia del epílogo del Giro en Milán, la París-Roubaix y el asalto de la Vuelta al Tourmalet, como colofón a la primera semana.

Era el domingo, el «superdomingo» de ciclismo, una jornada que además iba precedida por el etapón de Sestriere en el Giro, pasando a Francia, entrando por el Agnello -donde Kruijswijk se estrelló contra una nevera- y pasando por el Izoard.

El plan fue, sin embargo, pediendo fuelle al ritmo que la pandemia crece en Francia.

A la suspensión de la París-Roubaix, le siguió el cambio de ruta en la jornada reina del Giro.

Sólo quedaba la Vuelta…

 

 

Y claro, la Vuelta no puede ir al Tourmalet

A toda la zozobra del otoño y la meteorología, mirando el parte del tiempo casi a diario, se le ha añadido una emergencia que pasa por encima de todo y todos.

La Vuelta omite el Tourmalet, pero también el Portalet y el Aubisque y en su lugar improvisa una llegada a Formigal, que viendo a la velocidad que se ha montado, seguramente estaba más que apalabrada hace tiempo.

Un movimiento rápido y certero que creo retrata con fidelidad el alambre en el que se están moviendo las organizaciones este año.

Ver la cara de Javier Guillén hablando de la suspensión del Tourmalet en la Vuelta es todo un poema

El semblante de agotamiento es tal que, como nos dijeron, hasta la mascarilla parece cansada.

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Sea como fuere, lamentad que la Vuelta no sube el Tourmalet, pero lamentadlo lo justo, por que en el ciclismo somos muy de generar expectativas y mitos y luego llega la hostia, nunca mejor dicho.

Es ese momento en el que el desilusionado aficionado arremete contra los ciclistas, que si se han fumado la etapa, que si un sprint en montaña, que si cualquier cicloturista bien preparado aguantaría en ese pelotón.

Viendo quién comanda la carrera, tras lo presenciado en las jornadas disputadas, creer que el Tourmalet acabaría siendo lo que fue el año pasado en el Tour sería lo más coherente: aquello, ya lo recordaréis, fue una llegada en sprint entre los mejores, un sprint en el que se impuso el ya ausente Thibaut Pinot.

El encadenado Portalet, Aubisque y Tourmalet podría haber deparado alguna sorpresa, pero en este ciclismo en el que un equipo como Jumbo pone el tempo, el pesimismo toma el pronóstico.

Etapas como las del Stelvio han pasado a ser la excepción, el movimiento lejano se penaliza y la valentía sólo genera halagos que no computan en el palmarés.

Formigal toma las veces del Tourmalet con el recuerdo de aquel día que Contador lo reventó todo un día sin grandes desniveles ni estridencias, para sumar otra llegada en alto a la Vuelta de las llegadas en alto.

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¿Buscáis la fama? Cinco puertos ciclistas que os la darán

«Buscáis la fama, pero la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar… ¡con sudor!». (Debbie Allen)

¿Qué cinco grandes puertos ciclistas consideráis que son indispensables para el cicloturista?

Ese puerto, esa marcha, ese reto que no debería faltar en el palmarés del ciclista turista que se precie de serlo.

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Esos sueños de oro ciclistas que deben figurar como nuestros más preciados trofeos que exhibimos en nuestras vitrinas, esos que lucimos y presumimos con orgullo delante de nuestros familiares y amigos.

La mayoría de ellos son lugares de renombre, afamados por la historia y la leyenda, la épica y el mito.

Tom Dumoulin Giro Italia Stelvio JoanSeguidor

Tanto que incluso para los más neófitos en términos ciclistas los reconocerán y, con cara de asombro y admiración, os dirán: ¡ah! ¿Sí? ¿Tú has subido hasta allá arriba?

Desafíos de todo tipo y para todos los gustos los que hemos conseguido (o estamos pendientes de ello) ahí afuera.

 

Más o menos distinguidos, pero que sin duda el lograrlos bien valen una vida dedicada al cicloturismo.

Sitios que han hecho que levantemos el culo de nuestro sofá, nos han motivado y nos han hecho salir a entrenar con el objetivo único de conquistarlos, rendirlos a nuestros pedales para redondear una excelente temporada ciclista.

Y así año tras año, hasta coleccionar una buena cantidad de cimas que nos diferenciarán del resto de los mortales por haber asediado rincones inclinados que parecían imposibles de alcanzar.

Para intentar averiguar qué destinos son los imprescindibles hicimos un pequeño sondeo en nuestras redes sociales entre los amigos, esto es, entre vosotros mismos.

Vuestras respuestas fueron de lo más variopintas y no quisiéramos dejarnos ninguna en el tintero.

Tour Alpe d´ Huez JoanSeguidor

Fueron muchas, pero buscábamos sólo cinco.

Sí, lo sabemos, muy difícil elegir entre tanto bueno y bonito (que no barato).

Pero se trataba de eso, de localizar entre tantos duelos y combates a lomos de vuestras bicis a cinco ineludibles, aquellos que sabéis que os han dado fama entre los componentes de vuestra grupeta.

A pesar de tan complicado intento sí hemos podido comprobar que todas vuestras sugerencias han tenido varios máximos comunes divisores, en forma de hilos conductores, que empiezan en Asturias y acaban en Dolomitas, pasando por Pirineos y Alpes.

Estos puertos ciclistas son nuestro santuario.

 

Covadonga- Nairo Quintana JoanSeguidor

De esta forma, hemos conseguido reducir a cinco mínimos comunes denominadores a los que más se repetían y que en ellos sin duda, buscándolos, mereceréis la gloria:

Lagos de Covadonga, la cima de leyenda que descubrió la TV

Tourmalet, posiblemente, el puerto más famoso del mundo

Alpe d’Huez, el gran teatro del ciclismo

Mont Ventoux, fuego en el pecho

Stelvio, una de las mejores experiencias que un ciclista puede tener

¿Y los vuestros? ¿Cuáles son vuestros sueños de oro?

El ciclismo del Tour es de todo menos indigno

Tour ciclismo JoanSeguidor

El Tour saca lo mejor y peor del ciclismo moderno

El pasado jueves, la primera jornada de los Pirineos en el Tour, vimos un acoso y derribo contra el pelotón como pocas veces recordamos.

La etapa fue decepcionante, qué duda cabe, pero la linea del respeto y admiración que le tenemos a estos flacos creo que se franqueó con mucho.

Vimos tweets gruesos…

Este es uno, hubo, más, gente vomitando odio sobre los ciclistas, en una dinámica que sinceramente me parece peligrosa e incluso injusta.

 

El ciclista es eso, la persona que da pedales, obedece órdenes y en definitiva hace su trabajo. 

Pero el ciclista por sí no puede exceder el marco en el que se mueve, el punto de no retorno en el que, la carrera pasa de estar en su mano, a ser pasto del sistema, la estrategia y la inercia de este ciclismo moderno que en las grandes jornadas decepciona y nos deja fríos.

Y ocurre cada año en el Tour, y ojo que eso no significa que sea un peñazo, como he leído y escuchado a otros.

Ya son REBAJAS en Santa Fixie 

Somos de la firme creencia que el Tour necesita todo tipo de etapas, tantos clases de corredores que caen por la ruta francesa.

Y así trenzar lo que viene a ser el espectáculo que cada mes de julio nos monopoliza: el Tour de Francia.

 

Pero una cosa es que el Tour sea la mejor carrera y otra muy diferente que sea la más entretenida o espectacular.

Cuando los equipos dicen que van con los mejores en la mejor forma posible, también se refieren a que van con la mayor de las responsabilidades y eso pesa, mucho.

El Tour se ha convertido en una carrera «a no perder», a «a guardar lo conquistado». 

Así es muy difícil.

Y lo es más cuando el fantasma del Sky, ahora en forma de Ineos, ha manipulado la carrera a su antojo estos últimos ocho años.

Parece que en este Tour no van com antaño, pero queda carrera…

 

Pero hay más, hay una igualdad visible y nítida.

Mirad la subida al Tourmalet, era un agárrese quien pueda, un grupo de estrellas en el que nadie cede hasta que explota.

La jornada de Prat d´ Albis fue una travesía sin tregua, regada de sudor, dolor y hasta lluvia.

¿El punto de inflexión de Alaphilippe?

Tenemos equipos dotados de gregarios como Andrey Amador o David Gaudu que enfilan el grupo de favoritos a un nivel que ahí es imposible no morir en un ataque mal dado.

El ciclismo moderno se escribe en las páginas de una tecnología que, en la mano de muchos, iguala las cosas por arriba, abajo y los lados.

Ciclistas que van sacando el cuello del maillot porque no dan más de sí.

SQR – GORE

 

La jornada del jueves, la de Hourquette, arrancó a mil por hora, tenía una crono el día después, dos llegadas en alto y luego una semana larga de montaña y más montaña, acumulada sin más criterio, sobre el papel, de la dureza por la dureza.

Y así chicas y chicos, es muy difícil.

Por eso nos parece injusto tachar de indigno lo visto, más cuando esas afirmaciones vienen desde medios que abren sus diarios con gentuza que sí es indigna de llamarse deportista.

Sabemos que lo que vemos por la tele es mejorable, pero llamar indignos a estos deportistas, es un atropello.

Imagen: FB Le Tour de France ? A.S.O. / Jered Gruber & Ashley Gruber

Tour: El Tourmalet no engaña

Tour Tourmalet Thibaut Pinot JoanSeguidor

Pinot gana en un Tourmalet que deja el Tour muy en el aire

Hay días que marcan a fuego el futuro de las personas, de las cosas, de la vida.

El Tourmalet, año 2019, tras su coronación hay varias certezas y conjeturas suspendidas en el aire.

Llegaron arriba varios, unos cinco o seis, corredores, no hizo falta trisca pura y dura, como muchos esperan, pero ha habido una selección importante.

El Tourmalet, de abajo arriba, en su solemne grandeza, ha hecho el daño que se les supone a las grandes leyendas.

 

Por partes y acumulación de noticias.

Julian Alpahilippe va a por el Tour, no pensábamos que iba a salvar la crono, y la salvó, no pensábamos que iba a superar el Tourmalet, y lo ha superado…

Es decir, que las cosas empiezan a cuadrar, poco a poco, ante nuestros incautos ojos, y Julian Alaphilippe encuentra el camino.

Incluso diríamos que a costa de Enric Mas, cuyo maillot blanco le sentará muy bien, que correrá con dos y tres dedos de frente, que será cauto y buen fondista, pero que tiene al líder en casa, renovado, el mejor pagado del equipo e ídolo del país donde se corre el Tour.

 

Que Julian Alaphilippe fuera a ganar el Tour no entraría en plan alguno, hoy, con dos tercios de carrera consumidos, es el mejor situado.

Y en el otro lado se postulan varios, aunque a distancia eso sí.

Geraint Thomas encontró en el Tourmalet el tope de ese momento dulce que vivía para con el Tour desde hace un año.

Un tope que le sobreviene mientras Egan Bernal sigue ahí.

¿Quién es el líder del Ineos?

La carretera lo dirá, pero las dos bazas, ahora mismo le sirven.

Necesitan etapas para decidirlo.

Si tras la crono parecía Geraint, ahora miramos a Bernal.

Esto da mil vueltas.

 

Añadirle a la terna Thibaut Pinot, desprovisto de las taras de antaño, que va remando y que parece ir a más, con un gregario que es oro, David Gaudu -los franceses están que se salen-.

Y a los Jumbo-Visma, el equipo del Tour, por muchas vueltas que le demos.

Steven Kruijswijk opta al podio que el año pasado no alcanzó Roglic.

Fuerte parece, pero ya sabemos, hay corredores que compiten contra rivales y la mala suerte.

Corredores como Mikel Landa, el que parece más fuerte del Movistar, pero que circula muy desplazado en la general.

Sobre Landa y sus caídas ya opinamos, lo visto en Tourmalet es la constatación que es el capo de un equipo que corre, pues eso, corre, toma la salida, compite y va haciendo.

Quizá la clave del equipo celeste esté quince días antes de afrontar el Tourmalet, cuando no contó con Sciandri, el arquitecto del Giro de Carapaz, y llevó a Chente y Arrieta al frente.

La imagen de Nairo escurriéndose en el grupo, mientras Amador y Soler marcaban un paso ambicioso fue dantesca, pero nada superó el momento que Soler se descolgó de cabeza para ayudar al colombiano.

SQR – GORE

 

Una solución, un tiro en el pie a la vista de todas y todos, un momento que retrata las peores tardes del equipo telefónico que ahora camina sin orden ni concierto y la seguridad de que tienen que fallar muchos para rascar algo potable.

Que Nairo se quede es humano, todos tienen un mal día, un mal año o unos malos Tours, pero que se quede al ritmo de sus compañeros, mientras Valverde admite en la cima que no les avisó, suena dantesco.

¿Por qué no avisó Nairo de su mal momento?

Nairo Quintana es el nombre y apellido de un corredor que pasa a engrosar el listado de ciclistas que un día tuvieron el Tour a tiro, que por lo que sea, no lo cogieron con las manos y acabó cediendo.

Hoy Quintana engrosa la lista que recoge otros ilustres como Romain Bardet, Richie Porte o Adam Yates.

Porque la rueda no para, la bicicleta prosigue y no espera, como el Tourmalet, el teatro donde las máscaras no valen.

Imagen: FB de Le Tour de France

¿Qué extrañamos del Tour cuando no era aburrido?

Tour aburrido JOanSeguidor

Hace 35 años Joan Manuel Serrat le dedicaba una canción a ese Tour que no era aburrido…  

O, mejor dicho, la letra de una canción, porque aún hoy en día aquellas palabras que le dedicó a la Grande Boucle siguen sin tener su correspondiente melodía.

Nunca tuvo oportunidad de ponerle música a este simpático texto que a continuación os transcribimos un fragmento:

¨Si usted tiene libres tres semanas
y el mes para echar por la ventana
si en su casa, usted ya no interesa
pues cambió la pasión por la pereza
si le consienten sus fugas prolongadas
y sus ausencias ya no importan nada.
Es hora de que empiece
a pensar en el Tour
y abur, abur, abur.

(…)

Si usted es hombre de hábitos sencillos
como lavar de noche calzoncillos
y le caben de una sola vez
dos metros largos de ese pan francés,
deje en casa sus aires de elegancia
y venga a mover el culo al Tour de Francia.”

Esta supuesta divertida canción la escribió con la ayuda de su amigo colombiano Daniel Samper.

 

Jamás fue publicada en disco y desconocemos los motivos.

Corría el año 1984, en la 71ª edición del Tour de Francia que se iba a disputar del 29 de junio al 22 de julio.

Aquel Tour no era aburrido.

La carrera contaba esta vez con un corresponsal de lujo para cubrir la gran ronda gala por etapas.

Un invitado muy especial: nada menos que a Joan Manuel Serrat.

El noi del Poble Sec”, reconocido enamorado del ciclismo,  es solicitado por El Periódico de Catalunya como comentarista.

El cantautor no rechaza la propuesta y acepta con muy buen gusto el viajar al Tour junto a otro enviado especial de excepción: el periodista Chico Pérez, quien se encargaría de explicar los detalles más técnicos.

Serrat, con su toque y talento personal, redactaría durante aquellas tres semanas una columna diaria en las páginas de este rotativo.

Joan Manuel finalizaba así su primera colaboración: “Esto se pone en marcha. Con sangre, sudor, lágrimas y anfetaminas, el Tour demarra y yo me voy con él chupando rueda”.

Y así fue hasta aquel 22 de julio cuando en París se coronaba de nuevo, por segunda vez, como campeón del Tour el parisino Laurent Fignon.

Fue de esta manera cómo Serrat se despidió de la ronda francesa, y de su columna en el periódico, con este inolvidable “Abur al Tour”.

¿Por qué me he acordado hoy de estas palabras que Joan Manuel le brindó al Tour?

Evidentemente, las efemérides mandan y la ronda gala, como ya sabemos, está plagada de ellas y he pensado que 35 años era una buena fecha para recordar aquella edición con la letra de esta imaginaria canción.

 

Pero no sólo por este motivo.

La verdad es que hoy, viendo la deseada primera etapa de montaña pirenaica de la carrera, me he dicho: “abur al Tour”.

Sí, “abur”, porque me tiene de esta manera: aburrido.

El Tour aburrido…

Mucho.

Y “abur” también, porque ha sido para apagar la televisión y decir adiós al Tour -otro más- por cansino y tedioso, hastiado de contemplar un espectáculo vergonzoso para la afición.

Pero yo no voy a echar la culpa a los corredores, por supuesto.

Faltaría más.

Yo no me creo que los ciclistas salgan a pedalear ahí afuera de esta manera. De motu proprio.

Ellos siguen las consignas de los directores de equipo y si les dicen que no se muevan pues ellos, tan obedientes que son, pues ni se mueven.

Sí, ya sabemos: el pinganillo tiene la culpa.

Y el eterno debate: ¿pinganillo sí o no?

Yo desde luego lo tengo muy claro.

Y creo que muchos de vosotros, también.

 

Ayer Carlos de Andrés y Perico se mojaron y lo comentaron en directo: se tendrían que restringir y usarlos exclusivamente por la seguridad de los corredores.

El pinganillo sí, está bien, pero sólo para estar en contacto con Radio Tour, para estar informado de cualquier percance en carrera.

Sólo para ésto.

A los directores de equipo, nada, salvo urgencia o instrucción decisiva, por el motivo que sea.

Los corredores, antes de la etapa, deben salir con la lección aprendida y lo que quieren los directores de ellos.

A partir de aquí, hay que liberarlos y que sea la propia carretera la que les haga tomar las decisiones.

Sí, que corran por instinto, por sensaciones, por deseo o motivación.

Porque, vamos a ver… ¿es normal que los escaladores no se hayan dejado ver?

¿Con la que les va a caer en la contrarreloj?

Porque los especialistas, ni lo duden, les van a meter un verano.

En su mochila llevarán siempre este Tour aburrido…

Por eso hoy, los que van como un tiro en la crono, además de los esprinters, los rodadores o los caza-etapas, iban comodísimos con el ritmo de marcha cicloturista que se ha impuesto en el pelotón.

Mira las rebajas de Santa Fixie

Ver subir los puertos a los profesionales como ciclistas de fin de semana, ha sido de vergüenza ajena.

Si lo más destacado ha sido el abandono rarísimo de Dennis.

Y contemplar la entrada en la meta de Bagnères de Bigorre del pelotón principal, todos juntitos, casi de la mano, como una numerosa grupeta de amigos que han acabado felices y contentos su primera marcha cicloturista de alta montaña de 200 kilómetros, ha sido escandaloso.

Yo lo he visto así.

SQR – GORE

 

Tampoco ha ayudado la confección del recorrido por parte de la organización: ¿a quién se le ocurre poner una etapa así antes de una crono decisiva?

¿No habría sido mejor al revés?

Primero la contrarreloj y luego el bloque de etapas de montaña.

Como en la época de Miguel Indurain.

Sí, y cómo echamos de menos aquellos largos recorridos contra el cronómetro de 60 ó 70 kilómetros, en los que luego, los escaladores, no tenían más narices que intentar recuperar el tiempo perdido en su terreno.

Sí, en ese que hoy han dejado escapar, una vez más.

Si no intentan en la alta montaña que a los contrarrelojistas le duelan las piernas al día siguiente… ¿qué podemos esperar de ellos?

Sí, abur al Tour, porque lo que viene tampoco nos da muchas esperanzas: etapas de juveniles de no más de 130 km (a excepción de la de Limoux y la de Embrun).

Como la del sábado: apenas algo más de 100 km de excursión para ascender el Tourmalet.

Lo dicho. Igual que una marcha cicloturista.

Un puerto, el Tourmalet, que ya ni marca diferencias ni tampoco es el otrora antaño y mítico escenario de grandes proezas sobre el asfalto.

¡Qué va!

Para nada.

¿Y luego que queda? La tercera semana.

Sí, esa en la que nadie quiere perder lo ganado, ya sea mucho o poco.

Seis días para nadar y guardar la ropa.

Sólo la etapa de Embrun parece que puede salvar esta nueva decepcionante edición de la ronda gala.

Y sí no ¿qué?

Abur al Tour, por aburrido. 

Y nos duele el alma decirlo.  

 

Niños de ocho años subiendo el Tourmalet

Esta mañana antes de la carrerita de rigor, bajo este plomo de calor que cae sobre nosotros, sondeamos el móvil para detenernos en esta noticia:

Another British eight-year-old conquers the Tourmalet

Sí, en efecto, un crío de ocho años subiendo el Tourmalet. Un hors categorie hollado por un niño en su más tierna infancia. Yo sinceramente a veces alucino con lo que leo y veo. Es el segundo además, y uno de los rotativos de mayor predicamento en el panorama “brit” de ciclismo le dedica una noticia, foto incluida, en home page. Perfecto, tú, llevemos a nuestros críos a crecer echando los hiladillos en una cima que, como bien reconocen en la noticia, es la meca de muchos adultos.

Muchas veces he pesando, y me han dicho, qué pensarían nuestros abuelos sobre las animaladas que a algunos se les ocurre respecto al deporte. Maratones, utra trails, Quebrantahuesos y otras demencias a los pocos meses de practicar un deporte. Ahora no contentos metemos el gusanillo a los críos por vena y de forma rápida y dolorosa. Es contradictorio que un medio que machaca a pros que se dopan y dan positivo, bendiga esta atrocidad. No hay por donde cogerlo, y habla de la hipocresía que envuelve mucho de ese discurso “clean” que nos proclaman desde los resortes anglosajones.

No obstante, si queréis entreteneros un rato, mirad los comentarios. Alguno hay coherente. “Tiene toda la vida por delante para subir el Tourmalet” dicen. Otro aduce que no hay nada de malo en que los críos se prodiguen en tan mítico lugar y para justificarse habla de la obesidad infantil en sociedades avanzadas. Hay que joderse, si queréis evitar que vuestros hijos caigan en el sobrepeso, llevadlos al Tourmalet y cuando al tercer kilómetro quieran bajarse de la bicicleta torturados por esfuerzos que no les corresponde, les decís que lo hacéis para que evite la obesidad que atenaza a los de su generación.

Imagen tomada de Cycling Weekly

El debate sobre la dureza de los recorridos es artificial e interesado

Ruego realicen un pequeño ejercicio de memoria. Así, de primeras, espontáneamente. Piensen en las carreras que más les han llenado. Aquellas carreras que una vez apagada la televisión quedan en la retina. No creo errar en exceso cuando pienso que los primeros momentos que invaden vuestra mente juguetona son aquellos de Montalcino en el Giro de 2010 –una etapa hecha lodazal-, la primera ascensión al Angliru, allá por 1999 con Manolo Lama radiando al Chaba desde el váter del hotel, la ascensión anual al Mortirolo, la llegada a la Bola del Mundo, el estreno de la Vuelta entre las nievas de abril del Tourmalet, la tempestad helada sobre el pelotón del Giro en el Gavia, la gélida Lieja de Hinault…

A la raíz de la sensacional jornada de ciclismo de ayer se ha animado un debate latente desde la pasada Vuelta a España. ¿Hasta qué punto imprimir dureza en los recorridos ciclistas?. El debate es interesado y oportuno por ver a ciclistas trazas eses, cuando no a pie al lado de su  bicicleta, en el cuestarrón que rompió ayer la carrera en Porto Sant Elpidio, pero no deja de estar muy condicionado por la realidad del ciclismo y esa no es otra que si no hay chepazos y dolor extremo, la audiencia no responde.

Y es que las palabras del mentor de todos estos recorridos, nos suenan huecas. Desde hace un tiempo el ciclismo competido en Italia tiene un atractivo que incluso llega a rivalizar con el generado desde la cuna de este deporte, Francia. El Giro y sus carreras satélites crecen a marchas forzadas y no lo hacen precisamente por omitir las estridencias. ¿De dónde sale entonces el sello de la Strade Bianche, con tenebrosas bajadas en empolvadas y sin asfaltar vías toscanas? Si no fuera por el sterrato esa carrera se diluiría en el denso calendario internacional. Qué decir de Lombardía, que introdujo el insufrible Sormano con unas pintadas en el asfalto nada improvisadas.

Seamos sinceros. Nos gusta ver sufrir a los corredores sobre la bicicleta y si encima se destroza la carrera mejor que mejor. Ayer se dieron tales circunstancias. En este ciclismo contemporáneo sólo la imprevisión que puede introducir una cuesta del 30% puede acabar por definir lo que es espectáculo de lo que no lo es, por que en subidas convencionales, salvo locuras como la que desató Alberto Contador en Fuente Dé el año pasado, las cartas están muy marcadas entre los grandes e incluso ocurre, en ocasiones, que el gran rival del primero es compañero de huestes y por tanto aliado forzoso. Dígase Froome y Wiggins en el último Tour.

A todo ello aliñamos que el ciclismo está como está para acabar de cuadrar el círculo. No evitemos la realidad, pues ésta dicta impasible que o buscamos animaladas o esto lo vemos cuatro gatos, los benditos incondicionales, que sí, amamos el ciclismo de pizarra y antaño pero no somos masa crítica como para que las grandes firmas digan que el tinglado es rentable.

Y todo lo demás, Sr. Acquarone, es marear la perdiz.

 

Foto tomada de twitter de Orica