Los ciclistas no pueden competir por las aceras

Las jornadas de ciclismo entre semana en Bélgica o el norte de Francia son singulares a nuestros ojos ibéricos. Ves esos pueblos que describen en esas películas sobre lo aburrido que es el norte, semidesiertos, con cuatro gatos por estrechas aceras con la sensacion de que para ellos la jornada laboral ya ha concluido y de camino a casa, disfrutan del paso de una carrera ciclista como quien sondea el móvil o saluda al quiosquero.

El martes, la primera etapa de los de Tres Días de la Panne nos ofreció esa estampa, aunque con la peculiaridad de que, con el cambio de hora, el sol iluminaba más y alguna manga corta se dejaba entrever por la cuenta. Fue una etapa realmente bonita, que pone acento sobre el estado de gracia de Philippe Gilbert, auténtico capo de la carrera y postulándose para Flandes el domingo, que nos mostró la notable deportividad de Luke Durbridge admitiendo en meta la superioridad de Gilbert, y que nos recuerda que la capilla vuelve a De Ronde en unos días. Excelente noticia.

Pero también fue un pésimo ejemplo de ciclistas saltando de acera en acera para evitar el adoquinado que lleva a la capilla, aunque sólo fuera en el primer tramo, el de pueblo. Gilbert iba serpenteando de un lado a otro, buscando una acera lisa y cómoda, y con él todo el grupo, dando alas a aquellos que no hace tanto usaron el vídeo para denunciar y rearbitrar carreras.

Al parecer la UCI ha avisado mediante multas de cara a Flandes y Roubaix que no va a pasar por alto estas invasiones del espacio peatonal en plena competición, porque hubo momentos en los que los ciclistas pasaban tan cerca de las puertas de las casas que si en ese momento sale alguien, lo calzan pero bien, dejando una impresión pésima entre los televidentes y pasando a formar parte de los zappings de medio mundo.

En un momento en el que hay un intenso debate en muchos sitios para sacar la bicicleta de las aceras, de dejar tranquilo al viandante que quiere caminar sin sustos ni energúmenos haciendo slaloms, que los hay, no creo que el mejor ejemplo se esté dando desde el ciclismo profesional, ese que hace unos años siempre lleva casco porque el aficionado medio debe portarlo también y que ahora también se divide ante la introducción de los frenos de disco, teniendo a una multitud pendiente de ellos. Lo bueno es que en las carreras grandes, las vallas impiden el «salto», pero en otras menores…

Imagen de Youtube

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Filias y fobias históricas del ciclismo español (I)

Finalizadas las clásicas, a puertas de la primera grande del año, el Giro de Italia, y con Romandía rodando, quería recuperar en dos entregas este artículo de los logros del ciclismo español y aquellos foros que se le resisten, como es el caso de las dos grandes clásicas adoquinadas. En este primer capítulo repasamos vueltas por etapas y campeonatos del mundo.

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Década de los 50. Años en los que la España de la época dura de la dictadura generaba su debate favorito entorno a dos de los grandes ciclistas de nuestra historia. Unos apostaban por Bahamontes, los otros querían a Loroño. Entre el toledano y vizcaíno, ese país recuperándose de las heridas de una tremenda guerra encontraba distracción ante males mayores e imponderables. En esa España, como en la de ahora, aunque no en la misma medida, interesaban principalmente las grandes vueltas. En el ocaso del citado decenio, el águila toledana ganó el primer Tour de Francia. Hablamos de la edición de 1959. Ese año el ciclismo español se graduaba entre las grandes potencias. Y lo hacía en el único foro donde las podía igualar, en el terreno de las tres semanas y 21 etapas.

Antes de la victoria de Bahamontes en Francia, ya se contaban algunos podios en la más grande de las carreras, e incluso se había probado el sabor de los laureles en la Vuelta a España, como buenos anfitriones. Sin embargo, en esos tiempos, un aislado halo de modernidad recorrió nuestro pelotón cuando en un par de ocasiones, Miquel Poblet hacía historia ganando la Milán- San Remo de los años 57 y 59. La causa del catalán respondía a cánones excepcionales para el ciclista español de la época. Enrolado en un equipo italiano, el sprinter de Montcada surcó de cierta originalidad la evolución del ciclismo español. A sus éxitos en San Remo, unía otros hitos, como ganar numerosas etapas en el Giro o pisar el podio de Roubaix. Antes de él nadie lo había hecho y pasarían muchos años para ver algo igual.

Pequeñas y grandes vueltas, territorio amigo

El ciclismo nacional no tardó en probar los laureles en la grande de casa. En la Vuelta, con tres de sus ediciones consumidas, llegó el primer éxito de los anfitriones por medio de Julián Berrendero en 1941. Luego vendrían los éxitos de los hermanos Rodríguez, Delio y Emilio, Langarica, Ruiz,…. En el Tour de Francia, Bahamontes ganó al medio siglo de historia. No ha ocurrido lo mismo en el Giro de Italia. A pesar de los memorables momentos ofrecidos por personajes casados con el espectáculo, como el caso de José Manuel Fuente, se tardó la friolera de 83 años en ganarlo. En la olímpica edición de 1992 Miguel Indurain puso cerco a tal maleficio. Un año después repetiría.

Realizando un repaso a las principales carreras por etapas, salvado el capítulo de grandes vueltas, una vez más Miguel Indurain marca puntos de inflexión. En la París- Niza de 1989, mismo año en el que ganó el Criterium Internacional, el navarro sería el primer español en hacerse con el triunfo toda vez se habían quemado unas 60 ediciones. No ocurrió lo mismo en la Tirreno que hasta 1991 no se la llevó para España Hermino Díaz Zabala, aunque con sólo 25 ediciones desde su inicio. En la tradicional previa del Giro, el Tour de Romandía, a pesar de un podio de Bahamontes, allá por el 63, la primera victoria española la lograría Francisco Galdós en 1975. Un par de años antes, José Manuel Fuente zanjó la sequía en la Vuelta a Suiza, mientras que en su gemela alpina, la Dauphiné, Valetín Uriona halló fortuna en 1964, a los 17 años de su creación.

Esta revista repaso incluye carreras modernas por mucho que ofrezcan no ofrecen la perspectiva histórica de otras. A las tres ediciones el Eneco Tour ya estuvo en manos de un cántabro, Iván Gutiérrez. El Tour Dowm Under vio el éxito de Mikel Astarloza en 2003 con cinco ediciones a sus espaldas. En la Vuelta a Alemania, una de las carreras más antiguas del calendario internacional, a pesar de ser pocos quienes lo saben, tuvo a David Plaza como ganador en 2000, es decir casi 90 años después de su inicio. No se contemplan ni éxitos ni podios españoles en la Vuelta a Polonia, ni en carreras de la representatividad de los Cuatro Días de Dunkerque y Tres Días de La Panne, pruebas que vistas sus afinidades con las clásicas adoquinadas, han sido tradicionalmente ajenas a los calendarios de los nuestros.

 

Extracto de un artículo publicado en Ciclismo en Ruta

Mark Cavendish, a veces Jekyll, otras Hyde

Cuando en Omega ficharon a Mark Cavendish supongo que fueron conscientes de lo que venía en el pack. A veces ángel, muchas veces diablo. Nunca en el medio. Mark Cavendish es “l´enfant terrible” de nuestros tiempos. Una veleta de cómo le sople el viento, que dice negro donde ayer aseguró blanco. El pack, el citado paquete, contenía victorias, algunas de la bellísima factura de la segunda etapa de la Panne, pero también un bocazas como no hay otro igual. Ya se sabe, estos velocistas que entran al trapo a velocidades endiabladas no pueden estar bien del todo, es imposible.

Miremos lo que dijo el de Man al final de una jornada de la Tirreno en un extracto curiosamente traducido.

 

«No sé, la verdad… Yo debería haber estado en la parte delantera y entré en un montón de caos»

«Entramos en el último kilómetro en la 30ª posición y tenía mucho trabajo que hacer. Estoy bastante decepcionado con esos últimos chicos. A 200 metros, el pelotón se lanzó y yo tuve que frenar y fue entonces cuando perdí»

«Trabajamos como un equipo, pero no estábamos en una buena posición en el último kilómetro. Estoy muy decepcionado con mi tren hoy. Sé que es mejor que eso. No es frecuente que diga eso, pero creo que tendremos que hablar esta noche»

 

Y ahora contemplemos lo que aseguró al final de la segunda jornada de La Panne.

 

“Trabajamos para nuestros chicos de la general y yo estaba allí para ayudar. Estoy feliz de que hayan sido capaces de cambiar el chip y me ayudaran hoy. Así que estamos en buena posición. Hemos ganado una etapa y todavía estamos arriba en la general. Estamos deseando que llegue el día final”

 

Ambos entrecomillados, recogidos íntegramente de www.biciciclismo.com, se llevan escasos veinte días. Dos modos de ver el trabajo de un mismo equipo tan separadas en su óptica que cuesta creer que salgan de la misma boca. Este velocista, el mejor de su generación y posiblemente en mucho tiempo, continua allanando el camino hacia una leyenda como nunca la hubo. En su epitafio pondrá: “Aquí vivió un intrépido”.

Foto tomada de www.roadcyclinguk.com