El ciclocross, entre bikers y ruteros

No cabe duda de que el ciclocross en España ha dado un salto cualitativo en la última década. No sabemos si las circunstancias, si el gusto por la bicicleta y todo lo que implica, no sabemos si por una conjunción astral. Lo que sí es seguro es que el ciclocross ahora interesa mucho más que hace diez años, pero mucho más. Ha pasado de ser testimonial y anodino enlace invernal, sobretodo en la década de los noventa, a convertirse en modalidad con personalidad propia y una parroquia fiel y entendida que ahora mismo se plasma en un completo calendario a nivel regional, un Open de España y lo que es más importante un Campeonato de España que figura en la agenda de buenos profesionales y fieles seguidores.

Como muestra de este fenómeno vemos la cantidad y calidad de gente procedente de otras modalidades que ha probado fortuna sobre el barro. En España por ejemplo tenemos un perfil cambiante. Hemos tenido campeones de España como José Antonio Hermida, Ismael Esteban o Rubén Ruzafa que siendo buenos bikers lo han hecho bien en estos terrenos.

Sin embargo la práctica totalidad de dominadores del presente vienen de las ruedas finas y el asfalto. El podio del domingo pasado en Segorbe por ejemplo formado por Javier Ruiz de Larrinaga, Aitor Hernández y Aketza Peña. Es un podio de tres ciclistas de carretera. Es más, en el plano internacional aún se recuerdan las gestas de los hermanos De Vlaeminck, y antes habían triunfado Jean Robic, ganador de todo un Tour, y Rolf Wolfshohl, el primer alemán que ganó la Vuelta. En tiempos más recientes tenemos los casos de Adri Van der Poel, Dominique Arnould y Mario De Clerq. En el ámbito doméstico tuvimos a Iban Mayo, Mikel Artetxe, Oscar Pereiro e Igor Astarloa pero también a José Antonio Garrido, Tino Zaballa, Julen Zubero y Unai Yus, brillantísimo campeón hace nueve años en Busturia.

 

Con todo nos preguntamos: ciclocross, sí pero ¿para bikers o ruteros?

 

En opinión del gran dominador del ciclocross español de los últimos veinte años, David Seco, seis veces campeón nacional, los bikers son coyunturales en el ciclocross. Los orígenes del vizcaíno, recordemos, se asientan en la carretera, sin embargo alrededor suyo le han crecido rivales venidos de diferentes especialidades. “Que otros corredores vengan a hacer ciclocross es muy positivo por que crece la competitividad y la expectación” afirma. Para Seco no se puede hablar de un dominio de cierto tipo de corredores: En algunos nacionales ha coincidido que han triunfado bikers pero no hay que darle mayor importancia.

El de Busturia no ve inconvenientes en alternar las temporadas de BTT y carretera con la de ciclocross, sin embargo, en lo que hace referencia al terreno afirma apreciar mayores afinidades con la bicicleta de ruedas gordas aunque “en esencia son diferentes porque en BTT las distancias son más largas con velocidades más lentas y mayor dureza. A la carretera se asemeja más por la velocidad de las pruebas”.

Como contrapunto el sucesor de Seco en los Campeonatos de España: José Antonio Hermida. El biker ve mayores afinidades con el BTT: “En la bicicleta no hay muchas similitudes, pero los bikers nos encontramos a gusto porque en nuestro entrenamiento usamos las bicicletas de carretera para hacer series. Las máquinas de ciclocross no dejan de ser un híbrido entre carretera y montaña. Los frenos, desarrollos y neumáticos son como los de BTT pero el cuadro es de carretera. Los bikers nos sentimos cómodos y la preparación que significa es muy buena. A mi entender para un biker siempre es mucho más fácil probar en ciclocross que no para un corredor de carretera, siempre teniendo en cuenta el circuito”. Para Hermida vale el ejemplo de Nys, quien al margen de dominar en invierno tomó parte hasta en unos Juegos Olímpicos como biker belga.

Con todo queda claro que la línea entre disciplinas parece cada vez más delgada. Quizá esas voces que hablan de fusión de especialidades tomen mayor fuerza con los años. Ahora por eso suenan a utopía.

Imagen tomada de www.rfec.com

Sin barro al ciclocross le falta su perejil

Un día leí en un foro que todos los Campeonatos de España de ciclocross debían desarrollarse en el norte, entendiendo por norte la franja más septentrional de nuestra geografía, es decir el tramo bañado por Atlántico y Cantábrico que va desde Tui a Irún comprendiendo las regiones de Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco. Obviamente. La afirmación tenía su fundamento en el calor del público, su forma especial de vivirlo y como no en el medio húmedo y barroso que rodea la competición.

Menudo festival

Omitía aquel aficionado que regiones como Valencia o Catalunya habían dado excelentes especialistas, e incluso campeones que pasaron generaciones y siguiendo siendo recordados. Resulta claro que los Paco Pla, Paco Sala, Ramón Medina e incluso más recientemente José Antonio Hermida no salieron de las campas verdes y bucólicas de la cordillera Cantábrica, aunque por ellas tuvieron que pasar para hacerse grandes en la modalidad.

Estos días el ciclocross patrio anda en efervescencia por la celebración de los Campeonatos de España. Son en Segorbe, provincia de Castellón, y el diseño del recorrido ha generado debate. El principal argumento que se ha replicado ha sido el del técnico valenciano, y actual seleccionador nacional, Pascual Monparler que ha venido a decir que el barro no es ingrediente exclusivo para el éxito del ciclocross.

Aunque puedo estar en parte de acuerdo con él, discrepo porque la tierra mojada es la ciclocross lo que el adoquín a Roubaix. Es decir, el barro es santo y seña de la modalidad, y en ocasiones medimos la belleza que ha alcanzado la carrera por la cantidad de suciedad que acumulan los competidores en el momento de cruzar la meta. Otra cosa es que en el justo reparto geográfico de un evento de carácter nacional,  Segorbe, Castellón y la Comunidad Valenciana no ofrezcan el barro en la cantidad deseada por muchos “puristas” de la modalidad.

Luego está el diseño del recorrido que tampoco ha dejado indiferente. Sinceramente, en los tiempos que corren tener clubes y entidades que quieran entrar a organizar ya me parece suficiente mérito para descargarles de otras cuestiones. Que el circuito es mejorable, seguro que es posible. Yo no lo conozco, pero todo en esta vida es mejorable. Cuestión distinta es que el circuito es para todos el mismo y eso pone en la balanza los méritos que cada aspirante sepa poner en juego.

Porque en ocasiones nos empecinamos en el recorrido y no valoramos que el deporte, como tal, no responde a una fórmula matemática ni a los pronósticos mejor argumentados. Mirad a Isaac Suárez, media vida corriendo y triunfado por el norte, siendo nuestro mejor ciclocrossman en el extranjero y gana el Campeonato de España más seco y menos adecuado a sus características. Lo hizo hace dos años en Gandía, si no me equivoco, tras media vida intentándolo entre fangos y pastos de la turísticamente llamada “España verde”.

Si miramos el perfil de los mejores especialistas españoles de la modalidad apreciaremos su pasado más o menos común en la carretera para saber que, matices aparte, pueden tener similares opciones. Sí, Egoitz Murgoitio preferirá barro, también Suárez lo hubiera preferido, pero Aitor Hernández y Javier Ruiz de Larrinaga tienen un currículo similar al vizcaíno. De hecho si miramos el palmarés de los nacionales, sólo David Seco y el mentado Suárez son auténticos especialistas, el resto procede de BTT, caso de José Antonio Hermida, o carretera (Unai Yus, Ruiz de Larrinaga y Aitor Hernández). Hablamos de un ADN similar sobre un mismo circuito. Hablamos de deporte, dejemos pues que los protagonistas hablen.